Living in Paradise

11 – Gran Manzana para Llevar

Narra April

Estaba gritando interiormente. Nick me agarraba por la espalda y la nuca, pegándose a mí con fuerza y, la verdad, metiéndome la lengua hasta la campanilla.

¡Estaba consiguiendo mi objetivo!

Ahí, escondidos de todos en la cocina, estaba segura de que él estaba rezando para que nadie nos descubriera… mientras que yo hacía todo lo contrario. Si el Ala-Delta nos veía, se marcharía por fin a su tierra de canguros para siempre y Nick volvería ser mío y sólo mío. Me apreté contra él con más fuerza, desabrochando con urgencia los botones de su camisa.

Venga, Delta. ¿No te estás preguntando qué estamos haciendo tanto rato en la cocina? ¿No quieres ver cómo tu "novio" está a punto de deslizar su mano por debajo de mi camisa?

Supuse que estaría ocupada intentando entablar conversación con Liz y Summer, ya de por sí hostiles. Pero no oía nada aparte de la respiración entrecortada de Nicholas, dándome besos impetuosos por el cuello. Si seguíamos así, pasaríamos a mayores actos encima del fregadero y, la verdad, no me apetecía clavarme el grifo por ningún lugar extraño.

-Qué raro que nadie se pregunte por qué tardamos tanto –le susurré a Nick al oído.

-Mejor –se le escapó, sin parar de besarme.

-Si es esto lo que quieres, ¿por qué no dejas a Delta? –se me escapó a mí. Me había prometido a mí misma que empezaría a intentar convencerlo de que yo era la mejor opción para él. Por una vez en su vida, Nick debía tomar esa decisión él solo.

Nick hizo como si no me oyera. O quizá no me oyó de verdad.

-Me encanta tu cuello –susurró en mi oído. Un escalofrío me recorrió la espalda, alterada por sus palabras. Sus labios rozaron el lóbulo de mi oreja, para luego seguir bajando por mi cuello hasta mis hombros.

Por favor, Delta, ven a la cocina. Ven y rompe con tu "novio" ahora mismo. Por favor.

Pero llamaron al timbre.

Di un respingo, apartando a Nick.

-¿Y si son tus padres? –pregunté, imaginándome la escena. Lo más probable era que me muriera de la vergüenza si Denise, Kevin Sr. o incluso Frankie nos vieran así.

-No… no creo –pero él también se apartó, intentando recomponerse lo más rápido posible.

Salió disparado hacia la puerta, dejándome al lado del fregadero, recuperando la respiración y colocándome todo en el sitio. Mi pelo se había deshecho un poco, así que lo arreglé mientras me miraba en la brillante nevera. Después, me erguí lo máximo que pude y compuse una sonrisa, dispuesta a salir a saludar a quienquiera que acababa de llegar.

-¿Sí? –oí que preguntaba Nick al recién llegado.

Oí su voz, alta y clara. El corazón se me aceleró cuando por fin llegué a la entrada y lo vi allí plantado, sonriente.

-Hola, Nick. Esto… me han dicho que April está aquí –dijo Dan.

Sí, el mismo Dan de Nueva York, el portero con el que me había fugado esa noche a una fiesta loca. Nick no lo conocía, al menos no que yo supiera. Me acerqué rápidamente.

-¡Daniel! –me quedé a unos pasos de distancia, al lado de Nick. Él me miraba aturullado –¿qué haces aquí?

-Le pregunté a la señora Libertad si quería acompañarme, pero me dijo que no podía dejar su posición tan importante para venirse a la calurosa Los Ángeles. Así que bueno… ya me han rechazado dos mujeres (incluyéndote a ti) –dijo él. Se refería a la Estatua de la Libertad, por supuesto. Sonreí, porque se acordaba de mi pequeña bromita.

-¿Eres Dan, el portero de Nueva York? –preguntó Nick, que al parecer ya empezaba a encajar las piezas.

El recién llegado le tendió la mano.

-Sí, soy yo. Siento haber llegado sin avisar, es que April me dio su dirección y ahora que tengo una semana de vacaciones decidí venir a visitarla… pero unos tipos con cámaras delante de su casa me dijeron que estaba aquí contigo, que teníais una… "reunión familiar". Así que uno de ellos se ha ofrecido a traerme, porque también venía a ver si conseguía unas fotos vuestras saliendo de casa –nos contó Dan –. Es un tipo simpático, ese tal Steve. Ahora mismo está allí fuera, esperando a que le lleve noticias –Nick y yo nos quedamos blancos. Dan se rió –¡es broma! Claro que no le voy a contar ningún cotilleo, pero… ¡tenía ganas de verte, April!

Sin avisar, se lanzó a darme un abrazo de oso, dejando a Nick petrificado a mi lado. Quizá esta visita inesperada me beneficiaba a mí…

-Claro… es que… uhm. No pensé que fueras a venir –le dije. Era verdad.

Un chico como Dan, que tenía una chica diferente cada noche no era de los que cruzan el país para re-encontrarse con una "amiga" a la que sólo ha conocido durante ¿dos días? ¿tres?

-Por supuesto que tenía que venir. Tienes que enseñarme todo esto. ¡Después de la cena tienes que llevarme al mejor club nocturno de la ciudad! Seguro que te dejan pasar gratis.

Me quedé callada, pero asentí.

Nick pareció despertar de su momentáneo desconcierto, y cerró la puerta tras Dan.

-¿Por qué no pasas y te unes a nosotros? Así nos cuentas más de ti –le dijo. Le miré con recelo.

Algo estaba tramando.

-¡Gracias! –dejó su mochila y su maleta en la entrada y siguió a Nick hacia el comedor. Cuando me puse a su lado, pasó su brazo alrededor de mi cintura, pero no hice nada para evitarlo.

Delta, Kevin, Joe, Liz y Summer se nos quedaron mirando, confundidos.

-¡Hola a todos! –exclamó Dan, tan contento como siempre.

-¿Quién eres tú? –preguntó Liz. Sólo ella y Summer sabían lo que había pasado en Nueva York con él.

-Este es Daniel. Es el portero del edificio de mi apartamento en Nueva York –explicó Nick. No se me pasó por alto el "mi apartamento".

Pensaba que lo había comprado para los dos, pero supongo que ahora no tenía derecho a nada.

-¿Y qué haces aquí? ¿Sois… amigos o algo? –preguntó Delta. No pude evitar torcer el gesto.

-No, no es amigo de Nick. Es amigo mío –respondí.

Bueno, eso era una exageración, porque no había hablado con él desde que dejé Nueva York. Y, además, no sabía casi nada de él.

-Oh –respondió Summer. Acababa de darse cuenta de que ese "Daniel" era el que tantos problemas nos había causado. El mismo "Dan" que me había invitado a pasar la noche en su casa.

-Encantado de conocerte –respondió Kevin, tan atento como siempre -¿has cenado? Siéntate con nosotros.

Dan se acercó sin más dilación a su lado, sentándose cómodamente.

Liz y Summer me lanzaban miradas de agobio, como si estuvieran intentando decirme telepáticamente "esto es un lío. ¿Por qué está este aquí? ¿Sabes la que se va a montar? ¿Sabes lo que debe de estar pensando ahora mismo Nick?"

Y, bueno… eso era precisamente lo que yo estaba pensando.

-Traeré lo que falta de comida. Nick, ayúdame a buscar otro plato para Dan –le dije, agarrándolo del brazo y llevándomelo a la cocina.

Parecíamos él y yo los anfitriones. ¡Era Delta la que debería estar sirviendo la carne en platos, no yo!

-¿Qué hace él aquí? ¿Fue con él con quien te acostaste? –me preguntó Nick en voz baja una vez estuvimos solos.

Me hice la ofendida.

-¡No me acosté con él! Sólo estuvimos tendidos en la misma cama durante unas cuantas horas, nada más –respondí. Nick puso los ojos en blanco.

-Fue por su culpa por la que te fuiste de NY. Me dejaste solo –respondió.

¿Así iban a ser las cosas?

-Te estás olvidando de la tal "Ángela" con la que pasaste más tiempo que conmigo en tus "supuestas vacaciones". ¿O te olvidas de por qué fuimos allí? ¡Fuimos a celebrar nuestro compromiso, Nicholas!

-Tú sacaste las cosas de quicio. Ángela no significaba nada para mí.

-Me importa un pito. Me importa MUY poco –estaba poniéndome de los nervios, pero aún así no quería que los demás nos oyeran. Bajé la voz –. Me pasé DOS días sola en una casa que no conocía, en una ciudad desconocida mientras que tú sólo te preocupabas por tu trabajo.

-Tú ya lo sabías, April. Tú sabes cómo soy yo. Y lo aceptaste cuando te juntaste conmigo. Sabías a lo que ibas –se defendió.

Discutíamos en voz tan baja y tan rápido que casi era como si estuviéramos peleándonos por la temperatura de la carne. Coloqué un par de platos ya servidos en una bandeja, dispuesta a sacarla al salón.

-¡No sabía que te irías con la primera ejecutiva con falda que se pusiera delante!

-¡¿Por qué eres tan celosa, April? Dios, no sabes lo que me alegro de que ya no estemos juntos. Me alegro de no tener que soportar tus comentarios cada vez que una chica se acerca para hablar conmigo –explotó Nick.

Me quedé callada, helada. Giré la cabeza para mirarle. Estaba rojo de la ira, con los puños cerrados.

Alcé la cabeza…

… y dejé caer la bandeja al suelo, sin importarme ya el ruido.

Los platos se rompieron en mil pedazos, el golpe fue ensordecedor. Pero yo me quedé parada allí mismo, de pie, clavando en Nick mi mirada. Él también parecía estar demasiado absorto en lo que me acababa de decir como para reaccionar, pero el resto de los invitados se levantaron rápidamente de sus sillas y vinieron a ver si todo iba a bien.

-¿Qué… qué ha pasado? –preguntó Joe desde la puerta. Estaban todos allí, mirando la escena.

Nick y yo éramos las dos personas más patéticas del mundo, discutiendo incluso después de haber roto. ¿Por qué se me había pasado por la cabeza que podía recuperarle con mis jueguecitos? Ese Nick ya no era el Nick que yo había conocido un tiempo atrás, el tierno y cariñoso Nicholas que se escapó de su hotel para quedar conmigo en medio de la noche.

-A April se le ha caído la bandeja –respondió Nick, volviendo a su color de piel natural.

Con movimientos rápidos, se puso a barrer los pedacitos de porcelana de los platos rotos, sin levantar la cabeza. Yo seguía sin moverme.

-¿Estás bien? ¿Te has tropezado? –me preguntó Dan, acercándose.

Negué con la cabeza.

-Quiero irme de aquí –le susurré, sin apenas mirarle. Él asintió.

-Vaya, April… tienes fiebre –dijo en voz alta, haciendo que todos se giraran. Incluso Nick alzó la vista del suelo. Giré la cara –mejor te acompaño a casa, ¿quieres?

Asentí brevemente.

-Nos veremos pronto, chicos. Ha sido un placer conoceros –les dijo a todos. Se quedaron paralizados.

Estaba segura de que Liz, Summer, Kev y Joe sabían que algo había pasado entre el Jonas y yo en esa cocina, porque ninguno intentó interceptarnos antes de salir. Simplemente nos dejaron irnos.

Dan y yo salimos de la casa rápidamente y, estaba tan absorta en mis pensamientos, que ni siquiera me di cuenta de que había un taxi esperándonos en la puerta, ni de que una manada de paparazzi estaba haciéndonos fotos. Dan tenía su brazo alrededor mío, esquivándolos a todos con gracia. Sólo me di cuenta de que le dijo adiós al tal Steve que lo había llevado hasta allí.

Y lo siguiente fue despertarme en mi cama, tapada hasta las orejas, aún con la ropa de la noche anterior.

Oí un ronquido en la habitación de al lado, la de invitados, y supe que Dan estaba allí durmiendo. Por lo menos no había intentado hacer nada cuando me llevó a casa.

Las palabras de Nick (y su cara roja de la rabia) aún invadían mi mente, como si las hubieran marcado al rojo vivo en mi piel. "Celosa". Y además, se alegraba de que no estuviéramos juntos. ¡Qué idiota había sido!

Clavé la cara en la almohada, deseando morirme allí mismo. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué no podía simplemente dejarlo pasar, olvidarme de él?

-Buenassss –me saludó Dan desde la puerta. Alcé la cabeza, para encontrármelo… vestido con mi bata de estar por casa, esa rosa de florecitas azules. No pude evitar reírme.

Se había apoyado sobre el marco de la puerta, en una pose muy… femenina. Me saludaba con la mano, como una señorita.

-¿Qué haces así? –le pregunté entre carcajadas -¡Esa bata es mía!

-La encontré anoche tirada en el suelo y… como se me ha olvidado meter un pijama en la maleta, decidí ponérmelo. Es esto, o ir desnudo por la casa –dijo. Me puse roja, seguro –. A mí no me importa ir "al natural", pero por respeto a ti, me parece que mejor me dejo puesta la bata.

Sonreí, aunque no creí poder hacerlo. Dan saltó sobre mi cama.

-¿Qué vamos a hacer hoy? –preguntó. Parecía un niño pequeño, emocionado porque lo van a llevar a comprar chucherías o algo así.

-Yo… ¿qué día es hoy? –pregunté, perdida.

-Hoy es lunes.

¡Mierda! ¡Mierda, mierda!

-¡Joder! ¡Y son las 10! –salí de la cama, corriendo a mi baño y entrecerrando la puerta.

Mi reflejo me asustó. No me había desmaquillado ni peinado antes de acostarme, y, la verdad, daba miedo. Tenía el pelo revuelto y el rímel tan corrido que podría haber parecido un mapache.

-¿Por qué tanta prisa? No tengo tanta hambre. Podemos ir a Starbucks más tarde. ¡O a una de esas terracitas tan bonitas que siempre veo en las fotos de paparazzi! –me dijo Dan desde fuera. No iba a entrar en el baño, eso de alguna forma lo sabía.

-Tengo una sesión de fotos para una revista… en una hora –resoplé. Las fotos saldrían tan mal, que tendrían que "cambiar de idea y no publicarlas". Abrí rápidamente el grifo del agua caliente, me quité la ropa y me dispuse a arreglar lo imposible.

-¿Trabajo? ¡¿Y qué pasa conmigo? –se hizo el ofendido Dan. Puse los ojos en blanco, aunque no me pudiera ver.

-¡Eso te pasa por venir sin avisar! –le grité. Enjaboné mi pelo, intentando deshacer los nudos poco a poco con los dedos. Por suerte, mi nuevo suavizante era milagroso.

-¿Puedo ir contigo? –preguntó. Había entrado en el baño.

-¡Sal ahora mismo de aquí, pervertido! –me reí. Por suerte, la mampara de la ducha no era completamente transparente.

-Ah, sí claro. ¿Crees que he entrado para mirarte mientras te duchas? –se sentó en el taburete –estás muy sexy distorsionada. Esa mampara de hace un cuerpo… deforme.

Era imposible.

A pesar de que no lo conocía mucho, me sentía a gusto con él. Así que no me importó que se quedara allí mientras acababa de ducharme.

-Vale, voy a salir. Ahora, esfúmate. Prepárame algo de café para cuando esté lista –estaba a punto de protestar, pero le corté –y sí; después podrás venir conmigo a la sesión de fotos. ¡Pero te voy a presentar a todos como mi mejor amigo gay! No quiero que hayan rumores idiotas. Ya tengo suficiente con todo lo que está pasando.

-¿Qué está pasando? –me preguntó –espera, ¿mejor amigo gay? –se quedó callado –no tendrás algún anillo de oro que me pueda poner en el meñique o algo así? Es para darle credibilidad a tu mentira… nadie se va a creer que soy gay. ¿Has visto qué varonil soy?

-Hay muchos gays varoniles. ¡Sal de aquí ya! –grité.

-Ay, Flor, ¡cómo te pones! –contestó, con un gritito afeminado.

Al menos lo tenía a él…

¿De verdad era una celosa?

Ugh, debía quitarme las horribles palabras de Nick de mi cabeza lo antes posible o moriría de un ataque de rabia.

O peor aún: de depresión.


¿Os ha gustado? ¿Qué opináis de Dan? ¿Creéis que Nick se arrepentirá de lo que le dijo a April?

¡Muchas gracias a todas!

-Vicky.