HOLA CHICAS, AQUÍ LES TRAIGO UN NUEVO CAPÍTULO, PERO ANTES ME GUSTARÍA AGRADECERLES POR SUS PALABRAS DE ALIENTO, EN VERDAD SIGNIFICAN MUCHO PARA MÍ.

TAMBIÉN ME GUSTARÍA RESPONDER ALGUNAS PREGUNTAS QUE ME HICIERON ACERCA DE SI LOS REBELDES IRÁN A AMÉRICA Y DE SI APARECERÁ SUSANA.

EN UN PRINCIPIO, NO LO TENÍA PLANEADO, QUERÍA HACER UNA HISTORIA ROSA, YA QUE NO ME GUSTA HACER SUFRIR MUCHO A CANDY Y TERRY, PERO LO CIERTO ES QUE UNA HISTORIA SIN DRAMA PIERDE ESENCIA, ASÍ QUE SÍ, VEREMOS APARECER A SUSANA MÁS ADELANTE, LO QUE TAMBIÉN RESPONDE LA SEGUNDA PREGUNTA, NUESTROS REBELDES SI IRÁN A AMÉRICA, POR AHORA ESTO ES TODO LO QUE PUEDO ADELANTAR, POR LO PRONTO, ESPERO QUE LES GUSTE ESTE CAPÍTULO, NOS LEEMOS PRONTO.


Durante los días que siguieron, Candy trabajó muy duro en sus estudios.

Las religiosas estaban sorprendidas y complacidas a la vez, pues Candy había logrado superar con creces las pocas expectativas que al principio tenían de ella, por supuesto, la chica no dejaba de meterse en líos por algunas muestras de indisciplina, pero al menos la joven era ahora una de las primeras de su clase, superando incluso a Eliza, de quién se tenían muchas expectativas por provenir de una familia tan prestigiosa, sin embargo las religiosas habían comenzado a notar que Eliza no era exactamente la joven virtuosa que había fingido ser hasta el momento.

Por fin el quinto domingo había llegado.

Como siempre, el carruaje de los Andrew llegó puntual para recoger a los jóvenes miembros de la ilustre familia.

Aunque Candy se había enfrentado muchas veces al rechazo de la tía abuela, no podía dejar de sentir cierta tristeza al saberse fuera de los planes de la matriarca de la familia.

Aunque a decir verdad esta vez no se sentía mal para nada, pues ahora ya no estaba sola, y tenía sus propios planes.

Al ver a la hermana Margaret, Candy decidió dirigirse a su habitación, pues no deseaba levantar sospechas.

-Candice, espera un momento.

-¿Sí? hermana.

-No deberías…

-Lo sé hermana, me iré de inmediato a mi habitación…

-La cosa es, Candy, qué alguien en un elegante carruaje espera por ti…

-¿por mí?

-será mejor que vayas a cambiarte…

-Sí hermana…

Candy se dirigió a su habitación, pensando quien había acudido a buscarla…

También pensó en Terry, había acordado encontrarse con él en la colina para salir juntos del colegio, y ahora no tenía forma de decirle que alguien había venido a buscarla.

Escribió una nota a toda prisa, y la llevó al hueco del árbol que Stear les había dicho que podían utilizar para comunicarse.

Después salió al encuentro de la hermana Margaret.

-¿por qué tardaste tanto? No debes hacer esperar a tu visita.

-lo siento hermana.

-Candy salió del colegio y buscó el carruaje.

No parecía ser un carruaje común, era bastante ostentoso…

El conductor esperaba, listo para abrir la portezuela.

-¿Señorita White? -preguntó el hombre con formalidad.

Candy se limitó a asentir.

Entonces el hombre abrió la puerta, y le ayudó a subir.

Candy esperaba encontrar en el interior del carruaje a su misterioso visitante, pero el carruaje estaba completamente vacío…

-¿está lista? -preguntó el hombre, empleando una vez más ese tono de suma formalidad que a Candy tanto le recordaba a George, la mano derecha del tío abuelo William.

-Disculpe… pero me gustaría saber quién…

-lo lamento señorita, pero tengo instrucciones únicamente de llevarla.

Sabiendo que aquel hombre no le diría nada, Candy finalmente se acomodó en el asiento del carruaje, descubriendo que había una elegante caja con un moño en el asiento, y una nota con una caligrafía que no fue capaz de reconocer.

Por favor utiliza ésto. -decía la nota.

Candy abrió la caja, y se encontró con un hermoso vestido color verde agua.

Junto al vestido había un par de delicadas zapatillas.

Candy pensó entonces que quizá el tío abuelo era quien estaba detrás de todo.

Aunque se preguntó por qué tanto misterio… si quería verla, tan sólo debió presentarse en el colegio…

Aún así accedió al pedido de la nota, y aprovechó la oscuridad del carruaje para cambiarse de ropa, unos instantes, después, el carruaje se detuvo, y el conductor anunció:

-Hemos llegado, señorita.

Entonces Candy se levantó del asiento, y aceptó la ayuda que el conductor le ofrecía.

Al bajar, se dio cuenta de que se encontraba en un muelle, a la orilla del río Támesis.

Candy sintió que el corazón le palpitaba muy rápido, pues finalmente conocería al hombre que era su benefactor, había tantas cosas que quería decirle…

-Señorita, el yate ha llegado…

-¿Qué?

-Allá es dónde debe ir… -dijo el chófer, señalándole una pequeña embarcación que se acercaba.

Candy respiró profundo, y se encaminó a la orilla del muelle, dónde el capitán la recibió, y le proporcionó ayuda para abordar el barco.

-Bienvenida, señorita, el señor la espera. –dijo, señalándole un camarote para luego dirigirse a la cabina, no sin antes presentar sus respetos a la dama con una reverencia.

El pasillo era corto, pero a Candy le parecieron los minutos más largos de su vida…

En cuanto estuvo frente a la puerta tomó el picaporte y lo hizo girar lentamente.

La puerta se abrió, y Candy distinguió la figura de un hombre, que le daba la espalda, y cuya figura era iluminada únicamente por la luz de una vela.

-Tío abuelo William… soy Candice…

-Creo que ya habíamos dejado en claro que yo no soy tu tío abuelo…

-¿Terry? Pero… ¿Qué haces aquí?

-Creo recordar que tú habías accedido a pasar el quinto domingo conmigo…

-Sí pero… yo creí que…

-Eso es porque siempre te apresuras a sacar conclusiones… -dijo él con un poco de burla.

-Ahora… déjame verte… -le dijo, y Candy se quedó muy quieta, mientras el chico castaño llenaba sus pupilas con la maravillosa visión de Candy enfundada en el vestido que él mismo había elegido para esa cita especial.

-¿Quieres explicarme qué es todo esto?

-Sólo deseaba que tuvieras una vista privilegiada de la ciudad… y créeme, no encontrarás un lugar igual… Ahora ven… -comamos algo, le dijo, mientras destapaba la suculenta comida.

-Quiero decir… ¿cómo hiciste para conseguir todo esto? –dijo mirando a su alrededor, y a sus propias ropas.

-Oh, bueno, digamos que es cortesía del duque… ser hijo de un duque, aunque sea uno bastardo, tiene sus ventajas. –dijo despreocupadamente, aunque Candy sabía que estaba lejos de sentirse bien, pues ella sabía que a Terry le dolía el rechazo de su padre, aunque no lo admitiera.

Aquello hizo que se arrepintiera de haber preguntado.

De cualquier manera, no importaba…

Lo realmente importante es que estaban allí, juntos como lo habían planeado, así que decidió disfrutar cada minuto.

-¿Qué esperamos entonces? –vamos a comer. –le dijo ella regalándole una brillante sonrisa.

-Terry pensó que ver la sonrisa de Candy hacía que todo hubiera valido la pena.

Recordó como había hecho para planear cuidadosamente todo.

Desde luego, había sido una gran ventaja contar con la ayuda de James, quién era la mano derecha de su padre, y quién se había encargado de sacar a Candy del colegio sin levantar sospecha alguna.

James era un hombre justo y sensato y era una de las pocas personas en el castillo que siempre lo había apreciado, desde que llegara al castillo en su más tierna infancia, se había preocupado siempre por su bienestar, y en muchas ocasiones lo había defendido de su madrastra, por eso no había dudado en pedirle ayuda para planear algo especial para su pecosa.

James le dijo que su padre se encontraría fuera de la ciudad con toda su familia, así que aprovechó la oportunidad para utilizar el carruaje particular del duque, y el yate dónde solía organizar encuentros con sus amantes.

Después de la comida, Candy y Terry salieron a la proa para poder disfrutar de la magnifica vista de la ciudad, y desde luego el atardecer que se dibujaba en el cielo pintando las nubes de rosado.

Aquella fue una tarde inolvidable para ambos, regresaron al colegio mucho más animados y con la certeza de que lo que sentían el uno por el otro.


Sin embargo, había alguien que no estaba nada complacida con la felicidad de los chicos.

Después de el día en la caballeriza, Eliza había observado cuidadosamente los movimientos de Candy y sus amigos, esperando el momento justo para obtener su venganza.

La oportunidad se presentó cuando presenció el momento en que Paty recogía cartas del hueco de un árbol… entonces se le ocurrió una perversa idea que puso en práctica inmediatamente.


Al día siguiente, Eliza aprovechó la misa para pedirle a Neil que le ayudara con su plan.

A la hora del recreo, Paty entregó a Candy un sobre con su nombre escrito en él.

-¿Es para mí?

-Sí, aunque no tiene remitente…

Candy tomó el sobre y lo guardó entre sus libros para leerlo mas tarde.


Terry acababa de entrar a su habitación, había sido un día muy largo, teniendo que soportar a Neil y compañía en clase y además soportar las miradas asesinas que el elegante primo de Candy le daba.

Hubiese dado lo que fuera por pasarse el día tumbado en el pasto de la colina con Candy a su lado.

Pero le había prometido a ella dejar de comportarse como un delincuente, y lo primero, por supuesto, había sido renunciar al cigarro, también había dejado de escaparse del colegio para ir a beber.

El paso natural siguiente, era por supuesto asistir a todas sus clases, aunque esto fuera muy poco agradable.

Mientras estaba tumbado en su cama, notó que bajo su puerta había una nota, la cuál se apresuró a tomar…

No había remitente, sólo su nombre escrito en el sobre.

"Necesito verte, nos vemos en el establo a media noche".

Candice A.

P.d. rompe la nota después de leerla

Decía el papel.

Terry tuvo duda acerca de la nota… ¿Por qué le había enviado una nota así cuando podía haberlo buscado en la colina?

Entonces pensó que quizá ella estaba en algún lío…

Candy acababa de tirar el último trocito de papel de la nota que había recibido.

No sabía que razón tenía Terry para haberla citado así, pero no dudo ni un momento, tenía que estar allí…

Cinco minutos antes de la media noche, Terry llegó al establo, alli nno había nadie, exepto Teodora y Clint.

Por un momento, Terry deseo que Candy no se presentara, no es que no deseara verla, pero sentía que algo no iba bien…

Al cabo de diez minutos Candy apareció finalmente.

-¿Qué sucede? ¿tienes algún problema? -preguntó ella apenas al entrar.

-creí que eras tú quién estaba en problemas…

-yo… recibí una nota… -dijo ella.

-Yo también… -dime, ¿Aún la tienes? -preguntó él…

-No, la rompí…

-Pero ¿quién podría…? -dijo ella , pero sus palabras fueron silenciadas por Terry, al percatarse de que alguien se aproximaba…

-Terrence Grandchester, Candice White, así que es verdad… -dijo la hermana Gray que encabezaba la comitiva.

-Hermana… -fue una trampa. -dijo Candy.

-cállese la boca.

-No le hable así a Candy ¿acaso no es obvio que fue una trampa... Ambos recibimos notas que nos reunieron aquí esta noche… -exclamó Terry.

-Una señorita decente jamás saldría de su habitación para encontrarse con un jóven. -sentenció la mujer.

-Hermana Sol, por favor lleve a Candice al cuarto de castigo… mañana nos pondremos en contacto con su familia.

En cuanto a usted… señor Grandchester… estará confinado en su habitación una semana… Ahora retírese por favor.

-¿Por qué Candy será llevada al cuarto de castigo y yo a mi habitación? ¿acaso es por los donativos de mi padre?

-cállate Terrence.

-No me callo nada… si va a castigar a Candy, entonces yo también pido que se me castigue de la misma forma.

-hermana Margaret, lleve a Terrence a su habitación…

-Por favor hermana Margaret, tiene que hacer algo… fue una trampa…

-Lo siento Terry, pero no hay nada que yo pueda hacer…

-¡Por favor hermana! -suplicó Terry.

La hermana Margaret que nunca había visto a Terry suplicar, ni siquiera por sí mismo, se sintió conmovida.

-Terry, ahora no puedo hacer nada, la hermana Gray está muy molesta.

Mañana temprano hablaré con ella, y veré qué puedo hacer.

-Gracias hermana. -dijo Terry con sinceridad, deseando hacer algo cuanto antes para salvar a Candy.