EL PROTEGIDO

Por Flor McCarthy O'shea

(Los personajes no me pertenecen, sino que son propiedad de Stephenie Meyer. Queda prohibida la adaptación o copia de la historia)

Edward cullen o Ed Masen es un arrogante nuevo actor revelación, protagonista de una saga de acción qe tiene a todo el mundo loco... menos a Bella, que jamás lo ha visto ni oído hablar de él ¿Qué pasará cuando su padre, el jefe Swan, le anuncie que será su deber cuidar de Edward durante todas las vacaciones de verano, en su pueblo Forks, dándole hospedaje en su casa, porque el mismo corre el riesgo de ser secuestrado? Al sentirse desplazada, Bella comenzará un plan de venganza que la llevará hasta un punto que ella jamás pensó. Edward, tampoco se quedará atrás... ¿Aprenderán a soportarse, para hacer felices a sus padres?


CAPÍTULO 11

Canción del capítulo: SOME DAYS - WHEAT

Después del momento de mierda que habíamos atravesado hacía menos de 10 minutos, comencé a relajarme y a pensar en positivo. Si Edward estaba allí, conmigo, definitivamente debía de ser por algo. Una parte de mí, ya había comenzado a creer lentamente que él realmente me decía la verdad con respecto a sus sentimientos… y si no fuera así, ¿qué necesidad tendría de mentir esta vez? Además, no podía hacerme a un lado ahora que el plan para devolverle la felicidad estaba en marcha, y funcionando a la perfección.

Mientras Ed se cambiaba, yo había prácticamente volado para lograr vestirme, llamar a sus padres invitándolos a que tomen un vuelo y comenzar con el desayuno. Hablar con Esme había sido algo muy grato para mí, ella parecía ser una mujer muy cálida y amorosa. Le conté todo lo que había sucedido – obviando cosas como que salía con su hijo y que nos habíamos besado unas cuantas veces - y ella accedió a venir lo más pronto posible con la voz quebrada y llena de diversas emociones. Carlisle y Stefan estarían en la fiesta cuando llegáramos también. Lo que me sorprendió fue que luego, al hablar con el papá de Edward – que por cierto, también era un hombre extremadamente amable que solo hablaba maravillas de Charlie y Reneé-, él me pasó un número de teléfono de un joven abogado de Los Ángeles y me pidió que lo llame y lo invite a venir, ya que eso significaría mucho para su hijo. Jamás había escuchado hablar de él, pero si Carlisle me estaba diciendo eso, era porque verdaderamente debía de ser importante o fundamental que asistiera. Y además, el sabía mucho más que yo acerca de lo que su hijo pudiese llegar a querer. De todas formas, no pude alcanzar a hacer la llamada, porque fue en ese momento que Edward bajó a desayunar y luego llegó el momento del pequeño incidente. Sin importar qué, me haría un lugarcito durante la tarde y me sacaría esa duda que ahora rondaba en mi cabeza, ¿quién era James Gigandet? Pronto lo averiguaría.

- Bien, ¿Qué haremos hoy Señorita Swan? – preguntó Edward una vez que nos subimos a su coche. Como el – desconocido para mí- caballero que era, me había abierto la puerta y un segundo después de eso el motor se encendió. Parecía algo intrigado, por lo que saqué rápidamente de la cartera que había preparado, una barba postiza y una gorra visera de los San Antonio Spurs.

- Así empezará nuestro día – dije levantando en vilo los dos elementos con ambas manos.

- ¿Para qué es eso? – arqueó una ceja.

- Ya verás… - respondí moviendo las mías de arriba abajo una y otra vez.

- Te informo que soy un gran fan de los Lakers, así que no te llevaré a ningún juego de estos… si es que llega a haber por aquí, cosa que me sorprendería bastante…

- Edward, no me gusta el basquetbol – rodé los ojos-. Mi papá usa estas para sus "Misiones encubiertas" – Alcé comillas, dejándolo más confundido que antes.

- ¿Misiones encubiertas?

- Claro tonto, se disfrazan para parecer otra persona y poder operar con más confianza y tranquilidad durante algún acto de vandalismo o algo así. Recuerdo que una vez para atrapar a unos narcos, Charlie tuvo que disfrazarse de vagabundo. Fue muy gracioso cuando volvió a casa con la ropa toda harapienta y olor a pescado – ambos comenzamos a carcajear.

- ¿Y qué tiene que ver eso conmigo? – preguntó finalmente

- Vas a ponértelos – soltó una carcajada-. Hay un lugar al que quiero que me lleves.

- ¿A dónde quieres ir para que tenga que ponerme eso? – señaló con el dedo y continuó riendo

- Al cine – contesté con tranquilidad.

- ¿Y por qué tengo que ponérmelo para ir al cine donde todo está oscuro? – hizo un puchero de lo más adorable.

- Estás haciendo demasiadas preguntas – fruncí el ceño.

- Sólo responde Bells – dijo con voz suplicante. Maldito señor perfecto manipulador-. ¿Por qué debo usarlo?

- Pues... porque sí. Todo el mundo te conoce, Mr. Popular, se darán cuenta que eres tú, y no podré ver la película.

- ¿Y qué quieres ir a ver?

- Enemigos naturales – en ese instante su rostro se congeló y esa mueca de confusión volvió a aparecer.

- ¿Todavía está en cartelera?

- Edward, estamos en el medio de la nada, las películas llegan como varios meses después de su estreno oficial.

- Mierda – sus ojos se abrieron como platos – de todas formas… dijiste que no te interesaba ver mi película, ¿por qué cambiaste de parecer ahora?

- Supongo que ahora me intriga saber por qué todos están tan fascinados con mi novio – CARAJO. ¿Había dicho novio? ¿NOVIO? ¡Estúpida! No hacía ni DOS –sí, he dicho dos – DÍAS desde que me besó por primera vez y yo ya le decía novio. La cara de espanto de Edward no tenía precio, y no era para menos. Probablemente ahora querría tomarse un vuelo con destino a las Islas Caimán para no tener que volver a verme nunca más y no iba a culparlo por eso. Loca, obsesiva de mierda, eso era. Mi rostro debía de estar azul, si es que todavía no había comenzado a adquirir un color verde típico de las náuseas que ya había comenzado a sentir. ¿Exagerada? Para nada, pero hoy en día decir la palabra mágica sin antes haber sido mencionada por el otro ni de cerca y en un lapso corto de tiempo, significa cavar tu propia fosa a cincuenta metros bajo tierra.

Me debatía internamente entre que decir y que no. Las ideas pasaban por mi cerebro entre milésimas de segundo. Iba a hablar y a intentar reparar la idiotez épica que había dicho, cuando el movimiento del coche me dejó mudo. Edward estacionó bruscamente a un lado de la carretera y apagó el motor, mientras giraba para clavar sus ojos verdes en mi y enfrentarme con el semblante serio. Tierra, trágame.

- Repite lo que dijiste – ordenó y puedo asegurar que me recorrió un escalofrío por toda mi espina dorsal.

- ¿Para qué? No tiene importancia… sólo quiero ver por qué todos te quieren – respondí intentando sonar despreocupada.

- Repítelo, Bella – su voz se elevó un tono y logró asustarme más. Iba a terminar lanzando el poco desayuno que había ingerido en su hermosa camisa importada.

- Quiero saber por qué están todos tan fascinados contigo – sí, en mis fallidos intentos de evadir las cosas estaba quedando más tarada de lo normal.

- Isabella, sabes que no es eso lo que me importa… repite la palabra.

- ¡No quiero! – hice puchero como una niña pequeña.

- Bella…

- ¡Novio! ¿De acuerdo? ¡He dicho NO-VIO! – separé la palabra en sílabas-. Todo fue culpa de mi retorcida mente y me siento una imbécil, ¿podemos cambiar de…? – en ese momento dejé de hablar, porque con una velocidad vampírica Edward me había subido a horcajadas suya y comenzó a besarme, rozando con sus manos la piel desnuda que quedaba entre mi pantalón y mi camiseta. ¿Hace falta aclarar que mis hormonas se descontrolaron? Casi como un acto reflejo comencé a restregarme contra el… ¿qué? ¡No podía evitarlo! Debería estar tremendamente avergonzada por lo sucedido antes, ¡pero ahora sólo podía pensar en el jodido beso que me estaba dando!

- Bella… - gimió mi nombre y no pude evitarlo. Me pegué aún más a él.

- Edward – le respondí con voz de sexo y creo que fue eso lo que hizo que se detuviera. Me cagaba en el y su respeto. Sus ojos se clavaron en mí de nuevo, mientras recuperaba el aire y reposaba su frente contra la mía.

- ¿Realmente me consideras o sientes como tu novio? – me preguntó agitado mientras sonreía con esa mueca torcida. Juro que casi le digo la verdad, que realmente lo quería, que era perfecto para mi y que moría por ponerme en Facebook que tenía una relación. Gracias a Dios, mi móvil sonó. Llamada entrante de Reneé.

- Arranca, hablaremos luego – dije con mi rostro totalmente ruborizado mientras me bajada de sus piernas y volvía nuevamente a mi asiento.

- De acuerdo, pero esto no quedará así, ¿a dónde voy?

- Toma la 101 – apreté la tecla verde y llevé el teléfono a mi oreja isquierda – Hola, mamá.

- Nena, ¿ya te levantaste?

- Sí, de hecho, estoy con Edward en el Volvo yendo de camino a Port Ángeles, ¿tu trabajo va bien?

- Perfecto. ¿Así que estás con Edward?

- Sí, ¿por qué? ¿Acaso tú no querías eso? Creí que era parte de mi castigo.

- Por supuesto… castigo, sí claro – se oyó su estruendosa risa del otro lado y creo que hasta mi nov… Edward la sintió ya que él también comenzó a carcajear.

- Me tengo que ir, adiós – sin más colgué y envenené a mi acompañante con la mirada.

- ¿Qué te dijo? – continuaba riendo.

- Creo que tú lo sabes mejor que yo – mi cara de fastidio era inminente.

- ¿Por qué me dices eso?

- Creo que entendiste el por qué de su risa...

- Amor, relaja. Hoy fuiste a verte dormir y me vieron mientras te acariciaba la cara, ¿qué pretendías que haga?

- Mis padres… saben que tú… y yo…

- Sí

- CARAJO ¿Por qué no me lo dijiste?

- Porque estaban felices, y aunque no lo creas Charlie era el más entusiasmado.

- ¿Qué? – me quedé estupefacta

- Lo que oíste cielo, no fue planeado, pero al menos te hice ahorrarte las explicaciones.

- Tienes razón – me relajé y aflojé los hombros-. Mi madre iba a reaccionar así de todas formas.

Creo que hasta te hice un favor…

- Lo hiciste

- ¿No me merezco ni un halaguito de tu parte? - hice un puchero de lo más tierno.

- Eres el mejor, te a…viso que en la próxima bajada tienes que doblar – NO PODÍA CREER QUE ESTUVE A PUNTO DE DECIR ESO.

- De acuerdo – sonrió y aceleró un poco. El resto del viaje fue en silencio, algo que agradecí ya que me odiaría internamente si volvía a sacar el tema a colación.

- Una vez que llegamos al cine me apresuré y fui hasta las matrículas del coche y con unas pequeñas cintas también robadas a Charlie, cambié un número y una letra de cada una. Me sentía como en Misión Imposible 2. Gracias a Dios, nadie nos miraba. Edward seguía dentro del coche. Cuando abrí la puerta para avisarle que todo estaba bien, ya se había puesto la barba y el gorro, y juro que me pareció más sexy de lo que usualmente es. Mis bragas se mojaron, sí, lo dije, que más da, tenía que ser sincera.

- Baja, terreno despejado – dije y cerré nuevamente la puerta del copiloto. Edward salió de su lado y trabó el auto de forma automática. Todos los que circulaban por la calle se quedaron mirándonos, pero creo que fue más por el coche del que bajamos, nadie tenía la vista fija en Ed, y eso fue realmente un alivio. Cuando me acerqué, me sorprendió tomándome la mano. Sentía chispas en el dorso de esta. Caminamos hasta la boletería y me acerqué para sacar las entradas.

- Dos para enemigos naturales, dentro de media hora – dije sonriente a la chica del otro lado del vidrio. Luego la reconocí-. ¿Ángela?

- ¿Bella Swan? ¿Cómo has estado? - la chica de anteojos que iba conmigo al Instituto me sonrió. Jamás habíamos hablado así como mucho… pero parecía una buena chica, callada, sencilla y soñadora.

- Muy bien, ¿que tal tú?

- No me quejo – sonrió-. ¿Cómo te encuentras después de los del baile? - me miró un tanto afligida

- Bien, no fue nada, Garrett es historia – puedo jurar que escuché un gruñido detrás.

- Eso es bueno, lo que hizo con Stanly... que tonto ¿Así que vienes a ver la película que está dando que hablar en este pueblito? – escuché una pequeña risa por parte de Edward.

- Sí, algo así. En realidad solo vine a traer a… - mierda, piensa un nombre Isabella, rápido. Robert Pattinson, ayúdame… un segundo… ¡exacto! – Robert, sí, el es un… amigo de la familia, ¿no que sí, Rob? – lo codeé.

- Sí, sí, claro – respondió automáticamente.

- Me resulta conocido… ¿no te he visto en ningún lado, Robert? – preguntó. Carajo.

- Imposible… soy de Alaska – respondió con una voz distinta.

- Ya veo… si no fueras barbudo hubiese jurado que te pareces a Ed Masen – pero creo que estoy tan obsesionada con él que ya alucino. Por cierto… cuando entres a esa sala la perderás por completo.

- Lo sé. Pero si Ed quiere llevársela, por mí no hay problema - tampoco yo opondría resistencia, eso estaba claro.

- ¡Eres malo! – lo empujé y me besó el cuello.

- De todas formas, yo te autorizo a llevártela Ed, no te preocupes – ambos nos quedamos congelados – no soy tonta chicos.

- Yo… - intenté hablar pero me cortó.

- Sé que es tu deber mantenerlo protegido, y además, ¡qué casualidad que se parecen y Ed te llevó al baile! Gracias a Dios todos en Forks son antiguos, porque allí el rumor ya se corrió. Más allá de que nadie se acercó durante el baile, ni a tu casa yo sé que no fuiste simplemente ese fin de semana, como decían Emmett y los chicos.

- Ángela…

- No se hagan problema, no diré nada – sonrió totalmente relajada.

- Gracias, de verdad – Ed le dijo aliviado y ella se sonrojó. Finalmente entregué el dinero como una autómata.

- En veinte minutos, sala 2, primera puerta del lado izquierdo. Que disfruten la función, chicos – nos entregó los boletos y ambos nos alejamos de ahí.

- Gracias a Dios esa chica es tranquila -dijo Edward mientras doblábamos por el pasillo.

- Eso fue intenso –suspiré y lo miré.

- Te equivocas. ESTO es intenso – me tomó con fuerza de la cintura y volvió a besarme, delante de todo el mundo, estampándome contra la pared. No podía creer que estuviera así con él, sin que nadie se metiera, ni nada. Él era una superestrella, eso lo tenía claro, pero hoy… se sentía como si fuese alguien normal. Sin menospreciar a nadie… éramos perfectos juntos, como una sinfonía humana… y ahora que estábamos en el mismo lugar, todo estaba como debía… aunque admito que su barba falsa me pinchaba bastante. Reí internamente por mi ocurrencia. Finalmente se separó y susurró: - Iré por palomitas. Supe entonces que tenía poco tiempo para hacer lo que había planeado. Corrí para sentarme en un pequeño sillon de cuero negro que había entre dos salas. Tomé el móvil, marqué el número que tenía en el papel y esperé ansiosa a que alguien me atendiera del otro lado.

- Doctor Gigandet , buenas tardes – gracias al Cielo el dichoso James habló con su masculina voz después del segundo tono.

- Hola… ¿James? – pregunté dudosa.

- Sí… ¿quién habla?

- Yo… tú no me conoces – afirmé-. Mi nombre es Isabella Swan, pero dime Bella.

- Un gusto Bella… ¿en qué puedo ayudarte?

- No sé como decir esto… -tomé aire y continué hablando - así que iré directo al grano, ¿conoces a Ed Masen?

-Querrás decir Edward Cullen – me corrigió James unos segundos después.

- Vaya, pensé que sólo yo le decía así – me sorprendió su acotación.

- ¿Llamas para que conspiremos en su contra? ¡Estoy dentro! – no sé sinceramente como me contuve para no mandarlo a la mierda.

- En realidad, no. Verás James, Edward está hospedándose en mi casa aquí en Forks. No sé si estabas al tanto de ello.

- Algo había escuchado…

- Pues bien, antes de contarte mis planes, me gustaría saber por qué Carlisle me pidió que te llamara… no creo que haya sido porque lo odias…

- ¿Por qué no me cuentas mejor tú primero que tienes pensado hacer?

- Bien – no tenía ganas de ponerme a discutir con él-. Ayer fue el cumpleaños de Edward.

- Lo sé – no le presté atención y seguí hablando.

- Pues, con una amiga estamos planeando una sorpresa para esta noche. El avión privado saldrá de la casa de Edward en dos horas. Estará aquí para cerca de las ocho de la noche.

- ¿Tú pretendes que yo vaya a la fiesta de mi ex mejor amigo luego de que se olvidó del funeral de mi madre? Creo niña, que te estás equivocando – sus palabras me dejaron helada. Así que el sentimiento de culpa también venía por ese lado… con razón Edward se la echaba toda encima.

- En realidad, creo que si eran mejores amigos, a el le gustará tenerte aquí. Ha cambiado mucho, James. No sabes cuanto… y de verdad, siento lo de tu madre.

- Gracias. ¿Cómo lo sabes?

- ¿El qué?

- Que cambió.

- Porque fui yo quien lo logró.

- ¿En tan poco tiempo?

- ¿No crees en los milagros?

- Solía hacerlo…

- Entonces no deberías haber perdido la fé.

-No iré, Bella

- De acuerdo. Solo te digo, y tómalo como un consejo de un extraño. Edward la cagó, olímpicamente, lo sé y te entiendo, yo también lo odiaría. Pero tienes que dejar el rencor de lado. Si él era tu mejor amigo, fue por algo. No vale la pena que pasen el resto de sus vidas así o pensando que hubiese pasado si hubiesen hecho o dicho tal o tal cosa… creo que haberte llamado sin saber quien eras es una señal para que vuelvan a unirse.

-Gracias, Bella. De verdad. Y de corazón… espero que Edward la pase bien esta noche.

- Lo hará… o eso espero al menos.

- Y por cierto… es bueno saber que comenzó a elegir bien. Suenas como una buena chica.

- ¿PERDÓN?

- Vamos, tengo casi veintitrés años... ¿crees que soy tonto?

- ¿Qué quieres decir con eso? – carajo, ¿tan predecible podía ser?

- Quiero decir que es obvio que se traen algo – rió.

¿Cómo puedes estar tan seguro?

- Porque jamás creí en esa relación que tenía con Tanya. Esa tipa no hace más que inflarle el ego, y en realidad él necesita lo opuesto.

- No sé a dónde quieres llegar…

- Tú has llamado a uno de los abogados más importantes y reconocidos en California y prácticamente lo has enfrentado y le has dado consejos de vida como si fuera un niño pequeño. Eres terca, decidida y no te gustan las formalidades ni el compromiso forzado. Definitivamente eres su otra mitad… además, se nota en tu forma de hablar de él. Y hasta podría aseguar que lo quieres más de lo que dices quererlo - Ok, ya comenzaba a darme miedo-. Espero poder conocerte algún día – divisé a Edward terminando de pagar y acercándose al pasillo en ese instante.

- Lo mismo digo, ahora si me disculpas, debo dejarte, Edward viene hacia acá.

- Hasta pronto

- Adiós James, ojalá puedas venir.

- Ojalá – repitió-. En todo caso, dale saludos a Edward después de la sorpresa.

- Lo haré. Saludos.

Corté el móvil y justo Edward tomó su lugar a mi lado.

- ¡Wow! Hacía mucho que no salía a comprar nada por mi cuenta - su rostro expresaba una felicidad absoluta-. Traje Pop Tarts de chocolate y de fresa... Las palomitas no estaban calientes… si quieres que las compre igual…

- No – me acerqué y le di un corto beso en los labios-. Adoro las Pop Tarts

- ¿Con quién hablabas tan animadamente? - preguntó mientras abría una de las cajas.

- Sólo alardeaba de ti con mi mejor amiga, ¿eso está mal? – no podía creer lo bien que llegué a mentir.

- Está perfecto. Ahora… sólo faltan cinco minutos para la función, ¿qué te parece si entramos?

- Coincido con ustedes, señor Cullen Masen.

- ¿Lista para ver al personaje detrás del hombre?

- No creo que le llegue ni a los talones…

- Ya lo descubrirás.

Tiró de mi y sin decir más nos adentramos en la oscuridad de la sala.

Hey listen let's slow down , I love to keep you company And without putting other lovers down , we're like a human symphony
And we hang around the same town , for your family and for your friends


OKEIIIII SE QUE QUIEREN MATARME Y DEGOLLARME, PERO CREO QUE DEJÉ TODO ACLARADO EN LA NOTA.

ESTUVE OCUPADA Y ME FALTABA INSPIRACIÓN, Y POR CIERTO, AMÉ ESTE CAPÍTULO, COMO VEN, NO ES SUMMERTIME. PREFERÍ ALARGARLO. CLARO ESTÁ QUE HABRÁ "EL PROTEGIDO" PARA RATO

MAÑANA ES MUY PROBABLE QUE ACTUALICE "VUÉLVEME..." ASÍ QUE ESTÉN ATENTOS.

PIDO MIL DISCULPAS OTRA VEZ, LOS ADORO Y ESPERO SUS REVIEWS!

FLOR

P.D: EL JUEVES TUVE LA SUERTE DE CONOCER A PARAMORE EN PERSONA, SÉ QUE A MUCHOS LES GUSTA, EN EL CASO QUE SEA ASÍ Y ALGUIEN QUIERA PREGUNTARME ALGO DE ELLOS, LO RESPONDERÉ SIN PROBLEMAS. BESOS ENORMES!

SUBO NUEVAMENTE EL CAPÍTULO PORQUE AL PARECER NO ESTÁN LLEGANDO LOS ALERTAS. EL CAPÍTULO 12 ESTÁ PRÁCTICAMENTE HECHO.