Hola a toadas, aquí les traigo uno de los últimos capítulos de Un nuevo comienzo.
Muchas gracias a todas por su paciencia y por acompañarme a lo largo de esta historia.
Les recuerdo que hasta el 1/10/2014 estará abierta la encuesta para que elijan cuál será el siguiente fic en ser publicado (en el grupo de facebook están los summaries)
Capítulo 11: Volviendo a empezar.
''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''
Los días pasaban y los niños no se separaban de mí ni un solo instante. Amaba volver a encontrarme con ellos, compartir nuevamente sus aventuras, pertenecer a sus vidas, de ser parte de ellos.
Con sus locuras, sus juegos y sus bromas, volvían a hacerme reír. Era tanta la fuerza que me daban, que decidida, un día le pedí a Esme que, por favor, se contactara nuevamente con la psicóloga para retomar el tratamiento. Necesitaba poder cerrar esta etapa de mi vida, y sabía que solo lo lograría cuando dejara de culparme por todo lo que pasó.
Durante la semana, pasé casi todo el tiempo en compañía de mis retoños.
Por la tarde, los martes y jueves específicamente, me dirigía a la terapia con Makena. Ella me escuchaba con atención, trataba de hacerme entender que no había culpas, que de ninguna manera soy responsable de las decisiones que tomaron James y Jane, que no había ningún indicio que me hubiese permitido evitar toda la situación, que eran estafadores de primera, y que bajo ninguna circunstancia debía responsabilizarme por ello.
— ¿Y cómo no debo culparme… si le prometí a James hacer cualquier cosa para que me dejara ayudar a Edward?
— ¿Crees que Edward no hubiese hecho lo mismo en tu lugar? ¿No te parece que, cualquier persona haría eso por el hombre o la mujer de su vida?
— Sí… pero de alguna forma me ofrecí a James.
— No. ¿Acaso tú le dijiste a James que tendrías relaciones con él si salvaba a Edward?
— No — respondí, convencida.
— Entonces… él no tendría que haber dado por hecho que tú tendrías relaciones con él. ¿Tú te negaste?
— Sí, pero dijo que en caso de no hacerlo, en lugar de ayudarlo, lo mataría — empecé a sollozar. — ¡Yo no quería, no quería que me tocara, y menos que lo hiciera frente de mi marido! Ver los ojos de Edward, mientras James hacía lo que quería conmigo, fue lo más horrible que me han reflejado sus ojos. Observar la culpa, la preocupación, el dolor en su mirada… me mató.
— ¿Has hablado con él? ¿No crees que una conversación les haría bien?
— Hace poco más de tres semanas que apenas volví a hablar. Y aún no reúno el valor para hablar con él.
— ¿No crees que ya es hora de intentarlo?
— ¿Qué le digo, Makena? No puedo mirarlo a los ojos sin sentir culpa. No puedo evitar sentir miedo… no quisiera esperar a que me recrimine que dejé morir a mi bebé y que luego los abandoné.
— Bella, creo que necesitas hablar con él y expresarle esto. Quizás un "hola ¿que tal?" por el momento sea suficiente. Posiblemente él te necesita a su lado. ¿Te has puesto a pensar como se debe sentir por no poder evitarte el dolor?
Durante unos instantes me doy cuenta de que él también debe estar lleno de culpas. Él, que siempre fue es y será tan protector, en ese momento no pudo hacer nada y además, ahora se encuentra en una silla de ruedas postrado.
— No te pido que profundicen en todo lo que pasó ese día, Bella, pero tal vez puedan hablar de cómo ser mejor para los niños. O quizás puedas compartir con el resto de tu familia el lugar especial que guardas para tu bebé.
— Lo voy a pensar — digo, no muy convencida.
Me retiré ese día y fui a recoger a los niños de la escuela.
Por la tarde jugamos todos en la mansión Cullen. Después, los niños eligieron ver una película y tuve tiempo — al fin — en pensar en la conversación con Makena. Llegue a una solución y ella tenía razón: Edward y yo nos debíamos una conversación, al parecer larga. Decidí que era hora de enmendar mi error por mi actuación durante los últimos tres meses.
Esa noche, mientras los chicos dormían, tomé la decisión de al menos entablar una plática con el hombre que amo.
Como conciliar el sueño me era imposible, me levanté de la cama y fui a la cocina. Cerré las puertas para que nadie escuchara ruido y por primera vez, desde el fatídico día que había destrozado nuestras vidas, volví a cocinar. Decidí hornear el pastel de chocolate que sabía que Edward amaba. Mientras se cocinaba busqué crema, y algunas fresas que dejé sobre la mesada. En una cacerola coloqué las frutillas, agregué un poco de azúcar y un chorrito de agua y esperé a que poco a poco se formara una salsa. Cuando estuvo listo, lo retiré del fugo y lo dejé enfriar. El bizcochuelo también estaba a punto, lo partí y dejé que bajara su temperatura. Batí la crema.
Para las seis de la mañana tenía el pastel listo, preparé en una bandeja dos porciones de pastel, dos tazas de chocolate caliente y fui rumbo a la habitación que ocupaba Edward en la planta baja.
Suavemente golpeé la puerta, rogando que no estuviera dormido, porque sabía que el coraje que había reunido durante la noche pronto me abandonaría.
— Adelante — respondieron desde el interior del cuarto.
Abrí la puerta y allí estaba Edward, en la cama con su hermoso cabello despeinado y los ojos muy abiertos en señal de asombro por encontrarme ahí.
— Hice pastel y chocolate, ¿quieres? — pregunté muy nerviosa, en espera de su respuesta.
— Solo si podemos comer juntos.
Acerqué una silla a la cama, tomé uno de los platos con pastel y lo dejé en la mesita de noche, hice lo mismo con una de las tazas, luego coloque la bandeja sobre las piernas de Edward.
— Gracias.
— De nada.
El silencio se apropió del lugar y nos dedicamos a comer el pastel.
— Está delicioso — acotó, al terminar.
— Es el primero que hago en mucho tiempo.
— ¿Cómo estás? — preguntó de pronto.
— Como puedo — suspiré. — Sé que actué muy mal y te juro que estoy tratando de enmendar esos errores, empezando con los niños…
— Hiciste lo que pudiste, Bella. Siempre fuiste muy fuerte, pero esto te sobrepaso... esto fue demasiado para todos.
— Sí, pero mi silencio no nos devolvió a nuestro bebé, solo hizo que nuestros hijos sufrieran.
— Nada devolverá a nuestro bebé. Lamentablemente no puede protegerte… ¿me perdonarás por eso alguna vez?
— No puedo perdonarte… — junté valor para pronunciar las mismas palabras que me repetía una y otra vez Makena. — No puedo perdonarte por algo de lo que no tuviste la culpa. Ninguno de nosotros dos la tuvo. Te encontrabas herido y era imposible que me protegieras en esas circunstancias. Y yo tampoco tuve la culpa de haberle confesado sobre el bebé.
Durante unos momentos el silencio volvió a invadir en la habitación.
— Durante el tiempo que estuve sin hablar, intenté convencerme de que si me hubiese mantenido callada, eso no hubiese sucedido. Pero James siempre fue y será una mala persona, y hubiese encontrado algún otro pretexto para hacer lo que hizo.
— Tienes razón. Pero no puedo dejar de reprocharme que podría haber llegado antes a casa, o que de alguna manera tendría que haber evitado lo que pasó.
— No te tortures más — supliqué, con los ojos llenos de lágrimas.
— Perdimos tanto, Bella… perdimos a nuestro bebé. Nuestra familia y pareja están rotas, hasta yo estoy postrado en esta cama sin poder hacer nada para reparar los errores.
No me aguante más, por lo que me lancé a su lado y lo abracé. De inmediato, el me estrechó entre sus brazos y lloramos por todo lo que habíamos perdido.
No sé cuánto tiempo pasamos en esa posición, de un momento a otro Edward se separó un poco de mí, y con sus manos sujetó firme pero delicadamente mi rostro.
— Cariño, entenderé si tu ya no quieres estar más conmigo luego de todo lo que pasó, pero sea cual sea la decisión que tomes no olvides que te amo.
— No podría alejarme de ti, tonto. Edward… ¿a ti no te importa lo que James hizo conmigo?
— Cielo, claro que me importa. Me hubiese gustado evitarte tanto sufrimiento, pero no pude. Sin embargo, no dejaré de amarte nunca, y sé cómo fueron las circunstancias en las que se produjeron, Bella. Deja de culparte, por favor, tú no te acostaste con él porque quisiste, tu no tuviste otra elección.
— Es verdad — acepté, resignada.
— Creo que deberíamos hablar más de esto. Quizás podríamos hacer terapia de pareja, para mejorar nuestra relación.
— Sí, tendremos que trabajar mucho para recuperarnos de esto. Pero estoy segura que podremos.
Durante el resto de la mañana nos quedamos acurrucados el uno en el otro, necesitábamos el contacto después de tanto tiempo.
En un momento, alguien golpeó la puerta y yo me sobresalté.
— Sh, quédate así por favor, o no dejaré pasar a nadie — me susurró al oído.
— Está bien, no te pongas gruñón.
— Adelante — dijo.
— ¡Papi, no encontramos a mami! — explicó Thommy.
— Es porque estoy aquí cariño.
— ¿Mami? — cuestionaron los niños.
— ¿Qué sucede, cielo?
— ¿Ahora que se quieren de nuevo, podremos volver a casa?
— Ya lo veremos, campeón —respondió mi esposo.
— Vengan con nosotros.
Los niños de inmediato cumplieron mi pedido, y después de lo que pareció una eternidad, estábamos los cinco juntos dándonos un fuerte abrazo, con la promesa de empezar de nuevo, de un nuevo comienzo que afrontaríamos con mucha más fuerza.
¿Les gustó el capítulo? ¿ Creen que podrán solucionar todos sus problemas?
