Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.


Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.


Capítulo 11

—Señorita, no puede pasar. —Un policía del campus estiró el brazo, envolviendo sus dedos para agarrarme el hombro y detenerme de avanzar más por el pasillo.

—¿Por qué? ¿Por qué no puedo ir a mi dormitorio?

Negó con la cabeza, su cara era la imagen de la lástima.

—Ha habido un accidente, señorita.

—¿Qué pasó?

Negó con la cabeza de nuevo. Podía sentir las náuseas alzarse desde mi estómago, mis piernas temblaban mientras estaba parada ahí, mi peso empujaba contra su brazo.

—Mi amigo esta allá. —Me mordí el labio con fuerza, probando el fuerte sabor metálico a sangre que se filtraba por la mordida—. Necesito verlo.

—No puede.

Me metí por debajo de su brazo ágilmente y corrí por el pasillo hacia mi habitación notando que la puerta estaba abierta de par en par. Parados afuera vi a James hablando con un oficial y a Vickie recargada contra la pared, su cuerpo se sacudía con su llanto, sus lamentos hacían que todo mi cuerpo se tensara.

Y aunque estaba rodeado por policías que intentaban desabrochar la ligera banda azul que se había amarrado alrededor de su delgado cuello, pude ver a Eric tirado en el piso, su cuerpo sin vida y quieto, su cara manchada y azul.

Fue entonces cuando mis piernas perdieron la fuerza, mi cuerpo cayó al piso, y mi boca se abrió para soltar la rabia y miseria que ya no podía seguir conteniendo dentro de mí.

~*CD*~

Si realmente la venganza era un plato que se servía frío, entonces el remordimiento era un líquido endemoniadamente caliente. Laceraba mi interior como el ácido corroyendo el metal, azotando y rozando hasta que me convertí en una vasija vacía. Me quedé tirada en el rasgado piso de linóleo, las voces gritaban sobre mi cabeza, mi cerebro explotaba con todos los posibles escenarios. Cada uno me apuñalaba dolorosamente, sus frías puntas me quemaban tan efectivamente como el fuego.

¿Y si hubiera corrido un poco más rápido?

¿Y si no hubiera hablado con Garrett?

¿Y si nunca hubiera aceptado ir a esa fiesta?

¿Y si…?

Una mano fría tocó mi hombro, las puntas de los dedos rozaron mi cuello con el toque de una pluma. Alcé la vista hacia Garrett, su cara estaba tan llena de remordimiento como mi estómago. El enojo se alzó a través de mí, dejando remordimientos como polvo en el viento.

—Tú hiciste esto. —Mi voz se alzó con el latido de mi corazón, una furia blanca retumbaba desde cada poro—. Tú y tu estúpida fraternidad; cada uno de ustedes tiene su sangre en sus manos. —Su mano se presionó con más fuerza contra mi cuello y mis puños se cerraron, golpeé su pecho sin que mi mente lo procesara por completo. Quería desquitarme, lastimarlo, mostrarles lo equivocados que estaban respecto a este maravilloso joven—. ¿Estás feliz ahora? —grité, mis mejillas estaban húmedas a causa de la desolación—. ¿Ya redujeron sus novatos a un número aceptable?

Giré la cabeza de golpe para ver a James. Había dejado de hablar con el oficial y estaba consolando a Vickie, sus grandes manos acariciaban su cabello rojizo, sus labios murmuraban palabras ininteligibles.

—Bella… yo… —Garrett capturó mis muñecas en sus manos. Me removí contra él, pero incluso con enojo mi fuerza no se comparaba con la suya.

—Pensaron que era divertido verlos destruirse entre ellos, ¿no? ¿A quién le importa que haya gente muriendo todos los días en 'Nam, hay que hacer que se enfrenten chico contra chico? ¿Eso te hace sentir más hombre?

Logré apartar mis brazos, envolviéndolos alrededor de mi propia cintura, mi cabeza cayó cuando las lágrimas calientes comenzaron a deslizarse por mi piel. Quería encogerme como un animal amenazado por el peligro, minimizando el área expuesta para que el dolor la invadiera.

Y vaya que sí dolía.

No había una parte de mi cuerpo que no doliera. Incluso los vellos de mi piel se erizaron en una silenciosa protesta, mis nervios gritaban mientras intentaba detener los sollozos que seguían estremeciendo mi cuerpo.

Sus manos tocaron mi hombro de nuevo y esta vez grité.

—Suéltame.

—Señorita, usted y sus amigos necesitan salir de la habitación.

Alcé la vista para ver al oficial viéndome, acuclillado sobre sus talones. Su gorra azul oscuro estaba acomodada en un raro ángulo, la punta elevada hacia la derecha. Su cara arrugada se mantenía imperturbable debajo de ésta.

—No son mis amigos. —Mi voz se convirtió en un susurro. La estela de mi enojo se había disipado, dejando sólo miseria y miedo. Prefería el enojo.

—Todos necesitan irse para dejar que los paramédicos hagan su trabajo. —Metió los dedos debajo de mis brazos, jalándome para pararme.

Por primera vez me concentré en la habitación. Los paramédicos habían llegado y estaban inclinándose sobre el cuerpo de Eric que estaba tirado en el piso, hablaban rápidamente, sus movimientos eran cuidadosos pero seguros al poner instrumentos contra diferentes partes de su cuerpo mientras aseguraban su cuello. Uno de ellos le pidió a otro que trajera una camilla.

Espera…

Sus acciones parecían demasiado rápidas, demasiado frenéticas para ser dirigidas a un hombre muerto.

Como un fénix alzándose, la esperanza batió sus llamas contra mi estómago, mi respiración se detuvo en mi garganta cuando pusieron una máscara de oxígeno sobre su cara. Se pararon al mismo tiempo, alzando a Eric sobre una camilla de metal. Su brazo cayó hacia un costado. Uno de los paramédicos lo puso gentilmente sobre su pecho. Juraría que lo vi moverse hacia arriba.

¿Estaba respirando?

¿Estaba vivo?

Mi corazón martilleó contra mi pecho con un ritmo frenético, marcando un tatuaje de desesperación. Lo miré de cerca, pidiéndole que se moviera de nuevo, rogándole que me diera una señal.

—¿Va a vivir? —Mi voz era apenas un poco más que un respiro, pero el paramédico me escuchó.

—No podría saberlo, señorita. Apenas respira y no sé qué tanto daño ha sufrido su cerebro. —Miró a Eric, evadiendo mi mirada como si ya hubiera dicho demasiado—. Ya hemos hecho casi todo lo posible aquí, vamos a llevarlo a urgencias.

Sentí la calidez del cuerpo de Garrett al acercarse para pararse junto a mí.

—¿A cuál hospital?

—Alta Bates. Es el más cercano.

Garrett asintió bruscamente, sus facciones tan duras como una piedra.

—Los alcanzaremos allá.

Alcé la vista para verlo con los ojos entrecerrados, decidiendo si estaba dispuesta a sentarme en un carro junto a él para llegar al hospital.

Una mirada hacia la pálida piel de Eric y la lívida marca en su cuello mientras los paramédicos lo sacaban en camilla de mi habitación me dijo que estaba más que dispuesta a hacer ese sacrificio.

~*CD*~

Estuvimos sentados en urgencias durante horas, filas de asientos llenos de enfermos y heridos. Elegí sentarme lejos de ellos en el frío piso de azulejo, recargándome en la dura pared. No necesitaba un recordatorio de por qué estaba aquí.

Cerré los ojos intentando no pensar en lo solo que debió sentirse Eric. Nunca debí haberlo dejado. Mi estómago se retorció al intentar imaginar cómo se sintió él en esos últimos minutos, la oscura nada era la mejor alternativa para su agujero de desesperación.

La gente entraba y salía de la habitación hablando en voz baja y con las cejas alineadas, pero ninguna de esas personas habló de Eric, o nos llamó para darnos un reporte de su progreso. En cierto punto debí haberme quedado dormida, mi cuerpo exhausto se rindió a las demandas susurradas de la nada, me recosté incómodamente contra la pared en un ángulo por el que pagaría más tarde.

No estoy segura sobre qué me despertó; las suaves palabras o las gentiles manos. Sentí sus brazos a mí alrededor, su profunda voz consolando mi psique como una manta muy querida. Su cara arrugada estaba llena de lágrimas al presionar su mejilla contra la mía.

—Papi. —Mi voz era poco más que un graznido. Sus fuertes brazos me jalaron hacia él, luego me cargó, acunando mi cuerpo como solía hacerlo cuando era una niña.

—Cariño. —Su bigote hizo cosquillas en mi frente, y giré mi cara contra su pecho, queriendo desaparecer, regresar al tiempo donde él era el rey y mi vida era una tierra encantada protegida por su vigilante mirada. El enojo de los últimos meses desapareció como humo en el aire, palabras medidas fueron remplazadas por lágrimas y amor.

Amor puro.

Él limpió mis rasguños cuando yo era niña. Su cálido aliento soplaba el escozor del antiséptico, sus delgados y musculosos brazos me hacían sentir segura y tranquila. Como adolescente él calmó mis miedos con suaves palabras y un apoyo fiero, dándome la confianza para enfrentar un mundo al que yo no pertenecía.

Y ahora él estaba aquí. En la oscuridad de mis borrosos pensamientos, él era el rayito más pequeño de luz. Lo dejé ponerme de pie en el piso, sus dedos se enterraron en la carne de mis antebrazos. Frunció el ceño, su cara estaba pintada con preocupación y cariño.

—¿Cómo lo supiste? —susurré. Cuando enterré la cara en su rasposa chaqueta, el olor al detergente se mezcló con el humoso aroma de demasiados Malboros.

—El hospital llamó hace unas horas; querían que se lo dijéramos a sus padres. Yo los traje. —Escondió la cara en mi cabello—. Sabía que estarías aquí.

—Yo lo vi… me pidió ayuda. —Mis labios temblaron, las lágrimas picaban en mis ojos—. Le fallé.

Podía sentir su cabeza negando contra la mía.

—No le has fallado a nadie. No es tu culpa.

—Debí saberlo, pude haberlo detenido.

—¡Bella! —El agudo tono de su respuesta hizo que mi cabeza se alzara de golpe para verlo—. Detente. No sé por qué Eric hizo esto, pero vamos a descubrirlo y a conseguirle la ayuda que necesita.

Miró al otro lado de la habitación y seguí la línea de su mirada, mirando a los padres de Eric viéndose incómodamente fuera de lugar en la concurrida sala de emergencias. Su padre estaba sosteniendo a la señora Yorkie, la delgada figura de ella temblaba mientras el doctor hablaba con ellos. Las lágrimas cayeron por mi cara al verlos.

—¿Sabes si está bien? —pregunté. Mis ojos seguían pegado al otro lado de la habitación.

—Hablé con el doctor hace unos minutos. Está estable pero inconsciente. —Su voz bajó—. Dicen que uno o dos minutos más y habría muerto.

—Me pregunto cómo… es que sobrevivió. —Mi voz se rompió y no fue nada más que un susurro, estaba abrumada de emociones por mi querido amigo.

Mi padre habló con voz suave.

—Tu compañera le dijo a la policía que Eric estaba cayendo al piso cuando ella cruzó la puerta. Su novio dijo que a ellos les pareció que el nudo se había soltado. Era una soga corta, atada a una tubería expuesta… pero, la verdad, nunca lo sabremos a ciencia cierta.

Me tapé la cara al imaginarme lo que mi padre describía, y luego sentí sus brazos cerrarse a mí alrededor y un suave beso en mi cabeza.

—En lo que necesitamos concentrarnos ahora, cariño, es en que Eric mejore. Lo hecho, hecho está y tú necesitas estar ahí y ser fuerte para él.

Sabía que mi padre tenía razón, necesitaba estar ahí para Eric… sin importar lo que pasara.

—¿Despertará pronto? —Miré la cara compasiva de mi padre.

Los ojos de Charlie se suavizaron ante mi pregunta. Su mano se cerró alrededor de la mía, su cálida palma descansó contra mis nudillos. Él nunca había sido de los que evaden una situación complicada.

—No lo saben, pero entre más esté inconsciente, es menos probable que lo haga. Hasta que despierte no podrán saber si ha habido daño cerebral. —Sus ojos azul clarito se veían acuosos debajo de las violentas luces de la sala de espera—. Tuvo suerte de haber sido encontrado tan rápido.

Me reí toscamente.

—No lo llamaría suertudo. —Tragando un nudo tan grande como una roca, mi voz tembló cuando seguí hablando—: ¿Qué puedo hacer para ayudar?

—Todo lo que podemos hacer es esperar. Y rezar.

Cerré los ojos con fuerza, queriendo contener las lágrimas que se derramaban en un flujo continuo.

—¿Qué pasó con Garrett? —Miré por la habitación, buscando su desganada figura.

—¿Quién es Garrett? —La voz de mi papá se hizo sospechosa. Negué la cabeza ante su pregunta no hablada.

—Él me trajo aquí. Pensé que se había quedado.

—Estabas sola en la esquina cuando llegué. —Papá se encogió de hombros—. No vi a nadie más cerca. De todas formas, ¿quién es él?

—Él está en la fraternidad a la que quería entrar Eric. —Mis ojos se movieron por la habitación mientras debatía conmigo misma. ¿Debería contarle a papá la verdad sobre Eric? ¿Sería eso lo que Eric quería?

—¿Fraternidad? —Una nota de sospecha se coló en su voz—. ¿Cuál fraternidad?

—Theta Xi.

Su mano se apretó como una viga alrededor de la mía.

—¿Le hicieron la novatada?

—Sí —exhalé, y habiendo tomado mi decisión, colapsé en los brazos de mi padre, no quería nada más que huir del mundo en el que los niños peleaban en la guerra y los hombres se humillaban entre ellos por diversión.

~*CD*~

La semana pasó en un borrón de visitas al hospital y declaraciones policiacas, mi padre me llevaba de ida y vuelta desde Wentworth sin soltar ni una sola queja. Me había llevado a casa con él el fin de semana, ya que mi dormitorio estaba fuera de límites y no podía soportar quedarme sola en una de esas habitaciones de emergencias que Berkeley me había ofrecido. La administración había aceptado en que podía faltar a dos semanas de mis lecciones sin que repercutiera en mis calificaciones, según mi padre era lo menos que podían hacer.

Eric recuperó la consciencia el segundo día, aunque su laringe estaba tan dañada que era incapaz de hablar. De acuerdo a los doctores, se había estado comunicando con sus manos y parpadeando, pero no fueron capaces de asegurar si había habido algún daño permanente a su cerebro.

Recé muchísimo esa semana.

También escribí; hoja tras hoja de cartas. No sólo a Edward, aunque sí desahogué mi corazón con él, sino también a Angela. Escribir era mi terapia, la forma de lidiar con las emociones que amenazaban con sofocarme. Las lágrimas que lloraba sobre cada palabra fueron menos de las que derramé cuando finalmente vi a Eric.

Fue extraño estar en casa en Wentworth. Luego de un periodo de esconderme en la casa, intentando adaptarme a mi habitación de la infancia cuando me sentía todo menos una niña, finalmente me decidí a ir al restaurante el viernes en la noche para ver si alguien andaba por aquí.

Al empujar la puerta para abrirla, las bisagras se pegaron en esa vieja manera familiar, el grasoso aroma golpeó mis sentidos, el ruidoso murmullo de voces me distrajo de mis pensamientos.

Estaba lleno de niños, a la mayoría los reconocía de la escuela, aunque eran más jóvenes que yo. Yo era sólo un punto en su radar, alguien a quien mirar brevemente mientras sus ojos escanean la habitación, tan interesante para ellos como un poster desvanecido de una vieja película.

—¿Bells? ¿Qué estás haciendo aquí? —Una voz a mi derecha me hizo girar la cabeza. Riley Biers estaba de pie junto al tocadiscos, su largo cabello color arena caía sobre sus hombros, sus dedos pasaban por las páginas de música buscando algo bueno.

—Estoy en casa por unos días. —Me sentí insegura, no sabía qué tanto debería compartir. Entre más pronto me dejaran ver a Eric, mejor; al menos entonces podría preguntarle.

Los dedos de Riley golpetearon un ritmo contra el cristal frontal de Wurlitzer.

—Necesitan actualizar la música —murmuró.

Me reí. Sonó extraño a mis oídos.

—Esto es Wentworth, no un fiesta. —Le di un codazo en el costado. Sus costillas se sintieron duras contra mi hueso.

—Al menos podrían tener algo de 'Stones o Hendrix. —Hojeó rápidamente las páginas—. Lleno de los jodidos Monkees.

Metió unas monedas a la máquina, y éstas tintinaron al caer por el tobogán. Eligió rápidamente tres canciones, sus labios se torcieron mientras sus dedos presionaban los botones.

Me recargué al otro lado del tocadiscos, sintiendo la calidez del metal contra mi piel.

—¿Qué has estado haciendo?

—He estado trabajando en la fábrica. —Parpadeó un par de veces, sus pestañas eran tan gruesas que me recordaron a un camello—. Matando el tiempo.

—¿Todavia tocas la guitarra?

Asintió

—Cada martes y jueves en The Keller en Douglas.

—Deberías venir a Berkeley. Te juro que conquistarías a todas las chicas.

Riley rodó sus ojos cafés.

—No creo que las chicas universitarias me noten. No soy Einstein.

La música comenzó, la conmovedora voz de Van Morrinson retumbaba desde las bocinas. Mis labios se torcieron al ver los dedos de Riley formar las notas, su cerebro consciente ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo.

—Hey, ¿a dónde hemos llegado?... Días antes de que la lluvia llegara… —comencé a cantar junto con la canción, y por primera vez en semanas pude sentir mi corazón rugir.

—En nuestro escondite… Jugando el mismo juego… —Riley sonrió al unírseme. Arrugué la nariz y canté en voz alta con él, una sonrisa tiraba de mis labios. Van siguió cantando sobre su Chica de ojos cafés, y yo estaba pensando en el disco de vinil que Edward me envió, sintiendo su ausencia en cada célula de mi cuerpo.

Riley notó mi silencio.

—¿Estás bien? —preguntó.

—No. —Le dediqué una débil sonrisa. Van comenzó a cantar "shalalala".

—¿Quieres hablar de ello?

Negué con la cabeza lentamente.

—No.

Me miró por un largo minuto con los ojos entrecerrados, como si intentara descifrarme. Me mordí el labio, me gustaba su compañía, no quería hacer nada para ahuyentarlo. Él era la conexión a todo lo que extrañaba: Edward, Angela, incluso el pobre Eric.

—Podríamos fumar un poco de marihuana. —Inclinó la cabeza en dirección a la puerta. Miré al grupo de niños amontonados alrededor de las mesas, riéndose y hablando sobre la noche futbolera de viernes. Mi piel se llenó de recuerdos que quería olvidar.

—Sí, me parece bien.

Riley estiró el brazo y tomó mi mano, sus dedos callosos se sintieron toscos en mi piel. Me recordó a una cálida noche de verano junto al lago.

—¿Tienes tu guitarra? —pregunté, abriendo la puerta y haciendo que la campana sonara.

—En mi carro. ¿Por qué?

—Puedes tocar mientras fumamos.

~*CD*~

Una semana después ya estaba de regreso en la universidad, en una habitación nueva sin compañera de cuarto. No extrañaba en absoluto a Vickie, aunque a veces me preguntaba si seguía metiéndose con James. Garrett mantenía un perfil bajo, y sin él siguiéndome por todos lados, o Eric para platicar, la soledad comenzó a asfixiarme. La única cosa que tenía para ansiar era la ocasional llamada telefónica o los familiares sobres azules que estaban en mi cubículo de correo.

Fort Benning, GA

Querida Bella,

Tu carta llegó anoche justo cuando salía del salón. La agarré de la sala de correos, aflojándome la corbata por primera vez en el día, mis labios querían una cerveza y mi cuerpo te ansiaba a ti. Nuestro instructor se está desesperando cada vez más, intentando meter tanta información como sea posible en nuestros cerebros, sabiendo que en poco más de un mes estaremos volando a través del Pacifico, y todo el aprendizaje se hará polvo al enfrentar la fría realidad de la guerra.

Parece extraño ponerlo de esa manera. Jasper me dice que la siguiente semana estaremos recibiendo órdenes y yo agarraré un vuelo un poco después de Navidad, dándome un poco de tiempo para despedirme de mi familia.

Y de ti.

¿Estás bien? Parece que vas saliendo adelante, aunque todavía suenas deprimida. Me enferma no poder estar contigo cuando me necesitas. Me alegra saber que la recuperación de Eric va bien, aunque puedo entender por qué su habilidad para hablar te preocupa.

¿Te he dicho lo orgulloso que estoy de ti? Tal vez no lo digo lo suficiente, no lo sé, pero eres fuerte, inteligente y tan jodidamente hermosa que hace que mi corazón duela. Amé el artículo que escribiste sobre fraternidades y la forma en que necesitan ser controladas. Quiero cargarte y darte vueltas, luego llevarte a casa y a la cama.

Se lo enseñé a cada chico de mi unidad.

Me preguntaste qué han hecho los chicos aquí. Jasper, como sabes, es probablemente mi único amigo. Nos gusta la misma música, disfrutamos de los mismos deportes, y aunque él es del Sur, sabe lo que es tener expectativas sobre ti a causa de tus padres. Se supone que él debe hacerse cargo del negocio familiar cuando regrese, a pesar de su desesperación por quedarse en el ejército. No sé qué terminará haciendo.

La semana pasada tuvimos una actividad de "Escape y evasión". Nos dejaron en medio de la nada, dándonos una locación donde reunirnos, luego nos dejaron correr a través del terreno del desierto mientras los guardabosques y chicos de fuerzas especiales nos cazaban. Por supuesto que nos capturaron, luego nos llevaron a un "campo de concentración" postizo donde nos desnudaron y nos hicieron meternos a agujeros llenos de agua helada. Luego de una hora ahí, la mitad de los chicos estaban desesperados por hablar. El resto de nosotros estábamos demasiado congelados para mover nuestros labios siquiera.

Luego de que eso terminó, nos apilaron en una barricada y nos rodaron un poco, golpeando el exterior de metal con palos, las vibraciones hacían que nuestras cabezas pulsaran con dolor. Fui afortunado de que terminara en eso; Jasper me dijo que su equipo fue atado a cruces y les dieron descargas eléctricas con cables sueltos. Por suerte yo logré escapar antes de que eso comenzara.

Sé que se supone que debo ir a la Embajada en Saigon, pero todavía sigo peleando con uñas y dientes para conseguir un puesto en combate. Aunque tengo miedo de ser capturado de verdad —lo cual sí que parece un destino peor que la muerta— no puedo evitar sentir que yo debería ser enviado junto con todos los demás.

Cristo, acabo de leer esto y suena tan llorón. La mayoría de los días son buenos. Estar en entrenamiento no es tan diferente a estar en la escuela o estudiando pre-medicina. Es sólo el futuro el que hace que los vellos de mis brazos se ericen. Y como te dije antes, voy a regresar a casa, corazón. Regresaré contigo y trabajaremos en nuestro futuro juntos.

¿De acuerdo?

Va a haber una inspección esta noche, así que tengo que despedirme y acomodar mis cosas. Uno de los chicos tiene un viejo radio de transistores y lo está poniendo tan alto como se puede. Nos ayuda a pasar por las largas y solitarias noches, y cuando estoy cantando suavemente al ritmo de The Doors y pensando en tus dulces labios, el tiempo se va incluso más rápido.

Te extraño.

E


Levanta la mano si piensas que Charlie es un padre maravilloso, mira que apoyar así a Bella a pesar de todo. La verdad se ganó mi corazón. Sobre Eric, al menos no murió, debió ser muy duro para él. Y Edward… dios, igual que Bella yo vivo por esas cartas, es tan lindo.

Por ahí me preguntaban que si Edward ya no va a volver a salir ("físicamente") en la historia, claro que va a volver a salir! Si es el protagonista! Volverá a aparecer, y quizá más pronto de lo que esperan ;)

Espero que les haya gustado el cap, gracias por sus comentarios!