Capítulo X. Otra razón para no confiar en vampiros: Se cubren entre ellos, mientras intentan quitarte a tu novia. (Jacob)
"¡Salvado por la campana!"
Me sentí de esa manera al recordar lo cercano que estuve al suicidio hoy en la tarde.
¿Cómo fue que salí ileso de todo esto?
Nessie y yo fuimos un torrente incontrolable de deseo y desenfreno, y ahora estaba dormida a mi lado, sin haber sido yo aniquilado por ocho vampiros furiosos y un jefe de policía.
Esto entraría al récord.
Hasta podía ser contado como un milagro.
Bailé sobre una hoja filosa, mientras me burlé de la muerte.
¿Quién lo diría?
Apuesto a que nadie me creía capaz. Ni siquiera yo lo creí.
Es decir, no es que hubiese sido fácil.
No sería un reto si mi vida no hubiera estado realmente en peligro.
Después de todo, pienso que me las apañé muy bien.
Aunque la insistencia porque no pasara del día de hoy, se hacía cada vez mas notable.
No fue hasta que llevé a Nessie a dormir, que me di cuenta de que la promesa que le hice a Edward era un hielo bajo un intenso sol de verano.
Ella, dulcemente me pidió que la esperara en su habitación, mientras que se metía en el baño a arreglarse para irse a dormir.
No era mi costumbre hacerlo, Edward me prohibió entrar a su cuarto desde hace 3 años.
¿Qué diría si supiera que su propia hija me invitó a quedarme?
Sonreí internamente por ese hecho.
Examiné aquella enorme recámara con ojos de sorpresa.
¿De verdad el tiempo pasó así de rápido?
¿Cómo era posible que la última vez que visité su habitación fuera rosa y aniñada, con peluches de todos los tamaños y tantos objetos sofisticados, que Nessie esporádicamente los usaba dos veces, y ahora todo era elegante, confortable, más sobrio y menos colorido?
Probablemente así lucia la mejor suite del más lujoso hotel cinco estrellas del país.
Pero eso no fue l o que llamó mi atención e hizo que culminara mi inspección exhaustiva de su notablemente cambiada habitación.
Fue la monstruosa cama de proporciones antinaturales que ocupaba la mayor parte del centro de su "humilde" aposento.
Bella y Edward no escatimaban esfuerzos por consentir a su hija.
Yo tampoco lo hacia.
Y a juzgar por las insinuaciones visuales que lanzaba a mi cuerpo cansado y tenso, no me quedaban dudas de que esa era la cama más cómoda y restauradora de todas.
No me resistí más y decidí probarla.
Nessie, parecía que tardaría más de lo que pensaba, lo que me daba tiempo de descansar un poco antes de que saliera.
Sí, definitivamente era tan estupenda como se veía.
La mayoría de las dolencias de mi cuerpo, ocasionadas por las rondas y los sueños mal curados, se fueron, sólo al acostarme.
Acompañado del dulce efluvio de Nessie, que estaba en cada almohada, colcha y objeto de todo el inmenso cuarto, haciendo la experiencia mucho más relajante.
Entonces todo se complicó cuando sentí que salió del baño e instintivamente volteé a verla.
No debí hacerlo.
Vestía una blusa vinotinto sin mangas, que le impedía llevar algo entre su cuerpo y la camisa que no se notara.
Su pantalón de dormir era holgado (gracias a Dios), aunque el material con el que fue hecho era semi transparente, lo que permitía que la luz que iluminaba tenue por la ventana, ayudara a que se apreciaran claramente sus majestuosas piernas de diosa.
¿Había alguien en mi contra hoy? ¿Era tan estupidamente inútil que buscaban la manera de que me mataran?
Imaginaba la personificación del destino cruel, burlándose de la posición incómoda en la que me ponía.
Apostando a mi fracaso, al tiempo en que jugaba con el supuesto autocontrol que tenía.
Me senté de un salto, casi por instinto. Como si en vez de Nessie, hubiese visto un demonio seductor, que me hacia una invitación irrefutable a morir.
Ella pareció no percatarse de mi reacción, porque se acercó confiadamente a su cama y se acostó a un lado musitando que me amaba.
No pudo ocultar su cansancio, pues cuando lo dijo, (y fue absolutamente gratificante de oír) sus tiernos labios se abrieron amplios, profiriendo un bostezo.
Le respondí que también la amaba, aunque no creo que existieran las palabras exactas para describir el nivel de adoración que sentía por ella.
Eso era algo que no podía decirse.
Ni siquiera yo lo entendía.
Luego me paré, permitiéndole que descansara, mientras yo vigilaría sus sueños a un lado de su cama.
- Jake, no te vayas - se quejó.
Y descubrí en su voz la orden de mando que ya había escuchado antes.
No respondí.
No estaba seguro de si hacía lo correcto, pero no tuve otra opción.
Me recordé hablar con Sam sobre eso, luego.
Escuché su respiración muy cerca de mi cara y me envaré por precaución, al sentir sus dedos rozando despreocupadamente mi brazo derecho.
Busqué cualquier tipo de distracción, lo que sea que me hiciera olvidar lo peligrosamente cerca que me hallaba de Ness.
Atisbé una fotografía nuestra a un lado de la cama. La acerqué para apreciarla mejor y entablé conversación con ella, hasta que se quedó dormida.
Respiraba profundo. Sus rizos acomodados tiernamente sobre la almohada, su boca ligeramente abierta y sus párpados temblaban de vez en cuando, como respuesta al dinamismo de lo que estaba soñando.
Era la mujer más increíblemente hermosa de todo el mundo.
Mi alma gemela.
Debía cuidarla y protegerla, anteponiendo eso a cualquier deseo estupido que tuviese.
Menudo reto.
Un fuerte hedor a vampiro, me llegó desde la entrada de la casa.
Era soportable, pero eso no lo hacía menos asqueroso.
En dos segundos, Bella me veía desde la puerta de la habitación, asegurándose que su hija estaba bien.
- Gracias - gesticuló
Me levanté delicadamente y me acerqué a ella.
- No me agradezcas, lo hace ver como un favor, en vez de un bonito regalo - susurré
Me dedicó una sonrisa suya y rodó los ojos como diciendo "No tienes remedio"
- Jacob - me llamó Edward desde la entrada con voz baja y clara.
Sonó mi timbre de salida - me lamenté antes de despedirme de Bella y bajar a donde Edward estaría esperándome.
Mis pasos en las escaleras se escuchaban exageradamente pesados.
No me había dado cuenta de lo cansado que estaba.
Estar con Ness, era como vivir conectado a ese aparato clínico que respiraba por ti.
Ahora que me lo quitaron, sufriría las consecuencias.
Reconocí a Edward parado a un lado del sofá grande, se hallaba escondido en la penumbra como un fantasma.
¿Era natural en ellos ser tan misteriosos y crípticos o lo hacían sólo para intimidar?
Se veía irritado, como si algo lo molestara o lo inquietara.
Por suerte no estaba viéndome, porque de otra manera se hubiera percatado de que me detuve en seco en el último escalón.
Su expresión hizo que mi cerebro se desvenara en buscar qué cosa se me había escapado de lo sucedido el día de hoy.
Lo que fuese era de alto riesgo, seguro que no salía vivo de la casa.
¿Qué tan rápido sería Edward en llegar a la puerta?
- No sé a que te refieres, pero hablaremos de eso luego - respondió con acritud a mis tormentosos pensamientos - Primero quiero conversar contigo acerca de Nahuel y sus intenciones con Ren... -
- Hoy no, Edward - lo corté - Te lo agradezco pero quiero dormir bien esta noche -
Lo último que quería ahora era un reporte completo de lo que el proyecto de chupasangre quería hacer con mi novia.
- Entiendo, aunque no tienes de que temer, Jacob. Sus intenciones con Renesmee son educativas - practicaba su psicología barata conmigo.
- Claro, claro - eludí su conmiseración mientras abandonaba la casa.
Con suerte descansaría por unas horas.
Mi cama no se parecía ni por asomo a la de Ness, pero se podía dormir en ella.
En ocasiones llegaba a dormir hasta las tres de la tarde, sin despertar ni una sola vez.
Ser el Alpha tenía sus ventajas.
Aunque todavía no me hacía mucho a esa idea.
- ¿Pasa algo, hijo? - demandó mi padre con un falso tono de voz despreocupado - Es raro verte levantado tan temprano -
- Son las diez de la mañana - respondí sin interés.
No estaba despierto del todo, seguía soñoliento mientras me desplazaba al comedor con mi improvisado desayuno.
Había quedado en llevar a Nessie a la mansión Cullen hace media hora (cosa que no estaba haciendo) así que no me preocupé mucho por comer ordenadamente.
- Lo sé, y eso para ti es como la una de la madrugad a - replicó
A Billy Black no se le podía desviar como con cualquier otro e írsele por la tangente.
No conocía un hombre más sabio e intimidante que él.
El que estuviera en una silla de ruedas pasaba completamente por alto, cuando sabías la autoridad que tenía.
De haber sacado el gen lobuno seguramente sería un Alpha poderoso.
No un Alpha condicional como Sam, ni el que yo ni siquiera me preocupaba por ser.
- Vamos a ver al vampiro híbrido que encontró Alice- grazné comiendo tan rápido que no estaba conciente de qué me metía a la boca - Dice que quiere ver a Ness. Al mal paso darle prisa ¿No? -
Devoré el último trozo de alimento que quedaba, me despedí de mi padre con unos golpecitos en la espalda y caminé hacia la puerta.
- Llámame al móvil de Ness si necesitas algo, voy a estar con los Cullen - proseguí mientras tomaba las llaves de la moto.
- Raro sería que no lo estuvieras - masculló para si mismo mi padre.
En ocasiones olvidaba el alcance de mis sentidos.
Intenté actuar como si no lo hubiese escuchado y me dispuse a salir de la casa.
- ¡Espera, Jake! - sonaba desesperado - No cometas alguna imprudencia, hijo, recuerda que estarás rodeado de vampiros. No dudarán en ponerse en tu contra y apoyar a ... -
- Tranquilo papá - intervine - Llevaré a la manada conmigo. Si le hago algo a ese chupasangre ¡Será por diversión! Hace tanto que no disfruto desmembrar sus cuerpos con mis colmillos -
Billy suspiró vencido por mi sarcasmo, a pesar de que su cara mostraba lo inquieto que se sentía.
- Deberías invitar a Charlie a pescar - sugerí - Seguramente se van a divertir -
Le hacía otro chiste a mi padre antes de irme.
Ellos habían dejado de hablarse desde que Charlie se casó con Sue.
Me parecía estupido e infantil.
Adiviné que era algo así como "achaques de esa edad"
Yo nunca pasaría por eso.
Me alegré de esa conjetura.
Llegué a la casa de la cabaña en 20 min.
No se le podía pedir mucho a mi moto, y aunque manejé a una velocidad casi lobuna no logré reponer el tiempo perdido.
- ¿Sucedió algo, Jacob? - decía Edward saliendo al porche -¿Billy te botó de la casa? -
Raras veces Edward bromeaba conmigo.
Últimamente lo hacia cada vez que conseguía la oportunidad.
Nunca me detuve a pensar en la mala influencia que podría ser para él.
- No, decidí pasar por Nessie para fugarnos juntos. ¿No te lo dijo? -
Me sorprendió que no replicara.
Pelear se había convertido en nuestro hobby más común.
Su expresión comenzó a parecerme extraña, en cuanto noté que nadie más salía de la casa.
Normalmente era Nessie, y no él, la que me recibía a diario.
- Bella y Renesmee se adelantaron. Me quedé para esperarte - contestó Edward a mis dudas.
¡¿QUÉ?! ¿Y las dejaste? ¡¿Por qué?! – grité
¿Se había vuelto loco? ¿Dejar a Renesmee sola con ese tipo, sabiendo que él vino exclusivamente a verla a ella?
Bella estaría ahí, pero lo mas probable es que no se fijara en el más mínimo detalle, que no la cuidara con tanto esmero, no de la forma que yo la cuidaría.
- Cálmate, Jacob, ellas están bien- intentaba inútilmente explicar su desastroso descuido - Es sólo que Renesmee parecía algo ansiosa por ir a la mansión que... -
No supe que continuaba.
¿De verdad pensaba que eso me haría sentir mejor?
Subí rápidamente a mi moto, la arranqué con un golpe fuerte al pedal y en segundos Edward era un punto borroso desvaneciéndose a mis espaldas.
¿Que me portaba excesivamente controlador?
Lo sabía.
¿Que estaba celoso de que se interesaran tanto en mi novia?
También estaba al corriente con eso.
¿Pero como frenar esa ira intensa que me invadía cada vez que alguien se le acercaba con dudosas intenciones?
Para mí también era incómodo.
No es que esto hubiese sido algo planeado o deseado desde niño.
No me gustaba aflorar este lado animal a cada momento.
Supuse que lograría controlarlo con el tiempo. Mientras tanto iría tras de Nessie para volver a ser "yo".
No tarde mucho en llegar.
Me recordé re potenciar la motocicleta como recompensa al desgaste que le ocasionaba en un solo día.
Apagué bruscamente el motor frente a la casa blanca.
Edward ya estaba esperándome. Obstaculizaba el paso a las escaleras que daban a las puertas dobles.
- Cálmate, Jacob, así no te dejaré entrar - me advirtió.
- Tú no puedes... -
- Sabes que sí puedo - amenazó - Y lo haré si no te calmas -
Respiré profundo no se cuantas veces. Cerré mis ojos tan fuerte, que al abrirlos tuve que cerrarlos de nuevo a causa del resplandor.
- ¿Listo? - inquirió paciente Edward.
- Acabemos con esto de una vez - escupí presagiando lo que tendría que soportar a continuación.
- No es la respuesta que quería escuchar, pero supongo que es todo lo que recibiré - adivinó Edward.
Sacudí la cabeza, como si con eso pudiera aclarar mis pensamientos y controlar mi mala conducta.
Entramos a la gran cripta y a grandes zancadas llegué al primer piso. Sentí una asquerosa brisa fría que me rodeaba velozmente y lo próximo, una helada mano de Edward aferrada a mi hombro, impidiendo que continuara avanzando.
- Jacob - advirtió.
- Estoy bien, estoy bien - refuté - No les voy a arruinar su reunión familiar -
Me pareció oír que Edward resoplaba. Se aparto de mí, caminando con paso firme hasta su esposa. Ella lo recibió con un beso y una mirada profunda y prolongada.
Posiblemente le preguntaba por qué tardamos.
Bella siempre quería estar al tanto de todo. Tal cual como una súper heroína.
"Súper Bella"
Sonaba pegajoso.
Yo, por el contrario, no me moví de donde estaba.
Al llegar, Nessie fue lo primero que vi, y el estar cerca de ella era suficiente para neutralizar mi mal genio.
La familia en pleno estaba distribuida por toda la sala, al parecer, para atender a la visita en todo lo que pudieran.
Me sonrieron dándome la bienvenida y con un movimiento de cabeza les respondí el saludo.
- ¡Ugh! Ya entiendo que olía tan mal - mascullaba la Rubia.
- Si, creo que es tu perfume - respondí - No sé como tu esposo lo soporta todo el día ¿O es tu olor natural? -
La verdad, hoy no me encontraba de humor para ella.
Pensándolo bien nunca estaba de humor para ella, aunque en otra ocasión habría sacado un mejor chiste de eso.
- ¡Jake! - grito Nessie entusiasta, al percatarse de mi presencia.
No se había dado cuenta antes, se veía entretenida con el híbrido.
Mientras la miraba caminar en mi dirección, olvidé el motivo de por qué estuve molesto esta mañana, hasta que vislumbre que el agregado la seguía, como si no pudiese dejarla sola por un momento.
- ¿Por qué tardaste tanto? – demandó ofendida - No importa, quiero que conozcas a Nahuel -
- Ya te lo dije, Renesmee, ya nos conocemos - repuso el híbrido con una estupida sonrisa - ¿Cómo estás, Jacob? -
Ofreció su pálida y repugnante mano, mientras Nessie esperaba por un saludo formal.
¿Para qué formalismos y tanta diplomacia?
De todos modos no es que se fuera a quedar mucho tiempo ¿O si?
¿Me pregunto cómo estaba?
¿Qué sería más conveniente?
¿Deseoso de que te largues o ansioso por no verte más?
Noté que Edward movía la cabeza de derecha a izquierda, casi tan poco que solo yo pude darme cuenta.
- Bien, gracias - respondí estrechando su mano.
¡No estaba fría! Eso me sorprendió.
- Nahuel me enseñara muchas cosas que desconozco - me relataba Ness emocionada, como si hablara de un suceso muy importante - Tuvo la modestia de venir, solamente para enseñarme más acerca de nuestra raza, de lo que somos y lo que podemos hacer - sonrió iluminando toda la casa y se volteó a verlo - Tengo tanto que saber -
Estaba avergonzada y ansiosa al mismo tiempo, eso hizo que se sonrojara, duplicando su belleza con esa simple acción.
- Responderé a todas tus preguntas, lo juro - respondió el muy idiota, devolviéndole la sonrisa.
- Eso espero, tengo mucho por aprender y eso quiere decir que tu tienes mucho por decirme - prosiguió Ness.
- No concilio la manera de poder cansarme de ti algún día, vine a verte ¿Recuerdas? Me declaro completamente a sus servicios señorita - continuaba el híbrido colaborando a mi descontrol.
¿Esa garrapata le coqueteaba a mi novia en mi cara?
Al parecer le cumpliría la promesa a mi padre, hoy iba a desmembrar a un vampiro, a un semi vampiro para ser exactos.
- Jacob ¿Me acompañas, por favor? - se apresuró a decirme Edward arrastrándome del brazo, haciéndolo ver una orden en vez de una invitación.
No me di cuenta de que temblaba ligeramente hasta que la helada mano de Edward hizo que me calmara.
- ¿Estarás bien? -le pregunté a Ness.
Sonaba tranquilo y despreocupado. Nadie además de Edward había notado mi comportamiento anterior.
- Eso creo - respondió confundida.
Ella no entendía el por qué de mi pregunta.
Tal vez estaba siendo un tanto paranoico.
Seguí a Edward escaleras abajo hasta que pudiera portarme como una persona sociable y no la bestia indomable que los celos me hacían ser.
