Disclaimer: Erasé una vez, en un pais terroríficamente devastado por la tecnología nació un hombre japonés. Y algunos años más tarde creó Shingeki no Kyojin. Fin
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De repente sintió como si dos enormes clavos hubiesen anclado sus pies al suelo de mármol del museo, impidiéndole huir o desvanecerse. Por más que lo intentase sus ojos no podían apartar la vista del cabello corto y ligeramente anaranjado de la chica que se veía a si misma en aquel retrato.
Arrepentimiento. Era todo lo que podía sentir en esos momentos.
Cada vez que volvía a su casa, recordaba en su mente la última expresión de aquella pequeña chica. Con cada peldaño mientras ascendía hasta su habitación su imagen se iba haciendo más nítida. Cerraba la puerta y se sentaba frente a su escritorio, abría el último cajón y sacaba aquella libreta de esbozo que le había regalado su padre y hasta entonces había permanecido impoluta.
Después del pequeño incidente la primera vez que Petra vio su libreta, decidió no sacarla nunca más de casa. Eran cientos de dibujos suyos, cada expresión, cada risa, cada mirada. No sabía cuanto duraría su eterna felicidad mientras Petra se olvidase de él o decidiese comenzar a salir con algún otro chico. Quería atesorar esos momentos de felicidad. Dibujándolos.
Y nunca quería que ella malinterpretase sus sentimientos. No podía tener a la real, así que se conformaba con dibujar su perfecta e inmaculada piel sobre el papel rugoso.
Aquel dibujo había sido uno de los cientos que debía haber hecho ya de ella. Quizás más osado de lo habitual, nunca antes se había atrevido a dibujarla desnuda. Realmente, no tenía demasiados referentes para hacerlo, pero aún así, fue algo que quiso hacer por propia voluntad.
Pero, aquel dibujo debía estar con el resto, en el último cajón de su escritorio. ¿Cómo lo había descubierto su padre? ¿Por qué había elegido precisamente este y no cualquier otro en que saliese vestida? ¿Por qué lo había hecho pasar por suyo? Esas y mil preguntas más apresaban su cabeza provocándole un profundo e intenso dolor.
Ni aún así podía equipararse con el daño de contemplar su pequeña figura aún callada. Tragó saliva con fuerza cuando vio que sus pequeñas manos acariciaban el panel protector justo en la zona donde se entreveía su pecho.
No tenía ninguna excusa, ninguna manera de expresarle que no era lo que ella podía pensar erróneamente. Ni tampoco podía demostrar que el dibujo estaba basado en su imaginación. Su corazón se paró aún más cuando Petra bajó su mano izquierda hacia su propio pecho, como si lo comparase. Tan solo había sido producto de su imaginación, pero parecía haber acertado.
- Auruo, esto... - comenzó a decir ella devolviéndole a la horrible realidad.
- …...
- ¿Cuándo lo...has dibujado?
- …... - no podía decir nada. No podía responder. Las palabras se quedaban atascadas en su garganta y sentía como si su cráneo comenzase a pesar más y más, obligándole a fijar la vista en el suelo.
- ¿Auruo? - insistió.
- …... - sin respuesta.
- Creo que deberíamos hablar de esto – esas palabras fueron suficientes para que los clavos que lo mantenían preso desapareciesen y le permitiesen desvanecerse de aquella situación – La verdad es que creo que – antes de que pudiese terminar su frase, el chico salió corriendo de la sala sin importar el alboroto que causase, dejándola sola.
Tan solo pudo observar en silencio como salía de allí sin despedirse. Sin decir nada más, sin darle ninguna explicación. Tan solo lo que le había dicho justo antes de ver aquel marco: que lo había hecho él y su padre había decidido subastarlo.
- ¿Entonces es cierto? ¿Dibujaste esto para tu padre? - sus dedos volvieron a tocar el frío vidrio mientras una extraña humedad se agolpaba bajo sus cuencas oculares – Sabía que no debía haberme hecho ilusiones...
Y tal como había iniciado aquel día, recorrió el camino hacia su casa. Solo podía pensar en subir todos los escalones hasta su hogar y tumbarse en su cama. Tan solo esperaba que, cuando atravesase la puerta, las lágrimas ya hubiesen parado.
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Podía oír aquella grave voz tan resuenamente conocida desde que giró desde la esquina. Parecía elevarse más a cada paso que daba, como si anticipara lo que debía ocurrir. Él ya conocía perfectamente el significado de aquellos chillidos. Había pensado a lo largo de todo el trayecto todo lo que diría pero cuando su llave entró en la cerradura su determinación se desmoronó. Entonces lo comprendió: por necesidad.
Solo por eso. ¿Cómo podía culpar a su propio padre por intentar ganar dinero para su familia? Seguramente habría intentado decírselo, pero pasaba la mayor parte del día con ella, fuera de casa, no había habido momento. Cogió un dibujo entre cientos, no podía comprender lo que significaba para él cada uno de ellos.
Cuando hubo terminado de girar el pomo la voz de su madre se calló de repente y fue acompañada del sonoro sonido de sus pies al avanzar corriendo.
- ¡No sabía nada de esto! ¡Me acabo de enterar hoy! - intentó disculparse mientras corría hacia él – No se si lo sabrás pero tu padre...
- Ya lo se. No importa.
- ¡Claro que importa! ¡El inútil de tu padre no debería haber hecho eso! Escuchame, el aceptó un trabajo que no podía hacer. Cuando faltaba poco para la entrega aún estaba sin ideas. Así que cogió tu dibujo para copiarlo y...
- No pasa nada...
- ...Pero tampoco podía copiarlo porque le falta talento por todas partes – continuó la airada mujer mientras señalaba con el dedo a su padre que parecía estar en una eterna pose de disculpa - … Cuando lo vio el editor creyó que era suyo, que había cambiado su estilo y lo aceptó. ¡Y él muy cobarde en vez aceptar que era de su propio hijo dijo que era suyo!¡Si quieres golpearle te dejo!¡Te juro que yo lo haría si no tuviese una criatura suya aquí dentro!
- ¡He dicho que no me importa! - elevó la voz de repente sorprendiendo a su familia.
- Auruo...
- …...
- Auruo, hijo – se incorporó su padre de inmediato mientras le ponía una mano sobre el hombro – Les he confesado que no es mío. Lo siento, estaba desesperado y...
- No importa, papá.
- L-les he pedido que retiren el dibujo. Al fin y al cabo es tuyo. Es una exposición privada por lo que no tendrán problema en retirarlo.
- ….No creo...que puedas hacer eso... - articuló por fin – Ya ha sido vendido. Probablemente ya lo estén empaquetando para dárselo a su dueño.
- De veras que lo siento.
- Puedo hacer todos los dibujos que quiera. No era realmente especial – mentía.
Su madre se interpuso en su camino impidiéndole avanzar hacia su cuarto, notaba en su voz que algo había pasado. Y no era solo por haber perdido un trozo de papel que carecía de valor. Algo más.
- Cómo es tu dibujo, deberías decidir tú qué hacer con el dinero – asintió ella definitivamente – Puedes comprarte lo que quieras.
- No necesito nada ahora mismo. Solo quiero descansar – otra mentira. Solo podía pensar en tirar a la basura ese viejo block para no volverlo a ver más – Gastadlo en lo que queráis.
- ¡Auruo! - volvió a interponerse en su camino.
- Está bien. Me gustaría llevar a mis hermanos... a algún sitio. Algo divertido. Pasar una semana fuera o algo así – decidió de repente – Quizás un parque de atracciones o algo similar. Los más pequeños nunca han estado.
- No creo que con el dinero de un dibujo podamos ir todos fuera una semana.
- V-verás cariño... - acercó su boca a su oído y susurró una cifra que hizo temblar a su esposa.
- ¡¿Tanto?! - el hombre a su lado asintió con un ligero asombro – H-hijo, …... bien pensado... si alguna vez quieres volver a ayudar a tu padre...Por supuesto, que te reconozca tu mérito.
Sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta. Tan solo un ligero cabeceo y entró en su habitación cerrándola tras él.
- Este chico está raro. Pensaba que hoy vendría contento. Precisamente había quedado con su amiguita.
- ¿Petra? - preguntó el hombre algo sorprendido.
- Sí, esa chica. No me agrada mucho que una chica tan mayor pase tanto tiempo con él. Pero al idiota de tu hijo parece que le gusta. No se si es porque le gusta sentirse adulto o porque le compran alcohol o drogas o vete a saber qué.
- Deja eso ahora. ¿Sabes dónde han ido?¿H-han ido al museo?
- Claro, ¿cómo si no te crees que se ha enterado tu hijo antes de venir a casa?
- Ahora comprendo porqué está asi. El dibujo que cogí...Era de Petra.
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Se tambaleó hasta la puerta de entrada y comenzó a descorrer cerrojo tras cerrojo. Cuando la puerta estaba entreabierta se giró hacia atrás mirando al hombre que procedía a irse tras aquella intensa sesión de estudio. Los músculos le dolían de estar sentada durante horas con la espalda encorvada hacia su ordenador. Excepto algunos momentos de descanso, no habia podido estirarse mucho.
- Mañana no vengas tan temprano. Quiero dormir – bostezó mientras colocaba la mano delante de su boca y se despedía con gesto somnoliento.
- Debería de quedarme aquí para que te encargues de levantarte temprano – argulló mientras con una mano cerraba la puerta y la presionaba contra ella – Seguro que volverás a quedarte despierta con alguna estupidez y volverás a quedarte dormida. Todavía te queda mucho tiempo que recuperar.
- No creo que a Petra le haga gracia que te quedes a dormir aún. Además, – añadió mientras sonreía jugetona y colocaba sus brazos alrededor de su cuello – tu nunca me dejas dormir cuando estoy contigo.
- Nunca me has dicho que estuvieses cansada a la mañana siguiente.
Sus manos encontraron su cintura y le obligaron a inclinarse hacia él amenazando su boca con la suya.
- Vete ya, quiero dormir.
- Pensaba que te gustaban las estupideces románticas – besó con fuerza la comisura de sus labios mientras intentaba separarle los labios.
- ¿Qué tiene de romántico clavarme la cerradura de la puerta en la espalda?
Como si intentase prolongar más aquella despedida, la atrajo hacia él introduciéndo su lengua con fuerza y jugando con la de ella. Apenas habían comenzado aquel profundo beso cuando la puerta que acababan de abandonar se abría de repente.
Algo sorprendida por la extraña y repentina intromisión se giró súbita hacia atrás. Petra estaba llorando y parecía algo confundida. Deshizo su abrazo con Rivaille y corrió a socorrerla. Balbuceaba algo ininteligible que no podía traducir. Esperaba encontrarsela alegre y contenta tras aquella improvisada cita. No podía imaginarse que podría haber pasado para que aquel chico la hubiese hecho llorar.
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- ¿Y bien? - preguntó mientras comenzaba a desabotonar su camisa - ¿Qué le ha sucedido a Ral?
- ¿Qué haces desnudándote en mi cuarto? - exclamó algo sorprendida por su presencia sin aviso en su habitación – Cuando me fui con Petra recuerdo haberte dicho que te podías ir a casa.
- Prefiero pasar la noche aquí – comentó con total afirmación continuando con la parte inferior de su vestimenta - ¿Qué le ha pasado entonces?
- No cambies de tema, Petra se va a cabrear – insistió mientras veía que el hombre parecía dispuesto a quitarse toda la ropa - ¿Acaso vas a meterte en la cama desnudo? ¡Esto es un hogar de mujeres! Lo que tienes ahí abajo colgando está prohibido terminantemente.
- Eso no cuelga – corrigió – Lo sabes bien. ¿Vas a contestar a mi pregunta o no?
- …. - suspiró algo resignada. Era imposible discutir con él, dijese lo que dijese, haría lo que le diese la gana – Por lo visto ha visto un dibujo de Auruo y no sabe porqué lo ha hecho. Está algo confusa porque no entiende porque él ha hecho ese dibujo. No sabe si es porque le gusta, por casualidad, porque alguién se lo pidió. Está confusa.
- He visto decenas de dibujos del mocoso. No comprendo porqué está Petra tan escandalizada.
- Porque la ha dibujado desnuda – añadió haciendo un ligero gesto refiriéndose a su pecho – Y por lo visto ha sido bastante fidedigno – una pequeña carcajada que intentó cubrir con su mano – Al parecer, la ha dibujado como si tuviese unas pequeñas alas a la espalda. ¿No te parece tierno?
- ¿A la espalda? ¿La ha retratado de espaldas?
- Supongo que de frente le daría vergüenza o no sabría cómo hacerlo. – levantó su brazo hacia su cabeza y se giró imitando la postura del boceto – Algo así, creo. Con un poco de pecho viéndose. Y el trasero.
- ¿Nada más?
- Nada más.
- Pche, menuda tontería asombrarse tanto por un dibujo así. Que desperdicio de tiempo pensar en ello tanto – obviando el tema sujetó los brazos de la chica y la obligó a recostarse con él. Cuando intentó besarla, Hanji interpuso una mano entre los dos y le obligó a separarse.
- ¿No te preocupan? Petra cree que Auruo la ha dibujado por pura casualidad así, que no ha sido por ningún motivo especial. Y está deprimida por eso, porque está convencido de que él no la ve como una mujer. Y conociéndo a ese pedazo de tonto, seguro que la ha dibujado así para-
- Para masturbarse – interrumpió.
- ¡Rivaille!
- ¿Acaso no crees que haya podido hacer eso?
- Aún así... Seguro que es lo bastante tonto como para no...
- Es un mocoso de 17 años como cualquier otro, ¿qué crees que pensaba yo a su edad?
- Aún así, no puedo decirle eso a Petra, la hundiría. Creería que la ve igual que a un cartel de una película porno. Que solo tiene pensamientos obscenos sobre ella.
- ¿Los muros son gruesos? - interrumpió.
Hanji colocó su mano sobre la sien y se la mesó mientras pensaba. Aquellos dos idiotas se dedicaban a hundirse sin ser conscientes de lo que pensaba el uno del otro. Y todo había comenzado por su culpa. Si ella hubiese sido sincera desde el principio, Auruo no creería que Petra aún sentía algo por Rivaille, y no la sobreprotegería tanto. Por otro lado, Rivaille tenía su parte de culpa ya que nunca había ayudado a que la relación entre ellos dos aflorase preocupandose solo de él mismo. Claro, si hubiese tenido un poco más de apoyo podría...
- ¿Qué haces desnudándome? - replicó mientras apartaba sus manos de su pantalón que llegaba en esos momentos por sus tobillos - ¡Estoy pensando idiota!
- Ha pasado casi un mes, ¿cuándo vamos a hacerlo? ¿O al final no quieres hacerlo ya?
- No es eso, es tan solo que no puedo pensar en nada más hasta que Petra sea feliz – susurró algo melodramática.
- ¿Y cuando va a ser eso? - su frustración parecía más aparente por momentos.
- Cuando... - una sonrisa malévola se dibujo junto a las comisuras de sus labios – Cuando Petra y Auruo salgan juntos.
- Esos dos idiotas son tan inútiles que podrían pasar años antes de eso – acarició su estómago con disimulo – Puedes pedir lo que quieras para la primera vez, aunque sea una de tus idioteces. Ya sabes, flores y cursilerías de esas – relató intentando convencerla.
- He dicho que no y es que no. Tendrás que esperar.
- Tche. No me interesa la relación de esos dos, me interesa la mía propia – con algo de fuerza sacó una pernera seguida de la otra – Si te preocupa el ruido podemos ir a mi casa.
- ¿No decías que tenía que trabajar duro? Pues así, – enunció señalando sus piernas desnudas – solo me distraes. Si mi madre me viera ahora mismo se echaría a llorar. No quería que acabase con un hombre mujeriego.
- No soy un mujeriego – alzó la voz con algo de enojo mientras parecía enfadarse.
- Venga, venga, solo era una broma – sonrió mientras se dejaba caer sobre el mullido colchón.
- ….. - gruñó con fuerza mientras le sujetaba los brazos a ambos lados de su cabeza. Extrañamente, ella no parecía asustada – No han sido tantas como crees. Fui un crío estúpido y sabes que no es algo de lo que me enorgullezca.
- No te enfades – dejó que su peso la cubriera sin hacerle daño - ¿Por qué tanta insistencia? ¿Tanto tiempo llevas sin tener sexo?
- Desde noviembre.
- Sobre esa fecha me concedieron mi titularidad para la tesis y me asignaron a mi asistente – sonrió - ¿Desde que supiste mi nombre? Por aquella fecha ni siquiera me conocías en persona, ¿ya estabas interesado en mí? – besó su mejilla con suavidad – Que tierno.
- ¿Ahora le contarás eso a tu madre? Va a terminar pensando que soy un imbécil.
- ¿Y qué más te da? ¿Acaso quieres hacer méritos ante mi madre para pedirle mi mano? - sus dedos resbalaron sobre sus pecho desnudo haciendo ligeras ondas.
- Idiota... Aunque me gustaría conocer a la mujer que ha tenido tanta paciencia soportándote toda tu vida.
- No creo que puedas conocerla... - su sonrisa se volvió algo más meláncolica – No eres el único que perdió a toda su familia siendo adolescente.
- …...
- Cuando mi madre me tuvo, desarrolló una enfermedad degenerativa en consecuencia. Un parto díficil. Cáncer de pecho, siempre decía que le apenaba no haberme podido dar el pecho – la línea que separaba sus labios fingiendo una sonrisa se volvió cada vez más y más forzada – A los 17 años, la enfermedad acabó con su vida. La quimioterapia no fue suficiente para superarla.
- …... - como si comprendiera su dolor la abrazó con más fuerza sin decir nada, permaneciendo unos pequeños instantes en silencio.
- E-eso fue hace 8 años, ya hace tiempo que superé su muerte – otra sonrisa forzada – Fue un poco complicado pero me independicé y comencé a trabajar para pagar mis estudios, aunque el padre de Petra siempre me ha ayudado mucho.
- ¿Su padre? ¿Y el tuyo qué?
- No lo sé.
- ¿"No lo sé"?¿Qué clase de respuesta es esa?
- Mi padre abandonó a mi madre cuando se quedó embarazada de mi. Así que nunca en mi vida lo he conocido, ni tampoco quiero hacerlo. Mi madre solía decirme que ella me había educado siendo una mujer fuerte para que nunca cayese en el mismo error que ella: enamorarse de un cretino.
- Más bien te crío para que nunca en tu vida atrajeses a ningún ser humano.
- Pues contigo funcionó – su dedo toqueteó su frente con sorna – Y aunque no hubieses aparecido en mi vida dudo que tampoco hubiese necesitado de nadie. Aunque llevo siete años viviendo con la chica más guapa de mi instituto nunca he tenido necesidad de tener novio. Y Petra a pesar de que es muy popular, solo ha estado con Kabei. Así que no es algo en lo que pensase a menudo.
- Un momento, ¿lleváis viviendo juntas desde hace siete años? Empiezo a compadecerme de Ral.
- ¿Por qué? - comentó inocentemente – Con el tiempo hemos aprendido a tolerarnos la una a la otra. Yo no soy la única que tiene costumbres raras, ¿sabes? Petra, en ocasiones, es sonámbula y se pone a deambular por la casa, moviendo muebles y abriendo ventanas.
- Tche, eso es soportable. Tú gritas en sueños y te mueves un montón por las noches. Más de una vez me he despertado por tu culpa.
Con un fuerte empujón le tumbó sobre la cama y comenzó a golpearle con las manos como si fuese un juego. Entonces, Rivaille le agarró las manos sin permitirle moverse, con un expreso aire de suficiencia. Con algo de esfuerzo se liberó de su agarre y se tumbó sobre él presionando su pecho contra su cara.
- ¿Qué pretendes idiota?
- Asfixiarte.
- No tienes casi pecho, no podrías asfixiarme ni aunque quisieras.
Frunció el ceño y, deslizándo las manos bajo la cabeza de él, agarró con fuerza la almohada y la puso sobre su cara sin ejercer ningún tipo de fuerza. Sus risas comenzaron a ser tan audibles que traspasaron los muros exteriores llegando hasta la habitación al otro lado.
Tan solo unos segundos más tarde un ligero golpeteo en la puerta la despertó de su extraño juego. La puerta se abrió lentamente dejando ver a una chica de cabellos cortos cobrizos asomando la cabeza con precaución.
- Hanji... haces mucho ruido. Necesito pensar – concluyó tras asegurarse de que no interrumpía nada. Se agazapó aún más al ver la extraña escena que tenía ante sí.
- ¡Llegas en el momento oportuno! Vas a ser cómplice de un asesinato.
- Si, ya... Bueno...… - sus ojos recorrieron la estancia observando la ropa tirada en el suelo.
- Jo, venga Petra. Es solo un juego. Apuntate. Fusilaremos a tu antiguo profesor por no ponerte la nota más alta cuando tuvo la ocasión – le tiró un almohadón a Petra intentando que se uniese a la causa - ¡Venganza, venganza!
- No me apetece Hanji – colocó el objeto encima de la cama y volvió a colocarse junto a la puerta - ¿Podríais iros a casa del profesor y dejarme sola unos días? Quiero poner en orden mis pensamientos.
Esas palabras fueron lo último que oyeron salir de sus labios. Imperando porque reinase el silencio, Hanji recogió sus cosas y salió por la puerta. Había pedido un poco de tranquilidad. No sabía que rondaba por su cabeza, pero era inevitable estar preocupada tras saber lo que había sucedido aquella tarde.
Pasarían más de dos semanas hasta que volviese a saber de ella. Cuando el repiqueteo del timbre sobre la pared le despertase un jueves por la mañana.
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El betún negro manchó sus manos cuando terminó de repasar sus zapatos. Debía de haberlo hecho cerca de seis veces, pero nunca le parecían lo suficientemente perfectos. O tal vez era una manera de distraerse y no pensar demasiado. Se calzó los amplios zapatos y se dirigió al baño para contemplarse por última vez.
Pasó un pequeño peine entre su pelo algo enredado y separó uno a uno los mechones. No era muy común en él poner tanto empeño en su apariencia física, pero era un fecha que llevaba muchos dias esperando.
Su mano descendió hasta su bolsillo sacando un pequeño artefacto. Presionó una tecla comprobando una vez más que no tenía ni una sola llamada. Ni un mísero mensaje, nada. ¿Entonces era cierto? ¿Eso había sido todo?
Ahora le tocaba seguir adelante, él solo. Bajo el espejo había un pequeño sobre de un blanco inmaculado. Separó los bordes del sobre volviéndo a leer una vez más el mensaje que había allí.
Estimado sr/sra.
Nos complace invitarle a la graduación de su hijo/a Auruo Bossard
el día 29 a las 5 de la tarde en el salón de Actos.
Esperamos que la velada sea de su agrado.
La pequeña nota iba acompañada de un esquisito papel notificativo, algo exclusivo. Sus pupilas se dirigieron a las palabras expresamente subrayadas y recalcadas sobre el resto del texto.
Es un honor que su hijo haya sido...
…. Por lo que se le ha concecido...Siendo realmente inesperado dada su trayectoria académica anterior...Matrícula de honor, siendo partícipe de una beca estudiantil...
….Primer año de carrera deberá asimismo...
...Discurso de agradecimiento que va a ser expuesto por el honorable orador...
...Nos llena de orgullo que...
Basta. No podía más leer de aquella hipocresía. Sus calificaciones habías ascendido cada vez más colocándolo sobre el resto de su clase. ¿De qué le servía a él haber conseguido eso si ella no podía verlo? Ella, había trabajado tan duro solo por ella.
¿Y ahora qué? ¿Continuar yendo a esa universidad aún a riesgo de tener que verla? No podría soportar la vergüenza que eso supondría. No podía mirarla a la cara sin sentirse culpable. Aquel fatídico día solo pudo pensar en salir de allí lo más rápido posible de manera que no pudiese arrepentirse de nada. Rechazó continuamente la tentación de llamarla y disculparse.
Tal vez fue su propia cobardía la que le ayudó a ello. No se veía capaz de superar todos los reproches que con sumo derecho ella le hiciera respecto a aquel garabato.
Al otro lado de la puerta podía sentir los pequeños pasos de sus hermanos, preparándo para irse. Ahora no era momento de caer, sus hermanos le habían abrazado el día que recibió la hoja de sus notas, dándole la enhorabuena. Su madre, por primera vez en toda su vida, puso una mano sobre su boca y acariciándose el estómago le dijo que estaba orgullosa de él.
Esa iba a ser su vida a partir de ese momento. Una vuelta al pasado tal vez, pero no podía vivir con arrepentimientos. Había tardado 17 años en encontrar al amor de su vida, y tan solo menos de medio año en verse forzado a olvidarla para siempre. El cristal del automóvil se empañó con su vaho. Apoyó la cabeza sobre él y su dedo escribió una sola letra para ser borrada a continuación con el resto de la mano.
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- Me duelen los pies, ¿por qué me has obligado a ponerme estos zapatos tan apretados? Quiero mis zapatillas de siempre – se quejó mientras se apoyaba perezosa sobre el hombre que caminaba a su lado.
- Es una ocasión especial y hay que ir bien vestido – sus dedos recogieron su pelo a través de la oreja – Deja de quejarte, por ser femenina una vez en tu vida no vas a morirte.
- ¿Y qué se supone que hago yo aquí? Cuando llamaste esta mañana le dijiste a Hanji que te acompañara, ¿para qué me habéis arrastrado a mí también? - su tono de voz parecía más malhumorado que de costumbre – El curso que viene me voy a hartar de verle la cara. No me apetece versela también en mi tiempo libre.
- E-e-e-es que necesito apoyo... - se agarró al brazo de su amiga mientras avanzaban – N-no me dejéis sola.
- Entonces, ¿te vas a declarar de una vez? - le palmeó la espalda - ¡Enhorabuena!
- N-n-n-no lo sé. ¡N-n-n-no me pongas más nerviosa de lo que ya estoy, Hanji! - se agazapó más a su codo – P-profesor... ¿qu-qué hizo cuando se dio cuenta que le gustaba Hanji?
- Nada.
- Mentiroso, estuvo provocándome hasta que yo... – se paró sin acabar la frase.
- ¿Hasta que tú qué? - insistió Petra.
- Hasta que me besó.
- ¿H-hanji fue la que dio el primer paso? - parecía algo asombrada de su actitud – Pensaba que era el chico quién debía darlo.
- Petra, los hombres de hoy en día son unos cobardes incapaces de hacer nada a derechas. Si esperas eternamente a que ellos lo hagan todo, te harás vieja – pasó los brazos por su hombros y la estrechó entre ellos – Solo haz lo que quieras hacer, como yo hago.
- Lo que quiera hacer...
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El incesante hablar del orador le entumecía por momentos. De no haber tenido que esperar de pie probablemente se hubiera dormido. ¿Cuánto tiempo llevaba hablando? Tal vez más de media hora. Con un poco de adormecimiento miro al resto de chicos que se encontraban junto a él en el estrado.
Los seleccionados como los mejores de su clase junto a él. Todos merecedores de aquel "honor". Una vil ceremonia en la que pretendían tan solo hacer alarde de los estudiantes que habían sudado sangre y lágrimas para poder estar allí de pie. La recompensa por ello solo era poder acceder a la prueba de ingreso a la universidad de manera gratuita y alguna que otra facilidad respecto a sus estudios posteriores, tal vez prioridad para el acceso a una beca de estudios.
Por el resto, era una mera formalidad, un diploma. Para él solo era un pedazo de papel al que nunca prestaría mucha atención. Ya que, todo el esfuerzo que el había hecho no era para terminar obteniendo una compensación económica. Sino por ella. Sus puños se cerraron intentando concentrarse en el aburrido discurso del hombre frente a él.
Tan solo pudo captar algunos conceptos acerca de la perseverancia, la honradez, la... Palabras, palabras, palabras. La chica a su lado bostezo con aburrimiento, al menos no era el único que pensaba que aquello era excesivamente largo.
Tal vez sus hermanos hubieran caido rendidos en los brazos de sus padres sin poder aguantar aquel infernal dicurso. Giró la cabeza levemente y allí estaba su padre con una cámara en mano. Tendría que encargarse de borrar la mitad de aquel aburrido discurso, no era algo que desease tener entre sus recuerdos. Demasiado hastiante.
Sus hermanos, tal y como pensaba estaban dormidos a ambos costados. El mediano le señaló con un pulgar que bajó hacia abajo denotando su derrota. Su madre...¿Con quién hablaba su madre?
Junto a ella, una mujer extrañamente altiva y alegre estaba comentando algo con celeridad y haciendo exagerados aspavientos mientras hablaba. Una mujer de cabello recogido y gafas ocultando sus ojos. ¿Hanji? ¿Entonces el hombre que miraba aburrido a la pared era el profesor?
Con algo de nerviosismo, buscó entre el resto de butacas aquella pequeña cabeza cobriza. Nada, nada, nada. Por un momento albergó la ilusión de que inconscientemente, pudiese haberle perdonado.
Hanji pareció darse cuenta y comenzó a saludarle con la efusividad que le caracterizaba. Sintió algo de vergüenza cuando los ocupantes de las butacas a su alrededor se giraron al oír sus gritos llamándole por su nombre.
- ¡Bossard! - le llamó una voz masculina enfrente suya.
- S-si.
Con paso firme se dirigió al centro del estrado recogió aquel papel excesivamente lacrado y estrechó la mano del orador. Puras formalidades. Dudaba que volviera a ver a ese hombre, pero el se lucraba de los sagaces estudiantes para promover el gran y magnífico funcionamiento de su instituto.
Chorradas. De no haber sido por Petra, él nunca se habría esforzado por estudiar y habría sido otro estudiante olvidado entre aquellas paredes. Petra... Pensó con pesar.
Se sujetó a la baranda que había tras el escenario y descendía hacia el pasillo de asientos. Probablemente a aquel estúpido y absurdo acto le quedase menos de una hora, pero le parecería terriblemente eterno. Mientras descendía por aquellos escalones, sintió algo suave y blando rozando su mano.
- ¿P-Petra? - logró articular tras unos segundos sin entender nada. ¿Le había estado esperando allí todo el rato? - Ah, r-respecto a aquel d-dibujo. L-lo s-s-siento de veras y yo... - comenzó a decir recordando la última vez que lo vio.
- Eso no importa ahora, respondió ella. Enhorabuena por haberte graduado.
Sus pequeños pies cubiertos por unas ligeras sandalias se elevaron hasta estar tan solo las puntas de sus pies en contacto con el suelo. Sus manos subieron por su cuello hasta alojarse en su nuca, obligándole a encorvarse hacia abajo. Antes de que pudiera darse cuenta del sentido de aquella extraña caricia sus labios estaban pegados contra los de ella.
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Capítulo acabado. Gracias por leer.
