KuraiTsukiYume: No es Carrie. Al final del capítulo se dan más pistas.

jaajaja, ¿a quien querías matar el capítulo pasado? ¿Alguien a quien quieras matar en este?

Gracias por comentar :)

Sara: Me alegro :)

Nat-Marie: Nop, no es Carrie, pero al final del capítulo doy más pistas, si es que todavía te interesa que responda cualquier pregunta, jjijiji. Mira que yo también me reí, así que las dos nos vamos al infierno :P

Gracias por comentar :)

Por cierto: Snape's demise, por Alexandre Desplat es lo que imagino que suena de fondo en la primer escena.


Capítulo 9: Una Disculpa Mediocre.

1° de Mayo, 1998.

-...El señor Filch y Madame Pomfrey supervisarán la evacuación. Prefectos: cuando dé la orden, organizarán a los alumnos de la casa que les corresponda y conducirán a sus pupilos ordenadamente hasta el punto de evacuación.

Morgan se movió a lo largo de la mesa de Slytherin: necesitaba saber que sus amigos se encontraban bien. Neville le había dicho que lo estaban, pero ella no lo creería hasta verlo con sus propios ojos. Varios alumnos fingieron no verla, y otros la miraron con desprecio. Pasó junto a Draco, ignorándolo. Casi podía sentir el filo de la daga de Bellatrix Lestrange cortando en su antebrazo izquierdo.

Del otro lado del gran comedor, Harry buscaba a Ron y Hermione.

-¿Y si queremos quedarnos y pelear?- gritó Ernie Macmillan, de Hufflepuff.

Varios alumnos aplaudieron.

-Los que sean mayores de edad pueden quedarse- cedió la profesora McGonagall, quien estaba parada detrás de la tarima, en la cabecera del comedor.

Detrás de ella se encontraban los profesores, junto con los miembros de la Orden del Fénix.

Morgan continuó escaneando la mesa, pero no encontraba señales de sus amigos.

Se congeló a medio paso al escuchar su voz.

-Se que se están preparando para luchar.

Algunos alumnos gritaron, y otros comenzaron a mirar frenéticamente de un lado a otro, buscando la fuente de la voz. Se veían aterrados, y Morgan lo comprendía. Sí su sola voz causaba tal alboroto, ¿que sucedería si se encontraban de frente con él?

-Pero sus esfuerzos son inútiles; no pueden combatirme. No obstante, no quiero matarlos. Siento mucho respeto por los profesores de Hogwarts y no pretendo derramar sangre mágica.

Morgan divisó una larga cabellera rubia, recogida en una pulcra cola de caballo, atada con una elegante cinta roja y se apresuró hacia ella. La tomó del hombro y la volteó de forma brusca, respirando aliviada al comprobar que era Daphne.

La rubia la miró por un par de segundos.

-Gracias a Merlín- se levantó y la atrajo en un abrazo feroz.

Morgan había olvidado que a Daphne le gustaba oler a rosas, y sus ojos se llenaron de lágrimas al captar la esencia.

Fue arrebatada de los brazos de la rubia, y un momento después se encontró en los de Theo. A su lado, vio a Tracey sonriendo, con las manos en el pecho y los ojos húmedos.

A su alrededor, la voz no se detuvo:

-Entreguenme a Harry y Morgana Potter y nadie sufrirá ningún daño. Entreguenme a Harry y Morgana Potter y dejaré el colegio intacto. Entreguenme a Harry y Morgana Potter y serán recompensados. Tienen tiempo hasta la medianoche.

El gran comedor se sumió en un silencio de ultratumba. Parecía que el lugar se había dividido: la mitad de las cabezas giraron hacia Harry y la otra mitad hacia su hermana.

Morgan podía verlo en sus ojos: estaban considerando entregarlos.

Pansy Parkinson se levantó de la mesa y alzó la mano.

-¡Pero ahí están! ¡Potter está ahí!- los señaló a ambos, en diferentes extremos del comedor- ¡Que alguien los atrape!

Los alumnos de Gryffindor se levantaron a la vez y sacaron sus varitas, apuntando a los de Slytherin. En la mesa de las serpientes, Daphne, Theo y Tracey se apartaron, formando un escudo entre Morgan y el resto de las serpientes, varitas también alzadas.

Los de Hufflepuff y Ravenclaw siguieron, de espaldas a Harry y apuntando a Parkinson.

-Gracias, señorita Parkinson. Usted será la primera en salir con el señor Filch. Y los restantes de su casa pueden seguirla.

Los Slytherin se levantaron, y con la excepción de tres alumnos, salieron del comedor.

-Uh,... Los van a dejar atrás- dijo Morgan, viendo como los miembros de su casa se retiraban sin mirar atrás.

-¿Qué tan estúpida eres?- preguntó Daphne, volviéndose para sonreírle- Nos quedamos aquí.

-¿D-de verdad?

Tracey, quien no tuvo oportunidad de hacerlo antes, la abrazó.

-Bueno, asociarnos contigo por seis años fue algo estúpido- Theo se encogió de hombros-. ¿Qué más da quedarnos un día más? El daño ya está hecho.

Morgan se separó de Tracey, pero intentó envolver a sus tres amigos en un abrazo grupal. Fue un momento incómodo, con toda la escuela mirando, pero lo soportaron con dignidad.

Por encima del hombro de Tracey, vio al tío Remus junto al resto de la Orden, que sonreía al pequeño grupo de serpientes con una expresión nostálgica en su rostro.

Del otro lado del comedor, la profesora McGonagall estaba echando a los menores de edad de la mesa de Gryffindor.

Tomando las manos de Daphne y Tracey, Morgan se acercó al frente del comedor, donde Kingsley Shacklebolt se había subido a la tarima. Theo las seguía de cerca.

-¡Solo falta media hora para la medianoche, así que no hay tiempo que perder! Los profesores de Hogwarts y la Orden del Fénix hemos acordado un plan. Los profesores Flitwick, Sprout y McGonagall subirán con tres grupos de combatientes a las torres más altas (Ravenclaw, Astronomía y Gryffindor), donde tendrán una buena vista panorámica general y una posición excelente para lanzar hechizos.

Morgan casi no podía creer que esos tres decidieran quedarse para pelear. Creyó que, como el resto, querrían salir del colegio lo más pronto posible (no podía culparlos por querer vivir un día más). Se preguntó qué había hecho para merecer esa lealtad. El resto de la escuela los miraba, no sabiendo qué pensar de las cuatro serpientes, pero ellos se pararon derechos, con los hombros hacia atrás y la vista clavada en Kingsley.

Sujetó las manos de Daphne y Tracey con fuerza. Podría pedirles que se fueran, pero eso solo le conseguiría un maleficio, y lo último que necesitaba era comenzar la noche herida.

Harry, quien se encontraba junto al señor Weasley, la divisó entre el pequeño grupo y se acercó a ella.

-¿Has visto a Ron y Hermione?

Morgan negó; ella creía que estarían ahí.

-Estoy segura de que están bien.

Harry le dio una mirada a los tres Slytherin que permanecían junto a su hermana, y estos le devolvieron una desafiante. Pero Harry no dijo nada, simplemente asintió una vez, casi sorprendido.

-Gracias por quedarse- dijo.

-No lo hacemos por tí, Potter- espetó Daphne.

-Lo sé- él se encogió de hombros, e intentó sonreír a Morgan.

Y solo le llevó siete años aceptarlos.

Kingsley continuó:

-Mientras tanto, Remus, Arthur y yo iremos cada uno con un grupo a los jardines. Pero necesitamos que alguien organice la defensa de las entradas de los pasadizos que comunican el colegio con el exterior…

-Eso parece un trabajo hecho a medida para nosotros- interrumpió Fred Weasley, señalandose a si mismo y a su hermano, George.

El hombre asintió.

-¡Muy bien! ¡Que los líderes suban a la tarima, y dividan a nuestras tropas.

-Potter- la profesora Mcgonagall corrió en su dirección, mientras el resto de los alumnos se amontonaba en la tarima-,¿no tenías que buscar un no sé qué?

-¿Cómo? ¡Ah! ¡Ah, sí!

-Estamos perdidos- dijo Theo, ante la expresión pérdida de Harry.

-¡Entonces vete, Potter, vete!

Morgan se volteó hacia sus amigos y abrió la boca, pero Tracey la interrumpió.

-Está bien. Ve.

La profesora McGonagall les estaba dando una mirada contemplativa.

-Señor Nott, usted subirá a la torre de Gryffindor conmigo. Señorita Davis, señorita Greengrass, el señor Lupin necesitará de su apoyo.

Asintiendo, las chicas le dieron un último apretón a su mano antes de dirigirse hacia el antiguo profesor de Defensa, quien las recibió con normalidad. A su alrededor, varios alumnos parecían nerviosos ante su presencia.

Daphne volteó por un segundo, lanzando una última mirada en dirección del chico castaño.

Theo se quedó junto a la profesora y le dio una última sonrisa.

-Tranquila, Morgan. Todo estará bien.

La profesora se volvió hacia los mellizos.

-¿Ustedes siguen aquí?

Harry tomó su mano y ambos salieron del Gran Comedor corriendo, ignorando las miradas de los demás.


5 de Enero, 1976

El lunes después de clase, Morgan fue directa a la biblioteca.

Se detuvo en la entrada, y se tomó un momento para acostumbrarse; era extraño verla tan llena luego de pasar dos semanas sola.

Vio una mesa vacía y emprendió camino, solo deteniéndose para buscar un libro de Herbología.

Dejó su bolso sobre la mesa junto al libro pero no se sentó. Podía sentir la mirada de alguien posada sobre ella.

Buscó y no tardó en encontrar al culpable.

Black la estaba mirando.

Con cara de pocos amigos, Morgan buscó en su bolso y extrajo una tarjeta. La cargó consigo todo el día, contando en que en algún momento tendría oportunidad de dar a Black su opinión al respecto.

Tal vez sería mejor dejar el incidente en el pasado e ignorar al imbécil.

En cuanto la vio marchando en su dirección, Black se apresuró a apartar la mirada y hacerse el bobo.

Se detuvo junto a su mesa y se aclaró la garganta.

-Es la segunda vez que te veo aquí- comenzó, con las manos en las caderas-. Creo que va a llover.

-Es una biblioteca, amor- dijo él, sonriendo de lado-. Está abierta para que todos los estudiantes vengan a estudiar.

-¿En donde están tus libros?

-Son invisibles. No se sí lo sabías, pero hay varios de esos en aquella sección- señaló las estanterías a su derecha.

Morgan le frunció el entrecejo.

-No veo pergamino ¿O tus apuntes también son invisibles?

-No necesito algo tan vulgar como apuntes. Todo está aquí- se dio varios golpecitos en la sien.

Eso solo acentuó su expresión amarga. Era muy probable que fuera cierto; el maldito era brillante y no necesitaba leer una teoría más de dos veces para ejecutar un hechizo de forma exitosa.

-Hamacarse en una silla y mirar por la ventana no va a ayudarte a pasar la clase- espetó, cruzándose de brazos.

Black dejó de hamacarse, pero sus ojos grises permanecieron clavados en ella.

-Tal vez puedas darme una sesión de estudio privada- dijo socarrón, guiñandole un ojo.

Unas mesas a la izquierda, escuchó a un par de chicas jadear.

Poniendo en uso su mejor imitación de McGonagall, lo miró con severidad, hizo acopio de todo su autocontrol para que su cabello no cambiara de color y le enseñó la tarjeta.

-¿Tuya?

De repente, Black parecía casi inseguro; se removió incómodo y casi dudó antes de responder.

-Si. ¿Te gusta?

-¿Qué si me…?- después de todo lo que había visto en su corta vida, Morgan creyó que había perdido la habilidad de verse incrédula. Por supuesto que era Black el que llegaba a un nuevo nivel-. ¿Esto es otra de tus bromas?

Se rascó la nuca.

-Claro que no. Es una disculpa- casi parecía que le costaba emplear la última palabra.

-¿Llamas a esto una disculpa?- le estampó la tarjeta en el rostro y sacó su varita-. Esto es lo que pienso de tu disculpa.

Con un simple movimiento, la tarjeta se disolvió, y las cenizas cayeron sobre la mesa, sobre las manos de Black, quien parecía debatirse entre el enojo y la culpa.

-Eso no es justo-masculló.

-¿Qué no es justo?-preguntó ella, tomando un paso-. Te diré que no es justo- se señaló el cuello, donde una larga cicatriz rosa apenas había terminado de curar-. Dos cicatrices más para la colección, porque tú tienes mal gusto para las bromas.

Y porque soy demasiado orgullosa para pedir ayuda.

Black se levantó.

-No, no es justo. Te advertí que no fueras.

Morgan lo miró como si acabara de expresar el deseo de abandonar los estudios y unirse al circo como domador de tigres.

-¿Qué?

Black rodó los ojos, como si pensara que la pelirroja era estúpida.

-Dije que eran simples rumores.

Morgan no sabía si reír o darle otro derechazo.

-¿Es enserio? ¿A eso le llamas una advertencia?

El joven suspiró.

-No quería que salieras herida, ¿de acuerdo? No eres tan mala como los otros.

-Entonces, de haber sido otro estudiante no te habrías molestado en darles una ingeniosa advertencia- al llegar al final de la oración, su voz derrochaba sarcasmo.

Black intentó hablar, pero ella no le dejó.

-Bueno, ¿cómo puedes saber que soy diferente? Después de todo, soy otra mortífaga más.

Black hizo una mueca al escuchar el término.

Morgan volteó, y apenas se detuvo para tomar sus cosas antes de salir de la biblioteca.


7 de Enero, 1976

La profesora Fausto les dijo que ese día estarían trabajando con Bowtruckles, y que tendrían que dividirse en grupos de dos.

-¿Se puede de a tres?- preguntó una chica de Ravenclaw, ante lo que la profesora suspiró.

Morgan dejó su bolso en el suelo y se acercó a la profesora, quien le entregó una pequeña jaula con un bowtruckle.

La pelirroja dudaba de la capacidad de su profesora para ejercer su profesión, y estaba segura de que la clase acabaría en un accidente, pues los bowtruckle eran expertos en abrir cerraduras, y usaban sus pequeños dedos para arrancarle los ojos a sus enemigos.

Eran criaturas pacíficas, con el cuerpo de un árbol, de nos más de veinte centímetros de altura y dos pequeños ojos marrones.

-H-hola, Morgan.

La voz de Timothy Alberts, el chico con el que se sentaba en la clase de Defensa, captó su atención.

Le dio una sonrisa amable.

-Hola, Tim. ¿Puedo llamarte Tim? Timothy es muy largo.

El chico parecía nervioso.

-C-c-claro. Llámame lo que quieras-al ver que la metamorfomaga alzaba las cejas, su estado empeoró-. N-no. Lo que quiero decir es…

-¿Quieres ser mi compañero?- preguntó, decidiendo que si esperaba a que el chico se atreviera a preguntarle estaría esperando hasta el siguiente invierno.

Timothy asintió, sacando sus materiales y sentándose frente a la Slytherin.

Morgan abrió la jaula lentamente.

-No deberíamos hacer eso- advirtió el castaño, pausando en su lucha contra la tapa del tintero.

-La hubiera abierto solo de todas formas.

Le ofreció la mano, y el Bowtruckle intentó clavarle los dientes.

-¡Hijo de..!

Rápidamente, volvió a cerrar la jaula con una expresión desagradable. Timothy sonreía.

-¿Quieres dibujarlo?

Morgan negó con la cabeza.

-Si tu lo dibujas, puedo escribir la ficha.

Una vez de acuerdo, los adolescentes se pusieron a trabajar. Hasta ese día, Morgan no había reparado en que compartía esa clase con Timothy. Era consciente de que la mitad de los alumnos llevaba la misma corbata azul, pero estuvo demasiado enfrascada en la ignorancia de la profesora. Deseó que Hagrid fuera el profesor, él sí sabía de lo que hablaba.

Tal vez podría sugerírselo a Dumbledore la próxima vez que hablaran.

Escribió una ficha detallando las características del Bowtruckle mientras Timothy lo dibujaba. Morgan lo miró de soslayo; tenía talento. Su mano se movía con seguridad, y velocidad, y a pesar de que estaba dibujando sobre pergamino, con tinta, no parecía tener dificultad.

-Eres muy bueno- reconoció en voz baja, no queriendo alterarlo. Se veía tan concentrado.

Timothy levantó la mirada sorprendido, como si hubiera olvidado que estaba en una clase.

-Gracias, pero es solo un bowtruckle- intentó restarle importancia.

Morgan sonrió.

-Creeme, yo no podría hacerlo.

-¡Claro que sí! ¿Qué tan mala puedes ser?

Todavía sonriendo, le respondió:

-Te mostraría, pero no quiero dañar tus ojos.

Timothy le devolvió la sonrisa.

-¡AAAAH! ¡Señorita Fausto! ¡Se escapa!- gritó una chica de Slytherin.

-¡MI OJO!

-¡OW!

Suspirando, Morgan miró su reloj.

-Quince minutos. Creí que tardarían menos.


Timothy tenía un periodo libre, por lo que se ofreció a acompañar a Morgan hasta su clase de estudios muggles, que era en la primera planta.

A medio camino, el chico se ofreció a cargar sus libros, y la tercera vez que preguntó, Morgan accedió.

Una vez que comenzaba a entrar en confianza, Timothy era un chico sorprendentemente divertido.

-...Y al otro día desperté en medio del lago- le dijo.

Morgan no pudo evitar la pequeña risa que se le escapó.

-¿Cómo no te despertaste? Creo que yo notaría a alguien moviendome en medio de la noche.

-Duermo como un tronco.

-Aún así.

Doblaron la esquina, donde varios alumnos de Gryffindor y Slytherin esperaban en el pasillo. Lily estaba ahí, sentada en un banco con un libro en el regazo, pero levantó la mirada al escuchar las risas de la otra pelirroja y sonrió con picardía al ver a su acompañante. Su sonrisa se ensanchó al ver que el chico cargaba sus libros.

Frente a Lily, Potter hablaba con voz muy alta, intentado captar la atención de la chica; Sirius se veía divertido, alternando la mirada entre su amigo y la chica de sus sueños; Remus tenía la nariz enterrada en un libro, pero de tanto en tanto rodaba los ojos, dando señales de estar escuchando al otro par; y Pettigrew intentaba captar la atención de los primeros dos.

-Así que…-comenzó Timothy, deteniéndose a un par de metros del resto de la clase.

Morgan se detuvo frente a él.

-¿Sí?

Timothy pareció contemplar sus palabras antes de decirlas.

-Nos vemos pronto- dijo finalmente, volteandose para irse.

-¿Tim?

Se volvió tan rápido que Morgan creyó que se iba a caer. Se veía esperanzado.

-¿Me devuelves mis cosas?

El chico tardó un par de segundos en reaccionar; su expresión cayó, y luego se acercó a ella, entregándole los libros.

-Lo siento.

-Nos vemos en encantamientos- se despidió en voz baja.

No lo había notado hasta ese momento, pero el cabello de Timothy se parecía al chocolate, y una de sus cejas se curvaba de una manera extraña.

Eso pareció animarlo, y se fue pasillo abajo con paso renovado.

Cuando se sentó junto a Lily, evitó hacer contacto visual; en su lugar se dedicó a observar a Potter, quien en un nuevo patético intento por atraer la atención de su amada, estaba flexionando sus músculos.

-¿Ya tienes novio?

Morgan bufó.

-No es mi novio. Compartimos algunas clases.

-Estaba cargando tus libros.

-El se ofreció. Eso no lo hace mi novio, a menos que sea alguna cosa de magos de la que no me he enterado.

Lily tomó su mano, y eso atrajo su atención. Morgan notó que no se veía burlona, sino que su expresión era sincera.

-Es un buen chico.

-Lo sé.

Antes de que pudiera preguntar por Bertram (el nombre todavía le daba gracia), la puerta del salón se abrió.


15 de Enero, 1976

Lily, como de costumbre, tomaba notas de forma enérgica, como si intentara transcribir palabra por palabra lo que decía el profesor.

El profesor Binns continuó su perorata sobre la Guerra de los Gigantes, completamente ajeno al hecho de que solo cinco estudiantes estaban escuchando, y el resto tomando una siesta.

Escuchó una pequeña explosión en la parte trasera de la clase (que fue ignorada por el profesor, y despertó a unos pocos estudiantes), y a pesar de que estaba segura de quienes eran los responsables, no resistió la tentación de mirar atrás.

Remus Lupin le dio una mirada desesperada. Black y Potter se cubrían las bocas con las manos e intentaban no reír, mientras que Pettigrew tenía el rostro negro, cubierto de hollín.

Con una pequeña sonrisa malévola, Morgan sacó su varita de su túnica y la apuntó a Pettigrew. Con un elegante movimiento, un chorro de agua salió disparado de su varita y fue directo al rostro del chico, quien se veía estupefacto.

Al ver a su amigo cubierto en hollín y agua, Black y Potter no aguantaron la risa, lo que finalmente, atrajo la atención del señor Binns.

-Señor Potter, acompañe al señor Pettigrew a la enfermería.

Morgan estaba segura de que el incidente no había sido tan grave, pero Potter no se quejó. Salió detrás de la rata, todavía riendo suavemente.

La puerta del aula se cerró y el profesor continuó con su lección. Apartando la mirada de la puerta, las orbes verdes de Morgan conectaron con las grises de Black, que la miraba como si supiera que había sido ella.

Sorprendentemente, no parecía molestarle que estuviera jugando bromitas en uno de sus mejores amigos. Parecía curioso, y casi divertido.

Sonrió de costado y le guiñó un ojo.

Morgan volteó y continuó tomando apuntes.


23 de Enero, 1976

-Esto será tres galeones y diez knut.

El estudiante depositó la suma correspondiente y tomó su bolsa, saliendo de la fila.

Era un día ajetreado en Honeydukes. Era el primer fin de semana del año en que los estudiantes visitaban Hogsmeade, y la tienda de dulces estaba a rebosar.

Morgan paseó su mirada por la habitación; Lily había prometido pasarse por la tienda a meterla en problemas. Tenía una cita con Bertram Aubrey, quien había comenzado a sentarse en la mesa de Gryffindor todos los días e insistía en ignorar a la metamorfomaga.

-¿Qué estás haciendo detrás del mostrador, Edevane?- preguntó Evan Rosier, entrecerrando los ojos.

Morgan, quien estaba dispuesta a mantener una actitud positiva ese día, fingió pensarlo.

-Trabajando- dijo, alargando la palabra como si estuviera en duda. Luego asintió con una sonrisa-. Sí, creo que esa es la palabra.

-Cuida tu tono, mestiza- escupió un chico de séptimo, con cabello rubio y ojos azules.

Morgan estaba segura de haberlo visto en alguna parte.

Contó hasta diez mentalmente, y luego contó las varitas de regaliz.

-¿Esto será todo?-preguntó. Lo último que necesitaba era meterse en problemas con ese grupete, o ser despedida por ello.

-¿Por que tienes que trabajar, Edevane?- preguntó Nott, ladeando la cabeza-. Y en un lugar como este.

-Bueno, ya que sienten tanta curiosidad, les contaré un secreto: la mayor parte de la población trabaja. ¿Un lugar como este? Sí está por debajo de ti, ¿para que vienes?

-Cuidado- advirtió el chico rubio.

Era un individuo francamente intimidante, pero Morgan estaba pasando mucho tiempo con Lily, y algo de su actitud se le estaba pegando.

-No seas así, Greengrass- Rosier parecía divertido, como si Morgan fuera un ratoncillo de indias en el que estaba a punto de jugar-¿Qué esperabas? ¿Que sus padres muertos pagaran por la escuela?- ante la mirada de sorpresa de la chica, Rosier sonrió ampliamente.

Morgan notó que la tienda se había sumido en silencio, y que casi todos los clientes los estaban mirando.

-Oh, sí. Escuché la historia. Tu padre, un traidor, y tu asquerosa madre sangre sucia, fueron asesinados por los seguidores del Señor Tenebroso. Si me preguntas, se lo tenían merecido.

-¡Oye!

El grupo volteó con desinterés, a ver a quien se osaba a interrumpirlos.

Sirius Black estaba detrás de Rosier, portando una mirada oscura. A su lado, Remus y Potter observaban al resto del grupo de forma amenazadora. Pettigrew miraba desde una distancia segura, cerca de las donas con relleno sorpresa.

-Black, ¿puedo ayudarte en algo?-preguntó Rosier con falsa cortesía.

Black sonrió; era el tipo de sonrisa que Morgan veía en Daphne, Draco y Blaise cuando despreciaban a alguien de la manera que solo los pura sangre sabían cómo.

-De hecho, sí. Puedes salir de aquí, así no tengo que mirar a tu horrendo rostro. Pero antes- tomó a Rosier de los hombros con brusquedad y lo volteó para que quedara de frente con Morgan-, le debes una disculpa.

Rosier emitió un pequeño "Hmp", para luego quitarse las manos de Black de encima.

-¿Por qué debería disculparme? Con una de su tipo, especialmente. Solo estaba exponiendo los hechos.

-¡Guau, Rosier! Y yo pensaba que no podías ser más estúpido- habló Potter. Aunque sonreía, en sus ojos danzaba el enojo.

Greengrass y Nott sacaron sus varitas al mismo tiempo que Remus y Sirius. Potter y Rosier los imitaron.

-Vamos, Rosier, hasta un tarado como tú sabe como disculparse. Repite conmigo...

-No quieres pelear conmigo, Black- dijo, petulante.

-En realidad sí quiero.

Morgan comenzaba a entrar en pánico. Si se hubiera callado, Rosier y sus compinches habrían seguido su camino sin causar alteraciones. ¡Pero no! Tenía que abrir su bocaza en el peor momento.

Era culpa de Lily. Era una mala influencia.

-¿Qué está pasando aquí?

El señor Harkiss, quien salía del sótano, se cruzó de brazos. Los adolescentes bajaron sus varitas.

-¡No quiero peleas en mi tienda! ¡Largo! ¡Los seis!

Rosier le dio una sonrisa encantadora.

-Señor, verá…

-¡Fuera!

Los Slytherin salieron, tomándose la molestia de lanzar miradas desagradables a Morgan y a los Merodeadores en su camino. Remus y Potter los siguieron fuera, y luego fueron en la dirección opuesta.

Black se quedó en su lugar, mirándola con las manos en los bolsillos. Parecía que quería decir algo.

-Yo podía sola- dijo Morgan.

Black bufó, apartando la mirada.

-Cómo sea.

Fue detrás de sus amigos, con Pettigrew siguiéndolo de cerca.

-Luego me dirás que fue eso- dijo el señor Harkiss, señalando al chico en retirada.

Ella asintió, haciendo un gran esfuerzo por ignorar las miradas de los otros clientes.


Morgan estaba releyendo su ensayo de estudios antiguos en la mesa de Gryffindor cuando Lily se le unió.

-¿Qué es eso que escucho sobre Black y Rosier teniendo un duelo por tu mano?

Casi se ahoga con su jugo de calabaza.

Lily le dio unas palmaditas en la espalda y le pasó una servilleta.

-Eres una asquerosa.

-Difícilmente un duelo, Lils- respondió, limpiándose-. Rosier se comportó como un real puro-idiota y Black se metió donde no le llamaban.

Ante la mirada inquisidora de su amiga, Morgan le contó lo sucedido.

-Así que Black saltó en tu defensa...Interesante.

Lily estiró el cuello para espiar a los cuatro bromistas, que tenían las cabezas juntas. De seguro estaban planeando alguna broma.

-¿Por qué es interesante? Black siempre busca razones para pelear con los Slytherin- dijo Morgan, añadiendo una coma a su ensayo-. Creí que tu y Bertram se pasarían por la tienda hoy. ¿En do…? ¡¿Eso es un chupón?!

Varias cabezas se giraron en su dirección, incluída la de Potter.

Los ojos de Lily se ensancharon por una milésima de segundo, pero luego adoptó una expresión casual.

-No- negó, sirviéndose puré.

-Sí, lo es. A ver.

Estiró una mano e intentó quitarle la bufanda, pero Lily le dio un manotazo.

-Aw.

-No toque lo que no es suyo- le dijo.

En ese momento, Bertram apareció en su campo de visión y tomó asiento entre las pelirrojas. Morgan le entrecerró los ojos; no le gustaba que intentara separarlas, y no le gustaba que Lily no lo notara.

Se inclinó e intentó devorar el rostro de la prefecta. Morgan apartó la mirada. Notó que Potter se veía listo para cometer un crimen.

-No en público, Bertie. Ya te lo he dicho.

Al escuchar el apodo, Morgan soltó una risa fuerte, que enseguida intentó enmascarar con una tos.

Bertram le dio una mirada sucia.

-Bueno, nunca creí que diría esto pero: Que bueno que mi castigo comienza pronto- se levantó y sonrió a Lily, ignorando al parásito sentado a su lado- Lils.

Se fue con paso ligero, rezando a Merlín que su amiga dejara a ese mequetrefe pronto.


Aparentemente, el profesor Slughorn no tenía más calderos que necesitaran una limpieza, por lo que su castigo sería supervisado por la profesora McGonagall.

-¿Cómo se ha adaptado, Potter?- preguntó la mujer.

Estaban en su salón, esperando a que Black se dignara a aparecer. La profesora le dio una mirada rápida; estaba corrigiendo lo que parecía ser tarea de los de primero.

-Tan bien como se puede esperar, creo. Lily ha sido de gran ayuda.

-Ah. La señorita Evans, sí- la profesora hizo la pluma a un lado y colocó ambas manos sobre la mesa. Parecía preocupada-. He notado que pasan mucho tiempo juntas.

Morgan esperó, paciente, a que la profesora diera voz a su desasosiego.

-Imagino que crecer sin sus padres debió ser difícil, Potter, pero no estoy segura de que tan sano es pasar tanto tiempo con la Señorita Evans.

Morgan, quien en ese momento no sentía mucho cariño por la profesora, la tranquilizó antes de que continuara.

-No tengo problemas sin resolver, profesora. Y no era mi intención recuperar tiempo perdido- mintió como si nada-. Simplemente sucedió. Lily es bastante persistente.

La profesora parecía no creerle del todo.

-Sí, lo es. Pero siento que es mi deber advertirle…

La puerta se abrió de golpe, y Black entró como si fuera dueño del lugar. Intentó sentarse al fondo de la clase, pero al ver la forma en que la profesora lo miraba, lo pensó mejor y se acercó al frente.

Tomó asiento junto a Morgan.

-Gracias por unírsenos, señor Black.

-Un placer- sonrió él, echándose hacia atrás y comenzando a hamacarse en la silla.

La profesora movió la varita y la silla se enderezó de golpe, tomando al chico por sorpresa. Morgan sonrió, sintiendo como su cariño por la profesora comenzaba a resurgir.

-Ahora, quiero que escriban un ensayo de treinta centímetros detallando las desventajas de hacer bromas y sus terribles consecuencias.

-Nos estás matando, Minnie- se quejó Black.

Morgan sacó su pluma y tinta y comenzó a escribir en el pergamino que la profesora dejó sobre el pupitre.

Con un gemido, Black comenzó a escribir.

La profesora se sentó detrás de su escritorio y continuó con su tarea, levantando la mirada de tanto en tanto para asegurarse de que sus estudiantes no estaban holgazaneando.

Black tenía los brazos extendidos sobre el pupitre como si él fuera el único sentado ahí.

Morgan suspiró por décima vez, irritada cuando sus codos chocaron. Le dio una mirada de reojo, pero el chico no parecía haberlo notado. Miraba su pergamino como si lo estuvieran forzando a escribir el Codex Gigas.

Alguien golpeó en la puerta, y un momento más tarde, el profesor Flitwick asomó la cabeza.

-¡Ah! Minerva, si pudiera robarte un minuto…

-Por supuesto- se acomodó las gafas y se levantó, dando una mirada de advertencia a Morgan y a Black, sobre todo a Black- Continúen trabajando.

La profesora salió del salón y cerró la puerta detrás de sí.

Morgan empujó el codo de Black con el suyo.

-¡Oye!

-Me estás molestando. ¿Para que pones el brazo así? Ni que escribieras con la izquierda.

Black bajó el brazo lentamente.

-¡Santo Godric! ¿Cuál es tu problema?

Morgan hizo a un lado su pluma y sopló sobre el pergamino, esperando a que la tinta secara.

-¿Por qué lo hiciste?

La había estado molestando todo el día.

-Rosier no debería decir esas cosas de tus padres.

-¿Por qué te importa?- le preguntó, comenzando a enojarse-. Si mal no recuerdo, no te agrado.

Black intentó decidir cómo responder.

-Yo solo…

-Te sientes culpable por lo que me dijiste aquella vez- adivinó. Al ver su expresión, supo que no se equivocaba-. ¿Sabes? Si quieres disculparte, házlo en persona; no envíes una estúpida tarjeta ni intentes forzar a alguien a hacerlo por tí.

-Pero Rosier…

-No me importa.

Terminó su ensayo y se levantó para llevarlo al escritorio de la profesora McGonagall. Black tenía la mirada clavada en el suyo.

Cuando la joven volvió a sentarse, él masculló:

-Lo siento.

-Buen intento- dijo ella, cruzándose de brazos-. No te molestes en mirárme a los ojos.

Exasperado, Black levantó la mirada.

-Lo siento. ¿Feliz?

Morgan ladeó la cabeza.

-Lo estaría si lo dijeras en serio.

La profesora McGonagall volvió a entrar antes de que se mataran.


N/A: Sooo, en honor al veinteavo aniversario de la Batalla de Hogwarts, pensé en darles un capítulo más ligero y con un poco de humor,...luego se me ocurrió mostrarles un poco de la batalla desde el punto de vista de Morgan y supongo que eso arruinó un poco el humor.

Para quienes intentaron adivinar la peli: Nop. no es Carrie (si soy sincera no me acordaba que esa película existía). Tampoco es Laguna Azul.

Les voy a dar un par de pistas:

1- Es una peli de principios de los '90.

2- Uno de los personajes usa lentes como los de Harry.

Quien adivine me puede preguntar cualquier cosa con respecto a la historia.

Pronto vamos a conocer a otros familiares de Morgan...voy a dejar que adivinen eso también.

Gracias por leer :)