Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien, y espero estén disfrutando de alguna manera la historia (de ser ese el caso, me haría muy feliz). Como se puede ver en el número de arriba, este capítulo es exactamente la mitad de la historia. Y por ende, creí que merecía un capítulo doblemente más largo. Tiene sus momentos alegres y tristes, como todo en la vida, pero principalmente apunta a describir más la relación de ambos personajes. Espero les guste. Desde ya, muchas gracias a todos por su eterna amabilidad. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Yuxtaposición de soledades
Un nuevo comienzo
XI
"Lo imposible"
Parpadeó una vez, luego otra; al principio, desorientado. Arriba suyo, se alzaba la inmensa oscuridad de un cielo nocturno completamente estrellado. Bajo suyo, la mullida hierba verde del suelo del bosque le servía de colchón. No era demasiado cómodo, debía admitir, pero estar estirado sobre aquel blando suelo era mejor que nada. Mejor que estar muerto. Y, de todas formas, él nunca había sido quisquilloso en lo referente a un lugar donde dormir. Podía hacerlo en cualquier lado. Siempre había podido. Y, aunque era conciente de estar despierto, no se movió. Dolía demasiado. Cada centímetro de su cuerpo punzaba como si fuera a desintegrarse de un momento al otro. Particularmente, sentía esa peculiar sensación en su brazo derecho y sintió, por un instante, el deseo de asegurarse que su miembro siguiera allí. Ladeando la cabeza, exhausto, examinó su brazo estirado sobre la hierba –de igual forma que el otro- en forma de cruz. Seguía allí, adherido a su cuerpo y a su carne. El dolor era atroz, horripilante, pero era un dolor que podía soportar. Después de todo, había soportado peores tipos de dolor a lo largo de su vida. Y se había sobrepuesto a todos y cada uno de ellos, esta vez no sería diferente. No, no sería diferente. Además, él había sabido perfectamente las consecuencias de utilizar el Rasenshuriken una y otra vez, aún si en modo ermitaño el daño era reducido no por ello desaparecía por completo, y lo había utilizado de todas formas. Y no se arrepentía. No, no lo hacía.
Volviendo a enderezar su cabeza, contempló una vez más el cielo. Seguía exactamente igual, nada había cambiado en él, en el mundo. Pero, para Naruto, todo había cambiado y continuaría haciéndolo. Y estaba bien, porque eso era lo que había buscado y esperado por el resto de su vida. Aún si ahora no se sentía tan bien como se suponía debía hacerlo. Pero, se convencía, de que era a causa de sabía que los problemas no cesarían; sino empezarían o empeorarían un poco más. Pero eso también estaba bien, él estaba dispuesto a enfrentarlo todo por Sasuke y Sakura. Estaba dispuesto a todo por las personas que le importaban, por los lazos que se había rehusado a romper. Y lo haría. Lo que fuera, el precio a pagar, lo pagaría.
La visión de un rostro familiar observándolo directamente a los ojos, lo hizo parpadear. En un principio, había visto la silueta borrosa, pero –definitivamente- no había forma de confundir aquellos rasgos tan característicos de aquella persona.
—Oy, Naruto. Estás despierto.
El rubio quiso asentir, pero el dolor en su cuello y espalda y –básicamente- en el resto de todo su ser, se lo impidieron. Aún así, no tenía ninguna dificultad para hablar, nunca lo había hecho.
—Esa es una pregunta estúpida... Kakashi-sensei...
El hombre de cabello plateado y rostro parcialmente cubierto sonrió debajo de su máscara. Naruto lo supo, porque ya había descifrado cada mueca debajo de aquella tela y cómo esta se fruncía de diferentes formas de acuerdo al gesto realizado. Esa, definitivamente, era una sonrisa.
—Supongo... —rascó su nuca, aún permaneciendo acuclillado junto al que una vez fuera su pupilo. Contemplando las heridas de Naruto con ojo crítico, con el único que tenía descubierto—. ¿Cómo te sientes?
Naruto sonrió, a pesar de la extenuación y el dolor y el entumecimiento de su cuerpo, enseñando completamente su dentadura perlada —Podría estar mejor. Estoy bien.
Kakashi asintió, observando al chico sonreír como si el mañana no trajera ninguna promesa funesta, como si todo fuera a estar bien y ninguna tormenta se avecinara. Como si el mundo no importara, ni el dolor ni el sufrimiento ni nada de que veían día a día. Como si su cuerpo no pareciera quebrarse de un minuto al otro. Haciéndose el fuerte, como siempre. Tal y como era Naruto. Por un instante, la imagen de Obito Uchiha pasó por su cabeza.
Sentándose a su lado, musitó —Me recuerdas a alguien.
Naruto, al oírlo, giró la cabeza en dirección de Kakashi —¿Uh? ¿Qué dijo Kakashi-sensei?
Éste rápidamente negó con la cabeza, aún pensativo —Oh. Nada.
El rubio negó con la cabeza —No me diga Kakashi-sensei que está pensando en esas estúpidas cosas que escribía ese pervertido ermitaño.
Al notar que había pronunciado su nombre, suspiró. No era algo que Naruto admitiera diariamente, incluso no solía hacerlo abiertamente a casi nadie y cuando lo hacía lo hacía en forma de broma o chiste, pero verdaderamente extrañaba la presencia de Jiraiya. Ese viejo pervertido... Pensó, recordando los entrenamientos por los que había pasado junto a él. Las ridículas situaciones en que lo había metido por perseguir mujeres y beber sake en cualquier lugar y a cualquier hora. Incluso como solía "pedirle" su dinero para el entrenamiento para luego gastarlo y derrocharlo en sus vicios. En un principio, había creído que Jiraiya era solo eso. Un hombre viejo y solitario cuyos malos hábitos continuaban volviéndose en contra de Naruto, un ermitaño sin vergüenza alguna. Y un pésimo escritor. Y una parte de él lo era, sus libros sobre romance y mujeres eran ridículos –principalmente viniendo de un hombre que jamás en su vida había logrado que una mujer permaneciera a su lado-, sus vicios eran patéticos y ridículos, así como la forma que tenía de aparecer en escena, pero esa parte era la más pequeña. Debajo de la ridícula apariencia, Jiraiya era más, mucho más. No solo en cuanto a sus poderes, los cuales eran claramente superiores de lo que dejaba notar en una primera impresión, sino en todos los demás aspectos. Como él, Jiraiya había sido un sobreviviente, un luchador, un soñador y un idealista. Antes de eso, había sido un perdedor y se había sobrepuesto a ello. Había perdido a un amigo a causa de la corrupción de mundo, tal y como él, y había luchado a lo largo de su vida por recuperarlo. Pero Orochimaru ya no tenía retorno, no tenía forma de ser salvado. Sasuke era diferente, o eso se decía Naruto. Eso quería creer. Sakura, por otro lado, había creído que no lo era.
—Kakashi-sensei... —el hombre, que había permanecido sentado en silencio hasta el momento, bajó la mirada hacia el suelo—. Sakura-chan estaba dispuesta a matar a Sasuke... ¿porqué?... Porque haría eso ella.
El hombre alzó la mirada al cielo —Sakura pensó que esa sería la mejor solución.
Naruto quiso incorporarse, de golpe, pero su cuerpo no respondió. Quizá debía preocuparle, el hecho de que su cuerpo no pareciera reaccionar a las órdenes de su cerebro, pero no pudo lograrlo. No le importó. No demasiado. Por lo que permaneció en el suelo, frunciendo el seño —¡¿Solución?! ¡Esa no es ninguna solución! Sakura-chan y yo hemos estado intentando hacer que Sasuke vuelva por tanto tiempo... ¡¿Por qué querría matarlo?!
Kakashi observó la indignación y la frustración y la desesperación de Naruto con calma. No lo entendía, Naruto no podía entenderlo. No cabía en su cabeza que las cosas pudieran terminar de esa forma. No cabía en su mundo que esa fuera una solución aparente. Y no podía culparlo, Obito había sido exactamente igual y ni siquiera había querido cambiar al final. Naruto era de esos que veía el mundo en términos de blanco y negro, veía las cosas como "deberían ser" (en un mundo ideal) y como no deberían ser, o no eran. Naruto veía en términos de bien y mal. De correcto e incorrecto. De amor u odio. Naruto tenía una visión simplista del mundo, no que estuviera mal, pero no le permitía ver que a veces los supuestos opuestos podían convivir y podían hacerlo por demasiado tiempo.
—Sakura ve cómo el esfuerzo que haces es demasiado, aún para traer a Sasuke...
—¡Pero! Yo le hice una promesa, le prometí que traería a Sasuke de vuelta, acaso...
El hombre enmascarado negó con la cabeza —Sakura sabía que harías lo imposible por cumplirla, temía a las consecuencias. Se sentía culpable por haberte pedido semejante carga.
—Kakashi-sensei... ¿Dices que... Sakura-chan pensaba matar a Sasuke porque se sentía culpable?
Kakashi asintió, su expresión una de absoluta serenidad y completo desinterés —Sakura pensaba en ti.
Naruto negó violentamente con la cabeza contra la hierba, resintiendo el dolor que por su nunca se extendía cada vez que hacía algún movimiento brusco, movimiento como el que estaba realizando en aquel momento —¡¡Pero Sakura-chan ama a Sasuke!!
—Por eso mismo... quiso matarlo.
El rubio contempló con los ojos bien abiertos el cielo. No lo entendía, no podía hacerlo. Para él, no tenía ningún sentido. Sakura amaba a Sasuke, de eso estaba seguro. Siempre lo había hecho y aún entonces lo hacía, podía verlo en sus ojos; cada vez que el nombre de Sasuke salía en alguna conversación o a colación. Podía ver el esfuerzo que había realizado para mejorar y poder traerlo de regreso. Para que, cuando regresara, Sasuke la aceptara. Lo amaba y, para Naruto, era inconcebible que hubiera querido matarlo. Las personas amadas, los lazos que los mantenían vivos, unidos a aquel mundo, unidos a otras personas, no debían ser cortados. Debían ser protegidos.
Como si hubiera sido capaz de leer la mente de Naruto en aquel preciso instante, Kakashi dijo —Sakura creía que esa era la forma de salvarlo, deteniéndolo de caer más bajo.
—¡Pero-
—¿Tú que hubieras hecho, si hubieras creído lo mismo?
La expresión del chico se suavizó y sus, siempre alegres y destellantes, ojos azules se volvieron opacos y tristes. Como aquella vez, cuando el tercero había muerto, o cuando Gaara había muerto, o cuando lo había hecho Jiraiya. Aquellas veces, se había sentido un inútil. Había sentido que no tenía control absolutamente sobre nada, que nada podía ser evitado. Que había fallado y que, en parte, era su culpa. Ahora, una vez más, volvía a sentirse de la misma forma. Si Sakura se sentía de aquella forma y había llegado a tales pensamientos era porque él no había hecho nada para evitarlos. Porque se había demorado demasiado. Si Sakura-chan piensa de esa forma... Es porque yo tardé demasiado en cumplir mi promesa. Es porque yo... no logré traer antes a Sasuke de vuelta.
Una palmada despreocupada aterrizó sobre su hombro, al voltearse, observó a Kakashi ponerse de pie y observarlo desde arriba hacia abajo. Por unos instantes, su semblante serio miró directo a los ojos azules del chico, luego observó hacia un árbol distante —Bueno... —sacó un pequeño librito naranja de su bolsillo— debo volver a hacer guardia. Shino esta aguardando mi regreso. Descansa Naruto.
Y sin decir más, ni darle tiempo alguno a él para despedirse o decir algo en respuesta, se marchó. Dejándolo, una vez más, solo y adolorido. Por un momento, había olvidado el dolor y la sensación de sufrimiento que percibía de su cuerpo. Pero ahora, una vez más, estaba hecho una piltrafa. Y el dolor de su brazo derecho seguía predominando. Sin mencionar que había intentado incorporarse, aunque fuera brevemente, y no lo había logrado. De hecho, no había podido siquiera moverse demasiado. Y ahora, su estómago empezaba a retorcerse y a hacer ruidos molestos. Ruidos que indicaban, claramente, que no había comido nada en un día y su cuerpo le estaba demandando alimento. Intentó girarse, y acomodarse de una forma que pudiera acallarlo, intentó olvidarse de la sensación de apetito voraz que le aquejaba, pero nada logró silenciar las demandas de su vientre. Ow... Un tazón de ramen... me vendría bien... Pensó, logrando concentrarse en los ingredientes que pediría si estuviera de regreso en Konoha y en Ichiraku, en su tazón de ramen. Imaginando el sabor salado, la calidez de la sopa, la textura de los tallarines, la carne de puerco y el humo hipnotizante que emanaba de un tazón recién servido. Imaginándose conversando alegremente con Iruka, como no lo había hecho en demasiado tiempo. Ow... ¡Tengo hambre!.
Abriendo los ojos nuevamente, observó el cielo una vez más. Debía admitir que la vista empezaba a tornarse tediosa. Casi insoportable. Más si en todo lo que podía pensar era en un humeante tazón de ramen e imaginárselo allá arriba. Aguardándolo. Llamándolo. Sabía que ya estaba delirando, probablemente a causa del dolor o del cansancio o del medicamento que le hubiera dado Sakura para calmar –si bien solo un poco- el sufrimiento, pero no podía evitarlo. Pensar en cualquier otra cosa le provocaba angustia. Si bien había logrado vencer a Sasuke, nada bueno les esperaba al regresar a Konoha. Sasuke estaba condenado, Tsunade lo había dicho, por prácticamente todo el mundo shinobi. Eran demasiadas las personas que lo preferían muerto y, a decir verdad, en aquel momento no pensaba una solución lógica a aquello. Por esa exacta razón, no quería pensar más en el regreso. No quería pensar a futuro. Simplemente quería desviar su atención un rato, tan solo un rato, de todo lo malo que parecía aguardarlo. De todas las dificultades que aún quedaban por sortear antes de alcanzar la tan deseada paz. La paz que había prometido a Pain que conseguiría, y por la cual el líder de Akatsuki se había sacrificado, la misma paz que Jiraiya había deseado. Buscado. Anhelado.
—¿Naruto?
El rubio intentó incorporarse una vez más, en vano —¡Ouch! ¡Sakura-chan, estás despierta!
La joven asintió, sentándose a su lado y cruzándose de brazos —El ruido de tu estómago no me deja dormir, Naruto.
Éste rió nerviosamente —Heh... Lo siento Sakura-chan.
La pelirrosa negó con la cabeza y observó, por un instante, a Sasuke dormir. Luego volvió su vista a Naruto, en el instante preciso en que su estómago volvía a gruñir ruidosamente. Y, esta vez, más fuerte que antes.
—¡Cielos, Naruto! —exclamó, arrojando sus brazos al aire—. ¿Tienes que ser tan ruidoso aún cuando tienes hambre?
—Oy, Sakura-chan... siempre eres tan mala conmigo —exclamó el rubio al aire. De alguna forma, sonriendo. Intentando mantener un tipo de relación familiar con Sakura, el tipo de relación que siempre habían tenido. Donde él habitualmente metía la pata y ella le reprochaba por hacerlo. Después de todo, a Naruto nunca le había molestado –no demasiado-, una relación de ese tipo era mejor que nada. Y, al menos, de esa forma lograba obtener la atención indivisa de Sakura.
Sin embargo, Sakura no se enfadó –o, más bien, fingió enfado por las palabras de él-, no reaccionó agresivamente, ni dijo ningún tipo de insulto o lo golpeó. Nada. De hecho, pareció entristecer de repente. Y la conversación que había sostenido con Kakashi minutos antes, asaltó su cabeza. Sakura... Se sentía culpable por haberte pedido semejante carga.
—Naruto... —susurró tras unos instantes ella, y él la observó con la cabeza ladeada como pudo, aún en el suelo. La chica permanecía sentada con la espalda contra un tronco y las piernas abrazadas contra su cuerpo—. Fui muy cruel contigo siempre, ¿verdad?
El rubio parpadeó sus profundos ojos azules. Luego, tras un breve instante, sonrió —Tu creíste en mi Sakura-chan...
La expresión de tristeza en su rostro de extendió un poco más. No siempre lo había hecho. No desde el principio. Y eso era algo que aún entonces se reprochaba.
En aquel entonces, había sido tan injusta con él. No había visto más allá de las apariencias. Lo había llamado perdedor y una molestia, lo había ignorado y lo había acusado de entrometerse demasiado en su vida. Lo había desechado y despreciado como el resto. Yo... dije tantas cosas... de Naruto... Él siempre estaba allí, de alguna forma, y eso me molestaba... Lo detestaba, por las tonterías que hacía y que decía, por actuar como un payaso y por fastidiarme tanto. Me enfurecía... y lo insultaba y golpeaba y ridiculizaba, una y otra vez, pero eso no le importaba. Naruto seguía allí. Sonriendo como si todo estuviera bien. Y, aún ahora... Naruto sigue aquí. Sonriendo. Me dan ganas de llorar.
—¿Sakura-chan? —lo oyó musitar e inmediatamente cubrió su rostro con su brazo y apoyó su cabeza contra las rodillas. Era tan injusto, ella era tan injusta. Había sido tan injusta con él. Pero Naruto... Naruto siempre estaba allí. Terminó siendo... que Naruto era una de las pocas personas a las que verdaderamente le importaba...
—Sakura-chan... ¿Estás llorando? —volvió a insistir.
Ella negó con la cabeza, aún cubriendo su rostro con el brazo contra sus rodillas —De que hablas... Naruto, solo las niñas lloran. Yo ya no soy una niña...
Sin embargo, el tono débil de su voz y el esfuerzo que parecía hacer para sonar normal delataban el obvio quiebre. Si, estaba llorando. A pesar de que se había prometido no volver a hacerlo, ni por Sasuke ni por nadie. Había jurado que no volvería a ser la niñita llorona que Ino había conocido y que había sido a lo largo de tantos años. Se había prometido a sí misma no volver atrás, no volver a ser la inútil que era incapaz de salvar a quienes amaba, aquella que solo derramaba lágrimas ante cualquier situación. Pero esa era otra promesa que no había podido cumplir. Después de todo, Sakura no era Naruto.
—Sakura-chan...
—Te dije que no estoy llorando, Naruto —masculló; forzando fortaleza y enfado en su voz. Como si la idea fuera absurda—. Solo... me entró tierra en el ojo. Eso es todo.
La expresión del rubio se suavizó y, volviendo la vista al cielo y contemplando la inmensa oscuridad, musitó —Lo siento, Sakura-chan... Si yo hubiera traído a Sasuke antes... si hubiera...
Un golpe en su cabeza lo detuvo de continuar. Sakura acababa de alzar la mirada y, efectivamente, a lo largo de sus ojos había rastros de lágrimas muertas. Sin embargo, no lucía triste sino enfadada y lo estaba. Y es que era simplemente increíble, ella lloraba por haber sido demasiado cruel con él y era él el que se disculpaba por no haber traído a Sasuke de vuelta antes de tiempo. No tenía sentido.
—¡Idiota! —gruñó entre dientes. El rubio parpadeó, desconcertado—. Deja de ser tan amable conmigo —No lo merezco—. Deja de actuar como si todo fuera tu culpa.
—Pero... Fui yo... quien en un principio no creyó que Sasuke fuera a irse. Si hubiera sabido... lo hubiera detenido.
Sakura negó con la cabeza, limpiando una nueva lágrima que colgando al filo de su ojo amenazaba por salir —Nosotros no teníamos nada que Sasuke quisiera... —ella lo sabía, porque lo había intentado. Había intentado detenerlo, le había ofrecido todo lo que era y lo que podía ser. Le había rogado que no se marchara pero eso no había hecho ninguna diferencia. Él solo había murmurado "gracias" y la había abandonado inconsciente en una banca de piedra cerca de la puerta de la aldea. Y se había marchado.
—Aún así...
Sakura volvió a negar con la cabeza y, una vez más, dio un golpe a la coronilla del rubio –que aún permanecía boca arriba sobre la hierba, inmóvil —Deja de decir estupideces, Naruto. Ni Kakashi-sensei pudo detenerlo.
Entonces, el gruñido del estómago de Naruto volvió a resonar en el aire y hasta los oídos de ambos. El rubio, avergonzado, rió nerviosamente intentando disimular el sonrojo débil y casi imperceptible de sus mejillas.
Sakura, cansada, lo tomó del cuello de su ropa y lo alzó –sirviéndose de chakra para aumentar su fuerza- y lo colocó sentado contra el mismo árbol contra el que se encontraba ella —Idiota, si no comes algo despertarás a todo el campamento.
—Ne... Sakura-chan... ¡no es mi culpa!
—Claro que sí —exclamó irritada, girándose y removiendo algo de la mochila de Naruto. Luego de unos segundos, se volvió al rubio con un pequeño pote plástico en mano. En este, se leía "Ramen instantáneo". Inmediatamente, se lo entregó; pero Naruto no alzó mano alguna para atraparlo.
—¡¿Qué demonios esperas Naruto?! ¡¿No tenías hambre?!
El rubio sonrió —Bueno... no puedo mover mis brazos. Sakura-chan, tendrás que alimentarme.
—¡¡Naruto!! —rugió amenazante, pero este no se movió.
—¡De verdad, Sakura-chan! ¡Lo juro! —si hubiera podido, hubiera alzado sus brazos en defensa. Pero no lo hizo.
Sakura lo observó preocupado. Sin embargo, Naruto hizo caso omiso a la expresión de Sakura. Simplemente sonrió, amplia y alegremente —¡No te preocupes Sakura-chan, estaré bien! ¡De veras!
—Mas te vale, Naruto.
La sonrisa de él se hizo aún más grande, luego, abrió la boca expectante. Aguardando que Sakura comenzara a alimentarlo. La pelirrosa, por su parte, dejó caer la cabeza rendida.
—Esto es tan molesto —masculló, tomando ambos palillos e introduciéndolos en el recipiente para luego acercárselos a la boca del rubio, el cual permaneció con la boca cerrada—. Naruto... —le advirtió. Debía admitir que no era la persona más paciente y Naruto siempre lograba empujarla a límites insospechados —¡Sakura-chan... debes decir "Aaahh"!
Por lo que, aprovechando que el chico separó los labios para decir tal tontería, forzó el alimento al interior de su boca —NO abuses de tu suerte, Naruto.
Éste masticó torpe y rápidamente y tragó, cuando lo hizo, Sakura introdujo a la fuerza –nuevamente- un poco de ramen. Intentando seguirle el ritmo, el rubio masticó y tragó con más y más rapidez. Finalmente, y solo cuando el pote se vació, Naruto pudo respirar nuevamente. Jadeando, intentó recuperar el aire.
—Oy, eso no fue muy amable...
—Agradece que te di de comer, Naruto —le reprochó dejando el envase vacío a un lado y cruzándose de brazos. En el instante en que lo hizo, el silencio pareció descender sobre ambos como un gran velo. Naruto, acostumbrado a llenar estos momentos con banalidades, comenzó a decir una tontería tras otra con el fin de atraer la atención de Sakura. Pero esta no le hacía caso alguno. Por el contrario, continuaba observando distraída el rostro sereno de Sasuke Uchiha. Aún así, él no se detuvo y continuó hablando como si no se diera cuenta. Esperando que, en algún momento, la atención de Sakura volviera a él.
Naruto no era tonto, como aparentaba y dejaba a todos creer, no era tan inocente en algunas cuestiones como daba a entender. No era ciego ni deseaba serlo. Él veía las cosas tal cual y como eran, las veía perfectamente y lo asumía. Sabía que Sakura amaba a Sasuke, que solo lo veía a él –la mayor parte del tiempo- y que ella sabía lo que él sentía por ella. Lo sabía porque Sai se lo había dicho, y él lo había sabido desde siempre. Sabía, también, que Sakura fingía no saberlo e intentaba alejarlo todo el tiempo. Y saber todo eso lo haría un realista, si tan solo aceptara las cosas tal cual y no hiciera nada al respecto. Pero Naruto no era un realista. Si, veía la realidad pero no la quería. No estaba en negación, tampoco. Él no se decía que lo que veía no era cierto, porque bien sabía que lo era, solo que no se dejaba apabullar por ello. Si algo no le gustaba, si algo estaba sencillamente mal o torcido o quebrado o dañado, trabajaba duro para cambiarlo. Para hacerlo mejor, porque Naruto no se conformaba. De ser así, habría terminado como lo había hecho en un principio Gaara. Se habría perdido a sí mismo en el progreso. Habría renunciado a tantas cosas que hoy tenía y apreciaba. Amigos, era una de ella. Gente que confiaba en él era otra. Casi nadie lo veía ya como un monstruo, y eso era algo bueno. Naruto estaba en camino, para encontrar el lugar al que pertenecía. Para llegar a ese lugar donde ya nadie podría dañarlo, ni derrumbarlo o denigrarlo. Y eso era, porque nunca se había rendido –sin importar cuanto más fácil hubiera sido hacerlo-, y nunca lo haría. Ni con Sasuke, ni con Sakura ni con nadie.
—Sasuke-kun... morirá, ¿no es cierto?
Naruto negó rápidamente con la cabeza —¡Claro que no! Hablaré con la vieja Tsunade al regresar. Hablaré con quien tenga que hablar o los obligaré a dejar a Sasuke vivir.
—Pero...
—Sakura-chan, no podemos rendirnos.
Los ojos de Sakura se abrieron desmesuradamente. Eso había hecho ella, rendirse. Había permitido que la situación la superara, había dejado que la debilidad se apoderara de ella. Lo había olvidado todo. Todo lo que había admirado de Naruto y todo lo que había intentado lograr a lo largo de los años. Ojalá... fuera tan fuerte como tú, Naruto. Pensó, bajando la cabeza y ocultando su rostro de la vista del chico con su corto cabello rosa platinado.
Luego de unos segundos de deliberar, giró la cabeza hacia él y sonrió. Lo haría —Tienes razón, Naruto. Nosotros salvaremos a Sasuke-kun. No se cómo... pero lo haremos ¿Verdad?
El rubio asintió, alzando la mirada al cielo. Estaba decidido. No importaba quien se atravesara en su camino, o quien quisiera decirle que estaba equivocado y derrumbarlo, no importaba si era todo el mundo el que se oponía, si todas y cada una de las personas de cada país lo hacían. No, no importaba. Naruto no permitiría que Sasuke muriera, porque esa era la realidad –si no hacía nada, moriría-, y Naruto repudiaba esa realidad; por lo que la cambiaría. Sacudiría el sistema desde los cimientos. Lo derrumbaría y reconstruiría uno mejor. Uno basado en la paz que tanto el mundo parecía necesitar. Tomaría tiempo, requeriría esfuerzo y no sería fácil pero él estaba dispuesto a hacerlo. Demostrarles a todos que estaban equivocados, incluido Sasuke. Si, él lo haría. Lo imposible, si era necesario. Porque jamás se doblaría, jamás se dejaría vencer. Ese era su camino ninja, el único que conocía, y el único que seguiría hasta el final. Lo que fuera que eso significara.
Observando de lado, notó la cabeza de Sakura nuevamente recostada contra su hombro. La pelirrosa había caído dormida minutos atrás y había ido a parar contra él. No que a él le molestara, no en absoluto. Por lo que, sonriendo, cerró los ojos y se dejó llevar él también. Sería un día largo, un camino largo, un mes largó, un año largo o quizá varios. No importaba. En ese momento, nada lo hacía.
