Destino
Tic tac, tic tac, tic tac, tic tac.
Es lo único que llegaba a oír en medio de una oscura nebulosa. En medio de un extraño mundo que lo percibía pesado, como si la gravedad me estuviera absorbiendo. Me sentía dentro de un ataúd de tan abrumador y cargado que se encontraba el ambiente. No estaba en mi presente, ni en el pasado y menos en el futuro.
No puedo respirar bien…
Abro los ojos con dificultad: un gran reloj de madera a lo lejos, miles de fotografías a mí alrededor. Fotos de mi pasado, presente y quizás futuro. Fotos en las que estaban Chloe, Rachel y… yo. Fotos en las que no, y otras en las que un futuro alternativo podría nacer. ¿Todas eran parte de diferentes futuros? Sí…, diferentes rumbos que dependían de mi decisión.
¿Por qué… todo siempre depende de mí? ¿Quién soy yo para forjar un camino diferente? Para reconstruir sus vidas.
Flotando en medio de esa oscuridad, dirijo la mano hasta una fotografía en la que estamos todas.
Pero esto no puede terminar así. No puedo perderlas.
Cierro el puño.
No vine al pasado por nada.
Recuerdo que volví para salvar a Chloe, y con suerte a Rachel. Sí, ese fue mi pensamiento al principio: Quizás con suerte la salve también.
Ya no se trata de suerte.
Sujeto la foto con la mano tiritando.
Ya no se trata de salvar al ángel de Chloe.
La examino, pensante.
Sí…, ya no se trata de salvar a una desconocida, sino de salvar a otra gran amiga.
Enfocó más la visión en la imagen. Nada pasa.
Nunca me saqué una foto con las dos. Este no es… mi mundo.
Arrugo la frente; no es la foto correcta. El tiempo no se mueve. Ese gigantesco reloj de madera con aire antiguo, que me asecha desde lo alto, no se mueve. La aguja sigue en las 4 am: hora en la que Rachel murió. Amaga hacia atrás, temblorosa, como si deseara regresar, pero no lo logra.
Desvío los ojos a mi bolsillo recordando que ahí se encuentra la foto correcta. Esa que capturó mi perfecta frustración horas atrás. La saco.
Es esta.
—Con esta foto puedo… volver atrás.
¡Tic tac, tic tac, tic tac!
Regreso la vista al frente debido a esa burlona tonada que esta vez no proviene de las agujas del reloj, sino de alguien muy especial.
Abro los ojos de golpe.
—Rachel…
Y me doy cuenta que ya nada me sorprende a esta altura.
—¡Tic tac…! Se te acaba el tiempo, linda. —Sonríe desde lo alto, flotando hacia mí. Su cuerpo es tan transparente que puedo divisar el gran reloj en el fondo— ¿Qué vas a hacer?
Como puedo levanto la fotografía y se la muestro. Me duelen los músculos por ese mínimo movimiento, como si aún tuviera la bala clavada en el centro del pecho. Siquiera deseo averiguar si está ahí; entraría en pánico.
Ella, manteniendo esa socarrona sonrisa, niega con el dedo índice.
—Tsk, tsk. Camino equivocado, bonita.
Sonrío con un visible agotamiento que en realidad encubre una punzante tristeza.
—Ya te escuché decir eso una vez… y encontré el camino correcto. —respondo en un débil murmullo. Rachel amplía la sonrisa con una sabiduría que no la caracteriza.
—¡Gracias a mí!
—Gracias a ti…
Llega hasta mi descompensada persona y me sujeta el rostro. No la siento, sin embargo, mi corazón sí.
—Deberías saber que esta situación es muy diferente. —Estrecha los ojos, como si estuviera analizándome, y sonríe con amabilidad—. Morirás si lo haces.
—… ¿Qué sugieres entonces?
—Déjate llevar por el presente, no vuelvas al pasado. Ya hiciste lo que tenías que hacer.
¿Se refiere a matar a Jefferson?
La observo unos largos instantes en los que intento descifrar qué trama, o mejor dicho, quién es y qué está pasando. Tengo muchas preguntas que quiero hacerle, pero mi mente termina por deducir que, tal como ella dijo, no hay tiempo. Que nada de eso interesa a estas alturas. Cuando caí en este lugar dejó de interesarme. Solo tenía una misión.
—Vivir…, morir… no me importa —atino a contestar, apagando los párpados con un cansancio que ya no puedo tolerar—. Deja de tratar de detenerme. Estoy harta… ¡Harta de todo esto! —Los abro irasciblemente y esta vez no me encuentro con ella, sino con ese acosador animal que, gracias a nuestro historial, se me hacía hasta familiar. Choco los dientes— ¡Maldito ciervo! ¡¿Cuándo vas a dejarme en paz?! ¡¿Qué es lo que quieres?!
Él ni se inmuta.
—¡No vas a hacerme cambiar de opinión! ¡Voy a volver al pasado quieras o no!
—… Es tu decisión. La vida se trata de eso, ¿sabes? Decisiones. —Habla. El maldito habla, y lo peor de todo es que tiene su voz. La dulce voz de Rachel. Y entonces… Entonces lo entiendo todo, y mi corazón se estruja adolorido—. Pero recuerda que toda decisión conlleva una consecuencia.
—Una que estoy dispuesta a pagar, ya te lo dije. —Sujeto su largo mentón y lo elevó hacia mí casi con rudeza— ¡Rachel!
El ciervo se queda observándome, como si estuviera meditando detenerme o no. Aunque lo intente, el que saldrá perdiendo será él… o ella. Lo sabe, lo sé. Y por eso, sabiamente baja el hocico en una respetuosa reverencia que me deja más estancada de lo que ya estoy.
—Mi deber es acompañarte en tus decisiones, sean cuales sean. —dice. Su voz resuena en un eco que me atraviesa los sentidos.
Dudosa, sin entender nada pero también comprendiendo todo, asiento.
—Sin embargo, no me privaré de interferir cuando todo esté por acabar. Todavía tengo voluntad propia y la voy a usar —agrega abriendo los ojos, que se habían cerrado al venerarme, y puedo identificar en ellos un verdoso color muy conocido—. Sabes cual es tu misión, no te desvíes.
—Lo sé —contesto, delineando una sonrisa de soslayo—. Rachel…, lo sé. No tienes que preocuparte por nada. —Me animo a acariciar su cabeza, justo en el medio de sus graciosas orejas, y no puedo evitar enternecerme al detallar como apaga los párpados y se deja llevar por mis caricias, refregándose contra ellas—. Todo estará bien. Te vengaré, arreglaré el pasado.
—Nunca dije que tu misión era vengarme. —Su voz pierde fuerza; suena en un hermoso y vulnerable murmullo—. Sino…
—Lo sé. —Sonrío más—. Lo sé bien. Confía en mí.
Titubeante, se aleja unos pasos. Mi mano queda flotando en el aire y decide volver a la fotografía. La miro penetrantemente, recordando porqué la tengo en mi poder.
—Rompí mi cámara, qué idiota soy a veces… —Suelto una lamentable risita.
—¿A veces?
Alzó la visión de nuevo, que se había perdido en la fotografía, y me encuentro con la socarrona sonrisa de Rachel. Un sentimiento nostálgico me invade.
—Para ser tan inteligente, creo que sobrepasas la idiotez, geek. Sacrificándote así por alguien como yo… Eres tan impulsiva. —Pone los brazos detrás de su espalda, divertida—. Pero eso te hace aún más preciosa de lo que ya eres. Supongo que ese es tu encanto.
—Ja… —Cierro los ojos, apacible—. Ni muerta dejas de molestarme.
—¡Jamás lo haré! —Pliega los dedos como si fueran garras y me muestra los dientes tal como un monstruito— ¡Te seguiré hasta que algún día nos encontremos del otro lado!
El pecho se me retuerce. Esa frase me duele en lo profundo de mi alma.
—No…, nada del otro lado. —Pongo la foto frente a mí, decidida—. Te veré en menos de un minuto, Rach.
Sus falsas garras decaen y esa traviesa mueca se transforma en una preocupada.
—Todavía estás a tiempo de…
—Nop, ya te lo dije. —Asomo un burlón ojo por encima de la foto—. Te salvaré, tonta. Tanto a ti como a Chloe. Deja de molestarme de una buena vez.
Otra vez visualizo a un tierno ciervo que con lentitud comienza a acercarse. Agacha la cabeza en el camino y sonrío mientras levanto el brazo y lo enredo en su largo cuello. Me abrazo a él, y como si ese contacto me debilitara, el pecho se me aprieta de un modo insoportable, generando que unas dolidas lágrimas, que no soportaban estar más tiempo encerradas, se resbalasen por mi rostro.
—Muy pronto… todo estará bien. —Beso su peluda mejilla, provocando que se refriegue contra mí haciendo un dulce sonido que me hizo sofocar un sollozo mayor.
—Max…
—Lo prometo, Rachel.
Ahora sí podía sentir su cuerpo. Su calor…, su cariño. Su devoción hacia mí. Una extraña conexión mucho más fuerte que la que suele rodearnos se percibía en el aire.
—Si logras volver… no recordarás nada de esto —dice, aún refregándose en tiernas caricias—. Tampoco esperes que "Rachel" lo recuerde.
—¿Por qué...? Si tú y ella son la misma persona, ¿no debería recordarlo? —pregunto con la voz quebrada. Y como intuí, los segundos pasan y no obtengo respuesta alguna.
Siempre me generó curiosidad la aparición del ciervo en mis visiones. Luego comenzó a aparecer en la realidad. Era como si estuviera guiándome. Una vez le pregunté al sabio Samuel lo que podía significar, y muy entusiasmado me contestó: es tu animal espiritual. Dijo que posiblemente estaba conectado con mi destino. ¿Eso significa que Rachel... es mi destino? ¿Ella se convirtió en mi animal espiritual al morir?
Ella... en el pasado se la pasó hablando de que era mi destino, que éramos iguales. La una para la otra; no perdía ocasión para relacionarnos místicamente. ¿Ella era consciente de quién es en realidad? O mejor dicho, en quién se convierte cada vez que muere. No..., seguro que no. Sin embargo, es probable que una parte de su alma lo sepa, por eso siente esa extraña conexión conmigo y yo con ella. De alguna u otra forma siempre terminamos enlazadas.
Tragué saliva, ansiosa.
¿Por qué se convirtió en mi animal espiritual? ¿Acaso lo hizo para que encontremos su cadáver? Recuerdo que el ciervo estaba ahí. Estuvo muchas veces parado ahí, encima de la tierra que cubría su cuerpo. Lo que menos esperaba era que Rachel estuviese enterrada allí. En ese momento no pude entender su señal. Pero... ya la encontramos, ¿ahora cuál es su misión? Dijo que su deber es acompañarme en cada decisión que tomase, fuera cual fuera, pero hace lo imposible por evitar que regrese al pasado de nuevo porque teme que muera. Si esa es mi decisión debería respetarla. Ah... Hasta como animal es una terca.
Observé al ciervo de reojo.
—No dirás nada, ¿eh? —murmuro—. Como sea, tarde o temprano sabré la verdad de todo.
—… Cuando el tiempo llegue, cuando el final esté cerca… lo harás. Me recordarás y la sabrás.
—Está bien, no es como si entendiera lo que está pasando o lo que eres. Ni sé lo que es este lugar... Me da escalofríos. —Me abrazo más a ella, buscando protección. Su pelaje es tan calentito que me hace sentir segura al instante.
—Podrías llamarlo un limbo… Un lugar perdido en el tiempo.
—¿Perdido en el tiempo? —repito, confundida— ¿Como un hoyo negro?
—Hm... parecido. No pertenece a ninguna dimensión, sino que es... más bien una grieta en medio de todas las dimensiones. No influye, no aporta nada al universo. Eso quiere decir que todo lo que se haga o diga aquí...
—No existirá allá afuera, no repercutirá —concluyo, pensante—. Ni en el pasado ni en ningún lado. Ya veo... —Levanto la cabeza y miro el reloj—. Es como si este lugar en realidad no existiera.
—Exacto. Tan rápida como siempre, Max. —Me da un lengüetazo en el cuello, traviesa, provocando que emane una corta risita por las cosquillas ocasionadas—. Todo quedará aquí sellado como si nunca hubiera existido esta conversación. Es por eso que ni tú ni yo la recordaremos. Bueno..., al menos la Rachel consciente no la recordará.
Acariciando su sedoso pelaje como si estuviera hechizada, pregunto:
—Pero dijiste que yo lo recordaré en algún momento, ¿cómo lo haré?
—Tendrás que esperar para saber.
Qué conveniente...
Pienso, decaída. Esta chica... ciervo, no me dará las respuestas que quiero. Debí saberlo.
—¿La única forma de escapar de aquí es transportándome, verdad? —adivino.
—Saltando en el tiempo, sí. O en su defecto, dejarte llevar por lo que iba a acontecer.
—No volveré al presente. —digo de inmediato.
—Ja... Eres tan testaruda.
—Aprendí de la mejor.
—Mira todo el desastre que ocasionaste por tu rebeldía, Max. —Giró su largo semblante y me observó con profundidad—. Mira dónde estás por seguir desafiando las leyes. Deberías detenerte. Estás creando una deuda inmensa con el universo, y en algún momento vendrá a cobrarte.
¿Deuda...?
—Déjame adivinar, ¿este sitio se creó porque distorsioné la realidad? —cuestiono, aunque ya sé la respuesta.
—¡Bingo!
Suspiro pesadamente.
—… No sé porqué no me sorprende —contesto sin ganas alguna, escuchando de fondo su ronca risita—. Voy a tratar de no mandármela de nuevo, pero eso será cuando regrese al pasado.
—Qué idiota eres... Bien, hagamos un simulacro. Imaginemos que vuelves, ¿qué harás entonces? —pregunta con una picarona tonada que extrañé horrores—. Cuando ese momento llegue… Cuando un día recuerdes lo que soy, ¿te asustar…?
—Comprarte comida de ciervo, eso haré.
Dejó escapar un sonido de sorpresa, y luego rió por lo bajo sobre mi cuello, haciéndome reír también.
—La esperaré ansiosa.
Me abracé más a ella, empañando su peludo pelaje con las emocionadas lágrimas que no tenían intenciones de detenerse.
—Gracias por preocuparte, Rach, pero estaré bien.
—Si tú lo dices... —musitó, reposando su largo mentón en mi hombro.
Mientras más pensaba en su persona, en el misterio que era, más dolía. Más recapacitaba y más desenlazaba los nudos de esta maldita historia.
Todo este tiempo… ella…
—Todo este tiempo fuiste tú. —Reforcé el abrazo, sollozando—. Tú me protegiste todo este tiempo. Tu espíritu… —Refregué la frente contra su cuello, impotente—… me guió.
—Es mi destino, y además… —Lamió mi mejilla, juguetona—… quise hacerlo.
Asentí sobre su lomo una y otra vez, desarmada. Realmente desarmada por esta verdad que no llegaba a comprender, que no le veía ni pies ni cabeza, pero que le daría tiempo en otro momento para razonarla, aunque aún hubieran demasiadas preguntas que quisiera hacerle. Una encabezaba la lista:
¿Cómo es posible que ella (el ciervo) haya aparecido en el pasado junto a la Rachel humana si son la misma persona? ¿Ella se duplicó? ¿La distorsión que provoqué hizo ese milagro posible?
Confundida, fruncí los dedos contra su suave pelaje, dándome cuenta de que jamás llegaría a una respuesta yo sola, y que perder mis contados minutos en una laguna mental no iba a ayudarme. No había tiempo para razonarlo.
No importa.
Ahora lo único que importaba era volver.
—Gracias, Rachel —dije con la voz totalmente sofocada debido a la congoja que intentaba pasar por la garganta—. No sé porqué me elegiste, pero cumpliré con mi palabra. Te traeré de vuelta.
—¿Elegir? No…, uno no elige a quién querer. Fue el destino.
—Destino… Te encanta creer en eso, ¿eh? —dije con un grado de disgusto que no pude evitar.
—¿Tú no crees?
Me aparte un poco y la observé con melancolía. El famoso destino me ha dado tantos problemas que le generé cierto rencor… pero todo fue porque yo decidí desafiarlo. Ese momento en el que impedí la muerte de Chloe fue el principio de mi rebelión, y quizás el principio de una desgracia mayor.
Bajé el rostro con una tenue sonrisa.
Pero…
—Gracias a ti… ahora sí. Sí creo. —Regresé los ojos a ella y me alejé unos pasos—. Pero no creo que el final esté escrito. Creo que todo final puede ser cambiado, aunque el rumbo sea el mismo. —Llevé la fotografía a mi rostro; las lágrimas cayeron sobre ella. El ciervo acercó un paso.
—Te lo repito, no te confíes Max.
La miré penetrantemente, por no decir desafiante.
—Allí estaré, en el momento menos esperado, para hacerte cambiar de opinión. —Apagó los párpados con tranquilidad—. Para dejarme morir. Tanto a mí como a Chloe.
Desvié los ojos, apretando el puño con fuerza.
—¿No se supone que estás de mi parte, ciervo?
—Lo estoy.
Solté una irónica carcajada.
—Si es tan así… Si no puedo cambiar el inevitable final, ¿por qué tengo estos poderes? —musité con el enojo subiendo por mis pies.
Silencio y frustración en mi interior.
—¡¿Por qué puedo retroceder el tiempo?! ¡Eso tiene que ser una señal! —Plegué los dedos con rudeza sobre la foto, al punto de casi romperla— ¡Una señal de que puedo cambiar las cosas! ¡De que puedo salvarlas!
—… No deberías creerte tan poderosa, no eres una diosa. Ser arrogante con el destino y el tiempo es peligroso, jugar con la muerte más. —contestó con una indiferente tonada.
Apreté las mandíbulas, furibunda.
—¡Eso no me responde nada! ¡Dime porqué tengo estos poderes! ¡¿Por qué me dieron esto?! ¡¿Quién…?! —exclamé con las lágrimas resbalándose—. Yo no pedí… nada de esto. —Mis rodillas, debilitadas, flaquearon hasta quedar sumidas en el oscuro suelo que ni percibía—. Dime… ¿qué soy?
El ciervo acercó otro paso que vi estacionar frente a mis decaídos ojos.
—Tú eres igual que yo.
Eleve la vista mordiéndome el labio.
—Eres especial, pero no única. Solo eso. No deberías desafiar al universo.
Descendí el semblante, incapaz de creer que esa fuera la pura realidad. Incapaz de no intentar salvarlas.
—Mentirosa —dije, poniéndome lentamente de pie—. Sabes la verdad, sabes porqué tengo estos poderes, estoy segura. ¿Por qué no me la dices? —Profundicé los ojos en ella, como si así pudiera sacársela a la fuerza—. O será que… ¿no puedes decírmela?
Ladeó su largo cuello hacia el costado, evitándome.
—Cuando el momento llegue, la sabrás. —Algo en su voz sonó arrepentida. Angustiada.
En esta ocasión fui yo la que esquivó sus ojos. La impotencia no dejaba de atacarme, pero un pequeño lado de mi cordura resaltaba que no era momento de hacer un berrinche, sino de accionar. Todo estaba en juego.
Tomé aire y lo solté en un extenso suspiro.
—Que así sea. —Volví a poner la fotografía frente a mí, decidida—. Hagas lo que hagas, digas lo que digas, tomaré mis propias decisiones y asumiré las consecuencias, Rachel. —Penetré con más ímpetu la visión en la foto, y mi cabeza no tardó en comenzar a sentirse pesada—. Voy a saltar en el tiempo, voy a salvarte, y no podrás convencerme de lo contrario.
—Habrá consecuencias, entonces.
—No me importa.
—Ja… Tan idiota como siempre, súper Max.
—Ya veremos quién es la idiota —dije, percibiendo como mi cuerpo se volvía más ligero hasta que el peso desaparecía por completo. Ahora lo único que sentía era un tedioso remolino en mi mente—. Te veré pronto, Rach.
—Si es lo que deseas, así será… por ahora. —Hizo otra educada reverencia con sus cuatro patas, y al levantarse unos castaños cabellos y esa celeste pluma que tanto conocía me saludaron—. Siempre te protegeré Max, no importa lo que pase. Aunque tenga que convertirme en la mala de la película, lo haré.
Arrugué la frente mientras un frío líquido se escapaba de mi nariz, además de mis lágrimas.
—¿Por… qué? —cuestioné con la vista difusa y un insoportable dolor de cabeza. Estaba desvaneciéndome.
—Porque… —Sonrió—… tú eres mi preciado y amado destino.
Dijo, y entonces la aguja del reloj retrocedió.
Y yo también.
-/-
En un fuerte impacto mi cuerpo se fusionó de lleno contra otro, generando que me sintiera duplicada por unos escasos segundos que me marearon a tal punto que las arcadas no me fueron indiferentes.
—¡Ugh! —Me cubrí la boca abriendo los ojos de golpe.
Esto es…
—¿Max?
Esa voz es de… ¿Chloe?
Fruncí los dedos contra mi piel y apreté los párpados con una asquerosa sensación subiendo por mi estómago. El exterior, borroso, no paraba de girar. No podía divisar nada más que una espiral mientras mi respiración iba en aumento, sonando acelerada. Caí de rodillas, mareada, y no pude tolerar más las arcadas. Empecé a vomitar nada más que bilis una y otra vez, aspirando el aire desesperadamente como si me estuviera ahogando. Eso mismo sentía.
Quema…
Escupí sangre en el medio. Era tan espesa que me costaba expulsarla. Quedaba estancada en la tráquea, impidiendo que pudiese modular palabra alguna.
—¡Max! ¡¿Estás bien?!
Otra voz…
Sentí una cálida mano acariciándome la espalda, lo cual indujo a que de a poco se calmara la asquerosa sensación que sentía en el estómago, que atinaba a subir y bajar tortuosamente, creando un ácido camino en mi interior.
—¡Puta madre! ¿Qué carajo le diste de tomar?
¿De nuevo… Chloe?
—¡Solo un trago inofensivo!
¿Ra… chel?
Pestañeé, desorbitada.
¡¿Rachel?!
—¡Ella no está acostumbrada, imbécil!
Las mismas y amables manos que me acariciaron, levantaron mi cabello para no mancharme mientras continuaba abriendo la boca reiteradas veces en búsqueda de recuperar el aire perdido y soltar lo que ya no había.
—Linda… ¿estás bien? Respóndeme por favor.
Como pude giré el rostro para encontrar a la dueña de esa suave tonada. Ensanché los ojos cuando otros verdosos capturaron los míos.
—Ra… chel. —dije con la voz rasposa. Ella sonrío con una transparente preocupación.
—Sí, soy yo, linda. ¿Estás mejor?
Apagué los párpados mientras una intensa mezcla entre alivio y tristeza se clavaba en mi pecho, tornándose insoportable.
Logré regresar. Pero…
No puedes cambiar mi destino.
Apreté las muelas y en un arranque me lancé a sus brazos.
—¡Rachel, Rachel!—La llamé una y otra vez, exasperada—. Rachel… —Me refregué contra su mejilla, oyendo de fondo como emanaba un asombrado quejido.
—Max, ¿qué pasa? —Me abrazó, desconcertada.
No podía hablar. De lo único que fui capaz fue de esconder el rostro en su pecho y aferrarme fuertemente a su espalda, como si así pudiera retener su vida por más tiempo.
—Max… —Me apartó un poco con delicadeza y limpió mis lágrimas con el pulgar— ¿Qué pasó? ¿Acaso…? —Frunció el entrecejo, sospechosa— ¿A dónde fuiste?
Mi cabeza decayó. Debí prever que se daría cuenta pronto.
—Dime. —Levantó mi mentón con una seria expresión— ¿Qué te pasó?
Negué con el rostro, perdida. Mi mente no se encontraba en las mejores condiciones, apenas estaba regresando; volviéndose lúcida. Para mi mala suerte, ella no parecía querer esperar a mi lenta recuperación.
—¡Dímelo!
—¡Cálmate, idiota! —Chloe se agachó y puso la mano en mi hombro—. Déjala respirar un poco, ¿no ves lo pálida que está? —Acarició mi helado rostro; apenas la sentí.
Rachel se achicó en el lugar notablemente arrepentida, pero aún mirándome con curiosidad y preocupación.
—Lo siento, pero, —Inclinó el rostro para encontrar el mío, que hacía lo imposible para evitarla—, necesito saber la verdad. Max puede estar en peligro.
Peligro…
Abrí los ojos de par en par.
¡Cierto! ¡Hay alguien más que está en peligro!
Me puse de pie, tambaleándome en el acto, y empecé a buscar con mi difusa mirada a Kate. Por suerte, la encontré escondida detrás de la puerta de la habitación de Rachel con una asustada mueca. No había mucho tiempo, pronto sería secuestrada.
—¡K-Kate! —Caminé hasta ella con mis amigas sosteniéndome— ¡T-Tengo que sacarte de acá!
—¡Max, cálmate! —Chloe reforzó el agarre en mi hombro con los nervios pendiendo de un hilo— ¿Qué mierda te pas…?
—¡Tenemos que salvarla! —exclamé, zafándome de su agarre.
—¡Primero tenemos que atenderte a ti! —gritó. Giré la cara hacia ella con las lágrimas navegando por mis mejillas.
—¡Chloe, por favor! ¡Confía en mí!
Mi amiga me observó, desentendida.
—P-Por favor, tú eres mí… —Sonreí de lado con la sangre huyendo de las comisuras de los labios—… mí compañera en el crimen, ¿recuerdas?
—¿Qué…?
Entrecerré un ojo cuando el punzante dolor en mi cabeza, que incrementó apenas puse un pie en el pasado, me atravesó el cerebro de una notoria forma que me hizo sofocar un quejido; tal como un furioso latigazo. Me la aferré, desesperada. Mientras más hablaba, mas dolía. Estaba a punto de colapsar, y desconocía si sería para siempre.
—¡Somos Chloe y Max! —Atrapé el cuello de su chaqueta, impaciente. Si tenía los minutos contados, debía dejarle la tarea a ella, y para eso... — ¡Recuérdalo y apóyame en esto!
Le estaba pidiendo algo imposible, lo sé. Ella no era la Chloe que pasó tantas aventuras conmigo, sin embargo, seguía siendo su alma la que estaba frente a mí.
Impactada y sin entender absolutamente nada, tardó en mostrar un rostro decidido y asentir.
—Eso seré si es lo que necesitas, Max.
Dibujé una frágil sonrisa por sus gratas palabras, que me generaron tanta tristeza como alegría, y la liberé. Rachel, que sostenía mi otro hombro, desvió el semblante como si hubiera sido derrotada.
Muy lejos estaba de ello.
—Gracias, Chloe. —Me volteé hacia Kate, que retrocedió un paso—. Escucha, no tenemos mucho tiempo. Hay que sacarte de aquí. Por favor, t-tú también tienes que confiar en mí. —Caminé hasta llegar a su paralizada persona y sujeté su mano—. Kate, estás en peligro.
Sus ojos capturaron los míos con terror, pero… con el paso de los segundos y la tensión en aumento, pude notar como lentamente iba disminuyendo ese miedo que me tenía. Quizás mi decrépito estado tuvo que ver, no lo sé. Lo único que sabía era que estaba a punto de desvanecerme.
—De acuerdo…, pero ¿prometes decirme lo que está sucediendo? —preguntó en un tímido murmullo. Sonreí.
—Por supuesto, eres m-mi amiga… después de to… ¡Ugh! —Me cubrí los labios cuando una considerable cantidad de sangre, que me quitó lo que restaba de aire, subió por mi garganta hasta ser expulsada. Comencé a toserla exasperadamente.
Mierda...
—¡Max!
Rachel me atrapó en sus brazos cuando caí hacia atrás totalmente descompensada.
—¡Aguanta!
Entreabrí los ojos con el pecho saltando una y otra vez. Me encontraba tan débil, tan lastimada y confundida.
¿Este es… mi fin? Mi cuerpo no pudo tolerar el viaje. ¿No debí retroceder?
El cuerpo fallecido de Rachel apareció en mi mente, recordándome que no tenía que rendirme, dándome fuerzas para seguir. Sin embargo, no fue el único que me animó. El espectro de un amigable animal también lo hizo.
El ciervo… ¿qué paso con él?
Mis párpados, excesivamente pesados, comenzaron a cerrarse.
¿Quién… es él?
—¡Max, resiste!
Yo… sé quién es… pero… no lo recuerdo.
Las lágrimas me abandonaron de nuevo.
Pero… si no lo recuerdo, ¿por qué duele tanto tratar de recordarlo?
—¡Max!
Duele…, duele mucho.
-/-
Chloe pasó la mirada a mi rostro, que se encontraba tan decaído como el cuerpo que tenía en brazos. Ni me interesó devolverle la atención, no valía la pena. Solo tenía ojos para ella. Desde que llegó fue así. Hasta el día de hoy nunca me pregunté el por qué, pensé que era obra del destino. Siento que es mi destino. Pero... ahora que pasaron tantas cosas, ahora que la veo así... tan desarmada, me encuentro a mí misma insatisfecha con esa vaga y fantasiosa respuesta. Quiero saber más. Quiero conocerla más. Quiero... protegerla más.
—Hey, ¿por qué la cara larga? Estará bien. Max no es una debilucha. —dijo, pisando el freno por el semáforo. La luz roja nos iluminó tenuemente la piel dentro de su humilde pero nostálgica camioneta.
Me refregué el rostro con la ira subiendo de un peligroso modo por los pies. Nada bueno ocurriría si llegaba a mi cabeza, y eso estaba a punto de pasar.
—¿Cómo puedes decir eso con tanta tranquilidad, Price? —mascullé.
Me observó de reojo, inexpresiva.
—¿Cómo puedes estar tan tranquila cuando es tu mejor amiga la que está desmayada en mis brazos? —Me cubrí la frente con fuerza, apretando tanto las mandíbulas que juré que se iban a partir— ¿No la quieres o qué? Hija de puta...
Chloe hizo un fúnebre silencio que aumentó mi descabellada furia. Con los ojos bien abiertos reforcé el agarre en mi piel, rasguñándome, como si eso ayudara a calmarme.
No funcionó.
—¡¿Por qué no estás preocupada?! —estallé, sobresaltando a la famosa Kate, que se encontraba en la parte de atrás de la camioneta, lo cual me hizo recordar su patética existencia.
Ella es… un insecto; merece ser aplastado. ¿Por qué Max le tiene tanto aprecio a esa maldita monja que ni siquiera la recuerda? Solo es un problema…
¡Debimos dejarla morir y ya!
Abrí los ojos de golpe.
No…, ¿qué estoy pensando? Estoy perdiendo el control de nuevo. Y eso no es bueno.
Si llego a enojarme un poco más... quizás una desgracia ocurra, Max me lo advirtió. Mis poderes podrían salirse de control.
—¿Quién dijo que no estoy preocupada, reina del drama? —Chloe frunció el entrecejo, reforzando el agarre en el volante— ¡No me juzgues así cuando se supone que me conoces!
Bajé más el rostro, conteniendo las lágrimas por todas las emociones encontradas que no dejaban de atacarme sin piedad.
—¡Sabes bien que estoy hasta el culo de preocupación! ¡O será que…! —Chasqueó la lengua y aceleró de tal iracunda forma, haciendo chillar las ruedas y sin siquiera esperar la luz verde, que mi corazón no dudó en saltar, precipitado. Aunque, por supuesto, no me mostré asustada. Jamás le daría esa satisfacción— ¡Tantos años al pedo! ¡No me conoces nada!, ¡ni un poco! ¡Nunca te interesó conocerme! ¡Yo fui la única interesada todo este puto tiempo! ¡Tú solo…! —Unas pequeñas lágrimas huyeron de sus ojos, congelándome—. Tú solo… me usaste para escapar de tu puta realidad.
No…, no es así.
—¡Max es la única…! —Chocó la frente contra el volante, sollozando—. Max es la única que siempre me entendió, que me entiende, y la muy idiota se tuvo que fijar en alguien como tú… Alguien tan egoísta. —Devolvió los ojos a la calle; estaban rojos. Rojos por mi culpa. Todo… siempre era mi culpa—. No quiero que sufra lo que yo sufrí contigo.
Descendí los párpados y las lágrimas que con tanto empeño retuve se escaparon.
—Sí…, tienes razón. —Solté una lamentable risita—. Max es una idio…
Siquiera me dejó terminar. Frenó de golpe, provocando que la camioneta derrapara de costado por la fricción y que yo sostuviera con fuerza el desmoronado cuerpo en mis piernas. La monja, que pegó un grito tan agudo que me ensordeció, terminó estampada contra el asiento de adelante, desmayándose en el acto.
—¡¿Qué mierda estás hacien…?!
—¡Repite eso! —Atajó mi ropa con rudeza. Nunca vi los ojos de Chloe tan brillantes de ira como ahora. Ella… estaba irreconocible— ¡Repítelo y te bajaré los dientes, perra! ¡Estoy hasta los ovarios de ti!
Tragué saliva con cierto temor, pero no retrocedí a mi palabra.
—Como siempre, no me dejaste terminar.
—¡Nada importante puede venir de alguien como tú! ¡No de tu presente! ¡No a esta altura! —Me soltó con asco— ¡No cuando me mentiste por meses, quizás años! ¡Se supone que soy tu mejor amiga y aún así…! —Volvió a su asiento con la cabeza gacha—. Aún así me mentiste, zorra.
Entrecerré los párpados con el pecho oprimiéndose. Me costaba respirar normalmente. Lo aferré, sintiéndome extraña.
Ah… Esto es nuevo. ¿Es esto… dolor?
—Nunca fuiste sincera conmigo… ¡Nunca! ¡Solo eres una maldita careta!
Examiné con atención mi propia mano, que continuaba arrugándome la playera. Temblaba en la acción.
Sí, es dolor. El mismo que me generó Max cuando me rechazó una y otra vez antes de finalmente caer ante mí.
Planté los ojos en la durmiente heroína, pensante.
—¡Una puta mentirosa!
No…, Max me generó mucho más dolor que esto. ¿Por qué… me generas tantas cosas? Es molesto.
Estreché la mirada en sus entreabiertos labios con la frustración acrecentando, y las ganas de besarla también.
—¡No entiendo cómo mierda Max se pudo fijar en ti!
No, estás equivocada Chloe.
Dibujé las formas de sus labios con el pulgar, tentándome aún más por probarlos.
Nunca se fijó en mí. Tú nunca caíste ante mí, Max. Tú solo… complaciste mis caprichos como si yo fuera una estúpida niña insoportable. Posiblemente lo sea. Pero, aunque eso sea cierto… yo… por primera vez…
—¡Si realmente estás interesada en Max, ni se te ocurra lastimarla! ¡Ella es demasiado buena para ti!
¿Lastimar? Eso está muy lejos de lo que deseo. Por primera vez… siento que quiero proteger a alguien. Siento que quiero a alguien sin esperar nada a cambio.
Mi corazón palpitó fuertemente, quitándome el aire y dándole la razón a mis pensamientos.
Esto sí… es nuevo. Muy nuevo y peligroso para mí.
Sin embargo, aunque hubiera consecuencias, más que aceptar gustosa este sentimiento no podía hacer. Tengo que reconocerlo, soy incapaz de dejarla ir.
—¡Si la lastimas, te la verás conmi…!
—La amo.
Sus frases quedaron ahogadas de repente y por tanto tiempo que pensé que se había vuelto muda. Lentamente devolví los ojos a Chloe y me topé con un atónito semblante que se negaba a creer en mis palabras. Sonreí, complacida por esa graciosa cara que provoqué.
—La amo, Chloe. No estoy mintiendo, no estoy fingiendo. Por primera vez soy yo y solo yo, ¿puedes aceptar esta parte de mí?
Elevó una desconcertada ceja, pero solo eso pudo hacer debido a mi extraña sinceridad.
—¿Tan raro es que la quiera? —pregunté. Ella desvió la mirada con un dejo de fastidio, y se tomó su tiempo para contestar.
—… ¿Cuándo empezaste a verla como alguien especial? —Se mordió el labio, como si quisiera borrar la cuestión anterior—. No…, la pregunta es "cómo" en vez de cuándo.
Amplié la sonrisa, segura.
—Eso es simple: como a ti —contesté, a lo que regresó los ojos de inmediato—. Siempre viví para mí y solo para mí, lo sabes. Tú aceptaste ser mi amiga a pesar de eso, y quería creer… que no ibas a exigirme más de lo que podía dar.
Bajó los párpados como si hubiese hecho algo malo. Volví a sonreír, esta vez con amabilidad.
—Un lado mío sabía bien que esperabas más de mí, todos lo hacen. —Comencé a acercarme a su decaído rostro—. Pero no quería pensar en eso. Lo evité completamente porque era un fastidio sentirme acorralada.
—Evitaste mis sentimientos… quieres decir. —musitó. Mi sonrisa se deshizo.
—Sí, eso mismo hice. Pero con buenas razones.
—Razones… —Arrugó los dedos contra su roto pantalón—. La única razón que tenías era que…
—No estaba enamorada de ti.
Quebré su corazón en dos, y por segunda vez. Su cara desfigurándose fue la prueba.
La primera vez que lo destruí fue hace tres años atrás, cuando no pude… conciliar mi cariño con ella. Cuando una pequeña vocecita me dijo que si concretábamos físicamente ella sería incapaz de olvidarme. Me detuve para protegerla, para evitar ilusionarla. Por supuesto, ella lo tomó como un completo rechazo. No se la puede culpar, porque eso era: un rechazo.
Al principio pensé que Chloe estaba en la misma que yo, que solo nos teníamos la una a la otra y que por eso habíamos decidido divertirnos juntas…, olvidar nuestros problemas, pactar un trato en silencio que conllevaba traspasar la barrera de la amistad sin llegar al amor pero sí al cuerpo. Me equivoqué terriblemente. Ella se estaba enamorando y yo… ni siquiera lo noté. Para cuando lo hice, ya era tarde.
—Éramos muy pendejas… para entender —continué, sujetando su ahora, vulnerable rostro—. Perdóname, Chloe. Nunca quise lastimarte, solo… no supe cómo manejar la situación. Estaba confundida. Traté, de verdad traté de…
—Cállate, zorra. —Volteó la cara para que no pudiese mirarla. Solo pude vislumbrar como unas pequeñas lágrimas caían por sus blancas mejillas—. No tienes que explicarme lo que ya sé, ¿por qué estamos hablando de esto?
—Solo... salió el tema.
—Termínalo, entonces.
Apegué los hombros al cuello y empecé a abandonar su rostro con una inmensa culpa atacándome. Sin embargo, una ruda mano atrapó mi muñeca, impidiéndome soltarla.
—Chloe…
Regresó los ojos a mí y me perdí en ese celeste mar de absoluta honestidad. Eso tenía de especial mi amiga. Esa… hermosa forma de traspasarte solo con la mirada.
—¿Todavía soy tu amiga? —cuestionó, tomándome desprevenida.
—¿Huh?
—¿Todavía confías en mí?
Me quedé observándola unos largos segundos en blanco. Totalmente en blanco e hipnotizada por sus sinceros ojos que, para variar, hacían magia. Porque lograr desmoronarme solo con ellos era eso, magia.
No pude hacer más que sonreír.
—Cuando era pequeña, pensaba que jamás lograría tener una amiga de verdad debido a mi odiosa personalidad —comencé a decir con su atenta visión de fondo—. Hasta que llegaste tú. Alguien que no me juzgó, alguien que… —Me acerqué y junté nuestras frentes—… me ayudó en mi peor etapa. —finalicé. Sus mejillas se sonrojaron, provocando que sintiera el ardor de éstas en las mías—. Claro que confío en ti, Chloe.
—¿Y… cuándo fue que empezaste a verme como una amiga? —preguntó. Yo cerré los ojos, apacible.
—Eso es fácil.
—Para ti lo será. Yo no lo sé, zorra.
Reí por lo bajo y acaricié su cabeza por detrás.
—El primer momento en el pude llamarte amiga… fue cuando te vi sufrir.
Sus ojos se ensancharon y los míos decayeron.
—Porque cuando tú sufrías… —Reforcé el agarre en su cabello, recordando con mucho dolor todas las veces que Chloe se quebró en mis brazos por la falta de su padre, de Max, por la presencia de su mierdastro y... por mí. En ese tiempo, todo aquello me destruyó. Lo único que quería era sanar sus heridas—. Cuando tú sufrías... ¡yo también lo hacía!
—¿Qué…?
Desvié los ojos, avergonzada, y me mordí el borde del labio.
—Era tan molesto… sufrir por alguien más. ¡Bastantes problemas tenía! Por eso, cuando me enteré la verdad de mi padre, traté de cortar ese sentimiento porque sentía que me hacía débil. Que… me ataba a ti. No podía tolerar la compasión que me tenías.
—Rachel…
—Pero al final no pude hacerlo. No quise alejarme de ti. —La miré esbozando una pequeña sonrisa—. Y me alegra haber elegido ese camino, Chloe.
—…
—Con Max es lo mismo. Cada vez que la veo sufrir, cada vez que se enoja o llora… —Bajé los ojos hasta encontrar su dulce carita—… yo también sufro. Solo con ustedes dos he sentido eso. Por eso me fijé en ella, y en ti en el pasado.
Chloe también clavó la atención en Max, pensativa.
—Pero con ella es diferente, ¿no? —preguntó con una seria expresión—. Estás omitiendo una parte.
Dudé en contestar. No porque no supiera la respuesta, sino porque pensaba que iba a lastimarla más con ésta. Y ella era una de las pocas personas que me interesaba cuidar y no dañar.
Ah... Esta conversación me está destruyendo. Estoy a punto de perder la compostura.
¿A quién quiero engañar? La perdí hace mucho. En especial cuando llegó esa maldita niña del futuro y con sus palabras, actos y presencia cortó en dos mi preciada máscara. Mi querida coraza que me protegía de las personas..., de mí misma. No puedo ser una actriz con Max. Traté, pero... fue en vano. No cayó en mi actuación, al contrario, vio a través de ella. Y no exagero al decir que posiblemente a las pocas horas de conocerme. Pero eso solo ocurrió porque se preocupó por descubrir lo que realmente habitaba en mí: una persona insaciable, egoísta y manipuladora. Pero... sería muy cruel para mi orgullo decir que soy solo eso. Estoy segura que a esta altura Max lo comprende bien.
Solo soy devota de las personas que amo con el alma, los demás no me interesan una mierda. Por mí pueden cagarse, morirse, me da igual. ¿Cruel? Quizás, pero esa crueldad es la que me hizo sobrevivir todo este tiempo. Pero atención al final de esta reflexión, porque no todo es pura crueldad. Las preciadas personas seleccionadas por mí, que son dos: Max y mi mejor amiga (la que espera ansiosa una respuesta), desde ese mismo instante en el que me conquistaron se han ganado un pase directo a la lealtad. Así soy; pura mierda con los que no me interesan, leal hasta la muerte con los que sí. Un poco extremista, sí, no voy a negarlo. Incluso Chloe no me creería debido a que... Bueno, le oculté cierta información no hace mucho. Sin embargo, lo hice por su bien..., y porque no quería que me molestara con sus berrinches. Espero que algún día pueda entenderlo como Max lo entendió apenas se lo expliqué.
Así que, en efecto, Chloe. Con ella es diferente, porque ella es diferente a todos, incluso a ti. Ella... no quiere arrodillarse ante mí. Nunca puedo convencerla de hacer lo que yo quiero, y aunque lo haga, siempre encuentra la forma para rebelarse a último momento. Se la pasa llevándome la contraria y peleando por cualquier cosa que diga. Hasta he llegado a creer que es más mentirosa que yo. Y todo eso... Ja, me encanta. Amo que me desafíe y que sea tan diferente pero al mismo tiempo parecida a mí. Con ella no tengo que fingir, o quizás es mejor decir que no tengo la capacidad ni las ganas. No hace falta... Por fin no hace falta ser alguien que no soy.
Esbocé una pequeña sonrisa con solo pensarlo.
Por primera vez estoy frente a una persona que no me admira, que no me tiene en un pedestal. No quiere ser como yo. Bien, tiene sentido. ¿Cómo podría querer eso si le mostré mis peores defectos en menos de una semana? Rompí un record. Ni diciendo que me agarró en unos meses algo difíciles me justifica. Sin embargo, ahí está Max, como siempre, aceptando mis defectos y obligándome a imitarla. Duele, duele como la mierda aceptar lo que con tanto empeño traté de ocultar por años.
—¿Rachel?
Mierda...
Encontrarme después de tanto tiempo conmigo misma no es nada fácil, darle la mano a mi debilidad menos. Pero aquí estoy, asumiendo que alguien más habita en mí. Tratando de aceptar a alguien que ha estado dormida desde que ciertos y desgarradores episodios ocurrieron en el pasado. Ahora es un hecho, mi vulnerabilidad se despertó y no tiene intenciones de dormirse. Todo... gracias a Max. Ella hizo mucho por mí. Pero, ¿qué hice yo por ella además de molestarla?
No hice una mierda. Es probable que ni siquiera se sienta cómoda conmigo. En cambio yo... nunca me sentí tan cómoda con alguien como con ella. Quiero que sienta lo mismo por mí.
—Está bien, puedes decirme lo que significa Max para ti, Rach. Estoy preparada.
Cerré los párpados con ímpetu y el llanto que hacía horas quería emanar, desde que Max se desmayó, finalmente me traicionó.
Lo que significa para mí... me supera.
—¡Carajo! —Me abracé a Chloe en un arranque— ¡Carajo que duele verla así! ¡Por alguien como yo… ella…! —Me refregué contra su hombro, sollozando— ¡No soporto verla así! ¡Y lo peor de todo es que desde que apareció aquí he actuado como una idiota!
Y no sé bien porqué. Creo que simplemente no pude controlarme ante su constante rechazo. Me sacó lo peor. Esa caprichosa parte que por años traté de ocultar con una máscara impenetrable.
Chloe me abrazó fuertemente, y no pude hacer nada más que desplomarme sobre su cálida persona.
La presión de saber la verdad... De saber que en realidad mi destino era estar muerta, y que no estarlo condenaba el de Max, empeoraba la situación. Me destruía. Desde el principio lo hizo. Quebraba lo que con tanto esfuerzo y años pude lograr: una actuación perfecta. Ni sé cómo pude mantenerme rígida hasta ahora, y eso que ni siquiera estoy consumiendo drogas fuertes, lo cual deseo con desesperación hace días.
No obstante y de una forma muy egoísta, más me descompensa el hecho de que nunca voy a poder estar con ella del modo que yo quiero. Ella... no pertenece aquí.
—¡Mierda!
Si tan solo no fuera una maldita drogadicta, si tan solo no me hubiese hecho amiga de Nathan…, ¡si tan solo no me hubiera obsesionado con Jefferson con tal de salir de este puto pueblo, Max no tendría que pasar por todo esto! Y quizás... y solo quizás, incluso nos hubiésemos conocido en otros términos.
—M-Mierda…
Arrugué la playera de Chloe hasta desgarrarla. No me soportaba en este puto momento.
¡Mierda! Qué vergüenza… ¡Qué vergüenza quebrarme así!
Ya no recuerdo la última vez que me desarmé de esta forma. Tal vez fue cuando me enteré la verdad de mis padres. Sí…, posiblemente esa fue. Tantos años… Tantos años conteniendo esta tristeza.
Ah…, no puedo más.
—Rachel…
Pestañeé con debilidad sobre su cuello, aspirando las lágrimas.
No…, pensándolo bien hubo otras veces. Cuando Max me salvó la primera vez. Cuando me salvó la segunda. Cuando… Carajo, siempre fue con ella.
Comencé a apartarme con el rostro decaído.
Esa estúpida niña vio partes de mí tan rápido que ni siquiera me dio tiempo de ocultarlas. Pero… irónicamente, ella las aceptó así de rápido como yo las mostré. Y pensar que a mí me tomó años aceptar mis propias debilidades... o mejor dicho, taparlas.
Me cubrí la cara, sonrojada.
Qué… vergüenza. ¿Por qué le tuve que mostrar mi peor parte a la única persona que me gusta de verdad?
Un largo bufido me hizo devolver la visión al frente. Chloe, en medio de mi crisis, dibujó una comprensiva sonrisa que no entendí.
—Si me prometes que la vas a cuidar y dejar de actuar como una idiota, te la dejaré.
—¿Dejar? —repetí, confusa y secándome las lágrimas. Ella asintió. Ahora parecía tan calmada comparada a unos minutos atrás..., como si hubiera tenido una milagrosa revelación. ¿Qué mierda estaba tramando?
—Max no es alguien superficial, si se interesó en ti es porque logró ver lo que yo también vi en su momento, Rach. —Sujetó mi rostro, que se encontraba en demasía perdido—. Eres una buena persona, aunque un tanto descarrilada. —Me mostró los dientes, traviesa— ¿Pero quién no lo está? Solo tienes diecinueve años, y pasaste por mucha mierda. Nadie puede culparte.
—Chloe…
—¡Pero! —Atrapó mis cachetes con ambas manos y los estiró de un ridículo modo— ¡Voy a estar vigilándote! A la primera que la hagas llorar, yo…
—¡No lo haré! —Sujeté los suyos en un impulso— ¡No la haré llorar!
Nunca pensé que estaría tan emocionada por tener su bendición. La energía que perdí a causa de la tristeza volvió a mí de un tirón. Bueno…, las cosas eran así, aunque me jodiera aceptar que necesitaba su aprobación. Se supone que yo hacía lo que quería con quién quería, pero… Ja, claramente no era así. No con Chloe en el medio.
Achinó los ojos de un ridículo modo, como si sospechara de mí ahora, tentada persona.
—¡Promételo! —exclamó.
—¡Lo prometo! —Asentí una y otra vez, entusiasmada—. Chloe, nunca la haré llorar.
—Hm…
—¿Qué pasa con ese "hm"? ¿No me crees? —pregunté elevando una burlona comisura— ¿Qué tengo que hacer para convencerte?
Ella delineó una cómplice sonrisa y yo no pude evitar imitarla.
—¿Quieres jugar a eso otra vez, eh? —inquirió— ¿Qué me ofreces?
Sonreí más, nostálgica.
—¿Qué quieres? —pregunté. Chloe no dudó en poner el índice en sus labios, y con eso ya sabía la respuesta. No me la esperaba, pero tampoco me sorprendió.
—Ya sabes lo que quiero.
—¿Oh? ¿Es en serio? —Reí por lo bajo—. Pensé que ahora estabas interesada en Max.
—¡Lo estoy!
Mi soberbia sonrisa decayó de golpe.
—Si eso es cierto, supongo que sabes que no te la entregaré —dije visiblemente a la defensiva—. No me gustan los tríos y menos compartir.
Ella pestañeó y soltó una imprevista carcajada.
—¡Qué novedad! Dime algo que no sepa, reina del drama, porque todos los que te conocemos sabemos bien que eres ridículamente egoísta, tal como una niña.
—¿Y qué si lo soy? —Acaricié el suave cabello de Max, marcando mi territorio—. Te lo repito, ella es mía.
Parece que mis palabras la incentivaron, porque siguió cagándose de risa como si nada, provocando que mi ceja tiritara. Reía tanto que hasta las lágrimas rodaban por sus mejillas. En resumen: soy un chiste.
De acuerdo, tengo que admitir que a veces (y solo a veces) soy un poco impulsiva y digo cosas sin sentido. Ésta claramente es una de las ocasiones. Pero mierda..., no soporto que esté en el medio de nosotras.
—Qué lástima que seas tan aburrida —continuó, secándose el borde de los ojos—. Pudimos haberla pasado tan bien las tres juntitas... —Me guiñó un arrogante ojo que no me agradó. Cosa que notó y que descabelló de nuevo a su risa— ¡Ja, ja! ¡Relájate! ¡Te estoy jodiendo! Después de todo, a mí tampoco me gusta compartir. —Pasó la mirada a Max y una honesta sonrisa nació en sus labios.
Una sonrisa que me molestó más de lo que debería.
—Chloe, hablo en serio...
Elevó la vista y me sonrió de oreja a oreja.
—Cálmate, ahora mismo lo único que quiero es sellar nuestra promesa. ¿Qué dices? —Acomodó un largo mechón detrás de mi oreja—. Por los viejos tiempos.
Entreabrí los labios, sorprendida por esa inesperada vuelta. El solo pensar en besarla hacía que justamente el tiempo retrocediera en mi mente, llevándome a esos nostálgicos días en los que no éramos más que unas niñas con grandes sueños. Ja… Sí, fueron buenos tiempos en los que no sabíamos muy bien quiénes éramos. No nos interesaba saberlo. Nada más queríamos vivir el presente y pasar de toda la mierda que nos acontecía.
Sonreí.
—Bien. Entonces, si es solo eso... —Comencé a acercarme mientras ella buscaba con la mirada mi boca y entrelazaba los dedos en mi cabello—... sello mi promesa… ahora.
Acorté la distancia con su mano impulsándome lentamente e incliné el rostro hasta que nuestros alientos se encontraron. Presioné sus labios en un corto beso que me hizo recordar el primero, pero que no lo igualó. ¿Cómo podría? Faltaba algo esencial: pasión. En el pasado nos gustábamos demasiado como para solo rozarnos los labios y dejar fuera a nuestras lenguas, que se desesperaban por enredarse. No obstante, ahora todo eso era un lejano recuerdo. Una lejana sensación. Y estoy segura que no era la única que lo veía así, Chloe también.
Al final, fuimos meramente un romántico capricho para la otra. Típico de dos idiotas adolescentes.
Nos desprendimos de a poco, sabiendo que ese sería el último beso que nos daríamos, aunque eso lo tenía claro hacía años. Por supuesto, ella también. Este… fue un extra. Un regalo de despedida.
Abrió los ojos, que se habían cerrado por el cariñoso encuentro, y me guiñó uno.
—Gracias por eso. —dijo mientras yo me incorporaba con una tenue sonrisa.
—Gracias a ti, Price. Tus labios siguen tan dulces como los recuerdo —susurré, rozándome los míos con las yemas de los dedos—. Siempre es un placer besarte.
—Ja... Cierra la boca. —Negó con la cabeza, burlona, y contempló de soslayo a la desmayada Kate—. Creo que debería llevar a la monja durmiente al hospital. —dijo con cierta picardía. Pasé la vista a ella, curiosa.
—¿Hospital? ¿No íbamos a la casa de sus padres?
—Dijo que la lleváramos ahí en vez de a su casa, ya que queda bastante lejos. Parece que trabaja a medio tiempo en el hospital.
—Oh, cierto. Lo olvidé.
—¿Cómo no hacerlo? —Se acomodó mejor en el asiento y arrancó la camioneta otra vez. Y por suerte, comparada a la última vez, con una sonrisa—. Cuando lo dijo estabas muy ocupada con tu nueva "amiguita".
Me acomodé en el mío aún con Max en mi regazo. Sí, es verdad. Fue algo así cuando mi querida heroína se descompensó de repente y Kate nos ofreció llevarla al hospital donde suele trabajar. Decidimos que era muy arriesgado llevarla a un lugar tan público y que, al igual que siempre, Max despertaría de un momento a otro cuando su mente se tranquilizara de un posible viaje en el tiempo que voy a reprocharle apenas abra los ojos.
Observé a la viajera con atención y sentí mis mejillas arder.
—Se desmayó, ¿qué esperabas que hiciera? —Acurruqué su rostro en mi pecho, esbozando una leve sonrisa—. Tenía que cuidar a este lindo bebé.
—Ja, no sé si la estoy dejando en buenas o malas manos. Eres un puto demonio.
—¿Dejando? —Miré a Chloe— ¿No vendrás con nosotras?
—Las dejaré en mi casa mientras llevo a la monjita al hospital. Es mejor que la hippie descanse como debe ser. Ha pasado por mucho.
—¿Eh? —Me ruboricé más— ¿Nos dejarás… solas? —cuestioné en un hilo de voz. Chloe me espió de reojo.
—Si van a usar mi cama… espero que tengas la delicadeza de cambiar las sábanas.
Y eso fue todo. Hasta sentí mi entrepierna contraerse por lo que mi lujuriosa mente imaginó en un santiamén. Nunca en mi vida me había sentido tan nerviosa, y sabía que no era momento de estarlo y menos de hacerlo, pero… la situación era muy atrayente. Para empeorar la cosa, tampoco ayudaba el "pequeño" detalle de que mi cuerpo todavía estaba algo delicado por el inesperado encuentro que tuve con Max en el Vortex; sensibilidad sería una buena palabra para describirme ahora. Un solo roce, un solo beso... y podría llegar a perder el control. No sé si a Max le gustaría eso...
¿Qué estoy pensando? Obviamente no le gustará... Mierda.
Sin embargo, a pesar de ser consciente de su futuro rechazo, quería más. Deseaba con todas mis fuerzas explorar esas incitantes curvas del cuerpo que se mostraba tan inocentemente relajado en mis piernas.
Me cubrí la boca, ansiosa.
—L-Lo haré, las cambiaré.
—¡¿Huh?! —Me empujó con la mano libre— ¡Estaba jodiendo! ¡Ni se te ocurra coger en mi cama, perra!
—¡Pero tú dijiste…!
—¡Agh! —Detuvo la camioneta frente a su casa y se refregó la cabeza impacientemente— ¡Me sacas de quicio! Bájate de una puta vez, y será mejor que te comportes. —Me señaló, amenazante.
—Ya lo dijiste, no hay vuelta atrás —dije, abriendo la puerta. Al salir me agaché y llevé los brazos hacia atrás—. Ponla en mi espalda.
Chloe bufó y me ayudó a colocar a la durmiente heroína sobre mí. Atajé sus muslos y me reincorporé con cuidado para no tirarla.
—¿Vas a poder con las escaleras, Ra?
—¡Claro que sí! Esta cosita no pesa nada. —Sonreí sobre la tierna mejilla de Max y comencé a caminar hasta la puerta— ¿Y tú podrás con la monja? Sí que le diste un buen susto. Todavía sigue babeando, si es que no pasó al otro lado.
Chloe sofocó una risita.
—Haré lo posible para no ser exorcizada.
Abrí la puerta con las llaves que, por supuesto, tenía de su casa, y di media vuelta mientras Chloe encendía el motor, que a todo esto, para variar le costó despertar.
—Ya es hora de que cambies esa cagada. —Detallé la camioneta de arriba abajo, socarrona—. Tienes que jubilarla.
—¡Cierra la boca! —gritó desde la ventanilla— ¡Esta cagada te salvó la vida, malagradecida!
—Oh... —Rodé los ojos, recordando ese penoso episodio—. Cierto, supongo que le debo una a esa chatarra.
Sí..., una muy grande. No solo por salvarme, sino por ser nuestro refugio por tanto tiempo.
—¿No deberías debérmela a mí? —inquirió alzando una disgustada ceja—. En otras palabras, ¿agradecerme?
Yo negué con el dedo índice, confianzuda.
—Sabes que yo no hago esos trabajitos, Price. Excepto... —Desvié la mirada hacia la mejilla de Max, que era adornada por unas tiernas pecas que me enloquecían—... a ella. —Presioné los labios contra su piel—. Mh... Tan suave. Quiero comerla toda...
—¡¿No podrías esperar un poco?! —Escuché los alaridos de mi amiga, despegándome de su cachete— ¡Está inconsciente, idiota! ¡Contrólate!
—Creo que no podré. Esto terminará en una violación.
—¡No jodas con eso! ¡Agh! —Colocó las manos en el volante y gruñó igual que un animalito— ¡Vete a la mierda!
—¡Me iré a otro lugar! —Señalé la entrepierna de mi heroína, relamiéndome los labios—. Uno más delicioso.
—¡No me hagas imaginarlo!
Solté una carcajada mientras entraba a su casa. Antes de cerrar la puerta, giré el rostro hacia Chloe una última vez.
—¿Estás segura que no hay nadie? —pregunté. Ella asintió, colocando el codo en el borde de la ventana.
—A mi vieja le toca el turno nocturno hoy, y el mierdastro sigue en la escuela vigilando.
—Hm... ¿Volverás, no?
—¡Por supuesto! No puedo llamarme su amiga si la dejo mucho tiempo en manos de un demonio como tú. —Sonrió de soslayo, arrancando la camioneta—. Cuídala, Rach. Volveré pronto.
Le sonreí y comencé a cerrar la puerta.
—Lo haré. Tú también cuídate, Chloe.
Sacó un triunfante pulgar por la ventanilla y aceleró, dejando en el camino un espeso humo negro. A los pocos segundos la perdí de vista. La oscuridad de la noche ayudó.
Ten cuidado, por favor.
Respiré hondo, cerré la puerta y pasé la atención al adormilado rostro de Max.
—¡Bien! —Me animé, sujetando con más fuerza sus piernas. Miré la escalera, desafiante— ¡Vamos!
Decir que me costó subirla es quedarme corta. Tenía los brazos y piernas entumecidas de lo tedioso que fue. Tal vez me confié un poco...
¡De acuerdo! lo admito: subestimé bastante a esas putas escaleras.
Caí a su lado sobre la cama totalmente agitada.
—Eso fue... más difícil de lo que creí —musité con falta de aire—. Pero no fue tu culpa, linda. Soy yo la que está en mal estado físico. Debería empezar a hacer algún deporte, además de bailar en el puto Vortex... —Levanté la mano y acaricié su mejilla en un vago intento de despertarla—. Max... ¿estás aquí? Quiero ver tus ojos...
Hizo una adorable mueca dormida que me estrujó el pecho.
—Ah... Eres una lindura. —Me incorporé un poco y besé su frente, para luego, ensimismada por el embriagante aroma que emanaba su piel, comenzar un lento recorrido de besos por todo su rostro—. Deja de tentarme así... —Besé la punta de su nariz—. No podré contenerme mucho más...
Entreabrí los párpados, que se cerraron por la suave sensación de su piel contra mis labios, y mis ojos saltaron de golpe cuando otros profundamente azules me capturaron con fragilidad.
Se me entrecortó la respiración.
—¿Ra... chel?
Tragué saliva, nerviosa, y asentí.
—Rachel... —repitió, arqueando las cejas de un angustioso modo—. Eres tú... —Levantó los brazos con un notable esfuerzo y los enredó en mi cuello. Me impulsó a su cuerpo, generando que el único y perfecto amortiguamiento fueran sus pechos contra los míos— ¡Eres tú!
Empezó a llorar sobre mi cuello de repente, humedeciéndolo. Y yo solo rogaba que se recuperara pronto para que me explicara a dónde mierda fue; qué le pasó, dónde terminó.
No soy nada imbécil. Sé que viajó al pasado cuando estábamos en la escuela. Necesito saber la razón, y más lo que vio para que de la nada misma yo me convirtiera en un ser digno de ser abrazado. Aunque... tengo una leve idea, y no me agrada.
—Max... —susurré en su oído, abrazándola. En consecuencia, mi cuerpo terminó más adherido al suyo, provocando que un excitante escalofrío me recorriera por la plácida sensación de esos suaves pechos frotándose contra los míos.
Ah... Esto será difícil.
—Dime, ¿qué sucedió? —pregunté.
Pestañeó sobre mi piel, como si mi cuestión la despertara, y lentamente comenzó a incorporarse, por ende, yo también. Quedó sentada sobre la cama y se cubrió la frente como si un inmenso dolor estuviera atacándola.
—¿Estás bien? —cuestioné, preocupada y buscando con la mirada la suya— ¿Te duele la cabeza?
Negó y se destapó. Mi corazón se aceleró por el extraño brillo que invadía a sus ojos. Su mirada... había cambiado notablemente desde nuestro encuentro en el Vortex. Ahora parecía tan... tan entregada a mí. Tan decidida.
¿Por qué...?
—¿Y Kate? —Giró el rostro de un lado a otro— ¿Esto es... el cuarto de Chloe?
Su voz todavía sonaba frágil; apagada. Como si su garganta no se hubiera ejercitado por mucho tiempo. En vez de dormir una hora, parecía que hubiese dormido dos días enteros.
—Sí.
—¿Dónde están ellas? —preguntó, tensando la frente.
Ah... Esta chica no se relajó ni un solo minuto desde que llegó al pasado. ¿Cómo hace? Yo ya hubiera explotado hace mucho.
—Tranquila. Chloe fue a llevar a la monj... a Kate al hospital. Ella prefirió ir ahí en vez de con sus padres.
—... Ya veo. —Suspiró, refregándose la frente—. Lamento el alboroto que hice. —Asomó los ojos por encima de su mano de un tímido modo que me desarmó— ¿Me desmayé, no?
—Sí, poco antes de salir de la escuela. De eso quiero hablarte. —Sujeté su rostro, que se empecinaba en estar decaído— ¿Podrías decirme de una buena vez lo que pasó? Sé que viajaste en el tiempo, así que ahórrate las mentiras.
Su labio inferior se desprendió con sorpresa.
—¿Cómo lo sabes?
—Ja, fácil. Desmayarte es sinónimo de retroceder para ti. —Clavé el dedo en su nariz, juguetona—. Oh, y además, tu linda naricita te dejó expuesta, para variar.
Se la cubrió, sonrojada.
—Así que, ¿vas a hablar? —inquirí.
Se achicó en el lugar y bufó, para acto seguido tomarme absolutamente desprevenida con una hermosa sonrisa que para nada venía al caso.
—No puedo luchar contra ti. —dijo y se puso de pie con lentitud. Caminó por la habitación sin un rumbo fijo, dándome a entender que lo que tenía que decir requería que aclarase sus ideas primero.
Y en efecto, las aclaró. Cuando traté de levantarme para llegar hasta ella, empezó a hablar. Y el contenido de sus palabras generó que me cayera de culo contra la cama de nuevo. No podía creer por todo lo que tuvo que pasar, menos la historia de "la otra Max", pero lo que más me impactó fue...
—Jefferson te asesinó. —Me observó desde lo alto con los ojos rojos—. No pude evitarlo. —Se cubrió el rostro, dejando entrever pequeñas lágrimas que escaparon entre sus dedos— ¡Todo fue porque quisiste protegerme, idiota!
—¿Qué...? —Fue lo único que pude modular. Un lado mío, más allá de estar totalmente paralizado, se alegró por finalmente haber hecho algo por ella aunque haya resultado en mi muerte. Pero el otro se aterrorizó a tal grado que la garganta se me endureció, el pecho se me cerró y mis ojos... Era incapaz de parpadear.
Así que... mi destino no puede ser cambiado.
Tragué saliva con los músculos totalmente entumecidos.
De espaldas y girando el rostro de vez en cuando hacia mí con una triste expresión, siguió contándome todo lo que pasó. Detalle por detalle, lágrima por lágrima. Las mías la acompañaron, aún tratando de comprender cada frase que me estaba diciendo. Poco a poco todo iba teniendo sentido. En especial el porqué Max se estaba mostrando tan diferente conmigo, como si finalmente me hubiera ganado un lugarcito en su corazón. Me vio morir, esta vez lo presenció. Y eso... parece que le reveló una verdad importante. Me pregunto si es la que estoy pensando...
Quiero saberla.
—Jefferson tiene que morir.
Esa frase me hizo reaccionar. Parpadeé como pude y la observé con atención. Max relajó la frente, que se encontraba tensionada hacía minutos, y me contempló con seriedad.
—Ese es el final de mi misión.
—¿El final? —repetí.
—Siempre hay un acontecimiento que hace que vuelva al presente. Uno que debo cambiar. —Cerró los ojos como si dolorosos recuerdos la hubieran invadido—. En este caso es la muerte de Jefferson. No era salvarte a ti ni a Chloe, no esta vez. Era matarlo a él.
—Max... —La llamé, comenzando a incorporarme. Ella llevó la mano al frente, deteniéndome.
—No te preocupes, de alguna manera voy a solucionar todo esto. Te salvaré, no te dejaré morir de nuevo.
Fruncí el entrecejo. Odiaba que quisiera arreglar todo sola, porque justamente no estaba sola.
—Chloe y yo te ayudaremos con lo de Jefferson como veníamos haciendo.
—Ya no tiene nada que ver con ustedes. —Me miró por encima del hombro, y yo no podía creer que esa actitud proviniera de ella—. Será mejor que se queden al margen.
Arrugué los dedos contra el acolchado, furiosa.
—¡Todo tiene que ver con nosotras, idiota! —Me puse de pie de un salto— ¡Y contigo! ¡Las tres estamos metidas en esto! ¡Deja de evitarnos! ¡Y en especial...! —Cerré los puños—... de mentirme. ¡Mira lo que pasó por mandarte sola! ¡Estuviste a punto de morir, imbécil!
Su mandíbula se desencajó.
—Rachel...
—¡No soporto que me dejes afuera de todo!
—¡No lo hago! ¡Solo...! —Acercó un paso— ¡Ya hiciste suficiente! ¡¿No entiendes que fuiste asesinada por mi culpa?!
—¡No me importa! —exclamé, paralizándola—. Max, no me interesa lo que me pasó. Lo único que me interesa es que sigas con vida. —continué. Ella apretó visiblemente las mandíbulas y de pronto sujetó mis hombros.
—¡A mí sí me interesa! ¡Fui yo la que presenció tu muerte! ¡¿Cómo crees que me siento luego de ver eso?!
—... Entiendo que pudo ser difícil, pero estoy aquí ¿no? Lograste regresarme, lo cual te agradezco... de nuevo. —Delineé una tímida sonrisa—. Así que...
—¡Así que nada! ¡Pude volver al pasado de pedo! ¡Casi no lo logro! —Me soltó de golpe, generando que cayera de nuevo sobre la cama. La miré desde lo bajo, obstinada— ¡Es suficiente! ¡No vas a meterte en esto, Rachel! ¡No podría...! —Se calló de repente y volteó el rostro, evitándome.
—¿No podrías... qué? —inquirí en demasía curiosa por ese carmesí color que estaba apareciendo en sus cachetes.
—Olvídalo, no cambiarás de opinión aunque lo diga.
—¡Dime!
Regresó los ojos a mí de una profunda y lenta forma que me congeló. Tragué saliva, ansiosa.
—No podría soportar perderte de nuevo, Rachel. —musitó.
Mi habla quedó sellada gracias a esas perfectas palabras. Ella... de verdad me quiere. No sé cómo hice para conquistarla con el desastre de persona que soy, pero me quiere. Por eso teme perderme, al igual que yo a ella.
Entrecerré los párpados, hipnotizada por esos preciosos ojos azules que sufrían en silencio, y extendí los brazos.
—Ven...
Dudó unos segundos antes de bajar la cabeza con un aire de derrota y arrastrar los pies hasta mi expectante persona. Apenas la sentí cerca, atajé su cintura con ambas manos para impedir un posible escape y la impulsé hacia abajo. Quedó sentada a horcajadas sobre mis piernas, y para mi alegre sorpresa, no se privó de enredar los brazos detrás de mi cuello. La escaneé de arriba abajo con una suave sonrisa.
—Qué linda eres... —murmuré contra su aliento, sin quitar la vista de su boca—. Max, escúchame bien. —Apreté la parte baja de su cintura, generando que mi entrepierna ardiera sin querer por la presencia de otra aprisionándola. Carraspeé, tratando de centrarme. Tenía un discurso que dar—. No vas a perderme, tranquila.
—Ya lo hice... una vez —contestó, apegándose más y escondiendo el rostro en la curva de mi cuello. Mi respiración se entrecortó cuando sentí sus carnosos labios rozándome—. Todo es tan jodidamente frágil...
Tengo que concentrarme con urgencia.
—No lo harás, no me perderás. Siempre estaré contigo... si es lo que deseas. —dije, deslizando lentamente las manos por su espalda. Escondí la punta de los dedos debajo de su corta playera, encontrándome con una suave y cálida piel. Arqueó la espalda al sentirme, provocando que sus pechos se impulsaran hacia adelante, dejándome más que endurecida por tal perfecto panorama.
Estaba a punto de perder el control. Esto no fue una buena idea, nah-ah. No conmigo tan sensible.
—Si es lo que... deseo —repitió de un perdido modo, como si esa frase hubiera retumbado en alguna parte de su memoria—. Sí, es lo que deseo, Rachel. —Regresó los ojos a mí mientras aproximaba el rostro de una peligrosa manera—. Quiero estar contigo.
Ensanché los míos, impresionada. ¿Escuché bien?
—¿Siempre? —pregunté en un hilito de voz.
—Siempre.
Mi corazón se aceleró a los golpes, impidiéndome respirar con normalidad.
¿Qué pasa con esta honestidad de repente?, ¿acaba de aceptarme?, ¿así, de la nada? ¿Qué mierda le sucede? Va a matarme... y supuestamente acabo de revivir. ¡¿Alguien puede pensar en mí?!
—Max... —la llamé, mordiéndome el borde del labio en un inútil intento de sosegarme. Los nervios me estaban dominando— ¿Estás hablando en serio? —Agarré mi confiable pluma y empecé a frotarla. Me ayudaba a calmarme—. Porque esto suena un poco descolocado si pensamos que hace unas horas no querías saber nada conmi...
—Muy en serio. —Acercó más el rostro y rozó mis labios. El aire terminó de perderse y las pocas ideas lúcidas que me acompañaban se disiparon—. Rachel, yo... quiero hacerlo contigo.
afjksafjklasjfdsoakldajkdas
—Lamento si todo este tiempo di un mensaje equivocado, yo... —Se tapó la boca, vergonzosa, pero no más que mi suspendida persona—... desde el primer momento en que te vi me generaste algo.
—¿Q-Qué dijiste? —pregunté, posiblemente muy roja y con los ojos cual piedras.
—¿Eh? Umm... Lamento si todo este tiempo di un mensa...
—¡Antes!
Ella alzó ambas cejas y sonrió.
—Quiero hacerlo contigo.
¡BANG! Directo en el corazón. Y en mi cosita. Esta situación no podía carecer más de sentido.
—Quiero hacerlo porque yo...
—¡Espera! —En un esfuerzo sobrehumano, puse las manos en su pecho respirando exageradamente una y otra vez—. E-Espera... —Antes de que yo misma llevara esta situación a un erótico e irreversible momento, tenía que decirle mis sentimientos. Era lo justo. Pero además...—. Antes de que sigas con esas hermosas palabras que tanto esperé, quiero mostrarte algo.
Confundida y por lo que pude ver, algo decepcionada por interrumpir tal fogosa confesión que jamás creí que llegaría, ladeó el rostro de costado con un grado de ternura que me derritió.
—¿Qué?
Sonreí de soslayo y acaricié su mejilla con el pulgar.
—Mi pasado. —respondí.
—¿Huh?
—Quiero mostrártelo.
—... ¿Ahora mismo? —inquirió de un susurrante e incitante modo, abrazándome con más fuerza. Dibujé una ridícula y tensa sonrisa al sentir sus pechos tan fusionados con los míos. Y su voz... Ah... Esa susurrante voz me estaba quemando los sentidos.
Estoy segura que para esta altura mi entrepierna debe ser una laguna... ¡Pero no importa! ¡Se sigue, se sigue!
—A-Aunque me pese, sí. Es necesario —respondí, bajando las manos por su espalda hasta atajar su erguido trasero, que extrañamente ni se sobresaltó. Le di unas juguetonas palmaditas— ¿Me acompañarías a un lugar, bonita?
Ella sonrío con cierta travesura que no la destacaba, y en un leve movimiento se inclinó y besó la comisura de mi boca.
—Si me das un beso, lo haré.
De acuerdo, esto es mucho para procesarlo. ¡¿Qué mierda le pasa?! ¡¿Acaso regresó la Max equivocada?! Tiene que ser un clon, ¡tiene que serlo!
Admiré de reojo su confiada ceja arqueada, acalorada.
Meno, como sea... Clon o no, voy a aprovechar esta inesperada situación. Sería un pecado no hacerlo.
—No dejas de sorprenderme, Maxine —dije ya en una lasciva tonada, reforzando el agarre en su trasero—. Si tanto lo quieres, te lo daré. —Volteé un poco la cara; lo suficiente para que mis labios se encontraran con los suyos. Apenas nos rozamos los presioné con fuerza y con unas ganas insaciables pero que tenían que ser controladas.
Control que se extinguió cuando entreabrió la boca y asomó la lengua sin pudor alguno. La mía inmediatamente la buscó cual imán, enredándose con ella de una suave pero desesperada manera. Comenzamos a degustarnos entre audibles y roncos jadeos como si no lo hubiéramos hecho por siglos.
Ah... Tan deliciosa.
Mientras nuestras bocas luchaban entre ellas, empezó a mover las caderas lentamente hacia adelante, que bien aprendieron de las mías lo que podían llegar a causar con unos pocos movimientos: frotar una parte esencial.
—Mh... —Presioné con más fuerza su trasero, apretando su intimidad contra la mía, y absolutamente llevada por el momento, metí las puntas de los dedos dentro del borde de la falda, hallando el elástico de su ropa interior. Estiré los costados hacia arriba, generando que Max sofocara un excitante gemido en mi boca. Nuestras lenguas, sin quedarse atrás, se enredaban cada vez con más furia, haciéndome perder la cordura en el camino.
Esto se estaba saliendo de control.
Tengo que parar... Si sigo así voy a desnudarla antes de tiempo.
Me despegué con una increíble fuerza de voluntad que no creía tener, y la observé, agitada.
—Max...
Ella sonrió como si nada. Como si mis manos, ahora dentro de la falda, no estuvieran estrujando sus queridas nalgas innecesariamente fuerte. Si no lo hacía iba a caer.
Max llevó los dedos hasta mi mejilla y acomodó un desordenado mechón detrás de mi oreja.
—Llévame a tu pasado, Rachel.
Tardé en reaccionar y devolverle una absorta mirada. Cierto, tenía algo muy importante que contarle antes de llevar las cosas más lejos.
Asentí, sonriente.
—Lo haré, vamos.
¡Capítulo once entregado! Estamos entrando en una nueva etapa de la historia, que podría decirse que está cerca del final. Ok, por ahí no tan cerca jajaja. Lo voy a ver en el camino.
¡Gracias por leer, estimadxs!
lestibur: ¡Gracias por leer! Espero que este capítulo también te haya gustado. Muchas gracias por el super apoyo, me alegra que te guste tanto la historia. Te leo en el próximo. ¡Besote!
esotero123: ¡Gracias por leer! Y sí, parece que Max se está rebelando bastaante jajaja. Te leo en el próximo, ¡besote!
