Capítulo beteado por: Ariana Mendoza.
Hola! Sé que han pasado años, bueno no tanto pero si algo de tiempo desde que actualice y les pido una gran disculpa pero mi débil excusa es que cuando creces también crecen las responsabilidades, espero y me comprendan. Bueno, sin más aquí les dejo el capitulo.
10.- Visita inesperada
—Lo siento mucho, no debí decir eso… es solo que no esperaba verlos aquí hasta el viernes —me disculpé rápidamente.
Esto era incómodo. Estaba sorprendida y no sabía exactamente qué decir, pero, gracias al cielo, Seth me salvó.
—¡Bella! —gritó mientras corría hacia mí y, una vez que llegó, lo cargué y di una vuelta con él—. Te extrañé mucho. ¡Mira! —me dijo, y puso una bola de pelo frente a mi cara.
—¿Qué rayos es eso? —le pregunté mientras ponía sus pies en el suelo y me alejaba de la bola de pelos que parecía moverse.
Mi mamá nos estaba observando con una sonrisa en el rostro al igual que Phil.
—¡Es mi nueva mascota! —me respondió sonriendo, y dejando a la vista la falta de uno de sus dientes.
—¿Por qué le regalaron una rata? —lancé la pregunta, a nadie en particular.
—No es una rata, es un hurón y su nombre es Rafiki —me corrigió Jacob un poco ofendido.
—¿Quién regala un hurón y, para variar, le nombra Rafiki?
Amaba el personaje de Rafiki, para mí era uno de los sabios más grandes que existían en el mundo de las películas animadas, aunque nunca me había atrevido a confesarlo. Pero ¡vamos!, no era nombre para un hurón, eso todos lo sabían.
—Deja de hacer tantas preguntas. Rafiki es ahora un miembro más de esta familia, así que déjalo en paz.
Jake puso su dedo en mi nariz mientras decía la última frase, y por el rabillo del ojo puede ver cómo Edward se divertía desde su posición.
—Mantenlo alejado de mis muebles —le dije a Seth.
Él solo asintió y comenzó a hablar acerca de lo genial que sería sacarlo a pasear mañana.
—Así que… ¿no saludarás al nuevo licenciado? —me instó Jacob, mientras sonreía e ignoraba a Seth.
—¡Te he extrañado, tonto! —confesé, y vaya que era cierto.
Jake era una persona importante y, sin darme cuenta, lo había extrañado más de lo que pensaba, así que me dejé envolver por los fuertes brazos de mi hermano.
Apenas me separé de él, Phil ya estaba esperándome con los brazos abiertos.
—Hola, Bella, me da gusto verte de nuevo.
—Phil, me alegra verte. —Nuestro abrazo no fue tan largo como el que tuve con su hijo, pero así era mi relación con él: cordial pero cálida a la vez—. Lo digo en serio —le dije una vez que nos separamos, él solo me dedicó una sonrisa y caminó hacia el sofá donde estaba Jacob.
Y, no sabía si eran mis nervios, que estaba siendo paranoica o en verdad hubo un cambio en la atmósfera de la sala. Se sentía como si de repente todo se hubiera silenciado y estuvieran todos atentos a lo que pasaría a continuación.
—¡Oh! Ven acá, corazón —demandó mi madre, y podría jurar que estaba haciendo un esfuerzo grande por no llorar.
La había extrañado, me había hecho mucha falta, y aunque todavía estaba un poco dolida con ella, eso no me impidió refugiarme en sus brazos. Era mi madre, y la amaba con todo mi ser porque gracias a ella me convertí en la persona que soy ahora.
Y sí, tal vez no teníamos la mejor comunicación del mundo, pero ahora que me encontraba en sus brazos sentía que era solo yo. No la doctora Swan, no la mujer insegura y desconfiada, no la chica orgullosa y arrogante… era solo yo: Bella Swan.
—Lo siento, bebé —me susurró y besó mi frente.
—Te quiero, mamá.
—Bien, antes de que sigan moqueando, ¿por qué mejor no nos presentas a tu acompañante, Bella? ―sugirió Jake, interrumpiendo nuestro meloso reencuentro.
Mi mamá me sonrió y asintió de manera imperceptible.
De acuerdo, el momento había llegado.
Caminé hacia Edward ―que aún no había hablado desde que entramos al departamento―, tomé su mano y le di un apretón.
—¿Listo para conocerlos? —le pregunté en un susurro apenas audible.
—Claro que sí —me respondió firmemente.
Mi día seguía mejorando. Era amenazado por segundos en los que pensaba que todo me iba a salir mal, pero gracias al cielo todo parecía mejorar.
—Familia, él es Edward: mi novio —anuncié, y los saludos comenzaron de nuevo.
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—«Eres solo una niña», ¿puedes creerlo? Me llamó «niña»—decía mientras me ponía unos shorts cómodos.
Después de las presentaciones, charlamos un rato más y mi madre y Phil dijeron que era hora de regresar al hotel, pero Jake mi pidió asilo y no pude decirle que no a mi hermano. Así que ahora tenía a mis dos hermanos, porque Seth casi lloró hasta conseguir que le dieran permiso de quedarse a dormir hoy aquí, terminándose mis reservas de comida y viendo mi televisor con Rafiki a un lado.
Edward dijo que se quedaría también, así que yo estuve aún más feliz.
Me encerré con el chef en mi habitación, pues tenía que bañarme y cambiarme ya que apestaba a hospital.
—Hay toda clase de gente en este mundo, no te lo deberías tomar tan personal —me aconsejó, mientras rodaba sobre su estómago para estar bocabajo en la cama.
—¿Crees que parezco muy joven para ser médico? —le pregunté, y me tumbé encima de él aplastándolo.
Se quejó un poco, pero aun así me respondió.
—Tal vez…
—¡Edward!
—Solo a veces: tu fleco te hacer ver tierna.
—¡No quiero verme tierna! Quiero verme intelectual… inteligente, tu sabes.
—No, en realidad no lo sé —su voz era amortiguada por la almohada, así que me tumbé a un lado de él pues me preocupaba fracturarle alguna vertebra—. Te ves joven porque lo eres, deja ya de preocuparte tanto por eso.
Y esta vez fue él quien se volteó y se tumbó encima de mí sin ningún miramiento.
—¿Sabes? En realidad pesas más de lo que aparentas.
—¿Me estás llamando gordo?
—Tal vez… —lo sentí sonreír contra mi cuello, pero no se movió ni un centímetro.
En realidad parecía estar muy cansado, y yo también lo estaba; había sido un buen día, pero eso no le quitaba lo agotador. Quería dormirme ya, pero mis hermanos seguían en la sala, y ninguno se había ofrecido a arreglar la cama del cuarto de invitados. Desconsiderados.
Tenía que levantarme, pero en realidad no quería hacerlo, así que solo dejé que mis manos vagaran por la espalda de Edward un rato, y llegó un momento en el que creí que ya estaba dormido.
—¡Llego Rose! —se escuchó el grito de Seth, y supe que era hora de levantarme, pero tenía un pesado problema encima.
Traté de empujar a Edward un poco, pero no conseguí nada; intenté deslizarme por debajo de él, ¡pero no logré moverme ni un centímetro! Fue entonces cuando sentí de nuevo su sonrisa contra mi piel.
—¡Quítate! Ya me duelen las costillas —le reclamé, y comencé a pellizcar su trasero.
—¡Me estás manoseado! —grito ofendido, pero al fin se quitó.
—Cámbiate de ropa, no dormiré contigo así… juro que apestas a comida —le advertí mientras abría la puerta de un tirón, y antes de salir él, muy «maduramente», me sacó la lengua.
¡Ugh! Cómo lo quería.
«¡Espera un momento!», me grito mi mente.
Estaba congelada. Me había detenido en el corredor aún sin poder creer lo que había pasado hacía unos instantes.
«No hay que entrar en pánico, no hay que entrar en pánico ―comencé a repetir en mi interior―. Fue solo un pensamiento furtivo, no volverá a pasar».
O eso esperaba, por mi salud mental.
—Bella, hay un hurón en la casa —me informó Rose una vez llegué a la sala.
«Como si no lo supiera…», pensé.
Estaba esparcida en el sofá junto a mis hermanos, y tenía a Rafiki en sus piernas.
—Lo sé. Chicos, ya es tarde, así que vamos a que vean su habitación para que nos vayamos a dormir; ha sido un día muy largo.
—¿Tan temprano?
El semblante de Seth decayó.
—¿A qué hora quieres dormirte entonces, bichito? —le preguntó con cariño Rose.
Rose tenía el «toque» con los niños. De haber sido por mí, habría cargado a Seth a su habitación y solamente le hubiera dado un tierno y dulce «buenas noches» desde la puerta, pero Rose era diferente.
—¡Hasta que amanezca! —gritó alzando sus bracitos al cielo.
—Espera hasta que estés fuera de casa, en la Universidad, tendrás muchos días como esos. Andando, bichito —le dije, y lo cargué hasta la habitación de invitados con Jake detrás de mí, riéndose.
—Jake, ¿podemos desvelarnos? —le preguntó Seth mientras yo lo arropaba con las mantas.
—Campeón, ahora eres joven, cuando tengas nuestra edad entenderás ―le respondió en medio de un bostezo.
—Hasta mañana —besé su frente y él sonrió—. Que descanses, Jake ―le dije, y lo abracé.
Me dirigía hacia la puerta, cuando esta se abrió de golpe.
—Sí, bueno, ¡dulces sueños a todos! Pero… ¿qué haremos con el hurón ?—pregunto Rose desde el marco de la puerta, con Rafiki en su hombro.
Miré a Jake, quien solo sonreía divertido, y al voltear de nuevo hacia Rose, esta tenía la misma expresión.
Desgraciados.
Entré a mi habitación, Edward estaba en bóxer y sin camisa, tendido en mi cama. Cuando me vio, arqueó una ceja, interrogante.
—¿Te apetece un trío? ―le pregunté, alzando a Rafiki en su dirección.
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—Nos vemos mañana, Tanya —me despedí de mi enfermera favorita mientras salía del hospital.
—Hasta mañana, Bella, que descanses.
Hoy había salido temprano, los turnos en el hospital eran un caos desde que Newton se fue de licencia porque había cogido varicela. Pobre, la varicela a los treinta no era nada agradable, te cundes de llagas por todos lados… en serio. Lo compadecía porque quedarían marcas, sin duda.
Pasé a la sala de espera donde mis hermanos y Rafiki me estaban esperando.
—¡Jake, no puedes meter animales a un hospital! —fue lo primero que le espeté—. Puede causarle alergia a algún paciente, e incluso si no, es un foco de infección latente.
—Bella, ¿dónde querías que lo dejara? Como sea… ¿ya nos podemos ir?
Ahora recordaba lo odioso que podía llegar a ser Jacob.
Le di un beso a Seth y tomé su mano para dirigirme al estacionamiento.
—Andando.
—¿Dónde está Rose? —pregunto Seth desde el asiento trasero de mi auto.
—Trabajando, enano, ella iba a entrar a una cesárea cuando me vine.
—¿Cuándo va a salir con nosotros? —formuló otra pregunta distraído mientras le mostraba a Rafiki los otros autos.
—El fin de semana: esos días descansa —le contesté, pero parecía ya no ponerme atención pues estaba muy entretenido jugando con el hurón.
Al parecer había sido un buen regalo.
Habíamos hecho planes para comer pizza con Phil y mi mamá, pero antes pasaríamos por Edward al trabajo y Seth quería pasar a una tienda a comprarle comida al hurón. Miré a Jake, que estaba distraído con su celular, al parecer todos me ignoraban este día.
—¿Alguna chica? —aventuré al detenerme en un alto, y señalé su celular.
—Puede ser.
—¡Tienes que contármelo todo!
—¿En serio? ¿Todo? —sonrió burlón.
—Eres un pervertido. Está bien, puedes saltarte algunos detalles.
—Te contaré en la noche, y así tú también podrás ponerme al corriente de tu relación con Cullen.
—Está bien —acepte—. Pero… te agrada, ¿cierto? —pregunté insegura.
Le eché un vistazo y seguía sonriendo, así que respiré tranquila.
—Mujer, ¡el hombre me hizo de desayunar! Y he de admitir que no me desagrada la idea de que lo siga haciendo de vez en cuando. Si te casas con él, no saldré de tu casa. Estás advertida.
¿Casarme con él?
¡Demonios! Debía dejar de ser tan exagerado.
—Me alegra, espero que se lleven mejor cuando se conozcan más. ¡Oh! Y tienes que conocer a Emmett, se llevarán bien.
—Sí, Rose me dijo lo mismo. Creo que lo conoceré el sábado: está de viaje, al parecer… ¿Hombre de negocios?
—Es arquitecto —le aclaré—. Y también a Jasper y a Alice, a Carlisle y a Esme… ¿Sabes? Creo que debo organizar una comida para que todos se conozcan oficialmente.
—¿Edward cocinará? —preguntó esperanzado.
—Le preguntaré —prometí
…
—¿Por qué mierda tengo que pasarme atrás? ¡No tengo cinco años! —refunfuñó Jake.
—Porque es mi auto, por eso. Ahora, ¡bájate! —ordené, mientras terminaba de orillar el auto para que Jake se pasara al asiento trasero a hacerle compañía a Seth, y así dejar libre el espacio para Edward.
—Estás loquita por él, ¿no es cierto? —comenzó a burlarse mientras movía sus cejas sugestivamente.
—Púdrete.
Bajó del auto riéndose, le dijo a Seth que se recorriera, se sentó, y abrochó su cinturón de una manera tan tierna y a la vez tan ridícula, que me estaba partiendo de risa en mi lugar.
Edward salió del restaurante con su mochila al hombro, y Jacob comenzó a silbarle.
—¿Todo eso? —le gritó.
Seth y yo solo reímos cuando un abuelito se les quedó viendo mientras pasaba por la calle. Edward apresuró más sus pasos y se subió al auto, besó mi mejilla y chocó puños con mis hermanos. Arranqué el coche, y ellos comenzaron a hablar de cualquier cosa y nada a la vez. Me sorprendió que incluso Seth le hablara a Edward como si lo conociera desde siempre.
«Hombres», pensé.
La testosterona llama, supongo.
Mientras ellos charlaban sobre fútbol, yo conducía hacia el centro comercial, y mi mente trabajaba a toda velocidad.
Aún estaba algo aturdida por mi pensamiento de anoche. Había sido tan fugaz, inesperado y confuso; antes de ese pensamiento no se me había ocurrido decirle a Edward que lo quería, y ahora era lo único que quería hacer, pero ¿cuándo es el momento correcto para decirle a una persona que la quieres? ¿Es bueno decirlo antes de que la otra persona te lo diga a ti? ¿O esperas a que ella te lo diga primero?
Las relaciones no estaban hechas para mí, y en el fondo culpaba un poco a mis padres por ello.
Quería a Edward, y estaba segura de que Edward me quería a mí, pero a lo que yo me refería no era a esa clase simple de amor, sino a al tipo de amor en el que darías o dejarías todo por esa persona.
Toda la noche ―y parte de la mañana― había estado pensando, y sí: estaba enamorada de Edward hasta el punto en el que ya me planteaba seriamente sí quedarme al finalizar mi internado, pero al mismo tiempo me preguntaba si estaría en lo correcto. ¿Dónde quedaría todo mi esfuerzo? ¿Qué pasaba con mis metas? Y la otra cuestión era, ¿Edward sentía lo mismo? ¿El estaría dispuesto a dar lo mismo que yo?
Era complicado, o tal vez solo yo lo hacía complicado.
No lo sabía.
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—Así que… ¿esto va en serio? —me preguntó Jake de la nada.
Estábamos en la tienda de mascotas comprando cosas para Rafiki, Seth se había llevado a Edward a ver a los demás hurones.
—Supongo que sí.
—¿Supones? Casi viven juntos, Bella —dijo, mientras buscaba entre los juguetes—. ¿Lo quieres?
Jake clavó su mirada en mí como si mis pupilas le fueran a dar la respuesta, y yo eché un vistazo hacia donde estaba mi hermano con Edward. No quería que se enterara todavía, o al menos no mientras estuviera confundida.
—Sí —admití—. Pero justo ahora mi cabeza es un caos, no sé qué haré cuando llegue el momento de decidir entre él y mi carrera. Estoy enamorada de él, Jake, y estoy comenzando a sufrir los síntomas del amor. Estoy convirtiéndome en una idiota, porque ahora me planteo la idea de dejarlo todo y quedarme aquí.
Mi hermano soltó el juguete que tenía en su mano, y sin más me abrazó.
—Eso pasa cuando te enamoras, Bella: quieres dejar todo y solo quedarte junto a esa persona. Mamá me contó sobre su discusión ―Lo solté, y me separe para poder mirarlo—. Dijo que había sido muy dura contigo y que lo sentía.
—Eso ya no importa. ¿Sabes?, trato de ya no tomarme nada tan personal —contesté, un poco seca.
—Muy bien —me felicitó, y esta vez tomó unas correas—. Te diré la misma mierda que la gente dice: Sé feliz. Es un tanto estúpido porque, en realidad, ¿cómo se es feliz? Nadie sabe exactamente cómo, y solo lo dicen porque, ya sabes, «hay que ser positivo ante todo». A lo que me refiero, Bella, es que tal vez debas de ver aún más lejos, ¿y qué pasa cuando logras en tu carrera todo lo que querías hacer? ¿Qué vas a hacer entonces?... Los mejores logros que puedes tener, son esas personas que marcan tu vida —me guiñó un ojo y despeinó otro tanto mi cabello.
—¿Acaso citaste a alguien? —me burlé.
—¿Bromeas? Llevaba tiempo pensando en lo que te iba decir cuando te tuviera frente a mí, esa frase fue creada en los asientos del avión. Ya veremos qué se me ocurre mientras me baño.
—Eres un caso perdido, cambiemos de tema. Así que… ¿por qué no te quedaste en el hotel con tu papá y Renée?
—¿Me estás corriendo?
—No, solo que es un poco raro y tengo curiosidad.
—Planeo quedarme un tiempo por aquí —confesó, mientras se encogía de hombros.
—¡Eso es genial! —grite de emoción, y me colgué a su cuello.
Jake acababa de darme la mejor noticia de todo el día. Rose se emocionaría también cuando lo supiera, sería como en los viejos tiempos.
—Sí, bueno… ¡Bella, harás que me sonroje! —me reclamó, mientras quitaba mis brazos de su cuello y señalaba a unos cuantos que se fijaban en nosotros.
—Qué niñita te has vuelto —le acusé mientras golpeaba su hombro y, sin pensarlo dos veces, me dirigí hacia los mirones—. Lo siento, es que mi hermano se casará con mi mejor amigo.
Jacob tenía lo boca abierta debido al asombro, y yo casi me orinaba en mis pantalones. Hacía mucho tiempo que no le jugaba una broma como esta.
Algunos lo felicitaron, e incluso una señora palmeó su brazo deseándole una vida de amor y salud cuando pasó junto a él. Estaba a punto de ahogarme de la risa, y Jake estaba más rojo que un tomate cuando Seth y Edward llegaron a nuestro lado.
—¿Qué rayos les pasa?—inquirió Edward, con Rafiki en su hombro.
—Nada —me apresuré a decir, mientras pasaba mi mano por su cintura.
—¿Estás bien, Jake? —le preguntó Seth.
—Claro que sí, campeón —aseguró, ya repuesto—. Solo que se ha iniciado una guerra —declaró, mientras me miraba retadoramente.
—Que así sea —asentí, para nada intimidada.
—¿Me puedes comprar esto? —me preguntó mi hermanito, mientras me entregaba lo que parecía ser una correa.
—¿Una correa? ¿No crees que eso es más como para perros? Tú tienes un hurón.
—Es una correa para hurón —me susurró Edward.
Entonces la miré bien y, ¡no me jodas! Ahora ya había correas para hurones. ¿Qué seguía?, ¿correa para hámsteres? ¿Para iguanas?
Maldito consumismo.
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—¿Por qué carajos tuve que pagar por la correa? —refunfuñó Jacob mientras entrabamos a la pizzería.
—Porque tú le regalaste el hurón —le aclaré, mientras veía cómo Seth llevaba a Rafiki de la correa.
En realidad era algo angustiante de ver, porque sentía que en cualquier momento alguna persona despistada y con prisa iba a pasar y, adiós Rafiki.
Mi madre y Phil nos saludaron una vez que llegamos a la mesa, y después de una batalla campal, la cual perdí porque Seth, Jacob e incluso Edward se unieron, terminamos comiendo pizza hawaiana.
La mesa se llenó de risas cuando platiqué con ademanes y lujo de detalles la broma que le había hecho a Jake en la tienda de mascotas. y claro que él volvió a mencionar que la guerra había comenzado.
Todos parecían estar divirtiéndose, incluso Rafiki.
En estos momentos, simplemente me sentía feliz.
Y fue cuando supe que tal vez las personas si saben cómo ser felices… No necesitabas mucho, solo un poco de pizza, una buena platica y a las personas indicadas.
Espero que les haya gustado! Y por lo menos les haya sacado una sonrisa. Gracias por leer y (aunque no los merezca) espero sus comentarios.
Como siempre mis agradecimientos a mi super Beta Ariana! Enserio, es la mejor. Gracias a las chicas que me dejan sus comentarios, a las que me siguen agregando a favoritos y alertas y a las que solamente leen, gracias!
Me despido y espero regresar lo más pronto con otro capítulo, que estén bien y nos seguimos leyendo.
