"El impulso de un corazón cautivo"

En una isla lejana, casi en centro del mar azul se hallaba una casa de madera con colores sutiles y palmeras que se mecían por la brisa del verano. Tres jóvenes y un anciano yacían atentos y confusos ante el poder que subyugaba la Tierra, mirando al horizonte como si la escena allí se ejecutara, oyendose los aleteos y gritos de las gaviotas.

—¿Sentiste eso Ten?—Preguntó Krillin.

—Si, al parecer también hay un tercero y es más débil que el resto...¿Que está pasando allá?

—Goku también incrementó su poder, pero, sigue quieto—Comentó Yamcha algo escéptico.

—Goku había mencionado una mujer en la fiesta de Bulma, es muy probable que sea ella—Reflexionó raramente tranquilo el maestro Roshi, ocultando su mirada aguda tras sus lentes.

—¡Cattleya!—Exclamó Krillin recordando el nombre—Claro, debe ser.

—Pero Goku dijo que era una mujer semejante a esa muchacha ya que había mencionado que el Ki de ambas eran diferentes—Mencionó Tenshinhan.

—¿Pero, por que sentimos tres energías?

Krillin desvío la mirada a suelo arenoso y arrugó su entrecejo, dando un suspiro pesado.

—Yamcha tiene razón, debe haber una explicación ¡Y no me quedaré con las dudas!—Vociferó lo último con intenciones de partir hacia la escena.

—¡Espera Krillin!—Su esposa Dieciocho lo había detenido.

—¿eh? ¿Dieciocho que sucede?

—Ten, llévate esto—Le entregó una bolsa de tela color marrón lleno de semillas de ermitaño en su interior. El joven sonrió.

—¡Gracias!—La rubia le devolvió el gesto aunque un poco algo imperceptible y su hija que estaba en brazos hizo un gesto con su mano en forma de saludo.

—Krillin, nosotros también iremos contigo—Se ofreció Ten.

—¡Tengan cuidado!—Sugirió el anciano—Ambos Ki es muy diferente a lo que habíamos sentido en el pasado de los antiguos enemigos...—Pausó dejando algo de drama en el aire—Es realmente diferente—Concluyó y los tres asintieron algo atónitos, pero aún así tomaron en cuenta sus palabras, ellos también lo sentían. Y de un parpadeo emprendieron vuelo, levantando arena al acto.

En el vuelo se transformó en un silencio sepulcral, teniendo en común sus pensamientos que parecían desgastarse ellos mismos en hallar una respuesta a sus preguntas que los carcomía, por lo que las ansias de llegar más rápido fueron en aumento por lo que volaban con toda velocidad ¡Como les gustaría haber aprendido la técnica de la teletransportación!.

—¿Que estará pasando allá?— Se preguntó Krillin— Goku, sea lo que sea que está sucediendo, por favor ten cuidado.

• • •

Despegó sus pies del suelo y más seguro de que estaban al margen, aventó un poderoso golpe de puño contra Oru y esta contrarrestó con una mano sujetándo su puño sin dificultad para posteriormente torcer la muñeca del Saiyajin, Goku gruñó y logró liberarse al instante dando una patada embistiendola, pero, ella se protegió con su ante brazo. Siguió la lluvias de puñetazos y patadas de manera constante y frenética seguido por ondas expansivas y rafagas de viento... ¡la mujer tenía un buen reflejo! Cosa que frustaba al Saiyajin de cabellos dorados, aunque muy en el fondo le agradaba. La colisión de sus puños provocavan severos cráteres debido a las ondas expansiva que producian, derribando grandes piedras u otro elementos naturales.

Ella se movió de forma flexible y dió un giro inesperado dando una patada vertical que casi logró desmontar la quijada del Saiyajin si este no hubiera contraarrestado el pie de la joven. Ambos se alejaron un poco y volvieron colisionar sus puños, y dando comienzo nuevamente a un sinfín se golpes trás golpes a una velocidad tan efímera que era imposible de detectar para el limitado ojo humano. El efluvio que emanaba sus cuerpos se mezclaron transformándose uno solo, seguido de electrecidades inestables que hacian sonidos de chasquidos.

El Guerrero dorado retrocedió y limpió su labio inferior con el dorso de su mano y sonrió al igual que Oru y en su descuido, su oponente lo atacó por detrás, justamente en la columna con su codo, la cuál lo hizo gritar entre dientes cerrando sus párpados con fuerza.

Recuperó el aire que se le había escapado y apuntó a su blanco, dispuesto a propinarle un golpe, se teletransportó frente a ella y cuando lo intentó, descuidó su defensa y no se dió un momento para cubrir su abdomen antes que ella hundiera su puño bien en el centro. Lo hizo escupir y quedar sin oxígeno, abriendo sus ojos y boca más de lo normal y cuando Oru lo notó neutralizado y absorto en el agudo dolor que debió sentir, aprovechó a la oportunidad en darle una certera trompada en la costilla obligando a Goku descender a tierra, ¡Estaba anonadado!

Los ojos verdes de Goku se mantuvieron en los de la chica quién sonreía con burla y emocionado ante la adrenalina y euforia que prometía esa batalla, dió un brinco en el aire hacia arriba y continuar con la riña, pero antes siquiera lograr emprender vuelo, una gran esfera de energía impactó con el Saiyajin. Goku en su reflejo activo y al máximo retuvo la esfera antes siquiera hacer contacto con su cuerpo.

Oru se sorprendió.

—Este tipo es fuerte, veamos que tanto —Posteriormente a sus pensamientos, apuntó su dedo índice hacía el guerrero quién en su enorme esfuerzo por deshacerse de la bola de Ki, gritaba y gruñía mientras un viento con fuerzas de un tornado esparcia por todos lados polvos y piedras. La muchacha no pudo evitar sonreír y de su dedo emergió una chispa azul la cual fue despedida hacia la mencionada esfera de poder y esta explotó cubriendo al Saiyajin por completo.

—¡Papá!—Gritaron sus hijos en suma preocupación. La explosión los aturdió y los fragmentos de energías refulgente como discos voladores se difundieron por todos lados, apareciendo entre ellos Goku, con una mirada endurecida y su brazo derecho extendido hacia al aire. sorprendentementei ileso.

—Eres increible— Admitió Oru. El guerrero cambió su semblante uno alegre.

—Tú también —Rió.

—Lástima que no pueda decir lo mismo de tus amigos —Señaló la joven a Piccolo y Gohan con un ademán quienes estaban luchando contra Kidea.

—¿Eh...? —Miró con atención a donde se ejecutaba la pelea, la segunda de ellas desviaba los ataques y cada movimiento de ellos con la menor dificultad e incluso aprovechándose en herirlos de gravedad.

Piccolo salió disparado contra el follaje verde y derribando árboles a su paso seguido de un sinfín de bolas de Ki, en su misma dirección, como abejas furiosas impactaban contra el namekusei. Gohan en un efímero segundo se desconcentró a causa de la preocupación por su maestro y la chica finalizando sus ataques, dándose de la falta de atención del muchacho aprovechó darle un certero golpe en su estómago logrando doblegar al híbrido, haciéndolo escupir sangre.

—¡Demonios!—Escupió el guerrero de piel verdosa, se puso de pie con dificultad devido a que su cuerpo prácticamente estaba incrustado en la superficie montañosa y tomando camino hacia Kidea, retomaron ambos nuevamente la pelea.

—¿Has venido por más? ¡Que persistente y masoquista eres!—Piccolo ignoró su comentario y gruñó, abalanzadose contra ella dando continuos puñetazos y patadas, reforzando su defensa y la fémina contraarrestando también y embistiendo de formas estoica al guerrero, desviando y atacando un sinfín de veces.

El namek buscó debilitar la defensa de Kidea y proporcionó una llave de inmovilidad, logrando arrinconarla y tomándola de los brazos por delante y quedando vulnerable el dorso de la chica, le propinó un golpe con la rodilla, teniendo como respuesta, una escalofriante sonrisa, no se inmutó y ella logró liberarse dándole un latiente ataque en el centro de sus pectorales, con tan solo sus nudillos haciéndolo retroceder muy desorientado. Ese simple ataque casi paralizó su corazón, sus músculos parecían impulsarse bajo su piel... ¿Que clase de tecnica era esa?.

Como ambos seguían levitando, Kidea tomó a un Picccolo apenas recuperado y lo arrojó contra las
copas de los árbole.

—¿Nunca te rindes... Saiyajin?—Exclamó Kidea después de haber tomado el cuello Gohan, quién habia intentado hacer un ataque sorpresa fallido.

—S-suéltame...!—Farfulló el joven, palideciendo. Su cara ya se estaba tornando azul y por más que agregara más fuerza al agarre que sostenía en la muñeca de la enemiga, esta parecía no sentirlo.

—Se nota a leguas que eres un novato—Habló ella afirmando más su agarre, asfixiando más al chico—Antes de dar un ataque sorpresa, piensa...—Lo soltó y lo mandó a volar dándole un certero golpe en la cabeza. Ella desapareció súbitamente, reapareciendo detrás de un Gohan mareado, lo sostuvo del cabello y dijo.

—Desarrolla tecnicas eficientes y efectivas para vulnerabilizar a tu oponente—Siguió Kidea aconsejando y mientra que con una mano tomaba el pelo del hijo de Goku, con la otra extendió su palma en la espalda y desplegó una bola de Ki, quemando esa área, seguido de otra paliza que lo sintió hasta los huesos sin dejarlo, dando el muchacho un potente alarido.

—Y por último... En ningún momento bajes la guardia—Gritó y lo expulsó contra una zona rocosa y álguida, donde exactamente arrojado su maestro. Y de repente viendo Kidea a lo lejos, dónde estaba al primogénito del Salvador del universo, un Makankkosapo de Piccolo casi le dio si ella no lo hubiera esquivado, siguiendo la pelea.

Mientras Oru y Goku se enfrentaban, los dos parecian ir en empate.

—A simple vista pareciera que eres débil—Observó Oru al Saiyajin que para su asombro, estaba entusiasmado— Estaría subestimándote si pensara de esa forma— Este le devolvió la mirada al instante, con los ojos más abierto de lo usual.

— ¿Lo notaste?

— Adelante, será mejor que utilices todo tu poder o de lo contrario lo lamentarás.

—No te apresures, esto recién comienza—Dijo orgulloso y algo vanidoso, extraña actitud por parte de él.

— ¡Que criatura rara eres!... yo en tu lugar no estaría para juegos, principalmente si la vida de este planeta será extinguida.

— Dudo que lo hagas— Aseguró él despreocupado.

—Que ingenuo!... ¡Luz del Burakku! —Exclamó en alta voz, dicho y hecho, la mujer sin esfuerzo alguno lanzó hacia la Tierra dos rayos que parecían de fuego y azufre.

-—Pero que... —Todo se volvió oscuro y como si fuera en cámara lenta se tratase, los guerreros sintieron un escalofríos pasearse por toda su espalda y el corazón lo sentían en la boca..

—¡Detente!— Vociferó el guerrero e intentó adelantarse a la masa de energía para evitar que la misma tenga contacto alguno con el suelo.

Oru amplió su sonrisa y con un movimiento de curva con un dedo índice, controló su ataque persuadiendo al Saiyajin, su hermana, algo perpleja quedó tiesa en el aire. Cada acercamiento de aquellos rayos a la tierra eran menos de un segundo, era como un conteo a flor de piel y se visualizaron pequeñas luces desprenderse de los rayos de energía, dispersas por doquier, estallando esos lugares de forma estrépita y nociva, avisando el estado propenso y peligroso si intervinieran, ¡Era el fin!.

En el contraste, resaltaron unos ojos grandes y verdes rutilantes en medio del masivo ataque, que había provocado una gigante cúpula blanca esparciendo vientos fuertes como el huracán y muchas rocas y polvo, matando así toda área de vegetación. Los guerreros taparon sus ojos ante la cegadora luz y por la ventolera energética. La cúpula que intentó penetrar el suelo para disecar el nucleo y ampliar el daño, se deshizo en el aire convirtiéndose en nubes volando de manera circular, alrededor de una silueta.

—No es posible— Murmuró Piccolo teniendo una idea de quién podría tratarse.

Cattleya con los ojos cerrados y su cuerpo rodeado de un resplandor celeste, mientras el viento mecia sus hebras de cabello con suavidad, concentraba todas sus fuerzas en extinguir la magnitud del poder de la luz del Burakku. Abrió sus párpados con lentitud y el aura se esfumó cayendo la joven al suelo boca abajo, inconsciente. El namek descendió con tanto estupefacción, logrando despertar del largo trance. Se acercó a la muchacha con precaución y la tomó del brazo para verla a la cara, enorme fue su sorpresa al notar que su piel palida tenía muchas marcas rojas, desde la curva de su delgado cuello hasta sus brazos ¡Usó su cuerpo como escudo! ¿Cómo pudo aguantar semejante poder? Sumando a las recientes heridas recibidas por salvar a la esposa de Goku. Algo extraño estaba sucediendo con ella. La miró y contempló su rostro lleno de sufrimiento mientras sus brazos enormes la rodeaban, como si quisiera consolarla.

—¿Ella hizo eso?—- La respuesta era obvia, sin embargo, el de Gi naranja estaba incrédulo.

—No tienen por que sorprenderse—Sugirió Oru-Ustedes no tienen idea lo que ella es en realidad.

—¿A que se refieren exactamente?—Cuestionó Gohan.

—Oh vamos, no me digan que cayeron en la trampa de esos ojos puros e inocentes—Ironizó Kidea con un tono juguetón.

—Verán, les estamos haciendo un favor, tarde o temprano este asqueroso planeta irá a la extinción. Si no es por mis manos serán por las misma manos a la que tanto defienden—Sonrió.

—Ella es peor que nosotras, toda esa ternura e inocencia sólo cascarón que oculta à la verdadera Cattleya.

Hubo un silencio y el susurró de una fuerte ráfaga se cruzó en medio de ambos bandos, esa confesión los dejó como estatuas y no obstante, sus mentes les advertía que era muy precipitada en aceptar esas palabras como verdad ¿Y si sólo eran artimañas o algún truco barato? Era inaceptable para Piccolo. Si en algo era obstinado, era en creer las palabras de sus enemigos y por obvias razones.

—¿Acaso es una jugarreta? ¿Que les hace pensar que creeremos a dos niñas estúpidas?

—Piccolo tiene razón, además si fuera así ya se hubiera unido a ustedes—Argumentó Goku convencido.

—¿Oh, encerio?... Sólo haganla enfadar y los matará a cada uno de ustedes en un santiamén, será una masacre—Aseguró Kidea y viendo lo reacios que estaban para aceptar sus palabras, susurró.

—Par de tontos.

Oru bufó para luego después dirigir la mirada al Saiyajin con sus labios perfilados en una sonrisa.

—¿Continuamos?

Goku en respuesta encendió su aura y aceptó gustoso.

—Piccolo, será mejor que la lleves lejos de aquí. Gohan, tu también haz lo mismo con tu madre y la otra señora —Dijo, más bien exigió el de Gi naranja. El de piel verdosa iba a protestar, pero, teniendo en consideración el estado de Cattleya, no podía dejarla allí, era muy peligroso. Hizo una mueca de disgusto antes sus ridículos pensamientos ¿Desde cuando era tan considerado?

—Sí Papá—Acató Gohan.

—¡Goku!—Llamó alguien desde los cielos en un grito. Los combatientes alzaron la vista encontrándose con algunas presencias conocidas. En efecto Krillin y los demás habían llegado.

Cuando los recién llegados había puesto sus pies a tierra, sintieron un poco más a allá dos energías aplastantes y sus nervios se alteraron ante el nivel que llegaba. Krillin tragó en seco atestado de terror, sintió como su cuerpo se entumesía y Ten, era el único que no se inmutó.

—Si solo son dos niñas—Comentó Yamcha, subestimandolas.

—No te dejes engañar por su apariencia, Yamcha—Advirtió Gohan llegando a ellos.

—¿Quienes son Gohan?— Preguntó el de cicatriz.

—Se lo explicaré después. ¿Krillin, llevas contigo semillas de ermitaño?

—Ah!... Sí, ten— Se lo entregó—¿Para quién es? Por lo que sé, Goku y Piccolo, tienen el Ki normal.

—No son para ellos si no para aquella mujer y Cattleya—Indicó el chico hacia dónde yacía su madre, hermano y la señora Sarayu, aún moribunda. Los aludidos curiosos y entusiastas por conocer a la famosa Cattleya, la buscaron con la mirada y vaya sorpresa encontraron, el Namekusei la tenía en brazos en forma nupcial.

—¡Enseguida regreso!—Avisó el hijo de Goku. Corrió hasta la mayor herida y se inclinó.

—Por fín—Susurró Milk—No esperes más Gohan.

—Señora, ¿Me oye? tome y cómalo, se pondrá bien—La señora Sarayu aún en su media inconsciencia obedeció al chico sin quejarse, e intentó masticar la semilla que él se lo había colocado en la boca. Tan solo en menos de un segundos, la de cabellos azulados, abrió sus ojos y recuperó toda energía que había perdido, y con ello, sus heridas también habían curado... ¡Era un milagro!. Se incorporó y no tardó en preguntar por Cattleya, Gohan intentó serenarla siendo un acto en vano. Cuando la mayor la encontró en los brazos de aquel sujeto, no tardó en levantarse por completo y con estupor y una amarga sensación, corrió hasta ella no antes de quitarle una de esas semillas al joven de cabello azabache.

—¡Cattleya!—Soltó en voz alta, no, no la perdería otra vez.

—Señora, ¡espere!—Gohan quizo interponerse, antes de que la masa de energía también colapsara con ella. Kidea había arrojado un ataque contra el Namekusei para acabar con él.

Piccolo reaccionó y lo único que pudo hacer fué darle la espalda a la esfera, fué emprovisto ese ataque que no le dió tiempo siquiera para teletransportarse. El impactó lo hizo ceder contra el suelo quedando él encima de ella, protegiéndola, recibiendo así toda esa bola de luz en su espalda hasta quemar cada fibra de su piel. El brusco choque contra la superficie, hizo reaccionar a Cattleya y con la vista nublada por una luz muy reliciente, jadeó un poco y enseguida la realidad, la azotó hasta percibir lo que ocurria en su entorno. Él, se estaba sacrificando por ella.

Ambos se miraron a los ojos y los demás desaparecieron por un breve momento. Piccolo tensaba su mandíbula sin quitar su vista en esos orbes con capas de lágrimas, que caían amargamente por su sien hasta el suelo.

Ella lo que más quizo fue estar en su lugar, él moriria y sollozó, en medio de la tragedia. Podía percibir el dolor del Namekusei mientras que Kidea se divertía en lanzar cada poder de Ki, como misil tras misil interminable, en la fornida espalda del guerrero. La chiquilla sin pensarlo, acarició el rostro de su protector en un intento de darle fuerzas y este cerró sus ojos ante tan suave tacto, el dolor se volvió en segundo plano.

Cuando Kidea al fin cedió, carcajeó y contempló lo que había hecho.

—¡Que tierno!... les daré más luces— Y armó otra esfera de luz, sin embargo, una mano en su brazo y una mirada por parte de Oru, la contuvo.

— ¡Suficiente!

—¡Perdón hermana!— Se amansó.

—¡Piccolo! ¡Cattleya!—Los demás no demoraron en auxiliarlos. El de piel verdosa desistió ante el grotezco escozor punzante en cada esquina de su espalda, sumado a ello, la tela ardiente de su traje, y cayó desmayado encima de ella.

—¿Por que...?—Musitó en un hilito de voz —No debiste hacerlo, tú no—Siguió Cattleya diciendo y dejando caer sus lágrimas, ¿Por que todo tenía que acabar así?

—Por favor... ¡Por favor, despierta!—No le importaba quedar asficciada ante el peso del namek, solo anhelaba que abriera esos ojos salvajes y misteriosos. Con delicadeza, empezó a tocarlo desde sus puntiagudas orejas hasta su cuello sin darse cuenta.

—¡Señor Piccolo!— Gohan y la Señora Sarayu que había sido salvada por Tenshinhan, no tardaron en acudir a ellos.

—Cattleya, hija...—El primogénito de Goku, quitó el cuerpo de su maestro encima de la joven y sostuvo su cabeza, animandolo a reaccionar, llamándolo por su nombre una y otra vez, su intranquilidad era descubierta por el tono de su voz.

—Vamos señor Piccolo, ¡Despierte!— El guerrero dejó escapar un ronco gruñido, su ex-pupilo colocó una semilla en su boca.

—Por favor, comálo—Y este no demoró en hacerlo. Cattleya espectante y ansiosa, en ningún momento dejó de verlo rogando en su interior por un milagro.

El guerrero se reincorporó abriendo sus párpados y con cara de pocos amigos.

—Estás bien—Se maravilló la de ojos esmeraldas, que por cierto, brillaban mucho.

—Tks! por supuesto que estoy bien—Refutó él, petulante.

—¡Señor Piccolo!—Exclamó Gohan risueño— Fue grandioso lo que hizo, me recuerda lo mismo que hizo usted por mí— Se le ocurrió comentar.

—Ah!... Sí, muchas gracias—Murmuró Cattleya ruborizada, sin atreverse a mirarlo a los ojos, recordando la atrevida caricia, ¿Por que rayos hizo eso?.

—No te confundas, que no lo hice por tí—Espetó él, también avergonzado. Se sentía un ridículo. La señora Sarayu sonrió de manera pícara y Gohan lo percibió, ¿Acaso se perdió de algo?.

—Me olvidé darte una semilla también a tí—Recordó el chico, y se dió una bofetada mental ante su estupidez, Cattleya era la primera razón para preocuparse en primer lugar, debido a que ya estaba más vulnerable. El Nameku puso su atención y dijo.

—Ella no lo necesita, Gohan—Se levantó por completo y Cattleya lo imitó. Miró hacia el horizonte donde se hallaban las semejantes.

—¿Pero está usted loco? ella también está...

—Tiene la capacidad de curarse, por sí misma—Calmó su desespero. La aludida quedó conmocionada, ¡Qué astuto!

—No tengo que ser un prodigio para darme cuenta, si no tuvieras esa capacidad ya estarías muerta—Afirmó su salvador al presenciar de la perplejidad dibujada en el semblante de la chica debido a su descubrimiento.

—No, no lo sabía— La inspeccionó de pies a cabeza, dando a entender que Cattleya estaba sana y sin ninguna herida, realmente esa chica era una caja de sorpresas.

Mientras Oru analizaba la situación desde las alturas...

—Eso no me lo esperaba, no importa cuanto los aplastes, esas cucarachas regresarán por más—Rugió Kidea cerrando con firmeza sus puños.

—No es necesario acabarlos, si lo deseamos podemos jugar con ellos—Las dos dejaron soltar una sonrisa perturbante, sin perder de vista al guerrero de uniforme naranja.

—Al parecer los demás están bien—Se alivió Goku—¿Oigan, que les parece si continuamos con la pelea?—Las dos se aproximaron al de Gi anaranjado y Oru cruzó sus brazos, mofándose.

—De ninguna manera lo permitiré, ya fue suficiente por hoy— Aseveró tajante Milk, mientras Goten la tomaba del kimono amarillo que llevaba puesto, deteniendola.

—Milk, no es el momento, además, yo quiero seguir peleando—Se quejó su esposo llevando una mano detrás de su cabeza.

—Y nosotros también—Se sumaron Tenshinhan, Krillin y Yamcha. Y posteriormente, Piccolo también.

—Ni lo sueñen—Se oyó al Príncipe de los Saiyajin, aterrizando con los brazos cruzados.

—Hola Vegeta, creí que no llegarías.

— ¿Una lástima para tí verdad, Kakarotto?... Al parecer llegué justo a tiempo.

—Magnífico, otro gusano más—Resopló Kidea, haciendo una mueca de aburrimiento.

—¿Cómo te atreves? ¡Mocosa inepta!.

Las dos sabian que ya era hora de regresar, no tenían más tiempo, su plan aquí ya culminó, o por lo menos hasta un determinado tiempo.

¿Que piensas hacer hermana?—Interrogó la segunda por telepatía a la mayor.

Vamonos, pero antes, noquea a todos a excepción de las mujeres y el niño.

—Como tú digas— Constató complacida. Y en una velocidad de la luz, no hizo un basto esfuerzo para doblegar a todos por igual, cayendo uno por uno al suelo.

—¡Hermano!—Clamó el infante yendo socerrerlos—¡Papá! ¡Señor Piccolo!

—¡Goku!—Milk devastada, cayó al suelo con lágrimas, siendo consolada por la de pelo azulados.

—¿Que has hecho con ellos?—Preguntó Cattleya, uniéndose al niño también.

—Tranquila, solo están durmiendo—Agregó sarcástica Oru— Muy pronto regresaremos, espero que estes lista para tener la oportunidad de enfrentarte a nosotras.

—¿Que...?—No comprendía. La señora Sarayu junto a Milk y Goten se acercaron y la primera, fulminó con la mirada a las dos.

—¡Eso jamás ocurrirá!... Ella no será la elegida, solo será una muchacha normal, con una vida normal—Sentenció la mayor con determinación, dejando aún más desorientada a la pobre chica. Intentaba Cattleya escuchar y buscar alguna explicación coherente de lo que decía, suplicando a la madre de Hisashi que dijera lo que sucede, sin embargo ella sonreía de forma extraña.

—Mentirosa, habla por tí misma, sabes que eso es imposible—Contradijo Oru.

—¿Señora, que cosas están diciendo? ¡No entiendo nada!

—Díganles que se revelen, a cualquiera de los dos—Exigió.

—No, Hisashi quiere jugar un poco más— Antes de dejarla articular palabras alguna, ambas desaparecieron de repente.

"No, Hisashi quiere jugar un poco más"

• • •

Ya iba la décima vez consecutivas que buscaba los planos, frustado tomó aire llevando una mano a su rostro. Azusa estaba de cuclillas y se echó al suelo con pesadez, mirando los altos estantes del laboratorios y algunos redomas cristales, encima, con sustancias químicas de otras clases y diferentes colores.

¿Dónde lo dejé?Se mordió el labio inferior e intentó recordarTípico, cuando no necesitas lo que buscas, lo encuentras y cuando lo necesitas, ni ahíSe quejaba el chico. Se arrastró sin importarle ensuciar la bata blanca y se levantó molesto, ese plano dependía de su encuentro con su hermana. Indagó repetidamente por los cajones y las cajas antiguas de libros de matemáticas y ciencias, reanudando su labor —y se preguntó si no estaría mal echarse un buen baño y una siesta —que yacía más de dos horas allí y estaba agotado.

—Fue mala idea no archivarla a la computadora—Se siguió lamentando.

La puerta del lugar se abrió automáticamente y un robot de tamaño mediano con rueditas y de forma ovalada, se acercó a Azusa.

—Hola Yuyu—Saludó dando un suspiro.

—Amo... se ve deprimido—Habló sin variación o ni siquiera alguna expresión, aunque eso lo hacía más simpático.

—Estoy buscando el último plano que hice, ¿No lo has visto por algún lado?

—Agradece que hice una copia. además de Príncipe Nerd, eres un despistado sin cerebro—Una muchacha se dirigió a él con mofa y le arrojó un CD rojo la cuál Azusa lo atrapó con habilidad.

—Eva, me salvaste... ¡Gracias!—Se emocionó el Príncipe viendo a la aludida. Eva se describía físicamente con cabello largo púrpura, recogido en una coleta y sus ojos azules (La cuál era muy común en la raza Huyrjin) y sus atuendos, una falda escarlata y una remera mosculosa de color negro. Sus antebrazos, escondidos por largas muñequeras del mismo tono sombrío y sus piernas un pantalón de licra, seguido de unos zapatos altos y al igual que los miembros Huyrjin, tenía una cola.

—Me debes una, enano.

—¿Podría ser después? ahora tengo cosas que hacer—Enarcó sus cejas mirando el reloj de su muñeca, dando a entender que no tenía tiempo.

—¿Más importante que tu propia amiga?—Se hizo la ofendida.

—Eva, no empiezes, por favor—Se acercó a una pantalla enorme que abarcaba la mitad de la pared y tacleó algunas teclas invisibles y a la sección reproductora colocando el CD en la bandeja de disco, cerrándose esta al instante. Mostró una imagen con conjuntos de rayas, letras, números, ecuaciones y estructuras superficiales y en el medio, un círculo llamativo. Eva lo consideraba indescifrable.

Viendo que, prestaba más su tiempo en su Hobbie, sabía que cuando se metía en su mundo de ciencia robótica e ingeniería mecánica, era imposible volverlo traer al mundo real. Bueno, lo imposible para ella es interesante y se distinguía así misma, muy persistente, hasta el punto de ser considerada (Por sus amigos) un dolor de cabeza.

La joven sonrió de forma gatuna, y buscó con la mirada algo para poder llamar la atención del chico Nerd.

—¡Bingo!... Ven Yuyu—Musitó y se acercó a la sección de química inorgánica, vigilando que Azusa siguiera atento a la pantalla, tomó un frasco que contenía agua y el otro, sodio.

Ya que me ignoraste sin remordimiento, te haré pagar—Pensó para sí. Tomó las sustancias y los examinó.

—Azusa—Lo llamó la chica de manera vivaz.

—¿Dime...?—Dijo sin dirigirle la mirada y eso la irritó, pero aún así mantuvo la postura y siguió hablando de forma aniñada.

—¿Que sucedería si mezclo H2O y Sodio metálico?—El Príncipe en respuesta giró bruscamente y se le desfiguró el rostro ante las palabras de su querida amiga, viendo como esta hacía lo que él pensaba evitar.

En el pasillo real, un estruendo grueso y sofocado abrumó a los guardias mientras una campanilla de anti-incendio retumbó en cada área, activando el sistema de diluvio.

La puerta del laboratorio se abrió dejando divisarse dos jovenes, bajo una capa de humo, ambos estaban achicharrados con la cara y el cuerpo negro y sus cabellos erizados hacía arriba y bastante empapados. Se veían muy cómicos.

—Si preguntas por que hice eso fue por qué, buscaba llamar tu atención—Se justificó sin más, como si fuera lo más natural del mundo, Azusa aguantó una sonora carcajada, debía ser rígido ante el comportamiento infantil de su amiga y aplicarle un severo castigo, después de todo él era el segundo heredero al trono.

—¡No me diga!, su real majestad se enojó—Hizo un gesto gracioso, intentando hacerlo reir y vaya que funcionó.

—Yuyu—Llamó el Príncipe, volviendo a su "seriedad", cruzando sus brazos.

—¿Sí, Amo?

—¿Recuerdas la nueva aplicación que agregué en tí hace dos semanas? bueno, muestrale a Eva—Sonrió con malicia, pensando la dulzura de la venganza y su acompañante, notando sus planes dijo.

—Yuyu, ¿está en tu protocolo de etiqueta real, lastimar a una mujer indefensa como yo?—Habló esta vez Eva, haciendo un gesto lastimero y adorable.

—¡Eso es hacer trampa!—Reclamó el de ojos verdes, frunciendo su entrecejo.

—En la guerra todo se vale—Se encogió de hombros e hizo una mueca burlesca—Yuyu, arroja tu ataque contra él.

—Yo soy tu creador y no puedes ir contra el que te creó.

—¡Claro que sí!—Afirmó Eva rechinando sus dientes.

—Claro que no!

—Que sí!

—Que no!

—Que sí!

—Que no!—Y de tanto confundir a Yuyu, este explotó en ellos dos globos de pintura manchando gran parte de sus cabezas y cuerpos, a Eva de color rojo y a Azusa de color azul. El robot prefirió huir antes de enfrentar la furia de ambos.

—Esa cosa es inteligente— Aclaró ella, escupiendo la pintura que también entró en su boca, adoptando Azusa también la misma acción.

—Pero su Creador aún más—Expuso él, con altanería.

—Presumido.

—¡Lo sé!

—Tu padre te matará por esto—Puntualizó la muchacha, tratando de contener la risa.

—¿Era necesario que lo dijeras?... Después de todo, tú provocaste esto primero—Contraatacó avanzando unos pasos.

—Es tu culpa por no darme atención, y me tienes ignorada hace semanas!—Hizo berrinche, al momento en que intentaba quitarse la pintura de sus ojos.

—Lo lamento Eva, pero, no sé si lo sabes, mi hermana Luma a la que tanto te hablé, está viva y si no fuera por que tú has guardado los planos de la nueva nave en el CD, estaría perdido por mi despiste—Inquirió sincero, dando un leve suspiro.

—¿La Princesa Luma está viva? ¡No puedo creerlo!—Chilló de la emoción—Si ella viene aquí, haremos un montón de cosas juntas. Nos maquillaremos, hariamos pijamadas y jugariamos a guerras de almohada y...—Mientras seguía nombrando la lista de lo que podían hacer, Azusa la miraba con una gota en la sien.

—¿Se volvió loca?—Cuestionó aturdido y pálido —¡Mujeres! ¿Quién las entiende?

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Eva Heaven