Los personajes principales pertenecen a S. Meyer, sólo la historia es mía, y no obtengo nada sólo el gran placer de escribir.

Capítulo 11

Que mundo tan maravilloso

Llegó el domingo, día de paseo familiar el cual se efectuaba en un parque cerca de la casa, al cual también asistía la familia Evans, se había vuelto un ritual desde hace un par de años atrás, por lo tanto pasaba la mayor parte del día platicando y jugando con Marie.

Llegamos temprano, no se alcanzaba a ver a los integrantes de la familia Evans aún, por lo que nos instalamos en la mesa de campo tradicional, mi madre empezó a ordenar toda la comida que había traído para el almuerzo, esparciéndola por toda la mesa, labor que le llevo varios minutos. Así fui a mecerme en uno de los columpios, bajo la sombra de grandes árboles, y pasto con diferentes clases de flores, las cuales esparcían feliz y armoniosamente su aroma por todo el parque pero en especial en este lugar, por eso era mi lugar favorito del parque, podía ver un pequeño canal atrás de unos arbustos verde brillante, con la familia completa de cisnes, me gustaba mucho verlos como flotaban sencillamente en el agua, deslizándose simplemente. Perdí la concentración cuando sentí un empujón en mi espalda haciendo que brincará de él y casi me estampara con el pasto, voltee desorientado, cuando miré a Marie riéndose a mi costa, la malicia encarnada en sus ojos, lo podía ver claramente ya que no llevaba los anteojos puestos, podía verlos asomándose de una del par de pequeñas bolsas que tenía el delantal de su vestido.

-Me pagarás esa pequeña Marie- Le advertí caminando lentamente hacia ella, con la mirada mas amenazadora que podía darle. Pero ella no se movió seguía allí, con las mejillas sonrojadas.

-No me llames pequeña, pequeño y encantador Edward.- Me confrontó con la voz tiesa en cada palabra. No me molesté sabía que lo hacia por irritarme.

-Pero si tú eres aún más pequeña y encantadora que yo.- Le regresé con una sonrisa y guiñándole un ojo. Era tan predecible la pobre Marie, me miró firmemente frunciendo el ceño, y mire como se iba calmando, hasta que sonrió, por lo general duraba un poco mas sus rabietas.

-Edward pequeño, ven acá con Marie- Escuche la dulce e inoportuna voz de mi madre, sentí hasta las orejas ponerse rojas e irradiar calor por toda la cara de la pena, Marie había visto a mi madre buscarme y sabía como mi madre me llamaba.

Marie sólo camino hacia mí para ir con nuestros padres, me tomo por el brazo.

-Vamos pequeño- Me dijo riéndose. Suspirando me rendí y la seguí había ganado esa, pero me las cobraría, y ella lo sabía.

Mis padres estaban platicando con los padres de Marie ya, sentados en la larga mesa de madera.

-Bueno deberíamos empezar a comer ¿no creen?- Nos pregunto a todos mama.

Todos asentimos, así que mi madre empezó a servir la abundante comida a todos, comimos rápidamente, hasta llegar al pastel de chocolate que tanto me gustaba, así repetí dos veces.

-Veo cuanto te gusta el pastel, Edward, ¿eh?, no es tan bueno como el de Marie, ¿verdad?- Me guiñó mi madre.

Voltee a ver ala sonrojada de mi amiga, siguió comiendo con la cabeza erguida.

-Bueno, tenemos una noticia que platicarles- Dijo mi madre volteando a ver a todos con una sonrisa, y a mi con duda en la cara, no sabía de ninguna noticia, por lo tanto me sonó extraño.

-En realidad es una sorpresa, ni siquiera al pequeño Edward le hemos hecho saber la noticia- Me sonrió mi madre.

Perfecto una sorpresa.

-Promovieron a Edward a Londres- Nos anunció, yo sólo, no sabía que pensar papa había hablado de ese puesto durante mucho tiempo, y a mi me emocionaba poder viajar a Londres, pero sólo por un tiempo, vacaciones pensé. Así que sonreí.

-Eso es maravilloso papa- felicité a mi padre. El puso una mano en mi hombro y miró a mi madre, en señal de que continuará entonces diría algo más.

-Entonces, nos mudaremos el mes que entra a Londres- Terminó con una sonrisa nerviosa.

-Mis felicitaciones- Dijeron los padre de Marie y le dieron la mano a mi padre.

Marie sonrió a mis padres, pero no dijo nada.

No había esperado esa noticia, me alegraba mucho papa haya obtenido el puesto que tanto anhelaba, y también viajar a Londres, pero no sabía como iba dejar Chicago, y todo lo que tenía ahora.

El día transcurrió sin mas nuevas noticias, tranquilo, todos platicaban y reían sobre los planes futuros para Londres, y los padres de Marie prometieron visitarnos en algún tiempo. Cayo el atardecer y con el la hora de partir todos hacia nuestras respectivos hogares, cogimos todo y limpiamos la basura que habíamos dejado.

-Será fantástico conocer Londres- Le platique a Marie, ella sólo me sonrió forzadamente, me pregunte ahora que le había picado.

No lo supe ese día.

Los días pasaron después de ver conocido la noticia, mi madre pasaba todo el día organizando todo para marcharnos en un mes contando. Mi padre con mas trabajo de lo normal, por lo que casi no lo miraba, sólo salía de la oficina para comer y dormir.

Tenía dos semanas que no miraba a Marie, sus padres nos habían visitado, pero ella se encontraba en la granja de su abuela.

Estaba emocionado por todo lo que podría conocer en Londres, pero también un poco desubicado al pensar todo lo diferente que sería y dejar de ver Chicago por tanto tiempo, mama no había especificado cuanto tiempo nos quedaríamos.

-Edward, ¿es verdad que partirás?- Me había preguntado Mabel dudosa.

-Sí Mabel, iremos a Londres al nuevo empleo de mi padre.- Le confirmé.

Ella me miraba seriamente y de repente comenzó a llorar, densas gotas de agua salían por sus ojos, y yo me aproximé rápidamente a ella.

-Mabel, ¿Que pasa?-

Pasó un momento para que controlara los sollozos y me contestará.

-Edward, te irás y nunca mas te veré- Me contestó volviendo a llorar.

-Lo sé Mabel, pero regresaré, y te traeré un obsequio cuando vuelva- Le prometí.

-No, pero tu, tu eres mi único amigo, y yo ya no tendré otro amigo como tú- Me afirmo.

-Mabel, yo no dejaré de ser tu amigo sólo por que me vaya, y puedes tener todos los amigos que quieras, no soy el único niño, y tu eres un niña puede conseguirlos rápidamente.- Le consolé.

-¡No quiero a ningún otro amigo!- Me gritó pensé que me golpearía cuando se acercó corriendo a mí pero me beso la mejilla izquierda, y salió corriendo, me sorprendió mucho, pero tampoco intenté comprenderlo, Mabel era muy sensible.

Pasó otra semana, y yo ya estaba inquieto por no ver a Marie, tenía que verla para despedirme correctamente, no quería dejarla de ver de un día para otro, ella era mi mejor amiga, si no por decir la única que realmente lo era. Mabel también lo era pero ella cambiaba de ánimo tan rápidamente que no sabía cuando me dejaba de hablar y cuando se enojaba.

Esperé dos días más para ver si Marie se aparecía por la casa, sus padres ya había venido a despedirse, y ella no lo había hecho.

Pedí a mi madre llevarme a casa de los Evans, estaba tan ocupada que Cristian tuvo que ser el remplazo de mi madre y llevarme a la casa de los Evans. Al no ir con mi madre, me entró un poco de nerviosismo, Marie estaría probablemente molesta conmigo, pensará que la abandonaré, pero no será así ella lo tendrá que entender los amigos de verdad no hay manera, de desensibilizarse de esa clase de amor, es único y fantástico la capacidad de la amistad, en especial esta es de las al pasar del tiempo no importa si fuesen días u años, sólo ayuda a fortalecerse.

Si ya estaba decidido de hablar con mi pequeña amiga.

-Pasa Edward, querido, Marie esta en el jardín, anda ve con ella- Me invitó a pasar Charlotte tan amable como siempre, la extrañaría sin duda.

Y allí estaba ella, tal como me la imaginé con la mirada perdida, pero brillante, como se encontraba cuando pensaba demasiado, a pesar de lo mucho que podría llamarla pequeña y aunque fuera un año menor que yo, sabía, ella siempre sería una pequeña adulta. Razonando, pensando, sacando conclusiones, cuando yo apenas puedo entender un poco de lo mucho de su saber.

Me senté en silencio en el espacio, inconcientemente que guardaba para mí. Sintió mi llegada, pero no se inmutó. Y siguió mirando cristalinamente hacia el pintoresco cielo.

-No eres una buena amiga Marie,- Empecé a decirle.

Por fin volteó y levanto una ceja, pero no dijo nada, yo tampoco lo hice así me puse a esperar quién hablaría primero. Se removió unos cuantos minutos en el columpio, se quitó los lentes lentamente, los guardo en la bolsa de su vestido, y me miró ceñuda, con la nariz arrugada, no permití asomar ni una mueca de sonrisa.

-¿Por qué no lo soy?- Me preguntó, escuchaba su delgado timbre de voz, pero de alguna forma fuerte, para su edad, me asustaba e intimidaba cuando lo usaba.

-Me abandonaste- Puntualicé ofendido.

-Tu lo harás, ¿que reclamas?- Ganó esa, lo aceptó.

-No lo decidí, tu sí- Me defendí.

-Igual lo harás- Terca, insensata Marie, la que lo decía.

-Nunca te abandonaré, de cualquier manera estaré contigo, y serás mi mejor amiga, no importa lo que pase- Me encogí de hombros para quitarle sensibilidad a la revelación.

Se puso aún más roja de lo que estaba.

-Yo veo árboles verdes, rosas rojas también, las veo florecer para ti, para mi…- Empecé a cantar para borrar la tensión.

-Edward por favor, no lo hagas- Me pidió Marie, sabía que siempre cantaba para tranquilizarla, y siempre funcionaba.

-Y pienso para mi mismo, ¡que mundo tan maravilloso!- Y lo logre Marie empezó a reír.

-Veo cielos azules y nubles blancas- Marie siguió armonizando conmigo.

-El brillo de un día bendito de la noche sagrada- Complete, no la hacía tan bien como ella, pero la hacía reír tanto como me gustaba.

-Y pienso para mi mismo, ¡que mundo tan maravilloso!- Cantamos al unísono, entre risas y mi tono desafinado, así acabamos riendo toda la tarde, ya no había rencor por parte de Marie, todo se encontraba bien, no había otra manera que pudiera ser.

Pasaron los días hasta encontrarme de frente con el día de la partida, los Evans y otros amigos más de mis padres se encontraban ahí, despidiéndose, prometiendo ir a visitarnos en las próximas vacaciones. Me abrazaron efusivamente, principalmente mi nana, ella se tendría que quedar para cuidar de la casa junto con Mabel, que también me había perdonado y me había dado un abrazo. Tenía las mejillas rojas y casi hinchadas de tantos besos y pellizcos, por fin encontré la tristeza al ver todo lo que abandonaba por ahora, pero abandonaba, voltee a ver a Marie, estaba sonriéndome dándome su apoyo, pero ella estaba triste al igual que yo.

Corrió hacia a mí y me dio el mas grande y efusivo abrazo que me había dado desde que nos conocíamos no era muy afectuosa, si acaso me regalaba unos cuantos golpes en la cabeza o pellizcos pero nada más, recibí su abrazo agradecido.

-Me escribirás no una carta si no cientos- Me informó, mandonamente como sólo ella lo era.

-Sólo si me las contestas- Le respondí, y así me aleje suavemente de ella, y de todos nuestros amigos, para comenzar el viaje a nuestro nuevo destino.

Espero les haya gustado el capitulo, ahora si trataré de actualizar pronto ya que falta algo para la verdadera historia. La canción de What a wonderful World, se que fue creada mucho después, pero me gusta, de referencia pueden escucharla con Michael Buble, me inspiró mucho, espero a ustedes también.

Muchos saludos y besos.

Yomara