Pececito Muriendo

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Él iba pensando en la increíble tarde sin igual al lado de Hinata mientras regresaba del hospital, su cuerpo estaba al máximo, tenía náuseas y los pies lo torturaban, faltaba poco para llegar a su casa pero con esa lluvia congelándolo sentía que se podía desmayar en cualquier momento. Por lo que sucedería dejó de recordar esa tarde que le llenaba de sonrisas y a su amiguito también (ingle).

Las nubes lloraban cuál adolescente con ojos de cocodrilos australiano: con una fingida furia y empatía constante llena de truenos y rayos que se descargaban con libre albedrío hacia árboles, personas con mala suerte, planicies vacías y patios. No obstante, un oportuno "mal cálculo" del rayo en medio de la aflicción del Namikaze...

—Lo que me faltaba… Que el cielo se encaprichara con los imbéciles que no traen paraguas y estén a punto de que los músculos estallen por el cansanc… —alegaba el joven cubriéndose con su chaqueta naranja.

Hubo un silencio devastador después del relámpago y su detección de chakras (negativos en mayor parte) se activó… ¡Crank! Escarmentó el cielo a metros del joven, ahora sí enojado con el tonto que lo desafiaba, éste quedó tirado viendo luces y sintiendo gotas penetrándole las retinas, algunas entraban a su boca con un sabor raro, era un sordo-ciego que irónicamente tenía conciencia de su existencia por esas gotas tibias que caían a su rostro, y pequeños impactos contra su pecho, el resto del cuerpo no lo sentía en lo más mínimo, pronto cayó en que no podía mover nada excepto los párpados pero esto era inútil ya que no es como si su ceguera hubiera cesado, comenzó a desesperarse ya que comenzó a maquinar la idea de quedarse paralítico, sordo y ciego. Intentaba con fuerzas que solo radicaban en su mente, y nada, eran desérticos sus movimientos.

Un rayo lo alcanzó y dejó inerte en vida. Su finita vida había llegado al fin antes de tiempo… Comenzó a experimentar sustancias cerebrales anómalas y ver imágenes de lo que vivió en microsegundos y borrándose para siempre llevando consigo mucha felicidad obsoleta al fin y al cabo, solo era su mente liberando espacio para preservar su existencia, la última batalla sin siquiera saberlo, su estado más rústico y básico perdurando por unos minutos y se fue, sus previas miles de horas de grabación de imágenes le dieron una reconfortante pintura de sí mismo sonriendo, era su reflejo en ojos, espejos, vidrios y el agua, dejándole entender que lo único importante era él, si después de tanto tiempo se sentía de acuerdo en mayor parte a sus decisiones y vivía un día más era razón suficiente para valorar su vida (pero no satisfactoria), no tenía remordimientos, enojos, ni descontentos más allá de creer que murió antes de tiempo… El tiempo era relativo a nada… No tenía certeza de poder respirar y pelearse con cielos lluviosos y vagamente lo hacía. Su supuesta alma se desprendió de un movimiento y vio a la gente rodeándolo como si de un muerto se tratase aunque el rostro del difunto no era claro… Tal vez porque nunca vio su propia cara además de un reflejo, era indefendible ver su rostro en tercera persona bajo esta idea.

— ¿Na-a-aruto-kun? —habló la ojos perla preocupada en el eco de sus tímpanos.

Tras esa voz parecía que todo había sido un sueño o por el estilo, su cuerpo sintió un abrupto susto que lo despertó. Miraba el rostro de ella asustado, ella con su mano posando sobre su frente y la otra estaba limpiándole el resto de la cara, ella hablaba con voz temblorosa o eso aparentaba sus labios, él tenía todo en orden, no sentía dolor más allá del de su tratamiento… Trago una bocanada de aire levantándose lenta y torpemente de la onda explosiva que lanzó el rayo, aceptando el regaño y dibujó una sonrisa tremendamente solemne... ¿Por qué sintió todo eso? ¿Por qué el rayo no le dio en la cabeza para dejarlo cómo costal de papas y terminar con todo?, en cambio sólo le dejó un acúfeno horrible por el estruendo y esa loca epifanía ¿acaso era el presagio de algo? A decir verdad no tenía cabeza para analizarlo y solo abrió sus oídos para entender el llamado de la Hyuga, su muerte instantánea parecía más cómoda que caminar con peso de más por el agua hasta su departamento. Su actitud errática lo hizo silenciar su cabeza por un momento, no se sentía, era como un módulo de pensamientos, como si su cerebro procesara sin filtros de salud o dolor y comprensión de la realidad, solo cavilaba en un poso vacío. En otras palabras, solo estaba desorientado intentando aparentar la situación como normal, para él y los demás.

Hinata lo tomó por la espalda y lo restableció parándolo, entendiendo que estaba desubicado, una vez de pie se retiró rápidamente por el paraguas que dejó tirado al ver el colapso del rubio metros delante de ella hace un momento, una vez lo tomó se acercaba a él cuando…

El cielo inconforme por la inconformidad del idiota le mandó otro disgustante impacto a centímetros de su débil cuerpo ¡Crankkk! Este parecía ser peor ya que no lo escuchó totalmente, Naruto no lo soportó y cayó justamente a donde el rayo impacto dejando un orificio caliente, no sabía diferenciar entre sangre o agua brotando de su oído y nariz, deseaba estar muerto realmente, ¿a quién le caía dos veces un rayo en menos de un minuto…?

Nota del autor: te sorprendería a cuantos…

Hinata estaba sorprendida con el paraguas entre manos sin moverse y quién no… Su calma se asomó a sus hombros cuando pasados los minutos escuchaba maldecir a todo pulmón al joven y este a su vez ya que no escuchaba un carajo e intentaba golpear a alguien con esas patadas sin sentido y manotazos…

Su manto de Kyūbise formó con un aura de odio y maldiciones lanzando pequeñas Bijūdama al cielo con malicia y liberación, el cielo parecía tratar de combatirlo, pero esta vez no tenía como hacer frente a ese poder con demasía de odio, zumbidos y explosiones lejanas repercutieron y destruyeron todas las nubes existentes sobre Konoha. Hinata sentada en el suelo con la vista alzada testigo muda al igual que todos viendo al joven Uzumaki agujereando el cielo estaban con la boca abierta. Por pedazos pasaba el sol y a otros caía la sombría o pomposa agua (depende del ánimo).

Naruto estaba más que exhausto y desolado en su mirada, en su mente no le importaba el rayo, soló los efectos. Hinata junto a los hombros de los dos aldeanos que se prestaron ante la necesidad llevaron al hiperactivo ninja hasta su departamento, sujetándolo por la espalda baja como precaución al delicado cuerpo lleno de energía incesante y medicamentos, Hinata estaba preocupada por su estado de los rayos, ella ignoraba el otro… Y algunos de sus pelos chamuscados no eran principales llevaderos de buenos prospectos, no sólo su cabellos dorados, sus cejas, la cara la tenía de vagabundo sucia o quemada sus prendas estaban hechas jirones y oscuras desprendiendo un olor demacrado a pan quemado, él o la ropa. Hinata de ojos perlados preguntó a Naruto distintas cosas mientras caminaba al paso de los dos hombres, y este respondió bien, trató de ver alguna anomalía o trauma con sus ojos de estirpe Hyuga y parecía estar bien, no había señal de algún daño y él a pesar de las súplicas de Hinata de ojos perlados, no… Esa fue su respuesta, no pensaba ir al hospital… De ninguna forma, entre los tres trataron de convencerlo;

—Si me responden esto voy. —A continuación, explico la paradoja de Pinocho (Si pinocho dice: Me va a crecer la nariz ¿Qué pasa? Tener en cuenta que si le crece la nariz estaba diciendo la verdad.

Hinata de voz dulce sabía que decir, pero por su previo conocimiento y a quien le gustaría que lo contradigan después de que dos rayos te caigan, así que dijo junto con los otros dos, que no sabían la respuesta.

Carlo Collodi y Enrico Mazzanti (literato e ilustrador de la obra) saldrían de su tumbas o le pedirían a Disney que te demandaran por andar preguntando tonterías —contestó Hinata luego de pensárselo un poco.

Todos llegaron luego de atravesar los rayos y lluvias ligeras del camino, que conforme el tiempo pasaba desaparecían más, y más los remantes de las nubes.

Naruto solo veía su cuerpo levantado entre dos pilares a su derecha e izquierda pronto reaccionó a las palabras de Hinata de ojos perlados respondiendo de alguna manera bien, como si su inconsciente fuera su ayuda o alguien ajeno a él en su auxilio, aunque entendía todo, parecía sentirse desorientado, tal vez era el precio de gastar su energía al máximo después del tratamiento y destruyendo el 90% de esa nube espesa y malhumorada, quizás y no sabía cómo mejorar.

Estaba a merced de quedarse dormido para siempre sin notarlo, tal y como añoraba, pero su supuesto ayudante incluso le daba risa a él, y esas personas ayudándolo, Hinata con una seguridad demoledora le hablaba, el ambiente incómodo y aquellas paredes tristes de la sala, su cansancio a pesar de ser inhumano sentía que podía poseerlo un poco de tiempo más, la maldad de su inconsciente y su supuesta locura perecieron con la plática de Karin llena de sarcasmo y más que todo, hormonas femeninas, el recuerdo de aquella tarde con Hinata y el aprecio que lo amordazaba por encima de cualquier dolor y consciencia de ese momento que ella emanaba en esos labios discretos, en sus palabras, su auténtico y tan humano rubor, se sentía bien alrededor de ella… Quiénes de manera usual le dan una catarsis a su mente y como si de magia pagana se tratara encontraba ideas agradables en su propia mente, no se apegaba a la idea de caer en vacíos irracionales pero ahí estaba con una media sonrisa y cansancio por debajo de sus prendas. Luego de la tortuosa tarea de soportar sus brazos y que no fueran desprendidos por el peso de sí mismo hasta la puerta de madera roja y vieja de su próximo antiguo departamento, preguntaban por su llave y entre su vista deteriorada por sus párpados cerrándose involuntariamente, mocos succionados indefinidamente señaló su bolsillo derecho con los ojos, apenas pronunciando:

—Bolsa derecha... Para hacerlo rápido, el dinero está debajo del colchón… —comentó con una sonrisa satisfactoria.

¡CLINK! Se abrió la puerta, curiosamente ese día reparó su tierra santa sin saber que más personas lo visitarían y casi todo olía flores excepto él. Este detalle solucionó lo siguiente.

Dieron algunas zancadas y cerraron aparentemente la puerta la cual se cerró de manera estrepitosa, causándole un acúfeno repugnante pero soportable, o eso escuchó, tambaleando lo condujeron hacia su acogedora cama, pero le dio náusea sentirse bien y tapó velozmente su boca dirigiéndose con ayuda de las paredes al baño.

—Esperamos se mejore y siga las indicaciones de la señorita Hyuga, ¡vaya al hospital Naruto-san!

—Es cierto Naruto-san, vaya al hospital o llame a un médico que sería más útil después de notar su estado, no deseam… —replicaba el otro a su amigo, con tonos empáticos y sinceros.

—GRACIAS POR TRAERME MUCHACHOS DATTEB…. —Y vomitó de la manera más ruidosa que se le permitió—, PERO… ESTARÉ BIEN, POR FAVOR REGRESEN A SUS HOGARES Y GUARDEN ESTE TERRIBLE ESTADO QUE MANTENGO, EN SECRETO, ES DETESTABLE Y NADA FAVORECEDOR PARA LAS CHICAS, ¿NO ES ASÍ HINATA? —vomitó de nuevo…

—TIENES RAZÓN… Naruto-kun…

Este pobre enfermo hacía ruidos desagradables chocando entre paredes del baño hasta los tres parados en suspenso, ellos cerrando los ojos y haciendo muecas como si algo les doliera también, el Namikaze era un planta creadora de esporas regurgitativas a los presentes con cada exhalo, que no daba más que lástima escucharlo, pero una parte de ellos se sentía bien por no ser los primeros en ver la muerte del Ninja Hiperactivo, eso sí sería algo lastimero, que hubiera muerto en esa desolada calle de la aldea, no era algo digno para alguien como él. La muerte por alguna razón a los dos llenos de testosterona le parecía que debía ser recordada como una historia, debía dejar una lección viendo desde una perspectiva algo objetiva y de cierta manera dándole sentido y luz a un hecho irreparable, sobrevalorado, pero que cuando es de alguien cercano no se ha llegado al punto en donde la mayoría de personas lo vea como un hecho cotidiano, como si también le importara bañarse y sufriera por cada gota que se desliza por sus pieles, no, este hecho de desaparecer a pesar de ser tan cotidiano aún hay misticismo por la tremenda ignorancia, ya que no hay pruebas contundentes del ¿Qué pasará después?, de esta manera no hay seguidor del plano desconocido que tenga miedo como el de un no creyente y a menos que cualquier idea fuera de libros sagrados salte a la realidad y la aplaste, las personas no podrán dormir tranquilas sabiendo que un ser amado ha dejado su vacío. Por efecto y causa las personas tendrán miedo al arte de morir.

Hinata de ojos dulces y algo entristecidos sin sentido, era de esta parte de la población, alguien que simplemente amaba mucho a su Rubio que no había pensado en la posibilidad de perderlo y menos de una manera poco ortodoxa y rápida como la de hace rato, aunque esto no pasó y eso le da el irracionalismo, probablemente se sentiría mal, demasiado mal como para salir a ver el cielo, o comer, cómo no, puede que solo le arda y no pase a más. Evitó este tema a quemarropa y pensó en apurarse con su plan.

—Ya nos retiramos Naruto-san, ¿Desea algo antes de irse?

—NO… LES AGRADEZCO, Y POR TRAERME. DÍGANME CUÁLES SON SUS NOMBRES, LES ASEGURO QUE LOS RECOMPENSARÉ DATTEBAYO.

—Sora y Takeshi, señor… Pero no se preocupe por recompensarnos, el bien es en sí solo, una recompensa de saber que somos útiles.

—Me gusta cómo hablas, debes de ser alguien confiable, pero, por favor no me llamen señor… No soy una persona de formalidades. Aguarden un momento antes de irse, necesito ver sus rostros…

La puerta próxima para cerrarse se detuvo. El mozo levantó cada una de sus piernas con ayuda de sus brazos temblorosos y estos se ayudaron del lavamanos, una vez de pie irguió su torso completo girando levemente su cadera hacia los lados cuando esta hizo un tronido exhaló con tranquilidad, encendió la llave entre un rechinido, mojándose el rostro que desprendía un color negro en el agua, humedeció una de sus manos y la colocó suave sobre su frente y eso parecía que detuvo sus náuseas, era su método más efectivo, después del de saber que había una chica que quería impresionar escuchándolo y viéndolo en un estado luctuoso.

—Ya estoy aquí. —Con un ánimo frágil apareció al marco de la puerta.

Hinata de ojos perlados y él se vieron con ojos saltones y tal vez sorprendidos por un segundo, de seguro era porque imaginó que la vería al lado de los otros dos o afuera de la puerta, sin embargo, era más probable que la tierra fuera plana a que ella se fuera sin siquiera despedirse, ella estaba preocupada y él lo notaba, así que se patentó un deseo para calmar la curiosidad incandescente de sus ojos.

—Lo tengo muchachos, mañana a primera hora los busco ttebayo.

Ambos satisfechos jovenzuelos de la nación del fuego se retiraron con una reverencia, Naruto la devolvió con un poco de dolor y dejaron colgando de un hilo la sala del Uzumaki, este se rompió.

— ¿Quisieras sentarte, vástiga del árbol Hyuga y angelical salvadora de mi aciago destino? —Y extendió su mano hacia la cama.

Las palabras del Namikaze la abrumaron, e hizo una especie de mohín enarcando ambas cejas y riéndose para sus adentros, aceptando a su vez con sus manos juntas encima de sus pechos, no sabía que preguntar, pero quería hacer algo para ayudar.

Reposo Uzumaki sobre su lecho de sábanas donde residía Hinata Hyuga de ojos brillantes también, ella lo observaba llamándolo por su nombre para decirle algo discreto y pérfido de un inmortal olímpico…

— ¿Por qué describes lo que haces y de esa manera, Naruto-kun?

—En medio de ese silencio en el ponto agitado y aquella nave cóncava bailando de allá para acá —dijo el rubio con una sonrisa de oreja a oreja, pensando un poco—. No sabía cómo decir eso mejor, ah, tal vez: navegando entre las olas del poderoso viento enviado desde la benevolencia del gran Poseidón, habló irritada la diosa Hyuga de ojos brillantes: ¿Por qué describes lo que haces y de esa manera? ¿Acaso no te ha sobrevenido el coraje y puestas las palabras locuaces tal como a tu padre de los dioses que viven para siempre?

Hinata no podía contener la risa y ante tal rareza de él qué se supondría debía hacer. Este dibujaba quien sabe qué con sus manos mientras recitaba algún fragmento de un canto de La Odisea, más bien intentaba replicar uno. Hinata fue sorprendida por la magia de su propia advenediza astucia.

—Estaré bien. Supongo que la única razón por la que te quedaste fué por ver mi ridícula actuación allá afuera ttebayo. —Y señaló por fuera de la ventana haciendo una mueca de vergüenza.

Desapareció casi toda su aura burlona en un instante.

— ¿Sólo la de allá afuera? —preguntó ella.

—Está bien, aquí me comporté un poco extraño dattebayo

— ¿Y ahora qué acaba de pasar? con tus relatos prehistóricos…

— ¡Ah! ¿Eso? Una prueba de que sería un buen literato, ¿no crees?

—Tomando en cuenta que plagiaste sin escrúpulos a La Odisea, o algún relato sobre los dioses griegos, sí, serías un muy buen cavernícola narrando hazañas.

—Vamos… Debes aceptar que soy bueno, aunque sea en algo ttebayo, sé que tu corazón acongojado sin mermar me dará la dicha de escuchar de tus mesurados labios que soy un excelente literato.

—Te diste cuenta… —moviendo su cuerpo algo incómoda en la cama.

—Incluso el de la cóncava cueva se habría fijado —hizo una pausa sin quitar ojos y manos de la mirada de Hinata—. De la rareza funesta de tus ojos color tristeza… Yeah…

— ¿Es en serio?

—Sí, ahora soy rapero dattebayo.

—No. Que si era obvia mi cara… —inquirió ella mordiéndose un labio.

—Un poco, sí —destrabó sus cruzados brazos el rubio.

—La he estado leyendo últimamente, consideré oportuno y desconcertante tu ánimo que un poco de rareza en mayor parte y entre más alucinada quedaras, no tendrías tiempo para pensar en mi estado. Por lo mismo se te pasaría y hablaríamos como si yo estuviera común y tonto como siempre y no me verías con lástima —dijo bajando su tono de voz por su cabeza en desnivel.

—Naruto-kun… Tú… —replicó ella con su alma rebosando de ternura.

Ya que él parecía un niño regañado después de hacer algo bueno realmente.

—Bueno, sigues siendo el mismo tontito de siempre —aseveró ella levantando con sutileza la barbilla áspera y chamuscada de él.

El ninja rayo, pero no por su feroz velocidad, levantó su rostro ante las caricias de su amiga, dándole un abrazo repentino.

—Hinata ¿Por qué eres tan buena conmigo? —preguntó entre el hombro aún petrificado de ella—, Discúlpame, pero algo en mí me hizo abrazarte estúpidamente ttebayo—mencionó al alejarse de ella bruscamente por esa acción perpetrada por su propio miedo, ya que en ella se sentía bien, con tal sólo estar cerca.

Sintiendo su aroma y la textura de sus prendas, tal vez la estructura de su cuerpo, quién sabe, él sentía a esa mujer reconstruyéndolo por dentro con la que se podía dejar actuar con crápula. Y contarle casi todo y la preocupación de ella, le daba un sentimiento bonito dentro de sí mismo, su afecto le llenaba su encauce, la paz.

Ella lo veía más asustada que cuando lo vio tirado en la calle. Y ahora en una falta de ética de ella, o más bien, una actitud nihilista ante sus principios más básicos de la distancia y el trato que le daba a él. Ella abalanzó su cuerpo entero estrechándolo en sus brazos, todo su sistema nervioso y muscular estaba en frenesí, se sintió valiente al hacerlo y le gustaba sentirse así de segura y sin importar qué sintió, se colocaba esa mascara envuelta en una Hinata diferente, se sentía irradiante, ella también tenía un poco de miedo pero así ambos se reconfortaban, aunque era una confusión de ambos, ya que los dos buscaban el amparo en el otro. ¿Quién daba el amparo? Ambos podrían jurar sentirse llenos de un aura que el otro emanaba, ¿Pero quién lo hacía realmente?, ellos estaban vacíos, ellos se sumían en auras desoladas y salían de allí cuando estaban unidos, como esto era posible, si de ninguno venia el apoyo ¿Sus corazones se encendían de la nada?

El rubio correspondió rápidamente a su amiga, y entre ese abrazo devocionario Hinata dijo:

—En respuesta a tu afirmación, No… Mi razón para seguir aquí sólo es llevarme el dinero de tu colchón. —Afirmó con una media sonrisa, y se separó del joven viéndolo al rostro.

Sus ojos luna, miraban sus dedos chocándose entre sí, y su risita tierna floreció desde sus adentros moviendo su torso con la fuerza de sus pulmones que hacían saltar a sus pomposos pechos de arriba abajo, arriba a…

Entendió por su propia instantánea astucia y por la poca decoloración de parte de Naruto sobre su plan, qué, tal vez manteniendo el ambiente que él aparentemente gustaba, el de fingir que nada pasaba, no se sentiría tan inútil o necesitado de ayuda, su ego oculto se mostraba a momentos y brotaba en esos particulares momentos donde él podía necesitar o si mejoraba el término acompañarse de alguien solidario, lo curioso era que no lo hacía con pequeñeces, sino cuando en serio estaba mal, a Hinata que no podía entender la gravedad de la enfermedad y el narcisismo del joven por derrotarla, le pareció una cuestión sin significado, que ella también ignoraba esto era parte del rompecabezas esotérico.

De regreso con las ideas que abordaban la mente de Hinata, él se enfocaba en mantener un supuesto tono cómico en sus palabras, y esta era tal vez su mejor idea a efectuar seguido de las otras…

—Además, no creo que sea ridículo Naruto-kun. Es más, si pudiera hacerlo y estuviera en tu, y aclaro no es penosa, situación y teniendo magnífico poder hubiera arremetido hasta con los que me observaran como si un perro callejero fuera —espetó con una pequeña rabia, poniéndose de pie.

— ¿Cómo ella supo que yo pensé que era penoso? —se preguntó extrañado—. O sea que no piensas que necesitas ayudarme en este estado "penoso" —replicó con sus ataques psicológicos, cruzando sus manos. Que de alguna manera de miles y miles de combinaciones de pensamientos y palabras estas encajaron estrambóticamente.

—Claro que no, sólo me mantengo aquí, y contradiciendo a tu idea de que estoy aquí para ayudarte, porque después de dos rayos impactando contra tu cabeza ya imaginas a personas… La real Hinata se fue junto con los otros dos aldeanos, incluso se despidió de ti… —cubrió su boca con ambas manos sorprendida y dijo: —Oh los efectos fueron severos eh.

El joven que no se lo creía, porque era mentira ¿no? Pensó en una jugada ingeniosa.

—Entonces ¿no te molestará que yo te bese? ¿O sí? —preguntó el rubio acercándose peligrosamente al rostro de ella.

Hinata quien guardó sus emociones aflorando de manera estrepitosa al exterior mantuvo su misma postura de desdén hacia el rostro de él, siguiendo con sus ojos el trayecto que dibujaba con su rostro próximo al de ella, fue una tarea increíblemente compleja y que por esos pocos segundos deseó tomarlo de sus cabellos descoloridos y besarlo apasionadamente, pero no, su broma lo ameritaba.

—Recuerda que ya lo acordamos… Nada de besos. Si sólo intentas engañarme lo acepto.

Este se sorprendió ante la no inmutación de ella, al darse cuenta de que ella lo seguía viendo con rostro de "te lo dije estúpido" sólo atinó a una mejilla ruborizada de ella, su mar de ideas abismales no le dejó notar la vibración del cuerpo de Hinata ante ese toque de amor. Su cabeza atolondrada se agudizó y comenzó a sentir dolor o miedo por recaer en tan pocas horas en su detestable fobia al desconocimiento de sí mismo.

—No… Te creo... No…, No… En serio estoy loco —sujeto sus pelos al punto de arrancar un par, lastimado y furioso—, ¡MIERDA! —vociferaba potentemente—. El PUTO CÁNCER Y AHORA ESTOY LOCO OFICIALMENTE. ¿¡QUÉ MIERDA PASA!?

Hinata de ojos luna quien se reía se dio cuenta que dijo: "Cáncer" literalmente y aunque no quería imaginario él clamó: "El cáncer y ahora estoy loco" lo sensato era que tenía cánc…

—Hey, hey. Era una broma Naruto, en realidad estoy aquí. —tomó la mano enardecida del joven y la colocó sobre su propio rostro —. Ves, soy real, estoy aquí contigo —ella empezó a sudar frío por esas ideas que maquinaba su mente y preguntó temerosa…—. ¿Tienes cáncer?

Este tipo asustado por no saber si estaba loco o no, se planteó en un escenario en donde si decía la verdad y era la realidad se metería en problemas, no estaba seguro por qué, tal vez por su relación… en donde aparentemente no se ocultaban las cosas y eran como cualquier par de amigos que se contaban lo que fuera, pero parecía menos complicado seguir ocultando eso, sí algo odiaría en el futuro y no tenía la menor intención de adelantar los niveles, era que sintieran lastima por su estado.

Restregándose un poco el rostro y más específicamente sus ojos algo llorosos, paró de caminar y enfrentó a Hinata, si era una ilusión no tendría problemas con mentir, pero ¿qué era? Verdad o falso.

—Tenías que pagármela ttebayo ¿no crees? —su respiración era sonora y algo incómoda ¿Se creería eso?

Ella con un rostro asustado dijo: —Ah… Sí caí. Vete a bañar… Yo te cocinaré algo, supongo que tienes hambre —avisó la Hyuga con un rostro un poco pálido (más de lo habitual), su mirada estaba un poco perdida.

Ante los ojos del Namikaze tal vez pensaba, se creía lo que él dijo o algo más.

— ¿Vas a cocinarme? Oh… Bueno eso sí que será nuevo ttebayo… —y sus facciones se deterioraron de golpe—. Aunque me muero por probar algo, no necesitas hacer algo como eso Hinata.

—Si te digo que no tengo nada mejor que hacer y que tu supuesta caballerosidad es tan falsa, ¿me dejaría cocinarte?

—Es en serio Hinata, no debes preocuparte por mí, sé que a menudo estoy bromeando, esta no es una de esas veces. No puedo sentir que sólo te utilizo. No es correcto —serio el Uzumaki rascándose una ceja.

—Vaya. Tú te ves bastante mal, sé también que no puedes hacer mucho ya que hace rato no pudiste ponerte de pie y dos hombres que piensas recompensar te trajeron, así que no te hagas el rudo y acepta mi ayuda, aprecio tu preocupación por mí, pero, ya hallarás la manera de recompensarme. Después de todo ¿Qué no es eso lo que hacen los amigos? —y le sonrió pícara la Uzumaki…

Sabía que él no bromeaba, pero… Su amor por ese hombre de ramen le bastaba para ser suya, pero con esa nueva personalidad a flote claro que le cobraría los favores y vaya si no lo había hecho ya.

— ¡Muero por probar lo que SEA QUE VAYAS A PREPARAR DATTEBAYO! —gritaba alejándose de Hinata y entrando a su cuarto.

El joven abanto se quitaba los zapatos lo más rápido que pudo y se sacó el resto de prendas. El dolor parecía dispersado ¿Por dónde? Por ahí, el hilo roto de la habitación fue reemplazado muy rápido. Por sus respuestas parece que si se había creído su cuento y hasta le dio nada de importancia. Menos mal.

Él se terminó de bañar y salió curioso a la cocina y creía sentir un sabor en su paladar, llegando de sus fosas nasales.

—-No sé qué sea pero huele muy bien…

—Tu sentido del olfato está algo averiado, sólo es tu comida favorita envuelta en agua hervida y unos pocos minutos.

—Oh no, esto es de Ichiraku, ¿Pero cómo? ¿Fuiste a comprarlo Hinata, cuánto te debo?

Ella sólo sonrió extendiendo su mano hacia la mesa, luego tomó una silla volteándola por el respaldo, se sentó con sus piernas abiertas rodeando el respaldo bajo, al frente de él, imperativa, sin inmutar su sonrisa. Al verlo incómodo se deslizó un poco hacia atrás, quitando a su vez la sonrisa maquiavélica, dándole un respiro.

—Te tardas más que cualquier mujer que conozca al bañarse, en fin. Tú disfrútalo. Ahora ¿Por qué mencionaste lo del cáncer? —demandó con su tétrica sonrisa en pie.

Esas palabras le incomodaron su gustoso plato de ramen, otra vez, contestando lo más certero que pudo:

—EH, ¿sigues con eso…? Bueno es que tengo cáncer. —Con miedo recordó el por qué los ojos de ella eran grisáceos—, Por favor no me revises con tus ojos Hyuga… Jajajá. Nunca antes tomaste en serio mis bromas, ¿Qué cambió?

—Quizá tu sudor en la frente, que cuando lo dijiste estabas atormentado por el enojo, que me pides que no te revise con mis ojos cuando nadie lo menciona, o que tú mismo tomaste en serio tu propia broma, ¿Hace qué? Una o dos horas.

—No me tardé tanto, no exageres. I, erre, o, ene, i, a, repite conmigo por favor.

Tal vez estaba algo agitada y por eso pensaba de sobra se imaginó.

—Tienes razón, discúlpame, fui algo tonta al decirlo, es que vi algo cuando te revisaba después del rayo y lo que dijiste creo que terminó por asustarme —Sacudió sus manos por encima de su cabeza

—Ironía, vamos dilo ttebayo —comentó con su mano derecha hecha puño con una imaginaria batuta.

Ella sólo torcía de alguna manera sus ojos ignorándolo.

—En fin ¿Te gusta? Ni siquiera le has dado una probada, no dejes que mis tonterías te engatusen y quiten tu fuerte hambre, de eso sí me di cuenta cuando te revisaba.

Aparentemente había ignorado dos veces esa lucecita de alerta impregnada al lado de su corazón latente por él y aliviaba al Namikaze por un rato. Al término de comer, él se recostó en el respaldo de su silla arqueó su cabeza suspirando cansado.

—Hey Hinata ¿Dónde estás? —gritó en la misma posición por todas las paredes de su departamento.

Ella apareció de un brinco frente a su rostro moreno y dijo con entusiasmo:

—Hey tú guapo… Aquí estoy.

— ¿Quién yo? —preguntó él extrañado.

Hinata de ojos perlados asintió con la cabeza y comenzó acariciando los cabellos dorados de él, lo ásperos que se sentían le recordó para qué se quedó.

—De no ser por tus pelos maltratados. Vamos a ver si puedo hacer algo con ellos… —respondió guiñándole un ojo.

Sacó sus tijeras, una bata que colocó al joven tras un sonido como de zipper entre sus hombros, unos peines de él mismo y comenzó a cortarle el cabello, no era una estilista profesional pero no iba a dejarle el pelo feo, o eso esperaba.

—Sé que la época ya pasó pero lo que importa es un nuevo comienzo. Sin importar las fechas ¿no crees?

Nota del Autor: En algún mes, abril-mayo o algo así se cortan el pelo para nuevas oportunidades, de trabajo o académicas, sin importar si las tienes o no, es como un buen agüero. (En Japón)

—Vaya que es cierto que los peluqueros no pueden dedicarse exclusivamente a cortar el pelo ¿no crees? —indagó junto a su dattebayo esquemático al final de sus diálogos—, Era ironía por si no lo notaste princesa del sarcasmo, soy bueno y te ayudo a entender las reglas de este juego.

—Un chiste deja de serlo cuando se repite incansablemente durante un tiempo corto.

—No si ese chiste se burla de ti incansablemente por un tiempo corto ttebayo.

¡SLINK! ¡SLASH! ¡SLINK! ¡SLASH! Se dejaba escuchar en la habitación y risitas caricaturescas, de cierto modo el masculino se cubría las retinas con sus parpados a la espera de que esto cambiara el método de la Hyuga y que terminara tal y como lo prometió:

—Te aseguro que te dejaré menos feo de lo que ya estás, sí se puede claro. ¿Tienes gorras o sombreros cierto? —preguntó girando su cabeza casi recostada en su propio hombro y tomando pocos de pelos cafés, entre sus dedos delgados y suaves.

—Seee… Sigue ttebayo… —manifestó con una especie de éxtasis en sus palabras.

—Sucio… Sabes qué, hasta aquí lo dejamos.

—No… No, me malentendiste, tus dedos dan buenos masajes, en mi pelo. —Tomó la mano de la chica y acarició un poco sus dedos—, Ves son muy tiernos y tienes unas yemas cargadas con suavidad pura, sé que parezco perro mendigando tus caricias pero eres muy buena… Es eso datteba… ¿Qué? Creíste que yo estaba, por favor no soy así ttebayo y lo sabes. O sea me atraes bastante en ese sentido, lo sabes, pero no a todas horas, o sea… ¿Me entiendes cierto?

—Sigues siendo sucio. No lo olvides —con un rostro de desdén recitó de sus labios carnosos y que el rubio moría por rozar de nuevo—. Regresando a tus quejas de niño, sí entiendo tu humor malo claro, es un milagro pero, ya me disculpé por eso Naruto-kun, ¿O lo que hago ahora no es prueba suficiente? Es que en serio pareces un buen actor, me engañaste muy lindo —después del cumplido venía el golpe, literal...

—Ah sí lo que digas, pero ya veremos dentro de unos minutos si no te seguirá agradando mi lado "sucio".

Hinata se ruborizó lo suficiente ya que sabía que contra toda su libidinosidad natural del cuerpo no podía hacer frente, en el fondo o tal vez no tanto, ansiaba que él la acorralara hasta el punto de los, LOS, orgasmos, uno tras otro y terminar sudados y cansados sin duda, comenzaba a recordar con más veneración su primera noche llena de pasión. Sin embargo no justamente ese día que estaba mal y debía descansar, por menos satisfactorio que fuera, ese día sólo sería su amiga.

Y el joven alentado a la felicidad, ignoró su broma y se estableció a la realidad, articulando: — ¿En serio?, es decir, te dije que soy bueno en algo, y que mejor que tú lo diga… — ¡PLANK! Golpeó la Hyuga.

— ¡AUU! ¿Qué fue eso?

—Te hago un favor "pelos chamuscados", por mí, te puedo dejar con este pelo peor que al principio y me voy a descansar tranquila. También que te quede claro, no me gustan los pervertidos… Y no soy cualquiera, no creas que por lo que atravesamos puedes referirte a mis deseos como simplemente derogados por tu hombría, no eres menester ahí.

—Vamos, no te molestes ttebayo estaba bromeando, a menos que tú quieras lo contrario.

Su mirada asesina le hizo aceptar con la cabeza: —Entiendo, discúlpame. —E hizo una especie de cerrado en su boca con sus dedos.

—Es que a veces hay que enseñarles a los machos como tú quiénes son las que realmente mandan, no crees muñeco de pruebas, ¡Perdón! Naruto-kun. Además de esto puede terminar como empezó, no lo olvides...

—Discúlpame, en serio no quiero que esto termine tan rápido. Quizás podría recompensarte…

— ¿Acaso no ves tu estado?, la profundidad y el frío de la noche se asomará y no puedo llegar tarde a mi casa tantas veces. En serio que eres cada vez un insolente niño a pasos agigantados.

—Ya no se hable más entonces… No sabía que eras tan cómica HINATA"-CHAN", ¡de haberlo sabido antes! Créeme, te lo hubiera pedido antes.

— ¿Qué me hubieras pedido? —contestó parando de lleno sus manos y el tenue sonido de la tijera que ambientaba la sala, al irse sólo enardeció al silencio.

Ella lo miraba con atención por el reflejo del espejo, él sentía sus ojos lunas penetrantes además de que también estos lo miraban directamente, y sí, estaba en el hito.

—Nada dattebayo, no sé, ya me pusiste nervioso ttebayo

—Yo sólo cortaba tu pelo Naruto-kun —atendió a decir Hinata de ojos dulces, sin saber cómo había mantenido su postura y retomó el corte dejando de verlo penetrante.

—Sí y eso me pone ttebayo más nervioso aún dattebayo. Pues nada, me gustas…

Hinata se quedó anonada tras esa declaración que lo único que pudo hacer claro fue parar para no cortarle el cuero cabelludo o la yugular, nadie lo sabría.

—Oye, oye, no es lo que crees dattebayo… O sea tal vez, Pero lo que decía era qué. MMM. Me gustas mucho, gusta perdón, la forma en que hablas y me cortas el pelo y eso ttebayo. —Su yo interno se golpeaba la frente una y otra vez, ¿Por qué no habló claro, por qué dijo tantas tonterías?

Ella sólo se imaginó unos minutos antes sin saber esa información, no fue fácil pero a diferencia de él salieron palabras más retóricas, cualquier cosa tenía sentido ante esa caterva de afirmaciones de él realmente. Sabía que esas palabras no se le olvidarían por largo rato y las atesoraría después.

—Oye tranquilo, tengo novio…

— ¿Que tú qué?

—No te preocupes, él mide cerca de 2 metros, estuvo en Afganistán, es altruista por defecto y es de una familia súper prestigiosa de Gales, tal vez lo conozcas, es el duque de Sussex.

—JAJAJA, muy graciosa eh, ves, eso me agrada… Nunca te había conocido haciendo bromas así, no sé si sólo conmigo, o tú eres así. No me he dado la oportunidad de conocerte y eso me agrada ttebayo. —Comentó más sereno, no quería utilizar otra palabra que no fuera "agrada", temía a las consecuencias.

Ella sabía muy bien a lo que él se refería, pero ella tampoco se había dado una respuesta concreta la verdad de por qué se comportaba de esa manera, últimamente intentaba ser un poco más graciosa, en mayor parte frente a él y parecía tan natural, al menos una persona lo veía así y eso no sabía si estaba bien, ¿Era un espejo?

Y también si decidía mantener ambos papeles debía der cuidadosa con no ser muy obvia, aunque esto de mantener el papel sonaba más a una de esas bromas que se estaba acostumbrando a hacerle y no tanto de llegar a él. Si este chico decía que le gustaba así y ella se la pasaba de maravilla ¿Qué habría que cambiar?

—Y sabes qué, dile a ese tu tal novio que te cumpla. Ya que muy hombrecito y todo pero tienes que recurrir a un amigo que satisfaga tu feminidad —dijo el abanto con una risa entre dientes.

Ella no respondió, dedicándose a estrujar con algo de fuerza la cabeza del rubio únicamente.

— ¡Oye!

Este desesperado e impulsivo no soportó más y se levantó bruscamente de la silla, firme ante ella.

— ¿Qué te sucede a ti ahora?

—Nada, tú quieres que tengamos sexo ¿o me equivocó ttebayo?

—Obviamente estás…

Comenzó a besar el cuello de ella repentinamente, de una sola mordida se lanzó a sus orejas y su cuello bañado en aroma vainilla exquisito, Hinata se sentía tan bien que lo que hizo fue apartarlo de tirón.

— ¿No entiendes que no podemos hacer nada de eso en tu estado actual? ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

—Es que lo siento en tu respiración, en tu forma de hablar, la manera desabrida con la que sueltas tus palabras, los movimientos faltos de brillantez y estresados que tienes. Necesitamos esto…

—Te dejaré hacérmelo cuantas veces nos dé un día porque tienes razón, pero aquí soy yo la que tiene que ser la adulta. Estás muy mal, creamos una adicción en tan poco tiempo pero no te preocupes, lo soportarás unos días, en lo que te repones.

—Está bien…

El joven tenía un rostro molesto, pero ella tenía razón. Incluso iría con Donnie, para que la dejara con un dolor de piernas dentro de unos días de las innumerables veces que la embestiría por esas nalgas redondas y llenas de bienquerencia pasional absurda, hasta entonces necesitaba reposar y dedicarse a sus cosas… De alguna manera se sentía libre y fuera del espacio-tiempo cuando tenían sexo desenfrenado con esa igual de pervertida y caliente chica. —Cállate, concéntrate en descansar ttebayo —escarmentó a sí mismo.

— ¿Podrías terminar de cortarme el pelo Hinata-chan? Por favor. —Su rostro dimitió, aceptando uno más sereno, prueba de esto le dio un muy sutil beso en la mejilla a Hinata—, Aconsejo que tomes tus pastillas ya que será un milagro que no te embarace ttebayo—dirigió su boca susurrando al oído que mordió tortuosamente despacio.

Ella luego de empujarlo lentamente ya que esa lujuria de sus cuerpos, desnuda, irrestricta, le azotó sus áreas erógenas y sacudiendo su cabeza para salir del trance, sonrió, a la nada y a él, por ese muy parecido amor binario, no quería ilusionarse pero eso no lo hacían amigos cualquiera, lo de ellos parecía más especial, su rocambolesca situación de sexo parecía que no afectaba en mucho, era constante pero no importante. Y ahí estaba, ilusionándose.

— ¿Por qué siempre eres tan pervertido conmigo?

— Porque a ti te gusta demasiado. Pero no creas, sólo estoy hablando, entendí tus "quejas". —Haciendo comillas con sus manos—, Esto fue lo mejor que me pudo pasar contigo Hinata.

—Ya siéntate. Te terminaré de cortar el pelo Naruto-kun.

Te lo dije Hinata. Deja de ilusionarte, él sólo te ve como una chica con la que tiene sexo de manera espléndida —se repitió a sí misma.

—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.—.

¡PLANK!

Unos chillidos se escucharon fuera del departamento, alguien se quejaba…

— ¡Cállense, mierda!

Se escuchaba un balbuceo que de seguro era pena transformada a palabras más recias que lo aparente. Al parecer una vieja de un departamento arriba se había caído y lloraba desconsoladamente en vez de levantarse.

Naruto estaba un poco confundido, por qué estaba tirado en el suelo babeado, ¿Había pasado la noche allí tirado? De pronto el resto de sus recuerdos regresó de golpe. ¡Hinata! ¿Qué había pasado con ella?, levantó su pesado cuerpo torpe y rígido, le dolía la espalda de manera inimaginable o al menos imaginable para él, así que se recostó en una de las paredes respirando agitado, golpeó su rostro y meditó por unos segundos…

Ella terminó de cortarle el pelo, hablaron muy brevemente y se fue sin más, pero ¿Por qué estaba en el suelo? ¿Dónde estaba cuando ella se fue? luego de pensárselo un rato, recordó que unos minutos antes que se fuera, se dirigió al baño a lavarse el pelo, entrelazó sus dedos y separó quitando el mayor restante de cabellos posibles, se vio desde varios ángulos en el espejo y le parecía que le quedaba bien ese recorte bastante claro, como si su rostro se hubiera hecho más blanco, estaba a no más de un par de centímetros de largo, su largos pelos quedaron en el pasado, de ahora en adelante se lo cortaría así ya que lo hacía parecer más adulto.

—Me gustó como lo dejaste ttebayo.

—Eso me da gusto Naruto-kun.

Hinata de ojos dulces le acomodó la cama y él se acostó sin pasar muchos segundos antes de colectar una demarcación proveída de unos labios sedosos en su frente junto a las palabras, "Descansa joven pervertido".

Siguiendo la línea de tiempo, escuchó el portazo final después de pasitos livianos y acomedidos por la sala.

¿¡Cuándo llegó al suelo!? Si se durmió, era sonámbulo o…

Llenos de legaña, y muy pesados párpados le impedían la vista clara, aun así observaba minuciosamente el suelo en busca de pelo amarillo o en su defecto uno tostado y café, negro, lo que fuera, el problema es que no había nada tirado… Vio por la ventana y el oscuro de las nubes, esta vez sin formas o figuras para Naruto, le hizo preguntarse qué día era y no lo recordó, indagó en busca de platos sucios, las sillas, peines, tijeras, lo que fuera pero o no estaban afuera o estaban tal y como los dejó el día de su quimioterapia en la mañana. Cómo tenía el pelo, eso tenía que ser…

Disponía de sus músculos a verse en el espejo pero estaba completamente vacío, él y su ex hogar, su espalda se estaba deslizando por la madera hasta que su cadera llegó al suelo de tirón, sus piernas flaquearon sin pedir permiso. No sabía decir si lo que recordaba era cierto ¿Hinata estuvo ahí luego de que los otros se fueron? ¿En realidad la ilusión le decía la verdad?

—JAJAJAJAJAJÁ.

¡COF! ¡COF…! Tosió.

—Mierda.

Comió tanto ramen, durmió incontables horas, su deseo por ser ordenado siempre terminaba mal, momentos tontos de cantos en el baño, las fotos de su niñez, roedores asustándolo, ideas sensacionales, pláticas con la luna, sueños extraños, su caja de toallas húmedas casi terminadas y la crema al lado junto a otra vacía. Cuando todo ahí parecía no tener vida.

—JAJAJAJAJÁ...

Todo en un silencio por el vacío inexplicable, la magia de sus cosas terminaba como empezaba; sólo en su mente.

Esporádicamente nacieron rostros a todas esas cosas, tal vez estaba tan cansado que lucía como un drogadicto tirado en el suelo sonriendo como tonto después de una dosis, pero recordaba lo que sintió vivamente sin un gramo de barbitúricos, lo hermoso y trágico, miraba melancólicamente como sus años pasaron por cada pared, bisagras, puertas y ventanas, su pasado estaba ahí, inmaculado, aunque era un lugar casi fulminado guardaba hermosos momentos de toda su vida. ¿Era cierto todo esto? Porque parecía que no, ¿Y si el rayo de verdad le afectó el cerebro? Pero cómo llegó a su casa si estaba tirado en la calle sin auxilio, o nunca estuvo en ninguna calle. ¿Cómo sabía que fue a su quimioterapia? Si ni siquiera sabe qué día transcurre.

Él estaba sentado escupiendo el aire con demasía y reía al sentir esas punzadas de sus músculos adoloridos, por alguna razón se reía sin sentido y esto le provocaba más risa. Cualquiera que lo viera pensaría que tenía problemas mentales… Y sí, pero su única salida era reírse desenfrenadamente por treinta minutos o más… Estaba triste, otra vez tenía miedo, no se comprendía y no podía hacer nada, lloraba pero nada lo salvaría.

—JAJAJAJAJAJÁ….

¡COF! ¡COF!

—JAJAJAJAJAJÁ. —Amén de su dolor se reía más fuerte.

Quería dejar de pensar, quería dejar de creer, quería sólo no sentir absolutamente nada, quería sentirse como antes, añoraba sentirse bien, cómo si algo que siempre tuvo no lo aprovechó cómo si no le dio la suficiente importancia a su vida, sentía que fue un tonto por no aprovechar su bienestar y esto lo odiaba más ¿Por qué no podía dejar de pensar?

— ¡CÁLLATE…! ¡CÁLLATE…! ¡CÁLLATE MALDITA SEA!

Lágrimas cargadas de dolor físico y emocional salían de sus asustados ojos azulinos, no le encontraba sentido a un dolor estúpido como ese, quería dormirse, no sentir más, el cansancio y la mezcla con la desesperación lo atormentaban, el dolor no lo dejaba descansar y estaba agotado y encima parecía que su mente intentaba probar sus límites, cómo si la muerte le estuviera haciendo una prueba, tal vez había que sufrir antes de entrar a ese estado plácido de la inexistencia… Quién sabe y no deseaba saberlo.

Un fuerte estrujo de su estómago que lo revolvió le hizo vomitar, giró su rostro y salió, a centímetros de él, allí yacían sus delicadas y únicas fuerzas que no procesó su organismo, su mísera y desolada situación no era suficiente, cariñosamente la vida le añadió a su deplorable estado una picazón, comenzó a rasguñarse por todos lados pero la incomodidad venía de debajo de su piel, ya que aunque se rajaba la piel, esta no sucumbía, se lanzaba con dolor en todas direcciones, pataleando, girando. Sangre o vómito estaba deslizándose por su piel dejándola pegajosa y con mal olor. Trató de divisar lo que vomitó pero era borroso y no lo veía bien (¿Era el ramen?), ahí con lágrimas en sus ojos y un ánimo muerto, su dolor no cesó, sólo aumentaba con el tiempo.

Esperando mejorar, tenía un deseo por quedarse despierto y demostrarse que era más fuerte, sin embargo, no pudo… Se rindió y por encima de toda molestia sólo durmió, involuntariamente, una amargura se disipó sintiendo esa tranquilidad recorriéndole, no se movió ni un milímetro y quedó ahí dormido en el suelo muy cómodo, ya no se reía, mucho menos sentía (mazel tov), el calor del ambiente se enfrió, por alguna razón la ventana estaba abierta. Las corrientes de aire filtraban todo su malestar.

Luego de tantos espasmos, rayos, amores, dolores y vómitos, el agua jamás llegaría a sus branquias ansiosas y necesitadas, rogantes e implorantes. Su quietud en el frío suelo refutaba esto.

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(Aquella tarde primaveral dentro del cuarto de lavado)

Viendo lo que vio, pensando lo que podía, él la estaba espiando.

Sin ningún precepto escrito, hablado, implícito, antes o mencionado en cualquier momento (salvo el ahora), literal, inciso, numeral, regla, ella no se cubrió más, liberándose de las cadenas de lo políticamente correcto, por algo él la veía y se escondió, su moralidad le reclamaba, no era uno de eso pervertidos postrados ante un monitor horas al día para luego borrar su historial. Era más inocente, escuchó que tarareaba al bajar las gradas y tal vez no fue intencional, tal vez fue un accidente, que por lo visto gustoso reincidía, era como el estereotipo de adolescente viendo a su vecina por su telescopio, imaginando que algún día se casarían y tendrían una 56 feliz, invasor al fin y al cabo pero más bruto.

Ella le dio un breve show, le mostraría que no era trabajo fácil, que ese cuerpo debía trabajarse, entre más deseoso estuviera, más complicado se le haría llegar su trabajada anatomía, era como un incentivo a ser sucio y que todo le saliera mal, que por más reveladora que pareciera más soporífero sería atravesar esa puerta y que ella no le diera una bofetada, y de la manera que le enseñaría esto era un poco más elaborada.

Estaba a la respuesta de él, deseaba que no fuera un cretino calenturiento, sinceramente, dependía de sus siguientes acciones su futuro.

Encendió las máquinas de virilidad de cualquier hombre a 100 metros, o más bien la trampa,inclinó su cuerpo para recoger su propia ropa lanzada al suelo, lo hizo sin embargo con total pasividad y volteándose, quedando de espaldas ante el lujurioso espía, aquél abrió un poco más la puerta, unos centímetros cuando mucho, de guasa (suerte) no lo notó su agente de probatoria. (Ya que esa obra teatral, salvo de él, no había nadie que la pudiera disfrutar, eso no expresaba que fuera para él pero ¿Quién en su sano juicio se iría?).

Por sus posaderas aún mojadas en especial en esa parte fabricaban una supuesta capa de "mador", se conservó haciendo brillar las mismas, y estirándose su piel tersa al antojo del Namikaze quien mordía su puño cerrado como si de película se tratase viendo como esas nalgas tomaban una figura de medio rombo a partir de su delgada cintura, se deslizaba la panti rosada por dentro de la línea interglutea entre más descendía, grosso modo (grueso, burdo) mayor también era la cantidad que se podía ver, pura o desnuda de su colita puntiaguda fabricada en una industria para excitar hombres con cáncer y lectores, no buscaba ser vulgar pero tampoco una virgen sin futuro, ella era una sensual primeriza.

Y el vigilante sin embargo entró en confusiones, fue lo que fue, por alguna razón dio el perfil para la Hyuga sin saberlo.

Luego de observarla por escasos segundos parecía que se regañó y desistió de sus deseos pecaminosos, ya que sus dedos sostuvieron la estructura de la puerta jalándola con la mayor sutileza, evitando el ruido, casi cerró para luego tocar diciendo:

—Hinata ¿Puedo pasar? —Con total naturalidad ahondó en su seriedad.

—Claro, puedes pasar… —afirmó ella extrañada. Él era el indicado.

Él se sorprendió por esa instantánea respuesta y pendiente de la situación, la puerta se abrió ralentizada lo suficiente para permitirle entrar su mano, con una mancha de sangre en su dorso.

—Debes tener frío, ten esto y sécate ttebayo. Si necesitas algo avísame por favor.

—Entiendo, te agradezco Naruto-kun.

Hinata no estaba preocupada quería ver qué haría y eso le dio una sorpresa, él tenía unas toallas y las sacudió, ella se acercó tenaz y rosó su mano en deseo de coquetearle, dándose cuenta que estaba un poco lastimada la misma…

— ¿Qué te sucedió Naruto-kun? Tu mano sangra. —Abrió la puerta sin ninguna importancia a su vestimenta.

El mantuvo una postura elegante, no vio ni por un segundo debajo de los ojos grisáceos de ella, mientras ladeando su rostro ruborizado replicó.

— ¡Oh Hinata! Discúlpame, te juro que no era mi intención ttebayo, cúbrete, no quiero que te sientas incomoda en este lugar, no quiero que te lleves una agría experiencia de mi casa dattebayo, creo que no me traería buena suerte —revelaba con sus manos extendidas por el torso de Hinata.

—Tu mano está lastimada, necesitas que te limpie…

—Probablemente, pero no ahora, vístete y luego haremos lo que quieras. No es que sólo por lo que podría pasarle a mi casa ttebayo, sino porque tú mereces respeto y yo estoy aquí irrespe…tándote

Corrió el joven que de pocas veces se ponía tan nervioso, huyendo de la incertidumbre de su conversación, subía por las gradas hasta que se esfumó el sonido de los pies asustados del oído atento de Hinata, que a su vez se percataba de su propia carcajada de diablilla, al parecer tenía el suficiente cuerpo para sofocar al Namikaze. Aunque era extraño que tuviera una herida en menos de unos minutos.

Sin dejar de reírse caminó hacia dentro del cuarto, cerrando esta vez con llave, a decir verdad estaba más que satisfecha con la actitud de su moreno, tal vez sí era lo que esperaba. Sin preámbulos y en vista de la caída de las estrellas por la bóveda oscura dentro de unas horas, secaba sus piernas blancas y frías, la toalla le daba un apoyo pero nada mejor que el rostro pálido del joven al verla, se pasó pero tenía curiosidad, sin dudas estaba mortificándose en algún rincón. No obstante de alguna manera tenía un plan para aliviarle ese agridulce momento.

Era algo que genuinamente no haría salvo por la espontaneidad de las cosas y porque él ya la estaba observando, terminó de secar el resto de su cuerpo, esta vez más serena, menos sensual y elemental Hinata Hyuga. Estaba ansiosa por lo que pensaba y por qué estaba siendo muy liberal, parecía que las personas nunca cambian pero ahí estaba pasando algo fuera de la síntesis de la vida y ella se comportaba como una loca o por impulsos que no conocía… Salió del cuarto apagando luces, buscó durante el primer piso pero no estaba, las corrientes de aire le dieron unas nalgadas frías y silenciosas por andar ahí de chistosa ya en el segundo nivel, él finalmente estaba acostado en su cama dentro de un cuarto espacioso con un balcón increíble, un baño propio, entre otras cosas, después de los ventanales corredizos vídricos el balcón era una mezcla con terraza, con una mesa, sillas y una sombrilla estilo playera, protectora de los rayos voluminosos de las mañanas de primavera en Japón, tardes veraniegas, desde luego las noches también parecían ser naturalmente espesas, cargadas de dicha, un buen lugar para charlar o hacer cualquier cosa que te representará un peso cómodo, una actividad que sin importar la condición, en ánimo de estar dispuesto a hacerlo fuera únicamente mala por acabarse al tiempo rápido.

—Naruto-kun ¿Qué sucedió allá abajo?

—Ay no Hinata. Por favor….

—Si te quitaras la almohada del rostro tal vez te entendería —contestó con un dejo de ironía.

—No puedo tteba… —levantó su almohada un poco de encima de su boca.

—Entonces ¿Te parece si me siento al lado tuyo? —Expresó la Hyuga con su risa a punto de salir—, Vamos muévete un poco.

—Ok, pero necesito pedirte perdón por verte así, no fue correcto, también discúlpame por no poder verte a los ojos pero no puedo quitarme esto de la cara sin sentir vergüenza dattebayo —confesaba el apenado rubio más entendible, con la almohada prominente a su rostro.

—Vamos no fue la gran cosa, supongo que ya habías visto a una chica así, es más, incluso aquí. —Golpeó el colchón de la cama, perfectamente tendida.

—No y no he visto a ninguna chica en mucho tiempo, tan siquiera saludándola o haciendo algo. Bueno excepto a ti claro, te traje aquí y sólo sirvo para que te dé frío, termines mojada, con un regalo roto, desmayándote, interrumpiendo tu muy probablemente agradable día ttebayo, irrumpiendo cuando te cambias, preocupándote y que vengas a ver si estoy bien cuando el que causa los problemas aquí soy yo.

—Tienes razón, pareces un niñito que necesita cuidados intensivos. Pero me diviertes, tus complicadas etapas del día, me hicieron estar fuera de mí misma por unas horas, crees que podríamos no desaprovechar el tiempo con tus quejas. Y si lo piensas sí, te utilizo para sentirme mejor, ¿Te gustaría utilizarte para sentirte mejor? mejor aún, puedes utilizarme si quieres, que quede claro que no sólo para reírte. Qué sería la vida sin complicaciones Naruto-kun… —finalizó ella.

—Sencilla ttebayo.

—Demasiado que no me reiría de lo que nos pasó hoy, no creas que sólo tú sufres.

—No sabes qué dices… Es bella cuando dura tu ilusión, cuando despiertas los abuelos no son las personas más fuertes por más que hayan sufrido.

—Lo que no te mata sólo te…, Pues fíjate que hoy fue un día bonito, no porque haya sido bondadoso, sino porque meterme en la realidad de que si las cosas pueden salir mal y no puedo hacer nada prefiero disfrutar ambos bandos, y si estuviera muriendo, francamente no habría razón para sentirme bien, todos mis errores me acompañarían.

Naruto atento, se desvergonzó quitándose la almohada y viendo aquel rostro hablando a la nada, moviendo sus manos, haciendo muecas, sonriendo probablemente por recordar, y él sin perder la vista colocó sus manos por detrás de su nuca. Ella describía a un ente imaginario aparentemente, tan real que él mismo vio al frente pero sólo se cercioró tontamente que no había nada.

—Pero debería de estar buscando el algo que me haga olvidar por un rato lo malo que es todo, lloraría en silencio, rompería cosas y maldeciría a todo pulmón por no salvarme y habría momentos duros tal vez, en donde no podría maldecir, donde sólo me gustaría estar en silencio esperando que todo acabase. Insisto la realidad es absurda pero algo en el fondo de mí, sin importar lo falso que podría llegar a ser, los sofismas que posea, si me hace respirar por un rato aire de olvidó habría que usarlo.

— ¿Tú estás muriendo Hinata? —inquirió el preocupado Naruto.

—Para nada. Estoy sana por ahora. ¿Tú sí?

Naruto estaba tentado a decírselo, se quitaría un peso de encima, porque ella era lo suficientemente inteligente para lograr percibir un poco de la ruin idea de la calamitosa y lenta muerte de alguien, quizá contándoselo se pondrían a hablar y las cosas tal vez mejorarían. Pero no, no quería que lo vieran como un moribundo, en cambio le tomaría la palabra y encontraría ese algo que le hiciera recordar el aire del olvido.

—Pues no dattebayo.

—Me alegra, tú no te puedes marchar aún Naruto-kun ¿No crees? —Ella reposaba su mirada en la cara triste del joven.

Tocaba algunos hilos débiles del joven y no podía evitar pensar por qué, sabio, no hay por qué se dijo, y no pensó más en eso durante el día.

Ella se puso de pie, con un ánimo rebosante, se postró frente al joven, él estaba acostado con los pies colgando por la alta cama, este los meneaba entretenido. Luego la vio con rostro sorprendido, teniendo la almohada aún en manos levemente encima de sus ojos, ella dando leves movimientos con su cadera, de un lado para el otro, sus manos deslizándose por sus piernas y torso, giró de un salto, estaba de espaldas y vio a Naruto torciendo su cuello mientras le sonreía.

No entendía lo que estaba pasando y menos cuando ella comenzó a inclinarse hacia delante y de regreso como una ola calma, se balanceaba hasta ponerse en cuclillas y levantaba su culo firme hacia el rubio, y otra vez a centímetros de él ese culo sombrío y discreto por sus prendas lo acosaba, pero esta vez no engañaría a nadie, se detuvo luego de unos segundos. Y volvió a ponerse de frente, se acercó a las piernas con sus manos entrelazadas por detrás de su espalda, como toda una niña castigada y de un zarpazo sobrepuso las suyas, un golpe masoquista.

— ¡MMMM! —gimió ella.

El desmañado ninja rápidamente por reflejo se puso de pie muy en frente de ella por ese latigazo en sus inocentes piernas, su movimiento fue como el de una palanca, una vez parado ella lo agarró de su chaqueta y trató de bajar el zipper de un solo tiro, casi lo tuvo, pero al final se atoró.

— ¿Qué estás haciendo Hinata?

Ella muda, regresó el zipper rápidamente pero este se seguía atorando al final, giró sus cuencas perladas hacia atrás fastidiada, así que con lentitud subió el zipper y logró desabrocharlo. Él estaba por ayudarla cuando lo logró, ambos se vieron al rostro, ella contenta pero él estaba perdido, en qué momento esto debía pasar, o ¿qué estaba pasando?

Ella recordó su rol y regresó a su mirada altiva y algo sensual, estaba una risa que de más tratamiento sería mejor, era una especie de risa pero llegaba a ser disimulada, inductivamente mostrando una minúscula parte de los dientes, que realmente no mostraba, era tan cercano que se creía que se le podían ver. Ella estaba haciendo su mejor torpe esfuerzo.

Él no muy experto en el Arte amatorio solo estaba expectante… No lograba entender muy bien la situación que tenían, no la situación es sí, no le daba espacio a que pudiera actuar, entonces su experiencia con Tsunade era como vacas en la luna.

Una vez desabrochada la chaqueta ella la tomaba por dentro de sus dedos en el cuello, jaló hacia abajo, su cuerpo completo también descendió al margen de sus brazos, quedando su rostro al frente de los pantalones del joven, estaba un poquito más abajo por su altura, dejándole los brazos desnudos pasmados a los lados, enredó inmaduramente las mangas, como una especie de esposas por detrás de la tonificada espalda de él y estiró con fuerza, todo esto elevando su rostro para contactarse con los azules de él, en ningún momento perdieron el hito, los de ella luna profundo y los de él azules, el Namikaze quedó inmóvil por pocos segundos, pero no se opuso. Su enorme pecho salía a flote en esa camiseta fina de algodón, sus pezones se marcaban a la perfección y ella entusiasmada levantó su mano hasta donde pudo, acarició desde el pecho superior deslizando sus yemas por la algodonal prenda hasta llegar a esos dos botones prominentes.

Hinata de deseos y ojos dulces lo estaba dominando, con fuerza como la del Jūken (puño suave) lo lanzó hacia la cama, que era un poco extensa, este sumiso cayó de espaldas nervioso, con sus pies escaló hasta la parte superior de la cama, en donde estaban el resto de las almohadas y reposó su cabeza en una de ellas, ella se abalanzó sobre la cama también, y gateó hasta las piernas del Uzumaki, sus manos suaves subieron desde los tobillos hasta los muslos, allí entre sus dedos estrujó con cuanto pudo su fuerza sobre ellos, el Uzumaki se rió ante esto, casi desatando el nudo de su espalda, a ella también le causó un poco de risa la cara nerviosa con fragmentos de cosquillas rondándole, pero en su cabeza sólo estaba la idea de que él no sintiera una frivolidad en lo absoluto mientas se unían en ese acto intrínseco previo al sexo, que fuera progresivo, efusivo, sutil, y en desolado silencio, que las palabras sobraran, que ambos se sintieran igualitariamente introvertidos y tímidos, lo que hacían no estaba dentro de los márgenes comunes. Pero Hinata no lo soportaba más, ella lo necesitaba, escarbaba dentro de sí por alguna manera de darle una catarsis a su mente, con una liberación de energía ensordecedora y atizante, tal vez había hallado la manera de confesarle lo que todo este tiempo llevaba encima de sus hombros, sintiendo y que le era imposible probarle, confesarle y de alguna manera, acercársele.

Ella dio un sentón veloz sobre Naruto, ni bien este había terminado de reírse, se colocó sobre él con sus piernas abiertas, y lo aplastó con sus manos por aquella tensa cama como si de odio se tratase.

— ¡UHH! —clamó el joven expulsando el dolor de sus piernas y el aire reprimido de sus pulmones consumiéndose hasta llegar al más bajo nivel.

Pero esa firme cola que impactó en sus muslos fue entretenida, le dio una especie de tirón luego de su pasividad, un enfriamiento masivo a la lava, se solidificaron sus intenciones de manera rapaz, intersectando entrepiernas, lo tomó por el pelo y se le acercó al rostro dándoles pequeños besos en mejillas y frente, se sumieron en un vaivén creando vibraciones y algunos choques eléctricos entre sus prendas, ambos se restregaban, Naruto necesitaba sacar también esa energía, pero en este caso que ella misma creó por debajo de su bóxer.

Él logró dar un hondo respiro luego de que ella liberó sus pesadas manos del duro pecho que quería destripar por algún impulso de nervios y frenetismo que le daba risa incluso a ella misma.

—Hinata ¿Estás loca?…. —Y de alguna manera parecía que era una pregunta retórica.

No sabía que esperaba, tal vez que ella respondiera, un "déjate llevar" algo como "silencio y disfruta" o que se separara asustada y se fuera corriendo o en el mejor de los casos que lo golpeara por andar diciéndole loca con total libertad. En cambió ella no volteó a verlo tan siquiera por más de un segundo, era mucho más extraño ese sentimiento conforme pasaba el tiempo, era como si él fuera el pasivo y ella la ardiente (sadomasoquista), las únicas milésimas que le prestaba de su vista era para transmitirle más confusión y sonrisas que iniciaban a asustar su moreno culito. Sentía su espalda sudar frío, en el trapecio sentía dolor debido a permanecer todo su peso sobre los hombros, se comenzaba a sentir incómodo, raro. Lo típico.

Los deseos de todo hombre cesaron, su rudeza efímera se acabó lastimosamente, sus caprichos que aparentemente acabaría en someterlo en un incandescente sexo hasta que ambos sudaran como animales, pero no por selección natural, no por el esfuerzo de la reproducción de la especie, nada de eso, sino por estar a merced del placer juvenil, de la devoción de ser humanos y sentir el placer como un deber dentro de sus cuerpos, que merecían felicidad, que lo que hicieran tuviera que ser para que en el fondo sintieran al final de cualquier cosa, satisfacción, ¿Dónde está escrito eso? de dónde proviene ese deseo primitivo de sentirnos en armonía con mente, emociones y placeres. Probablemente hay una respuesta esotérica o exotérica, sea cual sea a ellos no les interesaba salvo sentirse humanos hasta allí, donde sentirían que el sudor recorriéndoles y los fluidos producto de su lujuria se esparcieran por pequeñas cantidades en las sábanas, suelo, cuerpos almohadas o en el aire.

Ella inició a elevarse en los estratos, ya no era sólo bailes eróticos, ni arrastraditas entre sí, el peldaño que se escaló fue el de "ropa fuera", lo distinto era que ahora el rubio ya no permitiría su dominación, Hinata le estaba agarrando la camisa entre aruñones cosquillosos, y dolor. Comenzó a tropezar las maniobras de Hinata cuando él se sacudía para quitarse su chaqueta odiosamente enredada, Hinata sintió como lo cabalgaba, el toro de la calentura la hacía brincar, finalmente de alborotarla toda y que ella de los muslos subiera hasta el abdomen rígido, sintió como se movía con su propia vida cada cuadrito de la caja muscular debajo de sus piernas, sus brazos gruesos estaban afuera y se levantó con ella encima, ella simplemente estaba por caer al lecho de las sábanas de espaldas, pero unas gruesas manos la tomaron de las nalgas, estrujándolas al punto de casi sentir dolor, Hinata de deseos dulces se tomó de sus manos por detrás de él para no caer, incrustando su cabeza en el cuello de él, Naruto las dejó de apretar pero no de masajear, ella estaba colgando en las manos que la toqueteaban sin ningún afán de caballerosidad, sus rostros se toparon por las frentes después de unos segundos, él lamía sus propios labios respirando profundamente, no quitaba la mirada de sus ojos grises, y le dio un beso mucho más tranquilo que cualquier otra cosa en su mejilla izquierda, ella solo movió su rostro para recibirlo con los ojos cerrados y un sonido gutural pasional.

— Tú tuviste la culpa, que no se te olvide ttebayo. —Avisó el joven

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Se volvieron unos amigos algo sexosos, bien por ellos ya que merecen disfrutar de sus vidas sin importar cómo. No haré ningún comentario estúpido para no adelantar la historia innecesariamente.

Espero les haya agradado el capítulo ya que me ha costado escribirlo, si no la vida ya vale un pepino.

Steven

Capítulo subido el veintinueve de julio de dos mil dieciocho 12:40 AM