Hola: La primer parte de este cap. está inspirado en la canción Ni un roce cantada por Ana gabriel. Yo siempre tan moderna con los temas musicales (nótese el sarcasmo jaja)
Besos Ale
Capítulo 10
Ni un roce
-¡No lo soporto más! – Gritaba Hermione ingresando a la tienda - ¿Hasta cuando seguirán acosándonos?
- Hasta que encuentren otra noticia más interesante.- Le contestaba George.
Hermione movió la mano al viento como para cambiar de tema y se dirigió al mostrador a trabajar, Ron se apareció desde su oficina.
- ¿otra vez? – preguntaba sonriente
- Estoy harta, incluso me duelen los ojos de tantos flashes de las cámaras fotográficas.
- Ya se les pasará – Le decía él acercándosele; apenas estuvo a su lado una lluvia de luces fulgurosas inundaron el interior de la tienda.
George, Angelina, Ron y Hermione miraron por la ventana, unos diez reporteros se hallaban pegados a la vidriera aguardando alguna noticia para publicar.
-Esto me da una idea para una nueva broma – Decía George dirigiéndose al primer piso donde estaba el laboratorio.
- Toma Ron – Declaraba Angelina extendiendo un libro en sus manos y con una nota por encima – Son las ventas de ayer y arriba el detalle de lo que me llevo hoy. Hasta mañana – Saludaba desapareciendo por la chimenea.
Detrás del mostrador se quedaron los dos, ellos sabían que la prensa los acosaría durante un tiempo, y que deberían guardar las apariencias en público, pero ya se estaba haciendo imposible de sostener.
Hermione se había integrado muy bien a la compañía, como le había hecho saber a Ron, ella quería empezar desde los puestos inferiores, con lo cual tomó el trabajo de Ludmila.
El pelirrojo le había contado que la chica, al verse acosada por los aurores, se había quitado la vida, cosa que agregaba algo más de morbo a toda la historia de la desaparición de Hermione, pero ese tema ya había quedado olvidado en el pasado.
Pero ahora Hermione era la encargada de atender la tienda del callejón Diagon, todos intentaron disuadirla de que sería mucho más eficiente llevando la parte administrativa de la empresa y ella estuvo muy agradecida por los elogios pero se mantuvo firme en su decisión.
Realmente Sortilegios no era una empresa muy grande desde el punto de vista muggle, pero en el mágico era una empresa bastante importante. Tenía sucursales en Hosmeade, algunas ciudades de Inglaterra y un puesto en Hogwarts controlado de cerca por Macgonagal.
El próximo paso era la expansión internacional, pero ello llevaba tiempo, cosa que ninguno de los socios tenía ya que los Weasley priorizaban a la familia.
Ron era excelente llevando los libros, manejando a los proveedores y la distribución,
George era el creador de las ideas y además ambos eran vendedores natos.
Angelina, se encargaba de la sede de Hogsmeade a la cual iba más seguido George; la parte administrativa estaba en el callejón Diagon, con lo cual Ron y Hermione estaban prácticamente juntos todo el día sin levantar sospechas.
Pero la situación se complicaba, y era que Hermione había descubierto a un nuevo Ron, apasionado, vehemente, enloquecedor y totalmente entregado a brindarle placer; lo peor es que también había descubierto una nueva Hermione, lo cual la sorprendía aún más ya que era aún más candente que su marido.
Solían entregarse por entero cada noche, ella intentando experimentar por si misma aquellos recuerdos, que si bien quedaban marcados en su mente como si los hubiese vivido, no sabían de igual manera al experimentarlos realmente.
Todas las noches eran nuevas para ella, un sin fin de alucinantes sensaciones que la apabullaban, dejándola exhausta, pero completamente satisfecha.
Notaba que algunas veces Ron la sentía extraña y ella siempre se excusaba con el mismo pretexto del viaje con el giratiempos, pero no dejaba de notar que él continuaba escéptico.
Por suerte, sus detallados diarios, le dieron las herramientas para poder lidiar con las suspicacias de Ron.
Muchas veces se veía tentada de contarle la verdad, pero de hacerlo tiraría por la borda todo su esfuerzo y además. ¿Cuál era la verdad? Ella había modificado el pasado, no le había mentido, no al menos del todo, y así debía quedarse la historia. La mayor felicidad era que el destino le estaba dando una segunda oportunidad y con solo eso ella era más que feliz.
Pero el verdadero dilema se presentaba por la adicción que tenían uno para con el otro.
Estar separados era una tortura, por eso Ron insistió que ella trabajara allí con él, pero era más tortuoso estar tan cerca y no poder siquiera tomarse de las manos, especialmente cuando Ron la ayudaba en la tienda y dejaba los libros de lado.
Ambos intentaban guardar la compostura. Pero Hermione se embobaba cuando Ron atendía a la gente con esa sonrisa encantadora. ¡Era tan sexy! Y aún no podía entender como era que él parecía tan frío y distante.
Lo que ella no sabía era que a Ron le sucedía lo mismo y cada vez que ella se inclinaba sobre el mostrador o se estiraba para alcanzar alguna mercadería en un estante alto, no podía evitar querer saltarle encima. Quedándose extrañado de que ella ni siquiera tratara de acercársele o le dirigiera un mínimo de contacto
Pero generalmente ambos salían airosos de esas situaciones, el día trascurría tranquilo y por la noche desbordaban toda esa pasión contenida.
Pero, cierta tarde Ginny y Harry fueron a visitarlos; la pareja estaba muy acaramelada, se besaban como si aún fueran novios y se abrazaban juntando los cuerpos como dos adolescentes.
Tanto Hermione como Ron deseaban gritarles que se separaran, que fueran a hacerse arrumacos a otra parte, en definitiva, que no comieran dulces frente a los niños castigados, que por supuesto, en ese momento eran ellos.
Ron intentaba concentrarse en anotar a conciencia las cantidades de elementos que había en una vitrina, levantaba la vista de tanto en tanto para ver a Hermione a través del espejo, la cual estaba, aparentemente hablando tranquilamente, inclinada, sin darse cuenta cuan sexy era para él esa postura, sobre el mostrador, con la pareja de amigos que seguía sin separarse, él no soportaba la idea de hacerla suya en ese preciso momento, pero debía ser fuerte y resistir hasta la noche.
Cuando Harry besaba a Ginny, Hermione miraba a Ron quien parecía ciento por ciento concentrado en su tarea y que de tanto en tanto levantaba el brazo y lo pasaba por su cabellos y luego retornaba su tarea; la castaña se mordía el labio inferior, esa acción era tan sensual que sin pensarlo le arrancaría la ropa en ese momento y le haría el amor salvajemente, pero debía ser fuerte y resistir, al menos hasta la noche.
Sin darse cuenta, ambas miradas se conectaron, apenas furtivamente pero bastó esa fracción de segundo para que ambos se leyeran mutuamente la mente, pero eran adultos y racionales y cada uno siguió con su labor.
- Buen día – Saludó un cliente ingresando a la tienda.
- Buen día – replicó Hermione - ¿En que puedo servirle?
- estaba buscando un juego de pirotecnia, que termine en forma de dragón.
- Una de las más famosas de nuestras invenciones – Declaraba Hermione mirando al cliente al tiempo de dirigiéndose hacia donde estaba Ron.
No notó que había una caja en su camino y tropezó, debiendo apoyarse en la espalda de Ron, por apenas unos instantes, ese leve roce le provocó una oleada de calor; generalmente las miradas ya eran de por sí suficiente para que, sin ni siquiera rozarse ella soñara con lo que él le haría a la noche, pero al tocarlo los cabellos de la nuca se erizaron.
Pero pronto se compuso, tomó la mercancía y terminó de atender al cliente sin que nadie notara absolutamente nada de lo que sucedía en su interior.
- La verdad que eres muy buena vendedora – Le decía Ginny.
- Ella siempre fue muy capaz
- Silencio Harry, alguien te puede oír.
- Descuida Ginny, tengo un hechizo que detecta animagos, Rita no pondrá sus narices, o mejor dicho pinzas, aquí – Declaró Ron sin siquiera levantar la mirada, pero a pesar de su fría respuesta, por dentro aún le quemaba el contacto de la mano de Hermione en su espalda y eso que sólo fueron algunos segundos.
- Igualmente Ginny tiene Razón, Ron. Mejor ser más cuidadosos. Bueno, nos tenemos que ir.
- ¿tan pronto? – preguntó Hermione
- Hoy es un día especial y tenemos que hacer unas compras.
- Aquí tenemos lencería erótica comestible, de varios sabores.
- ¡George! – Reprendía Ginny al recién llegado.
- ¿En verdad? – preguntaba más honestamente Harry
- ¡Harry! – Lo amonestaba su mujer.
- ¡Vamos Ginny! – Decía George – parece que sólo ustedes no se dan cuenta del espectáculo romántico que hacen. Además sin ninguna consideración por ellos dos – Concluía George señalando a Hermione y Ron y subiendo la escalera a su laboratorio – Hasta el domingo – Saludaba desapareciendo.
- Disculpen – Decía Harry sonrojado, no más que las otras tres personas que se encontraban en el recinto.
- Tranquilo Harry – respondía Ron – George exagera, tampoco estamos todo el tiempo pensando en eso – Mintió sin siquiera levantar la vista del pergamino con el cual chequeaba la mercadería.
Hermione se limitó a asentir.
- De igual modo lo sentimos y de todas maneras nos tenemos que marchar , nos vemos el domingo en casa, en la cena de nuestro aniversario.
- ¡Que de seguro ustedes festejaran hoy a la noche! – Les gritaba George desde el primer piso
- ¡Ya cállate! – Le gritaba Ginny siendo empujada por Harry a la salida.
- Adiós – Los saludaba Hermione sonriente.
Todo parecía normal, pero la mecha ya había sido encendida y era cuestión de minutos para que la dinamita estallara.
Hermione observaba furtivamente a Ron quien otra vez realizaba ese movimiento; el brazo levantándose, marcando el bíceps y esos dedos pasando entre los cabellos de fuego, un poco ya apagados pero aún con el salvaje peinado de antaño, la castaña sentía que durante esos mínimos segundos todo trascurría en cámara lenta , y otra vez el mismo movimiento; Ron acariciando sus cabellos y ella soñando que su mano acariciaban su piel; Ron acariciando su cabello y ella deseando que esos brazos poderosos la apretaran hasta hacerla desfallecer.
Recorría con la vista todo el cuerpo masculino, desde las fuertes piernas, los glúteos perfectos, la ancha espalda; y al llegar a su cabeza pudo observar a Ron que la miraba fijamente a través del espejo del mueble.
Ron no dudó, segundos antes estaba observando por medio del espejo de la vitrina a su mujer, sus esbeltas piernas, sus anchas caderas, su estrecha cintura, sus voluptuosos senos, hasta encontrarla mirándolo tal cual él lo hacía ahora.
Y la dinamita estalló.
Provocando un estruendo la mercadería en manos de Ron cayó al suelo y ambos se acercaron a la velocidad de la luz.
Todo ocurrió demasiado rápido, de alguna forma sortearon todas las cajas que los separaban y se unieron en un beso furioso e incontrolable.
George bajó corriendo la escalera, sorteando los escalones de dos en dos, asustado por el ruido pero internamente suponiendo que sucedía; y tal cual lo predijo, al llegar a la planta baja, ya era demasiado tarde para advertirles que se separaban y una lluvia de flashes lo obligaron a retroceder tapándose los ojos con los brazos.
Cuando su vista de adaptó a la fulgurosa luz pudo observar a su hermano y cuñada fundidos en un beso como si fueran metales incandescentes.
- ¡Los periodistas! – Llegó a gritar y la pareja se separó mirando a la vidriera y nuevamente otra oleada de luces los invadieron; Ron atinó a abrazar a su esposa y desaparecer junto a ella pero la noticia se regó como pólvora encendida.
¡Ronald Weasley y Jane Granger! Sabíamos que era cuestión de tiempo para que el otrora héroe que ayudo a vencer a Voldemort, devenido ahora en empresario de Sortilegios Weasley se enamorara de su cuñada. Como los vemos en la fotografía de la portada y las siguientes de las páginas centrales, la pasión nació entre los dos, algo que dedujimos desde un principio. ¿O hay algo más?
Ron arrojó el periódico al fuego de la chimenea de la casa de Harry, detrás de él todos los demás aguardaban en silencio.
- Es una pena – Decía George – Salieron muy bien en las fotos, siempre dije que son muy fotogénicos.
- ¡George! – Lo amonestaba Angelina y los demás lo miraban seriamente
- ¿Qué? ¿Acaso es mentira? – Arthur llegó a menear la cabeza dándole la razón – Además, lo hecho, hecho está. Vele el lado positivo
- ¿lado positivo? – Preguntaba Ron.
- ¡Publicidad gratis para la tienda!
- ¡George! – Otra vez su esposa lo retaba. Pero ahora la que reía era Hermione y todos voltearon a verla.
- Lo siento, pero George está en lo cierto, no sucede nada extraño. Es muy normal que estas cosas sucedan. Sino miren a George y Angelina. – Todos comenzaron a darle la razón a la castaña, todos excepto Ron que seguía mirándola seriamente.
- Parece que no te das cuenta del peligro que corres. – Le dijo
- Malfoy está en Askaban. – Respondió ella.
- Pero él está planeando huir – Scospius habló por primera vez – Y además ya duda de esto.
- Despreocúpense, he doblado la guardia en la cárcel, y mañana mismo volveré a duplicarla. – Decía Harry con confianza.
- Además esto es una fiesta, así que dejémonos de malas noticias y sigamos con nuestras vidas – Terminó declarando Hermione llevando su obsequio de aniversario a sus amigos.
Ginny y Harry lo recibieron con una gran sonrisa y la fiesta se reinició.
Luego de terminar de cenar y ya entrada la noche Hermione y Ron se fueron a su casa, junto a Hugo, pero el chico se excusó al llegar a la misma.
- Tengo algo que hacer, nos vemos.
- es tarde – Decía Hermione
- Mamá, estamos de vacaciones y además ya no soy un niño.
- Si que lo eres, tienes aún dieciséis años, y te faltan cinco meses para cumplir los diecisiete.
- La misma edad en la que tú huiste del colegio para escaparte con dos chicos.
- ¡Estábamos intentando derrotar a Voldemort!
- Por supuesto, pero eso nadie lo sabía, para todos eran unos prófugos. – Hermione miró a Ron para que la ayudara pero él se dio la vuelta y se marchó a la cocina.
- ¡Adiós! – Ya le gritaba Hugo dentro de la chimenea y Hermione no pudo siquiera preguntarle donde iba o a que hora regresaría.
Entró en la cocina y sin esperar preguntó
- ¿Me puedes decir que te sucede? Sigues preocupado por la noticia. ¡Olvídalo!
- ¿Olvidar? Para ti es muy fácil decirlo. Tú no debiste pasar por el tormento de perderte, de verte asesinada y observar tu cuerpo mutilado. Volverte un poco loco cada día, sin poder salir del sillón, sin querer hacerlo. Llorando como un niño, sin poder detenerme, olvidándome de mis hijos, de mi familia, de mi vida. Tú no padeciste tu muerte siquiera.
- eso no es verdad, yo…
- Entonces dime que sucedió
- No lo sé. Yo, no era yo.
- exacto. No eras tú. Entonces… ¿Quién eres Hermione? ¿Cuáles fueron los verdaderos motivos por los cuales cometiste un delito tan peligroso como robar un giratiempo?
- ya te lo expliqué.
- No me cuadra, hay algo que no me dices. ¿Cómo sabías que esos regalos eran de malfoy? Y si los aceptaste en el pasado, en que cambió eso las cosas. ¿Sólo modificaste eso en el pasado? O hay alguien más que no es el mismo. Cuando me observo en el pasado, en Hogwarts, no recuerdo ser así, tan seguro y apasionado y mucho menos romántico.
- Tu me lo preguntaste cuando encontré el poema, si quería que fueses más romántico y te contesté que sí. Además las personas cambian por amor, tal vez al estar conmigo te sentiste más seguro sabiendo que yo también te amaba y eso llevó a tu confianza. Mira Ron, yo te amo, no hay nada más.
- Me gustaría que me digas tú la verdad.
- No sé que es lo que quieres encontrar Ron, no hay nada. Dime. ¿Qué es lo que piensas?
- Lo que pienso… - Ron hizo silencio.
- Mira, si para ti no basta con saber que te amo, no sé que hacer, creo al final es lo único que importa.
Hermione se retiró de la cocina, iba subiendo la escalera cuando Ron salió de la misma y le dijo
- Eras amante de Draco. – Hermione se petrificó, quedándose estática en el descanso de la escalera. Giro lentamente hasta mirar a Ron. No sólo era hermoso y apasionado, era además demasiado inteligente y deductivo, pero ella debía mantener esa única mentira a como de lugar.
- ¿perdón? – Llegó a decir una vez repuesta de la afirmación de su marido – Al parecer los flashes de las cámaras fotográficas te han quemado una neurona.
- Fuiste al pasado, a cambiar errores, traspiés que llevaron a Draco a matarte, eso al menos dijiste al llegar, pero ¿como pudiste hacerlo si ya estabas muerta? Eso no me cierra y no entiendo como a alguien más no le llamó la atención. Así que por deducción regresaste a tu pasado a solucionar equivocaciones, que te llevaron a ser amante de él. Tú actuabas como un témpano al regresar, y parecías tener dudas de toda nuestra realidad. Dime Hermione, además de cambiar lo sucedido con Draco, los errores que cometiste. ¿A quién has cambiado? Me has cambiado a mi, nuestra realidad anterior a tu visita al pasado no era la misma, por eso los diarios, ángel de la guarda; te escribías a ti misma.
- No sé de que me estás hablando. Yo no soy un témpano. Además te expliqué muy bien que mis dudas se debieron a viajar y además la noticia de mi propia muerte.
– ¿Hasta cuando me seguirán mintiendo?
– ¡Tú estás paranoico! ¡Las cosas fueron como las conté! Y no pienso discutir más sobre ese tema – Hermione se retiró a su dormitorio, entró al baño, abrió la ducha y hasta no ingresar en ella no permitió que las lágrimas la invadieran.
Cuando las gotas de agua colmaron su rostro se permitió llorar, se tenía merecida esa tortura y mucho más, durante mucho tiempo se había culpado de su proceder con Drao, para luego culpar a Ron, finalmente pensó que ambos tenían un poco de culpa por su actuar, pero fue ella la que aceptó encontrarse con Draco, ella hubiese podido evitarlo, pero estaba cegada por los halagos del rubio, pero agitó la cabeza, no quería pensar más en ello.
Justa o injustamente se había otorgado una segunda oportunidad y no pensaba desperdiciarla.
Sintió que la cortina de la ducha se corría volteó y observó el rostro de Ron asomado y que la miraba arrepentido.
– Lo siento – le decía – fui un completo idiota ¿Me perdonas?
Hermione pensaba que debía ser ella la perdonada, pero simplemente respondió, ofreciéndole el jabón
– Si me enjabonas la espalda puede que lo considere.
– ¿Sólo considerar? – Preguntaba Ron tomando el artículo de tocador asomando apenas el brazo– ¿Qué debo hacer para que me perdones? – Inquiría sonriente.
– Meterte en la ducha conmigo – Respondió Hermione y no más terminar su declaración el pelirrojo corrió la totalidad de la cortina y ya desnudo ingreso junto a ella en la ducha.
Hermione sonreía y volvía a pensar que justa o injustamente no desaprovecharía la oportunidad de ser feliz junto a él.
El casamiento de Rose y Scorpious se llevó a cabo a las pocas semanas.
Y si bien los chicos insistieron que fuera privado y sencillo, eso no impidió que fuese hermoso.
– Gracias mamá – Le decía Rose vestida con su hermoso vestido de novia que se enmarcaba perfecto a su esbelta figura.
– No – le respondió Hermione – Gracias a ti – La chica la miró interrogante pero ella simplemente la abrazó y acotó – No puedo decirte más, además no quiero que se nos corra el maquillaje. Bueno, estás lista, me voy – y antes de retirarse le advirtió – No permitas que tu papá te emocione – Ambas sonrieron con los ojos al borde de las lágrimas pero conteniéndolas.
Hermione aguardó en el primer banco de la sala de ceremonias improvisada en la madriguera; el casamiento le recordaba mucho al de Bill y Fleur. Por un instante su mirada se cruzó con la de Astoria que se encontraba en el altar jnto a Scorpious y ambas bajaron la mirada avergonzadas; una por la conducta de su marido y la otra por la propia.
Los acordes de la marcha nupcial sonaron y Hermione pudo ver a Rose y Ron, tomados del brazo avanzando. Notó el maquillaje de su hija retocado y miró mortalmente a su marido, pero al notar el brillo en la mirada de Ron dulcificó la mirada y le sonrió.
La ceremonia trascurrió sin interrupciones Harry igualmente había apostado algunos aurores para protección que generalmente custodiaban la carcel, ya que todavía existían seguidores de Voldemort que los acosaban.
Lamentablemente ese hecho desencadenaría en un desastre, al mediar la fiesta, mientras todos estaban despreocupadamente bailando y riendo, un auror con sus ropas rasgadas y mal herido irrumpió en el salón.
– Se han escapado varios reos de la prisión – declaró y cayó luego desmayado.
