=Capitulo 10=

Cerró la puerta con cuidado. Había realizado el camino de regreso a casa a pie, con lentitud y queriendo sentir con desesperación el viento que golpeaba su rostro al caminar. El resultado había sido el mismo, al llegar a casa las manos y las piernas le temblaban tanto como le temblaba el corazón desde el momento en que había recibido la noticia. Candy Andrey, sentía que estaba perdida, en una situación de la que nadie, ni siquiera Elroy con todos sus años vividos, o Albert con su sabiduría innata…

Se sentó en el sofá de la sala y miró al mueble delante de ella, la televisión apagada con su pantalla negra sirviendo de espejo, le devolvió su reflejó, su mirada perdida, su rostro sin nada que expresar. Sus manos, recorrieron suavemente su vientre, acariciándolo de una manera en que jamás había hecho, sabiendo que dentro, algo –porque era lo más seguro – se formaba.

—Perdón…— susurró, con lágrimas en los ojos. Era triste saberse en esa condición, era triste pensar en que un ser sin culpa alguna, llegaría al mundo sin intenciones de dar problemas, pero con un entorno que ninguna madre quisiera para sus hijos. El niño o niña que vendría al mundo, sería el producto de un suceso que Candy deseaba olvidar, sería amado, recibido de buen modo, pero crecería siempre sin una figura paterna digna, sin una vida digna, porque ¿qué vida de ensueño puede dar una madre d 18 años de edad?

De pronto un solo pensamiento cruzó su mente: ella podría. Daría todo por poder. Pospondría su universidad un año hasta que su bebé naciera, entraría y estudiaría, solventaría los gastos del pequeño con un trabajo extra y pediría una beca que demostraría merecerse con esfuerzo y trabajo. Estudiaría en Chicago para no gastar en vivienda y las penitencias solo durarían los años que estudiara, porque en cuanto se graduara en Marketing, conseguiría el mejor empleo que le fuera posible y daría una vida mejor, cada día mejor al bebé que estaba por llegar. Ella sola. Sin nadie. Anthony estaría esa noche en el baile de graduación en compañía de Elisa sin conocimiento de los que Candy estaba pasando, igualmente estudiaría en Nueva York y se graduaría, sin saber que Candy era madre en otro estado del país y que el hijo de esta, era de él. No merecía saberlo, no tenía ningún derecho a saber de aquel bebé… No era más que un idiota.

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Esa noche… (7:00 pm)

Mansión Grandchester

Terry miró por última vez el reloj. Las manecillas se movían al ritmo que siempre habían marcado, provocando el único ruido que reinaba en la mansión de los Grandchester. Richard y Eleonor habían viajado esa mañana a Nueva York para visitar a Karen y acudir a su graduación, Terry había querido ir, pero sus padres habían insistido en que se quedara en casa para acudir a su baile de graduación, por supuesto, Terry hubiera estado encantado de poder acudir, si la chica a la que esperaba ver hubiera acudido. Pero Candy no iría. Candy estaba en Nueva York con su hermano y su última oportunidad para verla, había sido el día anterior en la entrega de certificados de graduación. Y así había acabado…

Sentado en el sofá, con su ejemplar de Antonio y Cleopatra del siempre admirado por el inglés, William Shakespeare, el castaño miraba aburrido como las manecillas pasaban de un número a otro. Esa tarde, se había duchado y preparado su traje de gala, pues Archie y Stear, le habían pedido que se pensara en serio asistir al baile aún con la ausencia de Candy, pues pese a todo lo relacionado con el amor perdido e ignorado de Terry, los chicos solo tendrían esa noche para verse y convivir. En las vacaciones, Archie se mudaría a Inglaterra y Terry a Nueva York, Stear viajaría a Illinois para asentarse en la ciudad de Evanston.

Suspiró. Sus amigos tenían razón, no tendría otra oportunidad para verles, tenía que ir. Dejó el libro en la mesa de centro y subió a su recámara a cambiarse la ropa. Se vistió, se acomodó el cabello (porque jamás se peinaba) y se puso un poco de perfume, quizás… volviendo a pensar en Candy… no era tiempo de confesarle lo que sentía, quizás, una parte de él en verdad esperaba que fuera así y que solo tuviera que esperar para ser correspondido. 20 minutos después, tomó sus llaves y su cartera, además de su celular y salió con rumbo al colegio montado en el Camaro, que era el único recuerdo, que le quedaba con Candy.

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(7:40 pm…)

=Gimnasio del Colegio San Pablo=

La pista se encontraba atestada de todos los alumnos que se animaban a hacer pulir el suelo danzando de un lado hacia a otro. Mientras lo hacían, los más rezagados o aquellos que tenían alguna conversación en puerta, se hallaban en las orillas al lado de las mesas con bocadillos, o en las gradas que habían sido acondicionadas para servir de cómodos asientos. La noche iba viento en popa, los profesores encargados de supervisar el evento estaban realmente fascinados de que la generación que se graduaba conviviera en sana armonía y con la educación que toda su vida, la escuela se había empeñado en imponerles.

En el centro de la pista, Annie, quién había confesado a Archie seguir enamorada de él, prometiendo seguirlo amando aun cuando el chico se marchara a Cambridge a estudiar la universidad, bailaba alegremente con el castaño Cornwall, quién no podía estar más feliz y deseoso de cumplir su promesa, si un día regresaba a Estados Unidos, lo haría, solo por Annie.

Algo más allá, en las gradas, Stear y Patty conversaban de todos los planes que tenían para la universidad, Stear estudiaría tecnologías e información y se graduaría como experto en computación y lógica avanzada. Patty se inclinaba al sector mental de las personas y no de las máquinas y esperaba graduarse como una muy buena psicóloga.

Y a metros escasos de la puerta de entrada, Anthony y Elisa ofrecían un asqueroso espectáculo para quién topaba miradas con el rubio y la peli roja. Enfundado en su traje negro, con la típica combinación de camisa blanca, Anthony estaba siendo acorralado por una Elisa que vestía con un corto y ceñido vestido rojo sangre él cuál llamaba por completo la atención. La chica, como estaba planeado, había llegado prensada del brazo del rubio, pavoneándose por todo el gimnasio esperando lo mismo que el oji azul, encontrar a Candy entre las personas. Sin embargo, pronto ambos habían caído en la cuenta de que la rubia no se encontraba ahí. Anthony se sentía cada vez peor, respecto a lo que pasó después del hotel con la rubia.

Sabía que había sido descortés, grosero y más que patán, pero nada podía cambiar. Sabía también que la había herido y que la mataba de miedo. Igualmente sabía que estaba triste y en peligro de ser acosada por Neil, quién a últimas, había dejado de hablar con Anthony. Si bien el rubio no le dio demasiada importancia a ese hecho, le carcomía el llegar a pensar, que Neil quizás estuviera por ahí, tratando de hacer lo mismo le había hecho a Candy. Y ante todos esos grotescos pensamientos que le habían pasado por la cabeza los últimos días, Anthony se había dado cuenta de una cosa. No quería a Elisa… Estaba enamorado de Candy.

—Eli, espera… tranquila…— pidió el rubio al quitarse a la peli roja de encima que lo tenía contra la pared y lo besaba del lóbulo de la oreja a la barbilla y bajaba a su cuello.

—Pensé que me querías— inquirió la chica, bastante harta de que el rubio no le prestara atención y tratara por todos los medios de zafarse de ella. Anthony la miró dulcemente.

—Te quiero, pero… bueno yo… he pensado últimamente en que quizás, mal interprete lo que sentía por…— Anthony se vio interrumpido por Elisa que acaba de abofetearlo.

—Atrévete a decir que estás enamorado de esa rubia ¡(censura)!— Anthony se quedó de piedra y de repente una ira, se apoderó de él por completo.

—No te permito hablar así de Candy — inquirió

—No necesito ningún permiso tuyo, poco hombre. Si tanto la amas, lárgate a buscarla, no sé porque entonces, estuviste fregando tanto con tu patética versión de "Elisa te deseo, Elisa te quiero, Elisa yo en verdad te amo"— la peli roja no se molestó para nada en mirar a su alrededor— Pero te diré algo idiota, yo sé bien por quién te llevaste a la cama a esa escuincla, yo sé bien que ella no ha venido para no verte la cara y sé bien que lo único que te hizo perderla fue tu estúpida idea de que podrías ganarle a él. ¡Quieres saber algo! Jamás lo harás, jamás podrás superar a Grandchester, ni yo, ni Candy, ni la que se cruce en tu camino y en el de él, se fijará en ti. ¿Quién te querría, teniendo a Terry al otro lado?— escupió Elisa. Y momentos después se dio la media vuelta para irse de ahí. A su alrededor, los más cercanos que habían presenciado la escena, miraron a Anthony con burla. El chico pronto se sintió humillado y un peso extraño cayó sobre él, la duda: ¿sería verdad? ¿Jamás se libraría de Terry?

¡Claro que lo haría! Toda la noche, con o sin Elisa, las chicas lo miraban. Toda la noche era enteramente para él, porque el patético cursi de Terry no estaría en el baile sin su amada pecosa… Con ese pensamiento trató de consolar todo lo que Elisa le había insinuado, pero no pudo. Pues apenas se dio la media vuelta para ir por algo de beber, Grandchester hizo su aparición.

Enfundado en un traje blanco, con una camisa gris oscura y una corbata perfectamente puesta (del color gris claro más tenue que había), el castaño como siempre, comenzó a robar miradas, besos lanzados y suspiros de sorpresa. El chico era todo un príncipe, el perfecto modelo sacado de los cuentos de hadas. Lástima que no sería para nadie. Pese a todo, las chicas que alcanzaban a verlo, suspiraban y sonreían acaloradas tan solo por la presencia del joven, aunque este no las mirara siquiera, ellas lo seguían y lo devoraban con sus ardientes ojos, llenos del deseo que las embargaba al querer bailar con el inglés.

Pronto Terry encontró a quién buscaba, Archie y Stear estaban en compañía de Annie y Patty felices, charlando y riendo. Su reacción al toparse con el inglés, fue de agradable sorpresa y pronto lo pusieron al tanto de lo que habían hecho esa noche. Annie, bailó con el castaño al igual que Patty y en una pieza de bailes con música electrónica, los cinco se unieron a la pista con una baile grupal repleto de risas y grandes movimientos. En sus ratos en la pista, alguna chica intentaba acercarse al castaño y bailar con él y aunque este las rechazara cortésmente, ellas alucinaban con haber estado cerca de él. Cuando las piezas fueron terminando y los chicos se cansaron, Annie y Patty se retiraron al tocador dejando a tres agradables jóvenes en las gradas bebiendo sodas de limón o frambuesa, mientras charlaban de los planes que Archie tenía en mente al llegar a Cambridge. Terry, aprovechaba el momento para pedirle que si podía, acudiera a Londres, su ciudad natal y se enamorara como él de la hermosa ciudad que lo había visto nacer.

Estaban muy centrados en su plática, que no notaron que dos personas, a ambos extremos del gimnasio reparaban en ellos. De un lado, Anthony y Harry (que solo escuchaba a su amigo) estaban entretenidos en las quejas del rubio que no podía creer el impacto que Terry provocaba en las jóvenes alumnas del colegio.

—Es un completo imbécil— comentó Anthony con desdén. Harry suspiró.

—Déjalo ya, odiarlo no te hace ningún bien. ¿Planeas ir a ver a Candy antes de mudarte?— preguntó el peli rojo. Anthony ensombreció su rostro con una mueca de tristeza y un deje de nostalgia.

—No querrá verme. Fui en la semana, su abuela me abrió y me dijo que Candy estaba pero que no deseaba verme y que era mejor que no volviera. Por como lo veo, no hay modo de que Neil le hubiera hecho algo...— suspiró

—Te gusta hacerte tonto. Sabes tan bien como yo que no querías verla por lo que Neil pudiera hacer, te enamoraste Anthony… deja de negarlo y mejor resígnate a la idea de que por una tonta apuesta, perdiste un buen amor— comentó Harry aburrido. Anthony asintió con la cabeza y su mirada se desvió a la otra persona que reparaba en Terry. Desde el otro extremo del gimnasio, Elisa, observaba al castaño como quien observa un gran banquete que está apunto de degustar. La chica miró una última vez al rubio, con desdén e ira contenida. Anthony sabía que lo que le había dicho no era una buena forma de dirigirse a la chica a la que tanto le había rogado, pero para empezar, como se arrepentía de haberla perseguido; aunque Elisa lo había querido y lo había hecho feliz… sí, también la había querido. Su cabeza estaba a punto de estallar con tantos sentimientos encontrados.

Elisa le miró y sonrió con la boca torcida. Luego, pavoneándose en sus altos tacones de aguja, se dirigió a donde Terry y lo abordó. El castaño estaba sentado con una soda en la manos, entretenido y al parecer muy contento en la charla que sostenía, cuando Elisa llegó, la bebida estuvo a punto de caérsele de las manos y derramarse en el suelo, puesto que la peli roja acudió a su encuentro, sentándose sin ser invitada en las piernas del castaño, pronto sus brazos rodearon su cuello y su rostro se acercó al de Terry que contrario a la cara de sorpresa de Archie y de Stear, detonaba más bien, ira contenida y un autocontrol muy impropio de él.

—Quítate— dijo sin más el inglés apenas alzó la mirada para encontrarse con la sonrisa victoriosa de Elisa y sus ojos malévolos. Elisa, como era su costumbre lo ignoró.

—Bailemos Terry— propuso, Terry miró por sobre el hombro de Elisa y buscó por el gimnasio, pronto dio con la mirada atónita de Anthony y rió entre dientes

—El rubiete te rechazó ¿o por qué estás aquí?— le preguntó

—Anthony en verdad se molestaría si bailas conmigo— Elisa sabía del odio que Terry sentía por Anthony, pero el castaño, odiaba más que a Anthony, solo una cosa en la vida: A Elisa Legan. La chica había sido una completa arpía con Candy en secundaria, pues era bien sabido que cuando Tom, uno de los muchos novios de Elisa prefirió la amistad y compañía de la adorada Candy, la peli roja había estallado en celos y envidia y había arremetido con muchas humillaciones a la rubia.

—Bueno…— comentó Terry como quién no quiere la cosa— Pero creo que olvidas algo, querida— Elisa lo miró fascinada de que su plan para encelar a Anthony estuviera dando resultados— A mí no me gustan las sobras — Terry se puso de pie y Elisa cayó de sus piernas al suelo, golpeándose su fino trasero. Archie y Stear junto a los estudiantes cercanos a la escena no pudieron hacer más que reír. Terry sonrió y salió de escena, quería un cigarrillo, para pasar la noche. Archie y Stear lo siguieron, ninguno de los dos fumaba, pero siempre habían acompañado al inglés mientras el sí lo hacía. Al pasar al lado de Anthony que acudía en la ayuda de Elisa, Terry se detuvo y lo miró:

—Dile que eso fue por Candy. Y esto es para ti— Terry empuñó su fuerte puño y descargó un fuerte golpe en la mandíbula de Anthony que por poco y caía al suelo, pronto su barbilla comenzaría a tornarse rojiza— Feliz graduación, Anthony— se mofó Terry saliendo del lugar. Eso también… era por Candy.

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Dos semanas después… (Viernes. 12:30 pm)

Mansión Grandchester

—¡Terry!— exclamó Eleonor desde la planta baja. Terry suspiró. Era hora de irse, su vida en Chicago, había llegado a su fin. Cerró la última maleta (de las tres que había preparado) y se metió en celular y la cartera en los bolsillos de los pantalones. Tomó su maleta y salió de su habitación. Cerró la puerta sin mirar atrás y poco a poco bajó las escaleras. En la sala, su madre Eleonor y su padre, Richard, lo esperaban ansiosos para ir al aeropuerto de la ciudad.

Habían pasado dos semanas desde la graduación del Colegio San pablo, en la que sin esperarlo, Terry se había divertido a lo grande (sobre todo después de golpear a Anthony). Y el momento de partir había llegado, a las vacaciones de verano, le quedaban 4 semanas se la 6 que les daban obligatoriamente, pero Terry y sus padres estaban al tanto de que el inglés debía adaptarse con prontitud al nuevo lugar donde iba a residir. Nueva York…

Terry Grandchester, como su hermana mayor, Karen, acudiría a la Universidad Privada de Nueva York, que como su nombre lo indicaba, estaba ubicada en la gran manzana de los Estados Unidos. Así pues, Terry viajaría esa mañana a la ciudad que nunca duerme, para establecerse en el departamento de soltero que sus padres le habían dejado. En Nueva York, igualmente, se encontraba la sede de Grandchester Enterprise, la empresa de su padre, que sería dirigida por el castaño, apenas terminara la universidad, dicha empresa, estaba siendo presidida por Richard desde Chicago, pues inicialmente, cuando el negocio había llegado a Estados Unidos, la sede era Chicago, no Nueva York, por cuestiones de negocios y mejor zona de finanzas, se había decidido que cuando Terry estuviera listo, la empresa pasaría a su sede en la gran manzana con su nuevo presidente.

Y así pues, con todos los planes hechos para una vida que incluía su puesto entre las filas de adultos, Terry dejó el que había sido su hogar por 8 largos años, desde que había llegado a Chicago y subió al auto de su padre, con rumbo al aeropuerto, donde se encontraría con Stear, Patty, Annie y Archie.

Los dos primeros, acudían no solo para despedir a Terry sino también a Archie, quien estaba por abordar un avión con rumbo a Inglaterra, el chico había sido acompañado al aeropuerto por Annie y por sus padres, pero alguien debía regresar a Annie a casa. El castaño Cornwall, se marchaba por cuatro años para estudiar en Cambridge, Inglaterra, bajo una beca en futbol americano, además de una carrera de administración de empresas. Su hermano y Patty, estudiarían en Illinois en la Universidad Northwestern y su amor eterno, Annie Britter, entraría a las filas de la Universidad Privada de Chicago, junto con su mejor amiga (y ahora desaparecida) Candy Andrey, el futuro, deparaba al parecer, muchas sorpresas y aventuras nuevas…

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=Casa de los Andrey=

Cerró la llave, el agua pronto dejó de correr, abrió el cancel del baño solo para extender la mano y tomar su toalla y luego cerró mientras se envolvía en la prenda aún sumergida en el vapor del agua de baño. Salió y buscó la toalla que solía ponerse en la cabeza para que su cabello se secara, mientras lo hacía, notó como su sonrisa se reflejaba en el espejo empañado.

La casa estaba sola, pero ella no se sentía así, hacía dos semanas que Candy no podía sentirse más acompañada que nunca. Pues había sido justamente dos semanas después que a escondidas de la abuela Elroy, había acudido al médico a realizarse los últimos estudios que necesitaba y confirmar que efectivamente tenía dos semanas de gestación (cuatro con las dos que ya habían pasado) y con el resultado claro y una visión de un futuro bueno, no perfecto, pero bueno, Candy había aceptado comenzar los cuidados de su embarazo, que según el doctor podía terminar en un embarazo de alto riesgo. No había hablado aún con la abuela ni con Albert, porque no había juzgado propio hacerlo con las cosas como marchaban. Albert regresaría a Chicago para hacerse cargo del buffet de abogados donde había trabajado (y que había fundado) su padre, antes de morir. William, había dejado a aún buen amigo a cargo, estipulando en su testamento que si algo llegaba a ocurrirle, su hijo debía tomar el buffet haciendo suya la decisión de venderlo o atenderlo. Y puesto así, ahora graduado, Albert estaba completamente calificado para hacerse cargo. El rubio comenzaría a vivir en un departamento en la ciudad, justo enfrente del departamento de Karen, quien comenzaría a trabajar con él dado que su carrera era derecho penal.

Candy pensaba, que era propio dar una noticia como la que daría, hasta el viernes de esa semana, justamente ese día, en que Albert acudiera a casa a comer con la abuela y pasar el fin de semana, mientras Karen visitaba a su familia que estaría en Nueva York, en apoyo de su hijo menor, Terry. El viernes, sería el día en que expondría su situación, sus planes y su determinación para salir cien por ciento adelante con lo que se le atravesara.

Estaba terminando de ponerse la toalla en el cabello cuando un fuerte dolor en el vientre la invadió de pronto. Sus piernas flaquearon, su cuerpo pesaba demasiado y sentía como si poco a poco algo dentro se le estuviera rompiendo. Instintivamente, llevó una de sus manos a su vientre y la otra a la pared para apoyarse mientras sentía como lentamente se acercaba más al suelo, estaba por terminar de caer, cuando algo húmedo se escurrió entre sus piernas, parecía agua, algo líquido y frío que le caló hasta los huesos. Bajó la mirada y el alma se le cayó a los pies, el corazón se le rompió de miedo y las lágrimas surcaron rápidamente sus ojos. El dolor era agonizante, pero no más que el miedo que la invadía por completo…

Momento después, quedó sentada en el frío piso del baño húmedo, envuelta en una toalla y con un pequeño charco de sangre entre sus piernas que había logrado manchar la toalla que llevaba envuelta. Las lágrimas le nublaban por completo la vista y las manos le temblaban, pero aun así, a pesar de todo, acariciaba su vientre maternalmente y rezaba en su interior porque su peor miedo no se hiciera realidad…

Continuará…

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Buenas noches a todas, disculpen el retraso de esta actualización, la escuela no ha sido fácil estos días y el exceso de trabajo es agotador de verdad. Pero bueno, como siempre, aquí el capítulo de ahora. Espero dejarlas picadas y que se animen a dejarme sus comentarios, mil gracias por el tiempo que me ofrecen y por el entretenimiento que me permiten llevarles, esperando nunca defraudarlas, nos estamos leyendo.

GRACIAS A:

Patyy, Sra. Grandchester, Becky70, Merlia, Arely andley, Brisi, Mako Beauty, GUEST

Con cariño,

JulietaG.28