No soy Stephenie Meyer, no creé "Twilight" ni a ninguno de sus personajes, sólo las ocupo para crear algunas historias que se me ocurren. No lo hago con fin de lucro, aunque si me pagaran sería estupendo.


Porque todo hay que terminarlo con esperanza.

"Todos tenemos un lugar en la vida, es ahí donde seremos felices".

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Capitulo 11: La pura y santa verdad.

Sus músculos se tensaron, sus manos sudaron y las pupilas estaban completamente dilatadas ante aquel hecho de ser descubierta. Su corazón latió más fuerte y más rápido, su estomago se revolvió y un nudo monumental se posó en su garganta logrando que ninguna palabra saliera de sus labios

Estaba total y absolutamente perdida, ya la había encontrado o tal vez la estaba buscando, tal vez ya la había visto o cabía la pequeña probabilidad de que no hubiera sido así. De cualquier forma estaba aterrada.

- ¿Bella, qué sucede? – preguntó una asustada Alice – Bella, estas preocupándome.

- Nada Alice – dijo Bella tratando de sonreír, pero lo único que consiguió fue una mueca torcida - ¿podemos irnos ya? No me siento muy bien.

- Claro vamos – habló la rubia encendiendo el motor, mientras que ambas chicas se subían al carro.

El camino fue en completo silencio, pero ambas chicas se percataron que Bella no estaba para nada bien. Sus manos temblaban ligeramente al igual que su labio inferior, tenía su ceño fruncido y miraba continuamente hacia atrás y hacia su lado de la ventana.

Bella estaba mal, asustada… por su padre, por Jacob, por Edward, por todos los Cullen. Sabía que sus tíos iban a encontrarla, pero jamás pensó que tan rápido y menos en un día como hoy, el día de su cumpleaños; se cumplían exactamente seis años desde que su madre se había ido, seis años que había estado con aquellos tíos que le habían destruido la vida, porque justamente un trece de septiembre, su madre la había dejado en aquel infierno de mierda y ella no había podido hacer nada.

Ahora a sus dieciocho años, volvía a ver a su tío Peter, el muy desgraciado que tantas veces la había golpeado, y aun tenía marcas de aquellos encuentros, eran eso, marcas que la hacían recordar una y otra vez todo lo que había sufrido.

Pero ahora era distinto, no sólo podían herirla a ella, sino también a su padre, a Charlie, también Jake, su mejor amigo, su sol, y por sobre todo a Edward… jamás se perdonaría si le pasara algo, jamás. Porque el le había devuelto la esperanza a su vida, de que tal vez, las cosas podrían ser mejores, que tal vez, ella podría ser feliz. Pero todo se había derrumbado, Peter estaba cerca, y la quería a ella estaba segura ¿para qué? no lo sabía, pero iba a encontrarla.

- Bella ya llegamos – susurró suave Alice.

- Sí, si ya salgo – dijo sobresaltada Bella, mientras que bajaba a trompicones del coche.

- ¿Qué sucede Bella? – preguntó Alice preocupada, se notaba en sus ojos color de miel.

- Nada Alice, nada – le sonrió triste a aquella muchacha que la veía con cariño.

- ¡Amor! – se escuchó una voz a sus espaldas.

- ¡Edward! – dijo lanzándose a sus brazos y besándolo con desesperación. Él al instante respondió como siempre lo hacía y la abrazó con fuerza.

- Ejem, ejem – aquella era la voz de Emmett – enserio Edward, contrólate.

- ¿Cuál es tu maldito problema Emmett? – gruñó Edward separándose de Bella – yo no me quejo cuando tu y Rose hacen de las suyas, ¿por qué te metes en mi vida?

- Es sólo que… - comenzó a secarse lágrimas invisibles – estas creciendo tan rápido – dijo haciendo como si llorara.

- No seas idiota – gruñó el chico. Toda la familia comenzó a reír desde adentro. Emmett siempre hacía lo mismo.

- Está bien, está bien les doy permiso para hacer sus cosillas – sonrió macabramente – sólo, asuman las consecuencias.

- Que-miedo – habló Bella sonriendo desafiante.

- Deberías tenerlo hermanita – sonrió el grandote.

- Bien, bien ayúdanos con las bolsas Emmett – rió Rosalie guiñándole un ojo.

- Claro amor – exclamó el chico tomando todas las bolsas al instante, que no eran menos de veinte.

Ambos entraron a la casa, mientras que eran seguidos por Bella, Alice se quedó afuera y tomó el brazo de Edward que estaba apunto de entrar.

- Habla con Bella – le dijo la pequeña – hoy se puso extraña cuando vio un auto negro a la salida del centro comercial.

- ¿Le pasó algo? – preguntó preocupado.

- No, sólo no habló en todo el camino – susurró Alice – creo que conoce al tipo del coche.

- Hablaré con ella – acordó Edward – gracias por decirme.

- ¿Qué pasa Edward? – preguntó Bella asomando su cabeza por la puerta.

- Nada amor, vamos a dentro tengo que mostrarte algo – sonrió el chico yendo hacia ella y tomando su mano.

- ¿Qué cosa? – preguntó Bella curiosa.

- Ven – la llamó Edward hacia el piano. Ambos se sentaron el taburete y Edward posó sus manos en las teclas del viejo piano. Bella arrugo el ceño pero no dijo nada, él iba a tocar una melodía para ella, y eso la hizo sonreír.

La melodía inundó la casa, haciéndola parecer más cálida de lo que era. Comenzó lento, calmado, incluso se atrevía a decir que era triste, melancólica. Pero casi al instante la melodía comenzó a subir de ritmo, a ser más… acompasada y más… feliz. Las notas salían como si hubieran hecho para estar en aquella canción, salían por si solas y simplemente se dejó llevar por aquel momento de paz.

Edward simplemente sentía la cercanía del cuerpo de su chica, porque era de él, de nadie más. Cerró sus ojos, y se dejó llevar por las notas que sus largos dedos de pianista tocaban sin detenerse a pensar, porque era la canción de Bella, la canción que él había compuesto para ella, pensando en ella y es que era imposible dejar de pensar en Bella, porque todo su mundo giraba a su alrededor, porque el era su satélite y ella su planeta, su sustento, su pedestal, ella era la que no lo dejaba hundirse en aquella miseria que vivía antes de conocerla.

La melodía comenzó a bajar, a irse, a perderse en aquel espacio y eso decía que ya había acabado. Edward abrió sus parpados y de inmediato posó sus ojos en el rostro de Bella que ahora estaba con los ojos cerrados y con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Levantó su mano fría y la posó en su rostro, al instante la chica abrió sus ojos y contempló a aquel ser que estaba a su lado y sonrió, de felicidad, porque él había llegado a cambiar su vida, su existencia y no le importó mostrarse débil ante él, porque era Edward, su otra mitad, aquella que tantas veces había buscado y no había encontrado, ahora estaba sentado a su lado viéndola preocupado por las gruesas lágrimas que caían de sus ojos.

- Estoy bien Edward – habló la chica – es sólo que la melodía es hermosa.

- Me alegró que te haya gustado preciosa – sonrió el chico limpiando aquellas lágrimas.

- ¿De dónde ha salido? – preguntó la chica apoyando su cabeza en el pecho del chico.

- La he compuesto para ti – sonrió con orgullo Edward.

- Pues muchas gracias – dijo la chica sonrojándose – ha estado maravillosa.

Se quedaron en silencio un poco más, simplemente gozando de la tranquilidad de la casa y de las respiraciones acompasadas de cada uno. Y ambos volvieron a sonreír, porque ambos estaban completamente e irrevocablemente enamorados.

- ¿Dónde fueron todos? – preguntó la chica incorporándose para mirar alrededor

- Nos quisieron dar un poco de espacio – dijo el chico levantándose y ofreciendo su mano.

- Ahh… - tartamudeo Bella.

- ¿Me acompañas? – preguntó Edward sonriéndole de lado.

- Claro – dijo la chica un poco aturdida, jamás se acostumbraría a aquella sonrisa - ¿A dónde?

- Vamos a fuera un poco – le dijo Edward saliendo por la puerta – así tendremos más privacidad – dijo guiñándole un ojo.

- ¡Uyy! Bella y Edward sentados en un árbol, besándose, besándose B-E-S-A… - gritó Emmett desde el piso de arriba - ¡Auch! Rose eso duele.

- ¡Cállate Emmett! – gruñó de nuevo Edward caminando tomados de la mano con Bella. La chica sólo rió.

Ambos caminaron por el espeso bosque que tenían en frente, y llegaron rápidamente a un arroyo, así que Bella se sentó ahí y se sacó los zapatos.

- ¿Qué haces? – preguntó Edward sentándose a su lado.

- Mojarme los pies – argumentó la chica.

- Está helada – dijo el chico riendo entre dientes.

- No más que tú – sonrió y metió sus pies en el agua, un escalofrío recorrió su cuerpo y luego comenzó a mover sus pies.

- Eres masoquista – le dijo Edward abrazándola por la espalda

- ¿Por qué? – preguntó la chica

- Estamos en pleno otoño, y ya llegará el invierno y tú así como si nada – dijo Edward apretándola contra si.

- Sí, soy algo masoquista, al igual que tú – le dijo besando su mejilla.

- Tienes razón, ambos somos masoquistas – le dijo besando sus labios tranquilamente.

Se quedaron en silencio disfrutando de aquel beso, jugando un juego peligroso pero no por eso prohibido. Así que simplemente siguieron besándose por tiempo indefinido.

El viento comenzó a correr más fuerte, alborotando el cabello de Bella, y ella rió separándose de aquel chico con la respiración entrecortada. Se estaba haciendo tarde y ella tenía hambre, no había comido en toda la tarde.

- Bella – llamó el chico incorporándose también.

- Dime – contestó Bella arreglándose el cabello

- ¿Qué te pasó hoy en la mañana? – preguntó mirándola fijamente.

Al instante la chica giró bruscamente su mirada y soltó el cabello que tenía en sus manos, se revolvió incómoda y suspiró, Tomó sus zapatillas y se las puso de nuevo, a Edward no podía mentirle.

- ¿Qué fue exactamente lo que te dijo Alice? – preguntó Bella mirándolo sobre sus pestañas.

- Que viste un auto negro y a un tipo acercándose a él – comentó el chico – y que bueno te pusiste tensa y que no hablaste en todo el camino.

- Uhm – dijo la chica pensando en como decir lo que tenía que decir – Edward… el tipo que estaba en el auto, es parte de mi pasado.

- ¿Tú novio? – preguntó Edward haciendo una mueca de desagrado y apretando los puños, simplemente aquella idea lo hacía querer vomitar.

- No ¡Dios no! Él es… - trató de no tartamudear, pero le fue inútil – es mi tío.

- ¿Qué tiene eso de malo? – preguntó el chico claramente más aliviado.

- Él… bueno él, no es muy bueno que digamos – trató de explicar la chica. Al instante las pupilas de Edward se dilataron, sus puños se apretaron con fuerza y miró a Bella tratando de buscar algo que anduviera mal.

- ¿Te… te hizo daño? – preguntó el chico - ¿Qué te hizo Bella?

- Edward… - rogó la chica levantándose del piso y caminando hacia la casa.

- ¿Te hizo daño no? – preguntó tomándola de ambos brazos y encarándola - ¿qué te hizo Bella? Porque voy a matarlo.

- No Edward, no hagas estupideces – trató de decir la chica

- ¿Te tocó? – preguntó el chico hablando entre dientes

- No, él no me tocó en ese sentido – susurró la chica. Edward la apretó contra si y hundió su cabeza en el hueco de su cuello.

- ¿Por qué no me lo dijiste Bella? ¿te golpeó? ¿Te hizo algo más? – dijo tratando de calmarse.

- No es momento de hablar Edward – susurró la chica tratando de que las lágrimas se quedaran en sus ojos y no salieran a flote – te lo diré, hoy, en la noche ¿si?

- Está bien Bella – susurró besando su cuello – quiero toda la verdad.

- Absolutamente toda – susurró la chica.

- Vamos, te llaman a comer – trató de sonreír, pero no funcionó.

- No quiero que estés triste – dijo acariciando la mejilla del chico – menos en mi cumpleaños.

- Tú… ¿tu cumpleaños? – tartamudeo el chico. Entonces Bella se arrepintió de inmediato de haber dicho aquello.

- Sí, pero… no quiero regalos Edward y no le digas a Alice, ella es capaz de hacer una fiesta o algo – rogó la chica.

- ¿Por qué no me dijiste que era tu cumpleaños Bella? No tengo nada que regalarte – dijo revolviéndose el pelo alborotado.

- No quiero que me regales nada Edward, y eso va también para toda tu familia – aclaró la chica tomando su mano – no me gusta que gasten dinero en mi – susurró y comenzó a caminar hacia la casa.

- ¿Y si fuera u objeto usado o antiguo? – preguntó el chico ilusionado.

- Bueno, no tengo prejuicios con aquellos objetos – sonrió Bella, tratando de alivianar el ambiente.

- Bien – dijo Edward sonriendo de oreja a oreja y caminando a su lado.

Caminaron abrazados todo el trayecto que quedaba, y simplemente disfrutaron de tenerse uno al otro. Pronto las luces de la casa se lograron distinguir y la gran entrada de los Cullen, quedó al descubierto, con una Alice algo enojada con los brazos cruzados. Bella tragó mientras las manos le sudaban.

- Edward ¿por qué Alice me mira así? – preguntó Bella arrugando el ceño y tratando de no acercarse tanto a la pequeña.

- Mmh… bueno, ella ya sabe que hoy es tu cumpleaños – susurró el chico también algo asustado.

- ¡No puedo creer que no me hayas dicho que hoy era tu cumpleaños! – chilló la pequeña haciendo morros – no tengo nada para darte, ni tampoco hice una fiesta, soy rápida pero esto requiere de tiempo Bella.

- Alice, relájate – habló la chica – no quiero una fiesta y mucho menos regalos de tu parte, ya hiciste suficiente con el vestido que te costó un ojo de la cara.

- Eso no es un regalo Bella – gimoteo Alice.

- Oye escúchame – dijo Bella tomando el rostro de Alice en sus manos – Hoy es mi cumpleaños sí, pero no es una fecha que me guste recordar ¿si?

Esta bien… - susurró la chica – nada de regalos, ni fiestas.

- Gracias – dijo dándole un beso en la mejilla – ahora vamos a comer, tengo un hambre de muerte.

Los tres entraron en la gran casa, Alice dando saltitos llegó rápidamente a la cocina, mientras que Edward se quedó atrás con el ceño fruncido, apretó un poco los puños viendo como Bella se adentraba en la cocina donde estaba toda su familia – bufó – él no conocía prácticamente nada de Bella, y eso lo ponía de mal humor. Sabía que la amaba, pero quería saberlo todo de ella, para amarla aún más.

Entonces, al entrar a la cocina y ver como todos la felicitaban, se dio cuenta de que quería que llegara aquella noche, porque iba a saber toda la verdad, Bella iba a hablar.

La chica simplemente se limitó a comer su comida italiana, preparada especialmente por Esme, la verdad estaba simplemente deliciosa, entendiendo que ellos no comían aquella comida. Emmett no pudo parar de molestar a Bella en todo el tiempo que estuvieron en familia, él nunca aprendía, mientras que Rosalie lo golpeaba cada tanto por algunas impertinencias que cometía. Alice daba saltitos por doquier, mientras que Jasper intentaba contar anécdotas de la familia, para que Bella explotara de la risa, mientras que Emmett arrugaba el ceño, porque Jasper estaba contando cosas de si vida "privada".

- Para que aprendas Emmett – dijo Edward riéndose con ganas.

- No es justo – lloriqueo el chico – Bella no tenía porque enterarse de eso.

- ¡Oh! Si que tenía que enterarme – rió Bella – no sé como pudiste disfrazarte de Pedro picapiedra y salir corriendo por la carretera pidiendo que te llevaran.

- ¡Era una apuesta! No lo hice por placer – gritó el chico haciendo señas con sus manos.

- Aún así es gracioso – dijo Bella riendo aún más fuerte.

- Ok… dejen a Emmett por un momento – dijo Rosalie entre dientes – como Bella ya terminó de comer ¿por qué no vamos a ver una película?

- Sí, buena idea Rose – chilló la pequeña - ¿cuál quieres ver Bella?

- No lo sé – dijo la chica - ¿Cuáles tienen? – preguntó siguiendo a todos hacia la sala.

Tenemos todas las que quieras – guiñó un ojos a Bella mientras que revoloteaba en busca de las películas. Al final dejó dos montones de películas al frente de Bella.

- Bien, creo que será esta que esta al principio – habló Bella – "El curioso caso de Benjamín Button".

- Buena elección – rió feliz Alice. Se la pasó a Emmett para que la pusiera, el chico apretó PLAY y la película comenzó a andar.

Todos se sentaron cómodamente en los sillones de la habitación, todas las parejas estaban bien abrazadas y sonriendo tontamente, mientras que la película hacía su recorrido.

Cerca de tres horas después la película llegó a su fin, Bella estaba llorando, Emmett y Alice sollozaban y se limpiaban lágrimas invisibles. El primero se levanto y sacó la película del aparato y se sentó de nuevo junto a Alice.

- No puedo creer que estés llorando Emmett – rió Edward y abrazó a Bella más fuerte.

- Es que fue muy triste – dijo sorbiéndose la nariz, por la cual no había rastro de mucosidad.

- No es para tanto, aunque tengo que admitir que es una película muy buena – dijo el chico sonriendo.

- Es hermosa – dijo Bella sollozando.

- ¡Oh Bella! Que sentimental eres – dijo Edward besando una lágrima que caía de la mejilla de la chica.

- ¿Por qué ella puede llorar y yo no? – preguntó emmett

- Porque ella es humana y tú no – dijo Jasper como si fuera lo más obvio.

- Porque ella es chica y tu un macho – dijo Rosalie sonriéndole.

- ¿Estás segura Rose? A estas alturas lo pongo en duda – rió Edward.

- Já, que gracioso – dijo el chico golpeando el brazo de su hermano.

- Dejen ya de pelear chicos – los reprendió Esme - ¿Cuándo es la noche de chicas?

- ¡AHORA! – chilló Alice parándose de suelo y jalando a Bella hacia las escaleras.

- Dijiste que me la prestarías – dijo Edward levantándose y acordándose de la conversación pendiente.

- Más tarde hermanito – rió la chica y subió junto a Esme y Rosalie las escaleras, mientras que una Bella era arrastrada.

Habían pasado exactamente dos horas con cincuenta y cinco minutos y veintiséis segundos, no era que Jasper los estuviera contando, no, bueno en realidad sí, Jasper estaba contando cada segundo que estaba alejando de Alice, mientras que caminaba de un lado a otro de la sala, mientras que Emmett entraba y salía de la casa y mientras que Edward se apretaba en tabique de la nariz sentando en su piano intentando calmarse.

- Jasper, por favor – rogó Edward - ¿quieres tranquilizarte?

- Lo siento Edward – se disculpo el chico – es sólo que no estar con Alice, me pone… ansioso.

- Te entiendo pero por favor, intenta controlarte – pidió Edward – Y Emmett, deja de entrar y salir – gruñó el chico.

- Perdona por querer estar con mi esposa – gruñó también Emmett. Definitivamente no estar con las chicas les hacía mal.

- Sé que quieren estar con Alice y con Rosalie y con Esme, tanto como quiero estar yo con Bella – habló Edward – pero no podemos hacer nada, sólo esperar, seguro que ya están por salir.

- Niños, relájense y háganle caso a Edward – susurró Carlisle que jugaba solitario con las cartas – no es tan terrible.

- Lo mismo dijiste hace veinticinco minutos con cuarenta y ocho segundos – dijo Jasper mirándolo con el ceño fruncido.

- Bien, me rindo – dijo Edward alzando las manos – necesito a Bella.

Los cuatro vampiros salieron disparados escaleras arriba y entraron sin preguntar al cuarto de donde provenían las risas. Encontrando así, a Rosalie arriba de una mesa con un traje rojo y algunas plumas bailando al ritmo de la música, a Alice con la parte de arriba de un sujetador y para bajo unos pantalones anchos con los ojos muy abiertos mirado la puerta por donde los cuatro chicos habían entrado.

Esme estaba en la cama con las piernas cruzadas con los labios muy rojos, una sombra muy oscura y un vestido muy apretado color blanco, mirando avergonzada a su marido. Y por último, pero no menos importante, a una Bella con un sujetador negro, una mini falda ajustada morada, bailando sensualmente junto a Rosalie, pero a diferencia de ella, Bella estaba en el piso creyéndose una pantera.

Las quijadas de las cuatro vampiros cayeron unos cuentos centímetros. El primer paso lo dio Emmett que miraba fijamente a Rosalie.

- Amor, puedo explicarlo – dijo Rosalie bajando ágilmente de la mesa, mientras que Bella se incorporaba y se tapaba con una blusa que estaba tirada en el suelo, totalmente ruborizada.

- Rose – susurró el chico – no quiero explicaciones, quiero acción – sonrió el chico, tomó a la chica en brazos y desaparecieron. Nadie preguntó a donde iban.

La sala quedó en completo silencio mientras que Esme se incorporaba y se quedaba al lado de Bella, ambas demasiado avergonzadas.

- Bueno, creo que yo ya hice mi trabajo – dijo Alice tirándose a los brazos de Jasper.

- ¿De… de… de que hablas? – tartamudeó Carlisle.

- Vamos Carlisle – dijo dándole un empujón con el brazo libre – no seas soso.

- ¿Alice? – susurró Jasper mirándola.

- Vamos Jazz… creo que necesitan privacidad – rió la chica, mientras que al igual que la primera pareja salía de la habitación.

- Mmhh… Carlisle – llamó Esme – creo que es mejor dejar solos a Edward y a Bella.

- Ajá, es decir sí, vamos – dijo saliendo atrás de Esme con los ojos fijos en su cuerpo.

Al final solamente quedaron la pareja afortunada, Edward y Bella, el primero aún sorprendido cerró la puerta y se dio vuelta a mirar a la chica, que aún estaba roja como un tomate y se tapaba lo que más podía con aquella blusa.

- Edward… - susurró Bella, pero no tubo tiempo porque Edward ya estaba saboreando sus labios desesperadamente, al instante soltó la blusa que la cubría y se dejó llevar por el calor que estaba sintiendo.

- Bella… - gimió el chico mientras que caían a la cama.

Edward la tomó por la cintura y la acomodó debajo de si mismo, aguantó su peso y continuó besándola con desesperación. Posó una de sus manos en el muslo de la chica y comenzó a acariciarlo con cuidado, subía y bajaba sin parar, logrando hacer una danza tortuosa para la chica. Ella tomó el cabello rebelde del chico entre sus manos, mientras que las piernas las envolvía en la cintura de su acompañante. Edward comenzó a bajar por el cuello de la chica, haciéndola suspirar entrecortadamente, bajó lentamente mientras que mordisqueaba y besaba con locura aquel cuerpo.

Rápidamente llegó al escote del sujetador y se quedó ahí saboreando con cuidado. Bella lanzó su cabeza hacia atrás y gimió con desesperación, simplemente la estaba volviendo loca. El chico levanto un poco su cuerpo para poder seguir bajando por aquel manjar que tenía en frente, bajó por sus pechos, su abdomen plano, su ombligo, hasta llegar a su falda, se saltó toda esa parte que cubría aquella prenda y acarició sus piernas, sus muslos mientras miraba fijamente cada expresión de placer que lograba hacer Bella.

Siguió bajando más hasta llegar a sus tobillos, los besó y mordió con cuidado, fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba descalza y sonrió, iba a ser toda suya, ahora, aquí, porque la deseaba.

Entonces, volvió a besar aquellos labios carnosos con más cuidado, mientras que sus grandes manos masajeaban su vientre llegando así hacia sus pechos, pasó sus manos por la espalda de la chica y la incorporó apegándola más a él, desabrochó la prenda y la sacó totalmente del cuerpo de Bella, que volvió a sonrojarse. Miró con deleite el cuerpo de la chica y sonrió macabramente, era toda para él. Se lanzó como una fiera a esos pechos que lo llamaban con furia, los apretó, estrujó, saboreó, besó y mordió con desesperación, mientras que Bella gemía ante tal placer, su mente se había nublado y lo único que sentía eran aquella caricias que Edward le estaba proporcionando, volvió a encorvar su espalda y gimoteó el nombre de Edward.

- Edward, por favor – rogó la chica, posando sus manos en el pecho de Edward, entonces abrió los ojos y se dio cuenta de que el chico ya no llevaba su camisa, la había arrancado y ahora la estaba mirando con las pupilas dilatadas y los ojos completamente negros, nublados por el placer.

- ¿Qué quieres Bella? – preguntó el chico mostrando sus dientes blancos formando una sonrisa salvaje – Lo que quieras, lo tendrás – susurró cerca de su oído y lo mordió, arrancando un gemido por parte de su acompañante.

- Hazme tuya Edward – dijo la chica en susurros.

Era todo lo que Edward necesitaba. Se incorporó y se sacó los zapatos rápidamente mirando fijamente a Bella, luego desabrochó su pantalón y lo sacó a tirones de su cuerpo, entonces volvió a cubrir el cuerpo de la chica con el suyo y volvió a besarla.

Bajó hasta la falda que traía aquella noche y la desgarró con sus dedos largos, saboreando cada hilo que era desprendido y mirando con deleite la desesperación que el rostro de Bella demostraba. Disfrutó sádicamente como Bella le rogaba que continuara, pero él no lo hizo, simplemente la miró y corrió despacio las pequeñas bragas que cubrían aquel manjar. "Será tuya, solamente tuya" susurró una vocecilla en su cabeza.

Respiró profundamente el oxigeno de la habitación, logrando que el aroma de Bella inundara sus sentidos, cerró los ojos y sonrió macabramente. Abrió los ojos y volvió a atacar los labios de su victima. Iba a jugar con ella, sólo un poco. "Tómala, toma su sangre y disfruta" volvió a decir aquella voz, bajó por su quijada hasta llegar a su cuello y volvió a respirar, "Absorbe el olor que desprende, apuesto que su sangre es aún mejor".

Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando, ¿qué mierda estaba haciendo? ¿Qué mierda estaba haciendo? Se hecho para atrás unos cuantos centímetros y Bella lo malinterpretó, porque invirtió las posiciones quedando ella encima de aquel vampiro sediento de sangre.

- Bella… - susurró el chico intentando que la chica se detuviera. Pero él, ya no tenía fuerzas.

- Shh… - lo calló Bella, mientras que lo besaba.

Acarició sin pudor aquel pecho y beso con desesperación el cuerpo de Edward, besó su cuello y la manzana de Adán, mientras que Edward simplemente agarraba las sabanas desgarrándolas. La chica bajó por el pecho, lamió y mordió los pezones del chico, logrando arrancar gemidos de su boca. Edward echó su cabeza hacia atrás y tuvo que abrir más su boca para que el oxigeno que no necesitaba, pero que ahora era necesario pasara más rápidamente a sus muertos pulmones.

Bella siguió bajando con rapidez y experiencia que no tenía, lamió el ombligo del chico metiendo su lengua adentro y afuera, logrando una fricción perfecta y un gruñido de parte de Edward, que simplemente estaba volviéndose loco, y sentía como un calor que jamás había sentido se expandiera por todo su cuerpo.

- Bella, por favor – rogó el chico mirándola fijamente con la respiración entrecortada.

- Dime Edward – sonrió la chica.

- Puedes… por favor – trató de decir, pero fue inútil.

- ¿Qué cosa? – preguntó la chica inocente pasando una de sus manos por el duro miembro de su acompañante.

- ¡Ahh! Bella, ya sabes… por favor – gimoteo el chico revolviéndose incómodo.

- Dímelo Edward – susurró cerca de su oído – lo que quieras, lo tendrás – dijo repitiendo las mismas palabras de hace un rato, dichas por Edward.

- Puedes… puedes tocarlo por favor – dijo Edward, tratando de sonar lo más sutil posible, sabiendo que no había forma sutil de decir "Bella, quiero que me lo chupes".

- ¿Esto? – preguntó la chica rozando nuevamente el miembro erecto del joven, que aún estaba prisionero en su ropa interior.

- ¡OH Bella! Sí, por favor – rogó el chico apretando con fuerza las sabanas.

La chica removió con cuidado la tela que cubría la erección del chico, deslizándola suavemente por sus piernas hasta ser lanzada por alguna parte de la habitación. Se incorporó un poco y posó su lengua por el miembro erecto y Edward gimió ante el contacto, saboreó como su fuera un perfecto dulce aquella parte de su anatomía y luego posó una de sus manos en él, Edward jadeó sonoramente ante el tacto tibio. Bella, comenzó a deslizar su mano arriba y abajo, arriba y abajo, mientras que Edward gemía ante tal placer.

- Bella… más… más fuerte – pidió Edward mientras que cerraba fuertemente los ojos.

La chica sonrió, y miró en toda su extensión el cuerpo de Edward, él era simplemente perfecto y volvió a sonreír al ver todo el placer, que ella, y nadie más le estaba dando al chico.

- Joder Bella, ya no puedo – rugió Edward mientras que se abalanzaba sobre la chica. La tomó por la cintura y la dejo debajo de él. Separó las piernas de Bella e introdujo uno de sus largos dedos dentro de ella.

- Edward – gimió la chica.

- Me puedes Bella, te juro que me puedes – le dijo mientras besaba sus labios, al tiempo que introducía otro dedo.

- ¡Oh Dios! – gritó la chica aforrándose a la ancha espalda de Edward.

- ¿Qué sientes Bella? – le preguntó el chico besando sus cuello. Mientras que metía un tercer dedo en la entrepierna de la chica y hacía una fricción deliciosa.

- Placer – gimió Bella enterrando las uñas en la piel de granito de su acompañante. El chico rió entre dientes y la vio a los ojos.

- Esto – dijo el chico acentuando la fricción – no es nada – sonrió viendo como Bella se venía en su mano.

- Edward – volvió a gimotear la chica.

- Te amo – susurró el chico en su oído mientras que se introducía dentro de Bella.

Se quedaron en silencio algunos segundos, mientras que Bella se acostumbraba a aquel intruso. La chica jadeó y fue entonces cuando Edward se dio cuenta de que era tiempo de continuar.

Se comenzó a mover lento dentro de la chica, adentro y afuera, adentro y afuera, pausadamente. Sintiendo cada fricción con la cavidad.

- Bella, eres tan deliciosa – jadeó Edward acentuando el paso.

- Edward… te amo – susurró la chica mientras que su espalda se encorvaba.

- Y yo a ti, yo a ti – dijo besándola con amor.

Volvió a remeter contra ella, pero con más fuerza y cada vez más rápido. Sacó las manos de la cintura de la chica y se sostuvo del colchón enterrando su boca en él y mordiendo con desesperación, mientras que los labios de Bella quedaban justo a la altura de su oído y así escuchaba cada gemido que la chica articulaba.

- Más… Edward – rogó la chica moviendo sus caderas.

Y él lo hizo más rápido, porque era su esclavo, porque lo que ella quería lo conseguiría.

- Edward – gimió la chica mientras que llegaba al clímax y se dejaba caer pesadamente en la cama.

- Aún no he terminado contigo – le susurró el chico mientras que de un rápido movimiento el se sentaba en la cama con ella encima, logrando así, una mayor penetración, la chica gimió de placer y movió sus caderas.

Edward se recostó y abrió sus ojos para ver aquel cuerpo que tenía encima, la miró fijamente, mientras la chica se movía encima de él con su ayuda, ella también lo miró mientras que se venía nuevamente gritando su nombre.

Entonces cerró los ojos, y sintió aquel orgasmo que hace tiempo quería sentir con ella, lo azotó con fuerza gruñendo con furia y cayendo rendido a la cama. Mientras que Bella caía encima de él.

- Eso fue… - trató de decir la chica pero Edward la interrumpió.

- Eso lo fue todo – susurró besando la cabeza de la chica, mientras que le acariciaba la espalda.

Se quedaron en silencio controlando sus respiraciones, y Edward volvió a acariciar el cuerpo de la chica, entonces se sobresaltó.

- ¿Qué sucede? – preguntó la chica incorporándose para verlo a la cara.

- ¿Qué es esto? – preguntó con la mandíbula tensa.

- ¿Qué… qué cosa? – preguntó.

- Estas marcas – susurró el chico pasando sus dedos por la espalda – ¿él te las hizo no?

- Ah… eso – suspiró la chica – ¿recién te diste cuenta? – preguntó riendo tristemente.

- Creo que estaba muy ocupado antes – sonrió el chico preocupado - ¿él fue?

Bella se incorporó y se tapó el cuerpo con lo que quedaba de sabanas, arrugó el ceño y miró a Edward, él sólo le sonrió.

- No quiero que cambies el tema – continuó él – te hice una pregunta – dijo tapándose de la cintura para abajo y mirando a Bella fijamente.

- Mis tíos son una familia muy poderosos en Phoenix, tienes mucho dinero, una gran mansión, hasta tienen guardaespaldas – dijo riendo entre dientes - Con mi tía no me llevaba muy bien, de hecho siempre me trataba mal, me gritaba y pasaba castigándome, era el lado contrario a mi madre, aunque ella también me dejó en aquella casa de locos. Ella se separó de Charlie y se fue a vivir conmigo a Phoenix, después de un tiempo conoció a otro tipo y se fue con él, dejándome a mi a cargo de mis tíos, ni siquiera se dignó a dejarme con mi padre – dijo mirando hacia la ventana.

- Si no quieren hablar está bien – susurró Edward abrazándola y dejándola a su lado.

- No, quiero que lo sepas – sonrió la chica

"Pasé cinco años con esa horrible familia, pasando muchas cosa malas, nunca había tenido el valor para irme de esa casa por miedo a que le hicieran algo a Charlie, me mantenía en contacto con el, muy pocas veces, ambos somos de pocas palabras, pero no era lo mismo. Mi tío nunca se fijaba en mí, nunca me hablaba, me saludaba o se despedía, era como si yo… simplemente no existiera. Sin embargo, cuando el tomaba, era como si dejara de ser un fantasma y simplemente me golpeara hasta el cansancio, yo no soy muy fuerte – dijo riendo sin ganas. Al tiempo que Edward apretaba los puños y gruñía.

El punto es que un día me decidí de abandonar todo, dejarlos y escapar. No sabía donde ir y la única familia que tenía era Charlie, mi padre. Así que decidí pelearme con el por teléfono cosa que ellos pensaran de que yo jamás me iría con él, lo creyeron así que escapé. Así pasé estos meses, escondiéndome de ellos, hasta hoy."

- Por ello te pusiste tan mal – susurró el chico abrazándola con fuerza.

- Exacto, mi tío era el del auto – dijo tiritando – él me encontró, y si no es así, está por encontrarme.

- Tranquila amor, jamás dejaré que vuelva a tocarte – habló Edward besando su frente.

- Tengo miedo Edward – sollozó la chica

- No serías humana si no lo tuvieras – dijo el chico

- No por mi – susurró – por Charlie, por Jake, por mis amigos en la Puch, por ti y tu familia

- No seas tontuela Bella – dijo riendo bajito - ¿Recuerdas que nosotros somos vampiros?

- Lo sé pero… - trató de hablar

- Nada de peros sabemos cuidarnos solos, además Jake – dijo escupiendo la última palabra – no es tan indefenso como crees y bueno a Charlie lo podemos cuidar nosotros.

- No es tan fácil – dijo Bella mirándolo a los ojos – ellos son capaces de hacer lo que sea.

- Y nosotros también por las personas que amamos – susurró besándola en los labios. Suspiró cansinamente.

- ¿Qué pasa? – preguntó bostezando

- Fue buena forma para matar la pasión – dijo riendo.

- Ya tendremos más tiempo - dijo cerrando los ojos.

- Toda una vida – susurró el chico acomodándola entre sus brazos.

- Preferiría una eternidad – susurró adormilada.

- Lo que tu quieras, mi Bella – susurro Edward acunándola y cantando el nana que horas antes había tocado para ella.

Entonces, él se hizo una promesa, jamás dejaría que nadie más la tocara. Bella iba a ser feliz, mientras el existiera.


¡Hola gente hermosa! ¿cómo han estado? espero que de lo más bien. Tengo que pedir disculpas por subir tan luego, pero es que no me aguanté las ganas de subir esta capítulo, donde la parte más o menos HOT no la planie, de hecho, sólo iban a conversar, pero ya ven... las cosas cambian. Es mi primer Lemmon, no sé como me quedó así que ustedes jusguen, espero sus review's, porque ya saben que los necesito más que nada.

NOTA: Tengo una nueva historia que se llama "Alma en un sofá" así que el que quiera que se pase, está en mi profile y espero sus review's también en esa historia. Todos son vampiros.