LA ÚLTIMA SOLTERA
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POV Sakura - Drabble 11: En la aldea de la arena
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Llevo ocho meses aquí, y siete meses de novia con Kankurō, ciertamente cuando lo vi, no creí que él seria quien alegraría mi corazón, a veces uno se centra en una sola persona y no da oportunidad a otros amores, en Konoha de vez en cuando me salían propuestas para salir con chicos guapos, la mayoría las rechacé, porque no quería saber nada de amor, ahora desde que disidí buscar un amor, creo que estoy medio enamorada y un 80 % feliz.
–Sakura te amo, –me dijo Kankurō al oído. —todo lo que me pidas te lo daré.
Esta noche es mi noche con él y me da mucha vergüenza de que se entere de que todavía soy virgen. Así que sólo lo beso en la boca con una pasión que no conocía que tenia y le susurro al oído.
–Te quiero a ti, —besé su cuello, —iremos despacio, ¿sí?
Él asintió con un movimiento de cabeza y la noche fue perfecta.
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Mi relación con Kankurō está mejor que nunca, me da mucha vergüenza decirlo, pero hemos hecho el amor casi todos los días después de aquella noche. Kankurō está loco con la idea de casarnos, pero no sé, no me gusta mucho el desierto, la maldita arena siempre se me mete en los ojos y parece que siempre tengo sed, de día hace un infierno de calor y de noche demasiado frio.
He dicho que estoy de vacaciones pero en realidad estoy trabajando en el hospital de acá, es que no puedo quedarme quieta tanto tiempo. Les e facilitado tantas de mis recetas químicas y antídotos a esta gente, que Konoha podría acusarme de traición.
–Konoha. –susurré en la soledad de la noche.
Al decir esa palabra no puedo evitar pensar en Naruto, no he sabido nada de él desde que estoy aquí, al principio me era difícil no recordarlo, pero luego, poco a poco fui dejando de pensar en él, y todo el merito lo tiene Kankurō, ahora no siento envidia de su felicidad, he dejado de lamentarme por aquel amor frustrado, y quiero que Naruto siga siendo feliz.
La puerta se abrió y Kankurō asomó la cabeza, –¿Sakura me puedes abrir este frasco?
Entorné los ojos, esto me hace sentir como si yo fuera el hombre y él la mujer, Kankurō entró en la habitación sonriendo, está muy misterioso.
–Dame acá debilucho.
Le arrebato el frasco de vitaminas que no pesa nada y él se ríe entre dientes, no estaba nada dura la tapa pero cuando la abro siento un nudo en la garganta, dentro hay un anillo de oro con una roca tan roja como los cabellos de Karin.
Saque el anillo y lo miré en la palma de mi mano, es precioso, y Kankurō dice aquellas palabras que siempre me pregunte quien sería él que me las dijera.
Se acercó a mí y se sentó a mi lado, –¿Entonces qué dices?, ¿nos casamos?
