Tres días después del ataque, eran días bastante pacíficos en la Sociedad de almas, no se podían quedar así. Ichigo, Rukia, Renji, Matsumoto, Hinamori y Orihime estaban planeando el siguiente movimiento que harían para unir a los dos shinigamis.
-El ambiente más romántico que pudimos encontrar-susurró Rukia tras un arbusto.
-Queda bien-dijo Ichigo cerca de ella.
-¿Y cómo los atraeremos aquí? ¿con galletitas?-preguntó Renji.
-¿Qué? ¿son mascotas? ¿pericos?-se indignó Ichigo.
Entre tanto, Ameko y Toshiro caminaban por un pasillo hablando de lo más tranquilos, Hitsugaya no dejaba de pensar en lo que había casi hecho hace tres días, desde entonces era raro que se le acercara a Ameko, algo que ella había notado.
-¿Estás enfermo?
-No.
-Ya sé, volviste a comer la comida de Orihime y has estado en el cuarto escuadrón.
-Dejaría de ser shinigami antes de comer eso de nuevo.
-¡Tienes novia!
-¡¿Qué rayos?¡no!
-Entonces no entiendo porque no quieres hablarme, ¿hice algo malo?
-Mmm…tú no-susurró.
-¿Qué?
-¿Qué?, que…que…que no, no, no has hecho nada malo.
Ameko bajó la mirada y Toshiro no sabía que decir, ella se sentía mal por algo que no había hecho, era él, ¡él!, quien tocó delicadamente los labios de la chica deseando besarla. ¿Cómo estar cerca de ella?, ¡era una tortura tenerla a tan solo centímetros y saber que no era suya!, la quería, lo gritaba por dentro, si pudiera no dudaría en tomarla y besarla hasta que no tuviera más opción que soltarla por falta de oxigeno. Que carga era la de tener que guardarse aquellos deseos a causa de su timidez, además, ¿qué tal si Ameko no lo quería igual?, prefería no arriesgarse a un rechazo. Pero por el momento, debía hablarle y decir una buena mentira para que Ameko no se sintiera triste.
-Ameko…
-¡Shiro-chan, Ameko!-les llamó Hinamori acercándoseles.
-¿Qué sucede?-preguntó Ameko.
-¿Puedo pedirles un favor?-preguntó la teniente.
-Claro-respondió la joven oficial.
-Estoy muy aburrida en mi oficina y tengo mucho papeleo que hacer, me gustaría mucho si pudieran cortarme algunas flores, dicen que tienes mucho talento con arreglos florales Ameko.
-¿Lo tengo?-preguntó ella.
-¿Lo tiene?-preguntó Toshiro, cuando recordó que era mejor que se quedara callado-ah, ¡sí!, ¡lo tienes!
-¿Ah?-se extrañaba Ameko.
-Gracias chicos, los veo luego-se fue Momo.
-Pero…ah…¿Cuándo accedimos?-preguntó Ameko.
-¿Por qué?¿le dirías que no?
-No, pero es que me confundí.
-Solo vamos-dijo Toshiro empezando a caminar con su amiga detrás.
Mientras tanto unos chicos estaban tras los arbustos, un poco incómodos e impaciente por cierto.
-¡Ay, mi pierna! ¡se me durmió la pierna!-se quejó Rukia.
-Cuando el capitán Hitsugaya venga, pondremos la música-dijo Matsumoto.
-Shh, cállense, ahí vienen-dijo Ichigo.
Los dos adolescentes llegaron a un lugar hermoso, lleno de bellas flores, de mil colores, pétalos caían sobre ambos y una brisa se lograba sentir. Ameko se acercó a unas flores, Toshiro fue tras ella solo acompañándola.
-Creí que no querías acercarte a mí-dijo ella.
Toshiro se quedó quieto y sin decir ni una palabra, Ameko no olvidaría eso tan fácil, ella sentía que él quería alejársele y le dolía pensarlo, pues él era su mejor amigo ahí.
-Ameko…
-Está bien, lo que sea que pase no tienes que explicármelo, si tú estás bien me basta.
Los demás que estaban en los arbustos se dieron cuenta de que había un problema entre los dos, si las cosas seguían así y no se hablaban el plan fallaría, así que Rukia tuvo un plan para unirlos un poco más. Sacó una resortera y colocó una pequeña piedra en ella apuntando hacia Ameko.
-¿Estás loca? ¿qué haces?
-Nada más la arrojaré cerca de ella para llamar la atención de ambos-explicó soltándola.
Pero como siempre, el plan no salió como lo esperaban, pues la piedra golpeó la mano de Ameko haciendo que ella diera un pequeño grito y después llevó la mano a su pecho sosteniéndola con la otra debido al dolor. Toshiro se acercó rápido a ver qué era lo que ocurría, así que técnicamente el plan de Rukia si que llamó la atención.
-Ameko, ¿estás bien?-preguntó Hitsugaya al ver que ella no se apartaba la mano del pecho.
-Ay…una piedra…me calló en la mano, me duele-se quejaba ella.
Los chicos estaban pálidos por lo que había pasado, Rukia no, estaba más que avergonzada y Renji no ayudó al decirle:
-Bien hecho Rukia-sarcásticamente.
-¿Crees que eres mejor? Toma la resortera, ¡vamos, tírala, tírala!
-¿Qué? Rukia estás demente.
-¿Quieren callarse los dos?-preguntó Ichigo.
Entre tanto, Toshiro con sumo cuidado apartó la mano de Ameko del pecho de ella y vio que estaba llena de sangre, esta provenía del dedo índice.
-Ven, te llevaré al cuarto escuadrón, podría estar fracturado.
-No, no, no lo está, solamente sangra, es todo.
-¿Nada más?-preguntó él sarcástico.
En ese momento Toshiro colocó algo en el dedo de Ameko para que parara de sangrar, esto dejó muda a la chica, en especial por lo que le colocó.
-To…Toshiro…eso…eso es…
-Quédate quieta.
-Pero es tu haori, tú lo adoras.
El joven no respondió, eso solo hizo que su amiga hablara más.
-Yo lo lavare, lo prometo, te lo dejare como nuevo, ya verás, yo…
-No tienes que hacerlo…pero…si quiero pedirte algo a cambio, si puedes hacerlo.
-Claro, ¿qué cosa es?
-¿Me perdonas?
Ameko se quedó quieta, sin decir ni pensar nada, era increíble, ¡Toshiro no le pedía perdón a nadie!, ¿por ignorarla?, era algo que no se podía creer.
-Toshiro…jiji, sí, te perdono, pero…pero…
-¿Qué?
-Aún así te separarás de mí ¿verdad?-preguntó bajando la mirada.
Luego de unos minutos de silencio él le contestó que no lo haría, que no la volvería a ignorar. Ameko sonrió y lo abrazó sin esperar nada, él le devolvió el abrazo con la mirada triste. Sabía que sería doloroso tenerla tan cerca solamente como una amiga, pero eso era mejor que perderla.
