Lejanía

- ¡maldita sea! –exclamo Inuyasha en la sala de espera de la primera clase del aeropuerto de Los Ángeles.

Sentía que algo en él se había roto. Había un vacío en su interior. Le había mentido deliberadamente.

Estaría mejor sin ella. Se sentía traicionado, enfadado y dolido. Durante un largo rato, se quedo sentado, con la cabeza inclinada y las manos colgando entre sus rodillas, hasta que pudo pensar con claridad.

Mas calmado, comenzó a analizar su conversación con Kagome. Sabia que no podía dejar las cosas así entre ellos. No estaba dispuesto a dejarla marchar. De pronto, no le importo que pudiera tener hijos o no. Lo único que sabía era que Kagome lo había hecho reír cuando ya no le importaba morir o seguir viviendo.

¡Tenia que llamarla! Saco su teléfono móvil y se quedo pensativo, sin saber muy bien que ofrecerle. ¿Una relación temporal basada en la pasión? ¿O algo más duradero? ¿Podría perdonarle la mentira? Quizá tan solo quería disfrutar un poco mas de la atracción física que había entre ellos. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que las llamas desaparecieran? ¿Un año, un mes? ¿Y que ocurriría con el deseo de su padre de tener un nieto?

Demasiadas preguntas y demasiadas decisiones que tomar. ¿Qué le diría a su familia? ¿Qué su esposa era estéril? ¿O que no esta preparado para la paternidad? Una sensación de confusión lo invadió y no pudo pensar con claridad. Pero de algo estaba seguro: antes de volver junto a Kagome tenia que asumir el pasado.

Apretó un número de la agenda de su teléfono móvil. Tenia sus propios fantasmas a los cuales poner fin. Una eficiente recepcionista contesto al otro lado de la línea.

- Alessandro Rivaldi, por favor.

El guardaespaldas, a quien Inuyasha le había dado las instrucciones desde el aeropuerto la noche anterior, estaba apoyado en la encimera, apurando su café.

El teléfono sonó.

- el chofer ya esta aquí.

- ¿Quién es?

- Hakudoshi.

Su corazón se encogió. Creía haberle dicho a Inuyasha que aquel hombre la incomodaba, pero ya era demasiado tarde. Tan pronto como llegara a la oficina se lo diría a Bankotsu Kou. Tomo su portafolios y se quedo junto a la puerta mientras su guardaespaldas se aseguraba de que todo estaba tranquilo. Cuando le hizo la señal, salio y se metió en el coche, seguida del guarura.

El camino hacia el trabajo se hizo eterno y no pudo evitar pensar en lo extraño que se le haría la oficina sin Inuyasha. Tenia que empezar a acostumbrarse a aquella sensación.

Pero de momento, tenia que pensar en otras cosas, como enfrentarse a su padre.

***

Empujo con fuerza la puerta y entro decidida al despacho de su padre en la décima planta. Myoga Higurashi comenzó a levantarse de su sillón, pero al ver quien había producido el alboroto, volvió a sentarse.

- deberías haber avisado que vendrías. Se mas profesional, Kagome.

- ¿Por qué le dijiste a Inuyasha que había amenazado con suicidarme?

- ¿de que estas hablando?

- ¡no mientas! Él me lo ha dicho. ¿Acaso pensabas que no lo haría?

Por un instante, pensó que su padre se inventaría algo para salir de la situación.

- ¿Qué importancia tiene?

- Inuyasha salio del país y se fue a trabajar a sitios terribles porque le mentiste. ¿Lo hiciste para quedarte con las acciones de Sinco?

- fue un estupido por creerme. Nunca pensé que se lo creyera tan fácilmente o que se sintiera conmovido.

- Inuyasha es un hombre de buenos sentimientos.

¿Cómo podría amarla? Su familia siempre lo había engañado y mentido.

- le dijiste que testificarías para decir que la prenda que se encontró en su cama era mía y que cuando me dijiste que lo ibas a hacer, jure suicidarme.

Myoga sacudió los hombros.

- era culpable. Se merecía acabar en prisión.

La ira dio paso al desprecio.

- nunca fue Kykio. Fuiste tu el que puso aquella prenda en su cama.

Él se encogió de hombros.

- me dijeron que habías estado en su habitación la noche anterior. ¿Qué se pensaba que era Inuyasha para seducir a mis dos hijas?

Kagome se quedo mirando a su padre.

- gracias a dios que Inuyasha no es como tú.

- mira…

- no, escúchame y entiende lo que voy a decirte porque no lo repetiré. Inuyasha no me puso la mano encima por mucho que yo lo deseaba. Se mantuvo fiel a su esposa.

- Taisho no se habría ido nunca si no hubiera tocado a Kykio.

- Kykio mintió. Y tú lo pusiste en una situación difícil. Asustaste a su esposa y le dijiste que estaba dispuesta a suicidarme. Él era inocente y cuando su esposa murió, se quedo destrozado –dijo Kagome-. ¿Fuiste infiel a mama?

- ¡no! –exclamo palideciendo-. ¡Nunca! Amaba a tu madre.

- ¿crees que le hubiera parecido bien como te comportaste con Inuyasha?

Su padre no dijo nada.

- a mama le gustaba Inuyasha. ¿Y quieres escuchar algo irónico? Inuyasha se siente culpable de que mama muriera. Cree que podría haberlo evitado.

- eso es ridículo. Le pedí que las acompañara a tu madre y a ti al concierto. Yo pensaba ir con Kykio y encontrarlos allí. ¿Cómo podría ser responsable de aquel accidente?

- cree que es culpable porque cambiaron los asientos en el ultimo momento. Mama quiso sentarse delante, en donde Inuyasha iba a sentarse. Cree que debería haber muerto él. Por eso fue tan amable conmigo tras el accidente, porque se sentía responsable de todo el dolor que estaba sufriendo. Y yo pensé que su compasión era algo mas –dijo y mirando a su padre, añadió-. Y tú le premiaste arruinando su vida.

Su padre estaba destrozado.

- nunca me di cuenta de que estabas tan afectada. Siempre te veías tan tranquila… pensé que tu juventud te había ayudado a superar el dolor.

- me quede atrapada durante horas en el coche con mama. La oí lamentarse y luego morir.

- ¿Naomi no murió en el acto?

- la sentí morir y no pude hacer nada. Solo tenía a Inuyasha. El se quedo a mi lado y nunca me soltó la mano durante aquellas terribles horas.

Su padre rodeo el escritorio.

- no lo sabia. Pensé que había muerto en el acto –dijo entristecido-. Te defraude y también defraude a Naomi. Fue muy difícil superar la muerte de tu madre –dijo ocultando el rostro entre sus manos-. Pensé que siempre estaría ahí y, de repente, una noche de verano, mi sueño se desvaneció. No sabia que hacer, no sabia como sobreviviría a aquella soledad.

Kagome trago saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

- pensé que lo único que te importaba era el trabajo –dijo con lagrimas en los ojos.

- eras demasiado joven para hablar.

- la muerte de mama me hizo madurar –dijo dando un paso hacia su padre-. Todavía la hecho de menos.

Los ojos de Myoga Higurashi brillaron húmedos.

- yo también –dijo abriendo los brazos.

***

- ¿Dónde esta tu esposa? –pregunto Inu No Taisho en su habitación privada del hospital.

La madre de Inuyasha, Izayoi, estaba sentada en una silla junto a la cama, estrechando su mano, mientras su hermana menor servia un vaso de jugo.

Inuyasha comprobó que en tan solo un día, el aspecto de su padre había mejorado.

- esta en Nueva Zelanda. Nos pareció que debía venir cuanto antes.

- pero no me estoy muriendo. Deberías haberla traído contigo. Quiero conocer a la mujer que será la madre de tus hijos –y lanzando una mirada hacia Inuyasha, añadió-. El doctor me ha dicho que estoy muy bien para tener setenta años. Quizá yo mismo puedo ir a Nueva Zelanda a conocerla.

- será mejor que esperemos un tiempo, papa –sugirió Inuyasha.

Aquella estaba siendo una recuperación milagrosa, pensó Inuyasha entrecerrando los ojos. Sacudió la cabeza. No, no era posible. Inu No Taisho había sufrido un infarto. Quizá había exagerado la gravedad.

Su padre se incorporo, pidiéndole a su hija que acomodara sus cojines. Inuyasha acudió solícito a su lado y cuando todo estuvo al gusto de su padre, tomo la palabra.

- eres un viejo sinvergüenza y sin escrúpulos, Taisho.

La mirada de culpabilidad que le lanzo el viejo fue la muestra de que sus sospechas eran ciertas.

- las noticias que me traes me hacen sentir mejor. Tienes que volver junto a tu nueva esposa. Dile que la familia quiere conocerla –dijo su padre sonriendo-. ¿Cuál es el nombre de la afortunada?

- Kagome.

- ah, Kagomi, bonito nombre. Una buena elección hijo.

- Kagome, papa, no Kagomi.

- ¿y su apellido?

- Higurashi –contesto Inuyasha reticente.

Su hermana ahogo un grito.

- ¿Higurashi? –Repitió su padre-. Ese es el apellido de la familia que…

- espera, querido –dijo Izayoi-. Deja que Inuyasha hable.

- es la hermana de la mujer que me acuso.

- no cometas un error, hijo mío.

- tendrán que decidir por ustedes mismos.

- quiero conocerla –intervino su pequeña hermana-. La mujer que se haya casado contigo, tiene que ser muy especial y tener una paciencia única para poder soportarte.

La preocupación del rostro de su padre, comenzó a desaparecer.

- le contare a Kagome que están deseando conocerla –dijo Inuyasha mas decidido que nunca a detener los planes de divorcio de Kagome.

- estupendo –dijo su padre enormemente satisfecho.

- ¿Por qué tengo la sensación de que papa estaba deseando que llegara este día? –murmuro Inuyasha a su hermana.

- quizá porque no acabo de encontrar marido y Zoey ya esta casada. Y claro, tiene una hija, pero eso no cuenta. Tú eres su última esperanza de perpetuar el nombre de la familia.

¿Cómo iba a decirles que su esposa nunca tendría hijos?

- Inuyasha, deberías comunicar a los Rivaldi que has vuelto a casarte. Alessandro querrá felicitarte.

Inuyasha inclino la cabeza. Había estado posponiendo aquella visita, que debería haber hecho en su viaje anterior a Milán. Pero el volver a ver a su cuñado, volvería a abrir viejas heridas. Después de todo, Alessandro había perdido a una hermana.

Inuyasha apretó los puños. Las dos mujeres que habían estado a su cuidado y protección, Naomi Higurashi y Kira Rivaldi, habían muerto.

- he quedado con Alessandro para vernos –dijo, confiando en que no le molestara su nuevo matrimonio.

Recordó los ojos chocolate de Kagome y su irresistible sonrisa. Lo había engañado. Pero era dulce, amable y lo único que quería era su felicidad.

Tenía que tomar lo que tenia, correr el riesgo. Pero lo del heredero… miro las manos entrelazadas de sus padres. Kagome le hacia sentir muchas cosas que nunca antes había experimentado.

De repente, la echaba de menos desesperadamente.

***

La bocina de un coche sonó fuera.

El auto había llegado más pronto que el día anterior. Le dolía la cabeza y su rostro evidenciaba la mala noche que había pasado.

Su había sentido tentada a meterse en la cama y pasar el día durmiendo, pero el trabajo la esperaba. Tenía que olvidar a Inuyasha y concentrarse en su carrera. Buscaría otro trabajo, al menos así no estaría junto al despacho vacío de su apuesto y peligroso amante.

Al oír de nuevo la bocina, tomo su portafolio y se dirigió a la entrada.

- lo siento, se me ha hecho tarde.

Un nuevo chofer, con gafas de sol oscuras, la esperaba junto a la puerta del coche. Bankotsu había tenido en cuenta su opinión acerca de Hakudoshi. Al sentarse en el coche, reparo en que el modelo era diferente.

- ¿Kyokotsu? –pregunto asustada.

El asiento trasero estaba vacío. Trato de abrir la puerta. Pero estaba cerrada. De pronto se dio cuenta de que hacia unos quince minutos que no veía a Kyokotsu. Le había avisado de que el desayuno estaba listo y luego había dejado de oírlo. ¿Estaría también detrás de aquello? Su mente barajo la posibilidad de que estuviera muerto.

Kagome golpeo la ventanilla con su portafolios, pero era blindada. Otra ventanilla oscura la separaba del conductor.

- déjeme salir.

El coche arranco a toda velocidad. Respirando entrecortadamente, Kagome trato de controlarse para no dejarse llevar por el pánico. Aquello era lo que Inuyasha temía que pasara, pero no estaba dispuesta a dejar que cualquiera se saliera con la suya.

- ¿te has vuelto a casar? Deja que te de la enhorabuena –dijo Alessandro abrazando a Inuyasha.

- gracias –dijo Inuyasha comenzando a sentirse relajado.

- llevas mucho tiempo desaparecido, Inuyasha.

- si, se que debería haber venido antes a visitarte.

- nunca llegue a entender porque nunca aceptaste mi ofrecimiento de ayuda. Te hubiera conseguido los mejores abogados del mundo.

Inuyasha se encogió de hombros, pensando en lo estupido que había sido al creer las mentiras de Myoga.

El pensar en un mundo sin Kagome lo hizo estremecerse.

- Kira no creyó en mi inocencia, así que, ¿Qué sentido tiene tratar de demostrarla a un puñado de desconocidos?

- Inuyasha, solo te diré esto una vez. Tienes una vida por delante. Olvida a Kira. Recuerda lo que tuvieron, pero no la idealices.

- no quiero olvidarla, Alessandro –dijo Inuyasha, deseando poder dejar el dolor atrás-.

- lo se. Yo también quería a mi hermana y la hecho de menos. Pero no estaba ciego a sus defectos. No pienses que no se que podía llegar a ser muy terca.

Inuyasha rió ante las palabras de Alessandro.

- si, a veces lo era.

- ¡muchas veces! Tenía tendencia a la depresión y era muy insegura. Recuerdo lo celosa que era, siempre le preocupaba que te enamoraras de otra mujer mas joven.

- eso es absurdo –dijo Inuyasha mirando sorprendido a Alessandro.

- es cierto, ¿Por qué crees que estaba tan furiosa por aquel desastre? Era su peor pesadilla hecha realidad.

- la amaba y nunca me sentí tentado por ninguna otra mujer –dijo Inuyasha, enfadado de que su lealtad y honor fueran puestos en juego.

Aunque en el fondo, se sentía culpable. Se había sentido atraído por aquella joven de dieciocho años llamada Kagome, aunque nunca habría traicionado a Kira.

- lo se –dijo Alessandro dándole una palmada en el hombro-. Nunca dude de ti ni por un instante y se lo dije a Kira. Pero quería hacerte sufrir –añadió dejando escapar un suspiro-. Y ahora, aquí estas, enamorado de nuevo.

- yo no… -comenzó a decir Inuyasha, pero se detuvo.

Alessandro tenía razón. Tenía una nueva oportunidad para ser feliz. Había llegado el momento de decirle adiós a Kira.

Entonces, su teléfono móvil comenzó a sonar insistentemente y miro la pantalla. Al ver que era un número de Auckland, su corazón dio un vuelco.

- ¡Inuyasha!

Al comprobar que era Myoga Higurashi, sintió que las rodillas se doblaban. Lo siguiente que le dijo, hizo que su cabeza comenzara a dar vueltas.

- oye, ¿estas bien? –pregunto Alessandro, preocupado, poniendo una mano en el hombro de Inuyasha, a la ves que éste colgaba.

- mi esposa ha sido secuestrada –contesto tratando de no mostrar el dolor que sentía.


Bueno primero que nada, miles de disculpas por tardarme tanto con este capitulo, esta semana era la deciciva y en la que se levo a cabo el evento mas importante del semestre en mi universidad asi que no pude hacer mucho u,u

Entre otras cosas, lamento mucho lo ocurrido con las personas del pais hermano Chile, México esta dispuesto a brindar toda la ayuda posible y desde aqui un abrazo y animos para todas aquellas personas, bueno y preguntaran ¿porque esto aqui? Bueno, a mi punto de vista es uan gran desgracia lo que esta ocurriendo en diversas partes del mundo, México es un pais que sabe lo que es sufrir ese tipo de desgracias y siempre esta dispuesto a ayudar, el porque poner este mensaje aqui, es por el hecho de que a mi punto de vista la mejor escritora que hay en Fanfiction es Lady Sakura Lee quien es de nacionalidad chilena, y muchos de los miembros de FF se han unido con ella, y yo como su fan quise expresarle mi pesar y mi apoyo en estos momentos tan dificiles para su pais.

En cuanto al capitulo, pues me resulto bastante emotivo e incluso chuscos en ciertos momentos (como la convivencia de la familia Taisho) y pues un momento muy emotivo y que en lo particular me llego fue el momento en el que tanto Myoga como Kagome recuerdan a Naomi u,u yo se perfectamente lo que ella siente con respecto a su mami T.T

Como siempre, les pido que me dejen sus comentarios, buenos o malos, sirven para mejorar, pueden enviarme cualquier tipo de mensajes en cualquiera de mis espacios, para mas informacion y novedades acerca de nuevas publicaciones pueden visitar mi space live: .

¡hasta el proximo capitulo!

Youko'Cullen~Wolff