Capítulo 10

Diagnóstico

Yo me sorprendí, pero fuimos juntas hasta su cuarto. Alice seguía en el mismo estado que la noche anterior, si no era que peor.

-Bella- dijo Alice débilmente.

- Aquí estoy, Alice- dije yo tomando su mano.

Pero ella siguió durmiendo.

- ¿Cuánto tiempo ha estado así?- preguntó la Señorita Hale, con un tono de voz muy raro.

- Creo que desde la media noche- dije yo poniendo compresas sobre la frente de mi hermana.

- Es preciso que la vea de nuevo un doctor- dijo ella, pero no era una sugerencia, era una orden.

- Es sólo una fiebre- comencé a decir, molesta por su actitud autoritaria, admás, querían esperar la respuesta de mamá. Pero entonces la miré, y cambié de opinión. Ella miraba a Alice y parecía muy afectada.- Pero seguiré su consejo- agregué.

El doctor llegó alrededor del medio día, cuando el Señor Hale ya había regresado de hacer sus inventadas diligencias. El Señor Hale parecía más preocupado que antes, y se aseguró de que el doctor supiera lo que pensaba de su retraso. Estuvo paseándose frente a la puerta mientras el doctor revisaba a Alice. Cuando terminó, fue a su encuentro y lo interrogó.

El doctor dijo que el resfriado había dejado de ser tal cosa, que se había complicado, y que esperaba que con una serie de medicamentos que él había preparado, mejorara. Yo me sentí terriblemente mal. El Señor Hale palideció aún más, si era eso posible.

- ¿Está seguro?- le preguntó al doctor.

- Confiemos que sí- respondió él.

Ante diagnóstico tan alentador, al ambiente de pronto se volvió sofocante. Hasta la Señorita Hale se veía cambiada y distante.

- Tranquilízate, Jasper, haremos todo lo posible por ella. Es nuestro deber-

- Lo imposible, Rosalie- corrigió él.

- Sabes a lo que me refiero- dijo ella, con una singular entonación de voz.

Y de nuevo, yo tuve la sensación de que había algo que me estaba perdiendo, una especie de mensaje oculto.

Llegó de nuevo la noche, y Alice seguía en el mismo estado. Está vez, si permití que una sirvienta se quedara a ayudarme con ella. Y aproveché para escribirle una nueva carta a mamá y comunicarle el diagnóstico del. A pesar de estar casi segura de que mamá pensaría que eran exageraciones mías y no le daría la importancia que el caso exigía, esperaba que esta nueva carta cayera en las manos de papá, y tomara las riendas del asunto e hiciera todo lo necesario. En ese momento, me sentía muy desesperada, no sabía hasta donde llegaría la enfermedad de Alice, y unas lágrimas se escaparon de mis ojos.

La sirvienta, que se había quedado dormida mientras yo escribía, despertó en ese momento.

- ¡Oh, Señorita Swan! No debe usted preocuparse así- dijo cuando vio que estaba llorando.

- No es nada – dije yo secándome las lágrimas.

- Su hermana se recuperará, se lo aseguro. El Señor Hale buscará al mejor médico del reino si es necesario. Además, el Señor Hale tiene amigos aún más poderosos y respetados que él, que estarán gustosos de ayudarle, aún sin que él se los pida.-

- Amigos como el Señor Cullen- refunfuñe. Acaba de recordar que no lo había visto en todo el día – No, no lo creo- agregué en voz baja.

- No sabe lo que dice, Señorita, el Señor Cullen es una buena persona, mi familia lo conoce desde hace…-

- Siento entrar así a estas horas- dijo la Señorita Hale, entrando de pronto a la habitación – iba a recoger un libro a la biblioteca, y las escuché hablar, así que decidí entrar a preguntar por Alice ¿Cómo está?-

- Creo que igual- dije yo.

Vaya, que mal momento había escogido ella para venir. Justo cuando comenzaba a creer que iba a enterarme de algo más sobre el Señor Cullen, aparecía ella e interrumpía, hasta parecía que lo había hecho sabiendo que me interesaría más de lo conveniente la información que su empleada me iba a contar.