Capítulo 10: Toda acción tiene una reacción
Aquella mañana se había despertado mucho más temprano de lo usual. Durante la noche no había tenido otra cosa, más que extraños sueños en los que se encontraba abrazando a su ex estudiante, aparentemente sin razón alguna.
Y maldijo en voz baja al darse cuenta de que se había vuelto realidad. Aquella mañana, abrazaba el delicado cuerpo de su ex estudiante y ella parecía cómoda al respecto. Incluso, cada vez que se movía, sentía que se acomodaba más y más dentro de su abrazo, haciéndolo cada vez más apretado.
Podía sentir a la chica, en partes en las que ni siquiera esperaba llegar a tener contacto alguno.
Y para su mala suerte, separarse no parecía posible.
¿Por qué lo había hecho en primer lugar?
Hermione se movía. Soltarla violentamente parecía una pésima idea en ese momento.
Se dio la vuelta en lo que pensó, sería un saludo como cualquier otro, para darse cuenta de que se encontraba bajo los brazos de su ex profesor de pociones. Se sonrojó tan violentamente, que él ni tuvo tiempo de proferir algún quejido. La sensación viajó a través de su cuerpo, como una descarga eléctrica de cuestiones de segundo.
- Buenos días… - no supo si sonreír, la observó debatir al respecto. Iba a resultar fácil adivinar lo que haría. Iba a sonreír puesto que ese sentimiento de amor hacia él, afloraría de cualquier modo.
Y sonrió, tal como esperaba. Y se sintió tan relajante como ya sabía que se sentía.
- Buenos días…
- ¿Por qué estamos abrazados, profesor? ¿Acaso hay algo más que haya olvidado?
El amor. Pero no creía conveniente decírselo, menos él. No después de todo lo que había hecho en ese pasado tan terrible.
No tenía respuesta para eso.
- Tuvo pesadillas durante la noche y usted sabe muy bien que parece ser la única forma de detenerlo.
- ¿De verdad? No recordaba haber tenido pesadillas. Pero creo que debo confiar en su palabra, como últimamente no recuerdo nada. Y algo en mi interior me dice que debería creer en lo que dice. Que usted no me mentiría en algo como eso.
¡Oh! Pero sí que había mentido…
Antes. Y también ahora.
Separarse fue un momento incómodo, mirándola mientras se encontraba boca arriba y todavía sonriendo mientras la miraba con todo su peso recargado en uno de sus codos y en una de sus rodillas, consciente de que debía ponerse en pie, pero como si todo su cuerpo se encontrara de pronto paralizado y sus ojos totalmente fijos sobre el rostro de su estudiante en la cama.
Bendito sentimiento de amor por el que tenía que hacer maromas para ignorar. Esos terribles deseos de besarla.
"Sólo es una sensación proyectada. Nada de lo que experimentas es real".
- Quizá le parezca extraño, profesor Snape, pero tengo una rara sensación.
No. Para nada extraño.
- ¿Sensación, señorita Granger?
- Sí. Es algo que no puedo explicar. Sé que no tiene sentido pero… - guardó silencio y se ruborizó en un par de segundos, en lo que el hombre soltaba un pequeño quejido de dolor. – Es como si sintiera que está bien estar así. Como si quisiera quedarme así.
- Entonces quédese.
- Con usted.
- Como quiera, me sentaré en cualquier parte hasta que se le pase…
- Aquí… ahora.
Guardó silencio mientras un nuevo sentimiento, bullía en su interior. No era el mismo calor abrasador de siempre, ese que sentía que era capaz de matarlo. Todo lo contrario, un agradable calor que le hacía sentir muy reconfortado. Y mucho más, al sentir una de sus manos sobre su rostro.
- Qué extraño, pero sin duda que quiero hacer esto… - dijo en voz baja, mientras continuaba sonriendo y delineando los prominentes huesos de su rostro, bajo su delgadez.
- Señorita Granger…
Sus dedos se acercaban a terrenos peligrosos. Sus labios. Como si fuera ciega de repente, había comenzado a trazar la curvatura de sus labios, con suma delicadeza.
- No recuerdo la mitad de mi vida, pero hay algo con respecto a usted que por más esfuerzo que haga, no termino de entender. Tengo extraños pensamientos mezclados. Días en los que fue muy cruel conmigo, pero es como si realmente no me importara en lo absoluto. Y no sé por qué.
- Podría entonces pensar en eso, mientras yo…
Pero se vio obligado a guardar silencio, al sentir un par de labios sobre los suyos. Jamás había experimentado una sensación así. Pensó que dolería por todas las emociones juntas y los lazos que él y Hermione compartían, pero no fue así. Se sentía completo otra vez o quizá era la primera vez que lo sentía, pero no quería volver atrás ahora que lo había experimentado por fin.
Ya ni siquiera era dueño de sus actos, tampoco de su cuerpo. Así como imanes, muy pronto se sintió atraído hacia sus labios y sucumbió a sus brazos, alrededor de su cuello, absorbiéndolo en un muy apretado abrazo.
Estaba mal, sí. ¿Quería detenerse? No
Y le asustaba pensar en eso.
¿Cómo deshacerse de emociones tan fuertes? ¿Cómo revertir tan difícil situación? Antes de cometer un terrible error.
En eso pensaba, al momento de sentir las delicadas manos de su ex estudiante deslizándose por toda su espalda. Parecía mentira, pero el maestro del auto control había necesitado de mucho esfuerzo para volver en sí.
- Señorita Granger… - dijo entre sus labios, suavemente. – Creo que es suficiente. – sostuvo sus manos con delicadeza, apartándola de sí con lentitud. - ¿Por qué no pensamos un poco en las cosas? Recién ayer logró recordar un poco más y lo mejor será que no nos apresuremos. Piénselo.
No quería que pensara que la rechazaba, temía a su reacción y lo que sus sentimientos podían provocar. Esos sentimientos no le pertenecían y mientras más intactos estuvieran y mejor regresaran a su dueño, más seguro se iba a sentir.
Aunque tenía un cierto temor de ayudarle a recordar, la razón por la cual lo odiaba.
No quería ni pensar en la reacción que tendría en cuanto lo supiera.
- Lo siento… soy una tonta…
- Está bien, señorita Granger.
Ni siquiera quería lidiar con los sentimientos de arrepentimiento, que seguro estaban por comenzar muy pronto.
