Disaclaimer: Los personajes pertenecen a Glee, y las canciones a sus respectivos autores. La trama es mía.


Capítulo 11

"La consciencia es soluble en alcohol."

Los quince minutos que estuvo manejando hasta la casa de Brittany estuvo intentando calmarse. ¿Qué demonios le pasaba a su padre? Una parte de él de verdad tenía ganas de golpearlo en la cara, pero había otra parte, y esta parte cada vez era más grande, sabía que tenía razón. Nada iba a pasarle a Abby si él salía unas horas mientras estaba dormida ¿verdad? Después de todo la estaban cuidando sus abuelos. Además, tampoco era un crimen pasar un buen rato con sus amigos. Sip, no era ningún crimen pasarla bien sin Abby a su lado. Debía repetirse eso más seguido.

Estacionó el auto cerca de la casa en la que obviamente era la fiesta porque el frente de esa casa estaba lleno. Mientras caminaba hasta la casa se podía escuchar la música y pudo ver unos cuantos enrollándose en el porche y a algunos otros vomitando en los setos del jardín delantero. Vaya. Sam no mentía cuando dijo que estaría todo el mundo.

Alguien que no conocía le abrió la puerta y le dio un abrazo, obviamente ebrio, se deshizo de su reciente "amigo" e intentó hacer su camino hasta la sala principal. Cuando llegó a lo que suponía que era el living soltó una carcajada limpia que le permitió relajarse un poco. Hacía tanto que no estaba en una situación así. Había luces de colores que hacían todo más oscuro y difícil de identificar a las personas. La música que salía de los enormes parlantes era casi ensordecedora, habían chicas sólo en corpiño bailando arriba de una mesa. Había un sector donde estaban jugando beer pong, estaba la "pista de baile" en el centro de sala y en los rincones podías distinguir las sombras de los que se estaban liando sin control.

¿Y se suponía que debía enseñarle a Abby qué cosa de todo esto? Mierda. Ahora que lo pensaba no quería JAMÁS que su preciosa pequeña estuviera en un lugar así. Más mierda. Incluso la encerraría en su casa si ella terminaba bailando sobre las mesas como esas chicas.

― Ryder ¡hermano! Creímos que ya no vendrías, esto está de locos ¿verdad? ― un algo borracho Blaine cortó sus pensamientos abrazándolo.

― Hey, si tardé un poco en llegar pero…wow ¿qué le pasó a tu pelo? ¿Por qué estás sin gel? ― Ryder tenía ganas de soltar carcajadas ante los rizos despeinados de Blaine.

― Ah, lo tenía cuando llegué pero en algún momento del "verdad o consecuencia" lo perdí. Era eso o confesar quien siempre está abajo, si Kurt o yo ―los dos rieron ― y eso Ryder… es un secreto. ― le dijo arrastrando las palabras.

Alguien lo llamó desde la otra punta y dejó a Ryder hablando sólo, aunque le había dejado su vaso a la mitad. Mientras veía como se alejaba Blaine, como si fuera una acción automática se llevó el vaso a la boca.

Mierda. Hacía mucho que no tomaba vodka y el líquido le quemó la garganta.

Pasó como una hora en la que habló con Sam, bromeó y rio hasta morirse con Artie, Sugar y Tina. La verdad es que su papá había tenido razón, era genial poder venir y estar un rato sin tanta presión y preocupaciones, hablando cosas sin sentido. Un rato después, tuvo que disculparse un momento e ir al baño; cuando estaba de camino se topó con Marley.

― ¡Hey Ry! ¡Qué bueno que estás aquí pensé que no habías venido! ― le soltó mientras lo tomaba por los antebrazos y lo acercaba a ella.

Cuando ya estaba empezando a sentirse incómodo con la cercanía de Marley, escuchó un carraspeo detrás de ella y vio una mano enrollarse en su cintura.

― Amor, no te encontraba ―dijo Jake mirando fijamente a Ryder.

― Emmm… recién salí del baño y me encontré con Ryder, sólo nos estábamos saludando ― dijo la castaña poniendo sus manos sobre las de Jake pero sin dejar de mirar a Ryder.

― Yo… voy al baño, permiso. ― Ryder se alejó mientras veía como Jake volteaba a Marley y la empujaba contra la pared en un beso demasiado intenso.

"¿Qué carajos?" pensó Ryder. Bien, era obvio que Marley estaba con Jake y no era tan idiota como para no darse cuenta de las miraditas o los abrazos que ella le daba a Ryder. Uno debería ser idiota para que no te gustara una chica como ella, pero estaba con alguien y no necesitaba más problemas, sin contar que él no estaba interesado en las chicas que no fueran Ki…

ALTO AHÍ.

No podía seguir con esa línea de pensamiento. No le interesaban las chicas. Punto. Ahí terminaba la oración.

Volvió a la fiesta y pasó otro largo rato con sus amigos, balanceándose al ritmo de la música, riendo, conversando a los gritos.

Hizo una ronda de Beer pong con Sam y Joe. Sam les pateó el trasero, así que cuando terminaron tenía que ir al baño de nuevo.

Había perdido la cuenta de cuantos vodkas había tomado ¿eran seis o siete? Y ¿cuántos vasos de cerveza había tenido que beberse? ¿Tres? ¿Cuatro? No recordaba bien.

Salió del baño y supo tenía que irse a casa. Basta de irresponsabilidades, suficientes por un tiempo, se dijo a sí mismo. Estaba haciendo su camino para despedirse de los demás cuando una mano lo tomó y lo arrastró hasta un rincón donde las luces apenas llegaban.

―Baila conmigo ― le susurró al oído mientras pegaba su cuerpo al de él.

Lo había estado observando toda la noche, indignada. ¿Cómo se atrevía a aparecerse así, todo despreocupado? Estas dos semanas habían sido horrorosas para ella. No había nada que lo sacara de su cabeza. Su voz cantándole, sus manos en su mejilla, en su cuello. Sus putos labios. Todo el tiempo estaba recordando ese momento y lo odiaba. Por eso se sentía feliz de que él pareciera inhibido en la escuela y disfrutó cada momento en que lo tiraban al basurero, así no olería tan increíblemente bien; cuando le tiraban granizados, sus ojos no serían tan claros. Necesitaba saber que él también era tan miserable como ella.

Por eso la enfureció verlo llegar. Él no podía darse el lujo de disfrutar un viernes a la noche. Así que verlo ahí, riendo y jugando con los demás le parecía una burla. Él le estaba diciendo con toda su actitud que ella le importaba una mierda. Que podía besarla y nunca más recordarlo. Que era tan insignificante que no valía la pena mirarla de nuevo.

Así que decidió que a ella tampoco le importaría una mierda. Jugó "verdad o consecuencia" y se besó con todos los que pudo, bebió todo lo que tuvo a su alcance. El problema es que al ser tan pequeña su cuerpo no resistía mucho, pero tenía que borrarlo. Tenía que sacar esos ojos chocolates de su retina costara lo que costara.

Oh, y por supuesto que la pequeña perra de Marley se le tiraría encima. Dios ¿es que no le bastaba con haberle robado a Jake? ¿También tenía que estar sobre Bieber? Gracias a Dios Jake estaba marcando terreno, porque se veía a la legua que los dos castaños se morían él uno por el otro.

Estúpido hijo de Frankestein, ¿quería probar que podía tener a todas? Eso no era ninguna ciencia, tenía a la mitad de las animadoras hablando de él, cuando ni siquiera las miraba. Y lamentablemente ella estaba en esa lista. ¿Cómo se atrevía a dejarla así cuando era obvio que ella era lo mejor de la escuela, la más hermosa, la más caliente? Lo odiaba por presumido, egocéntrico, egoísta.

Más tarde esa noche mientras estaba bailando con algún perdedor lo vio irse ¿se iba ya a su casa? Mierda, y no había bailado con él. Lo único que estaba nítido en su cabeza embotada en alcohol es que quería bailar con él, lo demás importaba un carajo. Así que empujó al idiota que la tenía agarrada de la cintura y lo siguió, viendo justo a tiempo como entraba al baño. Suspiró. No estaba todo perdido.

Se distrajo bailando un poco más al ritmo de la música y mientras giraba terminó otro vaso de vodka. Lo vio salir y supo que tenía que pensar rápido aunque eso no fuera una de sus habilidades en este momento. Lo único que atinó a hacer fue agarrarle la mano y llevarlo a algún sitio oscuro. No estaba pensando con claridad, pero todavía sabía que no podía dejar que los demás supieran que ella era una más en su lista.

Él pareció resistirse un poco al principio, pero cuando oyó que era ella lo sintió relajarse. Ella se dio vuelta y se pegó a él. Con una sonrisa triunfadora sintió cómo él la agarraba por las caderas y la atraía aún más, hundiendo su rostro en su pelo.

Este era el juego que ella sabía. La seducción, el deseo. Esto era lo que podía manejar. No la estúpida dulzura ni los cosquilleos. Con esto ella podía envolverlo, sabía que podía ganar. Podía tenerlo a él y ganarle a la estúpida de Marley y a todas las otras imbéciles que se morían por abrirle las piernas. Sólo ella tendría ese placer.

Así que cuando la canción "Feeling good" de Muse empezó, ella se contoneó contra él y lo escuchó sisear. Sintió como los dedos de él se enterraban aún más en sus caderas y la llevaron contra la pared más cercana. Él agachó su cabeza y recorrió todo su cuello con su nariz y sus labios.

Kitty levantó los brazos y sonriendo le dijo:

― Baila conmigo.

Mientras se movía lo que podía en la prisión que habían creado los brazos de él y él se pegaba aún más.

― Kitty ― gimió él en su oído.

― Baila conmigo ― le volvió a repetir ella contra sus labios, mirándolo a los ojos.

Él ni siquiera pensó en resistirse. Ni siquiera se acordó de que estaba por irse o que había mil razones por las que esto estaba mal.

Separó la poca distancia que había entre ellos y tomó sus labios entre los suyos. Esta vez era diferente a ese primer beso. Los dos sabían a alcohol, y los dos estaban deseosos del otro. No había duda o miedo, sólo desesperación. Ella bajó sus manos y las envolvió en su pelo, las manos de él recorrían toda su cintura. Esta vez fue la lengua de él la que sin siquiera pedir permiso invadió la boca de ella, reclamándolo todo. Ambos se mecían lentamente, intentando aparentar que bailaban, haciendo de cuenta que no estaban rogando por el toque del otro.

Cuando se separaron para tomar aire, Kitty abrió los ojos y se topó con una mirada que siempre que algún chico se la dirigía la hacía sentir poderosa. Eran esos ojos negros, llenos de deseo por ella. Aunque una parte muy en el fondo de ella le dijo que tal vez esta era la primera vez que los ojos de ella reflejaban lo mismo.

― Deberíamos ir arriba ― le soltó, aún respirando pesadamente.

Ryder asintió y la tomó de la mano, dejando que ella lo guiara escaleras arriba.

A penas entraron en un cuarto vacío ella lo acorraló de nuevo y volvieron a besarse como si no hubiera mañana. Él empezó a caminar hasta que llegaron a la cama y los recostó en ella.

No había un sólo pensamiento coherente en su cabeza. Lo único que sabía es que no podía tener suficiente de la piel de ella mientras recorría sus piernas con las manos o mientras sus labios viajaban por todo su cuello.

Desde el momento en que ella le habló al oído no podía razonar más. Cristo, la había extrañado tanto. Era ridículo añorar algo que sólo había tenido una vez, pero habían sido las peores dos semanas no por glee, o por el bullying que le habían hecho, sino por la prohibición de ella. Se había negado a él mismo el hecho de siquiera a mirarla, pero si extrañaba verla caminar por los pasillos, imaginen tocarla.

Y ahora la tenía ahí, sólo para él, enroscando una pierna en su cintura, con sus manos por su pecho, sus hombros, su pelo. Estaba en el cielo y le parecía que si dejaba de besarla moriría. Sintió como sus pequeñas manos se escurrían debajo de su remera y sus uñas se paseaban por su estómago haciéndolo estremecer, para después tomar la orilla de la remera ¿dónde había quedado su chaqueta? Y luego deslizó la prenda por su cabeza para poder sacársela.

Lo que ella quisiera.

Siguieron besándose, los dos perdidos en el otro, sólo enfocados en ellos, Ryder deslizando su mano aún más arriba y subiendo la pollera de Kitty.

― Te necesito, por favor ― le dijo ella sin aliento mientras él besaba su cuello.

Había alguien en su vida que lo necesitaba aún más.

MIERDA.

Los labios de Ryder se congelaron en el cuello de Kitty. Ella lo sintió y levantó la cabeza para mirarlo. Él tenía miedo de su mirada pero sabía que debía enfrentarla, así que lentamente subió sus ojos hasta encontrarse con esos ojos verdes que lo embrujaban. Tenía la mirada empañada por el alcohol y el deseo. Ryder sintió como el alcohol se evaporaba de su cuerpo y tomaba consciencia de todo lo que estaba pasando. Se separó de Kitty y se sentó al borde de la cama. Apoyó sus codos en sus piernas y con sus manos sostenía su cabeza.

Era un soberano idiota. El mayor hijo de puta en la tierra. Se restregó los ojos y se puso de pie.

― No puedo ― le soltó sin mirarla. ― No puedo.

Levantó su remera y su campera del suelo y salió sin mirar atrás, sin darle la posibilidad a ella de decir algo.

Kitty se quedó sentada en la cama, mirando la puerta sin poder procesar nada de lo que acababa pasar.

Unos segundos después ella salió del cuarto y se fue de esa condenada fiesta. Después de tanto esfuerzo no pudo lograr olvidar nada.


Just...WOOOOW! Sin palabras, fue muy entretenido de escribir así que espero sus opiniones...

¿Qué pasa la mañana después cuando el alcohol se ha ido? :O

Si les gustó o no, dejen reviews! :D

Nos leemos pronto

Sofi :)