Los personajes de este maravilloso manga no me pertenecen, son propiedad de Katsura Hoshino. Todos aquellos que no conozcan son de mi propiedad. Esto es solo por diversión y no lucro de ninguna manera con esto.


Capítulo 10

Un Dios bondadoso

— Ahora no puedo explicarte bien pero cuando tenga más información te lo digo todo. Te llamo después, cuídate mucho.

Espera, Avia…

La joven exorcista colgó el teléfono con una sonrisa tranquila. Podía respirar mejor ahora que sabía que su hermana estaba bien pero aun faltaba saber el paradero de su hermano mayor. Estar separados no era fácil ya que siempre habían estado juntos, tal vez Annia y ella o Ariel y ella pero jamás había pasado que cada uno tuviera una misión por su lado.

Había llegado esa misma mañana junto con Komui y Delta a la ciudad donde Allen y Lenalee fueron atacados y siendo sincera con ella misma, los dos tenían un aspecto un poco mal.

— ¿Te encuentras bien? —la rubia levantó la mirada y se encontró con Delta que la miraba desde el otro lado de la sala del hospital— ¿y los otros?

—Annia está bien, en España y continuando la búsqueda del general.

— ¿Por qué nos mandaron para acá? ¿Somos muchos como para una misión como esta? —Avia la miró y le levantó una ceja—… ¿no es así?

—Ven, siéntate conmigo un segundo—Avia fue hasta el sillón de la habitación y Delta se sentó en el sillón individual frente a ella. A pesar de ser ella la mayor, Avia desprendía cierta sabiduría que la hacía ver más adulta sin contar que su personalidad era la de alguien que había madurado a una edad muy temprana—nuestro objetivo es buscar al General Cross Marian alias Maestro idiota, según Allen. Sin mencionar que desde hace cuatro años que no se reporta mensualmente a la Orden y que ha dejado más deudas a Allen que dos países juntos y todas en prostíbulos y bares… me dirás tu si es fácil rastrear a alguien que lleva "desaparecido" unos cuatro años. Sabemos que sigue vivo gracias a Allen—Delta abrió la boca para decir algo pero prefiero callar—el silencio otorga, ¿no?

— ¿Habrá que dividirnos?

—No de esa manera, viajaremos juntos pero cada uno buscara por su lado en las ciudades o pueblos. Ese hombre es un caso serio y hace todo por si mismo—Avia se levantó del sillón y se dirigió a la salida—vamos, tenemos que vigilar.

— ¿Por qué lo dices? —Avia se colocó el abrigo de exorcista que dejaba ver claramente su insignia— ¿Por qué lo usas ahorita? La gente nos mirara extraño.

—Créeme, que nos vean es exactamente lo que quiero—Avia le entregó su abrigo a Delta y esta se lo colocó—voy a ver como esta Allen, tu ve a la habitación de Lenalee.

—Sí…

—Y Delta…

— ¿Qué pasa? —dijo la chica con un tono cansado.

—No te quites la chaqueta, cuida bien la puerta y no dejes escapar ni el más mínimo ruido—Avia le dio una sonrisa dulce y se fue directo a la habitación de Allen con muchas cosas en su cabeza. De ellos tres, Avia era la que más pensaba las cosas, las podía pensar cinco veces antes de hacerlas y si tenía un problema había sido instruida lo suficiente como para pensar en una forma de resolverlo.

Cuando aún era pequeña sus hermanos siempre la cuidaban de lo que fuese, incluso cuando aún vivían en aquel orfanato sus hermanos la defendían y el día que llegó el General Jaeger a sus vidas fue cuando encontró un mentor, alguien a quien admirar por su intelecto. De ellos tres Avia era la que más aprendía, la que más estudiaba, la que más acataba órdenes y todo esto porque existía un vacío que llenó con las enseñanzas del general. La muerte de su maestro la había afectado a un nivel que no había sentido antes, tanto así que casi lastima a Vangelis con su Inocencia.

Llegó hasta el segundo piso del hospital, vislumbró la puerta donde Allen descansaba y tocó con cuidado.

— ¡Adelante!

—Buenos días Al… —Avia quedó petrificada en la puerta—… buenos días—dijo con una voz más seria y una expresión fría.

—Que sorpresa, finalmente tengo el gran honor de estar frente a una Delacroix—Avia soltó una media sonrisa y vio Bookman acercarse—es un placer, jovencita.

—Avia… Avia Jeannine Delacroix St. Pasteur, el placer es mío, Bookman—ambos se saludaron con amabilidad— ¿Cómo te encuentras hoy, Allen?

—Muy bien, gracias por preguntar… —Allen le estaba dando la espalda y Avia se dio cuenta de que tal vez estaba ocultando algo.

—Dale tiempo, está bien. Su ojo se regenera solo y de seguro en poco tiempo estará como nuevo pero mientras tanto no puede usarlo.

—Ya veo… —Avia levantó la mirada. No se había dado cuenta de que Komui estaba en la habitación y otro chico más que estaba apoyado en la pared mirándola—Buenos…

— ¡STRIKE!

—… —Avia vio una escena muy surreal en donde el hombre panda, que parecía un amable anciano, le daba una patada atómica al joven y lo dejaba tieso en el suelo—es un placer conocerlo también… creo…

—Es mi nieto, Junior.

— ¡Lavi! —dijo el joven desde el otro lado del sofá donde había caído.

—No le preste mucha atención, tiene problemas de nacimiento—Avia rió nerviosamente y se sentó en el sofá al lado de Komui.

—No puedo creer que ya tenga el mismo desastre que tiene en su oficina, cuando alguien dice llevar el trabajo contigo no es que sea literal, Supervisor—dijo la joven mirando el desorden de papeles que había a su alrededor.

—Creo que todos deberíamos descansar un poco, han sido unos días duros y se van a venir unos muchos más para todos—Komui se levantó del sillón y salió de la habitación junto con Bookman y su aporreado nieto.

Avia se quedaba en el cuarto de Allen ya que Komui la había asignado para vigilarlo el tiempo que estuviera internado en el hospital. Casi siempre, al menos desde que ella llegó a la Orden, Allen había sido una persona que siempre hablaba con ella y que siempre sacaban temas de interés… como comida por ejemplo.

En esos momentos él la ignoraba y solo veía hacia la ventana, como si evitara que le viera la cara.

— ¿Sabes que tu ojo vaciado no me importa, no? —Avia rompió el silencio y Allen no dijo nada—escucha, he de imaginar que Komui te dijo quienes fueron lo que hicieron esto contigo y Lenalee y créeme… poco se sabe de ellos, lo que sabemos nosotros es lo mismo que sabe Bookman. Lo único que te podría decir de ellos es que más de una vez nuestras familias se han enfrentado en guerras y eso desde hace mucho.

— ¿Qué quieren de mí?

—Tal vez no quieran algo de ti, solo que eres exorcista.

— ¿Son humanos?

—… —Avia miró el suelo y asintió—humanos especiales. Pero sean humanos o no, la familia de Noé son enemigos, lo han sido desde hace mucho y la última vez que mi familia los enfrentó fue hace más de 30 años. Nos toca a mis hermanos y a mi deshacernos de ellos si es posible.

— ¿Cómo lo haces? Hablas de matar a humanos con esa mirada fría que tienes en estos momentos.

—Es igual que los akumas, tú los matas por una razón y nosotros los destruiremos a ellos también por razones muestras. Entiende de una vez por todas que esto es una guerra, que de ahora en adelante cada paso que demos es decisivo para la victoria, mientras más fallos tengamos más nos acercamos a la destrucción y a los tres días de oscuridad… prometí ante la tumba de mis padres, de mis antepasado y mi maestro que sus muertes jamás serían en vano.

—… —Allen volteó y se sentó nuevamente en la cama—entonces… ¿eso es lo que ella te dice, no?

— ¿Ella? —Avia ya estaba un poco molesta por las palabras de Allen— ¿de qué demonios hablas?

—De la madre del hijo de Dios… ¿ella te dice eso?

—Sabes… no sé por qué aquella vez en la capilla te la mencioné. Te lo diré una última vez, somos marginados, ella no nos habla y no nos escuchará.

— ¿Cómo sabes eso?

—Mejor cállate la boca "brote de habas" si no quieres que de un solo golpe te lleve a ver a San Pedro—Allen se echó hacia el espaldar de la cama ante la amenaza de Avia ya que la mirada de furia que le dio fue suficiente, y eso se le incluye que en la otra mano tenía la jarra del agua que daban en el hospital, que era de metal—cuando quieras hablar de algo primero debes conocer el tema, Allen. Los Noé han sido enemigos siempre, son humanos, es verdad, pero nosotros también lo somos. El Conde ha matado a muchos con ayuda de ellos.

—…

—Si no quieres pelear con ellos entonces a mí me da igual lo que hagas, brote de habas—la mirada de Allen se oscureció al escuchar que la llamaba así otra vez—descansa por ahora, Allen. Si quieres sal y da una vuelta pero debes dejar de pensar en muchas cosas.

—… está bien—Avia se levantó del sillón y se dirigió a la puerta para ir a ver a Lenalee.

Las veces que Avia llega al punto de amenazar a alguien con San Pedro es porque su paciencia llegó a un límite y, en casos como estos, agradecía que el hospital tuviera una capilla para poder aclarar su tormenta de pensamientos que últimamente estaba teniendo.

Fuiste dura con él.

¿Por qué no vas a joder a alguien más, Jofiel? Para regaños prefiero esperar a Ariel o a Annia—la voz del arcángel resonaba en su cabeza y una dulce risa se escuchó— ¿de qué te ríes?

De tu mal humor niña, sé que duele que tus hermanos no estén aquí y que ustedes han pasado por mucho pero no es motivo para que trates así a Allen, él ha sido un amigo en la Orden y no es mala persona. Solo está confundido, la familia de Noé es un tema nuevo para él y entiendo que esté así al saber que son humanos.

No es motivo para lamentarse y menos para dejar que sus ideas se revuelvan tan solo porque pueda sentir una maldita culpa en un futuro.

Tienes el carácter de tu abuela… elevado al cuadro. Escucha, sé que puede ser frustrante para ti que quieras escuchar una voz de madre y que busques ayuda en "ella" es muy natural, muchos lo hacen en algún momento pero ella no responderá a ti en palabras sino en acciones, siempre lo ha hecho y que pienses que eres una marginada que no merece ser escuchada por ella es la cosa más tonta que una Delacroix podría pensar.

Jofiel… tienes una lengua de oro.

Lo sé.

Mientras Avia se encaminaba a la capilla del hospital, Delta vigilaba a Lenalee. Según Komui estaba bien pero no despertaba por ningún medio y era frustrante no poder hacer nada más que vigilar que nada ocurriera. La joven se aburría, pensaba que ser exorcista iba a ser más divertido y lleno de aventuras.

—… —Delta se tocó la sien y arrugó la frente—que dolor de cabeza tan fuerte—el dolor iba en aumento, desde que había llegado a la ciudad sus dolores iban y venían, eran esporádicos pero intensos—… —Delta no se quitó su mano de la sien pero sus ojos captaron algo en el techo del edificio que estaba justo al frente de ella. Se le quedó mirando sin hacer expresión alguna, su mirada fría intentaba buscarle forma a esa cosa que parecía flotar pero no le veía forma de algo normal.

Ir…

— ¿Qué demon…? —Sintió como unas manos desde atras tocaran su cara.

—… Quantus tremor est futurus… Quando Judex est venturus… —la respiración de la joven se cortó al escuchar una voz, una voz de mujer pero que era conocida para ella—Ego redibo, tu nunquam… Eram quod es, eris quod sum… —Delta aguantaba la respiración para no crear una escena, estaba entrando a un estado de pánico silencioso—camina… camina… no importa donde vayas… siempre los estamos vigilando…

—Buenos días, Delta—Komui entró a la habitación rompiendo el extraño trance en el que estaba la chica. Delta soltó el aire que llevaba aguantando y se tocó la cara con discreción.

—Supervisor… buenos días—la joven volvió a ver a la ventana pero no había nada flotando en el techo o lo que fuera que estuviera haciendo esa cosa. No pensaba que fuera un akuma, si lo fuera entonces ya la hubiera atacado.

— ¿Te sucede algo, Delta?

—No, no, no… es que fue un viaje pesado y estoy un poco cansada—dijo Delta para salirse de algún problema que pudiera ocasionarle lo que acababa de pasar—creo que mejor me voy a dormir un rato.

—Toma, son vitaminas para el cansancio. El equipo científico las creó hace poco para los exorcista—Komui le entregó un frasco pequeño con varias capsulas adentro.

—… muchas gracias, Supervisor—Delta salió de la habitación con cansancio, pensando en lo que acababa de pasar y que podía significar todo aquello para ella… o para todos.

Capilla del hospital.

—Veo que si entendiste mi señal—Bookman se encontraba sentado en uno de los bancos de la capilla. Era pequeña, tenía un mini altar con la figura de Jesucristo en la cruz y un poco a su lado la de su madre, tenía dos ventanas con cristales de colores y dos filas de tres bancos cada una.

— ¿Qué señales? Yo solo vine a calmar la mente—Avia fue y se sentó a un lado de Bookman—sé que ustedes solo quieren saber más por nosotros pero le digo que estamos limitados en cuanto a información.

—Oh, ¿en verdad? —Bookman sonrió a medias—ya estoy viejo querida, conocí a tu abuelo y a tu abuela… grandes amigos míos y tus padres fueron las mejores personas que jamás he conocido y mira que conozco a mucha gente y muchas historias.

—Sí, lo sé—Avia miró la estatua de la mujer y soltó un suspiro.

—Escucha, sé que no ha sido fácil para ti llevar una carga como esta desde muy niña y que la guía de tus padres te ha faltado pero hasta donde tengo conocimiento, tus hermanos no te han dejado sola nunca. Pelear esta guerra es un deber que muchos no quieren cumplir al saber la magnitud de lo que nos estamos enfrentando y eso incluye a este nuevo enemigo que está surgiendo.

—Usted estuvo en la pelea hace años, ¿no?

—Vi muchas cosas pero nada que nos pueda ayudar—Avia lo miró de reojo y no dijo nada—pero en cuanto a ustedes, no tienes que contarme de Miguel, Uriel o Jofiel porque los conocí cuando tus padres y tu abuela aun vivían… pero los otros 9…

—Ya le dije que estamos limitados en cuanto a información, no sabemos si eso es verdad o no.

—Entonces cuéntame lo de la torre de Babel—dijo Bookman a lo que Avia arrugó el ceño.

—Señor… eso paso mucho antes que Jesucristo—dijo Avia con una ceja arriba y sin entender tan rara pregunta

—… cierto… bueno, iré a ver cómo sigue la señorita Lenalee—Bookman bajó del banco, se dio media vuelta y miró a Avia a los ojos—eres idéntica a tu abuela, tienes sus ojos.

—… —Avia abrió los ojos con sorpresa y le dio un pequeña sonrisa—gracias.

Unas horas después.

Avia se había dormido en la capilla sin querer, cuando vio por el ventanal ya parecía medio día o un poco más. Se levantó del banco y se encaminó a la habitación de Lenalee a ver como seguía todo. El tiempo que pasó ahí encerrada no le ayudó mucho a poner ideas en orden. Aun sentía que algo había mal a su alrededor, una fuerza poderosa y a la vez maligna pero era difícil saber de dónde podía venir.

—Creo que el hambre me está afectando un poco… —Avia llegó a la puerta del cuarto de Lenalee y se encontró con un escenario poco alentador— ¿Qué es esto…?

—Nos encontraron—Avia levantó la mirada y Bookman estaba saliendo del cuarto e la joven.

—-¿Dónde está Delta? —dijo la rubia con seriedad.

—Está adentro con Komui y mi nieto y Allen están por la ciudad.

—Entiendo… —Avia miró de reojo a su derecha. Estiró su brazo derecho dejando ver su brazo son su rosario enredado en la mano—no molestaran más—el akuma quedó clavado en la espada de Avia y desapareció.

—Cuando te enfadas eres peligrosa, así era tu abuela—Bookman hizo un movimiento con la mano y lo que parecían ser varias agujas salieron disparadas hacia la izquierda—nos rodearon.

—Eso está por verse.

Ambos entraron rápidamente a la habitación y trancaron la puerta. Delta ya tenía activada su Inocencia, esperando a que atacaran. Los tres exorcista miraban la puerta esperando que algo pasara.

—Quieren hacernos esperar—dijo Delta con sus cadenas en mano.

—Vinieron por ambos lados de pasillo y asesinaron a los buscadores—dijo Avia intentado analizar la situación—pero ya matamos a esos… y si viniera otro…

— ¡La ventana! —no les dio tiempo de reaccionar cuando una explosión destrozó la ventana de la habitación dejando ver a una Akuma de apariencia extraña, como de juguete, entrar.

— ¿Estas bien, Delta? —dijo Avia intentado levantarse del suelo y las nubes de polvo no la dejaban ver bien—Supervisor, ¿Dónde está?

—Estoy aquí con Lenalee—Avia se aseguró que fuera así y que estuvieran lejos del peligro.

—Ven acá exorcis… —el akuma quedó inmóvil y al bajar la vista se dio cuenta de que unas cadenas de bronce lo estaban paralizando— ¡maldita exorcista! —el akuma intentó moverse para atacarla pero no podía tampoco moverse del lugar—¿Qué me estás haciendo, maldita exorcistas? —Delta y el akuma estaban cara a cara y ella le sonreía de manera victoriosa.

—Solo le hago un favor a mis compañeros—Delta jaló las cadenas y estas apretaron con más fuerza al akuma.

— ¡Basta Delta! —la joven alemana miró a Avia detrás del akuma—Bookman y yo nos encargaremos del resto—Delta miró la sonrisa sádica de Avia y le devolvió una igual.

—Todo suyo—el akuma volteó a ver a los otros dos exorcistas que lo miraban de forma vengativa.

—Ahora eres nuestro… —dijo Bookman mostrando su Inocencia.

—Y vas a cantar como pájaro… —Avia mostró su espada. Dorada con varios relieves en la empuñadura y gemas de color rojo y verde la adornaban, la hoja era dorada también y tenía una inscripción que parecía ser hebreo antiguo a lo largo de la hoja—y después le daremos el descanso eterno a tu alma.

—Ya escuchaste a la señorita, comienza a hablar, akuma.

España (Tiempo actual)

Annia estaba en la misma iglesia donde había encontrado el cadáver de Daisya, no quería verlo así que dejó a los hombres hacer su trabajo. Ya habían llamado a la orden para que supieran la noticia y que el cadáver estaría en camino a la Orden con ayuda de unos buscadores. Debían dejarlo en la funeraria y ellos ahí se los llevarían.

—Si sigues llorando por él el Conde vendrá, así que para ya mocosa—Annia no levantó la mirada, no quería verle la cara a Kanda después de todo lo que había pasado en esas horas.

—Lamento molestarte con mis lágrimas, Kanda. No puedo evitar sentir dolor cuando un compañero o amigo es asesinado de esa manera tan brutal—Kanda entendió el perfecto sarcasmo en la voz de la chica—.Tú mismo debes darte cuenta, no fue un akuma, fue algo o alguien más. Un akuma lo hubiera hecho polvo—Kanda se sentó en el mismo banco que Annia, un poco más lejos de ella y miró el altar.

— ¿Cómo puedes creer en esto? —Annia miró el altar y luego al japonés. Kanda miraba el altar sin ningún tipo de sentimiento.

— ¿A qué te refieres?

—Alaban a estatuas—dijo sin mucho pensarlo.

—No, alabamos lo que significan las estatuas, las esencias de ellos es lo que nos mueve como organización y por lo que luchamos… aunque tu acabas de dejar en claro que no lo haces por Dios.

— ¿Por qué debo creer en una estatua? —dijo señalando la cruz con Jesucristo en ella.

—… porque yo estoy aquí—Kanda la miró. Tenía los ojos hinchados y rojos, las mejillas muy rosadas y las marcas secas de las lágrimas a lo largo de sus mejillas—porque yo existo en este mundo, Ariel, Avia… mis padres y mi familia son descendientes de la persona que representa "esa estatua" —Annia se levantó de la silla y fue hasta Kanda y tomó sus manos—siente, yo soy real, no soy una estatua… soy tan real como lo fueron ellos hace casi dos mil años… soy real, Kanda.

Ambos se miraron a los ojos sin decir una sola palabra. Todas aquellas estatuas de santos eran testigos de algo, puede que un error de los más grandes de todos o de algo que iba más allá de esas dos pobres almas.

Annia bajó la mirada al sentir a Kanda acercarse más a ella. Sus manos seguían tomando las de él, solo las apretaba más por los nervios de toda la situación. La joven volvió a levantar la vista y lo miró directamente a los ojos. Habían mucha historia en ellos, puede que dolor, tristeza, perdida… lo que Annia tal vez pudo distinguir en ellos es que no había rastro alguno de alegría.

Kanda soltó una de sus manos del agarre de Annia y lentamente, sin dejar de verse las caras, acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Annia y en un movimiento rápido coloco su mano detrás de la cabeza de ella y la acercó a la de él solo para que la cabeza de la rubia quedara a la altura de su barbilla.

—Te diré algo, mocosa… saber que es real o no solo hará que las personas sufran más. ¿Para qué quieres demostrar algo que puede que no les importe mucho a unos? Sé que eres real porque eres una molestia en mi trasero—Annia seguía en la misma posición, con su cabeza pegada a la barbilla de Kanda y él con su mano detrás de la cabeza de la rubia—tienes razón mocosa, no creo en esto… no creo en estatuas y mucho menos en que existe un Dios bondadoso porque jamás lo he visto. Pero tú eres real y yo también lo soy porque hemos experimentado dolor en la vida. No, no te voy a contar una mierda de lo que he vivido porque eso no le interesa a nadie… mi vida desgraciadamente es real al igual que la tuya y tú dices con orgullo que eres exorcista pero en verdad solo estas atrapada aquí conmigo y otros más en una guerra que acabara con todos—Kanda la soltó bruscamente—así que no me vengas con palabras religiosas cuando ni tu mismas sabes que es real o no—el espadachín se soltó del agarre de la chica y salió de la iglesia con molestia

Annia soltó un suspiro pesado y lo miró irse. Puede que sus palabras fueran reales, tal vez las más reales que, desde el tiempo que lo conoce, jamás le haya dicho Kanda. Se miró las manos y se puso a pensar en lo que había dicho Kanda.

— ¿Qué fue lo que te hizo ser así, Kanda? —Annia levantó la mirada y vio la estatua de la Virgen María—sí existe un Dios bondadosos, es real… y el mal también lo es… —Annia comenzó a llorar otra vez y enredó sus dedos en su rubia cabellera—Kanda tiene unos ojos hermosos… y esos siempre son los que más lagrimas han llorado… —Annia se limpió las lágrimas y se sentó nuevamente a rezar por su amigo muerto en batalla.

Pasada una hora Annia quiso volver al motel donde se habían quedado. Estaba sola por las calles de la ciudad y se sentía más tranquila, de toda la adrenalina que había tenido hace unas horas hasta la resaca se le había desaparecido por completo.

Cuando llegó a la puerta de su habitación, sacó la llave y entró solo para encontrarse a todos sus compañeros metidos en el cuarto. Vangelis en la bañera romántica dándose un baño, Marie sentado en el sillón, Kanda en una silla que no estaba ahí antes mirando hacia la ventana y su hermano con una botella de vino en la cama.

—Ya sé a quién saliste tan borracha—dijo Kanda desde su lugar mientras señalaba con Mugen a Ariel—no ha parado desde que trajeron la botella.

—Cállate pelo de niña.

— ¿Cómo dijiste?

— ¡CALLENSE! —todos quedaron en silencio pero este fue roto por una risita que salió de la boca del griego—Vangelis por Dios.

—Lo siento.

—No es momento para esto, un compañero acaba de morir y todos aquí tenemos una misión. Debemos movernos de este lugar antes de que más inocentes mueran por nuestra culpa—Ariel se sirvió otra copa de vino y le ofreció la botella a su hermana—no, gracias.

—Escucha una cosa hermana, sé que debes estar destrozada pero hay que pensar con la cabeza fría, no podemos precipitarnos. Es mejor mantenernos todos aquí hoy e irnos mañana cuando las personas estén afuera en las calles… si es que queda alguien por esta zona—Ariel bebió su vino y se quedó mirando el horizonte.

—Entonces… —los hermanos voltearon hacia la bañera romántica con cara de molestia—esto del arcángel nos hace familia, ¿no?

— ¡Por millonésima vez! ¡NO! —dijo Kanda ya molesto—no eres de su familia, solo eres un pobre desgraciado que no solo se cruzó con la mala suerte de tener una Inocencia sino que ahora tienes a uno de esos dichosos arcángeles, solo eres el doble de desgraciado—Ariel aplaudió ante la contesta de Kanda y miró a Vangelis.

—En resumen—dijo Ariel mientras Vangelis seguía bañándose—otra cosa, esta habitación es muy roja, tipo rojo romántico. ¿Quién durmió aquí?

—Tu hermana y Kanda—dijo Marie sin remordimiento.

—Por seguridad de tu entrepierna, espero que no hayan dormido en la misma cama—dijo Ariel con su copa de vino en mano y una sonrisa no muy amable—… ¿Qué demonios? —un golem salió de entre el uniforme de Ariel y sonaba como si recibiera una llamada—aló, Ariel por aquí, ¿Quién por allá? —Annia sabía que su hermano era de poca resistencia al alcohol y ya le estaba afectando un poco.

¡Esta vivo! ¡Éabha, está vivo!

¡Por Dios! Nos tenía preocupado, señor Ariel. Pensé que se había ahogado en el mar o algo por el estilo—Ariel seguía bebiendo su copa de vino mientras los otros miraban la escena sin entender que pasaba.

Se supone que nos llamaría en ocasiones para ver cómo estaba y ha pasado un día y no nos llamó y…

—Relaja la pelvis, Mickoll. Estoy con mi hermana y su grupo.

—… ¿Cómo llegó tan rápido?

—Larga historia, pero lo que importa es que estoy aquí con mi hermana y el maldito de Vangelis resultó tener un arcángel, ¿no es lindo? —Vangelis se enjabonaba y lo miraba de reojo con molestia—y no sé si mi hermana aún es casta y pura porque durmió en la misma cama que Kanda—la pareja se miró la cara con indignación—y de paso cuándo llegamos hubo una masacre y un compañero de ellos fue encontrado muerto en circunstancias extrañísimas—Ariel se sirvió más vino, la botella iba más debajo de la mitad—si llegas a la Orden informa todo eso… menos lo de Annia y el pelo de niña, claro está, y diles que el cuerpo está en camino.

Por lo que veo la han pasado un poco movido.

—No te imaginas, Mickoll—dijo Annia al golem.

Es bueno oír su hermosa voz, señorita Annia—dijo Mickoll con voz dulce.

—Ya, ya, deja de insinuártele a mi hermana cuando estoy aquí, Mickoll. ¿Cómo estás tú, Éabha? ¿Tuvieron problemas para llegar sanos y salvos?

No hubo problemas, todo está tranquilo y según Mickoll faltaría un día y medio para llegar a la Orden.

—Muy bien, cuídense mucho y no beban alcohol, es malo para el cuerpo y la mente.

¿A qué se refi…? —Ariel cortó la llamada y se pegó el pico de la botella a la boca.

—Pero para mi cuerpo y mi mente es necesario—Ariel dejó la botella de vino, vacía, sobre la mesa de noche y cayó en la cama.

—… ¿Se murió? —preguntó Vangelis mirando el cuerpo de Ariel.

—No, solo se desmayó—Annia acomodó mejor el cuerpo de su hermano y le quitó las botas— ¿Cómo llegaron tan rápido aquí, Vangelis? Ya que por lo que oí mi hermano encontró a la apóstol.

—Sí, no la vi porque llegué después de que Ariel hiciera que huyeran pero sí lo logró, no me contó mucho, solo que se llama Éabha y que su arcángel es Remiel—Annia se sentó en el suelo y se masajeó la cara.

—Entonces con ella y contigo se confirma lo de los 12 arcángeles… y no necesariamente deben ser apóstoles para poseer arcángeles. Cuando regresemos le tengo muchas preguntas a Hevlaska—Annia miró el suelo y todo estaba en silencio.

—Mañana partimos—dijo Kanda rompiendo el silencio—el maestro no está aquí, debemos seguir buscando en otro lado, según un lugareño dijo que lo vio saliendo de la ciudad hace dos días. ¿Van a joder todo el tiempo que estén o se van a la Orden? —preguntó mirando a Vangelis.

—A mi Komui me puso bajo órdenes de Ariel, muñeca japonesa—Kanda se indignó por lo que escuchó y tomó a Mugen.

—Kanda, ya—dijo Annia aun sin levantarse del suelo pero ya estaba acostumbrada al sonido que hacía la espada al ser desenfundada un poco—entonces vienen con nosotros.

—Así dijo tu hermano. Nosotros llegamos rápido porque Miguel nos trajo, según Ariel al parecer Miguel sintió algo extraño cuando estábamos en mitad del océano camino a España. Lo único que recuerdo es una luz fuerte y aparecimos en la estación de trenes de la ciudad. Fue algo raro pero según Ariel, Miguel le dijo que estaba muy débil y que necesitaba volver a la Orden.

— ¿Volver a la Orden? ¿Para qué? —dijo Annia.

—No sé, Miguel no me habla a mi—Vangelis se pasó la esponja por el brazo y continuó su baño—lo que sé es que el pobre quedó mal porque tu hermano casi muere en Irlanda si no es que es salvado por Remiel. Miguel quedó muy débil por salvar a tu hermano y al traernos aquí empeoró su situación.

—Solo esto faltaba… voy a salir un momento, si me necesitan estaré en algún lado—Annia se levantó y salió a paso zombie del cuarto, se sentía mal pero no ese tipo de malestar de enfermedad.

—Muy útil, buena descripción de dónde vas a estar—dijo Vangelis antes de hundirse en la bañera y mojarse el cabello.

Annia intentaba buscar un lugar tranquilo donde hablar con Uriel. Estaba preocupada con Miguel y si su hermano debía volver a la Orden por Miguel entonces al menos ella debía saber el porqué de eso.

Encontró un lugar perfecto en el techo del lugar, no era un edifico tan alto pero sí tenía una vista que le hacía sentir tranquila. Podía ver otros edificios y más allá, a donde tenían planeado ir, había un bosque, uno que se extendía tanto que no alcanzaba a ver hasta donde llegaba. Estiró los brazos con pereza y sintió que podía al menos estar tranquila un rato.

¿Te sientes bien? —una voz dentro de su cabeza hizo que se le quitara un poco el sueño.

¿Eres tú, Uriel? —dijo Annia mentalmente al escuchar esa hermosa voz.

Sí, hay veces que puedo hablar contigo pero estoy débil para hacerlo de forma física como la otra vez. Miguel tiene razón, nosotros debemos volver a la Orden.

No podemos volver, debemos seguir buscando al General.

¿Estas consiente de que si siguen avanzando se encontraran con cosas malas? El camino hacia el general es peligroso, está cerca, puedo sentir su Inocencia pero una emboscada como esta no puede permitirse una vez más. Estoy débil y Miguel también, no sé si podamos continuar contigo el viaje.

¿Qué es lo que les pasa?

—… es que sus cuerpos no nos reconocen completamente. Sabes muy bien que somos una parte de ustedes, como Inocencias extras pero que no son compatibles un 100%... me atrevo a decir que yo soy un 15% compatible contigo—Annia abrió los ojos con sorpresa y miró el horizonte sin decir nada—por eso es que a veces salen afectados con los estigmas pero eso ya es cuestión de poder.

¿No somos lo suficientemente fuertes para ustedes?

No, no lo son. Podemos protegerlos y ayudarlos pero no por mucho, sus cuerpos no lo aguantarían y nosotros hacemos esfuerzo en dar poder a sus Inocencias ya que esa es la única forma de ser útiles para ustedes. Durante la emboscada tú estabas débil y tuve que usar parte de mí para ayudarte, por esa razón estoy débil.

¿Y qué deben hacer para recuperarse? ¿Por eso dice Miguel que deben volver a la Orden?

Tu eres fuerte, Annia. Has entrenado fuertemente y eres hábil en muchas cosas pero para mí aun no lo eres. Para que nosotros nos recuperemos debemos volver a la Orden e ir con Hevlaska. Si yo me voy por supuesto que me preocuparé pero sé que serás capaz de sobrellevar lo que venga.

¿Por qué tienen que ir con Hevlaska?

Hay un sello que se le conoce como "Sigillum Dei" un sello para invocar arcángeles y Hevlaska está sobre uno. Debemos ir a ese sello y recuperarnos lo suficiente para seguir con ustedes en su misión pero el proceso de recuperación tomara tiempo ya que todo depende no solo de Hevlaska sino también de la cantidad de Inocencias que haya en el sello y…

No hay muchas.

No.

¿Qué tanto pueden aguantar?

Máximo dos peleas más, todo depende, si son como esta entonces sí podrían ser dos o en caso extremo, una. Si son pequeñas entonces no tendrás problemas en usar "El Libro de los Días" después de todo ese sí te acepta, es tu Inocencia.

Hablare con Ariel, tomaremos la decisión juntos.

Muy bien, además creo que vas a tener compañía… —la voz de la mujer se fue apagando hasta que desapareció.

— ¿Qué? —Annia miró hacia su izquierda y vio a Kanda ir hacia ella con Mugen en la mano— ¿Qué haces aquí?

—Me mandaron a ver dónde estabas. No puedes andar por ahí, aun puede haber akumas. Además, tu hermano esta borracho y desmayado, el griego se puso a beber en la bañera y Marie se durmió en la silla.

— ¿Te preocupo? —Annia lo miró de forma burlona.

—No, ya te dije que tu hermano me tiene amenazado. Además esta borracho y dormido, dice unas cosas sobre San Pedro… que ya va a ir a verlo o algo así.

—Me imagino que no sabes quién es San Pedro. Es el que vigila las puertas del cielo—Kanda la miró con molestia y ella solo rió. Kanda se sentó a un lado de ella, contemplando también el inmenso lugar—lo siento, sé que no crees pero siempre es bueno saber cosas.

—No creo en estas cosas porque ese tal "Dios" tuyo no ha sido el mejor conmigo.

— ¿Por qué hablas conmigo así? Se supone que me odies—Annia se apoyó sobre la estructura mirando a Kanda sentado al lado de ella— ¿Por qué me cuentas eso?

—No sé—Kanda la miró a los ojos y Annia pudo notar algo más que no había visto antes—tal vez porque sabes lo que es sufrir. Cuando duermes siempre lloras y sueltas gemidos mientras lloras. Al menos así he visto y es muy molesto.

—… ¿me ves dormir?

—Estoy a tu lado, es imposible no escucharte llorar—la luz de la Luna fue oculta por un grupo de nubes que pasaban pero había mucha brisa y pasaron rápido— ¿Por qué lloras? ¿En qué demonios sueñas?

—No lo sé… pero aun no te entiendo, ¿Por qué me hablas así si tú me odias? Me lo has demostrado.

—Puede que no sea así completamente—Kanda se acercó más a Annia. La rubia contuvo la respiración al verlo acercarse a ella y él seguía con su mirada seria y fría.

—Creo que lloro porque amo a alguien. Amo a alguien con toda mi alma… y sea quien sea esa persona… lo perdí… no sé ni cómo lo perdí pero siento que es alguien a quien amé con toda mi existencia y… solo se esfumó—los ojos de Annia se aguaron mientras miraba el horizonte—pero puede que solo sea un sueño muy real. Ya no sé distinguir entre lo real y lo fantástico, puede que desde hace tiempo que ocurren esas cosas.

— ¿Qué te ocurrió a ti?

—Cuando era una niña, en Francia, mis padres murieron en una emboscada como la de hoy. Sus Inocencias habían sido transferidas a nosotros y por eso ellos ya no podían usarlas. Recuerdo que fue una mañana de primavera, luego de escuchar los disparos, todo fue confuso y sus cuerpos desaparecieron poco a poco. Ariel… él tuvo que correr con nosotras y antes de que mi padre fuera alcanzado por los disparos… logró usar a Miguel una última vez y acabó con todos. Luego de eso Central nos quitó las Inocencias y fuimos a parar a un orfanato controlado por la misma Central localizado en Niza y… 1 año después llegó el General Jaeger y nos sacó de ahí y así fue como terminamos viajando con él y… desde que tengo 10 años hasta los 16 estuve entrenando para ser exorcista pero mi cuerpo no aceptaba la Inocencia y fuimos pasando de cuartel en cuartel para arreglar ese problema que nunca pudieron resolver cuando estábamos en el orfanato. Pasamos lo mismo que los niños que eran usados en los experimentos donde se les obligaba a sincronizar con la Inocencia. Recuerdo que Ariel cayó en coma por tres meses y Avia no habló en un mes luego de esos experimentos, yo era la que velaba por ella y todo eso fue durante nuestra estadía en el orfanato. Al final lo logramos pero… hay recuerdos que no puedo encontrar… es difícil. ¿Y tú? ¿Cómo terminaste en este infierno?... —Annia volteó a verlo y se dio cuenta que se había acercado mucho más a ella y que su rostro estaba a una distancia que debajo mucho que pensar—Kanda…

—Te dije que mi vida no le interesaba a nadie. No creas que por esto yo te diré algo—Kanda miraba los ojos de la chica e iba analizándola con la mirada.

—… no es necesario… —Kanda se acercó más y pegó su frente con la de Annia—Kanda…

— ¿Qué? —tenía los ojos cerrados y poco a poco se estaba acercando a los labios de Annia.

—… has estado bebiendo, ¿verdad? —Annia se echó para atrás y el cuerpo de Kanda casi cae sobre ella—hueles a vino.

—Me tomé dos botellas, no es nada.

— ¿Cómo va a ser? Acabo de estar con ustedes—Kanda se masajeó el puente de la nariz y respiró hondo.

— ¿De qué hablas, mocosa? Has estado aquí como dos horas.

—… ¿Qué yo que?

—Sí, por eso vine a buscarte—Kanda se levantó del suelo y se fue a a la puerta del techo— ¿vienes o no?

—Sí—Annia se levantó y caminó tras Kanda. Había sido algo extraño, ella misma pensaba que no había estado tanto tiempo ahí, solo unos minutos pero al parecer la conversación con Uriel había sido algo extraña no solo por la información sino por la misma experiencia de que el tiempo había avanzado con mayor velocidad.

Al día siguiente (7:00 pm)

Entonces Allen se quedó en la estación, ya Lavi, el nieto de Bookman, fue a buscarlo y a ver qué pasó con él. Tendremos que esperarlos en el siguiente pueblo.

—Al menos estará bien, Allen es fuerte… y un poco torpe al parecer.

Ariel y el grupo habían partido del pueblo antes que de que saliera el sol y llevaban bastante viajando sin parar. El mayor de los Delacroix estaba mejor que antes y todo gracias al vino, Vangelis aún tenía las manos arrugadas de estar en el agua y los otros tres estaba descansados, Annia hablaba con su hermana, Marie iba normal y Kanda sin un rastro de resaca lo cual dejó impresionada a la joven ya que lo de la noche anterior no había sido normal por ningún lado que se le viera.

¡Annia! —la joven sonrió al escuchar la voz de Delta.

—Hola Delta, ¿Cómo la estás pasando?

Increíble, he acabado con varios akumas e incluso torturamos a uno para que hablara. No sabía que Avia fuera tan ruda—se escuchó un golpe del otro lado de la línea y Annia rió—respétame que soy mayor que tú.

De edad, por jerarquía no lo eres. Mi hermana te dejo a mi cuidado así que has silencio—Annia pensaba, después de escuchar eso, si había sido buena idea dejar a Avia a cargo de alguien como Delta.

—No es ruda, es solo fría cuando el momento lo amerita.

¡Mi hermosa Avia! —Vangelis apareció de la nada tomando los hombros de Annia y la joven solo pudo escuchar como su hermana trancaba.

—Me trancó…

—… ¿Qué le hice yo para que me trate así?

—Créeme que esa es una de las preguntas que jamás tendrán respuesta en la vida—Annia dejó libre al golem que volvió con Ariel y se posó en su cabeza.

—Al menos sabemos que vamos por buen camino pero nos tomara dos días llegar a donde supuestamente fue visto el General Tiedoll por última vez… —Ariel iba mirando por la ventana del tren mientras Kanda y Marie descansaban un rato—me preocupa todo esta misión.

—Hermano… con respecto a Miguel y Uriel…

—Sí, sé que me vas a decir y he estado pensando mucho en eso. Creo que es mejor que vuelvan a la Orden, tengo el presentimiento que se vendrán cosas peores que lo de aquella noche y es mejor estar preparados para eso—Ariel sacó un collar que tenía escondido debajo de su ropa y se lo quitó—Annia…

—Sí... —la joven se quitó su collar que iba igualmente escondido como el de su hermano—supongo que solo nos quedaremos con esto para cuando vuelvan.

— ¿Y yo que? —preguntó Vangelis mirando a los hermanos.

—Gabriel no ha peleado como Miguel y Uriel así que se queda aquí contigo—dijo Ariel con autoridad.

Difiero de eso—una voz desconocida los agarró desprevenidos.

— ¡AH! —Annia se montó sobre su hermano y en el proceso le largó una patada a Kanda en toda la cara. Un ser de alas enromes había aparecido a su lado.

— ¡¿QUÉ SUCEDE AQUÍ?! —gritó Kanda de mal humor al despertarse con tremendo golpe en la cara.

— ¡¿PERO QUE DEMONIOS?! ¡ES IGUAL DE CABRON QUE TÚ! —Ariel soltó a Annia y la rubia cayó en el espacio que había entre los dos asientos de la cabina del tren—se aparece hasta cuando se le pega la gana.

También difiero en eso. Mi señor no es cabrón, es buena gente.

—Claro, lo dice su arcángel—dijo Annia levantándose con ayuda de Vangelis—este lugar ya nos queda pequeño—la alas de Gabriel estaban regadas por el lugar y Marie también se había despertado.

—Tsk… ¡demasiados para tan poco espacio!—Kanda se quitó una de las plumas que le estaban molestando en la cara.

— ¿Por qué habrías tú de irte? —preguntó Annia.

Porque llevo dormido desde hace muchos años, digamos que unos 500, y mis fuerzas no son las mismas. Lo mismo pasa con Remiel, al salvarte a ti mocoso, la pobre gastó más de lo que podía luego de haber estado dormida muchos años—Ariel tenía un tic en la ceja mientras escuchaba a Gabriel hablar.

—… me acaba de llamar mocoso… —Annia le dio unas palmaditas a su hermano por lastima—soy el líder de la familia y te digo que debes quedarte.

Podrás ser el líder de hasta el Vaticano mocoso, pero mi amo es él—Gabriel señaló a Vangelis que miraba todo mientras aguantaba la risa de ver como Gabriel insultaba a Ariel y eso, por alguna extraña razón, lo hacía sentir satisfecho—así que él es el único que me ordena.

—… —Ariel quedó el blanco mientras los otros observaban todo, eso incluía a Marie y a Kanda.

Trataremos de volver lo más rápido que podamos—Gabriel comenzó a desvanecerse poco a poco—estarán bien, confiamos en que lograrán avanzar sin que estemos aquí con ustedes, ¿Verdad? —las figuras transparente de Miguel y Uriel se hicieron presentes en el pequeño lugar.

—Ahora si quedamos pequeños para este lugar—dijo Annia pegándose a la ventana.

Nos veremos pronto—dijo Miguel a Ariel y en un movimiento rápido los tres se transformaron en pequeñas esferas de luz que salieron disparadas hacia la dirección contraria del tren.

—…

—…

— ¿Algo que decir? —preguntó Vangelis al verles las caras de preocupación a los hermanos.

—Sí, que si vuelves a hablar te arrojo del tren y diré que moriste en un trágico accidente en las vías porque se te quedó atorado el cabello luego de haberte dado una paliza con toda mi fuerza religiosa y después de haber bendecido te desmallaste y el tren te pasó por encima—dijo Ariel de forma seria y con un semblante oscuro. Los cuatro restantes lo miraron sorprendidos.

—… ¿has pensado alguna vez en escribir libros? —dijo Vangelis antes de recibir una mirada asesina de parte de Ariel.

Un día más tarde (Grupo Cross)

—Entonces… ¿él era considerado como el conde Drácula de esta zona, no? —dijo Avia mirando a la figura del hombre que se tomaba de las piernas y que, extrañamente, tenía un peinado muy original—eso es… en realidad es alentador que sea Inocencia y no algo mas—Avia trató de sonreír pero no ayudó mucho.

—Eliade…

—Y aquí vamos de nuevo—dio Delta del otro lado de los asientos—sabes Krory, hiciste lo correcto… desde cierto aspecto fue lo correcto pero… —las chicas vieron como Krory comenzó a llorar por décima vez desde que subieron al tren—me rindo.

—No te deprimas Kuro-chan—dijo Lavi tratando de levantar los ánimos.

—Lavi tiene razón, hay que ver las cosas positivas de todo esto—dijo Allen intentando contribuir con la situación—como por ejemplo... ah…

—Que… que en realidad no eras un vampiro sino que era una Inocencia parasito y…

—Eliade…

—Avia… creo que eso no es muy positivo para él—dijo Allen a la joven en el oído.

—Está bien… Krory, a pesar de todo no estás solo. Piensa en que acabas de ganar una familia… una no tan grande y anormal pero familia al final. No vas a estar solo siempre y no importa lo que hayan dicho los aldeanos.

—Sí, que se vayan a la mierda—dijo la joven alemana con una sonrisa.

—El punto es que, según dijo Delta delicadamente, es que no importa el pasado… hay un nuevo camino y te ayudaremos a crear un camino nuevo—dijo Allen complementando las cosas que habían dicho las chicas—Entiendo perfectamente que te consideren un monstruo, me he sentido igual gracias a mi ojo y brazo.

—Además, si un hombre puede seguir respirando todo irá bien—todos miraron a Lavi de reojo—ya sé, ¿Por qué no das un paseo por el tren?

—Buena idea, para distraerte un poco—Avia se acercó a Krory y le entregó algo—toma, para que te limpies las lágrimas.

—Ah… —Krory miró la delicada aprenda blanca para luego subir hasta mirar la cara de la joven. Avia le sonrió dulcemente, puso el pañuelo sobre su mano y esperó que reaccionara— ¿eres tú, Virgen María?

—A este como que el golpe de la pérdida lo dejó mal y viendo santos—dijo Delta en voz baja a Lavi.

—Puede ser—le rescindió el pelirrojo en el mismo tono.

—No, soy Avia Delacroix y difícilmente soy santa de devoción. Ve, recorre el tren un rato—Avia lo ayudó a levantarse y lo guió a la salida—listo, eso lo ayudará un poco.

— ¿No fuiste un poco directa? —preguntó Allen.

—Directa hubiera sido que lo pateara fuera de la cabina. Es primera vez que e sube a un tren y que lo disfrute también. ¿Qué podría salir mal?

Tres horas después.

¿Qué podría salir mal? ¿Qué podría salir mal? —iba diciendo Delta mofándose de la últimas palabras de Avia luego de despachar a Krory hace tres largas horas—es ley universal que todo salga mal si dicen esa bendita frase.

— ¿Cómo va a estar caminando tres horas por este tren? Si ni es tan grande—dijo Lavi mientras cambiaba por los pasillos del tren.

—Difícilmente creo que se haya tirado del tren—los tres estaban a solo unos pasos de cambiar de vagón— ¿y si se acobardó?

—No creo, no tiene donde volver y…

Al abrir la puerta del siguiente vagón lo primero que encontraron fue a un grupo de personas jugando cartas, una semi desnuda y el sonido de lo que parecía ser un llanto. Delta tenía un tic en la ceja, Allen miraba a Krory buscando una explicación lógica a todo y Lavi miraba a todos sorprendido.

—Ey, ey, ey… aquí no se permiten niños pequeños así que váyanse por donde vinieron—dijo un hombre de cabellera rizada y negra.

—Entonces, ¿Por qué esta ese niño aquí? Y es más joven que todos nosotros—dijo Delta mirando al sujeto de lentes con molestia.

—Ahora señor, juguemos otra partida, ¿Qué quisiera apostar ahora? ¿El calzón, la vida, los dientes? —el tic en la ceja de Delta se incrementó.

—Te ignoró bien feo, Delta—dijo Lavi para echar más leña al fuego. No conocía muy bien a Delta pero los pocos días que habían pasado juntos se había dado cuenta de que su carácter siempre pendía de un hilo.

—Krory… ¿se puede saber que pasó aquí…? —dijo Allen con mirada dulce y tranquila. El hombre de lentes sonreía satisfecho por su obra.

— ¿Y tú de que te ríes? —preguntó Delta de forma ruda al hombre de lentes.

—No, es que vengo de hacer un trabajo que me encantó y jugar estos partiditos de poker me llena el alma y me alegran el día—Delta levantó una ceja y miró al sujeto de arriba a abajo. Parecía un hombre corriente, obrero y sucio—¿y tú? ¿Por qué tan amargada?

—Haga silencio por favor que mi amigo quiere hablar—dijo Delta con una sonrisa—hablar Krory.

—Estos hombres me invitaron a jugar algo llamado poker… y cuando me di cuanta me habían ganado todo lo que tengo.

Los tres exorcistas tuvieron el mismo pensamiento al mismo tiempo sobre todo lo que estaba pasando.

—"Lo estafaron"

—Vamos Krory, ya veremos donde conseguirte ropa—Delta le tendió la mano para ayudarlo a levantarse pero recibió una palmada en la mano de parte del sujeto de rizada cabellera y lentes— ¡¿Qué te crees?!

— ¡No puedes retirarte! Ya aceptaste la partida y debes seguir—dijo uno de los sujetos mirando a Delta de forma que se estaba jugando la nariz.

—Pero… —Allen colocó una mano en el hombro de Delta para que hiciera silencio.

—Hagamos algo—Allen se quitó la chaqueta de exorcista y la puso sobre la maleta de apuestas—los adornos de esta chaqueta son todas de plata, apuesto esto para recuperar la ropa de mi amigo—los tres se vieron las caras sorprendidos— ¿Qué dicen?

—Comencemos, chaval.

Unos minutos después.

Delta sentía satisfacción, esa sensación cálida en la boca del estómago que luego se expandía por todo el cuerpo. Miraba las cartas y esa sensación se hacía presente y luego miraba a los sujetos medio desnudos y la sensación aumentada el doble. Allen colocó una escalera real y los ojos azul zafiro de Delta viajaron del brazo de Allen, pasando por las cartas y llegando a los tres sujetos, obvio, siempre con una sonrisa de superioridad.

Lavi miraba estupefacto a Allen.

—Escalera real—dijo el chico con mirada inocente, la cual Delta conocía ya que ella la usaba a veces. La sonrisa de Delta se mantenía al ver todas las pertenencias de los tres sujetos detrás de Allen.

—… ¡Ganó otra vez!

—Allen… tienes que enseñarme, eres un ace en esto—dijo Delta en voz baja mientras Allen barajeaba las cartas.

—Ey… no y que eres un pobre desgraciado en esta vida y lleno de mala suerte en esta vida y en la siguiente—dijo Lavi en voz baja.

—Que alentador—dijo Delta dándole un empujoncito a Lavi.

—Es que estoy haciendo trampa—Lavi se sorprendió y Delta sonrió, algo había notado.

—Eres un niño pero eres malvado—dijo Delta.

—Te recuerdo que fueron ellos los que se metieron con Krory—Allen dejó de barajear y repartió las cartas—soy un maestros con las cartas, cuando entrenaba con mi maestro, practicaba todos los días para perfeccionar mi técnica y así poder pagar sus deudas y un poco de comida—el aura de Allen se volvió perversa en pocos segundos.

—Creo que hay que alejarlo de las cartas… o del vicio por un rato—dijo Lavi a Delta.

—Creo que este es el lado oscuro de Allen…

Unos minutos después (Mina de Kirlenko)

— ¿Por qué debemos devolverle las cosas? —Allen la miró con desaprobación—pero ellos hicieron sufrir más a Krory.

—Lo sé pero no seremos como ellos—Allen tomó las maletas y se las pasó a los hombres por la ventana—oigan, tomen. No es bueno andar desnudos y menos en esta época del año—Delta lo empujó un poco para que le diera espacio para asomarse a la misma altura que él.

—Agradezcan que él es corazón de pollo.

—Chico… no nos humillaremos así, jugamos contra ti y perdimos. Quédatelos…

—… ¿y por qué se aferran a sus cosas? —dijo Delta mirando como los tres sujetos agarraban sus maletas—no sean idiotas, se las estamos dando—el hombre de lentes miró a Delta a los ojos—Allen tiene razón, hace frío y no es bueno. No sean cabezas duras.

—… gracias, linda—Allen soltó las cosas y se vistieron rápidamente—para ser sinceros, venimos a trabajar a las minas. Podríamos morir ahí adentro pero yo moriría con gusto y sin arrepentimientos porque he visto a un ángel caminar entre los mortales—Allen y Lavi voltearon a ver a Delta que se había sonrojado. La susodicha abrió los ojos en toda su capacidad y no pudo articular una respuesta.

—Y… ¿y de donde son?

—De ningún lado, de aquí, de allá, de por acullá y vamos a donde le viento nos lleve… o a donde haya trabajos para nosotros.

—… —Delta observó al hombre un momento. Analizándolo porque sentía que había algo raro en él— ¿ah?

—Fue un placer ver a tan hermosa mujer antes de morir—el hombre tomó la mano de Delta y depositó un beso sobre ella.

—… usted es muy dramático, ¿verdad? —dijo la alemana al ver el drama que se montaba el hombre. Delta vio que el niño que estaba con ellos tenía algo en la mano—hola, pequeño.

—Gracias… —Allen y Delta se vieron las caras.

— ¡Eaze ese es tu tesoro! Espera, te daré algo a cambio de tu generosidad—el hombre se rebuscó en los bolsillos y le entregó el mazo de cartas a Allen—y para ti, hermoso ángel… —el hombre se sacó una perla del bolsillo—toma… es mi tesoro más preciado.

—No… no puedo aceptarlo—el hombre tomó la mano de Delta con ambas manos y la apretó para que no soltara la pequeña perla.

—Descuida, quédatela—Delta le sonrió a medias y recogió su mano—tengan suerte a donde sea que vayan.

El tren arrancó y poco a poco fue dejando su rastro de vapor gris a medida que avanzaba.

—Tikky… ¿Por qué le diste tu perla? —preguntó el pequeño al hombre de lentes.

—Porque no podía permitir que entregaras tu tesoro, nos hubiéramos metido en graves problemas si lo hubieras regalado, Eaze—mientras se dirigían a las minas, uno de los teléfonos de la estación sonó. Tikky se acercó a contestar—chicos… ¡me salió otro trabajo!

—Eh… otro trabajo de esos misteriosos tuyos de media jornada… ya que, regresa a salvo, Tikky—el hombre de lentes sonrió y cada uno tomó su camino.

Trabajos de media jornada… puede que sí o puede que no. Lo que Tikky sabía muy bien era que una parte sádica y oscura de él disfrutaba mucho de ese trabajo de media jornada que tenía y que tal vez llegara a volverse tiempo completo.

—Fue muy tierno de tu parte en regalarle esa perla a la exorcista, Tikky Pong—una criatura regordeta lo esperaba del otro lado debajo del puente de piedra. Empezó a nevar y el frío era peor—te tengo un trabajo especial.

— ¿Puedo cenar antes?

—Sí, claro que puedes—du voz juguetona lo hacía parecer que no hablaba en serio.

—Muy bien porque tengo hambre…

—Ti-ti-ti-ti-tikky pong… —a Tikky le molestaba que a veces comenzara con esas cosas—los exorcistas son tus enemigos número uno. No vuelvas a hacer lo que hiciste con esa exorcista.

—… lo lamento Conde Milenario, pero no pude resistirme… deben ser mis instintos humanos—el Conde rió por lo bajo y eso extrañó a Tikky.

—Querido Tikky, aún hay mucho que no sabes de ti mismo. Eres un Noé y… hay una excepción grande contigo, de entre todos los Noé… creo que eres el más afortunado de todos—la voz de Conde no era seria pero Tikky sabía que hablaba con una seriedad de miedo.

— ¿Suertudo? No me considero alguien con suerte, ni siquiera creo en la suerte—Tikky acomodó su cabello y se colocó su sombreo de copa.

—Entonces… ¿Qué diría tu esposa cuando vuelva a nosotros? De seguro mataría a esa exorcista y no la detendría para nada—Tikky volteó mirar al Conde Milenario que parecía contento de haber llamado la atención del Noé.

— ¿Esposa?...

—Sí, tú amada y adorada esposa. Recuerdo que fue una boda hermosa… a muy mi estilo y quitando toda esa estupidez del "Dios" de los humanos.

—Y ella…

—Vámonos, vámonos, luego te contaré más de ella, Tikky pong.

—… como usted diga, Conde Milenario.

Dos días después. (Grupo Tiedoll)

Habían cruzado la frontera de España hace mucho y se encontraban caminando en medio del bosque. No había muchos transportes por la zona pero habían logrado encontrar una pista del General. Según varios testigos, un hombre de lentes y peinado extraño se la pasaba dibujando paisajes mientras seguía el camino, no se quedaba más de media hora y seguía su rumbo.

Habían logrado hablar con Avia y al parecer todo iba bien en el viaje y según la menor de los Delacroix, Cross estaba en dirección a China. No hace falta decir que Ariel y Annia se preocuparon un poco pero estaban más tranquilos sabiendo que Jofiel estaba con su hermana y que había más exorcistas con ella.

—Está anocheciendo rápido—dijo Vangelis que iba adelante del grupo. No habían podido comer mucho y solo tomaban agua de río—deberíamos dormir aquí, no creo que el general siga de noche y será mejor para todos dormir unas horas.

—No, tienes razón, el General no viaja de noche a menos que sea una situación seria—dijo Marie.

— ¿Cómo esta Annia? —preguntó Vangelis con preocupación. Miró a Ariel que iba de último con Annia cargada en su espalda. La joven respiraba con dificultad y sus mejillas estaban de un rosado fuerte.

—La fiebre no baja—dijo Ariel con fastidio. Se sentía inútil al saber que no podía hacer nada por su hermana ya que no pensaron que la misión fuera a ser tan larga y no habían llevado botiquín de primeros auxilios o al menos a un buscador que los ayudara con ese tema.

—Descansemos aquí entonces—Kanda se sentó sobre una raíz de un árbol grande que había en ese pequeño espacio vacío—buscaré madera para el fuego.

—Voy contigo, Kanda—dijo Marie siguiendo al exorcista mientras se adentraban en el bosque.

Ariel acomodó un espacio para acostar a su hermana. Tenía fiebre desde la noche anterior ya que hubo una mini tormenta y Annia se mojó más de lo debido y la fiebre no cedía ante nada. Ariel se replanteó muchas veces volver a la Orden para que la atendieran pero la misma Annia le decía que no había tiempo que perder.

— ¿Cómo te sientes, hermana? —Annia asintió mientras buscaba como acurrucarse—pronto encontraremos al general y regresaremos a la Orden.

—No… debemos seguir… —la fiebre la estaba haciendo decir cosas raras—Ariel… mamá y papá murieron…

—Sí, lo sé… hace mucho tiempo fueron asesinados por los akumas.

—… no… no fue así… —la voz de Annia se fue apagando hasta que quedó dormida.

— ¿A qué se refiere con que no fue así? ¿Pasó algo más el día que tuis padres murieron? —preguntó Vangelis luego de ver toda la situación.

—No sé qué le pase, debe ser la fiebre, y el día que mis padres murieron es exactamente como tu y ella saben… no hay nada distinto—Ariel volvió a mirar a su hermana, se estaba preocupando un poco— Tu eres doctor, ¿Qué recomiendas hacer?

—Por los momentos dejarla descansar, estar al aire libre no ayuda mucho pero con el fuego de la fogata podemos ganar tiempo hasta llegar a un pueblo donde tengan medicina—Vangelis limpiaba el sudor de la frente de Annia con un trapo que había arrancado de su ropa de entrenamiento—ella nunca se enfermó en nuestros viajes.

—Siempre hay una primera vez para todo—Ariel volteó a velocidad normal y miró hacia le bosque—… Vangelis… ¿oíste eso? —Ariel comenzó a ver a todos lados.

— ¿Qué? Yo no oí nada de nada—el griego miraba a Ariel como si estuviera loco— ¿no será que Annia te contagió algo?

—No, sí escuche algo… alguien cantando.

—No me asustes que estamos solos y en medio del maldito bosque de los sueños perdidos.

—… somos exorcistas, Vangelis.

—… cierto.

—Esperemos que se recupere. Mientras hagamos las rondas. Yo voy primero y después Kanda, debemos vigilar que no hayan akumas cerca de aquí porque si no estaremos en problemas.

Varias horas más tarde.

Kanda y Marie habían regresado hace horas con agua y madera. El agua era principalmente para mojar un trapo y colocarlo en la frente de Annia para que la temperatura bajara en su cabeza, Marie se lo había insistido mucho a Kanda para que llevara el agua. Prendieron el fuego y cada uno tenía su turno para vigilar a unos poco metros de donde estaban a pesar de que estaban asentados temporalmente en un espacio boscoso y cuando saliera el sol seguirían bien temprano para no perder tiempo. La noche era silenciosa y todos dormían menos Vangelis que estaba de turno. Estaba cansado pero no podía fallarles a todos.

Annia dormía tranquilamente, con su trapo de agua en la cabeza y la fiebre sin bajar. Se movía un poco pero con débil lentitud. En su cabeza pasaban imágenes de lugares oscuros, fríos, teñidos de sangre… lugares que no recordaba haber visto antes. Niños jugar, adultos hablar, felicidad, tristeza, desesperanza, amor… muchas cosas pasaban por su cabeza hasta que abrió sus ojos poco a poco, no porque esa pesadilla la despertara sino porque había algo o alguien que sentía que la estaba viendo detrás de los arbustos que estaban justo al frente de ella.

—… —levantó medio cuerpo lentamente y sin hacer ruido. Annia miró el arbusto pero no había nada a simple vista. Se levantó apoyándose del árbol que estaba cerca de ella y caminó hasta detrás del arbusto. Estaba cometiendo una estupidez grande, lo sabía y aun así sentía que no nada malo le pasaría si iba.

Había una voz de mujer, cantaba una melodía triste, sin vida. Annia caminaba por entre los arboles siguiendo esa voz. Le llegó el recuerdo de la Doncella, aquella que Kanda y ella escucharon cuando estaban en la habitación del motel. ¿En verdad los había seguido tanto? La voz se hacía cada vez más clara.

—Es hermosa… —Annia llegó hasta un árbol grueso, casi cae por un mareo que tuvo, y al levantar la vista se encontró con una mujer. No era normal, se notaba a simple vista. Era de cabellera verde oscura, su piel brillaba entre los árboles en un tono verde muy claro, su cabello poseía flores de varios colores que adornaban la melena, no tenía ropa pero aun así no parecía desnuda ya que su cuerpo parecía hecho de hojas pero detonando esa figura femenina—hola…

La fantasma, la hada, la cosa esa… lo que fuera, la saludó con la mano y comenzó a cantar. Sus piernas desaparecieron y comenzó a volar entre los arboles dejando rastro de humo verde entre ellos. La hermosa criatura se acercó a Annia, le cantó unas cosas que no entendió pero por alguna razón sintió que todos sus males se habían esfumado y antes de que pudiera tocarla desapareció ante sus ojos.

—Espera… ¿Qué eres? No te vayas…

— ¡Ey! ¿Qué demonios crees que haces? —Annia miró entre los árboles y vio salir una figura alta de entre la oscuridad.

—Yo… yo no quise…

— ¿Cómo te sientes? —Annia lo miró sin entender y el chico solo rodó los ojos con pereza—ya no debes tener fiebre—Annia tocó su frente y efectivamente la calentura había pasado. Miró sorprendida al chico y este no cambió su expresión—de nada.

— ¿Fuiste tú?

—Yo no, fue la mujer que viste—el joven se acercó más a ella—no vayas a huir niña, no te lastimaré. Los vengo siguiendo desde hace unos días… más específicamente desde que llegaron a España.

— ¿Quién demonios eres?

Annia sintió una luz en sus ojos y se dio cuenta de que estaba comenzando a amanecer. Gracias a la poca luz pudo ver mejor a la persona que tenía en frente. Era alto, tanto como Ariel, piel morena clara, ojos color esmeralda y cabello negro no tan largo y un poco rizado. Fue ahí cuando Annia se dio cuenta de la vestimenta del chico.

—Oh…

—Sí, será mejor que vayamos con los otros.

Vangelis regresó al lugar de descanso para despertar a los demás para que continuaran con la búsqueda del General Tiedoll. Estaba cansada y no se dio cuenta de que faltaba alguien. El griego se acercó a Ariel y le dio unas palmaditas en la cara para que despertara.

—Ariel… despierta…

—Te juro que si vuelves a tocarme la cara ni Gabriel te salvará. Aprovechare que esta lejos de ti—Vangelis se alejó un poco de Ariel al escuchar la amenaza.

—Eres un rayito de sol por las maña… —Vangelis vio a dos figuras acercarse de entre los arbustos—Ariel, Ariel, Ariel, Ariel…

— ¿No escuchaste lo que te dije? En verdad te hare mucho daño sin vuelves a tocarme.

—Mira, idiota—Vangelis señaló hacia los arbustos y el mayor de los Delacroix quedó mudo—Kanda, Kanda, Marie… despierten pedazos de vagos.

—Yo también te hare daño si vuelves a decir mi nombre—dijo Kanda con voz somnolienta.

—Buenos días—dijo Annia con una sonrisa.

—Hermana, ¿estás bien? ¿Cómo te paraste? ¿Tienes fiebre? —Ariel se levantó rápidamente a tocar la frente de su hermana y cuando vio que todo estaba bien, su mirada se dirigió al extraño. Tomó a su hermana de los hombros y la alejó del sujeto.

—Oye no seas idiota, no soy enemigo. Créeme, si la hubiera querido matar hace rato que lo hubiera hecho—Ariel lo miró con una ceja arriba— ¿no ves la chaqueta? —la mirada de Ariel viajó hasta la chaqueta de exorcista y respiró hondo.

— ¿Qué sucede aquí? —Kanda se unió a los dos hermanos— ¿Quién demonios eres tú? Te doy cinco segundos para que hables—desenvainó a Mugen y apuntó al moreno con la espada.

—A mí con espadas no, no soy akuma o ladrón… lo era… quiero decir ladrón… olviden que dije algo—todos lo miraron con extrañez. Todas se posaron frente al sujeto y lo miraban de arriba a abajo—como decía, no soy enemigo. Soy exorcista también, mi nombre es Aslan y soy gitano.

—… —todos quedaron mudos y otros hicieron caras ante lo dicho por el joven.

—Al menos finjan y no pongan esas caras, ya dije que no soy ladrón.

—Las malas mañas quedan—dijo Vangelis para romper el hielo.

—Muy gracioso. Ya se los dije, me llamo Aslan y vengo de Turquía pero viajaba con mi familia cuando un día nos atacaron unos akumas. Llevo 8 meses viajando y entrenando con el General Tiedoll, él fue el que me dio mi Inocencia, la mujer "fantasma" o la "Doncella fantasma" de la que varios lugareños hablan. Mi Inocencia se llama "Erutan's Aria"

—Pero asusta—dijo Annia.

—Eso ya es gusto mío, solo para asustar a algunas personas. Ella cura aquellas enfermedades pequeñas pero es más peligrosa en el campo de batalla, fue por eso que te curó—dijo mirando a Annia.

—Entonces… si eres alumno del General… ¿sabes dónde esta? —preguntó Kanda.

—Claro, aun viajo con él. No esta tan lejos de aquí, dos horas caminando.

—Por fin, podremos volver a la Orden—dijo Vangelis con alegría.

—Ah… me temo que el General… no volverá a la Orden, no aun al menos.

— ¿Qué? ¿Por qué? —dijo Kanda con molestia, conocía a su maestro y puede que supiera que esa idea se le cruzaría por la cabeza.

—Porque hay cosas que aun debemos hacer antes de volver a la Orden.

Continuara.


Holiiiiiiis! Traje update temprano XD no creo que pase todo el tiempo pero bueeee, creo que en dos meses o en tres será el próximo capi XD Espero que les guste. No quise incluir lo de Krory porque sería mucho más largo y sería un fastidio. Si hay algunas cosas que no se cuentan es porque no cambiaría mucho de lo que pasa en el anime o el manga solo que se incluirían a los OC y si no las pongo en el fic es porque ni poniendo a los OC la escena cambia así que si no se vio algunas partes de cuando aun estaban en el hospital es porque no cambia mucho del manga, solo se le agrega Avia a eso y ya.

También está que los tiempos pueden que no sean igual que el manga pero ya llegara su momento, todo será normal cuando todos estén con todos en Japón XD solo les digo de una que no creo que los hermanos participen en lo que sería toda la pelea dentro del arca, ya tendría que ver como decidido hacer eso pero por ahora disfruten.

Espero que les guste, dejen comentario y les mando besos.

Althea de Leo.