La ciudad de Nagato es mundialmente conocida porque cada pequeña cabaña de madera en los alrededores cuenta con su propio onsen, o mejor dicho, sus propias aguas termales, volviendo así un poco más privada la experiencia de ducharse en ellas. Mi madre me comentó ésto cuando mi padre nos inscribió para el concurso y ganar para ella era algo como un sueño, por lo que estuvo esperando este día con emoción.
Lo primero que noté al llegar a nuestra cabaña fue una pequeña chimenea en una esquina rodeada de cómodos sillones, así como una ventana con una hermosa vista hacia un jardín a lo lejos; me acerqué dejando mi equipaje a un lado y fijé mi mirada en el jardín. Estaba tan encantada viendo hacia ese lugar que Levi se acercó con curiosidad para ver qué era lo que me tenía tan atenta.
- ¿Qué tanto miras, mocosa?
- Hay un jardín por allá... leí en alguna parte que en la noche las luciérnagas aparecen y lo convierten en un lugar mágico...
Me callé enseguida, no quería que el enano se burlara de mí y, conociéndolo, con sólo esas palabras lo haría. Él sólo se limitó a chasquear la lengua y cruzarse de brazos sin dejar de mirarme con aquella intensa mirada, lo que me puso bastante nerviosa a pesar de no verlo directamente. Justo en ese momento, mis padres entraron con sus maletas y se dispusieron a desempacar para acomodar sus cosas en los cajones, cuando mi padre salió un poco molesto a hablar con nosotros.
- ¿Acaso sólo hay dos habitaciones en este lugar?
Lo miré sorprendida y recorrí la cabaña con la mirada; en efecto, sólo consistía de esa pequeña sala de estar, una cocina, un baño, el famoso onsen y dos habitaciones. Me sonrojé al imaginar que tendría que compartir habitación con Levi, y al mirarlo pude notar que él también estaba pensando lo mismo, porque él me miraba de la misma forma.
- Bueno cariño, ¿qué más podías esperar? Después de todo nos ganamos las entradas...
- ¡Ese chico tiene prohibido dormir con mi hija!
- Nuestra, cariño... nuestra hija.
- Si, nuestra hija. Entiendes el motivo, ¿verdad?
Miré a mis padres muerta de vergüenza, sobre todo a papá; no dejaba de lanzarle miradas asesinas a Levi, y aunque éste le ignoraba tratando de evadir una discusión, mi padre se acercó amenazadoramente hacia nosotros, tomando el brazo de Levi bruscamente.
- Tú entiendes el motivo, ¿cierto, mocoso?
- Tsk... creo que debo dejarle claras algunas cosas, señor Ackerman, yo no pretendo hacerle daño a su hija, es mi más preciada amiga.
Permanecí en mi lugar alejada lo más posible de mi padre, escuchando cómo con cada palabra dicha por Levi se estrujaba mi corazón, sobre todo con 'amiga'. Mi madre, al darse cuenta de mi reacción y de cómo mi padre amenazaba con tomar el cuello de Levi, interrumpió con tal enojo que a todos nos sorprendió.
- ¡Bueno ya basta! Si el chico termina durmiendo en el sillón por culpa tuya, yo misma me voy a dormir con Mikasa.
- ¿Q-Qué dices...?
- ¡Lo que escuchaste! Duermes tú solo el resto del viaje si vuelvo a ver que eres grosero con Levi.
Apreté mis labios intentando no reírme, la expresión que tenía mi padre era única. Puede que mi madre fuera una mujer amable y bondadosa, pero cuando se trataba de hacer entrar en razón a papá, podía ser muy cruel con él si se lo proponía.
Mi padre lanzó un suspiro y se alejó nuevamente de nosotros sin decir palabra, quedando a un lado de mi madre; ella le sonrió con alegría borrando como por arte de magia esa ira que segundos atrás tenía y tomó su mano para llevarlo a la habitación que ellos ocuparían y así volver a la labor de acomodar las cosas. Levi y yo nos miramos al mismo tiempo, y ambos soltamos una carcajada que pudieron escuchar ellos claramente.
- ¡No se burlen, par de mocosos!
- Querido...
- L-Lo siento querida...
Escucharlos de esa forma nos hizo reír aún más fuerte, por lo que miré entre alegre y sorprendida al enano; era la primera vez que lo veía y escuchaba reírse de esa forma, y conocer ese lado suyo me gustaba...
- ¿Quieres ir a ese jardín en la noche?
- ¿Eh...?
- Para ver a las luciérnagas ''mágicas''.
- No te burles...
Le di un suave golpe en su brazo, fingiendo enfado. Por alguna razón, esa acción lo hizo sonreír más, por lo que mi corazón se aceleró descontroladamente.
- Ow... bueno, sino quieres no, nos quedamos aquí encerrados viendo cómo tu padre conspira contra mí.
- Cállate enano, sí quiero.
- Entonces es una cita.
- ...
El azabache acercó su rostro al mío, logrando enrojecer mis mejillas por el repentino acercamiento. Por un momento pensé que besaría mis labios de nuevo, o más bien éso esperaba, pero el chico simplemente dio un beso en mi frente y se alejó a la habitación que sería de nosotros, llevando su equipaje consigo.
...
Unas horas después, ya casi a punto de anochecer, mi madre y yo nos encontrábamos relajadas en el onsen, sintiendo el efecto que esas aguas lograban en sus visitantes. Me encontraba nerviosa por mi ''cita'' con el enano, y mi madre, como siempre, lo notó enseguida.
- Mikasa, ¿hay algo que quieras decirme?
- ¿Hmm?
- No me hagas mucho caso pero... mi intuición de madre me dice que tú y ese chico Levi son realmente muy cercanos, quiero decir... no parecen ser sólo amigos.
Sus palabras me hicieron sonrojar hasta las orejas, algo que mi madre no pasó desapercibido; era un hecho, se notaba mi atracción hacia él a kilómetros.
- Mamá... sólo somos amigos, pero...
- Pero... ¡lo sabía! Te conozco, Mikasa, esa mirada tuya te delata, ¿quieres mucho a ese chico, no?
- Estuve soñando con él... eran sueños extraños pero siempre apareció él en ellos... y cuando lo veo en la universidad o en cualquier lado me siento extraña, como si me faltara aire y un cosquilleo en mi estómago...
- A-já, está más que claro que lo que sientes por él no es un simple cariño de amigos, hija mía. En realidad es la primera vez que te noto tan feliz y triste a la vez... ¿acaso él no te corresponde?
- No es éso mamá... estoy segura que sí, me lo ha dicho, pero...
- ¡¿Que te lo ha dicho?! ¿Por qué no me has contado éso?
- Mamá...
- ¿Cuándo pasó? ¿Cómo? ¿Qué hiciste después?
Fue inútil cambiar el tema, por lo que terminé contándole con detalle lo que ocurrió ese día, muy a mi pesar. Una vez terminamos la plática, mi madre me dio ánimo para cuando llegara el momento de la verdad, de confesarme con el enano. Salimos del onsen y nos vestimos con unas yukatas que nos habían dejado en la cabaña como parte del premio. Arreglé lo más que pude mi cabello y me puse algo de maquillaje, pintando mis labios y dando un poco de color a mis mejillas. Ya pronto era la hora de la cita acordada, por lo que mis nervios aumentaron y mi torpeza junto a ellos, haciéndome tropezar con los muebles varias veces.
Estaba esperando a Levi sentada en el sillón frente a la chimenea, cuando de pronto mi padre y él salieron del onsen, vistiendo también sus yukatas. Ver a Levi así me hizo sonrojar más de lo normal; una parte de su pecho estaba descubierta, por lo que se podía notar con sólo éso el buen cuerpo que el azabache tenía. Al parecer yo no era la única sonrojada, Levi al acercarse a mí se rascó la nuca y giró su rostro tratando de ocultarse.
- Tsk... te ves... muy linda, Mikasa.
- Oh...
Eso fue suficiente para que mi corazón se alocara. Mi padre nos miró con furia y se alejó dando zancadas hacia su habitación, donde se encontraba mi madre. En cuanto a mí, aclaré mi garganta y giré mi rostro también, muerta de vergüenza.
- G-Gracias, Levi... tú también no te ves nada mal...
El azabache sonrió y extendió su mano hacia mí con timidez, un acto que si bien me pareció tierno, me dio algo de miedo por mi padre, pero ¡qué va! No iba a dejar que el miedo se apoderara de mí y por ende desaprovechara mi oportunidad.
Debo decírselo esta noche, pase lo que pase y cueste lo que cueste.
Caminamos tomados de la mano hasta que llegamos al hermoso jardín lleno de flores. La noche ya estaba cerca, por lo que nos sentamos sobre un banco de piedra que se encontraba por ahí a esperar.
Nos mantuvimos en silencio unos cuantos minutos, disfrutando de la vista, hasta que sentí su intensa mirada sobre mí, haciéndome girar el rostro para verlo. El azabache no dijo nada, se mantuvo firme y apoyó su mano sobre mi mejilla, acariciándola con su dedo pulgar. Yo no podía ni moverme, estaba atenta a sus ojos azul naval que se iban acercando a los míos hasta que inconscientemente cerré los ojos, esperando la unión de nuestros labios.
Pasaron unos segundos y nada ocurría, seguía sintiendo su mano sobre mi mejilla, podía sentir su respiración tan cerca, y aún así no entendía porqué aún no me besaba. No fue hasta que dijo mi nombre en voz baja que abrí los ojos y me di cuenta de que no me miraba a mí, sino hacia el cielo, por lo que imité su acción y levanté la mirada, sorprendiéndome al instante; un montón de hermosas luciérnagas adornaban el jardín sobre nuestras cabezas. El momento fue, como bien se había dicho, mágico, y aunque no pasó de aquello, sentí que algo había cambiado aún más en nosotros.
...
La ciudad se encontraba en completa calma, Levi observaba a lo lejos desde el techo de una casa a una figura que le pareció conocida, y no sabía bien porqué. A su lado se encontraba una chica sosteniendo unos binoculares, imitando su acción de mirar hacia el horizonte. De pronto, Levi habló.
- ¿Conoces al ''rebana gargantas Kenny''?
- ¿Eh? ¿El asesino serial del interior de la capital? Escuché que al menos a 100 miembros de la policía militar les rebanaron la garganta intentando capturarlo... es toda una leyenda.
- Pues es real. Vivía con él cuando era joven.
- Jejejeje... capitán, usted es muy... extraño, mire que bromear en un momento como éste...
De pronto, la figura que Levi había visto se encontraba debajo de ellos, al parecer intentando escalar, cuando inesperadamente sacó dos armas de fuego las cuales disparó, logrando dar en la cara de la chica.
- ¡Nifa!
Levi esquivó la bala apenas, moviéndose rápidamente hacia el otro lado del techo y ocultándose detrás de la chimenea, cuando una risa ruin y maliciosa salió de la boca de aquel hombre que le disparó.
- Oye, Levi, has crecido aunque, sigues siendo un enano.
- Kenny...
El hombre volvió a levantar sus armas y apunto hacia el azabache, disparando sin ningún aviso.
¡Mikasa...!
Desperté angustiada, muerta de miedo y con las manos de Levi sobre mis hombros, tratando de hacerme reaccionar.
- Mocosa... ¿qué pasa contigo?
- Levi...
Lágrimas interminables salieron de mi rostro y lo único que fui capaz de hacer en esos momentos fue abalanzarme hacia sus brazos, aferrándome con fuerza y ocultando mi rostro en su pecho.
- Tranquila, sólo fue un mal sueño...
- Pero Levi, lo sentí tan real...
- ¿Quieres hablarlo?
- Pues... tu tío Kenny te disparó...
- ... ¿Qué demonios dices?
- Y mató a una chica que iba contigo...
- Mikasa... escucha, el viejo Kenny estará loco, pero no me mataría, no tiene sentido.
Me aferré aún más a su camisa, pasaba ya de media noche y no se escuchaba más que el sonido del viento pasar. El azabache sólo se dedicó a acariciar mi cabello, como una forma para animarme, fue entonces cuando decidí que debía decírselo, confesar ese sentimiento que me carcomía por dentro.
- Tengo miedo... Levi, no quiero perderte nunca...
- No lo harás, Mikasa...
No pude soportarlo más, levanté la mirada hacia su rostro y llevé mis manos hacia sus mejillas, y a pesar de la sorpresa que reflejaron sus ojos, no me detuve; me acerqué con decisión hacia sus labios y los uní con los míos, compartiendo un torpe y cálido beso que sólo le pertenecería a él.
Date cuenta, Levi... Mi corazón te pertenece sólo a ti.
