No tengo perdón de dios por todo lo que tardé, pero mi computadora sigue andando mal (conseguí que mi papá me prestara la suya, así que este cap está gracias a él) y además estoy en época de exámenes en la universidad. Me fue MUY mal en el de Física, el miércoles tengo el de Álgebra y el último recién es el lunes de la otra semana, así que la actualización con el final va a ser recién en dos semanas (si la Fuerza está conmigo).

Y muchas gracias por los reviews del capítulo anterior!


XI

De todas las personas en el planeta, Leia jamás pensó que justo en ese momento su progenitor (no lo llamaría padre, no se merecía ese título) fuese quien estaba parado detrás de la puerta. Sus ojos tan extraños y atemorizantes con destellos rojos de ira y furia revivían recuerdos enterrados en lo más profundo de su memoria, y las cicatrices y quemaduras le daban testimonio de todo lo que aquel ser había hecho y pasado.

Ya fuese por el miedo, los nervios o la tristeza, la respiración de la joven se tornó pesada, cómo si tuviera una enorme piedra sobre el pecho. La boca se le secó y de repente las lágrimas desaparecieron, porque no le daría el gusto a Vader de verla en un momento de debilidad.

-¿Qué quieres? ¿Como demonios llegaste aquí?-inquirió con frialdad, un rasgo adquirido de estar años y años entre políticos y empresarios. No le salía gritar nada ni echarlo, porque eso era rebajarse al nivel de alguien inmaduro y sin control sobre sus emociones, cosa que ella no haría.

Vader se adelantó y le acarició la cara intentando ser todo aquello que no sería jamás.

-¿Qué te sucedió? ¿Quién te hizo llorar?-la ira abundaba en su tono y su chamuscada cara se arrugó en una mueca de odio digna del villano de una película. En su voz había celos enfermizos del padre biológico lleno de maldad que le había tocado y, por un momento, agradeció no haber tenido que lidiar nunca con eso.

-No has respondido a mi pregunta.

-Quiero hablar contigo, Leia.

-No tenemos nada para decirnos.

-Tenemos 22 años que compartir, más todo lo que nos queda por delante.

-Nosotros no tenemos ni pasado ni futuro, Vader. Tú no eres nada para mí-espetó ella-conozco lo suficiente cómo para saber que no quiero ni necesito nada tuyo, porque mi padre y mi familia de verdad me lo han dado todo.

-Ellos sólo te alejaron de mí, de tu hermano y de la posibilidad que teníamos de ser la familia que tu madre hubiera querido-siseó él, un poco enviolentado. La empujó hacia adentro del cuarto y cerró la puerta de un golpe, asustándola un poco.

-No hables de ellos, no intentes difamar a las personas que nos salvaron a Luke y a mí del espantoso destino que podríamos haber tenido contigo.

-¡Yo hice las cosas que hice solo porque quería darles lo mejor a tu madre y a ustedes!

-¡No se cómo es que te da la cara para hablar de ella, cuando tú eres el culpable de su muerte!

-¿Esa es otra de las mentiras que Organa y Kenobi metieron en tu cabeza?

Leia no pudo contenerse y estalló en un llanto de rabia y desprecio hacia el ser humano que tenía enfrente, con quien compartía genes y sangre cómo si fueran una maldición.

-No, porque ellos jamás hubieran querido que supiera de las atrocidades que cometiste, pero a mí me comía la curiosidad y leí los informes policiales: marcas en el cuello, moretones por todo el cuerpo, cortes… no se a cuanta gente habrá tenido que sobornar Palpatine para sacarte de la cárcel y hacer que ignoren todas esas evidencias de que la maltratabas y que, cuando se cansó de tí y de tus mentiras sobre los negocios en los que andabas, intentaste matarla ahorcándola, a pesar de que estaba embarazada. Nunca la amaste, ni a ella ni a nosotros, porque tu no sabes hacer eso, tú solo sabes poseer de manera insana. ¡No hay nada más dentro de tí que odio, codicia y envidia..!

El aire de la atmósfera pareció haberse esfumado a la par de un sórdido y seco golpe contra su cabeza. Leia luchó por respirar al sentir las pesadas y grandes manos de Vader apretando su cuello con una fuerza descomunal, presionándola contra la pared; el oxígeno apenas llegaba a sus pulmones y el miedo la invadió hasta el borde de las lágrimas, que dificultaban su visión ya borrosa por la falta de aire. Con sus pequeñas manos intentaba hacer que la soltase mientras trataba de patearlo, pero el Vader del que tanto había oído, esa bestia iracunda que había azotado sus pesadillas, estaba libre y a punto de matarla cómo había hecho con Padme, su madre biológica.

Vader acercó el rostro al de su hija, quien pudo ver de cerca unos endemoniados ojos en los que se reflejó por un segundo la muerte.

-Eres igual que ella-murmuró-igual que tu madre, que Organa, que Kenobi… idealistas. Tontos y estúpidos idealistas que creen que en el mundo aún se puede vivir en base a valores y moral-se rió con un ácido tono de sarcasmo-se nota que a ninguno le ha faltado nunca nada, que jamás tuvieron una necesidad. Si pensaran por un segundo lo difícil que es la vida para algunos sabrían que los escrúpulos no tienen lugar ni sentido.

Leia quería tratar de entenderlo, porque si iba a morir no quería hacerlo llena de odio y furia, pero no podía: había sido engendrada por un psicópata y el mismo se encargaría de terminar con ella. Parecía un drama, algo poco real, pero le estaba sucediendo y no parecía haber escapatoria posible...

Hasta que vio cómo se abría la puerta y una figura alta y conocida entraba.


Han necesitó caminar unas cuantas cuadras para calmar la revolución de pensamientos y sensaciones que ocurría dentro de él. Había salido del hotel hecho un terremoto y empezó a vagar sin sentido hasta que pudo tomar aire y enfriar un poco la cabeza, aunque falló en su intento de sacar de su mente a la joven mujer que le había robado suspiros, sonrisas y hasta el corazón.

Se había jactado siempre de que nunca se dejaría atormentar por estúpidos asuntos románticos, pero Leia de verdad había volteado su vida (y él la de ella). Con cualquier otra persona se hubiera resentido y hasta quizá deseado no verla nunca más, pero con esta chica, su princesa, solo anhelaba volver, abrazarla para nunca dejarla ir e intentar hacerle ver de que iba a funcionar porque estaban locos el uno por el otro.

El orgullo, el principal enemigo contra ellos durante todo ese tiempo, estaba jugando de nuevo impidiéndole mirar atrás mientras se subía a un taxi para llevarlo al mugroso chiquero donde una heredera millonaria lo había levantado una semana atrás.

Al menos me esperan mis amigos.

Ni siquiera eso fue reconfortante: Lando y Chewie lo esperaban ansiosos de anécdotas y pruebas fehacientes de que de verdad había sido el escolta de una mujer de tanto nivel. El primero no se cansó de hacer chistes sobre sexo y dinero, pero el otro (que lo conocía un poco mejor) se abstuvo porque notó que quizá el asunto no había terminado del todo bien. Lando, al ver la falta de animosidad de sus compañeros, se decidió a ir solo al bar de abajo por una copa.

-¿Qué pasó?-preguntó el gigantesco amigo de Han.

-Ya sabes, tuve esperanza por un momento de que las cosas terminaran un poco mejor entre ella y yo-confesó sin dar más detalles-supongo que esas cosas no pasan cuando hay dinero de por medio.

-Anímate, ya va a pasarse.

-Supongo-suspiró Han. Se rascó el cuello nervioso, aún molesto por todo, y el movimiento de su camisa provocó que algo sonara en el bolsillo pequeño del pecho. Curioso, metió la mano y se encontró con un juego de llaves que tenía impreso el logo de una lujosa marca de autos-demonios.

-¿Qué?

-Olvide devolverle las llaves de su auto-murmuró.

-Estás en apuros.

-Tengo que ir a devolverlas-una pequeña partecita de su cerebro no pudo evitar saltar de alegría al tener otra excusa para volver-dime que el Falcon no se rompió en lo que no estuve.

-Está perfecto.

Han no esperó más y salió corriendo, tomando las llaves de su auto al paso para poder llegar cuanto antes al hotel. Agradeció que su "nave" (cómo cariñosamente llamaba a su camioneta) arrancara al primer intento y recorrió rápido el camino al lujoso centro de Los Ángeles.

Los valets vieron con malos y extrañados ojos el destartalado vehículo que ingresaba al estacionamiento, pero el hombre los ignoró acostumbrado a las opiniones ajenas sobre el tema. Sin dudar se bajó del auto y le arrojó las llaves a uno de los trabajadores.

-¡Soy invitado de la señorita Organa!-exclamó mientras corría a la entrada. Agitado fue hasta el mostrador, en el cual se encontraban Wedge y Janson que ya lo conocían.

-¡Han! ¿Qué sucede?

-Necesito devolverle esto a Leia-explicó, mostrando las llaves del auto. Janson rápidamente tomó el teléfono para avisar e intercambió una sonrisa divertida con su compañero-¿qué les pasa a ustedes dos?

-No puedo creer que te hayas llevado las llaves cómo excusa para volver a verla.

-No seas idiota, no lo hice a propósito. Y si así lo fuera, ¿por qué les importa?

-¿Es chiste? Hay un pozo de apuestas sobre ustedes entre todos los empleados del hotel. Dieron de que hablar.

El hombre castaño no sabía si lanzar una carcajada o darles un puñetazo a cada uno, pero la mirada preocupada de Janson desvió sus pensamientos.

-No contesta.

-Tal vez salió.

-No, no dejó las llaves. Oh, creo que está con visitas. Un familiar de ella vino esta tarde y me dijo que le urgía verla, así que le indiqué cómo ir a su habitación.

-¿Familiar?-preguntó Han extrañado, con un mal presentimiento.

-Sí, era un hombre algo extraño, pero tenía el mismo apellido que su hermano que vino con ella el verano pasado… Skywalker creo.

-¡¿Qué?!

-¿Qué sucede, Han?

-Tengo que ir a verla-siseó antes de salir corriendo. Wedge y Janson se miraron extrañados, y el primero salió corriendo detrás de él para alcanzarlo antes de que se cerrara el elevador.

-¿Qué demonios ocurre?

-Ese tipo es peligroso. ¿Tienes la llave maestra?

-Sí, pero…

-No puede estar sola con él-espetó, mientras miraba el contador del ascensor deseando que subiera más rápido. Trató de pensar en que no podía estar haciendo nada malo, ¿verdad? Después de todo era su padre, algo de amor debía tenerle por más que ella no quisiera saber nada. Tal vez solo había ido a provocarla cómo la otra vez (aunque eso ya era suficiente para que tuviera ganas de romperle la cara).

Se acercó a la puerta de la habitación, y por la falta de sonido no sabía si alarmarse o pensar que las cosas estaban en paz.

-Wedge-llamó al valet que estaba detrás de él-abre.

El chico hizo caso y posó la tarjeta en el lector electrónico, que con un sonido destrabó la entrada dejando ver una escena demasiado similar a la de un thriller muy de Hollywood, solo que era real.

Solo registró por un segundo el panorama, momento exacto en el que vio los oscuros ojos de Leia cerrarse en la inconsciencia a causa del violento acto al cual aquel monstruo la estaba sometiendo. La furia y el odio lo recorrieron por completo y, sin pensarlo, se arrojó sobre el malviviente criminal que estaba tratando de matarla. Con todas sus fuerzas le dio un puñetazo en la cara, haciendo que tambaleara y que Leia cayera desplomada al suelo; Wedge corrió a revisarla y a intentar reanimarla mientras Vader y Han luchaban derribando algunas cosas por toda la habitación.

El que había sido un poderoso criminal, capaz de luchar con cualquiera que se le interpusiera, era ahora un adulto entrado en años frente a un hombre con mucha más ventaja física y motivado por algo mucho más fuerte: el amor. Vader vio en los ojos de su rival cómo la furia se desprendía de la profunda preocupación por la joven que se encontraba desmayada en el suelo, y supo que no podría contra ello al sentir un fuerte golpe que le hizo perder la conciencia.

-¿Como está?-preguntó Han, limpiándose los rastros de sangre de Skywalker que manchaban el puño de su camisa mientras se agachaba a ver a Leia.

-Al menos respira.

-Llama a una ambulancia y a la policía.

Wedge salió disparando de ahí, algo shockeado por la situación. Han solo pudo tomarse un momento para mira la chica tendida en sus brazos, más pálida que de costumbre y con unas horribles marcas moradas en el cuello que deseó poder borrar, así cómo todo ese momento. La cargó en su brazos y la recostó con delicadeza en el sillón de la sala, sin sacarle de encima el ojo a Vader por miedo a que despertara.

-¿Han..?-inquirió la joven con una voz apagada.

-Shh, no hables Leia-le pidió-ya pasó, no va a lastimarte.

-Me duele... -hizo una mueca de dolor que estrujó el corazón de Han.

-Solo quédate quieta, ya viene el médico. Va a estar todo bien.

-...volviste, Han. Yo…

-No importa ahora, guarda el aire y respira, ¿sí?-le rogó, y por primera vez la obstinada jovencita hizo caso sin chistar.

Momentos después, el lujoso penthouse del hotel se llenó de policías y algunos médicos que llegaron para asistir a Leia, quien ya había recobrado la conciencia pero que aún estaba en un estado de shock muy importante; la piel de su cuello estaba toda marcada por las manos de Vader y todavía le costaba respirar con normalidad, pero después de que le dieran una crema antiinflamatoria para que los moretones no fueran tan graves y una dosis de calmantes para que se tranquilizara ya estaba mucho más estable y en condiciones para hablar con los oficiales.

Vader no se despertó, pero los médicos concluyeron que no tenía heridas de gravedad y que era cuestión de tiempo para que se recuperara. Han explicó al principio lo que había visto al llegar y lo que hizo, y con el testimonio y las heridas de Leia hubo motivos más que suficientes para llevarse al perverso criminal a prisión.

Desde ningún punto de vista el ambiente era favorable para una persona que acababa de ver pasar a la muerte (¡en forma de su propio padre!), pero todo ese lío era necesario y Leia estaba dispuesta a soportarlo. Han no se alejó de ella en ningún momento, haciendo todo un poco más pasable y dándole una seguridad que no sentía con nadie.

Finalmente el lugar empezó a vaciarse, pero aún había cosas que revivían los hechos recientes: un jarrón de flores roto, una mesa caída, sillas tiradas y mucho desorden. Leia prescindió del servicio de habitación y Han, conociéndola, presumió que quería encargarse ella cómo lo hacía con cada mínima cosa que la involucraba. Triste, pero no quería hacerla enojar ni discutir, así que solo se dedicó a ayudarla en silencio; cuando terminaron, y al ver la hora, el hombre fue a la cocina y volvió con un vaso de agua y una píldora.

-Ya pasaron dos horas de la dosis que te dio el médico, tienes que tomar la segunda.

La joven hizo caso y se sentaron en el sofá juntos, sin saber mucho que decir. Las cosas no habían terminado en los mejores términos, pero luego de todo lo que había pasado quizá no importaba demasiado.

-Volviste-murmuró Leia, con un esbozo de sonrisa y los ojos muy abiertos.

-Sí-Han recordó las llaves en su bolsillo y las sacó para entregárselas-creo que fue de mucha suerte que haya olvidado devolvértelas.

-Así parece.

El silencio sepulcral lo decía todo: las cosas ya no eran cómo antes. Su encuentro había sido solo una mera casualidad provocada por circunstancias que se dieron, pero no más que eso y estaba muy claro. Nada los unía.

-¿Vas a viajar a mañana?-aún así, Han quiso intentarlo.

-Tengo que-la chica vio la decepción en los ojos avellana.

-¿Y si no tuvieras que hacerlo? ¿Te quedarías?

-No podemos andar por la vida pensando en cómo sería todo de otra forma, Han. Me encantaría, pero…

-Entonces quédate-sonó casi cómo un ruego mientras el hombre le tomaba la mano.

-Pero es mi trabajo-suspiró ella. Su corazón se cuestionaba constantemente si de verdad valía la pena dedicarse por completo a eso, pero Leia siempre había sido una persona más racional que impulsiva y no podía evitar sus responsabilidades. Era una virtud que la condenaba. Miró al hombre a su lado, que se alejó un poco y asintió con la cabeza con un semblante frío-esta semana fue increíble, Han. Le diste un giro a mi vida en días, pero ambos sabemos que lo nuestro no va a funcionar, nuestras vidas jamás se hubieran adaptado a la del otro.

Han intentó convencerse de que eso era verdad, rendido y queriendo evitar una pelea.

-Tienes razón-siseó y la joven le bajó la mirada. Luego de unos minutos de silencio y miradas apartadas, el hombre volvió a hablar-supongo entonces que hasta aquí llegamos. ¿No necesitas que me quede? ¿Ya estás bien?

-Sí, gracias.

Él se puso de pie y le sonrió cómo pudo en el medio de la tristeza.

-Adiós-la saludó antes de dirigirse a la puerta. La voz de la chica resonó en sus oídos cuando tocó el picaporte.

-Han.

-¿Sí?

-Fue un gusto conocerte. No voy a olvidarte jamás.

Se volteó a mirarla, con su sonrisa encantadora y expresión pícara.

-Ni yo a usted, princesa.

Y se fue, llevándose una parte de ella y dejándole una de él.


Próximamente… ¡último capítulo! ( "próximamente" pueden ser de una a cuatro semanas porque ya saben, universidad).

Espero que lo hayan super disfrutado, haganmelo saber en los reviews. Un beso muymuymuy grande desde Argentina!