Disclaimer: Los personajes de esta historia son creaciones de la granRumiko T. solo tomo a sus amados personajes con el fin de entretener y pasar un buen momento.
Capítulo 11
Kagome se encontraba en la misma fuente de aguas termales en donde había tenido la confrontación con Sesshomaru no hace muchas horas atrás; se encontraba sumida en la desesperación de saberse a la deriva por 500 años completamente sola y se preguntaba tristemente cuanto tiempo más el destino se empeñaría en hacerla sufrir de esa manera. Intentaba convencerse que debía haber alguna forma de volver, de exterminar la perla que se encontraba en su pecho nuevamente.
Por muy increíble que pareciera, la joya maldita estaba de nuevo en ese mundo, pero ¿qué fue lo que sucedió entonces? Ella juraba que la perla había desaparecido en el preciso momento que le ordenó que lo hiciera, pues ese había sido el deseo más puro que pudo encontrar para alejar ese objeto de este mundo. No podía comprenderlo, estaba completamente negada y, al mismo tiempo, de nuevo en peligro; sus amigos estaban en paz y nada los ataba a este nuevo camino que ella recorrería. No podía pedirles que dejaran a sus familias para volver a una posible guerra entre youkai en busca de poderes más allá de lo normal. No. Era imposible, pero debía encontrar una forma, una manera para poder superar esta nueva crisis en el destino de su triste vida. Allí, en las aguas termales, Kagome se propuso ser fuerte y ser independiente de la ayuda de sus amigos; al mismo tiempo, volvería por última vez hacia la aldea y ver a la anciana Kaede y luego comenzaría un nuevo capítulo en su vida.
El dragón Ah-Un se detuvo en medio de su trayecto hacia el palacio en las nubes, súbitamente, dio un giro y volvió en dirección a tierra firme dejando desconcertados a los dos adolescentes que estaban montándolo. Sus narices olfatearon el aire nuevamente y bajó en picada para detenerse a último momento a centímetros del suelo.
— Ah-Un ¿por qué estamos nuevamente en tierra? ¿Encontraste a la señorita Kagome?
El dragón asintió a la pregunta de Rin y prosiguió con un paso más veloz que de costumbre. —Bien, entonces estamos cerca, aunque es extraño que de repente estemos en el suelo.
Continuaron con su camino preguntándose por qué Ah-Un había cambiado de dirección tan repentinamente, pero por más que quisieran dialogar con la bestia no comprendían los gruñidos con los cuales se comunicaba.
Pronto, llegaron a un claro en donde se encontraban unas tranquilas aguas termales y allí se encontraba la joven sacerdotisa, con la mirada seria y algo preocupada concentrada en su mundo interior, tanto que no los había sentido llegar.
—Señorita Kagome.
La muchacha, por su parte, apenas fijo su mirada en las personas que se habían aproximado lentamente a ella. Cuando reparó en quienes eran su mirada cambió por completo transformándose en una de alegría sincera.
—Rin-chan, Kohaku-kun, pero ¿qué hacen aquí? Es peligroso.
Rin, por su parte, corrió a darle un abrazo, suspirando cuando por fin pudo acercarse a esa joven a quién tanto apreciaba. —No podía estar tranquila, ¿se encuentra bien?
—Ya te he dicho que no me trates de usted… estoy bien—. Respondió con un suspiro alegre por haber recuperado la compañía de la adolescente. —Kohaku-kun ¿estuviste ayudando a Rin a encontrarme? Muchas gracias.
El muchacho asintió algo avergonzado. — No fue nada, ¿qué está haciendo en este lugar, señorita Kagome?
Por un momento, Kagome tuvo la necesidad de gritarles que se encontraba sumida en la mayor de las desesperaciones al saberse semi inmortal, que estaría sola por cinco siglos y que todas las personas que conocía desaparecerían ante sus ojos con el pasar del tiempo… sin embargo, no pudo emitir palabras solo un pequeño suspiro de resignación.
—Tomé un baño antes de salir camino a la aldea de la anciana Kaede, ya no tengo nada que hacer aquí.
—¿Acaso…?
Pero Rin no pudo completar su pregunta porque sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo. Tragando en seco, se dio vuelta para encontrar a su figura paterna acercándose amenazadoramente con sus ojos teñidos de rojo.
—Rin-chan, vete junto a Kohaku-kun hacia la aldea de la anciana Kaede, yo iré luego. Dudo que Sesshomaru entienda razones en ese estado de furia.
Rin y Kohaku asintieron y montaron nuevamente al dragón de dos cabezas, pero a medida que subían en el aire no dejaban de pensar que sucedería con Kagome y ese encuentro con el Señor del Oeste, solo esperaban que no la asesinara por el simple hecho de estar nuevamente en su camino. Lamentablemente, ellos no podían hacer mucho porque estaban a años luz de poder hacer frente a un youkai tan poderoso como él.
—Sesshomaru…
—No eres más que una simple humana, no eres nada.
Kagome no esperaba mucho más de él, ya había intentado atacarla en incontables oportunidades desde que había regresado, ¿por qué se empeñaba en hacerlo? Ella no pretendía ofenderlo, mucho menos contraatacarlo, pues era evidente la diferencia de poderes. Sin embargo, Kagome no podía contener su frustración y después de mucho tiempo el carácter tan fuerte que siempre estuvo presente volvió a surgir.
—¿Quién demonios piensas que eres? No eres más que un maldito youkai, jamás podrás entender a los seres humanos y piensas que no soy nada, pues ahí te equivocas, soy Kagome Higurashi y ni tú ni nadie va a pisotear mi nombre ni a la raza a la que pertenezco.
Si el poderoso Sesshomaru esperaba que la mujer que estaba delante suyo se quedara quieta y esperara su muerte estaba terriblemente equivocado. A pesar del patético estado en el que se encontraba (el cuello marcado, cortesía del todopoderoso, la ropa toda zaparrastrosa y los pies descalzos) había alzado la barbilla y lo miraba con una mezcla de resentimiento, desafío y altanería. No daba crédito a lo que escuchaba, aquella humana que casi regalaba su vida en la cueva, que casi le suplicaba que la matase para aliviar su dolor ahora lo miraba altiva y desafiante. Oh, pero si algo detestaba el Lord del Oeste era que lo enfrentaran los ineptos y débiles y esa humana entraba en la categoría.
—¿Te atreves a desafiarme? — Preguntó entre dientes con furia a penas contenida.
— No estoy desafiándote, simplemente estoy harta, no puedo permitir que me trates de la forma que te plazca por pertenecer a la raza humana. ¿Acaso te he ofendido de alguna manera? —Suspiró, y continuó, sin pensar en la reacción del youkai que tenía enfrente. —No me interesa discutir contigo, déjame en paz. No intentes hacerme daño. No lo permitiré.
Ante las palabras de Kagome, el rostro de Sesshomaru iba transformándose más y más. Su apático rostro comenzaba a desfigurarse por la ira que no podía contener. En sus años como amo y señor jamás le habían hablado de esa manera tan desafiante y era algo que no pensaba tolerar. Él era la ley y, como tal, la aplicaba a su antojo.
Con un movimiento increíblemente rápido cortó la distancia que los separaba e intentó sujetarla nuevamente del cuello, pero no contaba con la barrera que inmediatamente se erigió para protegerla de su ataque. Sesshomaru, sintió una descarga eléctrica y su enojo subió a niveles impensados.
— Maldita—, masculló entre dientes.
— Ya te he dicho que no pienso tolerar esa falta de respeto, ahora déjame en paz.
Kagome se sentía extraña porque a pesar del miedo que le provocaba Sesshomaru, no sentía que debía dejarse amedrentar por él y, a pesar de eso, no comprendía del todo de dónde sacaba ese poder que evidentemente provenía de la perla.
Sesshomaru odiaba que le dieran ordenes, por lo tanto, fue al ataque una vez más para intentar subyugar a la impertinente sacerdotisa, pero cada embestida rebotaba por la fuerza del campo de energía que la protegía de los feroces ataques.
—Sesshomaru, no podrás lastimarme. Lo siento, no me quedaré para ver como sigues intentándolo.
Pero Sesshomaru no pensaba dejar que esa mujer quedara con la última palabra y volvió una vez más a la carga. En ese momento, una luz brillante lo cegó repentinamente y sintió como su piel le hervía. Los poderes de la sacerdotisa habían regresado, no supo ni cómo ni cuándo; sin embargo, pensaba que tal vez su madre tenía algo que ver con ello y él estaba siendo testigo en carne propia de lo que eso implicaba. La energía liberada no tenía la potencia mortal como para eliminarlo, pero sí dolía como un maldito infierno.
—No vuelvas querer herirme, Sesshomaru. Adiós.
—Esto no quedará así…
Kagome sonrió con tristeza, realmente sentía que ese youkai era un caso perdido. No tenía compasión por los seres humanos y no soportaba que lo contradijeran. Cuando perdió el conocimiento por el dolor provocado por luz y energía purificadora, ella se acercó para ver la gravedad de las heridas del Lord del Oeste y pudo constatar que no eran de las que pusieran en peligro su vida. Suspiró cansada, hasta ella pensaba que estaba siendo demasiado buena con él, pero estaba en su naturaleza velar por los demás así se lo merecieran o no. Le daba pena dejarlo tirado en el medio del bosque, sabía que nadie iba a intentar nada estúpido como tratar de matarlo mientras se recuperaba, debido a que seguramente, la bestia que tenía en su interior reaccionaría ante el peligro. De todas maneras, con mucho esfuerzo arrastró al demonio hasta un árbol y lo acomodó lo mejor que pudo, sin sospechar que a pesar del estado de aparente inconsciencia del demonio podía sentir y escuchar todo lo que estaba haciendo.
—Si fueras más amable podrías ser más feliz, no todo en la vida es asesinar a sangre fría o tener siempre la razón. En esta época los demonios son muy comunes, pero no será así dentro de muchos siglos. Deberías intentar adaptarte a la raza humana. Espero no volver a verte Sesshomaru.
Y así, Kagome salió rumbo a la aldea de la anciana Kaede una vez más.
Una vez en la aldea, la chica se rindió ante el cansancio, la tristeza y la desesperación y cayó casi al llegar a la choza de la anciana. Afortunadamente para ella, Rin y Kohaku estaban ahí para rescatarla y llevarla dentro de la vivienda.
Los adolescentes estaban con la mirada fija en la muchacha que continuaba inconsciente, no sabía que había sucedido ni lo que había sido de su señor. No tenían idea cuáles eran los términos en los que habían quedado y se sorprendieron gratamente al verla relativamente bien, a pesar de la furia de Sesshomaru.
La anciana Kaede, por su parte, no podía quitar la vista del pecho de Kagome, sentía que había algo en ella que la inquietaba, era una sensación conocida y desesperante y esperaba poder hablar con ella cuanto antes, pero Kagome no despertó por dos días a causa de una extraña fiebre. Kohaku y Rin no querían separarse de la joven, pero al mismo tiempo, estaban preocupados porque no sabían cuáles serían las consecuencias por haber desobedecido a su señor, por lo tanto, decidieron volver al palacio y ver en qué tipos de problemas se habían metido esta vez.
Kaede intentó por todos los medios despertarla y bajar la temperatura; sin embargo, la fiebre subsistía y no veía indicios de que fuera a bajar pronto. La anciana permaneció al lado de la joven del futuro por esos dos días intentando en vano hacer que su cuerpo volviera a la normalidad, dejara de sudar y despertara de una buena vez.
Al tercer día, Kagome empezó a abrir los ojos y cuando pudo por fin darse cuenta donde estaba se incorporó para hablar con la anciana.
—Anciana Kaede…
—Kagome, niña, que bueno que estás bien.
Kagome miró a la anciana y no tuvo el corazón de decirle que estaba bien, pues no lo estaba en absoluto. Durante el trascurso de la fiebre, pudo pensar en medio de su delirio y rever la situación en la que se encontraba, lo sola que se sentía y que se sentiría de aquí a unos años más. Sin embargo, a pesar de su tristeza, aceptaba con altura la situación ya que mientras que no pudiera liberarse de la perla debería transitar su vida de manera solitaria, pero… no podía permitirse ver como sus amigos, los pocos que tenía en esa época morían rápidamente a causa de la edad y ella no cambiaba en nada su apariencia. Por eso, Kagome estaba decidida a irse de ahí para no verlos morir, porque si los veía desaparecer su corazón no podría soportarlo.
—Kagome, hay algo que me inquieta… tu pecho se siente extraño, siento una fuerza que emana de ahí y no me siento tranquila.
Kagome no quería involucrarla demasiado, pero, al mismo tiempo, sabía que necesitaba ayuda y por eso había decidido volver a la aldea.
—Anciana Kaede, ha vuelto… y no se irá…
La mujer mayor no necesitaba más, pues con el rostro de la joven no necesitaba preguntar más para saber que algo muy peligroso había vuelto a este mundo.
—¿Cómo es eso posible?
—Eso es algo que tendré que averiguar, pero no te preocupes. No me quedaré aquí, por el momento pienso viajar e intentar ver de qué manera puedo ocultarlo, por ahora si tú puedes detectar algo así de seguro alguien más podrá. Tal vez sería mejor que desaparezca por un tiempo. Esta vez, es peor, porque no puedo involucrar a nadie, no sería justo. Así que lo mejor será partir e intentar pasar lo más desapercibida posible.
Como los argumentos de la joven del futuro eran más que válidos, Kaede no podía contradecir lo que Kagome había propuesto. Sabía que si permanecía en la aldea cosas muy desagradables y peligrosas sucederían. Y ya habían sufrido bastante los azotes de Naraku y sus secuaces y ni ella ni los aldeanos podrían ayudarla en su nueva misión, mucho menos sus amigos que ya se encontraban felices con sus pequeñas familias.
—Anciana Kaede, gracias por recibirme nuevamente en tu casa. Esta será posiblemente la última vez que nos veamos. A partir de mañana comenzará mi nueva vida—. Con una profunda reverencia, Kagome agradeció la ayuda de la anciana e intentó mentalizar que se encontraba completamente sola en un mundo lleno de youkai que intentarían poseer nuevamente perla de Shikon que se encontraba nuevamente en el mundo.
Continuará…
Buenas…
Esta vez no tardé mucho en actualizar. Espero volver pronto, quiero terminar esta historia y pasar a otras.
Un saludo y gracias por leer.
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Sele
