Empecé a escribir esto desde el año pasado, cuando mi profe de historia me encargó leer "México Bárbaro", de John Kenneth Turner (bastante ilustrativo, lo recomiendo) ¿y por qué hasta ahora, justo un año después? Pues... hahahahaha... es porque soy una escritora fail. Lo siento mucho por la espera (de nuevo). ¡El lado amable es que ahora puedo justificarme con que entré a la universidad! (eso me hace sentir menos mal conmigo misma).
Btw, tengo una cosa enferma por esto de inspirarme a las 4 de la mañana.
Título: Susurros al viento.
Drabble: Gala - México
Rating: T
#11: México viste de gala; todos los días. Sin excusa ni falta. Aunque no tenga nada además que la inconformidad y la agonía, con el rugido del tigre dormido que espera, ansioso, desesperado, al grito de una revolución.
Notas: A lo mejor esto tiene sentido cuando lean la cápsula histórica (?). Aunque me fui a la quinta mierda con su extensión, pero es que mi país me inspira (?).
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, sin embargo este drabble sí, al igual que el OC que aquí manejaré. El diseño a imaginar queda a su criterio.
Susurros al viento
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Gala
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México
México está ojeroso, cansado, pero siempre tiene una sonrisa que regalarle al mundo. Una sonrisa exangüe, pero brillante como el mismo sol. Tanto que deslumbra a todo aquel que la ve, y tan poco ve que le es imposible saber qué es lo que hay detrás de ella. Porque México es jovial, ríe sin miedos ni segundas intenciones. Es espontáneo, relajado. Con él va todo viento en popa y es inconcebible siquiera pensar en dudar de sus palabras, aunque sus ojos chocolate los acuse, a todos, en silencio.
México desde hace un par de décadas siempre lleva las manos cubiertos por guantes, de gusto europeo y calce perfecto, blanco inmaculado y cosido en el más delicado hilo de oro. Su jefe los ha traído desde Francia y no tiene permitido quitárselos, al menos no mientras está en medio de un asunto de negocios e internacionales.
Todos parecen encontrarlos bastante elegantes, muy acordes al latino. Porque México se viste de gala todos los días, sin falta. Sin excepción.
Lo que no saben es que detrás de la seda fina hay heridas, de años pasados, otras actuales; y no todas han sanado por completo. Y que, cada vez que le estrechan la mano al término de una negociación en la que se dedica a reír y asentir, como un muñeco sin voz ni voluntad, esas heridas duelen cada vez un poco más.
México sonríe. México es espléndido, pintoresco, recibe a todos con los brazos abiertos, una invitación en la punta de la lengua y una fácil resolución. Por eso nadie pregunta, a nadie le extraña, pues la seguridad es absoluta y su realidad la más pulida actuación; tan sutil, tan perfecta, que simplemente la ilusión se ha vuelto la más palpable verdad.
Es la cúspide de la industria. Le palmean en la espalda al pasar a su lado, le invitan a reuniones de negocios. Y así está muy bien.
Por eso y más México se viste de gala. Todos los días, sin excepción.
Pero nadie sabe que México debe de andar a hurtadillas en su propia casa, escabulléndose entre los sabuesos, fingiendo que no sabe nada cuando en realidad lo ve todo, fingiendo que no pasa nada frente a sus guardias que pecan de verdugos. Y que cada vez que habla un poco de más, cuando cree que nadie además de sus hermanos le escuchan mira tras sus espaldas y a sus costados, esperando que las paredes no tengan oídos… o, peor aún, un arma.
México viste de gala todos los días, por mucho que odie llevar ese traje de corte afrancesado que le se antoja de insulso y ridículo. Y se siente enfermo de fingir sonrisas en aquella farsa, pues sabe que no es más que un producto de escaparate a la espera de prostituirse con el mejor postor. Patético y ultrajado de ostentar con fingido orgullo ese mundo de oropel, con los más finos guantes a juego, de seda blanca e hilo de oro, traje costoso y la más refinada educación.
México se viste de gala. Todos los días. Sin excepción, mientras intenta no escuchar los gemidos agónicos de sus hermanos pereciendo en miseria y dolor. Que claman sin descanso a gritos dichos en susurros, esperando a que su voz tome potencia a través del número porque, quizá, es la unión quien hace la fuerza (o, tal vez, otra masacre).
Porque México se viste de gala todos los días y va codo a codo con los grandes mientras se contonea en su propia gloria y majestad.
Y México, en realidad, no tiene nada.
Nada más que la miseria y la necesidad de sacar todos esos sentimientos e indignación en un grito que, al final, se queda suspendido en la nada.
México se viste de gala, aún con la sangre fresca, la ponzoña en las entrañas y la extenuación. Con hambre de libertad que añora desde hace siglos, sed de la justicia que jamás ha podido probar y el alud de promesas jamás cumplidas escociéndole en cada herida, cada latigazo y hasta la última respiración.
México viste de gala; todos los días. Sin excusa ni falta. Aunque no tenga nada además que la inconformidad y la agonía, con el rugido del tigre dormido (*) que espera, ansioso, desesperado, al grito de una revolución.
¡Capsula histórica! Esta vez es larga, porque creo que el drabble no se explica a sí mismo si no se tienen nociones de lo que pasó. México llegó a ser considerado una potencia durante el mandato de Porfirio Díaz (de 1876 hasta 1911) y todo extranjero que pusiera pie en el país tenía el mejor trato y el lugar tenía una apariencia tan pulcra (Díaz no permitía vagabundos en las calles, pls) que sencillamente se quedaba flipando de lo paradisiaco que era (el eje de la política internacional era ese, en teoría México estaba vendido entre Inglaterra, USA, Francia y España). Sin embargo, a pesar de todos los adelantos tecnológicos y auge económico, la población vivió en la miseria, prácticamente como esclavos. Se implementó un sistema de inteligencia digno de la CIA donde si un espía o policía rural llegaba a escuchar un solo comentario en contra del mandato sencillamente el individuo desaparecía, de tal forma que se eliminaban las amenazas al sistema antes de que comenzaran. Yucatán se convirtió en la Siberia mexicana, donde los presos políticos, esclavos y desgraciados sobrevivían a trabajos forzados en los campos de henequén. Otros se iban a pudrir a San Juan de Ulúa, una cárcel inhumana donde se veían privados de todo lo privable. Se implementó la "ley fuga" y los secuestros en las ciudades no eran raros, pues había tal taza de mortalidad en los campos de henequén que era necesario mantener un flujo constante de esclavos. En pocas palabras, fue un momento heavy de la historia mexicana.
Si notaron que mencioné mucho las cosas afrancesadas, es porque era la moda y todo lo delicatessen que había en México. Una jodida ironía, considerando que Porfirio Díaz hizo una carnicería con franceses durante la segunda intervención y luego vino imponiendo la moda francesa. El tío tenía problemas(?)
(*) "Madero ha soltado al tigre, a ver si puede domarlo", frase que dice Díaz luego de zarpar a Francia. Él siempre consideró que el país necesitaba "puño de hierro" para mantener el orden, y tuvo razón. Luego de su partida México se fue a la mierda en más guerras y cosas que no valen la pena explicarse porque ni en Game Of Thrones la cosa es tan salvaje (?).
Ok, ahora sí paro. ¿Les gustó? ¿Se entendió? Digan que sí y tal vez actualice antes de que termine esta Era :'D (¿?). Vale, no. ¡Intentaré hacer esto más rápido, en serio! Gracias por leer a quien me lea, son un amor. Kissus de chocolate para ustedes, gente bella. ¡Aún sigo aceptado (y agradeciendo) sugerencias para esta colección! -que no, no abandonaré :')-
