Y como es de esperarse, aquí viene la descarga de responsabilidad ;) Nada es mío, los personajes son de la maravillosa Stephanie Meyer y la historia es de la autora LyricalKris, yo solo traduzco.
Y no podía faltar el agradecimiento a mi compañera de batalla Erica Castelo. Gracias por acompañarme de nuevo en esta nueva traducción y por tus consejos para mejorarla xoxoxo
Capítulo 11
Esa noche, Bella se quedó dormida en brazos de Edward, exhausta por sus lágrimas y su horrible experiencia. Había despertado por segunda vez en los aposentos de su esposo. Él estaba ahí, dormido en el sofá mientras ella dormía en la cama, pero él despertó rápidamente cuando ella se movió.
Extraño, pensó ella todo ese día. Estaba acostumbrada a estar sola después que el rey la maltrataba. Sola, llorando su miseria y degradación en su almohada. Sola, lamentándose y deseando las suaves manos de su madre, y la fortaleza reconfortante de su padre. Sola, anhelando las bromas de su hermano mayor y la risa de sus hermanos más jóvenes.
Sola, cuando se secaban sus lágrimas, alimentaba su ira. Su ira siempre había sido más poderosa que su vergüenza. Felix, había aprendido ella hace mucho tiempo, ansiaba destruir, y ella estaría condenada si la destruía. Sobreviviría a cualquier tormento que le instigara. Sobreviviría tan solo para fastidiarlo.
De modo que tener a su esposo a su lado mientras se sobreponía a este último, de una larga lista de ataques, era extraño por muchas razones. Habría muerto antes de permitir que cualquiera del resto de la corte viera su dolor, pero era diferente con Edward.
Después que despertó, él no se apartó de su lado. Fue maravilloso—atento sin entrometerse en su espacio. La convenció de comer un poco del sencillo desayuno que le había ordenado a Angela que les trajera. Todo ese día, habló con ella, contándole historias de sus viajes. Historias vergonzosas, notó ella. Unas que la hicieron sonreír a pesar de la confusión que se había apoderado de su mente. Ella habló poco, pero él no la presionó.
En el segundo día, él hizo que Angela le trajera sus libros de contabilidad a su habitación, restando importancia a las demandas de su padre de asistir a la reunión del consejo interno. Pasó ese día conversando con ella sobre asuntos del reino—quién debía dinero y por qué.
Esta vez para ella—eso también era algo nuevo. En el pasado, tal vez había tenido unas cuantas horas antes de que fuera forzada a volver a la corte. Enviaban a un sirviente a informarle que su presencia era requerida durante la cena o para sus deberes como una de las damas de la reina madre.
Por supuesto, incluso su esposo—atrapado en la misma jaula de oro—no pudo mantenerla alejada de Felix y los demás para siempre. Esa segunda noche, unos fuertes golpes en su puerta la hicieron saltar. Toda la sangre dejó su rostro. Ella se levantó y retrocedió por instinto a la esquina de la habitación.
"Edward," una voz aguda lo llamó. Golpeó con fuerza otra vez.
Bella cerró sus ojos. Era Aro. Se abrazó a sí misma, tratando de calmarse.
Edward se acercó a ella, tocando su hombro brevemente. "No le permitiré entrar."
Antes de que pudiera alejarse, ella agarró su muñeca y abrió sus ojos para mirarlo. Tal y como ella sospechó al escuchar su tono, los ojos de él estaban en llamas. "Debes sobrevivir, Edward." Respiró una vez más mientras lo observaba. "Por mí. Por los dos, debes sobrevivir, y debes estar calmado."
Se miraron el uno al otro, y los dos se sobresaltaron cuando Aro golpeó con fuerza nuevamente. "Edward Anthony. ¿Qué significa esto? Abre esta puerta."
Edward asintió bruscamente antes de caminar de zancadas a la puerta. Bella se pegó contra el muro, sin saber qué esperar. Alcanzó su daga—Edward la había dejado en su mesita de noche—y la ocultó en su manga.
En vez de abrir la puerta a su padre, Edward solo la abrió lo suficiente para poder salir. Luego, la cerró detrás de él. A Bella le sorprendió que su nerviosismo tomara un tenor diferente entonces. Se acercó sigilosamente a la puerta y pegó su oído a ella.
"— ¿Tú lo hiciste, padre? ¿A esto te referías con tus amenazas—?"
"Estás diciendo tonterías. Habla claro, muchacho. ¿De qué me estás acusando esta vez?"
"Por favor, padre." Edward escupió las palabras. "No te hagas el inocente conmigo cuando ambos sabemos que no lo eres. Eres el único que controla al rey."
"Baja la voz," siseó Aro. "No tiene ningún sentido lo que dices. Estoy cansado de tus dramas. Cualquier pequeña rabieta que estés haciendo—"
"¿No le dijiste a Felix?"
"¿Decirle qué?"
Hubo silencio. Bella descansó su cabeza contra la fría madera. Tembló.
Ella se lo había preguntado, por supuesto. ¿Por qué ahora? Con todo lo que había disfrutado contándole lo que le haría cuando estuvieran casados, Felix no la había tocado así antes. Pudo haberlo hecho. Claro que pudo haberlo hecho. Nadie se hubiera inmutado. No podía comprender la razón salvo que tenía que ser por Edward, no ella.
No. Para Felix, ella era menos que humana. Un juguete conveniente. No era como si limitara su tortura solo a ella. La dirigía a quien sea que se le ocurriera.
Afuera, Aro rompió el silencio. "No sé por qué los dioses se llevaron a tu madre en vez de a ti, Edward, pero tal vez sea mi único arrepentimiento en la vida."
Bella dio un respingo, pero Aro continuó. "Vas a estar en la cena esta noche. Lo que sea que esté mal contigo, la gente comienza a hablar."
"Voy a tomar la cena en mi habitación."
"No lo harás. Edward—"
Bella abrió la puerta. Sujetó la empuñadura de su daga con fuerza para contenerse de temblar demasiado. "Bajaremos a cenar en seguida, mi lord."
Aro inclinó su cabeza, sus ojos posándose en su mejilla amoratada. Se volvió bruscamente para mirar a Edward que le devolvió la mirada, con una expresión dura. Desafiante. Se movió a un lado de Bella.
"Ya veo." Aro dejó escapar un respiro y asintió. "El rey va a cenar esta noche con su futura novia y no estará presente." Se dio la vuelta y comenzó a alejarse. "Cena con la corte. En media hora."
Tan pronto como estuvo lejos para escuchar, Bella exhaló. Cerró sus ojos, conteniendo una oleada de náuseas. Edward rodeó su cintura con un brazo para estabilizarla. "Shh, Bella. No tenemos que ir."
Bella tomó una respiración profunda y se irguió, mirando hacia el frente. "Sí, tenemos que hacerlo." Respiró otra vez. "Esposo, has sido muy bueno conmigo, dándome estos días de tranquilidad. La vida continúa, y nosotros también debemos hacerlo."
"No es decisión de mi padre. Tú eres mi esposa—"
"Edward." Bella elevó sus ojos para encontrar los de él. Su dulce esposo. Si algo bueno había resultado de toda este sufrimiento, fue que había borrado cualquier vestigio de desconfianza que tuviera de Edward. A pesar de ser de su sangre, él no era uno de ellos. Era un peón que su padre mantenía controlado. En todo caso, él estaba en más peligro por el rey. Aunque Felix no necesitaba una excusa para lastimar a Bella, lo hizo simplemente porque podía. A Edward, por el contrario, lo odiaba profundamente.
Bella suspiró y se acercó, permitiendo que su esposo la rodeara ligeramente con sus brazos. "Nada ha cambiado," susurró cerca de su oído. "Todo lo que ha ocurrido es que has aprendido que no puedes mantenerme a salvo." Su corazón se retorció. Ella también había empezado a tener la esperanza que podría estar a salvo incluso aquí, pero eso siempre había sido un sueño. "No es tu culpa, esposo. No he estado a salvo en muchos años."
"Bella…" Sus ojos estaban muy atormentados. Abrió su boca, pero no hubo nada que pudiera decir. Ella había tenido años para aceptar que la seguridad existía fuera de los muros de esa ciudad.
"Shhh." Bella se elevó y dejó el más leve indicio de un beso en sus labios.
Él los metió a ambos en su habitación donde se aferraron el uno al otro con firmeza. "Se supone que cuide de ti," dijo él, su voz áspera contra un lado de su cabello.
"Estás cuidando de mí, mi esposo." Ella ocultó su cabeza en su cuello, estremeciéndose por la emoción. "Antes, cuando él me lastimaba, cuando perdía las esperanzas creyendo que moriría aquí, grababa en mi mente un sueño de la vida que me esperaba. Juraba que sobreviviría, para poder tener una vida feliz con mis hermanos y mi madre a mi lado otra vez."
Cerró sus ojos, estremeciéndose, y tomó otra respiración tranquilizadora antes de continuar. "Estos últimos dos días, he grabado en mi mente la esperanza de un nuevo futuro—la vida que me prometiste. Es por eso que sobreviviré, porque ahora más que nunca creo que seré feliz de nuevo. Contigo. Cuando no estemos rodeados por nuestros enemigos."
Tonta, una parte de ella gritó. ¿Cómo podía aun confiar en alguien? Sin embargo, confiaba en él.
Él frotó lentos círculos en su espalda. "Nuestros enemigos," repitió él en voz baja, las palabras saliendo con una pizca de incredulidad.
En ese momento, Bella se dio cuenta de lo que estaba diciendo. El rey era el sobrino de Edward. Probablemente, lo había sostenido cuando era un bebé, mecido, y hecho cariños. Jane y Alec eran sus hermanos mayores, y aunque a Bella le parecía que ellos habían menospreciado mucho a Edward al crecer, tal vez él todavía tenías recuerdos entrañables. Incluso su padre debe haberlo abrazado una vez, cuando era un niño. Tal vez acarició su cabello cuando estaba enfermo.
Ella le había dicho que su familia, su sangre, eran sus enemigos.
Bella dio un paso hacia atrás saliendo de sus brazos. "Mi lord, hablé fuera de lugar. No quise—"
"Silencio, amor." Le dio una pequeña sonrisa triste. "Eres más sabia que las de tu edad, mi querida niña. Que no pueda encontrar palabras para rebatir tu declaración muestra lo ingenuo que he sido sobre mi posición aquí." Suspiró, acercándola a él. "Tal vez tienen razón en lo que dicen sobre mí. Un hombre que no puede proteger a su esposa es un cobarde."
"No." Ella sacudió su cabeza con vehemencia. "¿No sabes la esperanza que me has dado, esposo?" Cerró los ojos contra las lágrimas que amenazaban con derramarse nuevamente. "Ya no estoy sola."
"Nunca más," prometió él.
~O~
Mientras Angela le ayudaba a vestirse y peinar su cabello, Bella estaba perdida en sus pensamientos.
No había mentido cuando le dijo a su esposo que el ataque de Felix contra ella no fue una sorpresa. Aun si él no hubiese sentido inclinación por lastimarla, a estas alturas, estaba muy consciente de la suerte de la mujer en la vida.
Desde que llegó a la ciudad capital de Volterra a la edad de catorce años, la educación de Bella sobre la naturaleza de las relaciones carnales entre un hombre y una mujer había sido vívida por decir lo menos. Considerando que había sido traída a la ciudad como la joven futura novia del príncipe, las mujeres de la corte—siempre malintencionadas—habían encontrado particularmente placentero el susurrarle cosas.
Primero le habían contado que el rey—el padre de Felix—podía querer tenerla. Ese era el derecho de un rey, después de todo. El derecho a la primera noche, acostarse con la novia que él eligiera. Por otro lado, dijeron, que ese rey en particular actuaba conforme a sus deseos a voluntad. No era nada oficial, pero si un rey quería a una dama, se le consideraba un honor. La primera noche era su derecho, pero él podía llevar a quien quisiera a su cama cuando quisiera. Después que el matrimonio había sido consumado, el esposo podía esperar una compensación por su generosidad—prestando su esposa al rey.
Las esposas, Bella había visto con sus propios ojos, no tenían mucho que decir al respecto. Algunas se pavoneaban. Otras parecían calladas, y agachaban sus cabezas en vergüenza cuando las mujeres las presionaban por chismes.
En realidad, no estaba limitado a los reyes. Bella a menudo había escuchado historias. Una lady u otra—algunas veces casada, algunas veces no—caminaba por dónde no debería haber estado, y había caído presa de un lord o un dignatario de visita. En ocasiones, si estaba soltera, un matrimonio rápido sería planeado. Otras veces, al padre de la joven se le daba la debida compensación por el diezmado precio de novia de su hija. Se casaba discretamente con cualquier lord que la quisiera, aunque manchada como estaba, o se le enviaba a un convento.
Incluso la reina, con todo su poder, había encontrado un perverso placer en contarle a Bella historias sobre su propio matrimonio. El deber de una esposa, había dicho Jane, debe soportarse, ya que es el destino de una mujer. Con tristeza había contado la historia de que había sido lo bastante ingenua para esperar ansiosa por su noche de bodas. El rey, su esposo, había sido todo menos tierno.
"Los hijos hacen que valga la pena," dijo Jane, palmeando su mano de esa forma falsamente maternal que siempre hacía que Bella se estremeciera.
Bella no podía recordar si los lores en la corte de su padre en Rainfall habían sido sometidos a normas diferentes. Recordó vagamente que su padre ejecutó a un hombre que había tomado a la hija de un granjero contra su voluntad, ¿pero fue un lord o un diplomático?
Bueno. Ella había estado muy joven entonces, de todas formas.
"Lista, mi lady," dijo Angela, sacando a Bella de su ensoñación. Dejó su mano descansando en el hombro de Bella un poco más de tiempo—una silenciosa muestra de apoyo, sabía ella.
Bella llevó su mano hacia atrás y apretó la de su doncella. Tomó varias respiraciones profundas y se puso de pie.
Minutos más tarde, los pasos de ella y Edward hacían eco a medida que avanzaban por los pasillos. Iban tarde, pero estaba bien. Por las noches, cuando se organizaba una cena formal, siempre conversaban mucho antes de que todos se sentaran a comer.
"¿Cómo lo hiciste?" Murmuró Edward al caminar brazo con brazo. "¿Cómo entrabas a este salón todos los días?"
Bella se burló bajo su aliento. "Te das cuenta que puedes hacer muchas cosas cuando no tienes opción."
Justo afuera de la puerta, él se detuvo. Se volvió hacia ella y tomó su rostro entre sus manos. La miró a los ojos, sosteniendo su mirada al agacharse y presionar sus labios en los de ella. "Lo que sea que digan, Bella, nada es cierto. Nada de ello ha sido cierto jamás."
Bella cerró sus ojos y asintió. Había estado haciendo su mejor esfuerzo por ponerse su máscara de indiferencia, pero confiaba en que Edward pudiera ver a través de ella. Se había cansado de tanto pretender. "La tuya será la única voz que escuche."
Con eso, entraron.
Bella podía sentir los ojos en ella. Era una sensación vil a la que nunca se había acostumbrado. Le hormigueaba la piel. Su pulso se aceleraba. Su estómago se retorcía. Todos lo sabían. Sabían que ella podía ser golpeada e intimidada.
Sin embargo, era más fácil. Siempre había un momento que sentía que sus piernas se doblarían; que sus rodillas no la sostendrían. Esa noche, tenía a su esposo a su lado. Mantuvo su cabeza en alto y se aseguró de no mirar a nadie.
"Mi lady Isabella."
Bella se sobresaltó. Se encogió ligeramente, sorprendida cuando se dio cuenta que era lady Siobhan la que apareció a su lado. "M-mi lady." Esta mujer nunca antes se había dirigido a ella directamente excepto para ofrecer un saludo o las felicitaciones obligatorias el día de su boda. Era una mujer mayor—una de las arpías de cabello blanco que se mantenían reservadas, mirando a todos por encima de su hombro.
Siobhan le dio una sonrisa y se volvió hacia Edward. "Mi lord." Ella le dio un respetuoso gesto de cabeza. "Necesito a su esposa, si no le importa."
Antes de que Edward pudiera decir una palabra de una forma u otra, Siobhan se paró directamente entre ellos. Bella tenía tanto miedo, soltó el brazo de Edward automáticamente. "Ven, mi lady. Tengo una pregunta sobre el hijo del Gran Alquimista."
Bella dio una mirada desconcertada por encima de su hombro, mirando a los preocupados ojos de su esposo mientras Siobhan la secuestraba. Se sobresaltó otra vez al encontrarse rodeada por otras mujeres de la edad de Siobhan.
Estaba oculta del resto de la corte donde la tenían, y eso puso nerviosa a Bella. Respiraba con exhalaciones rápidas, y su mente comenzó a dar vueltas. Por poco no escuchaba lo que las mujeres estaban diciendo.
"Pobre niña," dijo Siobhan, inclinando la barbilla de Bella hacia arriba para examinar su cardenal. "Oh. Los esposos jóvenes son unos brutos."
Lady Maggie. "Él no es un niño. Es lo bastante mayor para saber que tiene que ser paciente con una esposa tan joven y también con padres salvajes y traidores."
"Ya tienen algunos meses de casados," dijo la tercera, lady Chelsea. "Eso demuestra que él ha tenido mucho más paciencia que muchos hombres." Le sonrió a Bella amablemente y chasqueó su lengua. "Oh, pobre cosita. Desafortunada es la nueva novia que no tiene la guía de su madre. Habría esperado que la reina madre cumpliera con su deber pero, bueno…" El labio de la lady se crispó. "Su excelencia tiene mucho en su mente estos días."
Siobhan palmeó la mejilla sana de Bella. "Ella tiene razón, cariño. Cuando era una joven novia, mi boca me metió en muchos problemas el primer año." Se rio entre dientes. "Hasta que mi madre habló conmigo y me explicó lo que es el matrimonio. Manejar una casa." Acercó su cabeza, hablándole a Bella con complicidad. "Y a un esposo."
Bella se sobresaltó, mirando rápidamente entre ellas. "¿Creen que mi lord hizo esto?" Ellas intercambiaron miradas, y Bella sacudió su cabeza vehementemente. "Él—"
¿Pero qué podía decir? No se le había ocurrido que Felix no se jactaría de su conquista. Si las ladies no lo sabían, ¿qué podría decirles?
"Eres una buena muchacha al no hablar mal de tu esposo," le dijo lady Chelsea. "Lord Edward siempre ha tenido un temperamento fuerte. Y Dios sabe, que es el deber del esposo mantener a su esposa a raya." Esas palabras fueron dichas con algo de amargura. "Ambos lo aprenderán con el tiempo."
"Permítenos ayudarte, lady Isabella," dijo Maggie. "Dinos lo que dijiste para provocarlo, o lo que hiciste. Te ayudaremos a resolverlo."
Estaban tratando de cuidar de ella como madres, Bella comprendió. Había iniciado su vida matrimonial sin ninguna guía, y ser golpeada por su esposo parecía haberle ganado el acceso a una hermandad de mujeres que no sabía existía. Cuando las miró, notó a varias mujeres más—todas casadas—ofreciéndole una sonrisa de compasión.
"Mis ladies." La voz de Edward se escuchó severa al acercarse a ellas. Ofreció una respetuosa reverencia, pero su expresión era dura. "Isabella." Le ofreció su mano.
Bella tomó su mano agradecida. Se sobresaltó cuando Siobhan tocó su brazo. "Ven a mí con una respuesta cuando estés lista," dijo con dulzura mientras Edward la alejaba.
Edward dejó escapar un suspiro lento cuando llegaron a la mesa. Como Aro prometió, el rey no estaba. Jane estaba ahí. Levantó una ceja cuando vio el rostro de Bella. Ella agachó la cabeza, pero le pareció escuchar la risita de la reina madre.
Bella se distrajo. Se puso a cumplir con su deber, sirviendo a su esposo de las bandejas al centro de la mesa.
Justo cuando dejó el plato frente a él, una risa captó su atención. Tanto Edward como ella levantaron la vista cuando lord Demetri se acercó a ellos. El hombre palmeó con entusiasmo el hombro de Edward. "Ah, lord Edward. Es excelente ver que conoce el deber de un hombre. Si ha existido una mujer que necesita recordar su lugar, es su obstinada lady. Bien por usted." Estiró su mano para tomar la barbilla de Bella, y ella se encogió.
Estrellando su cáliz sobre la mesa, Edward agarró al hombre por la muñeca y la alejó de Bella por la fuerza. "Toca a mi esposa de nuevo, y te arrancaré la mano."
El pulso de Bella se aceleró, pero Demetri levantó sus manos, divertido. "No fue mi intención ofender. Simplemente deseaba felicitarle por un buen trabajo."
Edward se puso de pie. Bella trató de verlo a los ojos, pero él le lanzaba dagas con los ojos a Demetri. Ella estiró su mano y tocó sus dedos. Él no la miró, pero respiró hondo. Su voz sonó controlada cuando habló. "No merezco felicitaciones por ponerle una mano encima a mi esposa, mi lord. Por el contrario."
La sonrisa de Demetri cayó, pero se echó a reír. "No es vergonzoso cumplir con su deber, señor."
"El juramento que le hice a mi esposa en nuestro día de bodas no decía nada sobre maltratarla. En vez de eso, juré honrarla y protegerla."
Los ojos de la mayoría en la habitación estaban sobre ellos ahora. "Es algo honorable corregir a una esposa que se ha alejado del camino correcto," otro hombre, el esposo de lady Chelsea, dijo. "Aunque por decoro, podría limitar su corrección a su trasero. La joven lady Bella tiene un rostro muy bonito después de todo." El hombre se volvió de nuevo hacia su comida como si estuviera aburrido con la conversación. "Dele unos cuantos golpes en su trasero desnudo como los que sin duda le dio su padre cuando se portaba mal. Déjela adolorida en sus posaderas, y aprenderá."
Incluso sin mirarlo—ya que para entonces Bella miraba fijamente la mesa, con sus manos cerradas para evitar que temblaran—ella sabía que Edward estaba rechinando sus dientes. "Un hombre que golpea a su mujer es un cobarde. Supongo que hoy estuve a la altura de como me llaman. Mi lady Isabella no ha sido más que amable y buena. Lo que se le hizo a mi esposa…" Ella lo escuchó tragar grueso. "Lo que hice fue, a lo más, desdeñoso. Si los dioses tienen algo de misericordia y sabiduría, mi merecido por este acto vil será veloz y en breve."
De alguna forma, a Bella no le sorprendió sentir la mano de su esposo en su brazo. Él la puso de pie gentilmente y tomó su mano. "Buenas noches a todos," les dijo.
Cuando estuvieron una vez más en el pasillo, Edward maldijo bajo su aliento. Bella no pudo evitar concordar con él.
Aunque él mismo había aceptado la culpa, no engañaría a Felix. Cuando rumores del arrebato de Edward llegaran al rey, él sabría, como Bella lo sabía, que su esposo no hablaba de sí mismo sino de Felix. Lo que significaba que Edward acababa de desear la ira de los dioses sobre Felix.
Lo que su volátil rey haría por eso, era una incógnita.
Pobres, estos dos nunca podrán estar a salvo en ese lugar. Un nido de víboras, empezando por la familia de Edward. Pero al menos él ya se dio cuenta que él también es un prisionero y que cómo dijo Bella, su familia son sus enemigos, aunque le duela aceptarlo. Y qué formas de pensar tan sádicas esas de disciplinar a la esposa, ¿verdad? Pero era una costumbre en ese tiempo. Todos pensando que Edward la había golpeado :( y los otros hombres felicitándolo por ello grrrr… En fin, esperemos que Edward piense pronto en un plan para escapar porque cuando Felix se entere de lo que dijo Edward, no le va a agradar mucho. Espero que hayan disfrutado del capítulo, disculpen la tardanza pero he estado algo ocupada y la verdad un poco desmotivada, pero espero ponerme en acción de nuevo. Aunque como siempre, les recuerdo que son ustedes las que nos motivan a seguir haciendo esto con sus reviews y la verdad es que no les cuesta nada, solo unos minutos de su tiempo para escribir un gracias, un saludo, o hasta una carita feliz y si me dicen qué les pareció el capítulo, es mucho mejor. Estaré esperándolos :)
Muchas gracias a quienes dejaron un review en el capítulo anterior: OnlyRobPatti, caresgar26, Julieth, LaPekee Cullen, Gema Bascuan, Techu, glow0718, liduvina, andreasotoseneca, Vrigny, Tecupi, cary, Kabum, Laura Arvizu, Lady Grigori, Niny96, sagecristin, Say's, lunaweasleycullen14, Marme, Cristal82, Adriu, Adriana Molina, JessMel, Yoliki, Maryluna, Elizabeth Marie Cullen, somas, Merce, csoriano, patymdn, alejandra1987, SolitariaCullen, EriCastelo, Antonia, Lizdayanna, MontseZDiaz, PRISOL, calvialexa, Manligrez, carolaap, Kriss21, Sully YM, angryc, rjnavajas, Gabriela Cullen, eliananayara, Pili, Nadiia16, Alexandra Nash, lagie, Melany, Liz Vidal, bealnum, tulgarita, freedom2604, kaja0507, saraipineda44, torrespera172, Vanina Iliana, Amy Lee, Tata XOXO, Mafer, Ali-Lu Kuran Hale, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, espero que sea pronto, depende de ustedes.
