Debo aclarar que esta historia NO me pertenece; es de KokoroBlack, ella me concedió su permiso para amoldarla a un Sasusaku. Así como los personajes tampoco; ya que son de Masashi Kishimoto.

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Negocio Placentero

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Capítulo X –Frío.

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Sakura POV

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Di vueltas durante días a la conversación que había mantenido con Sasuke en el establo. Me obligaba a recordar no solo el fuego de su beso, sino también los dardos de hielo de sus ojos.

¿Acaso llevaba meses engañándome?

¿Estaba aferrándome a un sueño infantil que no tenia base real?

Tal vez me había llegado la hora de admitir la derrota y proteger mi corazón antes de que quedara destrozado del todo.

Tiré de las riendas de Loba, obligándome a seguir por el sendero que llevaba al cementerio de la familia Uchiha. Cuando llegábamos, las nubes de tormenta, que llevaban viéndose en el horizonte todo el día, empezaron a moverse, cruzando el cielo como un ejército invasor.

La temperatura descendió en un instante y la luz del sol se apagó. Se levantó un frío viento y todo se volvió grisáceo. Loba movió las patas inquieta, como si presintiera que se acercaba una tormenta y deseara volver a la cálida comodidad del establo.

Pero tenía una misión y no regresaría a la casa antes de completarla. ¿Cómo Sasuke había apartado de si el recuerdo de su familia? Con precisión quirúrgica, había extirpado esa parte de su pasado. No entendía que clase de hombre podía hacer algo así.

El verano estaba dando paso al otoño. Pronto, los árboles que guardaban el cementerio se cubrirían de tonos dorados y rojos y sus hojas, mecidas por el viento, caerían al suelo creando una alfombra de color. Los días empezaban a acortarse.

Loba relinchó, sacudió la cabeza y volvió a intentar salirse del sendero. Pero quería enfrentarme al pasado que Sasuke había enterrado.

La verja de hierro que rodeaba el cementerio parecía desgastada por el tiempo, pero aun fuerte. Como si hubiera sido creada para durar generaciones, igual que la familia Uchiha.

Las buganvillas se enredaban por los barrotes y las flores fucsia y lavanda revoloteaban al viento. El pequeño cementerio, de principios del siglos XIX, estaba lleno de lapidas. En algunas, las letras grabadas se habían medio borrado por efecto del paso del tiempo y del clima. Las más recientes estaban rectas como palos, con la piedra aun brillante y el grabado profundo y claro, apenas estropeadas por el viento y la lluvia.

Desmonté, até las riendas de Loba a la verja y abrí la puerta. El chirrido del metal y el viento me pusieron nerviosa. Me sentía como si algo o alguien me estuviera advirtiendo que me alejara del hogar de los muertos y volviera al de los vivos.

Empezaron a caer las primeras gotas de lluvia helada, mojando mi blusa y deslizándose por mi cuello y espalda. Las hojas de los árboles crujieron, sonando casi como un grupo de gente susurrando y preguntándose que iba a hacer.

Caminé con cuidado por la hierba mojada y me dirigí a la última fila de lapidas, las más recientes. Los padres de Sasuke estaban ahí, lada a lado, desde hacía más de diez años, cuando el avión privado en el que iban a Vancouver se estrelló. Había flores frescas sobre sus tumbas: rosas del jardín del rancho.

Pero no había ido a ver los padres de Sasuke. Quería ver las otras dos tumbas: Sakumi Uchiha y Kenosuke Uchiha.

También tenían flores. Rosas para Sakumi y margaritas para Kenosuke. La lluvia creaba regueros sobre las superficies de granito y las placas de bronce. Sentí que el silencio me ahogaba. Allí yacía la familia que Sasuke no podía olvidar y no se permitía recordar. Allí estaba la razón de que viviera la vida a medias. El pasado que, de alguna manera, le ofrecía más de lo que podía ofrecerle un futuro conmigo.

-¿Cómo puedo hacer que me quiera? –pregunté, mirando una lapida y luego la otra-. ¿Como puedo hacerle ver que tener un futuro conmigo no implica eliminar el pasado?

Por supuesto, no hubo respuestas. Y de haberlas habido habría salido del cementerio corriendo y gritando. Pero tuve la sensación de que alguien escuchaba mis preguntas y me entendía.

Apoyé una rodilla en el suelo, ante las tumbas gemelas, y sentí como el agua empapaba la tela de la mezclilla. Aparté una ramitas sueltas.

-Se que los quería. Pero creo que también podría quererme a mí.

Miré la lapida de Kenosuke y la inscripción del breve periodo que había vivido. Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar al sonriente niño.

-No es que quiera que los olvide. Solo quiero…

Mi voz se apagó y miré hacia el horizonte.

-Me he estado engañando, ¿verdad?. No volverá a arriesgarse. No se arriesgara a amar porque ya ha pagado un precio muy alto.

El cielo se había vuelto casi negro y tenebroso y la lluvia empezó a caer a mares, empapándome por completo. El frío viento me rodeo, helándome hasta los huesos. Sin embargo, supe que no todo se debía a la tormenta. También influía haber comprendido que lo que había anhelado no sucedería. Había llegado la hora de rendirme. No seguiría con un hombre solo por la esperanza de que algún día llegara a quererme.

Era hora de líbrame del diafragma.

Me puse de pie lentamente.


Sasuke POV

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Estaba en el establo, ensillando mi caballo, cuando Sakura llegó al rancho, empapada y con un aspecto terrible. Me estaba preparando para salir a buscarla, aunque incluso sabía que era inútil.

En un rancho del tamaño del mío, podría haber tardado días en encontrarla. Pero iba a ir a buscarla porque no saber donde estaba, si a salvo, herida o perdida, me estaba volviendo loco.

Al verla sentí una mezcla de alivio y furia. Sin preocuparme por la lluvia, salí del establo y fui rápidamente hacia ella. La bajé de la yegua y sujeté sus hombros con fuerza brutal.

-¿Dónde diablos has estado? –Le grité, mirándola a los ojos-. Llevas horas fuera.

-Montando –dijo ella, soltándose. Se tambaleó un poco y miró a su alrededor, como si intentara recordar donde estaba y como había llegado-. Estaba montando. Llegó la tormenta…

Su voz se apagó y se perdió entre el golpeteo de la lluvia y el cantar del viento. Se miró como si se sorprendiera de estar empapada. El agua caía a chorros y no se veía nada a más de un metro.

Luché por recuperar la legendaria calma que era habitual en mi vida. Había estado volviéndome loco de preocupación. Llevaba dos horas observando el avance de la tormenta y buscando su silueta en el horizonte. Sentía como si llevara todo el día corriendo... exhausto y al borde del límite.

-Maldición, Sakura, no salgas a montar sin decirle a alguien adónde vas –le aparté el pelo empapado de la frente-. Es un rancho muy grande. Podría ocurrirte algo, incluso siendo una jinete experta.

-Estoy bien –murmuró ella, limpiándose el agua de la cara con las manos. Encogió los hombros-. Deja de gritarme.

-Ni siquiera he empezado –le advertí, aun atenazado por la emoción que había sentido al verla llegar. Podría haberle ocurrido algo.

Una serpiente de cascabel podría haber asustado a su caballo. Podría haberla atacado un gato salvaje que bajara la montaña buscando su comida. Su yegua podía haber tropezado y haberse roto una pata, dejando a Sakura aislada a kilómetros de distancia. Tenía el corazón acelerado y el cerebro en llamas. La ira que había controlado desde que había descubierto que había salido sola se desbocó por completo.

La agarré por los brazos y la sacudí hasta que echo la cabeza atrás y sus grandes ojos jades me miraron a la cara.

-¿Qué demonios era lo bastante importante para salir a montar avecinándose una tormenta?

-Es igual –ella parpadeó; la lluvia se deslizaba por su rostro como una cascada de lagrimas-. No lo entenderías.

-Vamos –me di la vuelta y tiré de ella, en dirección a la casa. Habría sido mejor que me diera una bofetada, que negarse a decirme que había hecho. Eso sí, no iba a seguir empapándose.

-Tengo que ocuparme de Loba –protesto ella, forcejeando. No consiguió liberarse.

-¿Ahora te preocupas por la yegua? Moví la cabeza-. Uno de los hombres se ocupará de ella.

-¿Quieres soltarme, Sasuke? –Discutió ella, clavando los talones al suelo-. Puedo andar sola. Yo cuido de mi misma, y de mi yegua.

-¿Si? –la miré de arriba abajo-. Parece que estás haciendo un gran trabajo, Sakura –miré por encima de mi hombro y señale con la mano-. Rin ya tiene a Loba. La secará y le dará de comer. ¿Satisfecha?

Ella echó un vistazo. Observó como guiaban a su yegua al establo seco y caliente. La poca fuerza que le quedaba se desvaneció. Se tambaleó y me dio un vuelco el corazón. Había revolucionado mi vida y acababa de hacerme gritar como un poseído cuando yo no gritaba nunca.

-Vamos –mascullé. Volví a agarrarla y tiré de ella sin detenerme hasta llegar a la puerta. Abrí, me quité el barro que pude de los zapatos y entre en la casa-. ¡Shizune!

La mujer mayor salió de la cocina al vestíbulo y corrió hacia Sakura.

-¡Dios mío! ¿Qué ha pasado aquí? ¿Está bien, señorita Sakura?

-Si –dijo Sakura, aun intentando librarse de mi agarre-. Lamento este desastre –añadió, señalando el agua y el barro que se deslizaban por el antes reluciente piso.

-No importa, no importa –Shizune me miró con dureza-. ¿Qué le has hecho?

-¿Yo?

-No –interrumpió Sakura rápidamente-. No fue Sasuke. Me pillo la tormenta.

Aun así, Shizune me lanzó una mirada fulminante que decía con claridad: "Podrías haber evitado esto si lo hubieras intentado". Me dio igual. No iba a quedarme allí parado defendiéndome mientras Sakura se helaba hasta morir.

-Voy a llevarla arriba –dije, yendo hacia la escalera-. Nos vendrá bien algo caliente dentro de, digamos una hora. Tal vez un tazón de tu sopa de verduras, si hay.

-Si, si –dijo Shizune-. En una hora –chasqueó la lengua cuando alcé a Sakura en brazos y empecé a subir los escalones de dos en dos.

-Puedo andar –protesto ella.

-No digas una palabra más, ¿me oyes?-rugí.

Cuando llegue arriba, eché un vistazo y vi que Shizune estaba limpiando el desastre que habíamos dejado a nuestro paso. Hora de volver a subirle el sueldo a mi ama de llaves.

-Maldición, Sasuke, no soy una invalida –dijo Sakura, golpeándome el pecho con una mano.

-No. Solo estás loca –dije, yendo hacia el dormitorio. Entré y fui directo al cuarto de baño. Era una habitación enorme, cubierta con azulejos blancos y verdes, con lavabo doble, una ducha lo bastante grande para celebrar una orgia y un jacuzzi junto al mirador que daba a los espectaculares jardines traseros. En ese momento, con la lluvia chorreando por los cristales, la vista era una borrosa mezcla de gris y negro.

-Desnúdate –ordené, dejándola en el suelo.

-No pienso hacerlo –replicó ella.

-Bien. Entonces lo haré yo por ti. Como si no supiera manejar tu cuerpo –llevé las manos a los botones de su camisa, pero Sakura me dio un manotazo. No muy fuerte, porque tiritaba y le castañeaban los dientes-. Te valdría mas esperar a tener algo de fuerza si quieres pelear- dije, cortante, inclinándome para abrir los grifos de la bañera. Puse el tapón y volteé hacia ella-. Estas medio congelada –abrí la blusa de un tirón y se la quité. Luego le desabroche el sostén. Sakura se puso un brazo sobre los pechos, en un inútil ejercicio de modestia-. Es un poco tarde para los ataques de timidez, ¿no lo crees?

-No te quiero aquí –afirmó ella. Sus palabras habrían tenido más fuerza si no le temblara la voz.

-Peor para ti –me arrodillé ante ella y empecé a quitarle una bota-. ¿Qué diablos estabas pensando? ¿Por qué has salido hoy? Sabias que venía tormenta. Oíste al meteorólogo.

-Creí que tendría tiempo –dijo ella poniendo una mano en la encimera para equilibrarse mientras yo le alzaba un pie y luego el otro-. Necesitaba…

-¿Qué? –la miré desde el suelo. Aun debatiéndome entra la furia y el alivio, gruñí-. ¿Qué necesitabas?

-Ya no importa –ella movió la cabeza.

Me irritó que no me dijera lo que estaba pensando. Donde había estado. Que había puesto esa expresión devastada en sus ojos y su rostro. Quería… hacer que se sintiera mejor…

Maldita fuera.

¿Cuándo había empezado a preocuparme lo que ella pensaba… como se sentía?

¿Y cómo rayos podía dejar de hacerlo?

Sacudiendo la cabeza, le quité las calcetas y empecé a ocuparme de los pantalones. La tela de mezclilla estaba tan empapada que era difícil de manejar. Tuve que esforzarme para conseguir bajárselos. Ella volvió a tiritar y curvé los dedos para no acariciarla, para no calentarla con mis manos.

-Estas helada hasta los huesos –siseé.

-Creo que sí.

A nuestra espalda, el agua caliente iba llenando la gigantesca bañera y el vapor empañaba los cristales, dejando fuera la noche y el mundo exterior.

-Métete –ordené.

-Antes vete de aquí.

-Ni lo sueñes –respondí.


Sakura POV

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Me alzó en brazos como si pesara menos que una pluma y me metió en la bañera. Tragué aire cuando el agua caliente toco mis piernas heladas, pero un instante después me senté y dejé que el calor me rodease, esperando que llegase también a mi corazón.

Cerré los ojos y recosté la cabeza, centrándome en la deliciosa sensación del agua caliente alrededor de mi cuerpo cansado, dolido y helado. Oí a Sasuke pulsar el botón de los chorros de hidromasaje; un segundo después, noté como el agua masajeaba mi maltratado cuerpo.

Sin duda era irritante, mandón y, en ese momento, el último ser del planeta con quien deseaba estar a solas, pero había tenido razón en lo del baño. Quise agradecerle que hubiera encendido los chorros, pero cuando abrí los ojos vi que Sasuke se estaba desnudando.

-¿Qué estás haciendo?

Él me miró con furia, se bajó los pantalones y los dejó en el suelo, junto a la camisa mojada y las botas. Gotas de agua caían de su pelo y corrían por su torso desnudo.

-¿A ti que te parece?

-Se bien lo que me parece –dije, alejándome hasta el otro extremo de la bañera.

Mi cuerpo empezaba a encenderse solo con verlo. Era un imperativo biológico: ver a Sasuke desnudo y sentir un excitante cosquilleo.

¿Eso durara para siempre?

Quizás si podía aguantar sin verlo durante diez o quince años, seguramente llegaría a controlar la reacción. Pero en ese momento empezaba a sufrir el embiste de mis hormonas, a pesar de las advertencias y predicciones negativas que me gritaba mi cerebro.

Él entró en la bañadera y se sentó frente a mí.

-Estaba preocupado.

Sentí una punzada de algo cálido y dulce durante un instante. Unas semanas antes, incluso unos días antes, habría adorado oír esas palabras de su boca. Me habrían dado esperanza, haciéndome pensar que aun había una oportunidad para nosotros.

Pero eso se había terminado.

Lo miré a los ojos y solo pude pensar que ya no era suficiente. La preocupación y el miedo que estuviera herida habrían sigo iguales en el caso de un vecino. O un conocido.

Yo quería más.

Y no iba a conseguirlo.

-Sigues teniendo frío –dijo él.

-Si –admití. Era un frío intenso. El mayor que había sentido en toda mi vida. Más me valía acostumbrarme a sentirlo.

-Eso puedo solucionarlo.

Sasuke se echo hacia adelante, agarro mis brazos y tiró de mí, atrayéndome y estirando sus largas piernas en la bañera. Me rodeó con los brazos y apoyo su cabeza en mi pecho. Me acurruqué, escuchando el firme latido de su corazón.

-No vuelvas a hacerme algo así –dijo él.

Los chorros de agua caliente me golpeaban la espalda mientras Sasuke acariciaba mi piel. Tuve la fugaz sensación de que él me había besado la cabeza, pero… no, no podía ser así. Debía ser mi imaginación.

-No lo haré –contesté.

No tendría muchas más oportunidades de preocuparlo. Mi tiempo en el rancho Uchiha estaba llegando a su término. Y cuando me marchara, Sasuke no volvería a pensar en mí. Tendría lo que quería: el terreno que devolvería al rancho Uchiha su tamaño original.

Pasados unos meses, no sería más que un recuerdo inconveniente. Tal vez cuando paseara por ese terreno que tanto le había costado conseguir pensaría en mí. Tal vez se preguntaría que estaré haciendo o donde estaré, Pero luego desecharía el pensamiento y lo aparcaría lejos de su memoria, igual que había hecho con el recuerdo de Sakumi y Kenosuke.

-Al menos llévate el teléfono móvil la próxima vez –dijo Sasuke, deslizando sus manos fuertes por mi espalda, creando un contrapunto ideal a los chorros de agua caliente-. Casi me vuelvo loco cuando te llamé y oí el teléfono sonar aquí arriba.

-Lo haré.

Lo cierto era que no había estado pensando a derechas cuando salí del rancho, o le habría dicho a alguien donde iba. Sabía que podía haber un accidente en cualquier momento, y encontrar a alguien en aquel rancho llevaría semanas de búsqueda. No me había llevado el móvil porque no había querido que nadie interfiriera en mi viaje al pasado de Sasuke.

-Maldición, Sakura… -esa vez sonó casi como un gruñido. Capté la necesidad en mí, sentí el palpitar de su erección bajo mi cuerpo.

Él se tensó, su corazón se aceleró y, segundos después, las caricias de sus manos transmitieron más deseo que ternura.

-Podría haberte pasado algo –murmuró, alzando mi rostro. Inclinó la cabeza y me besó larga y profundamente. Su lengua acarició el interior de mi boca y su aliento me acarició la mejilla. Ambos gemimos al unísono.

Me acerqué más a Sasuke. Él estaba duro y dispuesto. Se le aceleró la respiración cuando deslice una pierna por encima de su vientre. Llevó las manos a mi cintura y me colocó sobre él. Nuestros ojos se encontraron y sentí como se introducía lentamente en mí. Me llenó y me deleitó con la sensación. Intenté grabarla a fuego en mi memoria, para no olvidar nunca la sensación de sus manos en mi piel mojada. Su olor. El sabor de su beso.

Sabía que sin el obstáculo del diafragma pronto estaría embarazada. Sabía que, mientras me tocaba, mientras nuestros cuerpos se fundían en uno, en realidad empezábamos a separarnos. Sabía que cada caricia a partir de esa noche equivaldría a un silencio adiós.

Y yo lloraba por dentro mientras gemía por fuera.


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Sasuke POV

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Estaba en mi despacho revisando los informes de mis corredores de bolsa y las proyecciones de varias pequeñas empresas en las que el rancho Uchiha tenía participación de negocio. Me encerraba allí al menos un día a la semana, revisando las montañas de papeles que generaba una corporación tan inmensa como la nuestra.

Ese despacho era mi santuario. Nadie entraba ahí excepto por Shizune, y solo para limpiar. Absorto en las columnas de cifras y sugerencias, ni siquiera noté que la puerta del despacho se había abierto lentamente.

Pero si la oír cerrarse.

-No tengo hambre, Shizune -dije, sin alzar la cabeza-. Pero me iría bien algo de café, si hay.

-Lo siento –dijo Sakura-, no nos queda.

Sorprendido, alcé la cabeza y la vi echar un vistazo a la única habitación de la casa en la que nunca había estado. No pude evitar recordar la apasionada tarde que habíamos pasado hacía dos meses cuando estaba aterrado por su desaparición.

Llevaba unos pantalones de mezclilla gastados, una camiseta roja de manga larga y botas que parecían tan viejas como el rancho. Llevaba el pelo recogido en una cola de caballo baja y ni una pizca de maquillaje. Sin embargo, sus ojos jades parecían llenos de fuego y emoción; Supe que nunca había visto una mujer tan hermosa en mi vida.

Sentí la ya familiar descarga eléctrica que recorría mi cuerpo cada vez que la observaba. Mi sexo se puso duro como el granito. Llevábamos meses casados y seguía sin haberme inmunizado a su presencia.

Irritado por ese pensamiento, bajé la vista al montón de papeles que tenía delante de mí.

-No sabía que eras tú, Sakura. Estoy ocupado ahora mismo. ¿Necesitas algo?

-No –respondió ella con suavidad, cruzando la espesa alfombra oriental hacia el escritorio de roble que había sido de mi padre-. Ya me has dado cuanto necesito.

-¿Qué? –alcé la vista de nuevo. Su tono solemne me había llamado la atención. Me fijé en la sonrisa triste que curvaba su boca y en el brillo húmedo de sus ojos-. ¿De qué estás hablando? –Pregunté, poniéndome de pie-. ¿Algo va mal?

Ella negó con la cabeza, se limpió una lágrima solitaria que había escapado de un ojo y se deslizaba por su mejilla y sacó un papel doblado del bolsillo trasero.

-No, Sasuke. Nada va mal. De hecho, todo va de maravilla.

-¿Entonces…?

Ella me entregó el papel y observó como lo desdoblaba cuidadosamente. Lo primero que vi fue una palabra impresa en color negro: Escritura.

Mis dedos se tensaron sobre el papel, haciendo que crujiera. Eso solo podía significar… la miré de nuevo.

-¿Estas embarazada?

Ella me ofreció una sonrisa que no llegó a brillar en sus ojos.

-Lo estoy. Me hice una prueba de embarazo en casa y ayer fui al médico a confirmarla –inspiré profundamente-. Estoy de unas seis semanas. Parece que todo va bien.

Sakura. Embarazada de mí. Una emoción que no deseaba y que me negué a reconocer destello en mi mente. Bajé la mirada hacia su vientre plano, como si pudiera atravesar la piel y ver el diminuto ser que crecía en su interior. Un niño. Mi hijo. Esperé que llegara la cuchillada de dolor, pero no llegó y no supe cómo interpretarlo.

-Enhorabuena, Sasuke –Sakura interrumpió mis pensamientos con voz queda y, en cierto modo, desgarrada-. Hiciste un buen trabajo. Cumpliste tu parte del trato. Ahora tienes la tierra que querías y el pacto queda cumplido.

-Si –pasé los dedos sobre el papel y supe que debería sentir una gran satisfacción. Plenitud.

Llevaba cinco años entregado a recuperar los últimos trozos del rancho. Y lo había conseguido. Tenía en mis manos la escritura de la última parcela y sentía… nada.

-He hecho el equipaje –estaba diciendo Sakura.

Arrugué la frente y alcé la vista de nuevo.

-¿Te marchas? ¿Ya?

-No tiene sentido quedarme más tiempo, ¿no? –su voz se agudizó y subió de volumen.

-No –miré de nuevo el papel. Sakura se marchaba. El matrimonio había terminado-. No tiene sentido.

-Sasuke, hay una cosa mas –tomó aire y lo soltó de golpe-. Algo que deberías saber antes de que me vaya. Te Amo, Sasuke.

Me desequilibré un poco, como si esas tres palabras hubieran sido un puñetazo. Me quería y se marchaba.

¿Por qué no era capaz de hablar?

Porque no podía siquiera pensar.

-Siempre te ame –admitió ella, y se limpió otra lágrima con gesto impaciente-. No tienes que decir o hacer nada, así que no lo intentes, ¿si? No creo que ninguno de los dos pudiera soportarlo –sonrió débilmente, pero capté el temblor de su labio inferior.

Empecé a rodear el escritorio, sin saber que iba a decir o hacer, pero con la certeza de que debía actuar. Ella me detuvo alzando una mano y retrocediendo.

-No, por favor –movió la cabeza-. No me toques y no seas amable –soltó una risa que sonó como cristales rompiéndose-. Dios, no seas amable. También quería decirte que me voy de la ciudad. Mañana.

-¿Te vas? ¿Adonde? ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué?

-Me traslado a la reserva –esbozó otra sonrisa poco convencida-. Voy a vivir con mi hermano Neji y su familia hasta que encuentre un lugar que me interese –mientras hablaba, retrocedía hacia la puerta sin dejar de mirarme, como si temiera que intentase detenerla-. No puedo quedarme aquí, Sasuke. No puedo criar a mi hijo tan cerca de ti sabiendo que nunca te tendré. Necesito algo nuevo, Sasuke. Mi bebé se merece ser feliz. Y yo también.

-Sakura, me estas lanzando todo esto demasiado deprisa ¿Qué diablos se supone que debería hacer al respecto?

-Nada. Nada, Sasuke –cerró la mano sobre la perilla de la puerta-. Esto no tiene que ver contigo. Así que… adiós.

Sakura iba a cambiar toda su vida por mi culpa. Me sentía como un canalla, pero no era capaz de decirlo en voz alta. Ella no tendría que verse obligada a marcharse. Abandonar el hogar que amaba por mi culpa.

-Sakura, maldita sea…

-Es como tiene que ser, Sasuke –movió la cabeza-. Te deseo lo mejor. Espero que te vaya muy bien en la vida.- musitó sin controlar las lagrimas y se marchó.

Se había ido y me quede solo… sentí un frío insoportable al instante.

Solo…

Justo como había querido.

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Hola

Espero que el capitulo les haya gustado. El final está muy cerca u.u

Agradezco mucho todos sus reviews.

Nos leeremos pronto.

Ranko Uchiha

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