Disclaimer: Todos ellos le pertenecen a Cube. Yo sólo juego con sus vidas. La trama es mía.

Pareja: KiWoon (Kikwang & DoonWoon)

Advertencia: Sexo rudo… mentira. OoC.

Canción: Bad Things, by Jace Everett.

Dedicado a: A las "coreanas" que amo :3


Café Bonus

...


Ahora estábamos solos. Al pequeño lo había venido a buscar su madre hacía una hora atrás. En estos momentos Kikwang estaba limpiando la loza, y ordenando todo. Por mi parte me encontraba arreglando nuestro cuarto, hoy él no escaparía.

Me recosté en la cama esperándole. Como el tiempo había cambiado. Y pensar en como casi lo había perdido.

Suspiré.

Kikwang se estaba tardando demasiado.

Me puse de pie, y caminé hacia la cocina. No estaba ahí. Fui a buscarle a la sala de estar y le encontré leyendo un libro.

Me senté frente a él, mirándole con una ceja alzada. Alcé mi dedo índice y bajé un poco el libro. Kikwang posó su mirada en mí. Su cara parecía no saber lo que pasaba.

— ¿Qué sucede, Woonie? —preguntó con un tono de inocencia. Tomé el libro y lo lancé a un rincón de la sala.

Lo tomé del brazo y le hice levantarse al tiempo en que yo lo hacia. Rodeé su cintura con mis brazos y comencé a besarlo con un poco de desesperación. Lo quería ahora, no más tarde ni mañana. Ahora.

Kikwang respondió con la misma intensidad a mis besos. Comencé a dejarle un pequeños camino entre besos y mordidas.

Unos suaves gemidos salían de su boca, a medida que mis manos acariciaban su cuerpo por sobre toda esa molesta tela.

Comencé a desabotonar su camisa, pero sus pálidas manos detuvieron mi trabajo.

— ¿Qué haces? —me preguntó con inocencia fingida. No sabía que diablos estaba pasando por su cabeza.

Pasé un dedo por su mejilla, lentamente. Sentí como su piel se erizó ante el contacto. Acerqué mi rostro lo suficiente, para que nuestro alientos se mezclaran. Y susurré:

—Así que el pequeño Kikwang quiere jugar —me acerqué más, y lamí sus labios. Su rostro se sonrojó y sus ojos adquirieron un brillo diferente —, entonces le enseñaré como jugar.

Lo senté en el sofá, y comencé a rodearlo mientras tocaba su cuerpo en cada vuelta. Sentía su respiración cada vez más fuerte.

—El profesor Woonie debería enseñarme mejor —comentó cuando lo toqué una vez más. Sonreí al comprender su juego. Qué clásico, pero entretenido.

Me detuve frente a él, y recorrí su cuerpo con la mirada. Sentía como el deseo se apoderaba de mi cuerpo completamente, transformándome.

—Te estás mostrando irrespetuoso ante tu profesor, tendré que castigarte —dije antes de besar sus labios con pasión. Mientras tomaba posesión de sus labios, comencé a desabotonar su camisa y arrancársela, para luego tirarla al suelo. Mis hábiles manos recorrían su marcado torso.

Nos separamos. Kikwang miraba mi entrepierna y mi rostro alternando, una sonrisa apareció en su rostro.

Lentamente se acercó a mi intimidad, y con su dedo índice recorrió esta. Un escalofrío subió por mi espalda.

—Profesor Woonie…—una sonrisa torcida se pintó en su rostro —.¿Qué es eso? —preguntó señalando mi apretado bulto.

—Esto —dije tocándome, a lo que él se sonrojo —, es algo que te encanta—terminé sonriéndole.

Kikwang se cruzó de brazos y me miró molesto. Lancé una carcajada.

— ¡Hey! No te salgas del papel —le regañé —.Basta de juegos, te enseñaré como se debe.

Lo tomé del brazo y lo llevé a nuestra habitación, lo recosté en la cama. Y comencé a desvestirme. Me posicioné sobre él, y empecé a besarlo nuevamente, podía sentir como la entrepierna de Kikwang palpitaba de placer al tenerme sobre él. Lentamente quité sus pantalones, sin romper el beso. Tomé con mi diestra su miembro, y sin prisa comencé a estimularlo. Kikwang gemía en mis labios.

—Woonie, hazlo —su tono de voz estaba distorsionado por el placer —, hazlo.

Seguí subiendo y bajando lentamente. Quería jugar.

— ¿Hacer qué? —dejé su miembro, y le miré. Él tan sólo soltó un gemido lastimero. Reí entre dientes.

Tomé nuevamente su miembro con mi diestra, y soplé la punta de su hombría, para luego introducirlo en mi boca. Un gemido incontrolable escapó de la boca de él, al sentir como mi lengua jugaba con la punta, y luego recorría la base sin pudor. Sus dedos se enredan en mis cabellos, y sus gemidos crecían más y más con cada succión. Seguí haciéndole sufrir con mi lengua por un largo rato.

Kikwang jaló de mis cabellos tan fuerte que no terminé mi trabajo, agarró mi rostro y lo acercó al suyo para besarme con desesperación.

—Creo que es mi turno…

Su lengua recorría de la base a la punta, sin descuidar ninguna parte. Kikwang rodeó con su boca mi intimidad, subiendo y bajando con rapidez. Tomé su cabello con ambas manos controlando la velocidad, mordía mis labios para evitar gemir tan fuerte.

Kikwang parecía un experto, su lengua me hacia retorcerme en placer.

Mierda, si no lo frenaba iba a venirme en él.

Le hice separarse, y lamió sus labios mirándome.

—Te necesito ahora—susurró excitado. Lo hice posicionarse, mientras buscaba el lubricante. Apliqué un poco en un dedo, y lo llevé a su entrada.

Kikwang gimió al sentir el frío gel. Introduje mi dedo, y comencé a prepararlo. Sus gemidos eran de dolor y placer mezclados. Y seguí así con el segundo y tercer dígito.

Me puse un lubricante antes de introducir mi miembro en él. Me quedé quieto para que su cuerpo se acostumbrara.

—Hazlo —dijo un excitado Kikwang. Sin esperar más, comencé a adentrarme y salirme con movimientos lentos y suaves.

Nuestros gimoteos de placer se mezclaban. En cada embestida aumentaba un poco más el ritmo.

—Más rápido, Woonie —gimió Kikwang. Tomé su hombro derecho y comencé a penetrarlo con más fuerza y rapidez.

Nuestras respiraciones eran agitadas, Kikwang se mordía los labios. Sus ojos estaban cerrados.

Comencé a incrementar el ritmo a medida que sentía que el final llegaba. Los gemidos de Kikwang crecían y crecían al igual que los míos.

—Woonie —gritó al tener su orgasmo. Unas cosquillas en mi parte baja, y luego me había liberado en él.

Caímos agotados en la mullida cama, Kikwang acercó su rostro al mío y me besó con suavidad.

—Te amo —susurró mirándome. Estiré mi mano a su mejilla y la acaricié. No era necesario que le digiera lo mismo, él lo sabía.

Cerré mis ojos, y Morfeo me llevó con él.

A la mañana siguiente Kikwang trataba de disculparse conmigo. El motivo, es que venía nuevamente su sobrino. Y se suponía que sería el día sólo para nosotros.

Suspiré rendido.

— ¿Perdóname, si? —pestañeó repetida veces.

Entrecerré mis ojos y me rendí ante su mirada.

— ¿A qué hora viene? —pregunté con una idea en mente. Kikwang miró su reloj y dijo que en media hora o menos el pequeño estaría en nuestra casa.

—Entonces tenemos tiempo…—susurré mientras mis labios tomaban posesión de los suyos nuevamente.

...


Jai :B terminé. Espero que les haya gustado y eso. Creo que algunas palabras quedaron fuertes –lapatean- las amo. RR PARA VIVIR, RR PARA ESCRIBIR 1313 3

Perra Alfa.