Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

Lágrimas de olvido

Capítulo 10

ENCUENTROS

BELLA

Pronto amanecería.

Ya había tomado la decisión. Me iría a Volterra.

El móvil que Demetri me había dado, pesaba más que una tonelada. De repente fue tangible que su carga se asemejaba más a un grillete que me jaloneaba hacia un destino incierto. Lo raro es que no me importaba. Solo quería aliviar mi conciencia que pesaba más que el grillete, porque me dictaba a gritos que de quedarme, acabaría matando a Carlos y así acabaría de estropear lo poco que había podido reconstruir.

Tomé el móvil.

- Isabella. - Saludo la voz de Demetris. - Espero que sean buenas noticias.

Su tono fue ciertamente encantador.

- Voy. - Pronuncié esta palabra con una determinación que me asustó.

Me sabía lo suficientemente fuerte para no adoptar los hábitos alimenticios del común de los vampiros italianos, pero esperaba poder mantener mi dieta y sobre todo, mi libertad para cumplir con mi elección.

También había aceptado que no quería permanecer más tiempo sola. Ni siquiera quería pensar en la posibilidad de volver al norte en busca de los Cullen. Ante todo eran una familia, su familia y nunca podría interponerme entre sus afectos.

Muy adentro de mí guardaba la esperanza de que hubiese tenido la necesidad de buscarme, pero con tantos años, solo podía concebir la idea de que él ya había formado pareja nuevamente.

Le había dejado el camino libre para que formalizara con Irina. La perfecta vampira con la que me había engañado.

La imagen de sus bocas fundidas en un beso, removió la ponzoña en mis entrañas con una llamarada furiosa. Él había elegido. Yo también lo haría y comenzaría con éste viaje.

Debería poder olvidar, pero la inmortalidad me había regalado una memoria prodigiosa, que era mi mayor pesar. Una parte de mí se preguntó si este dolor lacerante que me desgarraba el pecho, hubiese sido más soportable siendo humana. La eternidad potenciaba todo. Los recuerdos, los sentimientos, la traición.

Olvidar… si fuera posible.

No. No podía. Pero la velocidad lograba distraerme.

Tomé carrera hacia el estacionamiento, con paso algo veloz para una supuesta humana. Jalé el cordón de la llave de la moto, que tenía guardada en el bolsillo del pantalón. En un movimiento ágil y continuó arranqué haciendo rechinar las gomas en la calle, marcando una huella oscura en el pavimento.

La carretera recibió mi furia.

No había llevado casco, ni chamarra para ocultarme. Solo bebía el viento salitroso de la costa que acariciaba violentamente mi piel. Aceleré aún más mientras me perdía en la carrera.

No pienso. Solo corro. Porque quiero dejar atrás los recuerdos.

Quiero olvidar. Quiero olvidar.

Tras una curva muy abierta, descubrí dos motos que se acercaban velozmente, acortando la distancia kilómetro a kilómetro.

Volví mi vista al tablero dudosa de que algún humano tuviera los reflejos para asemejar mi manejo o que fuera lo suficientemente estúpido para intentarlo.

Reconocí la moto amarilla del estacionamiento del hotel y una duda se plantó en mi cerebro.

Como sincronizados, se movieron cerrando mi paso, justo al momento en que mi preciosura comenzó a fallar.

Mierda, mierda, justo cuando iba a saltar el charco.

Juro que me había decidido a saltar el charco.

No estoy lista, aún. No estoy lista.

Mi moto se bamboleó fuera de control mientras tomaba impulso para arrojarme hacia el costado de la ruta. Apenas pude elevarme unos centímetros, cuando unos férreos brazos me tomaron por la cintura y me jalaron en el sentido contrario.

Rodamos hechos un ovillo, intentando trabar un agarre, tras otro. No era una lucha donde se impusiera la fuerza, solo la habilidad para posicionarnos.

Un juego bruto entre dos que se conocían demasiado.

La velocidad de la pelea era inverosímil. Una toma diestra y la espalda de mi atacante sonó contra el asfalto, mientras me ubicaba a horcajadas sobre él, sosteniéndole las muñecas.

Me miró asustado.

- Bella ,- Gritó una voz a mis espaldas.

Yo chasque los dientes a centímetros de su rostro y dije.

- Te atrapé Jas.

Un borrón poderoso como un tsunami se nos unió y acabamos rodando los tres por el suelo. Nuestras cabezas unidas en un abrazo poderoso y único.

Alice y Jasper me habían encontrado. Mis hermanos estaban allí.

Cuanto había extrañado este afecto genuino. Me deshice del abrazo con dulzura, mientras miraba alternadamente a los dos.

- No me atrapaste. Te dejé atraparme. Que es distinto.- Admitió Jasper con una encantadora sonrisa. Hermoso, temerario. Mi hermano estaba allí abrazándome como una cadena de acero.

- Alice, Jasper esto es …. No debían. - Mis ideas no sonaban coordinadas.

- Shh sshhh - Hizo Alice, poniendo su dedo en mis labios. Adoraba ese gesto tan suyo.

Su rostro inmortal guardaba los mismos rasgos de años atrás, pero algo en él denotaba más madurez.

- Nunca dejamos de buscarte. -Dijo Jasper mientras nos incorporábamos.

Volvimos a abrazarnos. Por dentro sentía un adormecimiento que subía desde mis extremidades y ensordecía mis sentidos. El escudo que inconscientemente se alzaba para protegerme.

- Y bien, que nos la pusiste difícil. - Agregó Alice sonriendo

- No fue a propósito. Por mucho tiempo, ni yo misma sabía bien donde me encontraba, - Agregué con cierta tristeza.- Pero todo está bien ahora. -Concluí afianzándome internamente. Me sentía débil con su abrazo y por un momento estuvo bien. Luego supe que iba dolerme más. Yo no quería que nada más me hiciera daño.

- Y estará mejor, porque ya te vuelves con nosotros. - Refutó Alice con firmeza.

- Oh no …. Eso no. - Respondí mientras iba haciéndome hacia atrás en dos gigantescos pasos.

- Estamos sugiriendo que volvamos al hotel …. Tu hotel … nuestro hotel porque ya está amaneciendo y …. - Explicó Jasper, mientras controlaba nuestras emociones, inundándonos de una paz aplastante.

- Vamos a hablar Bella. Por favor. - Rogó Alice con pena.

Moví la cabeza diciendo que no, pero mi cuerpo ya caminaba con ellos.

Alzamos las motos del suelo y mi cara debe haber reflejado mi contrariedad ante los profundos rayones de la carrocería.

- Compraremos otra si quieres y la elegiremos juntas, ahora que te has decido pasar al lado oscuro de las compras. - Al ver mi ceño fruncido agregó.- Oh mejor arreglamos a "preciosa". A Rosalie le encantaría ese desafío. - Corrigió Alice.

- Aún después de tanto tiempo no dejas de sorprenderme. - Le contesté al descubrir que había nombrado a mi moto "preciosa" al igual que yo. De reojo miré como Jasper hacia girar entre sus dedos una pequeña pieza negra que prontamente colocó en mi moto.

- Vampiro saboteador. - Le dije con humor.

Nota mental. Aprender algo de mecánica de motos.

Porque todo sucedía en tan poco tiempo. Años de soledad, desarraigo y en pocas horas el destino se empeñaba en ponerme en encrucijadas tan difíciles.

En pocos minutos llegamos al hotel. Subimos a mi habitación despacio, muy despacio. La mano de Alice se aferraba cual cadena a mi brazo.

Pude claramente percibir su temor entre toda la alegría que demostraba por fuera. Miré a Jasper que me observaba atento a mi humor. Al abrir la puerta, lo primero que vi, fue el pañuelo rojo esperándome sobre la cama. El casco y mi campera de motociclista le hacían compañía. Eran como una señal.

- Tenemos tanto de que hablar .- Dijo Jasper.

- Lo sé… ¿Cómo están todos?. - Contesté prontamente, sin ocultar mí apremio. No preguntaría por él.

- Edward está en Isla Esme. Esperándote.- Soltó Alice sin preámbulos.

Agrandé los ojos ante su contestación directa.

Una sombra del pulso que alguna vez sonó en mi corazón, pareció instalarse en mis oídos. Bombeaba impidiéndome escuchar. La inconciencia me ensordeció, como alejando todo a kilómetros de distancia.

Veía a Alice gesticular y mover sus labios, intercalando comentarios con Jasper. Ambos me miraban fijamente y yo no podía escuchar nada. Nada de nada. Estaba absolutamente sorda en una burbuja creada por mi propia mente. Yo quería saber, pero instintivamente me cerraba, protegiéndome. ¿De quién? De su presencia, aunque solo fuera en palabras.

Edward, Edward estaba cerca, buscándome.

Alice acarició mi brazo y me hizo salir del encierro. Solo alcancé a escuchar.

- Por eso Esme y Rosalie se quedaron allá. - Explicaba Alice terminando su monólogo.

- Ah… entiendo. - Dije por decir. Realmente no había comprendido nada de lo que había dicho.

Algo debió de sentir Jasper, pues se tensó a mi lado. Busco la mirada de Alice y levantó una pequeña milésima de su ceja. El gesto no se me escapó y yo misma temí haber revelado bastante, aún sin hablar. No estaba lista para que me encontrara.

Se hizo un silencio breve que fue interrumpido por la alarma del celular que Demetri me había dado. Quise tomarlo, pero Alice tenía mis manos fuertemente agarradas y me miraba suplicante. El tono seguía repitiéndose apremiándome a atenderlo.

- Por favor. No lo hagas Bella. - Ella sabía lo que ocultaba.

Tiré de mi mano y contesté la llamada.

- Si. …. Perfecto. …. No….. Yo puedo llegar sin problemas. Está bien. Adiós. - Mi conversación fue breve. Las indicaciones de Félix fueron precisas y mi vuelo al viejo continente me esperaba en menos de cuatro horas. Calculé cuanto tiempo demoraría en llegar y lamenté tener que dejar a "preciosa" varada en este lugar.

- Realmente te gusta esa moto. - Agregó Alice, como a hilo de mis propios pensamientos. Luego agregó. - Jasper, Bella debe cambiarse después de su escaramuza y necesito estar a solas con ella. - Su tono fue casual y su sonrisa alegre, pero yo pude percibir sus emociones encubiertas tras el gesto.

Ambas sonreímos a Jasper, que sin desconfiar nos dejó solas. Apenas cerró la puerta, una Alice muy deprimida comenzó a moverse cansinamente por la habitación recogiendo mis cosas, sacando las pocas prendas del closet y guardando todo en mi mochila de cuero.

- ¿Es el chico del accidente, con el que te vas?.- Preguntó a boca de jarro.

- ¿Cómo sabes del accidente?.- Eso había sucedido hace semanas atrás y ellos no podían haberse enterado… ¿O sí?.

- Cuando sucedió aquello, tu impresión fue tan fuerte, que una visión inmediata me llegó. Hace tiempo que te buscamos, pero haz cambiado tanto que no te reconocía. - Acarició mi pelo y luego agregó. - Estás tan diferente que temía encontrarte, pero te veo … bien, fuerte… no sé.

- Tú también haz cambiado.- Repuse suavemente.

- Todos hemos cambiado. Edward principalmente. - Agregó Alice.

Giré ante su nombre. Dolía demasiado. Negué con la cabeza, pero ella continuó.

- Sé que no quieres escucharlo, ahora. Pero también sé que no tenemos demasiado tiempo, he visto claramente que te marcharás desde el momento en que cruzamos la puerta. No sé cuanto puedo decirte para que cambies de decisión. Así que no puedo andarme con rodeos y Edward es el meollo de la cuestión, por eso quiero aclararte que él ya no es el centro de nada, solo de su propia miseria. No lo reconocerías. Esta acabado, casi demente y débil. No queda nada de la fortaleza que tenía. Solo con la esperanza de este viaje hemos logrado que por lo menos se alimentara.

Seguí negando con la cabeza y ella se acercó.

- Bella, por favor vuelve. - Suplicó Alice,

Sus palabras llenaron mi cabeza con imágenes que no quería recordar. Su presencia me volvía débil y yo ya no era su Bella. Yo también me quedé destrozada, Sentí una apremiante necesidad de correr.

- No dudo de lo que dices, pero aún no estoy lista y no sé si algún día lo estaré. Como dijiste he cambiado y me gusta en lo que me estoy convirtiendo. Yo necesito este viaje; necesito urgentemente alejarme de aquí. - Fui totalmente honesta en mi respuesta. Alejarme de Carlos era una sana decisión, sobre todo para él, si podía cumplirla.

- Aún así. Vuelve con nosotros. Somos tu familia y también te necesitamos. Él no estará allí. No todo es Edward, es Esme….Rosalie …. Yo. - Su carita apenada no tenía comparación.

¿Qué estaba haciendo?. Si mi decisión era alejarme de Brasil para no ver nunca más a Carlos; ¿Porque no regresar con ellos?. Ahora sabía cuánto había afectado mi partida a mis seres queridos. La tristeza de Alice, fue mi respuesta.

- Nunca permitiría que lo apartaran. Por ello me fui. Ustedes eran familia antes de que yo llegara y así debe de ser. - Hice una pausa, expresando una esperanza o solo una duda que comenzaba a crecer en mi cabeza. ¿Él estaba solo? No me atrevía a preguntar por Irina. -Tal vez …. en un futuro. - Respondí sonriendo.

- Eso es lo que temo. Aún no veo que vuelvas y me desespero. No te dejaré, iré contigo. - Agregó Alice con resolución.

- No Alice. Tu eres su hermana, debes estar para él, yo he aprendido a estar sola y cuando no duela. Cuando pueda verle y aceptar su desición… volveré. - La templanza de mi resolución me asombraba.

- Pero él no…- Intentó hablar Alice, cuando la frené con un gesto de mi mano.

- Aún no. Pero lo haré. Dame tiempo. Ya no soy la Bella que necesitaba que le cuidaran. He sobrevivido Alice, he descubierto mi fortaleza y necesito ser consciente de cuanto puedo lograr por mí misma. ¿No puedes alegrarte por mí?- Ni yo misma creía mis palabras, pero por las emociones que percibía en Alice; ella si me creía. Si tan solo me hubiesen visto unas semanas atrás, verían cuán patética ha sido mi huida de siete años, pero ahora no.

Quedaban algunas horas para mi vuelo y su visión se debe haber mantenido imperturbable porque no insistió más sobre el tema. Mi temor es que se revelara mis compañeros de viajes, por lo que le distraje haciendo preguntas. Hablamos por mucho tiempo, evitando nombrarlo. Me contó de la familia y para mi pena estaban totalmente alejados, aunque culpaban abiertamente a Edward de su estupidez. Cosa que me hizo sentir enferma. Supe que Tanya permanecía en Denali, con el resto de su familia y aún sin lo detalles, me sentí mucho mejor. Irina no estaba con él. Esa información no quitaba el dolor de saber que después de tantos años de amor, él me había traicionado con esa zorra.

Le conté de Carlos Minho mientras Alice me miraba horrorizada. Al terminar mi relato su mirada de compasión me indicaba que me había comprendido.

- Ahora más que nunca deberías darle la oportunidad de explicarse. Bella él te espera. Necesitan decirse las cosas y luego decide.

- Yo ya decidí olvidar. Pero eso es imposible y no lo resistiría. Pasar la eternidad con el recuerdo de su traición, viéndolo día tras día. No. No quiero sufrir más. No entiendes que no puede creerle nada, porque él lo prometió, … lo prometió y aún así me hizo sufrir. No voy a permitir que él me haga más daño. Cuando no tenía que decidir, él decidió por ella y ahora yo decidí estar sin él.

- Pero él no estaba decidiendo por ella, Bella. Irina lo había seduci…

- No sigas Alice. Tú no estabas allí. Yo sé lo que vi y de todos modos él sabía lo que estaba haciendo. ¿Sabes que dijo cuándo lo sorprendí besándola, lo sabes?- Alice negó con la cabeza. -"Lo siento". Después de veinte años juntos, después de darle mi vida. "Lo siento".

Tras decir esto me levanté y agarré la mochila que había preparado. Alice con cariño me alcanzó el casco y enroscó la chalina roja en el cuello.

- Camuflaje perfecto. - Observó sonriendo tristemente.

- Creí que no te gustaría.- Contesté.

- Solo cambiaría el color del pañuelo. - Agregó con una mueca.

- Alice …. Prométeme algo. - Mi alejamiento requería de su complicidad.

- Shhh. - He hizo el ademán de cerrar sus labios. - De mi boca no saldrá ninguna palabra. Te daré el tiempo que necesites.

- Lo sé. Solo quiero pedirte que si descubres en donde estoy. No vengas a buscarme. - La miré fijamente - Prométemelo.

Con vaguedad recordaba mi anterior visita a Volterra y los diálogos posteriores de mi esposo, habían evidenciado como Aro codiciaba el don de Alice. En modo alguno quisiera verla expuesta a ella en ese lugar nuevamente.

- Claro que sí, Hermanita. - En ese momento se acercó a abrazarme y fue ahí cuando su rostro mutó a una mueca de terror.

- ¡Bella! ¿Qué vas a hacer? No puedes irte con ellos … - Casi gritaba las palabras

- Lo prometiste, lo prometiste. Yo sé lo que hago y esto es lo que necesito hacer en este momento. - La confronté con serenidad y firmeza.

- No puedo creerlo. ¿Porque? Si necesitas alejarte de aquí; ven conmigo… nos iremos solas…. Estarás en paz. … Por favor Bella.

- Antes de verlos esta mañana, ya había decidido irme y no es porque vaya a quedarme con ellos, solo lo haré para marcharme a Europa. Luego seguiré mi camino… hasta que esté segura de volver. - Mi discurso o la veracidad de mi afirmación última, pareció tranquilizarla.

- ¿Estás ocultándome más? No vas a cometer una locura como…

- Voy como invitada y solo será la parada de un viaje. Mi viaje. No es de ningún modo mi destino final. Voy a marchar Alice y tú me dejará hacerlo. - Proclamé con firmeza tomándola de sus hombros.

- ¿Qué has hecho con mi Bella? - Susurró Alice, escudriñando mis ojos. Primero creo que buscaba una respuesta en mi interior, luego sus ojos aceptaron mis palabras y al final su visión reflejó cierta admiración. - Estás tan cambiada. La Bella que conocía, nunca me hubiese hecho callar y desde que estamos aquí, apenas he terminado una docena de frases. Solo prométeme que mantendrás el contacto conmigo. Promételo. - Cerró los ojos un momento y luego su maravillosa sonrisa apareció de nuevo. - Sí lo harás.

Yo a modo de contestación teclee el número que me mostraba en la pantalla de su móvil e hice sonar su teléfono, para que quedara registrado el mío. Alice rió con voz cantarina y ambas nos abrazamos en una apretadísimo abrazo.

- Acuérdate de tu promesa y si puedes … busca mi moto en … - Callé al ver frente a mis narices, la mano en alto de Alice.

- Aha al fín pude hacerte callar. No digas más. Ya me las apañaré luego. Edward viene en camino y bastante difícil será lidiar con el enojo de Jasper y el desquició de él como para que sepa algo más. Solo piénsalo bien. ¿ok?.- Concluyo Alice.

Saber que él venía hacia allí, disparó mi necesidad de partir. Apurada abracé a mi amiga.

- Lamento ponerte en este aprieto… pero sé que tú podrás. Solo piensa en Chanel y Dior mientras esté cerca. Dile a Jasper que no se enoje y a los demás, que lo siento. - Traté de mantener mi fortaleza aunque la voz me tembló.

- Llámame, sino consideraré rota la promesa y hablaré. - Sentenció Alice amenazante. - Solo recuerda que no puedes escaparte de mí eternamente.

- Lo sé y no escapo… sino no me estaría despidiendo. Esto estaba en mi itinerario antes de que me encontraras. Te quiero Alice. Volveremos a vernos. - Afirme con convicción.

La estreché con fuerza, pero no prologué el abrazo. Ahora sabía que estaba haciendo lo correcto, incluso podía donarle un poco de paz a la familia y a él. Sabían que estaba bien. Sanarían su relación y en mi distanciamiento encontrarían la forma de reencontrarse como familia.

Una vez más… era correcto marcharme.

Salí por la ventana para colarme sigilosamente al estacionamiento. El sol empezaba a ocultarse pero aún brillaba con fuerza. Mi vestimenta resguardaba los destellos de mi piel. El impluslo de correr a donde Carlos me golpeo como un martillo y mi cabez reacciono encendiendo a mi "preciosa" Partir. Olvidar.

Aceleré por la ruta en una última carrera. A mis espaldas un hospital y un hotel quedaban a la espera de otros destinos que no quería compartir.


Sé que habrá opiniones encontradas sobre este capítulo, pero permitan que su alma de mujer les hable y piensen en esa vez que sufrieron por amor. No es fácil volver a una relación que se ha dañado y que mejor que primero sentirse bien con una misma. Bella está en ese proceso, aunque no con las compañías más adecuadas. Pórtense bien y les cuelgo otro pronto.

Las quiero chiquis.

Con cariño. Mirna