Disclaimer: Digimon no me pertenece.
– Qué haces aquí? – preguntó Taichi una vez que estuvo frente al señor.
Pero el hombre no contestó, simplemente apretó los puños y le lanzó una fuerte bofetada al chico, haciendo que casi perdiera el equilibrio y cayera al suelo.
Mimi se sobresaltó al ver lo que acababa de suceder y estuvo a punto de correr hacia Taichi, pero fue detenida por el brazo de Yamato, indicándole que se quedara donde estaba.
Pero... ¿Quién rayos era ese hombre?
Y aún más importante.
¿Qué quería con Taichi?
Dream High
Contra Voluntad
El moreno posó su mano sobre la mejilla recién golpeada a la vez que trataba de recuperar la compostura para mirar a la cara a ese hombre. Extraños sentimientos comenzaron a invadirlo... coraje, confusión e incluso vergüenza. No supo porqué, pero sus ojos de pronto se pusieron cristalinos, seguramente por toda la frustración que estaba sintiendo.
– No puedo creero… – exclamó el castaño retirando la mano de su mejilla. – ¿En verdad tenías que golpearme en frente de mis amigos? –
El mayor dejó de observarlo para posar su mirada sobre los dos chicos que estaban tras el castaño, a unos cuantos pasos de distancia. Sin embargo, rápidamente regresó su vista a Taichi.
– Ven conmigo. – dijo el hombre dándose la vuelta para subir de nuevo a su camioneta.
El chico lo seguía observando sin moverse de su lugar. No quería ir con él, pero la verdad, no es como si tuviera otra opción. Apretó los puños y dio un largo suspiro antes de dirigirse al vehículo, pero justo cuando iba a dar el primer paso, sintió como era detenido por una mano rodeando su brazo.
– Mimi… – susurró al ver que era la chica quién lo estaba deteniendo.
– ¿Estás bien? – preguntó con notoria inquietud en sus ojos.
– Sí, no te preocupes. – replicó Taichi rápidamente.
– ¿No quieres que llame a la policía? – exclamó aferrando su mano al brazo del castaño.
– No es necesario, ustedes vayan al dormitorio, yo llegaré más tarde. –
– Pero no puedes ir con ese hombre… no sabes cuales sean sus intenciones y… –
– Él… – interrumpió Taichi esbozando una leve sonrisa para tranquilizar a Mimi. – Ese hombre es mi padre. –
La castaña abrió los ojos de par en par ante lo que escuchó e instantáneamente retiró su mano del brazo de Taichi, soltándolo del agarre.
El chico le dedicó una última sonrisa antes de darse la vuelta y emprender camino hacia la camioneta donde lo esperaba el mayor. Abrió la puerta que daba a los asientos traseros y una vez que la cerró, el vehículo arrancó rápidamente, perdiéndose de la vista de Mimi y Yamato.
– Hey, será mejor que vayamos al dormitorio. – exclamó el rubio llamando la atención de la chica, quién se había quedado como paralizada.
– Sí, vamos… – replicó no muy convencida.
Aunque no quisiera aceptarlo, sabía que no podía mentirse a ella misma, estaba preocupada por Taichi, y mucho. Y es que ese hombre en verdad le daba muy mala espina, tenía un aspecto frío e incluso daba miedo a simple vista. ¿Pero qué podía hacer ella? Absolutamente nada, después de todo, era el padre del castaño.
::
Treinta minutos habían pasado y Taichi ya se encontraba sentado en uno de los sillones individuales de la oficina de su padre, Yuuko Yagami, quien caminaba dando vueltas en círculos frente al chico. El lugar estaba rodeado de reconocimientos y todo era muy elegante, además de que se encontraba en uno de los edificios más importantes de toda la ciudad.
Un incómodo silencio se había formado entre ambos desde que llegaron. El castaño simplemente miraba expectante a su padre. Si se había molestado en ir por él, seguramente tenía algo importante que decirle pero, ¿qué podría ser?
– Papá… – lo llamó el chico levantándose de su lugar y situándose frente a él.
– ¿En qué demonios estabas pensando? – exclamó Yuuko mirándolo con un semblante molesto. – ¿Es que acaso estás empeñado en arruinarme? –
– ¿Arruinarte? – bien, ahora en verdad estaba confundido. – No entiendo de qué me hablas. –
– Claro que no, si tú ni siquiera pensabas decirme, fue tu madre quién me lo hizo saber. – replicó negando con la cabeza. – Sabía sobre tu hermana, ¿pero tú? ¿No te da pena ajena? –
– No te entiendo... –
– ¡Eres alumno de esa estúpida academia de artes! – gritó el mayor. – ¿Qué acaso pensabas que nunca me iba a enterar? –
Oh, ahora todo estaba más claro.
– ¿Y qué con eso? A ti nunca te ha importado lo que haga de mi vida. – replicó Taichi.
– No me respondas así, sabes que esa carrera de música no es para ti. – dijo el mayor. – Eres demasiado terco y te aviso que mejor te vayas preparando para ir a estudiar al extranjero, ahí elegirás algo que valga la pena, tal vez medicina o leyes. –
– Sabes perfectamente que eso no me llama la atención. Además, ya te había dicho que no quiero irme. –
– Sí, cuando andabas de vago sin oficio, y créeme que lo que haces ahora no es mejor. – exclamó Yuuko. – Traté de hacer entender eso a Hikari, pero está muy ilusionada, así que ella misma se dará cuenta de que lo que hace no la llevará a ningún lado. –
– No tiene nada de malo que estudiemos en YG, y te repito que yo no me iré a ningún otro lado. –
– Oh, no fue una petición, es una orden. – dijo el mayor afilando la mirada. – Los reporteros aún piensan que estas estudiando fuera, si te ven aquí, en una ridícula academia de artes, no quiero ni imaginar lo que sucederá. ¿Te imaginas lo que van a pensar de mí? ¡Que mis dos hijos son unos buenos para nada! No permitiré que me causes problemas. –
– ¿Causar problemas? – dijo el menor. – Me fui de la casa para evitártelos y al parecer no fue suficiente para ti. Tu campaña política es la que está causando los problemas, gracias a eso, ni siquiera te importa tu propio hijo. –
– ¿Qué dijiste? – exclamó el mayor alzando la voz.
– ¡Lo que escuchaste! Llevas años metido en esto de la política y te has ido alejando de nosotros con el paso del tiempo. – replicó Taichi con todo acusador. – ¡Haz abandonado a tu familia! ¡No tienes derecho a exigirme que me vaya al extranjero! –
– ¡Tú no sabes lo mucho que he hecho por ti, por todos ustedes! ¡He trabajado muy duro día y noche todos estos años por esta oportunidad! – dijo a la vez que sus ojos se ponían cristalinos. – ¿Qué tiene de malo que yo quiera que te conviertas en alguien mejor? ¡Mis hijos deben estudiar para ser grandes! –
Taichi quería responderle, pero un nudo en su garganta se lo impidió. ¿Porqué su padre no podía respetar sus decisiones? Siempre era lo mismo, ya que según él, los hijos de un senador no deberían andarse con tonterías.
– No te lo voy a repetir, hijo. – continuó el mayor al ver que el castaño permaneció en silencio. – Te irás al extranjero y ahí estudiarás algo que me haga sentir orgulloso. –
Orgulloso. De nuevo esa palabra que tanto lo atormentaba.
Pero no, no iba a permitir que eso arruinara el camino que llevaba recorrido en YG, en esa academia donde se había comenzado a descubrir a sí mismo, a conocerse. Además… ahí también estaba ella, esa hermosa castaña de la que no pensaba alejarse.
– Lo siento papá, pero me quedaré en YG, soy mayor de edad y no puedes obligarme a nada. – replicó mirándolo fijamente a los ojos.
El mayor le mantuvo la mirada a la vez que fruncía el ceño. No estaba dispuesto a cambiar de opinión.
– No quería llegar a esto, Taichi. – exclamó. – Pero si no me haces caso, mañana mismo iré a esa academia a sacar a tu hermana y será ella quien tendrá que irse a estudiar medicina, como debió ser desde un principio. –
– ¡No puedes hacerle eso! – replicó el menor alzando la voz de nuevo. – Sabes perfectamente que su sueño más grande está ahí. Desde pequeña anhelaba estudiar en YG y… –
– Estoy harto de esas estupideces. – hizo una pausa. – Hijo, tu sabes que yo los amo como su padre que soy, por eso quiero lo mejor para ustedes. – dijo Yuuko. – Yo soy quien menos quiere romper las ilusiones de Hikari, por eso no puse mucha resistencia cuando me informó que ya no estudiaría medicina por qué perseguiría su verdadero sueño. –
– Entonces déjala alcanzarlo, no te metas. –
– No voy a permitir que mis dos hijos destruyan sus vidas ahí. Así que es simple, o te vas tú, o ella se va. – exclamo el mayor. – Y como veo que estás decidido a quedarte ahí, mañana mismo iré a recoger a tu hermana, ella nunca ha sido tan terca como tú, así que será muy sencillo convencerla. –
– ¡Es que no es justo! ¡No la estarías convenciendo, la estarías obligando! – dijo Taichi con coraje. – ¡No puedes estar hablando enserio! –
– Claro que es enserio, no quieras desafiarme. Tú puedes continuar estudiando ahí, de todos modos Hikari tarde o temprano se iba a dar cuenta de que sus sueños son muy infantiles. –
Taichi no podía creer que su padre lo estuviera poniendo en esa situación. ¡Y estaba hablando enserio! Se había quedado sin opciones, pues no haría que Hikari sacrificara sus sueños por él, quien ni siquiera los tenía claros. Y aunque sabía que se probablemente sería la peor decisión de su vida, nunca se iba a arrepentir, ya que su hermana merecía estar en YG mucho más que él.
– Deja que Hikari se quede. – dijo Taichi sintiendo como sus ojos se humedecían. – Yo… yo me iré al extranjero. –
Yuuko sonrió triunfalmente.
– Me alegra que hayas cambiado de opinión. – dijo poniendo una mano sobre el hombro del menor. – Yo mismo me encargaré de los preparativos, te irás a inicios del próximo mes. –
El castaño simplemente asintió, pues el nudo en su garganta le impedía hablar.
– Te pido que todo se haga con mucha discreción, ya que si la prensa o alguien más se entera, podría ser muy malo para mí y para la campaña. – dijo el mayor. – Así que no comentes que te vas a ir, nadie debe enterarse. ¿Entendido? –
– Pero… mis amigos… –
– A eso me refiero, ni siquiera ellos deben enterarse, podrían decirle a Hikari y eso me complicaría las cosas. –
– No es tan fácil, convivo mucho con ellos, de alguna manera se van a enterar. –
– No lo harán si tú no se los dices. Lo mejor será que te vayas alejando de ellos durante estas últimas semanas, así no andarán metiéndose donde no los llaman y cuando te vayas no harán escándalo. – dijo sin rodeos. – Hazme caso por una vez en tu vida, quédate callado y esto será más fácil para todos. –
– Está bien… – replicó Taichi sin mucho ánimo.
– Gracias hijo, estoy orgulloso de ti, haz tomado la mejor decisión. –
¿Orgulloso?
Él siempre había querido escuchar a su padre decirle esas palabras, toda la vida las había estado buscando pensando que cuando eso sucediera, su corazón se llenaría de felicidad. Pero ahora que al fin había llegado el momento… ¿por qué se sentía tan mal? ¿Por qué no estaba sonriendo?
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Un nuevo día llegó a la ciudad después de una larga noche para Taichi Yagami, quien no había podido dormir por todas las cosas que pasaban por su mente en esos momentos. Desde que habló con su papá no le había dirigido la palabra a nadie, estaba callado y distante, en su propio mundo.
El horario de clases al fin terminó y cuando sonó la campana salió rápidamente del salón, dejando extrañados a todos, pues su alegre comportamiento usual había estado ausente durante todo el día.
Ahora el castaño se encontraba sentado en la cafetería de la academia, la hora de comer ya había terminado, por lo tanto el lugar estaba prácticamente vacío y eso era lo que buscaba, estar solo para pensar. Y no era como si tuviera mucho en que pensar, pues no tenía otra opción y ya estaba decidido, dentro de unas semanas se iría al extranjero.
"Tú no sabes lo mucho que he hecho por ti, por todos ustedes! ¡He trabajado muy duro día y noche todos estos años por esta oportunidad!"
"¿Qué tiene de malo que yo quiera que te conviertas en alguien mejor? ¡Mis hijos deben estudiar para ser grandes!"
Las palabras de su padre resonaban una y otra vez en su cabeza. Y es que a pesar de todo, era un hombre admirable, pues había luchado incansablemente por sus sueños. En cambio él no tenía sus metas claras, no sabía lo que quería de la vida, se había metido a YG por un impulso, por la simple necesidad de hacer algo…
– ¿Y entonces por qué me duele tanto tener que irme? – dijo en un susurro.
– ¿Taichi? –
La voz de una chica lo sacó de sus pensamientos.
– Ah, hola Sora. – saludó el castaño.
– ¿No has comido? – preguntó sentándose a su lado.
– No es eso, solamente quería estar solo. –
– Oh… – la pelirroja bajó la cabeza. – Si es así yo puedo irme y… –
– No, discúlpame, eso sonó algo grosero. – dijo Taichi cuando se dio cuenta de sus palabras.
La chica sonrió.
– Oye Taichi… quiero preguntarte algo. –
– ¿A mí? –
Sora asintió y después sacó de su mochila un boleto.
– Es para ti… – dijo ofreciéndoselo al castaño.
– ¿Uh, qué es? –
– Un boleto para el Showcase, me gustaría mucho que ese día fueras a apoyarme. –
– Pero… los boletos son para tus padres. –
– Lo sé, ya le di uno a mi mamá, pero ella preferiría hacer cualquier otra cosa antes de venir a verme. – explicó con un semblante triste. – Todos los demás tendrán a sus padres apoyándolos, y yo no quiero estar sola en ese día tan especial… –
– Oh, ya veo. – dijo el chico observando el boleto, sin tomarlo.
– Jeje, podrá sonar ridículo, pero si soy la única que no recibe flores, me sentiré muy mal. – exclamó con una leve sonrisa. – Entonces… ¿Qué dices? ¿Vendrás? –
Taichi la miró a los ojos a la vez que las palabras de su padre volvían a su mente.
"Lo mejor será que te vayas alejando de tus amigos durante estas últimas semanas, así no andarán metiéndose donde no los llaman y cuando te vayas no harán escándalo."
"Hazme caso por una vez en tu vida, quédate callado y esto será más fácil para todos."
– Claro. – dijo Taichi tomando el boleto. – Ahí estaré. –
– ¡Hey! –
La voz de Mimi Tachikawa se escuchó por todo el lugar, haciendo que ambos voltearan a la puerta de la cafetería, donde la castaña yacía parada y al parecer había escuchado la conversación.
– Oh… – susurró una sonriente Sora a la vez que observaba a Mimi para luego devolver su mirada hacia el castaño. – Bueno, me voy. ¡Te veo en el Showcase, muchas gracias! –
Dicho esto, la pelirroja caminó con la cabeza el alto hacia la salida pasando de largo a Mimi, como si no la hubiera visto. La castaña giró los ojos ante dicha acción y se dirigió hacia la mesa donde estaba Taichi para plantarse frente a él.
– ¿Se puede saber porqué le dijiste que sí? – exclamó en voz alta. – ¿Se te olvidó que ese día también será nuestro Showcase? –
– No se me olvidó. – dijo el chico poniéndose de pie. – Simplemente no voy a participar. Así que mucha suerte, sé que les irá bien. –
Dicho esto, Taichi se dio vuelta dispuesto a irse, pero sintió como la mano de Mimi rodeaba su brazo, deteniéndolo, tal y como lo había hecho la noche anterior cuando su padre vino por él.
El castaño apretó los puños y suspiró. Tenía que ser fuerte, en especial ante ella, sabía perfectamente que Mimi era capaz de hacerlo flaquear ante su decisión, pero no. Ya estaba decidido, se alejaría de todos para no causarle problemas a nadie, ni a su padre, ni a ellos, ni a él. Así sería más fácil la despedida.
– Mimi, tengo cosas que hacer. – dijo para que lo soltara.
– ¿Por qué? – susurró la chica en voz baja. – La idea de nuestro concierto fue tuya, no entiendo porqué ya no vas a participar. –
En eso Taichi se soltó del agarre de Mimi y volteo a verla directo a los ojos.
– ¿Acaso es por Sora? – preguntó la castaña manteniéndole la mirada.
– No. – replicó el chico rápidamente. – Es sólo que me di cuenta de que… esto no es lo que quiero. –
– ¿Qué dices? – exclamó Mimi alzando la voz. – ¿Entonces te vas a rendir y ya? –
– Sí, creo hasta hubiera sido mejor haberme rendido desde un inicio. – mintió a la vez que desviaba la mirada y sacaba sus audífonos para ponérselos en ambas orejas.
Mimi apretó los puños y de un movimiento rápido retiró los audífonos de los oídos de Taichi y jaló el cable principal para dejar en evidencia que el chico no estaba escuchando nada. Era obvio, él mismo le había enseñado ese truco.
– Oye, dime la verdad. ¿Fue por lo que pasó ayer? – preguntó la castaña. – ¿Discutiste con tu papá? –
Taichi bajó un poco la vista.
– No, simplemente me cansé de todo esto. –
– ¿A sí? ¿Y se puede saber porqué? –
– Porqué no importa cuánto me esfuerce… – replicó el chico. – En este lugar nadie lo notará. –
– El profesor lo hará, también Hikari, Yamato… e incluso yo. – dijo eso último casi en un susurro.
Taichi esbozó una leve sonrisa ante el comentario de la chica. Diablos, moría de ganas de tragarse sus palabras y simplemente abrazarla, pero no podía, no debía.
– Es que si lo piensas, es absurdo, el concierto es falso, no creo que valga la pena y… –
– ¡No me vengas con eso! Desde un inicio tú sabías que era falso y estabas muy animado con la idea. – exclamó Mimi interrumpiéndolo.
– ¡Pero ya pensé mejor las cosas y tomé mi decisión! – respondió mirando fijamente a la chica. – Y quiero que ustedes continúen sin mí, lo harán bien, Hikari estará feliz aunque yo no participe. –
Mimi guardó silencio unos segundos tratando de controlarse. No quería gritar más, pues un nudo se le había formado en la garganta.
– Entonces… – susurró la chica. – Lo que me dijiste hace poco en tu casa, ¿no significó nada para ti? –
Taichi abrió los ojos de par en par ante las palabras de Mimi. ¡Claro que había significado algo! Mucho más de lo que ella imaginaba…
– ¿Qué cosa? – replicó él fingiendo no saber de lo que hablaba.
– Dijiste que querías que cantáramos juntos en el escenario… tú y yo. – dijo Mimi sin retirar sus ojos de los de Taichi.
– Oh… ¿enserio dije algo así? – exclamó el castaño. – Hmm, pues no lo recuerdo. – dijo tomando de nuevo sus audífonos para ponerlos de inmediato en sus orejas a la vez que desviaba la mirada.
– ¿No lo recuerdas? – dijo Mimi haciendo lo posible por mantenerse al margen. – Que lastima… creo que entonces yo era la única que esperaba ese momento con ansias. –
Taichi se quedó paralizado al escuchar esa confesión. ¿Por qué de pronto sentía cómo todo se le venía encima? No supo cómo fue que sus ojos se comenzaron a nublar y ahora luchaba por no llorar.
– Pero bueno, creo que eso no era importante para ti. – dijo Mimi observándolo a pesar de que él fingiera ignorarla. – Que tonta fui…–
La castaña respiró hondo y dio la media vuelta para retirarse del lugar, ella no se iba a quedar ahí parada rogándole. Comenzó a caminar hacia la salida de la cafetería cuando una pequeña lágrima se deslizó por su mejilla. Eso la hizo comprender que aún no podía irse, tenía que hacer una última cosa antes.
Así que sin más, se dio la vuelta y se dirigió hacia donde Taichi seguía parado.
– Oye, Taichi. – dijo la chica secamente.
Y justo cuando el castaño volteo, Mimi le arrebató los audífonos de las orejas para rápidamente propinarle una fuerte patada en la rodilla que lo hizo torcerse del dolor.
– ¡Ah! – exclamó el chico llevando ambas manos a su rodilla recién lastimada.
Listo, ahora sí podía irse.
::
En ese momento, Takeru Takaishi se encontraba en el salón de prácticas bailando una rítmica canción frente al espejo. Todos los días después de clases solía hacerlo, a veces bailaba, otras veces tocaba el piano, e incluso en algunas ocasiones cantaba. Pero ese día tenía ganas de liberar el estrés marcando unos cuantos pasos al compás de la música, ya que eso siempre lo relajaba.
Al fin había comenzado a sentir el calor invadiéndolo cuando la música se detuvo abruptamente, haciendo que el rubio se molestara.
– ¿Qué rayos? – exclamó Takeru alzando la voz, pero su semblante cambió al ver que había sido la profesora Fujioka la que paró la música. – Oh… –
– Takeru, ¿qué haces aquí? – dijo la mayor acercándose al chico. – Deberías aprovechar tu tiempo libre para ensayar con Sora, ¿no te parece? –
Y así era. El Showcase cada día estaba más cercano y le habían asignado como pareja a Sora Takenouchi, alegando que ambos lo habían hecho muy bien en la ceremonia de apertura. Y no es que la chica no le agradara pero…
– Profesora, ¿no podría yo tener una presentación individual en el Showcase? –
– ¿Por qué? Yo pienso que ustedes dos lo harán muy bien juntos, la canción que les asignamos queda muy bien con el rango de voz de ambos. –
– Es eso, a mi me gusta elegir mis canciones y con quién las canto, las cosas forzadas no son lo mío, no me parecen interesantes. Usted me entiende, ¿verdad? – dijo esbozando una sonrisa. – El público notaría a simple vista mi falta de interés y eso perjudicaría la presentación. –
– Oh… ¿entonces sólo subes a un escenario por qué te parece interesante? – exclamó la profesora. – Si esa es tu manera de pensar, este no es tu lugar. –
La sonrisa de Takeru se borró de su rostro al escuchar las palabras de la mayor.
– Hmm, tienes mucho talento, Takeru. Demuestras día a día que eres un digno hijo de Hiroaki Ishida. – continuó la mujer. – Pero en esta academia las cosas no se van a hacer a tu gusto, y si te fue asignada una pareja y una canción para el Showcase, tendrás que aceptar sin poner peros. –
– Creo que deberían dejarnos dar nuestra opinión, así podríamos ofrecer un mejor espectáculo. – dijo el rubio.
– Ja, creo que eres más tonto de lo que imaginé, deberías estar agradecido con Sora. – dijo Rae Fujioka. – Las mujeres son quienes más llaman la atención de los presidentes de las disqueras, así que deberías aprovechar la oportunidad que te estamos dando con este dueto. –
El rubio ahora escuchaba a la mujer conteniendo sus ganas de gritarle. ¿Quién rayos se creía que era? ¡No podía simplemente llegar e interrumpirlo para decirle semejantes estupideces!
– Al final no importa si lo que te tocó no te parece interesante, como tú dices. – dijo la mayor poniendo una mano en el hombro de Takeru. – Ya que si tienes talento, serás capaz de cautivar a la audiencia sin importar las circunstancias. –
– Eh… profesora, debo irme. – exclamó el chico dándose la vuelta para salir del lugar lo más rápido posible. No quería seguir escuchando a esa mujer.
– Solamente te diré una cosa más. – dijo la mayor con una sonrisa hipócrita. – Si en verdad quieres cantar algo que te parezca interesante, deberías ir a un karaoke, porque este no es el lugar. –
Takeru simplemente suspiró a la vez que apretaba los puños y salió como alma que lleva el diablo del salón de prácticas. Tan enojado iba, que no se dio cuenta de a quién tenía en frente hasta que chocó con él.
– TK…
– Tú. – exclamó el rubio cuando vio a su hermano frente a él. – Lo siento, pero tengo prisa.
– Escucha, desde ese día en que nos encontramos me has estado evitando, creo que necesitamos hablar para aclarar las cosas y...
– No pudiste haber elegido peor momento, estoy sumamente molesto y el verte no mejora la situación. – replicó Takeru tajantemente.
– Pero no podemos simplemente ignorarnos como si no nos conociéramos, somos hermanos y tenemos que arreglar las cosas. – dijo Yamato.
– Ya te lo he dicho muchas veces, yo no tengo NADA de qué hablar contigo, y menos en estos momentos. – dijo el rubio menor pasando de largo a su hermano. – Adiós. –
Dicho esto, continuó su camino dejando a Yamato atrás, quién solo lo observaba con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, sabía que algún día su hermano menor cedería y podrían hablar, pero por ahora, no debía insistir.
Ahora Takeru caminaba con rapidez sin rumbo alguno y estaba de un muy, muy mal humor. Primero por ese absurdo discurso de la maestra Fujioka y después porque tuvo que atravesarse en su camino la persona que menos deseaba ver. Tenía ganas de golpear a alguien en ese preciso momento.
Llegó cabizbajo al pasillo de los casilleros justo cuando Hikari estaba a punto de pegarle en la puerta su ya acostumbrada paleta de chocolate. Por suerte para la castaña, lo notó antes de que este volteara y alcanzó a alejarse unos cuantos pasos del lugar y esconder la paleta entre sus manos.
Y para sorpresa y susto de la chica, Takeru se detuvo frente a su casillero a la vez que apretaba los puños y le daba un fuerte golpe a la puerta de este, parecía en verdad muy molesto.
– ¡Agh! – exclamó el rubio golpeando nuevamente el casillero.
Dio un suspiro para calmarse y después alejarse de ahí, no tenía caso descargar su ira con un mueble. Estaba a punto de darse la vuelta cuando vio que a unos cuantos pasos se encontraba Hikari escondida entre sus mismos brazos.
– Hey, miss dinousaur. – la llamó.
– ¿Y-yo? – dijo Hikari levantando el rostro para mirarlo.
– ¿Estás libre en estos momentos? – preguntó Takeru.
Hikari lo miró extrañada antes de contestar.
– Sí... eso creo. – replicó. – ¿Por qué? –
– ¿No quieres acompañarme a un karaoke? –
Después de todo, tal vez sería bueno tomarle la palabra a la profesora Fujioka.
::
Y ahora ahí estaban, en uno de los karaokes cercanos a la academia, Takeru había rentado un cuarto donde inmediatamente se subió al pequeño escenario, tomó un micrófono y puso varias melodías en la pantalla para desahogarse y cantar mientras Hikari estaba sentada observándolo embobada totalmente ante los encantos del rubio.
– So, I won't hesitate no more, no more, it cannot wait. I'm sure...
El chico ya le había dicho que se subiera a cantar con él, pero la verdad es que ella disfrutaba mucho el simple hecho de verlo ahí, cantando sólo para ella. Aunque bueno, realmente no le estaba dedicando las canciones, pero ella era su único público, así que de todos modos estaba feliz.
– There's no need to complicate our time is short. This is our fate, I'm yours.
En sus manos tenía el libro de canciones de donde se supone debía escoger una para interpretar, pero era imposible concentrarse en eso cuando Takeru estaba frente a ella.
– Hey, Hikari. – dijo el chico cuando terminó de cantar. – Vamos, sube ya y cantemos algo juntos. –
– S-sí. – exclamó poniéndose de pie.
– ¿Ya elegiste la canción? – preguntó el rubio una vez que Hikari subió al mini escenario.
La chica asintió a la vez que seleccionaba la canción de la computadora y la melodía rápidamente comenzaba a sonar.
– I'm a barbie girl, in the barbie world, life in plastic, it's fantastic! You can brush my hair, undress me everywhere. Imagination, life is your creation! – comenzó a cantar la castaña.
– Come on Barbie, let's go party! – secundó Takeru animadamente.
– I'm a barbie girl, in the barbie world, life in plastic, it's fantastic!
Y a partir de ese momento, ambos chicos continuaron cantando a todo pulmón mientras bailaban torpemente al ritmo de la música. Hikari simplemente no lo podía creer, era demasiado para ella el estar ahí con Takeru, cantando sin preocupaciones cada canción que se les ocurría. Y si bien en un principio estaba algo cohibida, ya no era así, ahora estaba disfrutando al máximo.
– ¡Al cielo pido un favoooor! Que tú me quieras a mí, deseo a morir… – la chica alzó su brazo e hizo una cara graciosa de sufrimiento mientras cantaba.
– ¡Que algun día tú estés por siempre conmiiiigo! – se unió Takeru también exagerando su lenguaje corporal.
– ¡Tengo la fé! ¡Woooo! – gritaron los dos al mismo tiempo.
Era una tarde mágica para ambos, se estaban divirtiendo como si fueran niños pequeños, olvidándose de todos sus problemas. Llevaban ya más de una hora arriba del escenario cantando sin parar, y la verdad es que ni uno de los dos deseaba hacerlo.
– And at last, I see the light... and it's like the fog has lifted. And at last, I see the light, and it's like the sky is new. – cantó Hikari
– And it's warm and real and bright... and the world has somehow shifted. – continuó el rubio.
– All at once everything is different. Now that I see you, now that I see you. – se unieron a coro.
Y así, continuaron jugando mientras cantaban y bailaban cada canción que les venía a la mente. Si alguien más los hubiera visto, habría pensado que eran un par de ridículos o que les faltaba algún tornillo en la cabeza. Pero eso no les importaba, ya que en ese momento la estaban pasando como nunca.
– ¡Bien! – exclamó Takeru levantando la mano para chocar los cinco con Hikari, a lo que esta respondió gustosa.
– Ow, que lástima que ya se nos acabó el tiempo. – dijo la castaña bajando del escenario para sentarse en el largo sillón que estaba en el cuarto de karaoke.
– ¡No importa! ¡Quedémonos otra hora! – dijo el rubio emocionado sentándose a su lado.
– ¡Sí! Me encantaría y… – en eso la chica recordó que los ensayos para su Showcase estaban a punto de comenzar. – Este… creo que no puedo, tengo un compromiso. –
– ¿Enserio? – replicó el rubio mientras la sonrisa en su rostro se borraba. – ¿Qué compromiso? –
– Eh… – Hikari deseaba decirle la verdad, pero no podía, así que se inventó rápidamente una buena excusa. – ¡Un compromiso muy, muy, muy importante! – o algo así.
– Hmm… – exclamó Takeru poniéndose de pie. – Bueno, ¿dónde es? ¡Yo te llevo! –
– ¡AH! No, no, no. ¡No puedes! – dijo la chica también levantándose nerviosamente.
El rubio simplemente la miró extrañado.
– Uhm… es que no está tan lejos, yo puedo ir sola. – se excusó Hikari.
Dicho esto, caminó hacia donde había dejado su mochila y se la colgó en su hombro para proceder a despedirse.
– Jeje, ya me voy, nos veremos luego… –
– Que sospechosa. – exclamó Takeru plantándose frente a ella para mirarla directo a los ojos. – Si sigues actuando así, me darán más ganas de llevarte a tu muy, muy importante compromiso. – hizo una pausa y acercó su rostro al de ella. – ¿Exactamente a dónde vas? –
Hikari casi se va para atrás al tener al rubio tan cerca de ella, pero aguantó y dio un largo suspiro para después juntar sus manos en modo de suplica.
– Por favor, no me preguntes eso. – dijo cabizbaja. – Enserio, yo puedo ir sola… –
El chico suspiró y se alejó de la menor.
– Está bien, entiendo. – dijo alejándose. – Cuídate entonces. –
– Ah… gracias. – dijo la chica levantando el rostro y esbozando una leve sonrisa. – M-me divertí mucho hoy. –
– Yo también. – replicó el rubio devolviéndole la sonrisa y despidiéndose con su mano derecha. – Bye. –
– Bye, bye. – exclamó ella haciendo el mismo movimiento de mano.
Hikari se dio la vuelta y salió a paso lento del cuarto de karaoke, dejando a un sonriente Takeru tras de sí. Una vez en el pasillo, su mente comenzó a atormentarla. ¿Que sucedería si faltaba a los ensayos para el Showcase? ¿Y si mejor se quedaba con Takeru esa tarde?
– ¡NO! – se regañó a sí misma. – Ensayar es más importante, debemos practicar para que todo salga bien. –
Y así, la chica dio unos cuantos más hacia la salida del lugar, pero rápidamente se detuvo y comenzó a saltar en modo de berrinche.
– ¡Ah! No, no puedo irme… es mi oportunidad de pasar más tiempo con él. – se dijo tratando de convencerse. – ¡Seguramente será mi única oportunidad en toda la vida! –
Dicho esto, se dio la vuelta, dispuesta a regresar al cuarto de karaoke.
– Ah… – exclamó deteniéndose y recargándose en la pared. – Pero aún así… los ensayos son más importantes. Todos me deben estar esperando… –
Y de nuevo se dio la vuelta para retomar su camino hacia la salida del local.
– Ensayos, ensayos. – se repetía continuamente. – ¡Ah, pero Takeru! – dijo de nuevo dando la vuelta. – ¡No, ensayos! – exclamó dándose pequeños golpes en la cabeza. – ¡No, mejor Takeru! –
Su dilema ahora la tenía dando vueltas por todo el pasillo mientras algunos clientes le lanzaban miradas curiosas. Pero a Hikari ellos eran lo que menos le importaba. ¡Estaba en la encrucijada de su vida!
– Ay, ya no puedo más. – dijo tomándose la cabeza con sus dos manos a la vez que cerraba los ojos y se ponía en cunclillas. – ¿Qué debo hacer? –
En eso, Takeru salió del cuarto de karaoke e inmediatamente divisó a la chica hecha bolita a unos cuantos pasos, dándole la espalda. ¿Acaso no se había ido? ¿Qué hacía ahí? Se acercó a ella manteniendo la distancia y alcanzó a escuchar algunas de sus divagaciones.
– Takeru, Takeru… – susurró la chica infantilmente. – ¡No, debo ser fuerte! – se puso de pie de golpe. – Ensayos, ensayos. –
Dicho esto, Hikari se armó de fuerzas para salir a pasos largos del lugar decididamente, ya no debía dudar. Takeru la seguía observando a sus espaldas con una sonrisa en el rostro, sin duda esa castaña nunca dejaba de sorprenderlo y hacerlo reír. Era una chica muy, muy peculiar.
– Hmm… aún quiero saber a dónde va. – susurró para sí mismo.
Bueno, no tenía nada de malo si la seguía, y ya lo había decidido, eso era lo que iba a hacer.
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Saliendo del karaoke tomó un taxi para no perder tiempo y llegar cuanto antes a la casa de su hermano, que era el salón de prácticas de la clase especial. Ese día sería su primer ensayo para el Showcasefalso que estaban preparando y eso la emocionaba, aunque en su interior le habría gustado quedarse a cantar más con Takeru.
– ¡Perdonen por la tardanza! – exclamó Hikari cuando entró al lugar.
Dejó su mochila en el suelo y dio un vistazo rápido, ahí estaban ya el profesor Kido y el profesor Izumi, también Mimi y Yamato, pero… ¿Dónde estaba Tai? Y aunque no le sorprendería en lo más mínimo que se le hubiera hecho tarde a su hermano, no pudo evitar preguntar por él.
– Uhm… ¿mi hermano no ha llegado? –
Pero nadie le contestó. Todos parecían estar algo abrumados, sus rostros denotaban preocupación, molestia, ¿decepción?
– ¿Sucedió algo? – preguntó la castaña sentándose en el largo sillón al lado de Mimi.
– Hikari… – habló Joe. – Verás, justo antes de que tú llegaras, Mimi nos contó que tu hermano decidió no participar en nuestro Showcase. –
La menor abrió los ojos de par en par.
– ¿Qué cosa? – exclamó sin poder creerlo. – ¡Pero… se veía muy animado con la idea! ¿Por qué cambió de opinión? –
– Nadie ha hablado con él, sólo Mimi. – dijo Izzy.
Hikari inmediatamente dirigió su vista hacia la castaña, quien entendió que debía decir algo.
– Mejor pregúntale tú a él. – dijo Mimi tajantemente. – A mí sólo me dio excusas absurdas. –
– ¡Ah! No lo puedo creer, voy a matar a mi hermano… – exclamó la mejor frunciendo el ceño. – No fue nada fácil para mí venir aquí hoy… y ahora creo que no valió la pena. – ahora deseaba volver corriendo al karaoke con Takeru.
– Hmm… creo que la situación ya se complicó demasiado. – dijo Yamato.
– El chico tiene razón. – secundó Izzy. – Además, lo he estado pensando, y aunque la academia esté vacía ese día, corremos el riesgo de que alguien decida quedarse y nos descubra. –
– Pero eso es poco probable… – dijo Joe.
– Bueno, pero ahora sólo quedan tres estudiantes, ¿Cómo le harán para durar una hora sobre el escenario? – exclamó Izzy. – Lo mejor sería cancelar el concierto. –
– Ah… – susurró Hikari con tristeza reflejada en sus ojos. – Algo me decía que después de todo no lograríamos subir a un escenario a cantar… –
– No. – exclamó Mimi poniéndose de pie. – No lo vamos a cancelar, tenemos que seguir adelante con esto. Es fácil durar una hora sobre el escenario. En vez de hacer dos duetos, que sea sólo uno y podemos cantar un solo cada quien. –
– ¡Pero niña, sólo son tres estudiantes! ¿No crees que se verá extraño? – dijo el pelirrojo.
– ¿Extraño para quién? – replicó la castaña. – Los padres de Hikari solo vienen a ver a su hija, ellos no saben cuántos alumnos participan en los conciertos. Además, siempre podemos decir que sólo los tres mejores obtuvieron ese derecho. –
– Ah… eres un caso perdido. – dijo el profesor Izumi.
– No, ella tiene razón. – la secundó Joe. – Los padres de Hikari no saben nada, ni tampoco el resto de la audiencia, ya que son personas que entre Arukawa y yo vamos a invitar. A nadie tiene porqué parecerle extraño. –
– No sé como dejé que me metieran en esto. – susurró el pelirrojo.
– Lo siento profesor, todo esto fue mi culpa. – dijo Hikari. – Pero es que… este concierto es realmente importante para mí, es el único modo de que mi papá entienda que este es mi sueño. Así que aunque sea falso, no pienso rendirme. ¡Hay que hacerlo! –
Joe Kido observó a su alumna y una sonrisa se formó en sus labios.
– Bien, como ya está todo decidido. Hay que empezar a ensayar. – exclamó animadamente. – Con esto que sucedió casi me olvido de darles la buena noticia de que oficialmente el auditorio será nuestro por esa noche. –
– ¿Enserio? – chilló Hikari emocionada.
– ¿No hubo problemas para engañar al director? – preguntó Yamato.
– No, Arukawa, o debo decir, el presidente Matsui Arukawa, dijo que el director Yano accedió de inmediato y todos los gastos ya quedaron pagados. – explicó el peliazul. – Aunque sí le mencionó que era una coincidencia que quisiera hacer un concierto esa noche, ya que la academia también tendría el suyo al mismo tiempo, jeje. –
– Qué bueno que el de verdad será en otro lado… – dijo la menor.
– Ya verán muchachos, no importa si sólo son tres, todo saldrá muy bien. – los animó Joe. – ¿Verdad que sí, Izzy? –
El pelirrojo sonrió a la vez que negaba con la cabeza.
– Está bien, ustedes ganan. – dijo Koushiro. – A ver, ¿ya decidieron que quieren cantar? –
– ¡Sí! – exclamó Hikari. – Aquí traigo las partituras de varias canciones que me gustarían. –
– Yo también tengo varias opciones. – dijo la castaña.
– Igual yo. – dijo Yamato.
– Perfecto. Ah, y antes de que se me olvide, deben decirme quienes harán el dueto, ya que será el acto de clausura y necesitan ensayarlo bien. – indicó el pelirrojo.
– El dueto lo haremos Yamato y yo. – exclamó Mimi sin siquiera pensarlo.
El rubio abrió los ojos de la sorpresa ante la declaración de la chica. No porque la idea le molestara, al contrario, él encantado de compartir el escenario con ella, pero le extrañaba que hubiera tomado la decisión prácticamente de la nada y sin consultarlo a él. De todos modos no iba a poner objeción alguna, ya que estaba seguro de que cantar con Mimi sería maravilloso, después de todo, gracias a la encantadora voz de la castaña él estaba allí. Si no la hubiera escuchado cantar ese día en que se conocieron, en estos momentos no estaría en YG.
– Está bien, ya decidido eso, podemos comenzar. – dijo Izzy caminando hacia el centro del cuarto. – Después nos concentraremos en el dueto, por ahora debemos coreografiar un poco sus solos, además de practicar su entonación. –
– ¡Ah, qué emoción! – exclamó Hikari levantándose del sillón.
– Sí, chicos, levántense todos y vengan acá, les enseñaré algunos pasos básicos para moverse sobre el escenario. – dijo el pelirrojo. – Hey, Kido, pon algo de música. –
– Entendido. – dijo el peliazul prendiendo el estéreo con un control remoto.
La música rápidamente comenzó a sonar y los tres chicos ahora se encontraban al centro del lugar mientras imitaban los movimientos que el profesor Izumi les enseñaba, algunas vueltas, saltos, maneras de mover los brazos, las piernas, de todo.
Leves sonrisas adornaban los rostros de todos en el lugar, ya que, aunque algunos no expresaran su gusto por realizar el concierto, en el fondo realmente lo deseaban.
Ninguno de los presentes lo había notado, pero escondido detrás del marco de la puerta de esa habitación, se encontraba observando un entretenido Takeru Takaishi, quien había seguido a Hikari y por lo tanto, había escuchado toda la conversación. ¡No lo podía creer, estaban planeando un Showcase falso! La idea le parecía de lo más genial y descabellada, esos chicos sí que eran alumnos muy especiales. En esos momentos realmente le habría gustado estar en el lugar de su hermano.
– Hmm… so this is where the real stuff is at. – susurró Takeru con una gran sonrisa plasmada en su rostro.
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Y así, dos semanas pasaron con rapidez mientras todos los alumnos de la academia se preparaban para sus respectivos conciertos, los alumnos regulares ensayaban día y noche sus presentaciones mientras los de la clase especial tampoco se quedaban atrás. Todos estaban dando su máximo esfuerzo para que el día del Showcase fuera perfecto.
El ambiente en el salón de los alumnos especiales había estado muy tenso desde que Taichi decidió no participar el concierto. Hikari había tratado de averiguar alguna razón creíble por la cual su hermano los abandonó, pero el castaño simplemente le dijo que no se metiera y que quería estar solo.
Y lo había hecho. El sociable y alegre Taichi Yagami ahora era más una persona solitaria. Solamente iba a clases y luego se salía de la academia y regresaba al dormitorio directo a acostarse sin dirigirle la palabra a nadie. Mimi incluso había comenzado a preocuparse, pero seguía muy molesta con él por la actitud que tomó la última vez y ella no pensaba ser quien diera el primer paso para hablar. No señor, su orgullo estaba ante todo.
El castaño esos días se había concentrado a hacer lo que su padre le había pedido, alejarse de sus amigos para que no intervinieran con los planes este. Ya incluso había elegido la universidad a la que acudiría en los Estados Unidos, donde se supone que estudiaría leyes, tal y como su papá lo había deseado desde hace tiempo. Y no lo podía creer, después de haber luchado tantos años contra su voluntad, al fin había cedido.
– Aquí está la solicitud de inscripción. – exclamó Yuuko Yagami entregándole un documento de muchas hojas al castaño. – Oh, y tu visa al fin está lista. –
– Sí, gracias… – replicó el chico tomando el documento.
– Bien, ya falta menos de una semana para partir, el tiempo se fue volando. Ya verás como en pocos meses comienzas la universidad allá. – dijo con una sonrisa.
Taichi no había podido evitar notar como su padre últimamente le sonreía bastante. Hace mucho que no lo veía dedicarle sonrisas tan sinceras. Eso en parte lo hacía feliz, el tener a su papá tan contento y orgulloso.
– Oye, ¿quieres ir a comer? – ofreció el mayor. – Debes tener hambre. –
– Claro. – dijo Taichi devolviéndole la sonrisa.
– Me da gusto que estés más animado, estoy seguro de que estando allá no vas a extrañar esa absurda academia de artes en la que estás. –
El chico simplemente asintió. No, tal vez no extrañaría la Academia YG, pero estaba seguro de que sí extrañaría a las personas que allí conoció, al profesor Izumi, al profesor Kido, incluso a Yamato Ishida, pero había alguien a quien extrañaría aún más, y esa era Mimi Tachikawa. Esa hermosa castaña que en tan poco tiempo lo había cautivado.
Aunque bueno, ahora ni siquiera se hablaban, pero eso era algo que él había ocasionado apropósito, esperando en el fondo que el alejarse de ella hiciera menos dolorosa su partida.
– Señor. – exclamó una amable mujer abriendo la puerta de la oficina de Yuuko. – Lo buscan su esposa y su hija. –
– Oh… diles que pasen. – replicó el mayor.
– Enseguida. – dijo la mujer saliendo del lugar.
– Taichi, esconde esos papeles, recuerda que no deben verlos. – ordenó el hombre.
El castaño asintió y procedió a guardarlos rápidamente en su mochila.
– ¡Papá! – exclamó Hikari entrando al lugar. – ¡Te he extrañado mucho! – dijo lanzándosele en un abrazo.
– Mi pequeña, yo también te he extrañado. – replicó correspondiendo al abrazo. – ¿Te estás alimentando bien? Te siento más delgada. –
– Jaja, no seas mentiroso, sigo igual. – dijo la pequeña separándose del agarre. – Oh, y hola Tai, no sabía que estabas aquí. – dijo secamente, la verdad estaba algo molesta con él por su actitud en los últimos días.
– Hola. – replicó de igual modo.
– Amor, Hikari tiene algo importante que entregarnos. – intervino Susumu, quien se encontraba detrás de la menor.
– ¿A sí? – dijo el hombre. – ¿Y qué es? –
– ¡Ta-da! – exclamó Hikari sacando los boletos para el Showcase. – ¡Están oficialmente invitados al concierto de la academia! –
– ¡Hija, que alegría! – dijo Susumu tomando los boletos para apreciarlos mejor. – ¡Sabía que lo lograrías! –
– Felicidades, Hikari. – dijo su padre posando su mano derecha en la cabeza de ella para removerle unos cuantos cabellos en modo de felicitación.
– ¡Lo vez, papá! ¡Te dije que era mi sueño, y este es sólo el comienzo! – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
– Lo sé, lo sé, es por eso que te permití estudiar en esa academia. –
– Estaremos allí sin falta, pequeña. – exclamó Susumu. – Y qué lástima que no nos dieron más boletos, así tu hermano también podría ir a verte. –
– No importa mamá, ya luego me contarán como estuvo. – dijo Taichi.
– Y esperemos que para el próximo concierto tú también puedas participar. – dijo la mujer.
– Sí, esperemos… –
Hikari observó el semblante de su hermano. Se veía algo triste y distante. ¿Por qué se comportaba así? Lo más extraño era que no había querido hablar con ella, cuando siempre se contaban todo. Algo le pasaba a Taichi y le preocupaba no saber de qué era.
– Pero bueno, ¿qué tal si vamos a comer para celebrar el logro de Hikari? – propuso Yuuko.
– ¡Claro, que gran idea, hace mucho que no comemos en familia! – secundó Susumu.
– ¡Yay! – exclamó Hikari dando pequeños brincos sobre su lugar. – ¡Gracias papá! Prometo que te haré sentir orgulloso de mí en el concierto! –
Una leve sonrisa se formó en el rostro de Taichi. El ver tan feliz a Hikari le demostraba que había tomado la decisión correcta.
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Tres días más transcurrieron y esa noche Yamato y Mimi se encontraban en el dormitorio uno al lado del otro sentados en el suelo terminando de cortar los pedazos de confeti que usarían como utilería para el Showcase. Llevaban ya horas haciéndolo y estaban a punto de terminar. Ese había sido un día largo y Mimi ya no podía más con su ser, literalmente se estaba muriendo de sueño, ya no aguantaría despierta mucho tiempo más, pero debían acabar, ya que el concierto sería al día siguiente.
– No puedo creer que sea mañana… – dijo Yamato mientras cortaba un pedazo de papel.
– Sí, el tiempo se pasó más rápido de lo que pensé. – replicó Mimi concentrada con las tijeras. – Ah… – exclamó a la vez que bostezaba y cerraba los ojos.
Yamato observó a la chica de reojo y sonrió.
– Si quieres puedes ir a dormir, yo me encargo de cortar el resto. –
La chica abrió los ojos de golpe.
– No, no tengo sueño. – exclamó tomando otro pedazo de papel para cortar.
El rubio giró los ojos y siguió con lo suyo.
– Me da gusto que estés tan animada con esto del concierto. – dijo Yamato.
– Mmm… pues ya no puedo echarme para atrás, todos están muy emocionados. – replicó tratando de retener otro bostezo. – Incluso tú. –
– Ja, ¿yo? – bufó el rubio. – No me uses de excusa, yo sé que tú también lo esperas con ansias. –
– No es así… lo hago por Hikari, todos lo estamos haciendo por ella. – dijo luchando por mantener sus ojos abiertos a la vez que comenzaba a cabecear.
– Pues… –
Yamato quería decirle que él solamente había accedido a participar por apoyarla a ella, y sólo a ella. No es que los hermanos Yagami no le agradaran, pero él no hacía esa clase de cosas por cualquier persona, pero Mimi Tachikawa no era cualquier persona… ella era...
En ese momento miró de reojo a la castaña y sus pensamientos se vieron interrumpidos. ¿Acaso se había dormido? La cabeza de Mimi se movía de un lado a otro mientras tenía los ojos cerrados y parecía que en cualquier momento caería al suelo de tanto tambaleo.
– ¿Mimi? – susurró el rubio en voz baja, solo para cerciorarse de el estado de la chica.
Pero no tuvo que esperar una respuesta para que sus sospechas se confirmaran, pues la castaña se hubiera ido de lado directo al suelo de no ser porque Yamato reaccionó rápidamente y la tomó del brazo jalándola hacia él con suavidad. Increíble, tanto movimiento no la había despertado y ahora la chica se encontraba descansando pacíficamente recostada sobre su hombro.
Estaba completamente dormida. Seguramente tenía más sueño del que él se había imaginado. Pero, ¿ahora que iba a hacer? Tal vez lo mejor sería despertarla para que se fuera a acostar a su cama y pudiera descansar como es debido.
– Oye… – dijo en voz casi inaudible a la vez que bajaba su rostro para observarla.
Una extraña sensación lo invadió tan pronto posó su mirada sobre ella. ¿Cómo era posible que se viera tan adorable de ese modo? No supo cómo sucedió, ya que ni siquiera lo pensó, pero había levantado el brazo en el cual Mimi estaba recargada y había posado su mano en los cabellos color chocolate de esta, acariciándolos con suavidad.
– ¿Qué estoy haciendo? – susurró deteniendo sus caricias de inmediato. – ¿Qué te sucede, Yamato? – se cuestionó a sí mismo.
En eso, la puerta del dormitorio se abrió, dejando ver a un pensativo Taichi cuyo semblante cambió completamente al ver al rubio abrazando a Mimi y a esta dormida en su hombro. Yamato notó la mirada de incomodidad del castaño y procedió a explicar la situación.
– Se quedó dormida. – dijo observando fijamente al castaño, quien yacía de pie frente a ellos.
Taichi desvió la mirada rápidamente tratando de contenerse. No comprendía porque le había molestado tanto ver a Yamato tan cerca de Mimi, y no solamente eso... justo cuando entró a la habitación pudo notar cómo el rubio la estaba mirando, parecía embelesado con el rostro de la chica. ¿Acaso a Yamato también le gustaba Mimi?
No, eso no podía ser.
Negó con la cabeza un par de veces y lanzó con pesadez su mochila al suelo para luego subir a su cama y recostarse dándoles la espalda, realmente no tenía ganas de volver a mirar hacia donde estaban. Eran en momentos así donde en verdad le habría gustado un cuarto propio. Tan solo esperaba que Mimi despertara pronto y se apartara de Yamato.
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Y al fin el día que todos habían estado esperando llegó, esa noche se llevarían a cabo ambos conciertos, el de la clase regular y el de los alumnos especiales. Todo el personal de la academia se había levantado más temprano que de costumbre y había un caos total por todos los pasillos y corredores. Varios transportes habían llegado y estaban preparando todo para trasladarse pronto al auditorio donde se llevaría a cabo el Showcase.
En el dormitorio de la clase especial, Mimi se encontraba encerrada en el baño duchándose, como siempre, primero que Taichi y Yamato, quienes esperaban pacientemente su turno.
Taichi se encontraba recostado en su cama mirando hacia el techo. La noche anterior no había podido dormir bien gracias a la escena que vio cuando entró a la habitación. Y sí, tal y como el predijo, Mimi se levantó en cuestión de minutos y sin decir nada se metió al baño a cambiarse y después salio en pijama directo a dormir. Pero aun así... la forma en la que el rubio la estaba observando mientras la tenía a su lado lo inquietaba de sobremanera.
Yamato se levantó de la cama para tomar su bajo y practicar algunos acordes para su solo de esta noche, pero justo cuando iba a comenzar, el castaño se plantó frente a él mirándolo fijamente.
– Oye... ¿se puede saber que sucedió ayer? – preguntó Taichi.
El rubio lo observó por unos momentos y dejó su bajo sobre la cama.
– ¿De que hablas? –
– De Mimi y tú. –
– Ah... sobre eso. Pues, creo que ayer mismo te lo expliqué, se quedó dormida. –
– No me refiero a eso, vi como la abrazabas y la manera en que la estabas mirando. – replicó el chico sin molestarse en ocultar que eso le había molestado.
– Oh, ahora resulta que eres muy observador. No tengo porqué responderte, llevas semanas ignorándonos a todos, creo que tú eres quien debe más explicaciones. –
– Ese no es el punto en estos momentos. – bufó el castaño tratando de contenerse, no quería alzar la voz.
– Pues yo tampoco entiendo a qué quieres llegar. – replicó Yamato secamente. – Imaginas cosas en tu cabeza, ella solamente se quedó dormida, estaba muy cansada. –
– Ah, claro. Entonces espero que la próxima vez que suceda no andes abrazándola como anoche. –
– ¿Qué? ¿Es una orden? – exclamó Yamato afilando la mirada. El tono de voz empleado por Taichi no le había gustado nada.
– Tómalo como quieras. –
– Oh… –
El rubio ahora creyó comprender. ¿Será que Taichi estaba celoso?
– A mi me pareció una orden, menos mal que no tengo porqué obedecerte. – exclamó sin más.
– ¿Qué dices? –
– Si yo quiero abrazar a Mimi, no voy a pedirte permiso para hacerlo. – dijo Yamato mirándolo directo a los ojos.
Sí. Ahora lo estaba provocando.
– Tú… – susurró Taichi apretando los puños.
– ¿Yo qué? – interrumpió el rubio. – ¿Por qué estás tan molesto? No entiendo tu actitud, llevas días haciendo como si Mimi no existiera y ahora te pones como histérico por una cosa así. –
– No lo entenderías, y no tengo porqué explicártelo. – replicó el castaño notablemente molesto. – Y haz lo que quieras, no tiene sentido hablar contigo. –
Dicho esto, Taichi se dio la vuelta y se dirigió a las escaleras para subir de nuevo a su cama, pero antes de hacerlo, se detuvo en seco y giró levemente su cabeza mirando al rubio de reojo.
– Yamato. ¿Te puedo hacer una pregunta? – exclamó aún dándole la espalda.
– ¿Qué? –
– A ti… ¿te gusta Mimi? – soltó sin preámbulos.
El rubio abrió los ojos ante la sorpresa. No se esperaba una pregunta así. ¿Qué si le gustaba Mimi? Bueno…
– No. – respondió sin querer pensarlo más.
En eso Taichi giró su cuerpo completamente y apuntó a Yamato con su dedo índice.
– ¡Espero lo recuerdes, acabas de decir que no! – exclamó en voz alta. – ¡No te puedes arrepentir de esa respuesta en un futuro! –
– ¿Qué rayos estás diciendo? –
En eso, la puerta del baño se abrió, dejando ver a Mimi ya lista con el uniforme puesto y su cabello aún húmedo. Ambos chicos la estaban mirando y un silencio incómodo invadió la habitación. Ella simplemente los observó por unos segundos para después desviar su mirada, tomar su mochila, y acercarse a la puerta.
– Yamato, estaré en la cafetería, te espero para desayunar. – exclamó Mimi dirigiendo sus ojos al rubio. – No tardes mucho. –
– Claro, enseguida voy. – replicó el chico.
Mimi le dedicó una pequeña sonrisa y después salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. El rubio soltó un pequeño suspiro y se dirigió al armario para sacar su uniforme y después meterse al baño dispuesto a ducharse.
En el cuarto únicamente quedó Taichi, quien se sentía peor que nunca. La castaña simplemente había hecho como si no existiera, lo ignoró por completo. Aunque bueno, eso era lo que él había ocasionado pero... ¿en verdad quería irse al extranjero y dejar de esa manera las cosas con Mimi?
– No, eso no... –
Por supuesto que no, tenía que aclarárselo todo. Así que sin más, se dirigió a la puerta y salió de la habitación dispuesto a alcanzar a la chica. Estaba a punto de comenzar a correr cuando se vio interrumpido por el sonido de su teléfono celular, le había llegado un mensaje. Lo sacó de su bolsillo y posó su mirada en la pantalla de este.
– Es de Sora... – susurró para sus adentros.
"Hoy es el gran día, nunca terminaré de agradecerte que vendrás a apoyarme. Nos vemos en la noche."
El castaño releyó el mensaje unas cuantas veces más y suspiró. Lo mejor sería volver a la habitación y esperar su turno para ducharse. Por un momento había perdido la cabeza y estuvo a punto de tirar por la borda todo lo que había logrado en esas semanas. Si se había alejado de Mimi era por su propio bien. Ya había llegado muy lejos y no iba a arruinarlo todo, los planes de su padre, el sueño de Hikari...
– Ya falta poco. –
Y así era, en menos de tres días salía su vuelo rumbo a los Estados Unidos.
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Notas de la autora:
ARG. ¡Escribir este capítulo fue completo un martirio para mí D:! Por favor, no me maten... lo sé, lo sé, está demasiado centrado en Taichi. Pero así debía ser, lo juro (?)! Y bueno, el fic es un triángulo amoroso, aún no está muy definido el Mimato (ni tampoco el Michi), y los protagonistas son Mimi, Yama y Tai. Claro, sin olvidarnos de Sora, Hikari y Takeru, que también los considero muy importantes en la trama. Y sí, yo sé que parece que me estoy excusando, pero es la verdad xD! Eso sí, ya quiero salir de esta etapa sobre Taichi para pasar a lo que en verdad me importa: el Mimato. Que se está poniendo un poquito más difícil de lo que pensé XD...
Prometo esforzarme más para traerles escenas Mimato que tanto les gustan xD... en este capítulo hubo una chiquitita, pero bueno, algo es algo. Y PUES... Tai está celoso y Yama se niega a si mismo (y al mundo) que esta comenzando a sentir cosas por Mimi. Ay, este rubio, pero bueno, con el tiempo aprenderá :P
Sobre el capítulo, pues sí, cosas sobre el papá de Tai y sus traumas de político. Ow, me lo va a mandar al extranjero y el pobre está sufriendo ~ ASDF, es tan bello que quiere tener felices a su hermana y a su padre antes que a él. Y pues, ah, hubo una escena Takari :D! Haha, estuvo algo larga y bonita, ya ven, la profesora lo mandó a un karaoke y el bien obediente xD, lo bueno es que invitó a Hikari. OH, y ya los descubrió con su Showcase falso. ¡AH! Haha, este rubio ocasionará unas cuantas cosas en el próximo capi, esperen y verán XD...
En fin, me disculpo una vez más por este capítulo xD! Pero todo lo hago por una razón, créanme, la situación actual de Taichi dará pie al Taiora que mencioné en un inicio. Sí, Sora merece ser feliz (?). Hahaha, y bueno, en capítulos más avanzados me centraré tanto en Yamato que también terminarán hartos D; (?)! Ustedes saben, el rubio tampoco salva de los problemas familiares xD! Todas las familias en mi fic son disfuncionales, hahaha ~
PERO BUENO. Ehem, ¡MUCHAS GRACIAS POR SUS RRs! Ya saben, no lo tengo que repetir y sin embargo lo haré, el hecho de que me escriban me pone demasiado feliz, mil gracias, ustedes son los que hacen que me den ganas de actualizar tan seguido :'D! ¡Los quiero! ASDF, y también agradezco a los que leen la historia y la han puesto en favoritos o en alerta, espero se animen a escribirme. Gracias también a YUKICCHI y a Mimatolovefans que no tienen cuenta pero aún así me mandaron su review, son un amor, chicas.
¿Se dan cuenta? Mis notas de autora no pueden permanecer cortas XD! Siempre tengo mucho que decir. GRR, es un mal hábito, lo siento. Y ah, lamento informales que pronto mis vacaciones terminarán y la universidad volverá a mi vida ):! Yo trataré de actualizar semanalmente como de costumbre, pero si se me pasa, ya lo saben, es culpa de los proyectos y las tareas D:!
Tehehe, les mando un abrazo.
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~
Canciones utilizadas en el karaoke:
I'm Yours - Jason Mraz / Barbie Girl - Aqua / I wish (versión latina) - Digimon Adventure / I can see the light - Tangled
