Notas: Bueno, he aquí el capi diez. Como veis he tardado un poco, pero es que ya he vuelto a la asquerosa, deprimente y rutinaria vida del estudiante (todavía sufro la depresión pos vacacional)
Portgas D Naru, gracias por tu comentario, y Zoro si, da penita ¡pues que espavile que la vida son dos dias leche! (sigo teniendo depresión pos vacacional xDUu)
Capitulo 10
Con lápiz y libreta en mano, mostrando un ceño cada vez más fruncido y los ojos más entrecerrados, el peliverde pasaba los minutos sentado en su cama frente al espejo de Sanji, en el que uno se podía ver de cuerpo entero, se lo había virlado mientras el rubio estaba trabajando.
Resopló dejando caer la cabeza bajo sus hombros. Era irritante, ni tan siquiera sabía por donde empezar.
Pensó que lo más fácil sería la cara, pero al estarse mirando no sabía que expresión poner y el bochorno ya empezaba a atosigarle. Y si eso pasó pensando solo en el rostro no cabía mencionar con el resto del cuerpo.
Se quitó la camiseta y, dibujarse el dorso, le resultó inesperadamente más fácil que sus propias facciones. Sin embargo, conforme iba avanzando empezó a hacerse preguntas como ¿Qué postura debería tomar en el dibujo finalizado? O ¿Quería un desnudo o un desnudo con "todo" detalle?
Se atrevió incluso a quitarse los pantalones para retratarse la entrepierna, pero tuvo que parar en seco y vestirse completamente.
Si el dibujo estuviese dedicado a estar en el interior de su libreta puede que no tuviese tantos problemas con realizarlo. Pero era para Mihawk y, de alguna manera, eso hacía que el temblara el pulso y que los pulmones no se le llenaran completamente de oxigeno. Su profesor de arte medieval le había enviado un trabajo difícil.
Miró el reloj de su mesita de noche.
-Mejor me voy yendo ya.
Devolvió el espejo a su lugar antes de salir. Había quedado de nuevo con él en su casa. Querían una tarde íntima para los dos, ya que antes de la marcha de Perona no había pasado mucho tiempo juntos. Y debían de aprovechar, después de todo ella ya amenazó con su inminente regreso.
-¿¡Por qué has tardado tanto!? ¿¡Te has perdido o algo!?- le regañó ella con un reproche más que claro cuando abrió la puerta del piso de Mihawk.
Zoro no pudo reprimir su cara de estreñido.
-... tú...
-Si, yo. ¿Acaso tu cerebro es tan enano que es incapaz de almacenar suficiente información para reconocer a alguien? A alguien que, por cierto, le debes mucho.- añadió.
-¿Que haces aquí?
-Es la casa de mi tío y vengo cuando se me antoje.
-Es decir, que solo has venido para incordiar.
-¡Serás desagradecido! ¡Después de lo que he hecho por ti! ¡Pues para que lo sepas, no! ¡No he venido a incordiar!
Vaya, le había sorprendido. Tal vez la niña solo quería saludarle, y cierto era que...
-He venido a pasear, así que vamos por tu bici.
Cierto era que solo venía a incordiar.
-¿Que haces ahí parado?- tiraba de su brazo hacia la salida.- ¡Vamos!
-¿Quieres parar? Yo he quedado con Mihawk.
-A mi tío no le importa. ¿Verdad, Tito?
Zoro volteó la cabeza, Mihawk observaba a los dos con una taza de café en la mano en silencio.
-¿Me has traído el dibujo?- preguntó esto muy serio mirando a Zoro directamente a los ojos. El joven por su parte dejó de mirarle con cierto rubor.
-Es... estoy en ello.
-Te lo puedes llevar.- permitió a su sobrina volviéndose para la cocina.
-¿Cómo que "te lo puedes llevar"? ¡No soy un perro!
Sanji asomó la cabeza por la puerta del piso, asegurándose de que estaba vacío. En primera instancia parecía no haber nadie, pero debía de asegurarse.
-¿Zoro? ¿Estás ahí?
No hubo respuesta. Suspiró aliviado entrando por fin.
-Puedes pasar.- le dijo a su invitado.- ya ha salido.
El otro entró mientras Sanji iba a su habitación. Era un chico un poco más alto que él, moreno y con pecas en las mejillas. Con sus manos en los bolsillos observaba con una sonrisa nostálgica el piso.
-Vaya, este sitio no ha cambiado nada después de año y medio.
-Ya, mi sueldo y la dote de Zoro no es que den para mucha remoldeación- salió de su habitación con un par de cartas en la mano.
-No lo decía como algo malo. ¿Esas son las cartas de Luffy?
-Si.- se las tendió y fueron recogidas.
-Siento haberte sacado del trabajo para esto.
-No te preocupes, él cambió muy rápido de dirección de correos, es normal que pase esto.¿Quieres algo de beber?- preguntó esto yendo hacia la nevera.
-Me encantaría una cerveza.- se sentó en uno de los taburetes.- Aunque... ¿está bien? Zoro podría verme.
-Él no volverá hasta mañana muy seguramente.
-¿Y eso?
-Sale con alguien.- puso la lata de cerveza delante del chico.
-¿De verdad?- su tono fue sorprendido, pero a la vez alegre.- Entonces ya está mejor.
-Eso parece... pero aún no si verte...
-Ya, ya. No te disculpes, Sanji.-dejó las cartas sobre la barra para abrir la lata.- Sé que lo haces por él, porque verme a mi le puede recordar a mi hermano. Soy consciente, y también quiero que Zoro salga del bache.-bebió un trago.- Siempre le he tenido un gran aprecio, igual que a Nami y a ti.
Sanji le sonrió, pero seguido apartó la mirada con seriedad.
-Y él ¿Cómo está?
Tras otro trago, el moreno, puso una cara triste.
-A veces sonríe con esa luz que tiene, pero la mayoría de las veces que lo he visto está apagado.
-¿Le tratan mal?
-No, no van por ahí los tiros.-bebió.- aunque es cierto que esos dos son de un estilo que Luffy nunca ha estado acostumbrado. Mucho más agresivo, mucho más... oscuro, no sé si me explico. La casa huele siempre a alcohol y a tabaco. Y uno de ellos está siempre en su habitación con una chica.
-Se lo tiene bien merecido.- masculló molesto, pero de repente se dio cuenta con quien estaba hablando.- Lo siento.
El de las pecas le sonrió.
-No eres el único molesto con él. Es mi hermano y tengo que apoyarlo, darle consejos... pero soy el primero que sabe que no hizo bien las cosas.- suspiró.- Pero también debo decirte que el sufrió con lo de Zoro. Él, quieras creerlo o no, era muy importante para Luffy.
-No sé si puedo creerte en eso. De todas maneras, lo fuera o no, dejó de serlo cuando encontró a ese chico.- el otro apartó la mirada, serio.- ¿Qué ocurre?
-Que se conocieran fue culpa mía.- se aparto el pelo de la cara con la mano.- yo saqué esa noche a Luffy, iba conmigo y con Noyiko. Fue entonces cuando lo conoció.
Sanji quedó mirándolo un momento.
-Es inútil que cargues con eso, Ace. Si Luffy se fue por esas razones era inevitable que acabara pasando.
El moreno levantó cabeza para sonreirle, no sin su atisbo de culpabilidad.
-Pero a lo mejor no de la manera en que pasó.
El viaje en autobús se le había hecho interminable con la "Princesa Chicle" agarrada de su brazo y callándose solo para tomar aire. Y como de costumbre todo lo que salía por su boca eran quejas.
-La verdad es que en cuanto pueda me voy a sacar el carnet de conducir, o mejor, un novio con coche ¡odio el autobús! Ya solo con estas sillas que a los tres segundos te sientes dolorida... y aún así es mejor que estar de pie agarrada a la barra para no perder el equilibrio gracias a la incompetencia del conductor, porque cuando lo haces los sátiros te toman por bailarina de prostíbulo, por no hablar de los empujones de los demás. Pero lo peor del autobús son las viejas ¡Si, como usted, señora! ¡No se haga la tonta que me lleva mirando mal desde que tomé asiento! ¡Que su cara de "vaya juventud que no deja asientos libres para los mayores" lo dice todo!
Pero por más suerte que por desgracia el trayecto llegó a su fin. Eso no significaba que Perona hiciese voto de silencio, pero al menos el mover lo pies le hacía sentir que podía escapar.
-Que lento eres ¿no?- le reprochaba aburrida mientras él intentaba abrir con la llaves.
-Déjame en paz. La cerradura es vieja y a veces se atasca, no tengo yo la culpa.
El truco estaba en tener cierta maña entre el picaporte y el cerrojo, más de una vez había dado con él, pero de una para otra se le olvidaba y acaba tal y como en ese momento, perdiendo un pelín los nervios.
-La madre que lo parió a esto.- mascullaba con rabia.- ábrete ya maldito hijo de puta ¡ábrete!
Y se abrió, pero no por él, sino por aquél que la había abierto desde dentro.
Perona casi gritó un "por fin", sin embargo se dio cuenta de como Zoro y la otra persona se miraban a los ojos, como si se les hubiese ido el aire al igual que al peliverde se le fue todo el color de la cara.
-A... Ace.- pudo pronunciar el nombre del otro a duras penas, no conseguía que le llegara la voz del todo, le temblaba el cuerpo.
El muchacho moreno le sonrió con calidez.
-Hola Zoro, ha pasado un poco de tiempo.
No pudo contestarle, así como mantenerle la mirada, cual direccionó al suelo.
-Lo siento mucho.- siguió Ace.- no debíamos habernos visto. Sanji lo organizó así para darme unas cartas de Luffy... Me ha dicho que ya estas mejor.
-Si... Lo estoy.
-Me alegra saberlo.- puso su mano derecha en el hombro izquierdo de otro con firmeza.- espero que algún día podamos volver a salir de copas. Uno nunca se acostumbra a tu ausencia.
Ace se alejó del portal mientras Perona miraba como la espalda del atractivo chico se alejaba. Después, se fijo en Zoro.
-¿Quién era ese?
Pero no recibió respuesta mas el chico estaba más afectado de lo que le había mostrado al de las pecas.
No se había movido del sitio, ni tan siquiera girado. Su cuerpo seguía temblando y su mente le torturaba.
Pasaron ante él diapositivas de su vida antes de que Luffy se fuera, recordándole lo feliz que había sido, de lo perfecto que fue todo y de como en un solo instante todo se quebró.
Lo había amado tanto, lo había querido de tal manera que se convirtió en el centro de su vida. Pero todo eso había quedado en papel mojado, en menos que nada, en un enorme vacío de dolor.
Entonces vino a él la imagen de Mihawk, como una ráfaga de luz. Y después una fuerte presión en el pecho y un temor infinito.
-No quiero que me pase otra vez. Con él no.
Cuando Perona vio que empezaba a respirar con un deje de angustia le volvió a hablar.
-Oye ¿se puede saber que te pasa?
Zoro la miró, pero su cara no expresaba que hubiese entendido la pregunta. Apartó los ojos y tras un par de segundos dio media vuelta para irse.
-¡Eh! ¿A dónde vas? ¡Eh!
No la oyó o no quiso hacerlo. Sus pasos cada vez se hacían más rápidos, hasta que finalmente corría más allá de sus limites. No podía parar, no quería. Necesitaba alejarse de todo. Necesitaba llegar a él...
Estaba leyendo en su habitación, pero se levantó en seguida al oír la puerta de fuera abrirse y cerrarse de un portazo. Se encontró a Zoro, con la mano todavía en el manillar para apoyar su cuerpo, envuelto en sudor, sin poder manejar su respiración y la cabeza mirando al suelo. Bastó eso para que a Mihawk se le cambiara la cara.
-¿Estas bien?- dijo acercándose a él para ayudarle.- ¿Dónde está Perona?
Zoro le miró, sus ojos brillaban con pena. Sin decir nada se abrazó a él, con mucha fuerza, como si fuera a morirse, y hundió su cara en el hombro del mayor.
-Hazme el amor.
-¿Qué?
-Por favor...- su voz era quebrada.- Necesito tenerte.
No había que ser muy listo para ver que algo iba muy mal, su propio nudo en la garganta se lo decía. Aún así, comenzó a quitarle la ropa.
Al rato volvía a estar en su cama, pero esta vez lo que portaba era un cigarro y no un libro. A su lado y bajo las sábanas dormía Zoro, tranquilo, como si lo de antes no hubiese pasado.
Pero si que pasó, y eso a Mihawk no lo dejaba precisamente en paz. De manera sigilosa salió de su habitación y tomó el móvil.
-¿Tío Mihawk?- preguntó su sobrina al otro lado de la linea.
-¿Que ha pasado esta tarde?- preguntó el sin rodeos.
-Te refieres al cactus que tienes por pareja ¿verdad?- no hablaba muy contenta, aunque generalmente no es que lo hiciera.- Mas te valdría sustituirlo por un cactus de verdad. Así se quedaría plantado en vez de plantarte.
-¿Zoro te ha dejado tirada?- la posibilidad de que se le hubiera pasado por la cabeza no le extrañaba, es más, no tendría nada que reprocharle. Pero de ahí a hacerlo hay un paso.
-La verdad es que no creo que haya sido premeditado.- resopló cual caballo.- ha sido todo muy raro.
Le explicó al situación desde su punto de vista. Como todo iba tan normal hasta que el peliverde abrió el portal de su casa.
-Ese chico también dijo algo que no deberían haberse visto y que le habían dicho que Zoro ya estaba mejor. Después se fue y a Zoro le dio como un cruce de cables y salió corriendo.
-Entiendo... ¿tú estas bien?
-¿Yo? Físicamente si, a pesar de que me ha dado un disgusto.- en realidad era preocupación por Zoro lo que tenía.- pero después en el autobús me desquité con ciertos octogenarias impresentables.
-Esta bien.- dijo en un suspiró.- tengo que dejarte.
-Vale Tito. Nos vemos.
Se colgó la llamada.
Mihawk volvió a suspirar frotándose los ojos con los dedos de la mano izquierda.
Tal y como le contaba Perona lo más posible era que Zoro se hubiese encontrado con su anterior pareja, aunque también, si era así, el otro se había comportado demasiado relajado y amistoso como para ser alguien que lo dejó destrozado por dentro. Con eso no se quitaba la posibilidad de que fuese alguien relacionado en el asunto.
El esquema era claro: Zoro se había tenido que enfrentar de improviso a su reciente pasado y más tarde lo había utilizado a él para olvidarlo.
-La situación entre nosotros no ha cambiado desde que nos conocimos. Él sigue amando a una persona que no le corresponde y yo soy el sustituto de usar y tirar.
Volvió a la habitación y se sentó a la orilla de la cama más cercan a Zoro. Quedó mirándolo.
Hace poco más de medio año no le importaba que Zoro no le quisiera, pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces.
Acarició suavemente su cara con el dorso de la mano.
-De lo que se trata ahora es si puedo vivir con ello o vivir sin él.
Zoro fue abriendo los parpados lentamente. Miró a Mihawk y le sonrió.
-¿Ya es de día?
Mihawk le sonrió, a medias por él, a medias por aparentar.
-Todavía quedan un par de horas para la media noche.
-¿Ah, si?- dijo en un bostezo a la vez que se estiraba.- habrá que cenar entonces ¿no?
-Veo que estas mejor.
-Si, gracias a ti.- enlazó su mano con la del mayor.
Pero entonces vio un deje de tristeza en los ojos amarillos y repentinamente el ambiente se volvió incomodo.
-¿Pasa...?
Pero el moreno no le dejó preguntar. Le besó en los labios y se levantó de la cama.
-Veré que encuentro para la cena.- y salió del dormitorio dejando al joven solo en él.
Zoro, algo aturdido, se sentó en la cama, viendo con sus ojos abiertos la puerta por donde se colaba la luz del salón. No entendía nada. ¿Qué acaba de pasar? Estaban tan bien y de repente...
La presión en el pecho volvió y con ella el miedo a perder lo más importante.
Continuar...
Notas Finales: Y llegados a este punto comenzamos el arco final de esta historia :D ¡No os lo perdais! ¡Aún quedan muchas cosas interesantes en mi camino para llegar a ser EL REY DE LOS PIRATAS! (se me va la olla =/=)
