Hola!

-Visiten su perfil... denle click... ya saben que hacer... -Jasper tenia la mirada fija en la TV.

-¡Si! ¡Gane! -Emmett ni siquiera ponia atencion.

-Ya les dije que no me gusta que jueguen con el Wii, con su super fuerza lo pueden romper... y es de mi hermano. -Viri sufria en cada tiro de boliche.

-Es divertido... -Edward estaba escogiendo un nuevo juego.

-Yo lo se...

Lean, disfruten...

Nos vemos abajo!


Capitulo 11.

Visitas.

-¿Segura que estarán bien? –Edward tenía la boca fruncida. –Puedo ir mas tarde a cazar y acompañarlas…

-No, estaremos bien. –Bella acomodaba en una pañalera las cosas de Annie. –Además solo vamos a visitar a Charlie.

-¡Bro! Estas cada vez más neurótico, paranoico… ¡Ouch, dolió! –Emmett se froto el estomago con fuerza. –Un día de estos…

-¡Bah! Nunca lo cumplen… –Jasper intentaba a animarlos, pero se aburrió y lo dejo. –Edward, deja de estar ansioso.

-¿Ningún problema? –Alice siseo bajito. –Solo quiero estar seguro.

-Ya te dije mil veces que no veo nada extraño.

-Y si siempre llegas con ella, Charlie creerá que eres un marido controlador con su hija. –Rosalie jugaba en la sala con la niña. –Ya es justo que Bella vaya al pueblo sola, la gente empezara a decir cosas, ya sabes… "Pueblo chico, infierno grande"

-Pero si algo raro sucede… -La humana beso los labios de su marido. –No me distraigas…

-Mejor ayúdame a meterla en… -La palabra se quedo atorada. –Métela en su silla.

-¡Jajaja! Todavía no aceptas la camioneta. –El musculoso extendió la mano a Jasper. –Te lo dije, no lo aceptaría tan pronto.

-Cuñada, me acabas de hacer perder diez mil dólares…

-¡¿Qué!? ¿Edward?

-Apostaron a que tardarías al menos medio año en aceptar la camioneta sin problemas… -El pianista tomó la sillita y a la niña. –Jasper dijo que sería en menos… Emmett ganó.

-Ni siquiera me pondré a pensar de donde sacan tanto dinero… -Abrió la puerta. -¡Nos vemos mas tarde! ¡Provecho!

Los vampiros retumbaron en carcajadas.

Caminaron hasta la camioneta Navigator que estaba en el garage. Bella trago saliva y oyó la risa de su esposo.

-No me causa gracia…

-Es que debiste ver tu cara. –Sonaron los seguros. –No es tan cara, cariño. Al menos no tanto como el convertible que había visto…

-¡Convertible! Ustedes y sus gustos por la velocidad y por las cosas ostentosas… -Acomodaron a la niña en la silla trasera. –Tengo el celular prendido, ¿eso te calma?

-Lo mínimo. –Acaricio la pelusa castaña de su hija. –Estaremos atentos.

-No pasará nada.

En un momento se encontraba en los brazos de su marido y al siguiente en el asiento del conductor. –Si no te das prisa, no te dejo ir. –Le abrocho el cinturón de seguridad y cerro la puerta.

-Empiezo a creer que si eres un celoso posesivo. –Nuevas risas estallaron en la casa. –Si una cosa me molesta es que nuestras conversaciones no puedan ser privadas…

-Bienvenida a su mundo. ¿Cómo crees que se sienten ellos con mi don? –El motor empezó a andar.

-Eres perverso. –Se dieron un beso más. –Te veo en unas horas.

-De acuerdo, voy por ti.

-Si, "papá"

Agito la mano y salió por la vereda. El lujo del interior de su nuevo auto la volvió a abrumar.

-Serás una niña mimada. Tus abuelos, tus tíos y tu padre te compraran todo lo que les pidas.

Checo por el espejo retrovisor que la bebé estuviera bien.

-¿Algo de música?

Encendió la radio y puso una de hits del momento.

-Demasiado grande, demasiado lujosa, demasiado… Cullen.

Sonrió y movió la cabeza.

El camino fue relativamente rápido, o al menos así lo había sentido. Ya estaba aparcando frente a su antigua casa.

-Igual… igual que siempre.

La patrulla ya estaba ahí, así que su padre de seguro, ya la estaba esperando.

Bajó y abrió la puerta trasera, donde recién despierta Annie observaba con atención el techo.

-Espero que tu abuelo tenga surtida la despensa, porque si no, tendremos que ir al supermercado.

Subió medio cuerpo para desenganchar la silla… cuando un conocido calor la abrumó.

Un calor a licántropo.


-¿Cuándo vuelven Esme y Carlisle? –Corrían a toda prisa por el bosque. Edward esquivó la rama que le aventó su hermano.

-Dentro de tres días, ya saben, quieren aprovechar su tiempo en la isla… -Alice hizo un mohín de vergüenza.

-¡Nuestros padres aun rockean!

-¡Osito! –Rose negó con la cabeza. –Esas cosas no se dicen.

-¡Bah! Por eso Edward se quiere ir a vivir lo más pronto posible a su casa con nuestra hermanita.

-¡Me debes lo de hace rato!

Ellos eran ajenos a todo lo que estaba ocurriendo.


Seth entro a toda prisa a casa del macho alfa de la manada. -¡Sam! ¡La vampira!

Como un resorte se despojo de los brazos de su prometida, y con una mirada de disculpa salio a toda prisa hacia el bosque.

Ellos tendrían sus propios problemas.


Y Bella… estaba enfrentando su pasado.

-Hola.

-¿Qué haces aquí?

Sus ojos viajaban entre su hija y Leah.

-Viniendo a visitar a la flamante esposa del chupasangre… y la hija de Jake.

-¿Cómo sabes que es una niña? –Intentaba ganar tiempo.

-Es lógico… esa chamarra rosa tan fina… -Cerro la puerta del conductor. -¿Por qué no la sacas? Me gustaría conocerla…

-Te están buscando a ti y a el. –Quedó totalmente frente a la mujer lobo. –Y Charlie esta dentro, si ve que me tardo…

-Antes de que siquiera logre verme, yo ya me habré dado a la fuga.

-¿Qué quieres? –Tonto Edward, ahora es síquico.

-Solo vengo a darte un recado. –Se recargo en la tapicería. –El va a venir, y te quiere a ti… y a la niña.

-¿Por qué lo ayudas? –No pudo evitar mirarla, con cierta lastima.

-¡NO ME MIRES ASI!

Bella noto horrorizada, los calambres que le daban en el cuerpo a la mujer.

-¿Sabes lo que es vivir con la lastima a tus espaldas? –Parecía como si estuviera hablando para sí misma. –El sentirte humillada, no poder dejar de amarlo… -Se pasaba la mano con desesperación por el cabello. –Y lo peor de todo, no poder tener esos pensamientos para ti. Pero no conforme con eso, la maldita vida, te imponía no poder tener hijos…

-Leah tu…

-Si, Bella; soy estéril. –Sus ojos vagaron hacia la niña. –Da la casualidad de que la misma "naturaleza" que nos dio el gen; a las mujeres las vuelve estériles.

-Yo… no lo sabía.

-Pues la manada sí, todos y cada uno de mis pensamientos los saben.

-Leah, ellos te aprecian. Sé que Seth te extraña. –Intento salir de la camioneta, pero la loba se lo impidió.

-Tu amistad y tu amor por los fríos empezará una guerra, pasara lo que pasara era algo que iba a suceder tarde o temprano. –Habló con voz calmada y pausada. -¿Estas lista?

-Yo pertenezco a Edward, es mi esposo. Y nada ni nadie nos separarán. –Por raro que fuera, su voz salió confiada.

-Caerán las cabezas. Y no serán las nuestras.

-No hay mucho que puedan hacer. ¿Piensan lanzarse a una misión suicida? –Obviamente se refería a que ellos tenían ventaja numérica.

-Cuando las cosas pasen, te sorprenderás de los aliados que conseguimos.

-¿Aliados? –Que ella supiera no había más licántropos en la zona.

-¿Sabes? No me importaría criar a la niña… podría ser una buena madre. –La ignoró completamente.

-Ella es mía, es mi hija.

-Y de Jacob, no se te olvide.

-Esto no se quedara así, todos te buscaran. –Tal vez, si ganaba tiempo. Vendrían a ayudarla.

-Que lo intenten… les dejaré un recuerdito.

La señora Cullen no lo vio venir, solo sintió el ardor cuando las uñas de Leah le rasguñaron la mejilla.


Alice dejo de succionar a su presa, un segundo después Edward estaba a su lado.

-¿Por qué no se ve nada?

-No lo sé, es como cuando la manada esta a su lado…

-¿Iban a ir a casa de Charlie? –Jasper y los demás, también dejaron de comer.

-Que yo sepa no. –Rosalie sacó un teléfono móvil y marco el numero de la casa de Sam. -¿Emily? Soy Rosalie Cullen. Sí, soy la rubia. ¿Está Sam o alguien de los chicos? ¿No? ¡¿LA VAMPIRA?!

No esperaron más y salieron disparados a Forks.

-¿Salió alguno a casa de Charlie? No… Bella fue con Annie para allá. Te tendremos informada.

-¡Diablos! ¡SABIA QUE NO TENIA QUE DEJARLA IR!

-¿Qué pasa? –Emmett se emparejó a su esposa.

-Apareció Victoria y Sam, junto con los demás fueron a perseguirla. –Si pudiera sudar, en ese mismo instante Rose estaría empapada de uno frio. –Pero nadie está con Charlie.

Jasper sintió la incertidumbre. –Eso quiere decir que Jacob esta aquí.


-¡Lobitos tontos! –La pelirroja los esquivó con gracia. –No me podrán atrapar.

Un gruñido retumbó en el bosque.

-Pero no se preocupen. –Los miró fijamente. –Nos veremos pronto, y no vendré sola…

Se sumergió en el mar y los lobos ya no pudieron seguirla.


El grito alertó a Charlie que salió disparado de su casa y de inmediato vio el auto de su hija.

-¡Bells!

La ubico sentada en el camino, a los pies de la camioneta. Dentro, su nieta lloraba a grito tendido.

-¡Hija! ¿Qué paso? –No sabía a cuál de las dos cuidar. -¿¡Diablos, Isabella Marie Cullen, que pasa!?

-Sus ojos… sus ojos. –Los recuerdos se agolparon en su cabeza. –Eran los mismos ojos.

Charlie alzó a la niña y abrazó a su hija.

-¿Qué ojos? ¿De qué hablas? –Hizo que levantara el rostro y de inmediato, vio las marcas y lo amoratado del golpe. -¡¿Quién te hizo esto?!

-Eran los mismos ojos que tenía cuando me atacó, los mismos. –Buscó refugio en los brazos del jefe de policía.

-¡Bella! –La voz de su ángel guardián no la sacó de su estado. -¿Qué te pasó?

-Regresaron, regresaron.

-¿Quién? –Edward le quito el cabello de la cara. –Mi amor, por favor, háblame.

-Leah, ella vino y me dijo que el vendría por mi y por Annie. –Los ojos estaban abnegados de lágrimas. -¡Me la quiere quitar! ¡Es mi hija! –Lo sujetó con firmeza del suéter que portaba. - No regresaran solos, algo planean.

Con delicadeza le dio su lugar a su yerno, acaricio la cabeza de su nieta y siguió escuchando.

-¿Te lastimó en otro lugar?

-¡Edward, regresaron! ¡Vienen por ella!

La familia Cullen se miraba con aprensión. Y Charlie, no entendía que demonios pasaba. Solo que su hija, había sido maltratada una vez más.


-¿Lo lograron? –Emily recibió a su pareja.

-No, se metió al mar. –Se desparramó en un sillón. –Nos dijo que volvería.

-Los Cullen llamaron. –El macho alpha abrió los ojos. –La rubia pregunto si alguno de ustedes había ido a casa del Jefe Swan; le dije que no.

-¿Bella fue de visita? –Poco a poco se fue enderezando.

-Sí, con la niña. –Se restregó las manos contra el delantal. –Algo no anda bien.

-¡Diablos! –Su cuerpo empezó a vibrar. –Iré a averiguar.

-Ten cuidado…

Una vez más, se quedo sola. Pero el sentimiento era diferente, había algo en el aire que le causaba calosfríos.


-¿Cómo no me di cuenta?

-No podías saberlo, Charlie. –Alice le dio un café. –Si no fuera por la ansiedad de mi hermano, no hubiéramos venido.

-¿Se durmieron? –Todas las miradas fueron hacia la antigua habitación de la humana.

-Si Edward no ha bajado, quiere decir que no. –Emmett les hizo señas cuando un bulto se movió por el bosque. –Voy a dar una vuelta, necesito salir. ¿Jazz?

-Te acompaño.

-No tarden y si necesitan algo, solo díganlo. –Rosalie se acomodó en la sala.

Los jóvenes salieron al encuentro con la manada.

-Le marcare a papá, si no les avisamos se enojaran.

-No es necesario Alice, no los preocupes. –El hombre la tomó de la mano y no pudo evitar estremecerse por lo frio del tacto.

-No pasa nada, de todas maneras regresaban en un par de días más.

-De acuerdo, si te soy franco; me gustaría que revisara a mi hija. La herida no luce muy bien…

-Se lo informare, en el camino puede localizar a alguno de sus colegas.

-Gracias por estar aquí.

-De nada, Charlie. –Rosalie le sonrió con cariño.


-Necesitan transformarse, Edward esta con Bella y la niña. –Un bufido le respondió a Emmett.

-Todavía huele… su aroma está impregnado. Es como si hubiera estado esperándola. –Jasper arrancó de tajo un pedazo de árbol.

-Fue Leah, ¿verdad? –El tono de dolor en la voz de Seth fue inigualable. –Es ella, es su olor.

-Sí, vino a amenazar a mi hermanita. –Los puños se crisparon. –La hirió en la cara.

-¿Y Annie? –Sam consoló al más joven de su manada con una tenue sonrisa.

-No la tocó. Pero le dijo que el estúpido de Jacob vendrá por ellas, y en dado caso… solo por la niña. –Jasper le quitó un poco de su pesar al lobo.

-Gracias… -Le respondió. -¿Qué tan grave fue la herida?

-Una bofetada, pero al parecer tenia las garras de fuera, porque las marcas fueron cerradas con vendoletes. –Y les enseñó en su propia cara la extensión.

-¡La haré picadillo! –Emmett rugió con fuerza. –Lo siento, chico. Pero se metió con mi cuñada.

-La vampira también hizo acto de aparición. –Paul intervino en la conversación. -Eso no puede ser una coincidencia.

-Por supuesto que no. –Jasper calmaba cada tanto las emociones. –Por lo que alcanzó a balbucear y lo poco que hemos alcanzado a escuchar; le dijeron a Bella que no están solos.

-¿Se juntan con la vampira? –Quil se estremeció. -¿Y ella que gana?

-Quitar de en medio a Bella.

Sabían la historia y hacia donde iba Jasper. -¿La quieren matar? – Embry aun no la creía, ¿tan bajo habían caído?

-¡Jasper! –La voz de Rosalie los envaró, sonaba angustiada. –Alice…

No terminó la frase cuando el vampiro ya estaba en la sala. No había rastro de Charlie y su mujer estaba teniendo una visión.

-Es un ejército, vienen muchos. Neófitos. –Sus ojos se movían rápidamente y estaba con el ceño totalmente fruncido. –Victoria quiere la guerra.

-¿Localizaron a Carlisle?

Todo volvió a la normalidad, justo a tiempo, cuando se hizo presente Charlie en la sala.

-Si, vendrán lo mas pronto posible. –Rose no pudo fingir tranquilidad.

-¿Todo bien?

Los cuatro vampiros se miraron unos a otros.

No, no estaban bien.


Edward mantenía en sus brazos a su hija, y en su costado a su esposa. Ambas dormían, pero cada vez que veia la herida… la sed de sangre se hacía latente.

Jacob, Leah, Victoria y el ejército de neófitos. Si confiaban en la primera visión de tiempo, tenían menos de 3 semanas para el evento sucediera.

Annie y Bella estaban en peligro, tenía que sacarlas de Forks, de Washington ¡Y de ser posible hasta del país!

-No serviría de mucho, ellos la buscarían hasta encontrarla. Tienen su olor muy metido.

-Gracias por las esperanzas, Alice.

-No te preocupes, saldremos de esta. –La duendecilla se sentó en la mecedora de la antigua recamara de su cuñada. –Es hora de irnos a casa, Charlie se ve exhausto.

-¿Te llevas a Annie? –Se la tendió. –Ya sabes donde están sus cosas. Yo bajare con Bella.

-Te vemos en el auto.- Alice cogió la pañalera, cuando algo pasó por su cabeza. -¿No traía Bells un suéter y Annie su rana de juguete?

En segundos Alice dejó a la bebé en la cama a lado de su madre, se movieron por la pequeña habitación y con esa velocidad suya recorrieron la casa y los alrededores.

Edward no encontró el suéter azul turquesa y la ranita de toalla que era el objeto predilecto de la niña.

-¿En la camioneta? –Un gruñido salió del pecho de Edward al negar su hermana. -¡Se los llevaron!

-Con eso, enloquecerán a los neófitos. –La vidente empezó a murmurar entre dientes. -Bella siempre a olido delicioso, y el extraño efluvio de mi sobrina; tampoco puede pasar desapercibido.

-Vámonos a casa. Estarán seguras allí. –Salieron a prisa de la recamara. –Charlie, nos vamos a casa. Ha sido un día agotador.

-Sí, claro. Mañana iré a verla, después de mi turno. –Los acompañó a la salida. –Cualquier cosa, no duden en llamarme. Si necesitan una patrulla en su casa…

-No creo que sea necesario. –Emmett mostró sus bíceps. –Además, no cualquiera llega a casa.

-Estaremos atentos.

La familia de vampiros miraron en los arbustos, el olor de Sam fue perceptible.

Jasper y Emmett fueron adelante. Edward y su pequeña familia en el medio. Y las dos mujeres en el asiento de atrás.

-A más tardar mañana a medio día llegan Esme y Carlisle.

Nadie le contestó a Rosalie. Estaban demasiado ensimismados.

-Es una guerra, hay que estar preparados. –Sabían a que se refería Jasper. –Hay que entrenarnos lo más pronto posible. No hay tiempo que perder.

-Esta misma noche tenemos que empezar. ¡Quiero patear traseros! Y si son de lobitos, mejor.

-Tranquilo, Emmett-oso. –La rubia estaba que echaba chispas. –Tengo algunas cuentas que arreglar con esa tipa.

-Hagan lo que quieran, pero Jacob es mío. –Ninguno pudo objetarle ese derecho al lector de mentes. –Victoria irá tras de mí, así que alguien me tiene que cubrir la espalda.

Unos aullidos les dio a entender que su conversación estaba siendo escuchada.

-Nos vemos en el jardín delantero de nuestra casa. -Edward esperó la respuesta en la cabeza de alguien de la manada. –Quieren participar.

-No saben cómo atacar a los neófitos, correrán riesgos innecesarios. –Jasper estaba haciendo uso de sus conocimientos sobre guerrillas vampirescas.

-Creen que los menospreciamos.

-Entonces que entrenen con nosotros. –Annie se retorció en los brazos de Alice. –La niña tiene hambre, tenemos que despertar a su mamá.

-Esperen ya casi llegamos. –Emmett conducía igual de rápido que los demás, y el motor de la camioneta le ayudaba en su tarea.

La Mansión se alzó frente a ellos. Ni bien había terminado de apagar el coche; todos estaban descendiendo. Alice fue la última.

-Vamos a dejarlas en mi recamara. ¿Quién se queda con ellas? –Los lobos fueron llegando al punto de encuentro.

-Yo. –Rosalie cargó a la humana. –Ustedes necesitan estar en el jardín.

-De acuerdo. Esta misma noche tendremos un arreglo para lo que se avecina.


NOTAS DE LA AUTORA:

-Lo mato... -Edward gruñia, hasta que la autora salio en su vision periferica. -Y de paso a ti, dejaste que la loba esa la tocara.

-Ya... pero ahora se viene lo bueno... a patear culos de lobos!!! -Viri se subio a la espalda de Emmett.

-¡Si!

-Estan emocionados. -Jasper no podia dejar de reirse. -¡Gracias por leer la historia!

-STRANGEEERS intentamos dejarte un mensaje, pero no tienes habilitados los privados...

Saludos!

Besos!

aDiOs!