UNA NOCHE INNOLVIDABLE
CAPITULO # 13
Por: Tatita Andrew
Mientras conducía de vez en cuando Albert miraba de reojo a la mujer que iba sentado a su lado, habían pasado varios días desde que ella le había dejado muy claro que no sentía nada por él que ni siquiera lo amaba.
El más que nadie sabía claramente que tampoco amaba a nadie, no después de lo que sufrió por su primera esposa, pero al mirarla de reojo pudo darse cuenta que se mostraba distante y fría con él, las cosas no debían ser así y no es que deseaba que Candy lo amara con todas sus fuerzas pero pensó que con el matrimonio las cosas cambiarían entre ambos por el amor al hijo que ambos esperaban en cambio meses después apenas se hablaban solamente lo necesario ella, se había convertido en un pilar muy importante para la construcción de la nueva escuela de la comunidad en donde cientos de niños hijos de empleados y personas de bajo recursos podrían acceder gratuitamente a una educación digna y de calidad.
Estaba tan orgulloso de ella. ¿Pero como decirle? Si cuando lo miraba era como si estuviera mirando una pared de hielo con sus ojos tan fríos y sin vida.
Sabía que él era el causante de aquella situación, tal vez si hubieran hablado sobre los sentimientos de ambos desde el principio podría arreglarse algo, por eso se le había ocurrido la excelente idea de ir a visitar a su tía Elroy sabía que la compañía de la dama y sobre todo apreciar el hermoso jardín que poseía le levantaría el animo faltaban menos de dos meses para que su hijo naciera y quería que ella estuviera tranquila y sin ninguna preocupación de ningún tipo.
Candy también miraba de reojo a Albert era difícil estar sentado tan cerca de él y comportarse distante y fría con él, pero ese era el método que había encontrado efectivo para que no se le rompa el corazón, desde que se había enterado que Albert había estado casado y lo que es peor que su esposa había muerto, todos sus sueños y anhelos de que el matrimonio pudiera salvarse habían muerto en ese mismo instante. Ni siquiera lo podía culpar. ¿Cómo hacerlo? Si la que había llegado tarde a su vida había sido ella, él había amado profundamente a su esposa lo podía notar en el modo en que no quería hablar del tema.
Lo único que lamentaba de todo era el stress en que estaba envuelta y con el embarazo había días en los que se estaba sintiendo terrible.
La verdad que la compañía de la Tía Elroy la alegro mucho, y con la tía de por medio ambos tenían que disimular sobre el tipo de matrimonio que llevaba, pero la tía era muy sabía y pudo notar que algo andaba raro entre los dos.
Después de una hora entre hablar de nombres de embarazos, de achaques de embarazo y sobre los avances en la construcción de la escuela la tía le sugiere a Candy que se vaya a dar un paseo por el jardín, que eso la iba a ayudar a despejar la mente admirando la belleza de las flores.
Albert la ayudo a levantarse, no quería que la tocara pues tenía miedo de que pudiera notar lo nerviosa que se ponía cuando lo tenía cerca, pero debido a su estado se le hacía cada día más difícil levantarse de una silla, en su casa tenía la ayuda de sus asistentes por eso no requería las atenciones de su marido, pero con la tía por delante sería una ofensa que le dijera a Albert que no.
Con mucho cuidado la ayudo a ponerse de pie y con una mano sobre su espalda y la otra en la mano, a pesar de que ya estaba levanta el se quedo sosteniendo su mano más del tiempo necesario, las mejillas le ardieron pero el no se retiraba hasta que le pregunto.
-¿Estas bien ahora?
-Sí, en un rato regreso, con su permiso tía.
-Ve despacio Candy, no quiero que te agites.
Se tomo todo el tiempo del mundo, era inmenso todo ese jardín, el aroma, la tranquilidad la paz, no había visto nada tan hermoso, alguien debió haberle tenido mucho amor a ese jardín para que se mantuviera tan bien conservado.
No se fijo en el tiempo en que anduvo deambulando pero cuando se sintió un poco cansada decidió entrar nuevamente a la casa. Pero al legar a la sala no se veía por ningún lado ni a su esposo ni a la tía Elroy. Le preguntó a una sirvienta que pasaba por allí.
-¿Ha visto a mi esposo?
-Sí entro hace algún rato, en la biblioteca con su tía, dijo que usted iba a demorar un poco porque fue a conocer el jardín.
-Sí, es hermoso y muy bien cuidado.
-Sí, cuando estaba viva su esposa ella se encarga personalmente de sembrar y podar cada una de esas rosas.
-¿Ese jardín era de ella?
-No, solo que le gustaban tanto las rosas que pasaba la mayor parte del tiempo allí.
Candy con el corazón en la mano se fue acercando hasta la biblioteca la puerta estaba entreabierta y en efectivo se escuchaban las voces de su esposo y su tía, a medida que se fue acercando pudo escuchar claramente de lo que hablaban.
-¿Qué esta pasando entre tu y Candy?
-Nada tía.
-No me vengas con esa, yo soy demasiada vieja para que puedas engañarme. Vi la actitud de ambos hace un rato.
-Estoy muy confundido.
-¿Y no crees que deberías hablar de esto con tu esposa?
-No, se que es lo mejor para ella, y yo… tía tu no entiendes.
-Te entiendo perfectamente Albert, he sido parte de tu vida, estuve allí cuando te casaste con Samanta, y ahora que te veo con Candy, lo veo claramente y se como te sientes.
-Es que no se como decírselo, decirle lo que siento, por eso creo que es mejor no decirle nada y que las cosas sigan como están.
-Estas actuando mal, Albert y no esta bien, el matrimonio es de dos. Acaso no ves que ella no es como Samanta.
-¿Acaso no lo se? Me doy cuenta cada maldito día, cuando la miró, cuando sonríe cuando habla y sobre todo cuando la toco no se parece en nada a ella, y lo peor es que lo siento aquí en el corazón.
-Deberías decirle como te sientes, deberías aclararle de una vez las dudas que tienes. Eso sería lo más prudente.
Candy ya no pudo continuar escuchando salió corriendo con lagrimas en los ojos, desde que supo que Albert había amado profundamente a su esposa su mundo se había derrumbado, pero ahora al escucharlo de sus propios labios, que ella no es nada comparada con su difunta esposa, que piensa en otra cuando esta con ella, es demasiado peso incluso para ella, que ya esta acostumbrada a sufrir más de una pena en la vida necesitaba escapar, necesitaba alejarse de él, tal vez podría criar al bebé sola, no sabía que iba a ser de ella, pero como podía seguir con un hombre que amaba a otra mujer.
Corrió, corrió fuera de la casa sin saber hacía donde la llevaban sus pies, lo que deseaba era esfumarse y alejarse de allí, no supo que tanto había corrido ni donde estaba pero de pronto sintió que se tropezaba con algo y fue cayendo rodando por una colina.
Cuando dejó de dar vueltas intento concentrarse pero le dolía mucho la cabeza, y en aquel momento tenía un horrible dolor en la espalda y en el vientre. Fue entonces cuando sintió un liquido rodar por su pierna, como pudo se llevo las manos allí y al mirar pudo comprobar para su susto, que era sangre abundante sangre. Y en ese momento su mundo se empezó a oscurecer. El último pensamiento coherente que tuvo fue.
-Dios mío, por favor no permitas que mi bebe muera por culpa de mi imprudencia.
Mucho tiempo después escucho a lo lejos la voz de su esposo que la llamaba, insistentemente ella quiso abrir los ojos, hablarle, pero nada salía de ella, sintió que alguien la levantaba en brazos y luego nuevamente la obscuridad se apodero de ella.
Una intensa claridad se vislumbraba a través de los ojos cerrados de Candy, y esto hizo que Candy abriera los ojos y cuando lo hizo pero al sentirse sola y desamparada llamo a su esposo.
-Albert…
Pero miró a su alrededor y pudo darse cuenta que se encontraba en una cama de hospital y al mirar hacia al frente vio el rostro amable y preocupado de la tía Elroy.
-¿Candy? Niña que bueno que despertaste. No te alteres todo esta bien.
-¿El bebé?
-Acabas de tener una hermosa niña, aunque tuvieron que operarte y se adelanto tu parto, la niña esta estable ahora esta en observación.
-¿Cómo esta? Hablo con tristeza no quería pensar que por culpa de su imprudencia a su nenita le hubiera pasado algo, era algo que jamás se hubiera podido perdonar.
-Es pequeña, pero fuerte, el doctor dice que minuto a minuto se pondrá mucho mejor.
La miro a su amiga, tratando de averiguar sino le estaba ocultando el verdadero estado de su hija. Y ella continuó hablando.
-Albert, ha estado contigo todo el tiempo, no quería separarse de ti ni un solo momento. Lo mande a descansar un poco, pero no quiere hacerme caso, se fue un momento a ver a la bebe.
Al pensar en su bebé ni siquiera pensó en lo decepcionada que estaba, claro todo lo que le importaba a Albert era su hija, eran en vano los intentos de su tía por justificar su ausencia en el cuarto, pero lo podía entender ella también pondría a su hija en primer lugar sobre todas las personas en la vida.
Parpadeó varias veces no quería que la tía Elroy la viera llorar, por culpa de algo que no podía cambiar, ella había escuchado claramente la voz de Albert llamándola, sosteniendo su mano, tocando su frente y por ultimo llevándola en brazos, se debió haber imaginado todo debido a la caída. Y volvió a cerrar los ojos cansada.
Albert miraba a su esposa acostada sobre la cama, se veía tan pálida y frágil, se sentía impotente de verla allí y no poder hacer nada, deseaba abrazarla con todas sus fuerzas y decirle que todo iría bien.
La conciencia lo estaba matando cuando se dieron cuenta que Candy había escuchado la conversación fue a buscarla pero no la podía encontrar por ningún lado fueron momentos de terror que vivió sino fuera por una sirvienta que la vio saliendo de la casa. No sabía que hubiera hecho si algo le hubiera pasado por su culpa, era un cobarde había dejado que las cosas se salieran de control, no hizo nada cuando Candy lo había votado de la habitación y tampoco hizo nada para derribar el muro que ella había construido. Creía que nunca experimentaría de nuevo el dolor de la pérdida nuevamente, y por eso había sido un cobarde escudándose detrás de un escudo para no volver a experimentar ese sentimiento otra vez, pero su mujer y su hija estuvieron entre la vida y la muerte.
En ese momento Candy empezó a mover las pestañas y escucho que lo llamaba.
-Albert..
-Aquí estoy Candy y enseguida le paso un vaso con agua. ¿Cómo te sientes?
-Viva.
-Estaba tan preocupado. Aunque decirle eso no era la palabra adecuada para lo que sintió.
Ella lo miraba extrañado.
-¿La niña como esta?
-Estable y preciosa como su madre.
-¿Es verdad no me mientes?
Y pudo ver en ella el remordimiento al igual que se sentía él en aquel momento.
-Te prometo que nuestra hija esta bien, recuperándose, fue un comienzo difícil pero con nuestros cuidados será una niña feliz. Los médicos están muy satisfechos con su progreso.
-Quiero verla.
-En cuanto te sientas un poco mejor.
-Gracias.
Se lo dijo tan indiferente que Albert no pudo soportar el dolor del rechazo, quería que ella le pidiera lo que fuera estaba dispuesto a lo que sea, menos a dejarla marchar en el fondo era muy egoísta, pero era su mujer suya.
Por eso no pudo aguantarse más se acercó a ella y le tomo la mano.
-Candy yo…
-¿Suéltame por favor me haces daño?
La culpa lo carcomía por dentro pero no podía soltarla eso nunca.
-Lo siento- susurro emocionado- le besó la mano intentando calmarla.
-Por favor Albert, por favor no.
Y empezó a llorar, y supo que nunca más quería hacerle más daño era su esposa y la madre de su hija.
-No llores, por favor, Candy, se que fracasé en intentar proteger a mi familia.
En ese momento Candy sintió que Albert le agarraba las manos con fuerza y también estaba llorando.
-No sabes la angustia, que he sufrido las ultimas horas fueron un infierno.
Ella le toco la mejilla. Ambos con los ojos llenos de lágrimas.
-Esta bien Albert. La bebe esta bien.
-Tú estas bien amor, pensé que las había perdido a ambas.
-Verte allí, sin vida, fue como recordar todas las pesadillas del pasado como si las estuviera reviviendo una y otra vez.
-Tú esposa, Samanta.
-Así es. ¿Cómo pude dejar que sucediera? Ella estaba obsesionada con el embarazo ya íbamos por la quinta inseminación pero no retenía el bebe en su vientre estaba angustiada, desesperada no pensaba en otra cosa, al final su cuerpo estaba débil, y no pudo resistir más. ¿Entiendes yo debí haberla parado? Debí cuidarla para que desistiera de esa idea absurda, pero no hice nada. Nada. Se que no te merezco Candy.
-Albert.
Ante ese dolor Candy no pudo mostrarse indiferente.
-Pero quiero tu perdón por el amor de Dios.
-Pero si no tengo nada que perdonarte.
-¿Y que me dices de nuestro matrimonio?
-No hablemos de eso.
-Por favor, déjame hablar. Candy, he sido tan tonto, te he hecho desgraciada. He disfrutado de los beneficios del matrimonio de ti, sin entregarme por completo, siempre mantuve la distancia emocional, porque pensé que nunca volvería a amar. Por eso tú mereces más que esto.
Candy pensó que Albert le iba a dar la libertad y no supo porque aquello le dolía prefería estar con su esposo así sea que no la amara como el a ella.
-No fue hasta que me dijiste que no ibas a estar más conmigo cuando me di cuenta de lo que siento por ti.
-Me siento avergonzad de mi mismo, por estar tan ciego y ver con claridad. Me escondí de la verdad, demasiado cobarde para ver más allá de los límites que había establecido.
-Por favor basta Albert, ya se como te sientes, no necesitas decir más. Escuche todo.
Candy sintió la tristeza en lo más hondo de su corazón.
-Entonces eres mucho mas inteligente que yo, me ha tomado todo este tiempo darme cuenta lo que sentía por ti, de cómo te has metido en mi vida, con tu sonrisa, tu ternura. Pero le atribuí todo a la pasión, la atracción, la conveniencia cualquier cosa menos amor.
-Cualquier cosa menos amor.
-Dijiste que era diferente a tu difunta esposa, que sentías la diferencia cada vez que me veías.
-Exacto cariño- le alzó el mentón porque había bajado la cabeza- La conocía desde niña y nuestros padres planearon nuestra boda, si la quise, y pensé que nunca volvería a amar. Pero tu me hiciste que me diera cuenta que debía dejar el pasado atrás que debía seguir adelante con mi vida y solo quiero esa vida si estas tu en ella. Te amo con todas las fuerzas de mi alma.
-Oh Albert… se lanzó a sus brazos.
-Yo también te amo, desde siempre, desde que nos conocimos no ha habido ni abra otro hombre en mi vida.
La enfermera iba a entrar a la habitación pero con la escena que tenía delante se le conmovió el corazón, aquellos dos estaban llorando y riendo, el se había subido con ella en la cama y la abraza tan tiernamente. Por lo que decidió darle unos minutos más antes de volver a revisar como se encontraba su paciente.
CONTINURA…..
CHICAS ESTA HISTORIA YA ESTA CASI CASI EN EL FINAL SOLO ME FALTA EL EPILOGO ASI QUE HASTA LA PROXIMA SALUDOS.
