Hola!. Lo siento mucho por el atraso, peor bueno… aún estoy en exámenes, así que el tiempo se escapa de las manos.

Los invito a leer mi nuevo fic: Un Harry Hermione muy, pero muy, romántico!!!. Así que si desean llorar y suspirar es el fic que buscaban.

Un agradecimiento en especial a:

natica_4054, Akasha_Malfoy, belitsnape, camila92, Lily Potter, Tami Sweety, Tentoushi-tomoe , LilythWH, Josefina C., Santalia , Yunika-Malfoy, Marie Malfoy , Theresitha Potter, Krissalis Potter , Almanara, patricilla21, hermione-potmal, andeli Malfoy Cullen , lucero08, , t.b.w.p., salesia, beautifly92, friidaliizziiooz, tildita , Amedelune, jos Black, drajer4, karyta34

Muchas gracias por su paciencia y por los reviews y las alertas!!!. Sólo ellos me obligaron a seguir con el chap que me ha costado un mundo escribir!!!.

Un beso desde Nunca Jamás.

Ember.

Capítulo XI: Distorsión

Hermione no sabía cómo ni porqué, pero ahí estaba, ausente mirando su plato de ensalada y sintiendo las malas vibras que se lanzaban Draco y Harry, uno frente al otro a cada lado de la mesa que todos compartían.

- Me encanta como está tu pelo, Herms, muy… "salvaje"- le comentó Ginny, intentando cambiar el silencio instaurado.

- Gracias, Ginny, el tuyo también está muy bello- le respondió Hermione, sólo por contestar. ¿Tanto se odian?, ¿por qué?.

- ¿En serio?. Gracias, aunque está sucio… antes de venir para acá tuve entrenamiento con el equipo…-.

- ¿Entrenando para perder, Weasley?- preguntó Draco, esquivando la mirada de Harry y sonriendo mordaz.

Harry arrugó el ceño y se inclinó en la mesa, con sus puños tan apretados que sus nudillos se habían tornado blancos. Iba a responder cuando Ginny lo interrumpió.

- Seguramente si tú estuvieras en el equipo, Malfoy, perderíamos, por suerte sólo se permiten jugadoras-.

Hermione llevó su cabeza de un lado al otro. Draco se mostró molesto por la respuesta de la pelirroja, y también se inclinó un poco para responder. Podría haber madurado con los años, pero jamás se dejaría intimidar por un Weasley, menos por la mocosa del clan.

- Gracias a Merlín que mi cerebro me dio para ser algo más que jugador de Quidditch, cosa que no puedo decir de ti-.

Con una perfecta "o" dibujada en sus labios, Ginny miró muy feo al rubio. ¿Qué quería decir con eso?. Se inclinó a su vez para responderle algo, cuando Harry tomó su mano para que se echara para atrás: eso lo iba a resolver él.

- Lamento recordarte, Malfoy, que el cerebro no se compra con dinero… así que es difícil que tú tengas uno-.

La castaña podía ver la palpitante vena en la frente de su acompañante. Draco ya estaba más que enojado y, por lo poco que lo conocía, enfrentarse con un Draco Malfoy enojado no era muy buena idea. Era en los momentos de rabia donde le nacía toda su veta Slytherin, aquella que lo podía hacer ver como un verdadero patán.

- Toda la razón, porque se compra con fama… sólo por eso la gente cree que tú tienes uno-.

En vez de una típica exasperación de enojo, gesto que advertía que Harry estaba por estallar, Hermione admiró como una sonrisa burlesca se posaba en los labios de su amigo. Eso no era común, pero… bueno, hasta Harry tenía su lado Sly.

- ¿En serio?, por eso la gente debe creer que tú eres intimidante… recuerdan la mala fama de tu papá-.

La varita de Draco apareció en su mano. Hermione no sabía en qué momento la había sacado, pero ahora estaba de pie, en postura de ataque, y con ningún gesto de miedo en su rostro frío e imperturbable.

- No te atrevas a mencionar a mi padre, Potter- lo amenazó con una voz seca, grave, magistral.

Harry, como buen auror que era, se puso rápidamente de pie. Con su varita apuntaba el pecho de Draco y su mirada estaba fija en su enemigo… con aquel aire de valentía que Hermione había recordado ver miles de veces antes de salir del colegio.

- Tu padre no era más que un sucio mortífago, Malfoy. Aprende a vivir con eso…-.

- Expe…

- Prote…

- ¡Deténganse los dos!- exclamó Hermione, corriendo hacia el espacio libre que quedaba entre ambos-. No sean niños y compórtense como los adultos que ya son-.

Los ojos miel de la castaña miraron a Harry con frialdad, esperando que su amigo bajara la varita, cosa que hizo cuando vio la mirada de fastidio que Hermione le dirigía. Luego la castaña se volteó, se acercó a Draco y le bajó el puño hasta dejarlo a un lado.

- Por favor, no sigas…- le murmuró con aquel tono de súplica que no era común en ella.

Draco se fijó en sus ojos, en su claridad, y asintió, guardando su varita en el bolsillo y acariciando con su mano libre una mejilla de la chica. No permitiría que Potter y su estúpido comportamiento provocara una pelea entre él y Hermione, no valía la pena.

- Harry- llamó la castaña a su amigo cuando se dio vuelta para enfrentarlo. Sus mejillas se habían sonrojado con la caricia de Draco, pero eso sólo le daba una imagen más salvaje de lo usual-. Te pido que busques otra mesa, no es sano para nadie que ustedes estén juntos mientras no aprendas a comprender que Draco y yo estamos… saliendo-.

El rubio sonrió con arrogancia tras las palabras de ella. Su mano rodeó la estrecha cintura de Hermione y la acercó a sí, observando con un gesto petulante el rostro enojado y sentido de su enemigo de infancia.

- ¿Lo estás prefiriendo a él, Hermione?- le cuestionó, aún de pie frente a la pareja.

Hermione se mordió el labio. No sabía qué responder… ella no estaba escogiendo, más bien estaba buscando una pacífica forma de solucionar aquellas peleas absurdas que no tenían sentido a esa altura de la vida. La mano de Draco acariciaba su abdomen, produciéndole cosquillas, y la respiración el rubio a la altura de su oído la hacía estremecer. Era increíble que Draco Malfoy le produjera todas aquellas sensaciones.

- Sólo te estoy pidiendo que te cambies de mesa, Harry, nada más- respondió finalmente.

Harry asintió, mirando a la castaña por última vez y tomando la mano de Ginny, quien no había abierto la boca durante el duelo. Guardó su varita al interior de su abrigo y caminó con la pelirroja a rastras hacia la salida, sin despedirse de la anfitriona una vez cruzó la puerta para salir.

Con una sonrisa triunfadora en el rostro, Draco besó el cuello de Hermione y la guió de la mano hacia la silla que antes estaba usando Potter, para sentarla frente a él. Con paso elegante volvió a su propio asiento, y tomó un sorbo de su copa de vino como si nada hubiera pasado.

- ¿En qué estábamos nosotros?- le preguntó, tomando su mano sobre la mesa para cambiar aquel gesto apenado que había quedado en el rostro de la castaña.

- Sólo espero que lo acepte. Harry es mi mejor amigo, no me gustaría que se mantuviera enojado conmigo por siempre, sobre todo considerando que vivimos en la misma casa- murmuró más para sí que para él.

Draco acarició los dedos de la castaña y buscó su mirada sobre la mesa.

- Eso es solucionable. No me molestaría que fueras parte de mi mobiliario… te verías muy bien adornando mi cama-.

Los ojos de Hermione se abrieron tras aquel comentario y su piel adquirió un tono rojizo que no tenía nada que envidiarle a una posible insolación después de un día de sol. Soltó la mano que Draco acariciaba y lo golpeó en el brazo, entre molesta y divertida.

- ¿Así que eso quieres… deseas utilizarme para tenerme como una esclava en tu cama?-.

Una sonrisa enigmática se dibujó en los labios de Draco.

- Ni yo lo habría dicho mejor, Granger- aseguró.

Hermione sonrió y dejó que los dedos de Draco se entrecruzaran con los suyos.

¿Qué era aquello que le gustaba tanto de Draco Malfoy?

OoOoOoO

Estaba molesto. Más que molesto. Estaba preocupado, consternado y turbado. Sumándole al hecho que estaba algo enojado, sensible, huraño y despeinado. O sí, ese no era un buen día para él.

La carta que le había quitado a Lavender por la mañana lo había dejado así, con un sabor amargo en la boca y el pecho apretado. Y no sabía qué hacer, porque, siendo sinceros, tampoco quería hacer algo al respecto.

Sus dedos tamborileaban sobre la madera oscura de su escritorio. Llevaba horas en la misma posición, levemente inclinado hacia adelante y fingiendo que leía uno de los muchos papeles acerca del progreso del comercio externo. Pero era lógico que no tuviera idea si la exportación de cabellos de unicornio había aumentado como había previsto el mes anterior: no todo los días se recibía el tipo de noticia que por casualidad había conocido dicha mañana.

Tomó la nota que guardaba en un cajón y la releyó. Sí, definitivamente esa era su letra. Arrugo el ceño y la volvió a leer, y a cada palabra que avanzaba más seguro estaba que ello no era una broma, que su pasado se estaba haciendo oír para jugarle una mala pasada.

Se llevó las manos a su cabello oscuro y lo revolvió, intentando despeinarlo. Apretó los labios, golpeó la mesa, y se puso de pie. Tenía que pensar en algo que hacer, en alguna forma de evitar aquello que probablemente se vendría…

Pic, pic

El picoteo de la ventana lo sacó de su embrollo, y algo aliviado por ello caminó hacia ella y la abrió, dejando pasar una pequeña lechuza que se acercó a su mano y la comenzó a picotear con insistencia.

- Basta ya- refunfuñó molesto, y de un tirón sacó la nota que el ave llevaba amarrada en su garra.

Desenvolvió la carta y sus ojos se abrieron. En sus manos sostuvo una hoja y en ella pudo ver una fotografía, nada más que una fotografía que se le hacía medianamente conocida.

Una pequeña niña de no más de tres años estaba sentada sobre un piso color blanco. Su piel oscura contrastaba con toda la blancura de la habitación, y sus ojos almendrados, de un tono verdoso claro, estaban enmarcados por unas bellas pestañas enroscadas. Iba vestida con un traje de dos piezas repleto de vuelos rosas, y su cabello oscuro estaba peinado en un moño alto, que caía con ondas hacia un lado de rostro redondo.

Tras la fotografía no había nada escrito, pero Blaise tenía claro quién era aquella pequeña.

Sintió un nudo en su estómago.

OoOoOoO

Se aparecieron afuera de la madriguera cerca de la media noche. La luna iluminaba sus cabezas y un viento suave soplaba, agitando el cabello de Ginny y llevándolo a su rostro que se notaba disgustado. Aquella no había sido una buena noche.

Caminaron mudos hasta la puerta de la cocina. Ahí Harry se detuvo y le tomó la mano, dispuesto a besarla antes de marcharse, pero ella corrió la cara.

- ¿Qué pasa?- preguntó él, entre molesto y desconcertado.

Ginny giró su rostro hacia él, su mandíbula estaba tensa y sus ojos abiertos y acuosos, como si en cualquier momento se pudiera poner a llorar.

- ¿Qué pasó?- repitió la pelirroja-. ¿Te atreves a preguntarme qué pasó?-.

Oh no, pensó Harry preocupado, se viene una charla a lo Sra. Weasley.

- Harry, se suponía que hoy era una noche importante. Es más, hoy era una de las noches más importantes de nuestras vidas… ¡pero tú lo arruinaste todo¡. No sólo me obligaste a que nos sentáramos en una mesa a la cual no habíamos sido invitados, sino que luego no paraste de quejarte- los ojos café chocolate de Ginny estaban invadidos por las lágrimas-. Tu preocupación de toda la noche fue Malfoy… ¡me hablaste toda una hora de él y de la mala decisión que estaba tomando Hermione!-.

Harry estaba impresionado. Sabía que había actuado mal, algo inmaduro incluso, pero ello no era para que Ginny se pusiera a llorar… ¿por qué aquella noche sería tan importante?

- Acepto mi culpa, Ginny- dijo mirándola a los ojos-. Pero no entiendo porqué dices que hoy es una noche tan importante… ¿me querías decir algo?-.

Tras esa pregunta Ginny sintió un espasmo de rabia que le recorría la columna espinal.

- Hoy te iba a decir que sí, Harry, tenía toda la intención de decirte que sí y que pronto organizáramos todo… pero como tú estabas tan ocupado pensando en el hurón y en Hermione que ni te acordaste de ello-.

A cada palabra que salía de los labios de Ginny, Harry se sentía más confundido. Estaba comenzando a entender a qué se refería Ginny, sólo que no quería creer que estuviera hablando acerca de "eso".

Su gesto se endureció y se planto erguido frente a ella, a pesar de que Ginny estuviera llorando frente a él. Ese tema ya lo habían hablado, y siempre terminaba igual…

- No me acordé, Ginny, porque no pretendía preguntarte nada, ¿entiendes?- su tono de voz comenzó a subir, aquel tema ya lo tenía harto-. Tengo sólo veinte años, ¡veinte!, y pretendo disfrutar lo que me queda de juventud, viviendo con mis mejores amigos y haciendo cosas de chicos antes de tener más responsabilidades sobre mí-.

Los puños de Ginny estaban apretados, casi causándole heridas sobre sus palmas. Sus lágrimas se habían detenido, y por el tono que Harry había usado ella se había molestado aún más.

- En ese caso, Harry, creo que no debemos seguir con esto- espetó, con el mentón altivo.

- ¿Con la discusión?- preguntó Harry aliviado, sonriendo tímidamente y pretendiendo tomar su mano.

La pelirroja desvió su mano, evitando que Harry la pudiera tomar, y retrocedió un paso. Sus ojos se clavaron en esos pozos verde esmeraldas por última vez.

- No, con nosotros- respondió seca, y sin escuchar palabra entró a la madriguera.

Harry sólo sintió que su alma se caía al piso cuando el último mechón de cabello pelirrojo se perdía tras la puerta de la casa que consideraba como su segundo hogar.

Había perdido a Ginny nuevamente, y quizás esta vez era para siempre.

OoOoOoO

Sonreía como si la misma suerte le hubiese tocado la espalda y la hubiese guiado por el mejor camino posible. Avanzaba hacia su casa tarareando una canción y llevaba bien sujeta su cartera entre sus dedos. Sí, su felicidad eclipsaba hasta la luna que iluminaba el cielo.

Se paró frente a Grinmmauld Place y abrió la puerta. A pesar de que la cita- post Harry- con Draco había salido de lo mejor, sabía que ahora le tocaría enfrentar a su amigo, pues debía aclararle que él no tenía derecho alguno de inmiscuirse en su vida amorosa de esa forma. Sería su amigo, pero no su dueño ni mucho menos.

La vieja casa se hallaba en silencio, seguramente Ron estaba en su cuarto sueño y Harry aún no llegaba de su salida con Ginny. Subió el primer escalón y miró la pintura desteñía de la subida de la escala, donde antes estaban esas horribles e inhumanas cabezas de elfos domésticos que ella se había preocupado de quitar y de darles digno entierro. No podía entender que gente pudiera llegar a ser tan bárbara.

Negó con la cabeza y siguió subiendo… hasta que al llegar al pasillo que llevaba a su habitación un ruido inusual llamó su atención.

¿Es un… llanto?

Extrañada sacó su varita de su cartera y se deslizó por el suelo hacia la pieza que tenía la puerta semiabierta: la habitación de Harry. Asomó su cabeza y su boca se abrió. Toda la rabia que sentía se esfumó de golpe.

Harry estaba sentado a la orilla de su cama, con sus manos cubría su rostro y su semblante era iluminado por una pálida luz. Se veía frágil, tan frágil como cuando sufría aquellas horribles pesadillas cuando iban a Hogwarts, y Hermione percibió en sí a la antigua Gryffindor que no soportaba ver a un amigo llorar.

Caminó hacia él y se sentó a su lado, sonriéndole con suavidad al ver sus ojos acuosos y su rostro pálido. Tomó su mano y se la acarició, buscando la manera correcta de apoyarlo, tal como él siempre la había apoyado a ella.

- Harry, ¿qué pasó?- le preguntó en un susurro.

El rostro de Harry se tensó y con una mano limpió las lágrimas que cubrían sus mejillas.

- Na-nada- titubeó, intentando mostrarse estable otra vez.

Hermione sonrió y acarició su mejilla. Harry era más que su amigo, era su hermano, su cómplice, el hombre que más la conocía en este mundo y el que mejor la solía comprender… la mayoría de las veces.

- Harry, no te hagas el fuerte, no conmigo, sabes muy bien que te cuesta un mundo mentirme- alzó una ceja -. Además que puedes decirme lo que sea… confía en mí-.

Ambos se miraron durante unos segundos, sumidos en sus pensamientos. Harry asintió y retomó la mano de Hermione entre las suyas. Suspiró.

- ¿Te importaría acompañarme un rato, Herms?. Prometo que mañana te contaré todo-.

La castaña no se pudo negar a esa solicitud, sabiendo que para Harry sería importarse no quedarse a solas esa noche. Lo abrazó al ponerse de pie y luego lo miró como se recostaba sobre la cama. Se sacó los tacones y los dejó a un lado, en el suelo, luego tomó un edredón y cubrió el lánguido cuerpo de su amigo. Finalmente se acurrucó a su lado y lo abrazó por la espalda…

… extrañamente se sentía muy cómoda durmiendo con él.

- Buenas noches, Herms- dijo él, acariciando la mano de su amiga que descansaba rodeando su torso.

- Buenas noches, Harry- le respondió, cerrando los ojos y suavizando su ceño. Le preocupaba ver a Harry así, algo realmente malo tenía que haber sucedido.

OoOoOoO

Los vestidos largos de colores variados aparecieron en un pasaje oscuro, mimetizándose con la basura, los gatos y los tachos de metal que adornaban ese callejón olvidado junto al edificio disfrazado. La sombra del mismo las cubría de cualquier curioso que pudiera pasar por la calle principal, y eso las ayudaba para el cometido que se habían propuesto para esa noche.

Los labios carmín de la mujer de antifaz verde se extendieron en una sonrisa, y llevó su varita hacia arriba, llamando así al resto de las mujeres a que se acercaran a ella.

- Ya saben lo que deben hacer. Necesito que el trabajo sea rápido, limpio y que no dejen ninguna huella… no puedo creer que se nos haya pasado por alto este pequeño detalle-.

Las mujeres de vestidos elegantes asintieron a su vez, escuchando atentas las instrucciones que se les eran dadas.

- Yo me ofrezco para hacer el trabajo en el interior- dijo la de antifaz dorado y pelo oscuro y liso, como una capa de seda negra.

Aquella que parecía la líder sonrío y llamó a la mujer a que se parara a su lado.

- Entonces tres vienen conmigo y dos con Aurus- ordenó, señalando a aquellas que debían acompañarla-. En media hora más en la mansión… si son atrapadas ya saben cuál es el reglamento-.

Y sin más caminó hacia la luz de la calle londinense… seguida por sus secuaces.

OoOoOoO

Tomaba un sorbo de su whisky mientras esperaba la respuesta del encargo que había mandado a hacer. Estaba seguro que ella amaría el pequeño detalle que a él se le había ocurrido… toda mujer amaba los detalles.

Sonreía pensando en esos ojos miel brillantes, en ese cabello desordenado, en esas mejillas que se sonrosaban cuando él las tocaba y que parecían iluminar todo su rostro cuando él se alejaba después de besar sus suaves labios.

Le encantaba esa mujer y aún le era inentendible explicar de dónde habían brotado todas aquellas sensaciones que jamás pensó tener. No recordaba haber sentido aquello por nadie nunca antes, y eso lo atemorizaba y le daba fuerzas a la vez. Sí, era algo confuso todo el asunto en el que se estaba involucrando.

¡plop!

Draco ladeó su cabeza y vio a un elfo doméstico, el cual lo miraba con sus grandes ojos saltones y sus manos alrededor de un pequeño paquete de regalo.

- ¿No la encontraste?- le preguntó Draco extrañado, percatándose que el regalo que le había enviado aún seguía en poder del elfo doméstico.

- Sí, amo, estaba en la casa de los Blacks, tal como el amo le dijo a Gus gus, y ahí estaba la señora que Gus gus buscaba- aseveró, asintiendo con exageración.

Draco arrugó el ceño y miró al elfo doméstico con una mala intuición en su cabeza.

- ¿Y por qué no le diste lo que te pasé?-.

Gus gus miró hacia todos lados, queriendo negar, desaparecer. No sabía cómo decirle a su amo la causa de su desobediencia, pero no se le había ocurrido qué más hacer.

- Lo siento, amo. Gus gus tonto- se lamentó, buscando una pared en la cual azotar su cabeza-. Tonto, tonto, tonto… -.

Draco dejó el vaso a un lado y caminó hacia el elfo doméstico, apartándolo de la pared para que dejara de golpearse. Pensó en que, por alguna extraña razón, a Hermione no le gustaría ver a ese elfo tratándose así. Sonrió al pensar en ella y detuvo el arranque de castigo que se estaba propinando la criatura.

- Dime qué pasó, por qué no cumpliste mi encargo-.

El elfo bajó su vista y titubeó. Sabía que a su amo no le gustaría su respuesta.

- La señorita estaba ocupada cuando Gus gus llegó, por eso no se lo pasó- respondió.

- ¿Ocupada?, ¿qué hacía?-.

Nuevamente el elfo comenzó a titubear, pero sabía que a su amo le molestaría aún más que él no respondiera a su pregunta. Así que se alzó de valor y lo miró, sin atreverse a clavar su vista en sus ojos.

- La señorita dormía con alguien más… por eso Gus gus prefirió irse-.

&

Wow!!!!. Y por fin el fin del chap. Lo siento por la demora, como ya dije, pero… en fin, la inspiración no estaba conmigo.

Ya veremos qué sucederá después de esto… todo se desmorona un poco, ¿no?.

¿Cómo reaccionará nuestro rubio?, ¿Qué planean las mujeres misteriosas?, ¿Qué hará Harry con respecto a Ginny?, ¿Quién le habrá enviado esa foto a Blaise?

Un besote!

Ember