Continuó su recorrido hacia el cuarto de sanación encontrándose a un pelinegro medio dormido, conmovida por la escena una suave sonrisa se dibujó en sus labios, recitó un hechizo convirtiendo la banca en un diván para recostarlo ahí ya sabía de sobra que no se apartaría del lugar hasta que despertara otra vez, quedó un espacio en el cual tomó asiento tomando la cabeza de su hijo entre sus manos para poder colocarla sobre su regazo, estar en esa posición le hizo recordar muchas cosas de cuando era un niño, dio un suspiro, tenía la esperanza de que todo mejoraría, tenía fe en ello…
En la habitación la pelinegra aún seguía dormida, poco a poco comenzaba a sentirse mejor, su magia le ayudaba mucho pues era parte de ella y como tal no la dejaría morir así sin más, esto pasaba a todos los hechiceros tan habilidosos como su persona, Loki y Frigga los cuales tenían los mismos conocimientos en este arte (y que por todo lo ocurrido lo habían olvidado), ahora soñaba, con la persona que más amaba en los Nueve Reinos, sabía que le hacía daño por no estar con él ahora, pero no podía evitarlo, por más que quisiera que sus heridas fuesen curadas con mayor rapidez no cabía la posibilidad, además de que si quería estar al cien de su capacidad, debía pasar por esto.
Sin embargo, entre ellos había una conexión especial, no lo sabían del todo, pero lo descubrirían más pronto de lo que creerían.
Loki no sabía nada de lo que pasaba a su alrededor, solo quería estar con ella de una u otra forma, entonces se encontró solo en una especie de cuarto abandonado, pero aun así se notaba una típica vivienda asgardiana, podía apreciar el cielo nocturno a través de una ventana rota, después posó su mirada por todo el recinto, donde contemplaba todo con una mueca de antipatía ya que lucía bastante sucio y parecía que no habitaba nadie desde hace más de cien años, quizá muchos más, parecía ser el cuarto de una niña, ya que algunas cosas eran de colores pasteles, o al menos eso pensaba.
Se acercó con cautela a la cama donde pudo admirar una figura sentada sobre ella dándole la espalda, tenía la forma de una mujer joven, se detuvo a poco de llegar, pero no logró ver más, justo cuando prefirió no molestar a la figura y buscar la forma de iluminar la habitación, pisó algo en el suelo que hizo un ruido bastante fuerte y molesto, poniendo alerta a la persona que estaba ahí.
La vio desparecer lo cual le pareció bastante curioso, de repente la habitación pareció cambiar, ahora todo estaba alumbrado con los rayos de Sol que entraban por la ventana, se alejó con sorpresa a pocos pasos de llegar a la misma, se escuchó una puerta abrirse y su mirada rápidamente se dirigió a ese lugar, entró una niña de largos cabellos oscuros, se le hizo familiar, con un vestido bastante desarreglado y descolorido, en algún momento del tiempo seguramente debió haber sido rojo, se encerró en la habitación con seguro lo cual le extrañó mucho, después se giró y lo miró, estaba sorprendido, conocía a esa niña.
― ¿Anna? ―masculló sorprendido
― ¿Qué haces aquí? ―el ojiverde notó al momento que trataba de aparentar tranquilidad
―Yo…―no sabía que responder, ¿Qué estaba pasando?
―No importa…―murmuró buscando algo con la mirada―mejor escóndete… sino…―con rapidez se dirigió detrás suyo para cerrar las cortinas malgastadas y rotas, a pesar de ello aun servían para cubrir del Sol
― ¿Esconderme? ―repitió con desconcierto
―Te hará daño a ti también…―se escuchó detrás de él, al momento volvió a estar frente suyo buscando algo debajo de la cama, la puerta comenzó a moverse, alguien intentaba entrar
― ¿Qué haces aquí? ―escuchó una voz que conocía a la perfección detrás de sí, una mano en su hombro fue acompañada con las palabras dichas, al momento todo volvió a la antigua habitación
―No lo sé―se volteó a mirarla pero la oscuridad no la dejaba apreciar bien― ¿Qué es este lugar? ―
―Un lugar donde solía venir cuando era niña…―
― ¿Ese era un recuerdo? ―la respuesta tardó unos segundos
―No fue nada―pasó a su lado sin mirarlo
―Entonces ¿por qué desapareció? ―la miró detenidamente, aunque no podía asegurar que realmente la estaba mirando
―Porque volví… ¿Qué haces aquí? ―volvió a preguntar
―Dormí… quería verte―le siguió al cabo de varios segundos, recorriendo el mismo sendero que ella
―No te preocupes, pronto despertare, solo se paciente―
― ¿Siempre vienes aquí? ―se detuvo frente a ella, quien yacía sentada en la cama
―Solo vine porque no tenía otro lugar al cual ir, esta es mi segunda casa por así decirlo…―mantenía una mano recargada en la cama―ven, siéntate conmigo―
― ¿Estás bien? ―cuestionó sentándose a su lado
―Solo me estoy recuperando―sus ojos se cerraron, acción que no fue vista por el dios
―Este lugar es muy oscuro, apenas puedo ver lo que hay a mi alrededor―ladeó el rostro tratando de mirar más allá de la oscuridad, el único lugar que podía apreciar bien era esa ventana
―No necesitas ver nada―le dijo escuetamente
―No suenas como siempre…―acercó a tientas su mano a la que aún estaba sobre la cama
―Estoy cansada… pero feliz de que estés aquí conmigo, te extraño―confesó con cierto desánimo, tomando la mano con suavidad que había encontrado la suya
―Pronto despertarás, descansa en ese tiempo―la jaló contra su cuerpo al momento en que se acostaba con ella en la cama―tu piel se siente muy fría―comentó sintiendo su cuerpo casi como el suyo en estado Jötun
―Rápido se pasará―se sonrió ligeramente acomodándose a un lado del cuerpo del pelinegro
― ¿Segura? ―cuestionó no muy convencido
―Mañana cuando despiertes lo sabrás… Quizá después―recargó su cabeza en el pecho del otro
―Creo en ti…―pasó su brazo debajo de los hombros de la pelinegra en un abrazo, su mano quedó en la larga cabellera
―Yo también…―cerró los ojos con parsimonia―agradécele a madre por mostrar este vínculo entre nosotros―
―Sabía que tuvo algo que ver con esto―comentó con cierta gracia
―Solo abrió tu mente para poder hacer de esto posible―rió bajito
―Ya veo…―su voz se hacía más apagada, sus ojos se cerraron también― ¿tú ya sabías de este vínculo? ―
―Por supuesto, pero no estaba del todo segura… Se da en pocos casos―
―Explícate―pidió confuso
―Estoy segura que, alguna vez a ti y a Thor les contó una historia sobre el amor verdadero―se acurrucó más en el pecho ajeno, queriendo fundirse en él
―Me parece que sí… yo tenía esa curiosidad―exclamó acariciando su larga cabellera
―Tal vez no lo recuerdes, pero pocas personas lo conocen… Se dice que entre ellos existe cierta conexión especial, es algo que sienten desde el primer momento en que sus miradas se cruzan―
―Si…―murmuró recordando el pasado por un momento, aquella vez que se conocieron, cuando se topó con esos ojos verdes inexpresivos
―Aunque solo sea una vez en la vida que se conocen, se queda esa conexión… algunas veces o la gran mayoría de ellas lo dejan pasar o si se dan cuenta no logran concretar sus sentimientos…―se detuvo un momento―es algo extraño que no entiendo muy bien pero… solo sé que tienen que pasar por muchas cosas antes de darse cuenta y que al lograrlo forman un lazo especial que les permite conectarse a pesar de estar lejos el uno del otro, incluso después de la muerte ese lazo es irrompible, por eso en las siguientes vidas están destinados a estar juntos, sus caminos siempre se cruzaran y está en ellos lograr estar juntos…―
―Entonces… ¿Aunque alguno de los dos muera, en la otra vida… nos volveremos a encontrar? ―preguntó crédulo
―Así es… estará en nosotros unir los caminos… estar juntos…―sonrió al decirlo―si yo muero, siempre te buscaré… lo sé―
―Yo también te buscaré…―dijo convencido―pero si el Ragnarök…―
―Ni el mismo Ragnarök nos separará… Pregúntale a Frigga u Odín, ellos te dirán lo mismo―
― ¿Ellos son…? ―inquirió con sorpresa
― ¡Por supuesto! ―dijo divertida― ¿Dime cuantas veces has visto un matrimonio que duré tantos milenios? Recuerda a Njörðr con Skaði el pobre Vanir se enamoró, pero no tanto como para vivir lejos de su reino marino y tampoco le gustó vivir con ella en la tierra del invierno… Eran una linda pareja, fue una pena…―
―Tienes razón…―concordó pensando en ese par de dioses
―Bueno… Mañana seguiremos hablando… Tengo sueño―bostezó cerrando los ojos
―Yo también―imitó su acción
―Descansa―susurró vencida por el sueño
―Tu también…―
Ambos se durmieron abrazados con cariño, sin darse cuenta el ojiverde, la pelinegra se desvanecía en sus brazos como si nunca hubiera existido, al igual que la habitación en la que se encontraban, sus ojos comenzaron a abrirse con somnolencia, hacía mucho tiempo que no dormía así, sin embargo cuando sus sentidos se vieron al cien se dio cuenta de que ya no estaba en el mismo lugar y que se encontraba no con la ojiverde, sino con su madre, ya que sentía la caricia de su mano sobre su cabello, así como una suave tonada que solo ella sabía hacer.
