Capítulo 10

Estar otra vez con Natural era la mejor sensación del mundo. Los dos habíamos recuperado la ilusión en la vida, y aunque yo aún sufría por la pérdida de Minerva, estar a su lado me estaba ayudando a superarlo. Desde que Natural me había contado lo que ocurría con su familia y su madre, todo iba genial. Las siguientes semanas fueron de ensueño. Estábamos siempre juntos. Natural me hizo un montón de sesiones de fotos aunque no me dejaba ver ni una. Hubo una en la que tuvimos que ir a un río y tuve que meterme en el agua helada para poder recrear la escena de alguna obra que a Natural le gustaba. Natural parecía muy motivado con aquella sesión, y aunque acabé con los labios morados, fue una experiencia muy bonita. Aunque yo le insistía una y otra vez para que me dejase ver alguna, decía que antes de eso tenía que trabajar en ellas.

Natural tuvo que volver a irse durante tres semanas, del dos al veintitrés de noviembre, para hacer otro reportaje fotográfico que había conseguido a través del trabajo anterior donde tuvo que ir a algún lejano lugar. Estaba súper feliz de haberlo conseguido porque decía que significaba un gran avance para su carrera, y yo estaba muy feliz por él. Aunque lo eché muchísimo de menos, me dio el tiempo justo para prepararme y hacer mis exámenes de final de trimestre. Tuve tiempo incluso de acabar el libro con los dibujos que estaba preparando para Natural, pero sólo se lo daría en un momento especial. Además, la fecha de mi cumpleaños se acercaba peligrosamente, así que aproveché también para comprar ropa interior un poco más apañada con unos ahorros que tenía para emergencias. Cuando el día veintitrés de noviembre llegó, fui a buscarlo por sorpresa al aeropuerto.

—¿Qué haces aquí? -me preguntó sorprendido mientras saltaba a sus brazos.

—¡Quería darte una sorpresa!.

—No sabes lo mucho que te he echado de menos -me dijo mientras me cubría con besos.

Cuando llegamos a su casa, apenas habíamos cruzado la puerta que empezamos a besarnos apasionadamente. El invierno cada vez se hacía más presente, y a la que caía el sol la temperatura bajaba drásticamente. Después de besarnos durante un buen rato encendimos el fuego e hicimos la cena.

—Esta semana estaré un poco liado acabando las fotos de estas últimas semanas y preparando los exámenes, pero te prometo que después seré todo tuyo.

—No te preocupes, a mí también me quedan un par de exámenes, así que tendrás tiempo.

Al día siguiente, el domingo, Natural preparó la segunda habitación con dos mesas y dos sillas.

—Si a ti no te molesta, podríamos trabajar juntos -me dijo un poco nervioso enseñándome la nueva organización de la habitación.

—¿Cómo me va a molestar? -le dije contenta. -Así, cuando descanse, sólo tendré que girarme para darte un montón de besos.

Jamás me había resultado tan placentero estudiar. A pesar de mis buenas notas, estudiar era algo que detestaba, pero aquella vez se me hizo mucho más llevadero que cualquier año anterior. De vez en cuando, Natural me sorprendía con un beso en el cuello.

Al siguiente sábado, para celebrar que ya habíamos acabado, Natural preparó un pastel de chocolate buenísimo. Aún nos quedaban días de clase antes de las vacaciones de navidad, pero los exámenes más importantes ya habían pasado, y Natural había acabado su trabajo fotográfico y sus exámenes. Ya hacía una semana que encendíamos la chimenea cada noche, y me encantaba el color que le daba a toda la casa. Apenas acabó la película que estábamos viendo, que empezamos a besarnos otra vez. La pasión iba subiendo y Natural acabó sobre mí. Desde aquella vez en el baño, no habíamos estado tan apasionados. Los dos respirábamos con fuerza y la luz dorada que desprendía el fuego en la chimenea lo hacía todo todavía más romántico. Natural, poco a poco, fue metiendo su mano por debajo de mi jersey y fue subiendo hasta tocar mi seno por primera vez. Aquella sensación era extraña pero muy placentera y excitante. Lo agarré por la cabeza y lo apreté todavía más a mí. Natural estaba tan apretado a mí que podía notárselo todo.

Entonces le mordí la oreja suavemente, y aquello pareció volverlo loco.

—¡Tú quieres que yo pierda la cabeza! -dijo acalorado.

Seguí besándole.

—¿Sabes qué día es hoy? -le dije coqueta.

—Sábado día treinta, creo -contestó sin prestar mucha atención, mientras seguía ocupado besándome.

—¿Y sabes lo que eso quiere decir?

—No -me contestó tiernamente.

—¡Pues que sólo quedan siete días para que cumpla los dieciocho años!.

Natural me miró con una extraña mirada de confusión.

—La espera se me va a hacer eterna -dijo sonriendo. -No sé lo que me haces pero me vuelves loco.

Y seguimos besándonos hasta que nos quedamos dormidos el uno en los brazos del otro.

Contra más se acercaba mi cumpleaños, más nerviosa estaba. Quería hacerlo con Natural, pero aun así estaba un poco nerviosa. Toda esa semana, Natural me regaló una rosa cada día hasta el día de mi cumpleaños, y me escribía notitas románticas que me encontraba en los lugares menos esperados de la casa. Me hacía sentir muy especial, y eso me gustaba. El viernes por la noche, justo la noche antes de mi cumpleaños, me sorprendió con un regalo cuando acabamos de cenar.

—Sé que tu cumpleaños es mañana, pero éste es un primer regalo para que recuerdes siempre tu ultimo día antes de ser mayor de edad -me dijo dándome una pequeña cajita envuelta en un precioso papel de regalo plateado con un lazo dorado que era casi más grande que toda la caja.

—¿Cómo que un primer regalo? -le pregunté sorprendida. - Ya sabes que no quiero que me hagas regalos. No quiero que te gastes más dinero. Todo lo que haces por mi es más que suficiente, y además el teléfono vale para los próximos 5 cumpleaños y navidades juntos. Natural me miró divertido por mi reprimenda.

—Sabes bien que nada de lo que digas me va a hacer cambiar de opinión. Los dieciocho son importantes, así que disfrútalo.

Era imposible enfadarse con él. Desenvolví la cajita, no sin antes refunfuñar un poco. Me quedé con la boca abierta cuando vi lo que era. Dentro de la cajita había unos preciosos pendientes en forma de hojas, como si fuera el esqueleto de una hoja seca. Eran preciosos, de oro blanco, de una delicadeza exquisita.

—Cuando los vi me hicieron pensar en ti.

—¡Son preciosos Natural, me encanta!. No tendrías que haberlo hecho -le agradecí de corazón a punto de llorar de la emoción.

—Quiero que los disfrutes. Quería que tuvieses algo que te recordase siempre estas fechas. Además, pensé que podría combinar bien con el colgante de Minerva.

Me abracé a él y no pude evitar llorar.

—No llores cariño -me dijo con ternura mientras me acariciaba la cabeza.

—Es que estoy emocionada. Son muy bonitos -le dije entre el llanto.

Natural rió con cariño.

—Pues mañana te quedan todavía más, así que si vas a llorar por cada regalo, te pasarás el día llorando.

—¿Más regalos todavía?

—Claro, mañana es el gran día -y me guiñó el ojo.

Le sonreí un poco nerviosa, pero divertida por la cara de pillo que ponía.

—Pero si yo ya soy feliz estando contigo -le dije honestamente.

—Ya lo sé… pero, ¿quién no es más feliz con un montón de regalos?

-me preguntó poniendo una cara divertida.

Me reí y él también se rió.

—¡Qué tonto! -le dije cariñosamente.

Me sonrió y me dio un beso.

—¡Qué guapa que eres, carajo! -dijo con su adorable acento, que sonó muy divertido ante aquella expresión tan suya. - ¿No te los vas a probar?

—¡Sí, claro! -le dije ilusionada mientras los sacaba de la cajita y me los ponía. -¿Qué te parecen?

—Te quedan muy bonitos. Seguro que también quedan preciosos con el collar de Minerva.

—Sí -le dije contenta llevándome la mano al colgante de Minerva que quedaba cubierto bajo el jersey.

Me quedé pensando unos segundos, pero me armé de valor y me quité el jersey delante de él, quedándome en sujetador, mostrando el colgante. Era un sujetador muy bonito, negro, con un poco de encaje, que me había ido a comprar durante las semanas que Natural estuvo fuera. Me dio bastante vergüenza porque Natural no me había visto nunca antes con tan poca ropa. Se quedó sorprendido ante mi atrevimiento, pero me miraba con ojos llenos de deseo. Le miré un poco nerviosa, pero a la vez coqueta. El calor del fuego me acarició la piel de la misma manera que lo hicieron las manos de Natural.

—¿Qué te parece? -le pregunté tímida.

—Te queda precioso -me dijo casi en un susurro mientras acercaba sus labios a los míos.

Natural acarició mi cuerpo con sus manos fuerte, haciéndome temblar bajo su tacto. Me observó durante un rato.

—Eres tan hermosa. No cambiaría nada. Eres perfecta.

—Eso eres tú que me ves con buenos ojos -le contesté sonrojada.

Me echó hacia atrás suavemente y me besó.

—Te amo, Touko -me dijo mirándome a los ojos.

—Yo también te amo, Natural.

Y de nuevo, nos dejamos llevar por la pasión de nuestros besos hasta que nos quedamos dormidos.

Tuve un sueño precioso en el que estaba Natural. No recuerdo bien lo que ocurría, pero la sensación que me había dejado era muy agradable. Cuando me desperté, Natural no estaba a mi lado, pero pude escuchar ruido en la planta de abajo, como de cosas que se movían.

—¿ Natural? -le llamé.

Escuché un golpe, como si se hubiese asustado y se hubiese golpeado con algo.

—No te asomes cariño. Ahora subo -dijo apresurado.

Oí como movía más cosas hasta llegar hasta la escalera. De un salto, se puso a mi lado en la cama con su preciosa sonrisa.

—¡Buenos días cariño, muchísimas felicidades! -dijo dándome un beso enorme. - Pensaba que ibas a dormir un poco más -dijo como quien no quiere la cosa, poniendo cara de niño bueno. -¿Seguro que no estás cansada?

Le miré intentando averiguar qué tramaba.

—Qué estarás planeando…- le dije escudriñándolo con la mirada.

—¿Yo? - dijo intentando fingir su sorpresa-No estoy haciendo nada.

Le sonreí divertida por su tono y expresión.

—Pero aunque no esté haciendo nada, me parece que estarás muy

cómoda aquí durante unos 15 minutos más…

Y más rápido que un rayo, volvió a bajar por la escalera.

El día era precioso y el sol brillaba con fuerza. Me acurruqué en la cama disfrutando de esa placentera sensación. Podía oír a Natural moviendo cosas en el comedor y en la cocina.

—Subo en cinco minutos -dijo al cabo de un rato mientras movía platos en la cocina. - Tú sigue ahí, relajada.

—Esta bien.

Al cabo de un ratito, Natural subió emocionado.

—ok, ya está -dijo tumbándose a mi lado. -Te vas a tener que poner esto antes de bajar -dijo entregándome una venda que tenía en la mano.

—si -dije contenta.

Me encantaban las sorpresas. Natural me puso la venda y me guió para bajar por las escaleras.

—¿Estás lista? - me preguntó cuando llegué abajo.

—Sí -contesté impaciente.

Me quitó la venda. Había tantas cosas que me costó asimilarlo un buen rato. Había un montón de regalos sobre la mesa del comedor, de todos los colores y tamaños. Había ramos de flores por todas partes. En una bandeja, al lado de los regalos, había dos vasos de lo que parecía zumo exprimido natural de naranja, pero lo más impresionante eran unas galletas en forma de letras que formabas el mensaje 'Feliz Cumpleaños Cariño' y que estaban decoradas con un montón de colores. Había globos y decoraciones por toda la casa. Estaba claro que se había pasado mucho rato preparando todo aquello. Todo quedaba precioso.

—¿Qué te parece? -me preguntó dulcemente mientras me abrazaba por detrás.

Me giré y le abracé nuevamente con lágrimas en los ojos.

—Es increíble. No tendrías que haber hecho nada de esto -le agradecí emocionada.

—Me hace feliz hacerte feliz, cariño.

Volví a girarme para contemplar cada detalle.

—¿Pero cuándo has conseguido hacer todo esto?

—Llevo preparándolo desde hace unos días, pero anoche lo monté todo mientras dormías -dijo orgulloso y contento.

—Es todo tan bonito. Me encantan todas las decoraciones y las flores y las galletas.

—¡Ah! Casi se me olvidaba -dijo mientras iba rápidamente a la cocina y volvía con algo escondido detrás suya. -Las vi y me encantaron. Pensé que te gustarían.

Me miró con su sonrisa y descubrió un precioso ramo de rosas multicolor. Cada pétalo tenía un color diferente, y el ramo, de unas veinte rosas, formaba un precioso ramo colorido como el arcoíris. Me fascinaron.

—¡Uaauu! Me encantan. Mira que colores -dije sin poder dejar de mirarlas.

—Sí, son muy originales. Es la primera vez que las he visto.

—Yo tampoco las había visto nunca.

Le volví a abrazar abrumada por todo el esfuerzo que estaba haciendo por mí.

—Venga, come alguna galleta y empieza a abrir los regalos -dijo impaciente.

—¿Tú ya has desayunado? -le pregunté.

—No. Quería esperarte a ti.

—Hazle alguna foto, por favor, antes de que nos comamos tu obra de arte.

Simón fue al cuarto y trajo su cámara. Hizo un montón de fotos de todos los detalles y de mí con los ramos de flores y con los globos, y luego se puso a mi lado y, girando la cámara hacia nosotros, hizo unas cuantas fotos de los dos juntos.

—Vale -dijo emocionado cuando acabó, llevándose una galleta a la boca. - Vamos, ábrelos.

Cogí el primer regalo. El paquete era blando, como si fuese algo de ropa. Cuando lo abrí descubrí una chaqueta como las de esquí pero un poco más fina.

—¡Qué bonita! -le dije contenta mientras le daba un beso.

—Pruébatela a ver si te queda bien -me pidió.

Era ligera pero abrigaba muchísimo. Me quedaba que parecía que la habían hecho para mí.

—¿Cómo has acertado mi talla? -le pregunté sorprendida.

—Le pedí a la dependienta que se la probase y luego le pedí que me dejara abrazarla para ver si era como tú -me contestó convencido.

Me quedé mirándolo un poco sorprendida.

—¡Es broma! -dijo riendo mientras me hacía cosquillas. -Lo miré en unos de tus jersey. ¡Vamos, abre más! -me pidió impaciente.

Le sonreí y seguí abriendo más paquetes. Una vez los abrí todos tenía un conjunto completo para ir al polo norte. Había unos pantalones a conjunto con la chaqueta, unos guantes, una bufanda, un gorro, una mochila de montaña y un vale para ir a comprar botas de montaña.

—Estos son demasiado regalos, Natural -le reñí cariñosamente.

—Pues éstos son sólo los prácticos… -dijo acercándose a mí y cogiéndome por la cintura -he pensado que así podremos ir a la montaña a caminar y a esquiar incluso.

—Pero si yo no sé esquiar.

—Bueno, yo te enseñaré. Además, si algún día tengo que ir a hacer algún reportaje de montaña podrás venir conmigo. Así que vete vistiéndote que hoy mismo lo estrenamos todo -me dijo contento con cara de emoción.

—¿Qué? -le pregunté un poco confundida.

—He preparado una excursión para hoy a un sitio muy bonito. Vamos a hacer una cima de unas cuatro horas. No he querido escoger un pico muy alto para que no estés muy cansada esta noche -dijo guiñándome un ojo.

Me puse un poco colorada.

—Te aseguro que los paisajes te van a encantar -me animó.

—Vale, pero yo no he hecho esto nunca. Espero poder seguir tu ritmo

-le advertí.

Me vestí mientras Natural acababa de preparar la mochila con las cosas que nos teníamos que llevar. Estaba súper cómoda y calientita en mi ropa nueva.

—Estás guapísima. Pareces una exploradora -me dijo cuando me vio con el kit completo.

El paseo hasta la cima fue genial. Había partes un poco difíciles pero los maravillosos paisajes hacían que valiese la pena. Natural me explicó un montón de cosas sobre la montaña y sobre qué tenía que hacer si me perdía, o si me encontraba con animales peligrosos. Me enseñó los tipos de árboles y arbustos y me contó un montón de curiosidades. Cuando llegamos a la cima, el paisaje cortaba la respiración. Había montañas por todas partes, y los colores otoñales hacían que todo pareciese todavía más mágico. El aire puro llenaba nuestros pulmones.

—¡Es increíble! -le dije abrazada a él mientras observaba aquél imponente entorno.

—Y esto es sólo una pequeña montaña. Hay muchísimas otras cimas que podemos hacer que también tienen unas vistas increíbles.

Cuando regresamos a su casa, pensé que estaría más cansada, pero en realidad me sentía más despierta que cuando salí. Merendamos tranquilamente y nos quedamos un rato relajados en el sofá mientras veíamos la televisión. —¿Te apetece salir a cenar esta noche? - me preguntó al cabo del rato. —¿A cenar? -respondí un poco nerviosa por todo el dinero que Natural se estaba gastando en mí.

—Hay un sitio muy bonito justo al lago, al lado del mar. ¿Qué te parece?

—Me parece bien, pero estoy sufriendo por todo el dinero que te estás gastando -le confesé.

—Deja ya de pensar en eso. Hoy es tu día y no importa nada, y si lo hago es porque puedo. ¿Vale? —Vale -le dije con una sonrisa.

—Pues entonces dame un segundo -dijo mientras se levantaba e iba a la habitación de al lado, la que se había convertido en nuestro cuarto de estudio. Salió a los pocos segundos con cuatro paquetes envueltos en papel de regalo. Uno de ellos era muy grande.

—¿Más regalos? -le pregunté sorprendida y un poco nerviosa, pero no podía protestar ante aquella cara de emoción y felicidad que traía Simón.

—Después de éstos sólo te quedará uno más… bueno… dos-me dijo mientras dejaba los regalos delante de mí y se volvía a sentar a mi lado.

—¿Dos más? -le reprendí.

—Sí… y son los que tengo más ganas de darte… -me contestó sonriendo.

Le di un golpecito suave en el lado pillando a qué se refería.

—No mujer, no es eso… bueno… eso también… pero el regalo que yo digo no es eso -dijo divertido por mi expresión. -Venga… ábrelos.

Cogí primero el más grande.

—No, primero éste -dijo cambiándome el paquete por otro un poco más pequeño.

Lo cogí y lo abrí. Había un precioso vestido rojo con una tela muy suave y elegante, y algunas partes como de crochet.

—¿Te gusta? -preguntó nervioso.

—¡Me encanta! -dije aun embobada.

Era el primer vestido que tenía que no fuese de cuando tenía diez años.

Nunca me había puesto un vestido ya de más mayor.

—Pensé que te gustaría tener uno para estrenarlo esta noche.

—Es el primer vestido que tengo.

—Venga, abre los otros.

Abrí el siguiente paquete que era rectangular y duro. Dentro había unos zapatos de tacón negros de charol preciosos.

—¿Cómo sabias mi talla? -le pregunte sorprendida mientras me los probaba emocionada.

—¿Te acuerdas aquel día en el recreo? -me preguntó haciéndome recordar su tropiezo. -Pues era todo una táctica. Quería saber tu número y no sabía cómo pedírtelo y que no pareciese muy preparado. Para entonces ya estaba planeando tu cumpleaños.

—¿Y cómo sabías que mi cumpleaños era entonces? Yo aún no te lo había dicho.

—Bueno, ser profesor tiene sus ventajas… - me contestó guiñándome un ojo. -Venga, ¡siguiente!

Abrí el paquete más grande. Era un abrigo negro por encima de las rodillas precioso y muy elegante.

—Pensé que necesitarías algo para llevar con el vestido.

—Muchas gracias Natural, es muy elegante. Todos los regalos son geniales.

—Venga, abre el último -dijo emocionado.

El último paquete también era rectangular y duro, pero un poco más grande que la caja de zapatos. Cuando lo desenvolví había una caja de metal y dentro había todo tipos de maquillajes y cosas para el pelo. Había cosas para maquillar que ni siquiera sabía que existían. Y cremas y espumas de todo tipo. Había incluso una plancha para alisar el pelo y otra para rizarlo.

—No sabía si ya tenías estas cosas, o si ni siquiera las utilizas, pero pensé que tal vez te apetecería utilizarlo para esta noche. Para mi estás guapa de todas las maneras, pero pensé que era lo que todas las chicas tienen. Ya sé que no eres como todas las chicas…

—¡Es estupendo! -le interrumpí viendo que se ponía un poco nervioso al pensar que no había acertado con el regalo.

Dejé el regalo sobre la mesa y me puse sobre él mientras le besaba apasionadamente. Nos estuvimos besando un rato y cada vez nos costaba más controlarnos.

—Será mejor que nos preparemos - dijo acalorado y llenos de deseo mientras intentaba controlarse.

Me di una ducha mientras Natural se preparaba en su habitación. Me puse el vestido y me sorprendí de lo bien que me quedaba, y para que yo pudiese decir eso, era que realmente me quedaba bien. La forma del vestido marcaba las curvas de mujer que ya se habían adueñado de mi cuerpo y que ocultaba bajo mi ropa de diario. Me puse espuma en el pelo y me quedó con una bonita ondulación que ni siquiera sabía que tenía. Después me pinté un poco los ojos con una sombra negra discreta que hacía que me resaltara la mirada. También me puse rímel, un poco de colorete y un toque discreto de pintalabios rojo. Cuando acabé de ponerme los pendientes, el collar de Minerva y los zapatos de charol, no había quien me pudiese reconocer. Salí del cuarto de baño un poco nerviosa. Natural me miró boquiabierto durante un buen rato.

—¡Estás increíble, Touko! - me dijo atónito.

Se acercó a mí, me cogió de la mano, y me hizo dar una vuelta bajo su brazo. Después me cogió por la cintura y me apretó contra él.

—Soy la persona más afortunada del mundo -me dijo dándome un tierno beso en los labios.

Natural también iba muy guapo. Se había puesto unos tejanos oscuros que le quedaban genial y le hacían una figura por la cual más de una estaría dispuesta a morir. Llevaba un jersey de punto fino muy elegante de un azul clarito que le iba genial con el color de los ojos. Pero lo que más me distraía era un perfume que se había puesto que me estaba volviendo loca.

El restaurante era muy bonito, y muy caro, por lo que me ponía un poco nerviosa. Intenté no pensar en eso. Si Natural me llevaba allí era porque le hacía ilusión, y yo quería que él supiera que estaba muy agradecida por todo lo que había hecho por mí.

De camino a la mesa, noté cómo los hombres de las otras mesas me miraban al pasar, y cómo las mujeres que les acompañaban también lo hacían, pero con otro tipo de mirada. Nunca me habían mirado tanto. Natural parecía divertido por aquella reacción, y me seguía orgulloso. Por una vez me miraban más a mí que a él.

La cena fue exquisita, con platos que tenían nombres que ni siquiera podía pronunciar. Todo era muy elegante y romántico, con velas y flores en cada mesa. Para el postre, me trajeron un pastel sorpresa con unas velas encima, y aunque al principio el único que empezó cantando el cumpleaños feliz fue Natural, poco a poco todo el restaurante se fue uniendo y tuve que levantarme al final, un poco abochornada, para agradecerles sus felicitaciones. Una vez de vuelta en su casa Natural me pidió que me quedara unos segundos en la habitación de estudio. Con todas las cosas que habíamos hecho ese día, no me había apenas dado tiempo en pensar lo que iba a ocurrir esa noche. Tenía ganas, pero no podía evitar tenerle un poco de respeto al asunto.

—Ya puedes salir -me avisó desde el comedor.

Cuando salí, vi que Natural había apartado el sofá y había bajado el colchón y lo había puesto delante del fuego, que ardía con fuerza. Había puesto las flores y los globos repartidos por el comedor, y en el colchón había otro regalo. Cuadrado y grande, pero plano. Le miré emocionada sin decir nada. Se acercó a mí y me besó.

—Éste es el último por hoy. Mañana por la mañana te daré el último -me dijo cariñosamente.

Era inútil reprenderle, así que me senté en el colchón para abrir el último regalo. Era lámina tras láminas de las fotos que me había hecho en las sesiones de fotos, pero estaban retocadas con el efecto de sobre exponer imágenes como me había enseñado de sus trabajos anteriores, pero éstas eran mucho más bonitas, no porque saliese yo, pero porque de verdad que eran increíbles. Mi cuerpo y mi cara se unían de maneras inimaginables con fotos de la naturaleza. Había unas diez fotos de ese tipo, y después llegaron las del río. Había una que era igual que la pintura de algún museo. Había otras diez que también eran increíbles.

—No sé qué decir Natural, son magnificas.

—Sólo son magníficas porque sales tú en ellas.

Se me volvieron a llenar los ojos de lágrimas de la emoción.

—Eres tan bueno conmigo… no tendrías que haber hecho tantas cosas por mí -le dije acurrucándome en su pecho mientras no podía aguantar más las lágrimas.

—¿Te ha hecho feliz? -me preguntó con cariño.

—Sí -le contesté entre sollozos.

—Pues es todo lo que quería.

Me limpió las lágrimas con sus manos y me besó. Apartó las láminas y las puso en el sofá. Luego me cogió con cariño y me tumbó en la cama.

—Quiero que sepas que si no estás preparada y prefieres esperar, sólo tienes que decírmelo. No es ninguna obligación que ocurra hoy. Esperaré el tiempo que necesites.

—No, quiero hacerlo contigo y quiero que sea hoy. Estoy un poco nerviosa pero supongo que es normal.

—Si en cualquier momento quieres parar, por favor dímelo. Quiero que ante todo sea algo bonito y que tu estés a gusto -me contestó acariciándome la frente. -He pensado que con el colchón aquí abajo al lado del fuego sería más romántico.

—Es todo perfecto, Natural.

—Te amo más que a nada en este mundo -me dijo mirándome a los ojos.

—Yo también te amo.

Me besó y enredó sus brazos en mi cuerpo. Se quitó el jersey y le vi por primera vez el torso desnudo bañado por la luz dorada que salía de la chimenea. Yo no era de fijarme mucho en los músculos de los chicos, pero los suyos eran de infarto. Me recordó a los chicos que salían en los anuncios de calzoncillos, con aquellos cuerpos increíbles. Siguió besándome mientras se pegaba a mí. Poco a poco, me bajó la cremallera del vestido y me lo quitó con suavidad mientras me besaba. Me quedé en ropa interior y se apartó un poco para poder mirarme.

—Tienes un cuerpo precioso -me dijo mientras me acariciaba y me daba besos por la cintura, subiendo entre mis senos hasta llegar al cuello.

Se volvió a apretar a mí, y el contacto de su piel desnuda con la mía era suave, pero a la vez eléctrico. Me encantaba notar el calor de su piel sobre la mía. Se quitó los pantalones y volvió a apretarse a mí. Podía notarlo todo y él lo sabía. Mi sangre se seguía acelerando. Los dos respirábamos con fuerza a cada movimiento que hacíamos, a cada roce de nuestros cuerpos. Entonces me quitó el sujetador, y contempló mis senos desnudos por primera vez. Todos sus movimientos eran suaves y calmados y eso me tranquilizaba. Lo deseaba con todas mis fuerzas y podía ver en su mirada que él también me deseaba. Y entonces, con un gesto suave, me quitó lo que me quedaba de ropa interior. Se apretó contra mi cuerpo acariciando cada centímetro de mi piel, besándome con pasión sin intentar reprimir su deseo. Al cabo de unos minutos, Natural se desnudó del todo y se puso sobre mí, y poco a poco, y como si fuese la cosa más natural del mundo, ocurrió.