Eternidad

Ok, como Stephenie es mi comadre, me ha prestado sus personajes así que también son míos (?) La historia es una adaptación de la saga Inmortales, y aquí les traigo el primer libro. Yo solo me adjudico la adaptación. Capítulo beteado por Yeya Lazzari, Betas FFAD www facebook com / groups / betasffadiction
Nena, sin ti no sería nada. Gracias a todas las chicas que han mostrado un gran apoyo. Lo son todo para mí.

Capítulo 11

Faltan sólo unos días para Halloween y aún sigo trabajando en los toques finales de mi disfraz. Alice se vestiría de vampira (¡Qué sorpresa!), Jasper de pirata, esa fue la segunda opción después de que lo convenciera de no ir como Madonna en la etapa de senos en forma de cono y no les voy a decir de qué iré disfrazada, porque lo que una vez fue una gran idea se ha convertido en un proyecto súper ambicioso, en el cual estoy perdiendo la fe muy rápido.

Debo admitir que me sorprendí mucho de que Renée quisiera organizar una fiesta. En parte porque nunca antes se había mostrado interesada en cosas así, pero sobre todo porque siempre supuse que entre las dos no invitaríamos a más de cinco personas. Al parecer mi tía es más popular de lo que pensaba, ya que en cuestión de segundos había llenado dos columnas y media de invitados, mientras que mi lista era patéticamente corta, con mis únicos dos amigos y sus posibles acompañantes.

Ella se encargó de contratar a un proveedor para la comida y bebida, yo dejé a Jasper a cargo de lo audiovisual (lo que significa que pondrá su iPod, que rentará un par de películas de terror), Alice se encargará de los pastelitos. Por lo que Marie y yo somos los únicos miembros de la comitiva de decoración, Renée me dejó un catálogo con la tarjeta de crédito e instrucciones específicas de "no escatimar en gastos".

Hemos pasado las últimas dos tardes transformando la casa de su usual apariencia italiana al castillo del guardián de los muertos, ¡ha sido tan divertido! Recordándome de las veces que solíamos decorar nuestra vieja casa para pascuas, acción de gracias y navidad. Sin mencionar que al estar ocupadas ha ayudado a dejar las riñas.

—Deberías disfrazarte de sirena —dice Marie—. O como uno de esos chicos de Laguna Beach.

—¡Oh dios! No me digas que todavía sigues viendo eso —exclamo balanceandome precariamente en el penúltimo escalón para poder colgar otra tela de araña falsa.

—No me culpes, Tivo tiene mente propia. —Se encoje de hombros.

—¿Tienes Tivo? —Me giro, desesperada por obtener cualquier información ya que siempre es tacaña en cuanto a detalles sobre la vida en el más allá. Pero sólo se ríe.

—Lo juro, eres tan crédula. ¡Las cosas que crees! —Sacude la cabeza y pone los ojos en blanco, alcanzando una caja de cartón, tomando una cuerda de luces en forma de hadas—. ¿Quieres intercambiar? —Me ofrece desenredando la cuerda—. Me refiero a que es ridícula la manera en que insistes en trepar esa escalera de mano cuando yo puedo levitar y hacerlo. —Sacudo la cabeza frunciendo el ceño, incluso aunque pueda ser más fácil, me gusta fingir que mi vida es de alguna manera normal—. ¿De qué vas a ir disfrazada?

—Olvídalo —digo amarrando la red en una esquina antes de bajar de la escalera para echarle una ojeada—- Si puedes tener secretos, entonces yo también.

—No es justo. —Se cruza de brazos y hace pucheros de la manera en que siempre funcionaba con papá pero nunca con mamá.

—Tranquila, lo verás en la fiesta —le digo tomando un esqueleto de esos que brillan en la oscuridad y desenredando los miembros.

—¿Quieres decir que estoy invitada? —pregunta, su voz chillona con los ojos enormes por la emoción.

—Como si pudiera detenerte —sentencio riendo mientras recuesto al Sr. Esqueleto cerca de la entrada para que pueda recibir a todos nuestros invitados.

—¿Tu novio también viene? —Pongo los ojos en blanco y suspiro.

—Sabes que no tengo —expreso aburrida del juego sin ni siquiera haber comenzado.

—Por favor. No soy idiota. —Frunce el ceño—. Aún no olvido el gran debate con el suéter. Además, no puedo esperar a conocerlo o supongo que debería decir verlo, puesto que nunca me vas a presentar. Lo que es de muy mala educación si te pones a pensarlo. Es decir, el que él no me pueda ver no significa que...

—¡Dios! Él no está invitado ¿de acuerdo? —grito sin darme cuenta hasta muy tarde que he caído en la trampa.

—¡Já! —Me mira con los ojos enormes, las cejas arqueadas y los labios curvados con regocijo—. ¡Lo sabía! —ríe soltando las luces de hadas, saltando de la emoción, dando vueltas, empujándome, señalándome—. ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! —canta empujando el puño en el aire—. ¡Já! ¡Lo sabía! —continúa dando vueltas.

Cierro los ojos y suspiro reprendiéndome a mi misma por caer en su tonta trampa.

—No sabes nada. —La miro sacudiendo la cabeza—. Él nunca fue mi novio, ¿ok? Él… él es simplemente un chico nuevo que al principio pensé que era lindo, pero luego, cuando me di cuenta lo mujeriego que es, se podría decir que lo superé. De hecho, ya no creo que sea algo de otro mundo. En serio, duró como diez segundos pero sólo porque no lo conocía muy bien. Tampoco fui la única que cayó en su juego porque Jasper y Alice estaban prácticamente peleando por él. Así que, ¿por qué mejor no dejas de estar dando puñetazos al aire, moviendo las caderas y te pones a trabajar?

Al momento que paró supe que soné demasiado a la defensiva para que me crea. Pero ahora que lo dije no puedo retirarlo, así que simplemente traté de ignorarla mientras da vueltas alrededor de la habitación cantando:

—¡Sip! ¡Sí que lo sabía!

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Para la noche de Halloween la casa luce increíble. Marie y yo pegamos telas de araña en todas las ventanas y esquinas, pusimos en el medio de ellas unas viudas negras enormes. Colgamos en el techo murciélagos de plástico, esparcimos por todos lados sangre y pedazos (falsos) de cuerpo humano, pusimos una bola de cristal cerca de un cuervo eléctrico cuyos ojos se mueven y dicen: ¡Te arrepentirás! ¡Quak! ¡Te arrepentirás! Vestimos a zombies con trapos ensangrentados, los pusimos en lugares en donde menos te lo esperarías.

En la entrada colocamos calderos de brujas hirviendo (en realidad sólo es agua y hielo seco), había por todas partes esqueletos, momias, gatos negros, ratas (todos falsos aunque igual de espantosos), gárgolas, ataúdes, velas negras, calaveras. Hasta decoramos el patio trasero con lámparas hechas de calabazas, globos decorativos para piscinas, luces tintineantes con forma de hadas. ¡Oh! Casi se me olvida: también pusimos un Grim Reaper de tamaño natural en el frente.

—¿Cómo me veo? —Marie pregunta mirándose el sostén púrpura en forma de conchas con pelo rojo, mientras hace crujir la coleta de sirena verde, metálica y brillosa.

—Como tu personaje favorito de Disney — respondo empolvándome la cara hasta verse lo más pálida posible, intentando de encontrar la manera de deshacerme de mi hermana para poder ponerme el disfraz para quizás sorprenderla por primera vez.

—Voy a tomarlo como un cumplido. —Sonríe.

—Así es. —Me cepillo el pelo hacia atrás, lo recojo para ponerme la enorme y altísima peluca rubia que completa el traje.

—¿De quién te vas a disfrazar? —Cuestiona—. ¿Me podrías decir de una vez? ¡El suspenso me está matando! —Se agarra el estómago mientras ríe, meciéndose hacia atrás y adelante, hasta casi caerse de la cama. ¡Le encanta hacer bromas fingiendo que está muriendo! De verdad piensa que es gracioso, a mí me estremece. Ignorando la broma me giro hacia ella.

—¿Me haces un favor? Ve a mirar el disfraz de Renée, déjame saber si intenta ponerse esa nariz enorme de plástico con la verruga peluda en la punta. Le dije que era un excelente atuendo de bruja, pero necesita olvidarse de esa cosa. A los chicos no les atrae algo así.

—¿Tiene un chico? —pregunta claramente sorprendida.

—No lo tendrá si se pone esa nariz —digo viendo cómo sale de la cama y atraviesa la habitación, la cola de sirena serpenteando detrás de ella—. ¡Pero no hagas ningún ruido ni nada para asustarla! ¿De acuerdo? —Añado estremeciéndome mientras traspasa la puerta del armario, sin siquiera abrirla. Sólo porque haya visto esa acción millones de veces no significa que me haya acostumbrado a verlo.

Me dirijo al armario, abro la bolsa que tengo escondida en la parte de atrás, sacando el hermoso vestido negro con el escote bajo en forma de V, las mangas a tres cuartos y el corpiño súper ajustado con finales sueltos, idéntico al que usa Kirsten Dunst en el baile de máscaras en la película María Antonieta.

Luego de luchar con la cremallera en la espalda, me pongo la peluca rubia platinada, un poco de labial rojo, me aplico sombra negra en los ojos y unos largos pendientes de imitación de diamantes.

Cuando el disfraz está completo, me paro en frente del espejo girando, sonriendo mientras el brillante vestido negro se mece, emocionada de lo bien que resultó todo. Al segundo que Marie reaparece, sacude la cabeza diciendo:

—Todo limpio. ¡Gracias a Dios! Primero se colocó la nariz, después se la quitó, luego se la volvió a poner y se giró para verse de perfil, pero después se la volvió a sacar. Te juro que me costó mucho contenerme para no quitársela de la cara para tirarla por la ventana. —Me paralicé aguantando la respiración, esperando que ella no lo hubiera hecho, porque uno nunca sabe con Marie. Se apareció en la silla de mi escritorio comenzando a usar la punta de la verde y brillosa aleta para empujarse, dando vueltas. —Tranquila —me calmó—. Lo último que vi fue que la dejó en el baño, cerca del lavamanos. Después un chico llamó pidiendo direcciones mientras contaba el gran trabajo que hiciste con la decoración, cómo le era casi imposible creer que lo habías hecho todo tu sola y bla, bla, bla… —Sacude la cabeza frunciendo el ceño—. Debes amar eso, ¿no? Tomar todo el crédito por nuestro trabajo. —Deja de dar vueltas dándome una larga y evaluadora vista—. Así que María Antonieta —dice finalmente con los ojos viajando por el disfraz—. Nunca lo habría adivinado. Es que a ti no te gustan los pasteles. —Pongo los ojos en blanco.

—Para tu información, ella nunca dijo lo de los pasteles. Fue sólo un rumor amarillista, así que no lo creas —aseguro sin poder dejar de mirarme en el espejo para verificar el maquillaje y arreglar la peluca, deseando que todo se mantenga en su lugar. Pero cuando veo el reflejo de Marie, algo en la manera en que luce me hace detenerme para mirarla—. Oye, ¿estás bien?

Ella cierra los ojos mordiéndose el labio, luego sacude la cabeza y dice:

—Dios, ¡míranos! Tú vestida como una trágica reina adolescente, haría lo que fuera por llegar a serlo.

Trato de tocarla pero mis manos no responden, se quedan a mis costados. Supongo que estoy tan acostumbrada a tenerla conmigo que a veces olvido que en realidad no está aquí, que ya no es parte de este mundo, que nunca crecerá, ni tendrá la oportunidad de tener trece años. Luego recuerdo que todo es culpa mía lo que me hace sentir mil veces peor.

—Marie, yo… —Pero ella sólo sacude la cabeza, mueve la cola dando una vuelta—. No te preocupes. —Sonríe flotando sobre la silla—. ¡Es hora de recibir a los invitados!

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Alice vino con Tanya, la chica co-dependiente donadora, la cual está vestida también como vampiro, Jasper trajo a Alec, un chico que conoce de la clase de actuación, parece ser bastante lindo detrás de la máscara del Zorro y la capa.

—No puedo creer que no hayas invitado a Edward —dice Alice sacudiendo la cabeza, saltándose el saludo. Ella ha estado enojada conmigo toda la semana desde que se enteró que él no había entrado en la lista de invitados.

Pongo los ojos en blanco respirando profundamente, cansada de argumentar lo obvio, de tener que poner en claro que él fue quién nos abandonó, convirtiéndose en un integrante no sólo de la mesa de Jessica, sino también su escritorio. Sacando capullos de toda clase de lugares, además que su proyecto de arte, Mujer de Pelo Amarillo, está sospechosamente comenzando a parecerse a ella.

Discúlpenme por no querer pensar demasiado en el hecho de que, salvo los tulipanes rojos, la nota misteriosa y la íntima mirada que compartimos una vez, él no ha hablado conmigo en casi dos semanas.

—No iba a venir de todas maneras —aseguro finalmente esperando que no note como mi voz suena herida por la traición—. Estoy segura que está en alguna parte con Jessica, o la pelirroja, o… -—Sacudo la cabeza rehusándome a continuar.

—Espera, ¿pelirroja? ¿También hay una pelirroja? —Me mira con los ojos entrecerrados. Me encojo de hombros porque la verdad, él puede estar con cualquiera. Todo lo que sé es que no está aquí conmigo.

—Deberías verlo. —Se gira hacia Tanya—. Es increíble. Guapísimo como una estrella de cine, sexy como rockstar, hasta hace ilusiones. —Suspira. Tanya alza las cejas.

—Suena como si fuera una ilusión. Nadie es así de perfecto.

—Edward lo es. Lástima que no puedas verlo tú misma. —Alice otra vez la mira con el ceño fruncido, sus dedos jugueteando con la gargantilla de terciopelo negro que lleva puesto en el cuello—. Si llegas a verlo no olvides que es mío. Lo dije mucho antes de conocerte.

Miro a Tanya reparando en su aura oscura y turbia, pantalones negros extremadamente cortos, una blusa de malla. Sé que no tiene ninguna intención en mantener una promesa así.

—Sabes que podría prestarte unos colmillos, sangre falsa para tu cuello y podrías ser una vampira también. —me ofrece Alice mirándome, su mente yendo hacia atrás y adelante, queriendo ser mi amiga, convencida de que soy una aliada. Pero niego con la cabeza llevándolas hacia el otro lado del salón, deseando que se encapriche con otra cosa para olvidarse rápido de Edward.

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Renée está hablando con sus amigos, Alice y Tanya le están poniendo alcohol a sus bebidas, Jasper junto a Alec están bailando, mientras Marie juega con la cola del látigo del compañero de mi amigo, moviendo el flequillo arriba, abajo, hacia adelante, atrás, luego mira alrededor para ver si alguien lo nota. Cuando estoy a punto de darle la señal, para decirle que más le vale que deje de hacer eso si quiere seguir aquí, el timbre de la puerta suena y ambas hacemos competencia por ver quién llega primero.

Le gané, cuando abro la puerta olvido saborear la victoria porque Edward está ahí con flores en una mano, un sombrero con bordes dorados en la otra. El pelo lo tiene recogido en una cola de caballo, la usual pulcra ropa negra fue reemplazada por una camisa blanca de volantes, chaqueta con botones dorados y lo que puede ser descrito como pantalones de montar, medias ajustadas, zapatos negros puntiagudos.

Mientras pienso en que Jasper estará completamente celoso de su vestuario, me doy cuenta de quién está disfrazado y mi corazón se salta dos latidos.

—Conde Fersen —murmuro entre dientes apenas pudiendo pronunciar las palabras.

—María. —Sonríe, ofreciendo una galante reverencia.

—Pero… Era un secreto… Tú no estabas invitado —susurro mirando más allá de sus hombros, buscando a Jessica, la pelirroja, ¡cualquiera! Sabiendo que es imposible que él esté aquí solamente por mí. Pero sólo sonríe dándome las flores.

—Entonces debe ser una afortunada coincidencia.

Trago con dificultad, giro sobre mis tacones conduciéndolo por la entrada, pasando el recibidor, el comedor, entrando a la sala de estar, con las mejillas rojas mientras el corazón me late tan fuerte y rápido que podría romperme el pecho. Me pregunto cómo pudo haber pasado esto, busco una explicación lógica para que Edward se apareciera vestido como mi perfecta otra mitad.

—¡Dios mío! ¡Edward está aquí! —Alice chilla moviendo los brazos frenéticamente, con el rostro iluminado. Bueno, al menos lo que una cara bien empolvada, con colmillos, sangre falsa podría iluminarse. Pero al momento que ve el disfraz, percatándose de que está vestido como el Conde Axel Fersen, el no tan secreto amante de María Antonieta, su cara se ensombrece y me mira de forma acusadora—. ¿Cuándo planearon esto? —pregunta acercándose a nosotros, tratando de sonar casual, neutral, pero más para el beneficio de Edward que para mí.

—No lo hicimos —niego deseando que me crea aun sabiendo que no lo hará. Lo sé, es una coincidencia bastante rara, yo misma estoy comenzando a dudar preguntándome si de alguna manera lo dejé saber, segura de que no lo hice.

—Fue pura casualidad —asegura el cobrizo poniendo su brazo alrededor de mi cintura, él la deja sólo un breve momento, lo suficiente para causar un cosquilleo que me recorre el cuerpo entero.

—Tú tienes que ser Edward —afirma Tanya escabulléndose a su lado, con los dedos jugando con los volantes de su camisa—. Pensé que Alice estaba exagerando, pero aparentemente no es así —ríe—. ¿Y de quién estás disfrazado?

—Conde Fersen —contesta Alice con voz dura y crispada, mirándome con ojos entrecerrados.

—Quien sea. —Tanya se encoje de hombros robándole el sombrero para ponérselo, sonriendo seductoramente bajo el ala antes de tomarle la mano y llevarlo a otra parte. Al momento que se han ido, Alice me mira, exclamando:

—¡No puedo creerlo! —Estaba muy enojada, con los puños preparados pero no era nada comparado con los horribles pensamientos que arremolinaban en su cabeza—. Tú sabes lo mucho que me gusta. ¡Confié en ti!

—Alice, lo juro, no fue planeado. Es sólo una extraña coincidencia. Ni siquiera sé qué está haciendo aquí. ¡Tú sabes que no lo invité! —sentencio queriendo convencerla, pero sé que es inútil porque ya se convenció de lo contrario—. No sé si lo has notado, pero tu amiga Tanya está prácticamente montando su pierna.

Alice mira a través de la habitación, luego se encoje de hombros diciendo:

—Ella hace eso con todo el mundo, difícilmente representa una amenaza, no puedo decir lo mismo de ti.

Respiro profundo luchando por mantener la paciencia, tratando de no comenzar a reírme mientras Marie está a su lado imitando cada palabra y movimiento, burlándose de una manera definitivamente cómica, aunque no muy amable.

—Escucha —digo irritada—. ¡No me gusta Edward! ¿Cómo puedo convencerte? ¡Sólo dime y lo haré!

Sacude la cabeza, mira hacia otro lado, hombros hundiéndose, con pensamientos tornándose oscuros, el coraje regresando a ella.

—No lo hagas. —Suspira pestañeando rápidamente para evitar las lágrimas—. No digas ni una palabra más. Si tú le gustas, entonces así son las cosas, no hay nada que pueda hacer. No es tu culpa que seas inteligente, bonita, que los chicos siempre te prefieran. Especialmente una vez te ven sin capucha. —Trata de reír, pero no lo logra.

—Estás haciendo un drama por nada —aseguro deseando convencerla, queriendo convencerme a mí misma—. La única cosa que tenemos en común es nuestro gusto en películas y disfraces. Eso es todo, lo juro. —Cuando sonrío, espero que se vea más real de lo que lo siento.

Mira a través de la habitación a Tanya, quien ha tomado el látigo del Zorro, haciendo una demostración de cómo utilizarlo correctamente, voltea a verme.

—Solo hazme un favor. —Asiento con la cabeza, dispuesta a lo que sea para terminar con todo esto—. Deja de mentir. Eres horrible haciéndolo.

La observo alejándose, Marie está saltando arriba, abajo gritando:

—¡Oh Dios mío! ¡Esta tiene que ser la mejor fiesta que has tenido! ¡Drama! ¡Intriga! ¡Celos! ¡Una casi-pelea! ¡Estoy tan feliz de no habérmelo perdido!

Cuando voy a decirle que se calle recuerdo que soy la única que puede escucharla, se vería un poco extraño que haga eso. El timbre de la puerta suena nuevamente, a pesar de la cola de pez tras ella, esta vez Marie gana.

—¡Oh, vaya! —La mujer dice quedándose en el porche, mirando entre Marie y yo.

—¿Puedo ayudarla? —pregunto notando que no está disfrazada, a menos que la ropa casual californiana cuente como disfraz. Me mira, sus ojos marrones encontrando los míos.

—Lo siento, estoy tarde, el tráfico fue un problema. Bueno, ya sabes. —Saluda a Marie asintiendo con la cabeza como si de verdad pudiera verla.

—¿Eres amiga de Renée? —cuestiono creyendo que quizá sea un tic nervioso que la hace seguir mirando a donde Marie está parada. Aunque tenga un agradable aura color púrpura, por alguna razón, no puedo leer sus pensamientos.

—Soy Ava. Renée me contrató.

—¿Eres una de las encargadas de la comida? —No entiendo por qué lleva puesto un top negro exponiendo un hombro, jeans de esos ajustados hasta los tobillos y zapatillas de suela plana, en lugar de una camisa blanca, pantalones negros como el resto del equipo. Ella sonríe, saluda con la mano a Marie, quién está escondida detrás de mí falda, como solía hacer con mamá cuando se sentía tímida.

—Soy la psíquica —dice apartándose el largo y castaño cabello de la cara, arrodillándose junto a Marie—. Y veo que tienes una amiguita aquí contigo.


Hola, gracias a todas por los reviews y favoritos que mandaron la semana pasada. Espero que les guste este capítulo, los que se vienen son mejores ;)

Besitos
Lullaby SH