DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

¿ DIFERENTES ?

CAPITULO 11

Edward y yo habíamos pasado nuestra segunda noche juntos.

En realidad era la tercera noche si contaba aquel viernes que me desmayé borracha sobre su cama, pero prefería olvidar esa ocasión.

Él había hecho tortitas y ahora compartíamos nuestro segundo desayuno juntos.

- ¿A qué hora tienes que entrar a trabajar? – preguntó dando un trago a su café

- A las nueve.

- Te dejaré allí antes de ir a casa.

- ¿Tú no tienes que trabajar?

- Sí, pero puedo entrar más tarde. Me gustaría pasar por casa para cambiarme mi ropa. La llevo desde el sábado.

- Buff – dije fingiendo desagrado

- ¡Hey! Me he duchado y no me he puesto la ropa interior usada – me informó petulante bajando la voz.

- ¿No? ¿Y qué llevas?

- Nada – dijo sugerente alzando una ceja.

Angela, a quien no habíamos visto la noche anterior porque había llegado pasada la medianoche, eligió ese momento para entrar.

- Buenos días – saludó somnolienta restregándose los ojos y sin percatarse de la presencia de Edward

No pude evitar sentir algo de celos o preocupación en realidad, al verla vestida con braguitas y una camiseta que llegaba sólo a su cintura.

- Buenos días – saludamos ambos y la voz masculina la sobresaltó

Se volteó sorprendida y completamente colorada, con una mano sobre el pecho. Nos miró con pavor antes de susurrar un pequeño "Disculpen" y salir corriendo de la cocina.

- No sé cómo puede moverse tan rápido sin haberse tomado un café – dijo Edward con una seriedad que me hizo reír

- Que mi chico vea a mi compañera de piso semidesnuda, no es lo que más feliz me hace – confesé

- ¿Yo soy tu chico? – dijo con voz ronca mientras se inclinaba hacia mí para besar mis labios

- Supongo. ¿Es eso lo que eres? – pregunté con miedo recordando las palabras de Rosalie: "Edward no tiene novias"

- Seré lo que tú me permitas ser, Bella. – dijo acariciando mi mentón con su pulgar.

Angela volvió a la cocina, vistiendo un pantalón de deporte y una camiseta holgada, con su rostro a punto de explotar y sin atreverse a mirarnos.

- Lo siento – se disculpó acercándose a la cafetera – No sabía que había visitas.

- No, Angie – le contradijo Edward – Es tu casa. Yo debería disculparme por estar aquí invadiendo vuestra casa.

- Oh, claro que no – discutió ella volteándose a verle – Tú eres el invitado de Bella.

- Técnicamente no soy su invitado. Me auto-invité – confesó haciéndome reír

- Bueno, entiendes lo que quería decir... – balbuceó ella

- No – les corté – Edward, eres un invitado y eres bienvenido, ya lo sabes. Ang, debí decirte que Edward estaba aquí, lo siento, no me di cuenta. Lamento que te incomodáramos.

- Oh, no, no hay problema – dijo y procedió a servirse un café

- ¿Tortitas? – ofreció Edward señalando el plato que había sobre la mesa.

Angela se debatía dudosa sobre si debía aceptar o marcharse y dejarnos solos.

Edward cogió una tortita y la puso sobre un plato limpio obligándola a aceptar.

- Gracias – aceptó al fin y se sentó frente a nosotros.

- ¿Y qué tal el fin de semana? – le preguntó Edward amablemente.

Angela levantó la vista nerviosa y sonrió ante la sonrisa franca de ese chico tan abierto y agradable.

- Oh, bien, gracias ¿Qué tal el vuestro?

- Mmm, divertido – dijo Edward lanzándome una mirada cómplice que me hizo sonrojar – En realidad Bella insistía en calcular medias, varianzas y todas esas funciones estadísticas tan aburridas, pero pude distraerla – explicó avergonzándome al guiñar un ojo a Angela – Me dijo Bella que estabas en Connecticut.

- Sí, la familia de mi novio, Ben, vive allí.

- ¿Él vive aquí?

- Sí, estudiamos juntos.

- Tendrás que presentármelo algún día – dijo Edward – ¿Tienes planes para hoy? – preguntó confundiéndonos a ambas.

- ¿Eh? ¿Yo?

- Sí – respondió con naturalidad – Unos amigos dan un pequeño concierto hoy, tal vez tú y Ben podríais venir.

Se volteó hacia mí al sentir mi mirada interrogante clavada en su rostro.

- No te lo había dicho, ¿verdad? – me preguntó con una sonrisita culpable.

- No, no lo creo.

- Ya sabes, hoy es lunes, hay concierto en Twilight – asentí comprendiendo – ¿Querrás que vayamos? – pidió rodeándome con sus brazos y atrayéndome hacia él ante la mirada curiosa de Angela.

- No lo sé – le contesté dándome importancia

- Venga, nena, di que sí. Puedo intentar convencerte – amenazó haciéndome unas pocas cosquillas, algo que aquella noche había descubierto que era mi talón de Aquiles.

- Ya te confirmaré – le respondí intrigante – Acabaré de arreglarme o se me hará tarde – dije levantándome de mi asiento

Edward tiró de mi mano para darme un suave beso antes de dejarme marchar.

Ese chico me estaba volviendo loca y me encantaba y estaba segura de que Angela debería estar más que sorprendida ya que no era habitual que yo trajera nadie a casa. Y menos aún alguien como Edward.

Aún era temprano cuando llegué al departamento esa tarde. Tenía tiempo para descansar un rato antes de ducharme y que Edward pasara a recogerme.

Estaba leyendo mis correos electrónicos en el desayunador de la cocina, cuando Angela llegó a casa.

- Hola – saludó amable como siempre.

- Hola, Ang. Pensé que llegarías más tarde.

- Mi profesor de Medicina Legal no ha venido hoy. Pero tú saliste temprano hoy.

- Sí. Este miércoles comienza mi semestre y mi horario de trabajo será más corto para poder atender mis clases – expliqué

Angela se acercó a la nevera para servirse un vaso de zumo de manzanas y se sentó frente a mí.

- Entonces – dijo tímida – ¿Vas a salir hoy?

Levanté la vista de la pantalla del ordenador y sonreí.

- Sí. Edward me recogerá para ir al concierto. Quería que cenáramos juntos antes pero ha tenido que quedarse en el trabajo.

- Entiendo.

- ¿Vendréis tú y Ben al concierto?

- Oh, no, no podemos. Ben vendrá para terminar un trabajo para la universidad. Pero tal vez podamos ir con vosotros la próxima vez.

- Sí – acepté – Estaría bien

Estuvimos un rato en silencio hasta que Angela se atrevió a hablar.

- Sabes, me cayó muy bien Edward – dijo levemente avergonzada – ¿Puedo preguntarte cómo le conociste?

No pude evitar sonreír al recordarlo.

- Fue muy extraño, la verdad. Hace un par de semanas me topé con una chica en la puerta del Starbucks y manché mi ropa de trabajo con café. La chica me ofreció ropa para cambiarme y esa tarde ella y su compañera de piso, me invitaron a ir a un concierto de la banda de su novio que es también la banda con la que toca Edward. Fui al concierto y allí le conocí.

Angela asintió y supe lo que estaba pensando. Edward y yo no teníamos nada en común.

- Sé lo que estás pensando – dije con una sonrisa

- ¿Yo? ¿Qué cosa? – preguntó apenada

- Edward es completamente diferente a los chicos con los que suelo relacionarme.

- Es un poco diferente a tus amigos, sí – sonrió

- Lo sé. Es completamente diferente. Lo sé y no puedo entender qué vio en mí.

- Oh, Bella, es evidente que le gustas mucho y sin dudas eso vio en ti. Una chica guapa, inteligente...

- Gracias, Ang, pero estoy segura de que si me hubieras visto ese día en ese bar, sabrías lo que quiero decir. Yo destacaba como una mosca en la leche, y no para bien, me temo. Todos rockeros o hippies, en un bar de mala muerte, lleno de borrachos y yo allí, vestidita con un traje sastre que costaba lo que más de uno de ellos ganaría en un mes o dos.

- Entiendo a qué te refieres.

- Pero Edward tiene algo... – confesé con la mirada perdida y sonrisita tonta –...no sé qué es, pero tiene algo que me atrae como la miel a las moscas.

- Te entiendo. Además de lo evidente, que es guapísimo – dijo con una sonrisa – es tan simpático, abierto, extrovertido.

- Y sexy – dije con voz ronca – ¡Dios, Ang! Tendrías que verlo con un cigarrillo en la boca, y tocando la guitarra.

- Te creo – aceptó

- Me gusta, pero no sé cuánto puede durar esto.

- ¿Por qué lo dices?

- Ya sabes, cuando acabe mis últimos dos semestres volveré a Filadelfia.

- Sí, pero aún te quedan dos semestres. Pueden pasar muchas cosas en todo ese tiempo.

- ¿Tú crees?

- Desde luego que sí – aseguró antes de que el timbre nos interrumpiera con la llegada de Ben.

Encontrar en mi armario algo acorde para ir al Twilight, fue más difícil de lo que imaginé. Sin dudas tendría que darme una vuelta por el centro comercial si pretendía seguir frecuentando los lugares que Edward frecuentaba, ya que mis ropas de diseñador de señorita fina no me servirían.

Para cuando Edward llegó al fin, me había decidido por unos tejanos negros muy ceñidos y una camiseta blanca que intenté customizar recortándole el cuello de forma que la abertura cayera dejando mi hombro al descubierto. Un sujetador negro daba el toque duro que quería darle. Mi cazadora negra fue un buen complemento.

- Estás muy sexy – susurró sobre mis labios cuando llegó.

Me besó con fiereza antes de tirar de mí para marcharnos.

El Twilight estaba a reventar a esa hora, y Edward sólo pudo guiarme hasta la barra.

Se apoyó en ella y me ubiqué junto a él. Con su codo sobre la barra y su otra mano en mi cintura se volteó hacia mí.

- ¿Qué quieres beber? ¿Agua? ¿Una copa de vino?

- Una Bud Light

Me sonrió con su sonrisa sexy antes de girarse hacia la camarera.

Tanya, la preciosa camarera que quería tener algo con el chico que estaba conmigo, se acercó a nosotros, con una sonrisa lasciva para Edward y una mirada asesina para mí.

- Hola, Edward ¿qué te sirvo? – preguntó con voz ronca

- Una Bud Light y una Heineken – le pidió sin siquiera mirarla y la chica se alejó refunfuñando

- ¿Cuánto tiempo estuviste con ella? – indagué sintiéndome intimidada ante la escultural rubia

- ¿Con quién? – preguntó claramente confundido por mi pregunta

- Con Tanya.

- ¿Con Tanya? – repitió sorprendido – Nada. Sólo salimos tres o cuatro veces. Cuatro.

- ¿Y qué sucedió?

- Que el espacio entre sus sienes está completamente vacío.

- Dios, eres cruel – reí – ¿Qué dirás de mí en cuanto dejemos de vernos?

- ¿Quién dijo que tú y yo dejaremos de vernos? – preguntó volviéndose hacia mí

Tanya volvió en ese momento y dejó las botellas frente a nosotros.

- ¿Quieres un vaso? – me preguntó mirándome con desprecio

- No, gracias – le respondí acobardada

Edward le extendió un billete y la chica se marchó.

- Hoy será difícil conseguir una mesa – dijo Edward mirando la multitud

- ¿Son buenos? – pregunté realmente sorprendida de que el bar estuviese tan lleno

- Son muy buenos

- ¿Qué tipo de música tocan?

- Blues

- ¿Blues?

- Sí, ¿te gusta el blues?

- Sí, bastante – confesé – Ya te dije que mi padre me ha hecho escuchar blues durante toda mi vida.

- Sí, lo recuerdo – dijo con un tono que sonó melancólico aunque no pude entender por qué – Era fan de The Masen.

- Sí, lo es. Deberías escucharles, eran muy buenos.

- Les he escuchado alguna que otra vez – reconoció con una sonrisa torcida antes de dar un trago a su botellín.

Emmett se hizo notar en ese momento golpeando la espalda de Edward.

- Hey, colega – le saludó – Cómo está esto hoy. Hola, Bella – me saludó con una sonrisa – ¿Hace mucho que habéis llegado?

- No, no mucho.

- Hola, chicos – nos saludó Rosalie cuando llegó hasta nosotros.

Detrás de ella estaba Alice y Jasper a su lado.

Nos saludamos y pude notar la mirada algo molesta que Alice me dirigió.

- Hola, Alice – le sonreí cuando quedó de pie junto a mí.

- Hola – me respondió cortante haciéndome sentir culpable

Había estado evitando a esa chica durante toda la semana y tenía que disculparme.

- ¿Puedo hablar contigo un minuto? – le pedí acercándome a ella para que me escuchara por sobre el ruido del lugar

Asintió mirándome muy seria y caminó rumbo a la puerta. Me disculpé con Edward que me observó curioso, pero asintió al verme ir tras Alice.

Ya en la calle se recostó contra un coche allí aparcado y cruzó sus brazos sobre el pecho, completamente a la defensiva.

- Lo siento, Alice – dije sinceramente y me observó sin contestar – Lo siento, de verdad. Sé que no tengo excusa por no haber contestado a tus llamadas, pero he estado muy confundida.

Mi confesión la desestabilizó.

- ¿Confundida?

- Sí. Sé que suena raro, pero es la verdad. Yo suelo ser muy organizada y metódica y tú eres todo lo contrario, y me sentía avasallada, agobiada.

- ¿Te agobio? – preguntó con un sonido lastimero

- Un poco – reconocí – Tus llamadas siempre eran comunicándome cosas que yo debía hacer, como ir a un concierto, ir a una fiesta, etc. Nunca me consultabas sino que simplemente lo decidías por mí y eso me perturbaba.

- Entiendo. Lo lamento, Bella, no sabía que te hacía sentir así.

- No, está bien, esa es tu forma de ser, pero a mí me cuesta un poco adecuarme.

- Lo siento. Pensé que en realidad no querías que fuésemos amigas.

- Debo reconocer que también había algo de eso – confesé incómoda – Siempre he tenido los mismos amigos y la verdad es que me cuesta hacer amistades nuevas.

- ¿No querías nuevos amigos?

- Creía que no.

- ¿Y ahora qué ha cambiado?

Me recosté en el coche junto a ella y suspiré intentando encontrar la respuesta a su pregunta.

- No lo sé – confesé por fin – Creo que tal vez me estuviera perdiendo algo.

Alice sonrió.

- ¿Tiene Edward algo que ver con eso? – preguntó suspicaz.

- Tal vez – sonreí ruborizándome

- Es genial, Bella – dijo rodeándome con sus brazos risueña – Seremos las mejores amigas, ya lo verás – prometió – Y tú y Edward... es genial...

- ¿De verdad crees que Edward y yo...? ya sabes... Rosalie dijo que Edward no tenía novias...

- Parece que ahora sí – sentenció mirándome cómplice y volviendo a ser la Alice que yo recordaba


Gracias por los reviews, alertas, favoritos y gracias por leer!

Les dejo un adelanto del próximo capi:

- No puedes cambiar quien soy, Bella. Así como yo no intento cambiar quien eres.

- No quiero cambiar quien eres.

- Pero tal vez preferirías que me moviera por círculos más selectos, que tal vez tuviese un trabajo más importante o un puesto más acorde a la directora financiera de Swan Enterprises. ¿Cambiaría tu decisión si te dijera que en realidad soy rico? Si digamos – especuló – te dijera que no soy un simple empleado de Midnight Sun, sino que soy el dueño, ¿eso haría más fácil mantener una relación conmigo?

- Eres quien eres, Edward. Y me gusta quien eres. Es sólo que sé a lo que tendré que enfrentarme, y a lo que tú tendrás que enfrentarte si tú y yo seguimos juntos. Mi hermana es una esnob, bastante más de lo que yo pueda parecerte. Ella no entiende que yo no salga con mi ex, pero si supiera que le he dejado para estar con alguien que no tiene un título universitario, me hará la vida imposible, a mí y a ti también.

Besitos y seguimos en contacto!