Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida. Sin ningún interés de lucro de por medio ni nada parecido.
Aclaración: "Cahuín" es un termino que usamos en Chile para las personas que hablan a la espalda de otros. Generalmente para perjudicar.
Desde ya disculpen la falta ortográfica :)
Chapter: 10
Confiando mi pasado.
Luego de la orden dada por Bankotsu fue prácticamente arrastrando los pies hasta la cocina ya que de verdad no tenía idea de que hacer en ese, para él, "siniestro" lugar, ¿Qué se supone que haga? Se preguntó mentalmente Jakotsu al ver todas las verduras perfectamente lavadas y picadas en distintos recipientes.
— ¡Por Dios, ¿Por qué de todas las personas que te podías topar precisamente te topas conmigo?! —se preguntó parado en medio de la cocina, con ambos brazos alzados y su vista puesta en el liso techo del lugar, como si invocase a los Dioses.
Mientras subía las escaleras se detuvo en el segundo piso al ser llamado por la femenina voz de la delgada mujer de ojos carmín.
— ¿Qué pasa Kagura? —pregunto apoyándose en la barandilla de madera de la escalera.
— ¿Cómo te sientes? —pregunto al llegar a su lado—, creí que estabas enfermo porque Renkotsu dijo…
—Mph, Renkotsu dice muchas cosas —la interrumpió sabiendo lo que diría—. La verdad es que con tanto cahuín comienzo a cuestionarme su sexualidad… —hizo una mueca con sus labios—… no es que tenga problemas con eso pero sus comentarios de niñita chismosa comienzan a molestarme.
—Como sea… solo quería saber cómo estas tu —se apoyó a su lado—. Has estado medio raro últimamente.
— ¿Raro? ¿Qué quieres decir con eso? —alzo ambas cejas esperando que fuera lo suficientemente clara.
—Sí. Raro —repitió y le sonrió—, pues ya no sueles viajar mucho a las otras casas como lo hacías antes, de hecho es extraño que pases tanto tiempo metido acá ya que esa no es tu costumbre, pasas casi todas las tardes metido en la cocina… sé que no te gustan los rodeos así que seré directa contigo, ¿Qué te mantiene tan atado a la mansión? —puso un tono de tan voz serio ocasionando que Bankotsu solo pudiera soltar una pequeña carcajada.
—Ay Kagura —dijo mientras suspiraba—. Tenemos mucha confianza y todo eso… pero no te entrometas en mis asuntos —la sostuvo del mentón—, o echaras a perder todos los años de amistad que hemos formado.
Kagura se quedó en silencio, pues no le podía replicar nada y la verdad es que lo que menos quería era que Bankotsu la hiciera aun lado como últimamente lo estaba haciendo con Renkotsu, puesto que eso sería muy doloroso para ella.
Kagome aún seguía sentada en la cama mirando hacia el enorme ventanal de la habitación del moreno, pues este se situaba en medio de la muralla frente a la cama y su altura era desde el suelo hasta el techo, dejando ver todo el verde exterior. Sonrió al ver como el viento removía las verdes hojas de un viejo árbol.
— ¿Cuál es el chiste? —oyó la varonil voz del ojiazul mientras cerraba la puerta.
—S-solo veía el árbol —lo observo y volvió a fijar su mirada hacia el exterior—. Me encanta ver como las hojas son movidas por el viento.
—Mph… —fue lo único que pudo decir, al decir verdad le parecía bastante tonto que ella se encantara con cosas tan sencillas como la brisa del viento.
Se sentó a su lado y comenzó a abrir la pequeña cajita que Koga le había entregado hace unos minutos. Tomo el tobillo de Kagome sin esperar su permiso y lo comenzó a desvendar cuidadosamente para no lastimarla.
—Si te duele me dices —indico mientras aplicaba el helado gel; Kagome asintió en silencio, sintió su áspera mano masajear su pie, delicadamente, como si de verdad le importara no lastimarla; luego de largos segundos de incomodo silencio decidió hablar.
—No creí… que tuvieras hermanos —menciono un poco dudosa de incomodarlo.
— ¿Por qué no? Soy una persona normal —sonrió para luego corregirse—. Bueno, no normal del todo pero… normal.
— ¿Es tu hermano menor? —sin darse cuenta quería saber más sobre él.
—Sí. Koga tiene apenas veintitrés años… aun es un niño —respondió mientras tenía su azulina mirada fija en lo que hacía.
—Y… tú… ¿Cuántos años tienes? —siguió con lo que parecía ser un interrogatorio.
— ¿Por qué quieres saber eso? —cuestiono haciendo una pequeña mueca con sus labios. De verdad la chiquilla era entrometida.
—Simple curiosidad. —respondió mientras entrecerraba los ojos al creer que se enfadaría. Pero no lo hizo.
—Tengo veintiocho años Kagome —respiro levemente—. Soy más de diez años mayor que tú.
¿Diez años? Se cuestionó la azabache de manera interna, lo observo disimuladamente por un largo rato mientras el parecía concentrado masajeando su morado tobillo. No los representaba, definitivamente no representaba su edad, pues se veía muy joven, sus ojos azules, su cabellera negra lo hacían lucir tan… ¿atractivo? "no pero que cosas estoy pensando", se reprendió de manera severa en su interior.
—Bankotsu…
—Dime —respondió sin voltear a verla.
— ¿Puedo preguntarte algo? —pidió un poco avergonzada.
—Mph… ¿acaso no es lo que has estado haciendo?
—B-bueno si… es solo que… —ella de verdad quería saber cómo era que una persona como él había llegado a todo eso que lo rodeaba. Oyó su varonil voz interrumpirla.
—Pregunta antes que me fastidie —aconsejo sin darle mayor interés.
— ¿Cómo fue que llegaste a esto? —pregunto sin siquiera pensarlo. El moreno se giró lentamente al oír la pregunta.
—Debes tener mucho valor para preguntarme algo así… o mucha curiosidad por saber —dijo en un tono arrogante.
—Solo quiero saber cómo es que Koga y tú se hicieron tan distintos, ya que él es un doctor, y bueno tú… —el moreno alzo ambas cejas para que prosiguiera—… ya sabes.
— ¿Sé qué? —se hizo un incómodo silencio para la azabache.
—Tu acabas con las vidas de mujeres como yo —a Bankotsu se le removió algo en su interior, ya era una sensación malditamente molesta para él pero no esperaba esa respuesta.
—Bien… —soltó el pie de Kagome—… si quieres saber, te contare todo. —Kagome se sorprendió pues definitivamente no se esperaba eso; Bankotsu se acomodó sobre la amplia cama para comenzar a hablar. Mientras ella se preparaba para prestar total atención a cada una de las palabras que salieran de sus labios. Comenzó a contarle:
Todo comenzó cuando yo tenía alrededor de años diez, y Koga tenía cinco más o menos… no lo recuerdo bien. Con Koga somos hermanos de madre solamente —explico—. Mi mamá quedo embarazada de mi cuando tenía tu edad, Kagome… —ésta solo oía en silencio—… al dar a luz su "pareja" en aquel entonces, o sea, mi padre, comenzó a tener ataques de celos o ira —se encogió de hombros—, que sé yo… golpeaba a mi madre casi todos los días, si es que no eran todos —corrigió—. Tengo deja vú mentales sobre esa época, a pesar de que era solo un mocoso, recuerdo muchas cosas. A unos cuantos años ellos se separaron y mi madre conoció al papá de Koga. Todo marchaba bien hasta que los años pasaron y empezamos a conocer mejor al sujeto —Bankotsu se puso serio—. Él muy maldito era un canalla de lo peor, era un mujeriego y además después dejo de trabajar, vivíamos prácticamente de limosnas de los vecinos… pero nada fue peor hasta que mamá enfermo —Kagome escuchaba sin hacer ni un solo ruido, pues no quería que se detuviera—. Enfermo de sida —puso sus facciones faciales duras en señal de molestia. Kagome cubrió su boca con ambas manos… no se esperaba eso—. Comencé a trabajar a los diez años para ayudar a mi madre con medicamentos ya que el centro asistencial la ayudaba con algunos, pero ella debía de comprar los otros restantes. Cuando cumplí los dieciséis vi al padre de Koga con otra mujer en pleno centro de la ciudad, sonriendo, como si fuese lo más normal del mundo, el disfrutaba de la vida mientras mi madre mendigaba por ella en su cama. No me pude contener… recuerdo que lo tome por los hombros y lo azote contra una pared —hizo una especie de sonrisa maliciosa—, me fractura la muñeca de tantos combos que le di en el rostro, solo recuerdo los gritos desesperados de la mujer que lo acompañaba, la gente se metió y me separo de él. Lo vi caer al suelo y ya no levantarse… luego de eso me encerraron en un internado para menores, estuve recluido alrededor de un año. Un año en el que no pude tener contacto con Koga… mucho menos con mi madre. Cuando cumplí mi condena la enfermedad de mamá ya estaba muy avanzada, necesitaba dosis más fuertes, por ende, eran más costosas. Obligue a Koga a que retomara sus estudios ya que los había dejado para ayudar a nuestra madre, me obedeció sin replicar. A los diecisiete años conocí a un hombre llamado Tsunae y él me metió a este negocio, partí como guardia, de los que cuidan la entrada —señalo como si ellos estuviesen a la vista—. Tsunae era un hombre viejo y adinerado, de unos setenta y cinco años. Él sabía muy bien porque yo hacia el trabajo. Sabía que estaba dispuesto a todo. Sabía que necesitaba el dinero. Sabía que me era indispensable y que haría lo que fuese por conservar el empleo. Al tiempo Tsunae enfermo y me tomo como su mano derecha, su hombre de mandados. Viaje a varias de sus casas para inspeccionar que todo marchara a la perfección, me gane absolutamente toda su confianza. A unos cuantos par de meses este viejo de mierda se murió, dejando todo en mis manos… creo que se veía en mí cuando el comenzó todo esto; según él decía. Invertí cada maldito dinero sacado del sudor de la frente de cada mujer que obligaba a prostituirse, en la enfermedad de mi madre, y después, en los estudios de Koga también, parecía que las cosas comenzaban a mejorar. Me empezó a gustar este juego. Me gusto el poder. Me gusto la plata fácil. Me gustaron las noches —suspiro con un leve deje de nostalgia—. Pero como de todo sueño tarde o temprano se debe despertar… mi mamá termino por enterarse de todo por culpa de Koga, debido a que él muy maldito un día me siguió al no entender de donde diablos sacaba tanto dinero para costear la enfermedad de nuestra madre, mantener la casa en perfectas condiciones y pagar sus estudios… medicina es una costosa carrera. Aún recuerdo ese maldito momento.
— ¿De dónde sacas dinero todos los meses para mantenernos? —pregunto Koga casi desesperado.
—No te metas en lo que no es de tu incumbencia—lo señalo molesto—, es una advertencia.
—Ahh si, con que una advertencia —se paró frente a él dispuesto a enfrentarlo— ¿Cuánto tiempo pretendes seguir mintiéndonos?
—No interfieras Koga, lo digo en serio —se encamino a la puerta para salir de la casa, pues había ido a visitar a su madre.
— ¡¿Crees que no se en la mierda que andas metido?! —alzo la voz molesto de que lo tratara como un estúpido niño.
— ¿Qué mierda sabes? —se devolvió a él; Koga no respondió— ¡¿Qué que mierda sabes?! —lo pesco fuertemente del cuello de la camisa y lo azoto contra la pared.
—Tú traficas… —respondió con dificultad.
— ¿Cómo? —el moreno volvió a insistir, pues odiaba que le faltasen el respeto.
—Que tu traficas… traficas mujeres Bankotsu, ¡por la mierda las prostituyes a la fuerza por dinero! —le grito quitando bruscamente sus manos del cuello de su camisa. Bankotsu solo hizo media sonrisa… sonrisa que se le borro al instante.
—D-di-dile que es mentira —su piel se erizo por completo al oír la quebrada voz de su madre; se giró a verla y la observo aferrarse a una de las murallas de la sala, apenas podía sostenerse en pie.
—M-mamá —fue lo único que pudo salir de sus labios.
—A-anda… Ban-kotsu… dile a tu hermano…q-que está equivocado —hizo su mayor esfuerzo en decir esa pequeña oración, pues su respiración se agitaba rápidamente. Koga solo observaba en silencio, y Bankotsu no tenía cara para mentirle… no a ella. El moreno negó en silencio.
—Koga no está equivocado mamá —Koga apretó sus ojos y bajo la mirada arrepentido de lo que se había ocasionado—, yo… yo hago eso. Yo trabajo en toda esa mierda —la vio derramar lentamente varias lagrimas por sus azules ojos, se acercó y acaricio la mejilla de su madre—, y no lo dejare… no dejare ese trabajo porque tú aun necesitas esas medicinas. —le dejo en claro y se marchó, pues lo que menos quería era tener una discusión con ella.
Esa fue la vez en que mi madre se enteró de todo en lo que estaba metido, seguramente, se arrepintió de haber parido a un bastardo como yo, pero que más daba —se encogió de brazos—, ella necesitaba sus medicamentos para vivir…y yo haría hasta lo imposible por mantenerla en este mundo. Estuvimos cerca de un mes sin hablarnos con Koga, sin ver a mi madre, pero aun así seguí corriendo con todos sus gastos, luego recobramos el contacto con mi hermano debido a que mamá empeoro. Cuando la fui a ver se lanzó a mis brazos con la poca fuerza que aún tenía, y me abrazo, en medio de lágrimas. Hablamos muchas cosas esa vez, y antes de irme… volvió a insistir.
—Deja ese trabajo hijo, eso… no te traerá nada bu-eno —pidió casi suplicando.
—No puedo hacerlo, porque aun necesitas tu tratamiento —trato de ser razonable.
—Eso no importa… yo ya estoy vieja… pero tu aun eres joven y estas… echando tu vida a la basura… la estas desperdiciando Ban-kotsu —sin querer se alteró un poco, pues la soberbia de su hijo la sacaba de quicio.
—Creí que ya habíamos hablado de eso mamá… creí que todo estaba claro —se puso de pie.
—Eso jamás estará claro… —sus ojos se cristalizaron—… no me pidas… que acepte un terrible futuro para mí querido hijo, porque eso es lo que te espera… algo terrible.
—Bien mamá, entonces, volveré a alejarme —se puso de pie pero sintió a su madre aferrarse a sus piernas. Estaba de rodillas junto él.
—Por favor Bankotsu —suplico—, por favor deja eso. No me importa… morir, solo quiero que tu… vivas tu vida como un joven… normal —se agacho un poco molesto (con cuidado que ella no lo notara), y pesco a su madre entre sus brazos para dejarla delicadamente sobre su cama.
—Mamá, pídeme lo que quieras —tomo sus manos— pero no me pidas que te deje morir.
—Ese dinero ya no va a ser necesario… hijo, Koga pronto comenzara a trabajar… en algún hospital… y podrá correr con los gatos…
—Basta… —pidió controlándose de no responderle de mala manera—… no sigas insistiendo, por favor. Me tengo que ir… —acaricio su cabello, beso su frente y se marchó.
A fines del año pasado cuando Koga ya estaba trabajando en un pequeño hospital público recibí una llamada de su parte… mamá estaba en la UCI (unidad de cuidados intensivos). Cuando llegue ella estaba prácticamente agonizando, los doctores nos dijeron que ya no podían hacer más, que tuvo suerte al haber durado tantos años —desvió su mirada hacia el árbol que traslucía por el ventanal—, pero aun así para mí y mi hermano no fue suficiente… aún más para mí —sonrió de medio lado—. Pase todo el maldito tiempo metido en toda esta basura para mantenerla con vida, y no aproveche ese tiempo para compartirlo con ella. Creo que fui un completo imbécil. Esa tarde…
—Lo mejor sería… aplicarle la eutanasia —aconsejo uno de los doctores mientras hablaba con Koga.
—Como me puede decir eso colega… es mi madre la que está en esa sala —le replico con la voz quebrada señalando la habitación.
—Creo que es lo mejor Koga—oyeron la seria voz del moreno tras ellos.
—B-Ban-kotsu —pronuncio sorprendido.
—Es lo mejor —volvió a repetir.
— ¿Cómo puedes decir algo así Bankotsu?, se trata de nuestra madre —logro pronunciar Koga con un doloroso nudo en la garganta. Guardaron silencio por un largo rato.
— Colega… yo creo que usted debería ser el encargado de aplicarle la dosis —sugirió tratando de no incomodar al par de hermanos. Koga y Bankotsu se miraron fijamente a los ojos; Koga bajo la mirada.
—Yo seré quien le inyecte esa mierda —pronuncio tratando de sonar lo más convincente posible… para el mismo.
Luego de tomar esa "decisión" —sonrió al hacerle comillas a la palabra—, entre y me senté junto a ella. No dimensiono cuanto tiempo fue el que estuve acariciando su cabello… solo sé que fue bastante, le dije muchas cosas pero por sobre todo le pedí perdón… ella solo me sonrió de manera comprensiva. Cuando puse la dosis en posición para inyectarla a su vena… ella misma puso su mano sobre la mía para que lo hiciera de una vez —respiro hondo—, supongo, que el dolor a esas alturas ya era demasiado.
Te preguntaras, Porqué sigo ejerciendo este sucio lucro, ¿no? —la observo pero Kagome no hizo ni un solo gesto—, cuando te metes a este mundo conoces muchas cosas, ves llanto, escuchas suplicas y tanta cantidad de basura que llega un punto en que te parece que es normal. Yo sé que hay gente detrás de mí, eso lo tengo claro, gente que al igual que yo comencé necesita el maldito papel verde (dinero), pude haberme salido de esto cuando se me regalara la gana… pero no. No lo hice cuando mi madre estaba viva… que saco con cambiar ahora que ella no está. —esa era su conclusión.
Me he ensuciado muchas veces las manos Kagome, no tienes idea cuantas, ni siquiera te lo imaginas —sonrió de manera torcida—, pero con los años este mundo te vuelve duro, calculador, y solo te hace pensar en nada más que en ti mismo… y claramente a las personas que te rodean, en mi caso, a los que trabajan conmigo a diario. Yo les soy muy leales a ellos, y espero lo mismo de ellos hacia a mi… pero si me traicionan, créeme, que sé muy bien cómo hacerlos pagar.
De todas formas… ya todo da igual, sé que tarde o temprano terminare encerrado al igual que cuando niño… si es que antes no termino muerto, de todas formas, mi pasaje en el infierno esta comprado hace mucho tiempo.
Kagome se quedó en completo silencio, ¿Qué le podía decir? Nunca se imaginó que hubiese una vida con tanto dolor detrás ese rostro cruel y altanero. Jamás lo pensó.
—Cada una de estas personas es importante para ti, ¿no? —cuestionó refiriéndose a los que trabajaban junto a él.
—Digamos que si pero generalmente siempre se confía en algunos más que otros.
—Bankotsu… —el ojiazul volteó a verla—… yo jamás imagine todo lo que te pudo haber llevado a esto. Lo siento.
—Eso ya está en el pasado —realmente era frio con respecto a ese tema, pues no dejaba que le afectase—. Solo miro hacia adelante, de todas formas… —se encogió de hombros—… el pasado no tiene nada nuevo que decirme, ¿no? —sonrió de medio lado mientras se incorporaba de pie.
—Bankotsu… —el moreno se detuvo—… gracias.
— ¿Y ahora eso por qué?
—Por haberme confiado algo de ti —la verdad es que le sorprendió la larga charla que tuvieron, más a él.
—Mph… claro —se encamino a la puerta—, pero si abres tu enorme bocota soy capaz de matarte —amenazo mientras tomaba el pomo de la puerta—, sabes que lo haría —sonrió de medio lado antes de salir.
Al cerrar la puerta apoyo su cabellera tras esta, donde Kagome aún seguía, en realidad nunca pensó en contar gran parte de su pasado pero ya estaba hecho, aunque estaba tranquilo pues sabía muy bien que ella no contaría nada. En realidad porque ya estaba advertida.
Cuando vio que cerró la puerta se dejó caer sobre la cómoda cama, estiro la mano para alcanzar una almohada y se cubrió el rostro; tenía su olor, lo reconoció al instante. Se reprendió por pensar en cosas indebidas pues llevaba mucho tiempo sin estar con alguien y se cuerpo se lo pedía. Pesco la almohada nuevamente y la apretó contra su rostro dejando escapar un grito ahogado.
— ¿Qué me está pasando? —susurro abrazándose a la esponjosa almohada—, no puedo pensar en cosas raras… yo- yo amo a InuYasha. ¡Por Dios! Tengo que irme de este lugar lo antes posible.
Se repetía eso una y otra vez… como si fuese posible salir de la mansión Shikon.
…
Muchas gracias por leer
¡CIRCULO MERCENARIO!
Saludos y bendiciones a todas X'D en especial a mis hermanas mercenarias que andan por aquí.
"Soy de la generación del "por favor" y el "gracias", del RESPETO, de pedir PERMISO, de SALUDAR con una sonrisa, de AMAR a las personas por lo que SON. Se me enseño a tratar a la gente con AMABILIDAD y creo que esto no debería ser algo que algunos aprendieran como moda, pues estoy segura que son valores sencillos que deberían llevarse de por vida"
Mi humilde opinión :)
