LOVERMAN, SUBYUGADO A LA PASIÓN

Esta historia ha sido escrita sin fines de lucro, sólo entretenimiento; los personajes pertenecen a la magnífica creadora de la serie Inuyasha: Rumiko Takahashi.

Hola, hola!!!!!

Lamento la ausencia por tanto tiempo, es sólo que me han aquejado los daños colaterales del desempleo, pero eso ya quedó superado. jejejeje. Muchísimas gracias por seguir pendientes de esta historia, a la cual le profeso un gran cariño al igual que otras tantas que leo de otros que publican aquí sus fics.

Muchísimas gracias a todos mis lectores y lectoras!

Espero sus reviews

CAPÍTULO XI

REVELACIÓN ANUNCIADA

Faltaban tres meses para la boda de Miroku y Sango, al principio ella se negaba a realizarla debido a que su hermano había desaparecido así como así, hasta que un día recibió un e-mail el señor Asagi, uno de los colaboradores de la empresa, informándole que la parte que le correspondía de ésta a Kohaku pasaba a manos de Sango y que él no podía regresar por el momento, pero la angustia de Sango y las sospechas de Miroku les indicaban que tal vez no regresaría.

Hubo una organización altruista que planeó hacer una noche de gala para hacer donaciones a niños con cáncer, en la lista de invitados estaban los empresarios y personalidades más importantes de Japón y otros internacionales. Entre ellos estaban algunos con negocios no muy decentes y por supuesto, la directora provisional del periódico 'Furusato' estaba ahí, acompañada de su hijo, mientras su joven asistente estaba al tanto de la coordinación de los reporteros y fotógrafos, así como de otros menesteres menores que iban surgiendo al inicio de la noche.

Sesshoumaru seguía en Madrid desgraciadamente, pero estaba ansioso por regresar y hacer público su rompimiento por Kagura, en Europa la prensa española rumoreaba que ella le era infiel a él, pues habían salido unas fotografías suyas comiendo en un restaurante con Yukio Azuma, pero se acallaban cuando eran vistos en discotecas muy románticos aparentemente. La verdad de ello sólo la sabía la pareja Tashou-Toukizu.

En la noche de fiesta altruista en Japón, el joven empresario Yukio Azuma se encontraba conversando con Inuyasha Tashou, que se habían vuelto grandes amigos desde hacía tiempo, sobre todo revivió su amistad cuando su hermano había pedido a Izayoi desde el viejo continente que le efectuara una entrevista una vez llegara allá, así tendría más publicidad y entonces se incrementaría su renombre, después de todo el periódico de su padre siempre se había caracterizado por hacer públicos exitosos lanzamientos de nuevos empresarios y ése no sería la excepción. Kagura se puso feliz cuando supo lo que Sesshoumaru había solicitado, sabía que en parte era por ella.

Entre los empresarios había llegado Naraku Toukizu, acompañado de su distinguida sobrina Kikyo, quien llevaba un vestido sumamente entallado en color ciruela, sandalias en plata y el cabello recogido. Mientras que su tío un traje y camisa azul marino de diseñador y corbata blanca. Su presencia era más que imponente, sino algo atemorizante. Cuando a lo lejos éste vio a Izayoi Tashou, recordó la ocasión en que ella y su mayor rival habían anunciado su compromiso en una noche similar, una tormenta de rencor le invadió por dentro ante sus tormentosas memorias, pero no se dejó arrastrar tan fácilmente en sus emociones al tener enfrente algunos periodistas preguntándole sobre el próximo lanzamiento de un nuevo prototipo de automóvil.

FLASHBACK

Al llegar a la fiesta, Naraku Toukizu buscó con la mirada a la única mujer que había robado su corazón desde que la vio en un restaurante, era la gerente del popular local, entonces su rabia y sus celos crecieron cuando la vio del brazo del hombre al cual envidiaba su posición y ahora, su lecho.

Los enamorados se encontraban brindando cuando de pronto el sujeto de ojos dorados le hizo la petición. Cerca de ahí, Naraku los miraba, siempre asediaba a Izayoi, pero ella nunca le correspondió. Fue atento con ella e incluso le había pedido que fueran novios, pero ella se negó.

Estaba devastado, por ella estaba dispuesto a poner el mundo a sus pies. Ella era lo único bueno y puro que había deseado en la vida, sus labios, su mirada llena de bondad, su sonrisa… y ahora ese infeliz de Tashou se la arrebataba.

Al levantar la copa para brindar, juró que lo vería muerto algún día.

FIN DEL FLASHBACK

Izayoi caminaba feliz al lado de su hijo Inuyasha, que ahora parecía aún más incómodo al percatarse de la presencia de Kikyo, no sabía porqué, pero por una inexplicable causa se le crisparon los nervios en señal de alarma, una alarma de cautela. Pronto el siniestro empresario automotriz y su sobrina se cruzaron en el camino de ellos, pero Izayoi se mantuvo con una férrea y decidida actitud manteniendo la cortesía y delicadeza que la caracterizaba.

- Querida Izayoi, joven Inuyasha.

- Buenas noches señor Toukizu, Kikyo.- le contestó el saludo el joven de ojos dorados, conteniendo su animadversión lo suficiente.

- Qué agradable encontrarles aquí. Ha pasado mucho tiempo Izayoi, no sabes el desconcierto que me invadió cuando supe del fallecimiento de tu esposo hace unos años. Lo lamento mucho.

- Gracias, Naraku. Kikyo, te ves preciosa esta noche.

- Gracias, señora. Reconozco que hago mi mejor esfuerzo después de…- miró a Inuyasha, fingiendo sentirse su víctima, pero con un dejo de farsa que éste de inmediato percibió. - usted sabe.

- Comprendo querida. Créeme cuando te digo que conquistas miradas con tu sorprendente belleza.

- Si usted lo dice.

Inuyasha estaba sumamente sorprendido por la familiaridad con la que ese sujeto trataba a su madre, como si fueran viejos conocidos. Como era su padre quien siempre la acompañaba a ese tipo de eventos y posteriormente, era Sesshoumaru quien asistía en lugar de su madre como parte de su frívola vida, él no sabía nada de que ese gusano despreciable conociera siquiera a su madre.

- Entiendo que están por lanzar un nuevo prototipo automotriz que será muy prometedor.

- Así es querida, espero que tu periódico cubra el evento y verte allí como una de las invitadas de honor, al igual que usted, joven Tashou. Imagino que no importará que su relación con mi querida sobrina haya concluido y que no interferirá con que nos acompañe, ya que sé de su gusto por los autos.

- Claro, podré asistir, por qué no?

Después de una conversación bastante superflua y breve entre los cuatro, Inuyasha llevó a su madre a beber un poco de champagne, aunque no se lo decía, estaba temblando un poco. La veía sonriente, tan hermosa, su sonrisa solo podía compararse con la de su querida Kagome, ambas tenían mucha bondad en la profundidad de su corazón, aunque también su ahora nueva amiga Lin, la asistente de su madre, podía ser parecida a ellas, por algo había llamado la atención de su medio hermano, supuso.

Como evocándola con sus pensamientos, más tarde había llegado Kagome del brazo de Kouga, para desagradable sorpresa de Inuyasha. Llevaba un vestido de seda color azul cielo de delgados tirantes, en consonancia con el traje azul marino del rival de Inuyasha. El joven apenas podía creer que ese cretino se atreviera a llevar a Kagome. Y lo peor de todo es que ella traía puesto un anillo de rubíes y diamantes donde debiera ir uno de compromiso, pues previamente Kouga se lo había obsequiado junto con unos pendientes largos a juego, que además daba a interpretar un posible compromiso, que era lo que más atormentaba al joven del periódico.

Por un instante cruzaron sus miradas, Kagome lo vio a distancia platicando con su madre y una pareja algo mayor, que al instante sintió una punzada de emoción en el estómago al sentir la ansiosa mirada chocolate de la chica sobre él. Pensó en ir a acercársele y quitarle a Kouga de encima a patadas, pero por ella no podía armar una escena, aunque no le faltaran ganas de darle una paliza a ese imbécil. De rato, se presentó una oportunidad perfecta, cuando Kouga parecía atender una llamada importante, se apartó de Kagome, quien se dirigió al tocador.

La muchacha se sentía abrumada por la presencia imponente y llena de fuego de Inuyasha, sobre todo cuando clavaba sus ojos dorados en ella ya que por dentro se sentía febril y sus mejillas se enardecían levemente. Se miró en el espejo sorprendida, después de pensar en lo sexy que se veía Inuyasha con ese atuendo, la verdad es que no importaba de qué forma se vistiera, su presencia seguía alterándola como siempre. Se enjuagó con agua fresca las mejillas y se retocó un poco el maquillaje y el perfume, por dentro anhelando ir tras él y abrazarlo y por otro recordando que quizá su ex prometida andaba por el lugar y tal vez si los veían juntos se provocaría un escándalo. Extrañamente, su mirada se volvió más triste, como cuando la desolación la invadió al morir su padre. Se sentía atrapada en un callejón sin salida. Por más que intentaba ser feliz con Kouga, no podía. Cada beso le recordaba que no lo amaba y que saliera corriendo a buscar a Inuyasha. Pero era incapaz. Tenía aún el absurdo empeño de aprender a vivir sin él, incluso después de que Lin y Sango le reprendieran por salir con Kouga sin amarlo.

Salió del sanitario y justo sintió unos fueres brazos que la sujetaban de los hombros hasta posarse en su cintura mientras la ponía contra una pared fría de mármol, un cuerpo masculino cálido y fuerte estaba ahora contra el suyo. Entonces, sobre su cuello sintió el rostro de alguien que, al distinguir su cabellera plateada supo al instante quién era, entonces empezó a temblar no de miedo, sino de impaciencia.

- Desde que te vi llegar quise acercarme y decirte lo hermosa que estás.- su voz ronca y sensual le hizo estremecerse de deseo.

Kagome sintió su aliento sobre su cuello y después un suave gemido de goce de él que le hizo arquearse hacia él levemente, la estaba olfateando, como un animal salvaje al objeto de su deseo.

- Inu… yasha… qué haces?

- Saludándote. No te alegra verme? A mí sí.- la chica lo constató cuando sintió aumentar levemente algo ahí en la entrepierna masculina.

- Déjame, si alguien nos ve…- su voz apenas si salía de su garganta, su pulso estaba sumamente acelerado y además no contribuyó a calmarlo percibir el exquisito aroma varonil que Inuyasha desprendía de su magnífico cuerpo.

- Nadie nos ve, descuida. Vámonos de aquí, sólo tú y yo, los dos solos. Qué dices?

- Pero Kouga me… está esperando y ade…más- estremecida por los esporádicos besos casi no podía articular palabra, intentó separarlo de sí presionando sus hombros pero era imposible.- dejarás plantada a quien sea quien haya venido contigo.

- Mi madre no se molestará en absoluto.- La besó con infinita ternura en los labios –Lin la acompañará a casa, además tiene guardaespaldas.

- Inuyasha, basta, por favor… alguien puede venir.

- Está bien.- la separó de sí, dejándola turbadoramente lúbrica de deseo. –por ahora. Tienes razón, no quiero que haya un escándalo entre nosotros.

Se acercó de nuevo a ella para besarla levemente en los labios que tanto había extrañado, luego besó su mano y dio un paso atrás. Oyó pasos de unos tacones y de inmediato improvisó hablando en voz alta para que la mujer que se acercaba lo escuchara claramente.

- Segura que se encuentra bien, señorita? Quizá pueda avisarle a alguien para llevarla a un hospital después de ese leve mareo.

- No…no señor, estoy bien. Le… agradezco su ayuda.

Estaba anonadada de que pudiera cambiar tan rápido de semblante, de fieramente apasionado a cortésmente distante como un amable desconocido. La mujer los miró tratando de descifrar qué pasaba entre ellos, pero no sospechó nada sobre el romántico incidente de ambos.

La noche transcurrió llena de sorpresas agradables y la llegada de grandes personalidades también, hasta que Naraku descubrió a lo lejos a la joven que había sido prometida del muchacho que había estado utilizando para sus fines ilegales. Era una verdadera belleza, aún más en persona que en fotografías. Deslizó su mirada por su vestido de seda entallado, a pesar de que lucía inocente con un color rosa pálido no podía evitar devorarla con los ojos, había algo en ella que destilaba una sensualidad sumamente irresistible e imposible de pasar desapercibida. Se había enterado que era la asistente personal del prometido de su hija, pero no dudaba que ese sujeto ya la había tenido en su cama, así que si es que ella había caído rendida y después se veía abandonada por él, no dudaba por un segundo que podía tenerla para él.

Apenas se había acercado dos pasos hacia ella cuando percibió sobre su espalda la poderosa sensación de ser observado, volteó y se topó con un par de zafiros de penetrante sujeción visual.

Kaguya, pensó.

Se veía hermosa con un vestido strapless de seda gris plateado que hacía resaltar sus increíbles ojos y su silueta de sirena. Adornaba su cuello una gargantilla de zafiros y perlas negras que él le había regalado la semana anterior. Era probable que supiera a dónde se dirigía, pero entonces, él cesó de su instinto de depredador y se fue hacia ella, dejando la caza de Lin Yasunari por el momento.

A lo lejos, Inuyasha se percató de las intenciones del sujeto y se apresuró a ir a sacar a Lin a bailar para no exponerla a ese infeliz que le daba mala espina.

- Pero, señor Tashou…- intentó protestar pero él la sujetaba firme de un brazo, aunque sin lastimarla.

- Ya te había dicho que me llamaras por mi nombre, grrr si no soy un anciano.

- Emm… está bien, Inuyasha, pero…

Bastante desconcertada, Lin aceptó bailar con él. El joven le sujetó la cintura con delicadeza y tomó su mano suavemente, de pronto sus ojos dorados le recordaron a otros especialmente gélidos que la estremecían, pero los que tenía frente a sí reflejaban un fuego especial que llenaba por dentro de un espíritu vivaz a su futuro cuñado. Ahora entendía porqué Kagome se había sentido atraída por él.

- Oye, Lin, la verdad es que quiero preguntarte algo, a decir verdad… es un favor. Para ser sincero no se trata de trabajo, sino de Kagome.- del tono despótico que usó hacía un segundo cambió a uno sonando un poco avergonzado que la sorprendió.

- Qué pasa?- el muchacho la guiaba con movimientos suaves y cadenciosos, como un experto bailarín, contrario a su naturaleza exaltada.

- Tú debes conocerla muy bien, bueno y como… yo he terminado con mi prometida, pues pensé que podrías decirme qué es lo que pretende con Kouga.

- Supe de las fotografías que le mandaste a mi casa cuando supiste que cenaríamos juntas.

- Así es, no deseaba decepcionarla e hice lo que pude por evitar que salieran en alguna otra revista.

- Entiendo. De verdad te importa Kagome, cierto?

- Sí, mucho más de lo que crees. Agradecería tu ayuda.- de pronto le dirigió una mirada de complicidad - De casualidad no puedes apoyarme a destruir su relación con Kouga? Ese tipo es insoportable.

- Jajajaja, Inuyasha, no crees que eso sería muy sucio de tu parte?

- No, dicen que en la guerra y en el amor todo se vale. Entonces que dices? Me ayudarás?

Le dedicó una sonrisa de complicidad mientras ella reía afablemente. En ese momento, uno de los fotógrafos los captó en una imagen de la que ellos mismos no se percataron. Era como si esa relación entre dos jóvenes entre los cuales nacía una especial amistad, ahora quizá podría ser malinterpretada si esa imagen veía la luz de las revistas.

(Madrid, en una mansión propiedad de los Tashou)

Sesshoumaru seguía dando vueltas a lo largo de la habitación descalzo y con sólo el pantalón de pijama puesto, seguía sin poder conciliar el sueño a pesar de intentar leer varios libros que ahora estaban dispersos; decidió entonces conseguir del botiquín unas pastillas para dormir, para ver si se podría librar del insomnio, pero tenía algo de temor de que esos sueños extraños que cada vez lo confundían más le causaran una severa locura. En ocasiones se despertaba sin poder encontrar los límites de la realidad y los pasajes oníricos que le invadían. En una ocasión estuvo a punto de destruir a jirones el dosel de la cama donde dormía.

Cuando se recostó, cerró los ojos intentando dormir con lo que podía sentir como angustia, un sentimiento que jamás había percibido por nadie a excepción de su madre. Pero las imágenes de Lin cuando la volvió a encontrar en ese café en Marsella le devolvieron un poco la calma perdida. Pensar que nunca podría recuperarla, le parecía peor que la muerte. No podía vivir sin ella, sin el roce de su piel, su aliento descontrolado y dulce sobre su cuello, así como su anhelo de tener una familia a su lado. Lo que más le fascinaba de ella era su pureza espiritual y la calidez de su corazón. Sólo ella tenía el poder de volverlo de nuevo al paraíso, porque aún si en el mundo cayera el Apocalipsis, estar con ella era su única salvación. Ella era ahora su mundo.

Por enésima vez se maldijo lo imbécil que había sido en no confiar en ella. Se había jurado a sí mismo que jamás volvería a dudar de aquella forma. Con ese pensamiento, junto a la certeza de su amor por ella, se durmió.

[Caminaba lentamente hacia su adversario, a quien esta vez no podía encontrar la más mínima ventaja para vencerlo. Peor aún, no podía encontrar ninguna oportunidad para recuperar a su protegida. Siguió atacándolo pero de pronto, uno de sus ataques con Bakusaiga logró derribar al monstruo, pero esta vez, el error fue fatal… su protegida cayó con él, a pesar de intentar romper el tentáculo que la sujetaba.

Un grito femenino de pánico pudo escuchar resonando en sus oídos. La joven caía al precipicio y el youkai de ojos dorados no pudo alcanzar a sostenerla a tiempo para salvarla. Ese monstruo híbrido la había alcanzado de nuevo con uno de sus tentáculos. Entonces, la chica desapareció. Su olor, su voz, todo…

- Sesshoumaru Samaaaaaa…]

Abrió los ojos abruptamente. Se sentó de inmediato con su torso al descubierto algo sudoroso. Esa voz no la podía sacar de su cabeza. Estaba claro, era idéntica a la de Lin. Pero, cómo es que había imágenes tan extrañas? Cómo es que esa mujer lo había llamado así? Definitivamente estaba al borde de la locura. Fue demasiado desconcertante. Lo más impactante fue cómo la voz que lo llamaba era idéntica a la de su asistente.

No podía ser!

Revisó de nuevo en el estudio el enorme libro que le legó su padre. Esta vez buscaba un indicio, no sabía qué, pero sabía que algo encontraría. Algo que tal vez cambiaría el rumbo de su vida para siempre. Tal vez las sensaciones del monstruo que su padre le mencionaba de esas leyendas antiguas, pertenecían a él mismo, o eso quería pensar. También, cómo es que la voz de la joven que en sueños sabía que era su protegida sonaba idéntica a la de Lin.

Hojeando y leyendo como loco, buscó un dibujo que le indicara la apariencia de aquel ser. Casi al final, estaba un antiguo grabado.

Era él mismo!

No podía entenderlo del todo! Todo aquello parecía una extraña pesadilla!

Siguió buscando, entonces encontró la descripción que se hacía en él. Cabello platinado y largo, ojos color dorado, que al transformarse se volvían rojos, garras afiladas y una marca oscura de luna creciente en la frente –de la que él carecía- y marcas sobre sus mejillas del mismo color, pero aún así, el dibujo no podía equivocarse. Era él! No podía creerlo, acaso él había sido ese monstruo poderoso en su otra vida? No podía explicar qué estaba ocurriendo, pero definitivamente tenía qué averiguarlo.

De alguna manera ciertos detalles encajaban, como la voz y la apariencia de la chica, las circunstancias de la vida del monstruo, como el hecho de que tenía un medio hermano con el cual rivalizaba, así como la frialdad de carácter.

Terminó la velada e Inuyasha y su madre llevaron a Lin a casa. Recordaba la joven haber tenido una sensación extraña antes de que el joven la sacara a bailar. Después de un rato, estaba conversando con un joven fotógrafo que conocía a Inuyasha cuando, a cierta distancia se sintió de nuevo observada por un hombre de apariencia algo extraña que rayaba en lo siniestro, después supo que se trataba del magnate automotriz Naraku Toukizu, el padre de Kagura.

Después le restó importancia al incidente y se fue a tomar otra bebida cuando Izayoi la convocó para presentarle a una amiga que era diseñadora de modas, a la cual le interesaba que después concertaran una cita para una entrevista.

Cuando se fueron hacia la salida, de nuevo regresó esa sensación de ser observada y vio a una mujer de cabellos oscuros a quien había visto hablando brevemente con ese sujeto. Su mirada zafiro era fría e inescrutable.

Inuyasha la había sacado de su trance y la había ayudado a subir al auto. Como los tres lucían cansados, casi no emitieron ninguna palabra en el camino. Se fue a dormir en cuanto llegó, concilió el sueño casi de inmediato debido al cansancio que la atacaba.

[Llevaba un kimono sencillo para una aldeana normal que iba a sacar agua del pozo para sus quehaceres, un sujeto que había sido como un hermano para ella araba la tierra desde unos minutos antes del amanecer y sus dos pequeños sobrinos –como ella los llamaba- dormían aún en casa, que no estaba muy lejos de allí. Hacía ya varios años que la habían encontrado sin recuerdos en su mente unos aldeanos, que la rescataron estando inconsciente de unas catacumbas que estaban inundadas de agua subterránea y la protegieron. Después pudo iniciar su nueva vida ocultando con el tiempo los poderes de sacerdotisa que tenía.

El pozo de agua se encontraba a cierta distancia, traspasó varios árboles para llegar allí, cuando sintió una presencia extraña observándola, volteó a todos lados y sólo vio cómo se movían unos arbustos levemente, se mantuvo petrificada ante la posibilidad de que algo pudiera atacarla, cuando salió una ardilla corriendo. Sonrió ante lo ingenua que había sido, terminó de sacar la cubeta con agua y volteó para ver una extraña sombra que, en la oscuridad de los arbustos desprendía un par de orbes doradas un hermoso resplandor. Se quedó inmóvil de pronto, el pánico se iba apoderando de ella. Corrió todo lo que pudo en dirección contraria, de pronto se cayó e inmóvil, vio cómo la misma sombra desaparecía ante ella, vio por un instante que tenía suspendidas unas hebras plateadas que debían ser sus cabellos, así como una blanca estola. Parecía que ese ser se estaba retirando.]

Despertó abruptamente de ese sueño tan extraño y emitió un gemido ahogado de desesperación y pánico. Los latidos de su corazón se estaban acelerando demasiado, empezó a respirar profundo y poco a poco se calmó. Se levantó para dirigirse a la cocina y prepararse un té, para despejar su mente se llevó su lap top para distraerse mientras revisaba la bandeja de correo, eran las tres treinta a.m. Daba unos sorbos de la taza mientras leía cuando de repente tuvo el estímulo de mirar las imágenes que tenía almacenadas, abrió la carpeta y ahí encontró a Sesshoumaru abrazándola. Su sonrisa era preciosa, sobre todo en una donde la miraba fijamente, había algo en el resplandor de sus ojos que le inundaba el corazón de un anhelo que jamás había sentido por nadie, ni siquiera por Souta.

Recibió de pronto un correo electrónico, era de éste. Lo abrió y le dijo que llegaría a Japón en dos días. La gran sorpresa que sintió la dejó estupefacta unos instantes, pues parecía feliz de regresar por lo que le indicaba, así como esperaba que fuera a recibirlo al aeropuerto junto a Kagome, su madre y el abuelo.

Había sido él una parte importante de su vida y sentía un cariño muy especial por él, le daba mucho gusto que fuera a regresar, pero un dejo de impaciencia y desesperación se acumuló en ella los próximos días. No sabía cómo reaccionaría en cuanto lo viera, él no sabía nada acerca de Sesshoumaru y quizá albergara esperanzas de regresar con ella, pues él seguía soltero aún aunque en el pasado le hubiera comentado que durante su estancia en Ginebra había salido con algunas chicas.

Entonces, decidió ir al botiquín para tomarse una pastilla para dormir lo suficiente como para sentirse mejor más tarde y poder ir a trabajar, por más que Izayoi insistió en que no era necesario que fuera al día siguiente del evento, ella se negó rotundamente por su responsabilidad, a pesar que en esos momentos estaba más que cansada y además, estaba la espera al regreso de Sesshoumaru que se le hacía interminable y agonizante. No sabía cómo estaba, desde la última vez que se habían visto en un viaje a Atenas hacía un mes, ya que los e-mails no eran suficientes para dejarla tranquila.

FLASHBACK

La había tomado de la cintura besándola con más ansias de las que podía recordar haber sentido por alguien. La recargó contra la pared y elevó sus piernas en sus caderas, Lin podía sentir su virilidad más que nunca queriendo reclamarla a través del pantalón de él. Como si sólo refugiándose en su cuerpo de diosa, Sesshoumaru pudiera sobrevivir. Ambos hacían el esfuerzo de despojarlo a él de la camisa, dejando su torso de Adonis al descubierto.

- Sessh… te deseo tanto…

Entre gemidos la súplica implícita de tomarla se hacía cada vez más resonante en sus oídos, de pronto le dedicó una de sus sonrisas eróticas llena de promesas de placer sublime.

- No puedo esperar a que seas mi esposa…

- Te amo…

Y yo a ti… fue lo que se quedó ahogado en su garganta cuando ella le arremetió con un beso sumamente erótico. Luego se separó de él para desabrocharle los pantalones y exponer su erección, la que tomó sin recato alguno excitándolo más.

Pronto se dirigieron a la recámara y ahí consumaron su pasión desbordante. Lin no podía creer que aún siguiera deseándola con más ansias que antes y, al igual que él, anhelaba el momento en que fueran por fin marido y mujer.

FIN DEL FLASHBACK

Se recostó en la cama con esos recuerdos de aquella estancia en Atenas, el calor del Mediterráneo había resultado reconfortante y delicioso para ambos. Llegó a trabajar al periódico e hizo caso omiso de la cariñosa reprimenda de Izayoi respecto a no asistir a trabajar. Pasó el día sin novedad alguna, la verdad era que los días sin Sesshoumaru allí le parecían más largos. Luego llegó a su departamento para dormir y acompañar a Sango y Kagome mañana sábado.

Al día siguiente, Sango iba caminando junto a Kagome y Lin para conseguir algunas cosas para la boda, se dirigían hacia una tienda donde imprimirían las invitaciones cuando a lo lejos, Lin estaba siendo observada por un hombre alto de mirada tenebrosa desde su limosina negra blindada. El color oscuro de sus cabellos junto a su impactante mirada formaba un atractivo tan sensual como macabro, como si de una hermosa serpiente se tratara.

Iban las chicas caminando entre risas cuando vieron en el puesto de revistas un ejemplar donde aparecía Sesshoumaru con Kagura tomados de la mano, lo cual no pasó desapercibido para Lin que de pronto sintió una punzada leve de celos, pero quedó disipada cuando la voz de Sango la interrumpió.

- Lin, te pasa algo?

- No… ejem… vamos, debemos ir a elegir el tipo de invitación que quieres.

- Sí. Oye Lin, segura que estás bien? empiezo a creer que el rompimiento con mi hermano te ha afectado después de todo. O…- se detuvo cuando vio la misma imagen del jefe de Lin en España.- entiendo… es tu jefe, Sesshoumaru Tashou, verdad?

- No!- negó en una expresión un tanto nerviosa- no me preocupa porque él y yo hablamos en Marsella y me dejó en claro que ambos se ven solamente como amigos, como si la señorita Kagura fuera una hermana menor o algo así. Y respecto a Kohaku, mentiría si te dijera que no estoy preocupada por el hecho de que se fue sin decirle a nadie. Eso me tiene muy desconcertada.

- No hemos sabido nada de él exactamente, sólo que está en Hong Kong y que está bien, pero se niega a que lo visite, se lo menciono y evita el tema a toda costa.

- Creo que no es tu hermano la que la tiene tan pensativa, Sango, sino el mío.

- Souta?- miró Sango interrogante a Kagome mientras que Lin extrañada.

- Sí. Nos avisó a Kagome y a mí que llegaría a Tokio mañana.- le dijo Lin casi con tono indiferente de voz que sonaba raro.

- Sí, quiere que vayamos a recibirlo al aeropuerto.- agregó Kagome.

- Me alegra mucho que esté por volver. Ha pasado mucho tiempo desde que lo vi.- recalcó Sango, pues la última vez que lo había visto estaba en la preparatoria.

- Sí, será magnífico verlo de nuevo.

- Lin, no sé porqué presiento que hay algo que desconozco.- le inquirió Sango.

- Bien, te contaré todo después de que hayamos elegido las invitaciones, de acuerdo?- su semblante de repente cambió a fingida despreocupación.

Estaba algo pensativa y cuando dijo que sería bueno ver de nuevo a Souta, su tono de voz marcaba cierta incertidumbre, lo cual no pasó desapercibido para la mirada perspicaz de Sango.

Después de casi dos horas en una tienda de impresiones y detalles, fueron a tomar un café allí mismo en el centro comercial. Fue entonces cuando Lin le contó todo a Sango, ante la mirada inescrutable de Kagome.

- Ahora entiendo, temes que Souta intente de alguna manera regresar contigo y revivir lo que tuvieron, no es así?

- La verdad no sé qué pensar. Las últimas conversaciones que he tenido con él han sido sobre momentos felices de la infancia y adolescencia entre ambos, sobre todo. Pero cuando quise preguntarle sobre sus anteriores relaciones con chicas de aquella universidad, estaba esquivo del tema.

- Lin, creo que no deberías preocuparte.- intentó tranquilizarla Kagome –además tu relación con Sesshoumaru Tashou te hace muy feliz, estoy segura de que él te ama, o de lo contrario no iría a tu encuentro cada vez que la señora Tashou te llevara a sus viajes de negocios para que puedan estar juntos.

- Gracias Kagome.- la miró agradecida.

- Espero que ese hombre te haga muy feliz Lin. Y que pronto pueda regresar para que seas la misma de antes. Desde que ese tipo se fue, hasta pareces un zombi. –le dijo Sango en broma.

- Qué? Sango, será mejor que te retractes o de lo contrario te daré una paliza que no olvidarás! Cómo se te ocurre decirme que soy un zombi?

- Claro que lo eres! Vamos, díselo Kagome.

- Chicas, ya basta.

Las tres rieron a carcajadas, parecía que nunca iban a cambiar después de tantos años de estar juntas como verdaderas hermanas. El resto de la tarde, fue una de las más inolvidables para Lin. Se sentía como en familia siempre que estaba con ellas. Aunque seguía extrañando a Sesshoumaru.

Afuera del edificio del apartamento de Lin se encontraba la limosina de Naraku. Tenía frente a él una lap top donde había todo un archivo completo sobre la vida de Lin, incluyendo algunos comentarios sobre la relación de ella con su jefe Sesshoumaru Tashou. Quería más que nada en el mundo arruinar la vida de los hijos del hombre que le arrebató a la mujer que amaba y destruir el periódico.

Estaba seguro que el infeliz de Inu no Tashou creía que él corrompería a Izayoi y la arrastraría al mundo lúgubre y ruin de la prostitución, en el cual comenzó como una vía fácil de sacar dinero al principio, pero luego incursionó de lleno cuando la perdió para siempre. No podía obligarla que estuviera con él, pues siempre la vio como lo más preciado y sagrado y hubiera sido incapaz de hacerle daño alguno, o haberla obligado a aceptarlo. Era como si la única parte noble de sí mismo hubiera muerto el día que ella se comprometió con ese tipo. Vendería su alma al diablo por tenerlo enfrente una vez más y matarlo de nuevo, pero esta vez con sus propias manos.

Aunque ahora el objeto de su deseo era una chica de cabello ébano y mirada dulce, justo como Izayoi, pues Kaguya siempre tenía esa mirada oculta de odio y desprecio, aunque no pudiera fingir que lo deseaba físicamente, gemía una y otra vez de placer cada vez que él la tomaba, pero él empezaba a cansarse de encontrar una frialdad hiriente en cada respuesta de su femenino cuerpo a sus caricias. Siempre que la había visto al lado de su difunto esposo la veía radiante y feliz, incluso estaba embarazada de un hijo suyo, siempre había profesado devoción por una mujer hermosa y de mirada noble, pero con Kaguya eso se desvaneció. Intentaba tratarla con la mayor ternura que podía mostrar, aunque su inicio fue bastante difícil, ya que él se vio obligado a tomarla a la fuerza, empujado por el deseo oculto y el desdén de ella. La verdad ya no sabía si confundía una mirada de atracción con odio.

Aprovecharía que Sesshoumaru Tashou estaba de viaje, intentaría acercarse a Lin para tenerla entre sus manos. Pero debía planear la muerte de ese infeliz que estaba seguro ya no iba a casarse con su hija Kagura. Definitivamente iba a disfrutar arrebatarle a Tashou su juguetito.

Las negociaciones de Kohaku en Hong Kong estaban yendo de maravilla, sus contactos eran de lo mejor, pero no se fiaba mucho de él. Por ello tenía vigilando por lo menos a uno de los Aniquiladores, los hermanos Yuroumaru y Kageromaru. Aunque eran los más leales, había ciertas medidas que tenía qué hacer para conservar su lealtad, la más importante era proporcionarles de vez en cuando a una de las chicas que Kanna conseguía, con la cual tenían sesiones de tortura y flagelación, e incluso sabía que varias de ellas desaparecían sin dejar rastro.

Inuyasha iba saliendo de la escuela de idiomas cuando escuchó que Kagome iba tras él.

- Inuyasha! Espera, tengo qué hablar contigo.

- Kagome, sí. Qué pasa?- creyó que después del pequeño hurón que le había enviado con el nombre de Shippou estaría contenta.

- No sé cómo decírtelo pero… en fin. Será mejor que me dejes de dar regalos, de acuerdo?

- Pero Kagome…

- No Inuyasha. Estoy en una relación con Kouga y debo respetarla. No puedes seguir con esto más.

- Por favor, no me pidas que deje de luchar por ti porque no lo haré.- el tono de su voz sonó desesperado.

- Basta! Con qué derecho intentas decidir sobre mi vida? Casi nos descubren la otra noche por tu culpa.

- Tú no lo amas y lo sabes! Él sólo te ve como un premio, de lo contrario no te hubiera llevado a la cena de caridad y exhibido frente a todos los fotógrafos.

- Eso no es de tu incumbencia! El caso es que estoy harta de ti y de…

No pudo continuar la frase porque él la subió a la puerta del acompañante del auto y pronto corrió hasta estar en el volante.

- Eres una bestia! A dónde me llevas?

- Te abriré los ojos de una vez por todas.

- No! déjame salir!

Justo cuando iba a arrancar, Kouga estacionó su vehículo frente a ellos y se bajó. Desgraciadamente, el Mustang rojo sangre del joven quedó atrapado entre dos vehículos sin poder salir, por lo que decidió enfrentarse de nuevo a Kouga.

- Se puede saber qué haces acosando a mi novia, animal?

- No es asunto tuyo, ahora quítate de mi camino si no quieres que te haga pedazos.

- Ah, sí? Pues inténtalo imbécil. Por supuesto que Kagome me importa, ella se casará conmigo.

Kagome, asustada, salió de inmediato del auto para impedir que se liaran a golpes afuera de su escuela de idiomas. Inuyasha estaba atónito por la declaración, pero no le creyó, en una situación así, Kouga era perfectamente capaz de mentir.

- Pero qué les pasa a ustedes dos?

- Será mejor que te subas al auto Kagome, no quiero que veas lo horrible que le voy a dejar la cara a este infeliz sarnoso.

- Cállate, animal. Te haré tragar tus palabras, será mejor que te alejes de mi prometida después de que te deje irreconocible.

- Ya estoy harta de ambos! Kouga, tú y yo no nos casaremos, no sé de donde sacaste eso! Y estoy cansada de que quieras manipularme a tu antojo.

- Lo ves, tarado? Te dije que eras un mentiroso, siempre lo has sido.- le espetó Inuyasha burlón.

- Y tú, Inuyasha, lárgate de mi vista ahora mismo. La verdad es que ambos me tienen harta! HARTA!

Totalmente furiosa, le propinó una patada en la espinilla a Inuyasha, pero justo cuando Kouga comenzaba a reírse, la chica le propinó un puñetazo que lo tiró al suelo prácticamente, y que lo más probable era que le dejaría la nariz rota. Se retiró de ahí para ir por su bolso adentro rápido y marcharse en su auto, dejándolos solos, el único que estaba ahí afuera tocándole la ventanilla de su auto era Inuyasha, pues el otro se había subido a su auto enfadado, juró que mataría a Inuyasha un día con sus propias manos.

Aunque hacía unos días que había conocido a un tipo que no le agradaba nada los Tashou, le causaba mala espina. Pero no podía evitar pensar que después de todo, el enemigo de su enemigo era su amigo. Kagome sería suya, no importaba si vendía su misma alma al diablo.

Sesshoumaru por fin decidió regresar a Japón junto a Kagura, sería dentro de una semana, ya no podía esperar más tiempo para regresar, aunque aún estaba ocupándose de buscar un sustituto interno para dirigir el periódico. Lo más probable era que confiara en Salvateri, pues al poco tiempo se hicieron grandes amigos, algo inesperado hasta para la misma Kagura que mejor lo conocía. Siempre a distancia de los demás, esta vez demostraba ser alguien completamente diferente, igual que ella decidió cambiar cuando había vuelto a ver de nuevo a Yukio. No podía sentirse más orgullosa de él y sabía que parte de ese cambio era producido desde que había conocido a su asistente Lin.

CONTINUARÁ…

AGGHHH

Ya once capítulos, no lo puedo creer.

Esta historia está por culminar, ojala les esté gustando y en el final, pues… a ver qué pasa. Jejejeje

Nuevamente les digo que lamento mucho la excesiva tardanza, pero ya voy tejiendo las tramas finales, desgraciadamente más lento que antes, pero prometo a partir de ahora poner más empeño, deveritas!! xD

Les mando un beso y un abrazo a toda persona que se le ocurra leer esta historia. Nada de lo que escribiría fuera posible sin el anime y sin ustedes, sobre todo mis grandes amigas.