11. Love is sacrifice
Algunos días habían pasado desde la conversación entre Emma y Regina en la cascada y la morena decidió que no le contaría a Emma que su hermano estaba en la ciudad a menos que fuera realmente necesario, hasta ese momento ella se encargaría de mantener a la rubia a salvo de él. Se había enterado del incidente con su hermano y Killian y en su interior sabía exactamente quién había causado aquello, pero como los chicos dijeron que no habían conseguido ver el rostro del agresor, decidió esperar el momento preciso y cogería al hermano solo para hablar del tema. Regina estaba saliendo de su cuarto cuando se encontró a Emma en el pasillo. La rubia abrió una sonrisa al ver a la forastera, caminó hacia ella, la abrazó y depositó un beso rápido en sus labios. Bajaron juntas a desayunar, encontrándose con Mary, David y Tinker en la cocina.
«¡Buenos días familia!» dijo Emma sonriendo y acercándose a los tíos para darle un beso a cada uno, sentándose después al lado de la prima.
«Parece que alguien se ha despertado hoy de buen humor» dijo David en tono guasón
«Siempre estoy de buen humor, tío. Son las personas que a veces no saben apreciarlo» respondió Emma riendo mientras cogía un trozo de pan dulce.
«Y con hambre también» dijo Mary riendo ante la cara de la rubia al escuchar tal afirmación
«¿Alguien ha visto a Ruby?» preguntó Emma mientras tomaba un buche de leche
«Salió temprano, dijo que iba a adelantar unas cosas en la comisaría» respondió David, rascándose el mentón con expresión de duda.
El desayunó transcurrió entre conversaciones ligeras y relajadas, risas de todos y algunas bromas sobre el apetito de la rubia.
Robin andaba de un lado a otro de la sala de la casa de Ingrid, irritado pues el dinero que la rubia le había dado no era suficiente para hacer lo que deseaba. Aún tenía algunos hematomas en el rostro y en la espalda, resultado de los golpes que se había llevado el día en que había atacado a Killian y Graham. Caminó hacia la mujer que estaba sentada en el sillón, tomándose otro vaso de whisky barato y la cogió sin delicadeza por el mentón haciendo que mirara hacia él.
«Espero que el banco esté de la manera en que me has dicho o pagarás las consecuencias» dijo Robin clavando las uñas en el maxilar de la mujer
«Ya te lo he dicho. Hoy es un buen día para que asaltes aquel antro» dijo Ingrid apartando de ella la mano del rubio «Coge a la muchacha como rehén y todo saldrá bien»
«Así lo espero» dijo él apartándose y cogiendo un vaso de la mesa de centro, llenándolo de whisky y tragándoselo de un solo trago «Y mi adorada hermana, ¿cómo está?»
«Tu adorada hermana ya no me busca más» dijo Ingrid amarga «Ahora anda con aquella forastera para arriba y para abajo y parece que me ha olvidado»
«¿Y la tal forastera es bonita?» preguntó Robin malicioso
«¿Tiene alguna importancia?» Ingrid se levantó y se dirigió hacia él, encarándolo
«Claro que la tiene. Si es bonita, haré que mi hermana se enteré de que se la robaré» respondió Robin presuntuoso
«Si fuera tú, ahora me preocuparía por el banco. Deja a esa forastera para después» respondió Ingrid sirviéndole un trago largo en el vaso.
Dorothy estaba evitando a Ruby desde el día en que la morena la había buscado para hablarle de ellas y la nueva forastera. El pensamiento de compartir a Ruby con otra persona la incomodaba, pero no tener a la morena la incomodaba aún más y no sabía qué hacer. Era verdad que no se había molestado en conocer a la pelirroja, siempre supo que ella y Ruby no tenían nada serio, nunca habían conversado sobre sentimientos o sobre firmar un compromiso y que en cualquier momento eso podría suceder, pero había pasado, y no sabía cómo lidiar con la situación. Se preparó para el trabajo y siguió hacia el banco. Hoy era día de pagos y el local estaría lleno, así que cuanto antes llegara, más temprano terminaría el turno.
Al llegar el banco, Gold le pidió que diera prioridad al pago a los dueños de comercios y después a los demás. Ella asintió y se fue a su puesto, organizando el sitio mientras los primeros clientes entraban. Casi al final del horario, un hombre entró en el establecimiento, vistiendo unos pantalones de cuero oscuro y una capa que le llegaba hasta los pies y con una capucha que le cubría casi el rostro entero y en la parte de la boca lleva un pañuelo amarrado. Se acercó rápidamente al puesto donde estaba Dorothy, y apretó el revólver en la espalda de la morena.
«Si haces lo que te diga, quizás te deje ir con vida»
Dorothy asintió y miró alrededor pensando en algo que pudiera hacer para impedir que el hombre se saliera con sus planes. No había nada a su alcance es ese momento y Gold estaba en la sala de atrás, donde estaba guardando los recibos de los pagos realizados en el día. Cuando el hombre volvió a la parte de delante y vio la escena, cogió su bastón y comenzó a pegarle en las costillas al ladrón como pudo, pero acabó perdiendo el equilibrio y se cayó. Robin lo miró furioso y le propinó una patada en las costillas y otra en su rostro, dejándolo inconsciente. Dorothy aprovechó la distracción del rubio y cogió el bastón de Gold, y le dio un nuevo golpe al ladrón, esta vez un poco más fuerte. El rubio se curvó un poco por el dolor, apretando la mandíbula, pero enseguida se incorporó y disparó sin ni siquiera mirar, alcanzando la pierna de la morena. Avanzó hacia la mujer que retrocedió algunos pasos, aún con el bastón en la mano, usándolo ahora de apoyo a causa del dolor que estaba sintiendo. Al ver al ladrón acercarse, no dudó e intentó darle de nuevo, haciendo un gran esfuerzo por superar el dolor y mantener el equilibrio, sin embargo el hombre fue más rápido y agarró el brazo de la mujer, apretándole fuerte e impidiéndole que continuara atacándolo. Él hizo un movimiento rápido que la desarmó, y enseguida le asestó un golpe con la cañón del revólver, dejándola inconsciente, al igual que Gold. Cogió un poco de dinero que aún quedaba en la caja y se fue, dejando a los dos atrás.
Ruby pasó el día perdida en sus pensamientos, recordando las palabras que la pelirroja había dicho unas mañanas atrás y también en las palabras de Dorothy el día en que la había buscado en el banco para conversar. Sin aguantar más, cogió su caballo y salió en dirección al banco. Al llegar le extrañó encontrarse con las puertas abiertas. Desmontó de Amarok sin preocuparse por amarrarlo para que no se marchara y corrió adentro, mirando a su alrededor. Se desesperó al ver a la morena inconsciente al lado de Gold. Al acercarse, notó que había una mancha de sangre en el suelo y se dio cuenta de que provenía de Dorothy, levantó el vestido de la morena de cabellos rizados y respiró aliviada al constatar que la bala solo la había rozado y no era nada grave. Cogió a la morena con cuidado y colocó su cabeza en su regazo, dejando caer algunas lágrimas silenciosas por su rostro mientras acariciaba a la otra.
«Vamos, mi amor, despierta» decía Ruby mientras deslizaba sus dedos por el rostro de la mujer «Necesito sacarte de aquí, pero necesito que despiertes para eso»
Poco a poco, la mayor comenzó a presentar señales de que estaba despertando, poniendo una cara de dolor, llevándose la mano a la zona en la que había sido golpeada. Al mirar a Ruby, la muchacha estampó una sonrisa en su rostro y se curvó para besarla.
Robin salió del banco satisfecho con la cuantía conseguida, aunque no era todo lo que necesitaba, ayudaría en sus planes. Se dirigió a la casa de Ingrid donde estaba escondido y guardó el dinero allí, en su cuarto, debajo de una tabla suelta cerca de la cama. Separó un poco de dinero para más tarde y se fue al baño. Abrió el agua de la ducha y dejó sus ropas por el suelo, dejando que el agua mojara sus cabellos mientras una sonrisa maliciosa surgía en su rostro al pensar en el próximo paso de sus planes. Al salir del baño, se encaminó al cuarto donde mantenía a Kathryn. Le llevó la comida y le avisó que iba a salir, pero que ni se le ocurriera hacer ninguna tontería, pues la casa estaba siendo vigilada.
Entonces, él se dirigió al Sherwood, un bar con dudosa reputación que quedaba al norte de la ciudad. Allí pidió un trago de whisky y se sentó, observando el local, algunos hombres estaban borrachos lo suficiente para no encontrar el camino a casa, otros, hasta el punto de que su presunción los cegaban y otros estaban más ocupados con las muchachas que los entretenían. Tras algunos tragos, Robin se acercó a una mesa donde algunos hombres jugaban al póquer y pidió participar, sentándose enseguida con ellos.
Cuando Dorothy y Gold despertaron, Ruby colocó a la morena en su caballo con ayuda de Gold e indicó al hombre que fuera a la comisaría a comentar lo sucedido. Él asintió y cerró el banco, y se dirigió enseguida a casa, mientras la morena partía rápidamente en dirección contraria, llegando al hostal en pocos minutos. Cuando pararon frente al hostal, Emma y Regina estaban llegando juntas y Ruby les pidió ayuda para bajar a Dorothy y llevarla adentro.
«¿Qué ha pasado?» preguntó Emma mirando la herida en la pierna de la mujer «Gina, por favor, pídele a Archie que lleve a Amarok al establo» le dio un beso en la cabeza a la morena y se giró hacia Ruby de nuevo.
«Por lo que parece ha sido un intento de asalto al banco, probablemente aquellos hombres que frecuentan de nuevo el Sherwood» dijo Ruby poniendo cara de disgusto.
«Más tarde voy para allá, a ver si descubro algo. Esos hombres son lo bastante tontos para vanagloriarse de cosas así» dijo Emma poniéndose seria, ayudando a Ruby a acomodar a Ruby en el sillón, atrayendo la atención de David que estaba tras el mostrador.
«Ems, ten cuidado, sabes que a aquellos hombres no les importa casi nada» Ruby la alertó, mientras iba en busca de los cosas para curar la pierna de la morena.
«Dorothy, ¿conseguiste ver el rostro del hombre que ha intentado asaltar el banco?» preguntó Emma mientras levantaba delicadamente el vestido de la mujer
«No, Emma. Disculpa» respondió ella sonrojándose levemente
«No hay problema. Descubriré quién ha sido» la rubia se giró hacia David que estaba cerca de la chimenea «Tío, ¿puedes traer una palangana con agua templada, por favor?»
Ruby se acercó con unos paños en sus manos, una pomada y un líquido para limpiar la herida. Cogió la pierna de la morena de cabellos rizados y la colocó encima de sus muslos. Enseguida David trajo la palangana con agua y la puso al lado de la sobrina, apartándose para que pudiera curar la pierna de la morena. Tras finalizar la cura, Emma se levantó y se acercó a Regina que estaba de pie en la puerta, mirando con expresión aprensiva.
«Pareces más asustada que yo con lo que ha pasado» Emma abrazó a la morena atrayéndola hacia ella «¿Qué ocurre?»
«Nada, solo estoy preocupada por la señorita Gale» respondió Regina correspondiendo al abrazo de la rubia.
Emma nada dijo, solo cogió la mano de la morena y la condujo a la cocina, encontrándose allí con Mary y Tinker que estaban preparando la cena, a quienes dejó un beso en la cabeza. Hurgó en las sartenes, probando algo de aquí, algo de allí, riéndose de la tía al reprenderla por hacer esto, y enseguida se encaminó hacia el cuarto. Tras la cena, la sheriff cogió su cartuchera, su sombrero, su abrigo y se dirigió al establo. Se montó en Andromeda y partió en silencio.
Robin estaba en el bar desde el comienzo de la noche, bebiendo y jugando, y aprovechándose del estado de embriaguez de los otros hombres les robaba más dinero de lo que estaba siendo apostado, haciendo trampas en cada partida.
«¡Parece que hoy la suerte está a mi favor!» dijo sonriendo al ganar otra partida de póquer, arrancando suspiros aburridos de los hombres de la mesa.
«Suerte del principiante, muchacho» uno de los hombres de la mesa dijo, tragándose de un trago un vaso de cerveza
En ese momento, la sheriff entró discretamente en el local, intentando no llamar la atención sobre ella, caminó entre las mesas y cuando vio un movimiento abrupto en una de ellas, se acercó cautelosamente para no ser notada.
«¡Escucha tú, viejo baboso!» dijo Robin cogiendo al hombre por el cuello de la camisa «No soy un principiante. El asalto al banco del que escucharon hablar esta mañana fue obra mía» empujó al hombre otra vez hacia la silla y se levantó sonriendo, abriendo los brazos y girándose hacia los otros clientes del bar «¡Quien se quiera juntar a mí, tengo grandes planes para esta ciudad! ¡Y para mi adorada hermana!»
Emma sintió sus piernas temblar, su sangre evaporarse y cada pelo de su cuerpo encresparse al ver al hombre que estaba hablando. Estaba más viejo, llevaba barba rala, los cabellos un poco más oscuros de unos años atrás, pero aún el mismo porte, el mismo tono de voz presuntuoso…
«Robin…» dijo Emma en un susurro y se giro para salir del local, chocando con algunos hombres que estaban de pie escuchando el discurso del rubio.
Cogió a Andromeda y salió de allí disparada, corriendo sin rumbo por la ciudad, un torbellino de pensamientos mezclándose en su mente. Su hermano estaba en la ciudad, había herido a Dorothy y ahora vendría tras ella. Su miedo no era ese, sino que usara a las personas que amaba para hacerle daño, pues era así como él y su padre siempre habían sido. Usaban a las personas queridas para infringirle sufrimiento a alguien.
Ruby había llevado a Dorothy al cuarto con la ayuda de David y de Regina, y la acomodó en su cama, sentándose después al lado de la morena. Llevó la mano al rostro de la mayor, acariciándoselo y sonriendo cuando la otra no retrocedió ante su toque.
«Tuve tanto miedo cuando llegué al banco y te vi desmayada y la sangre al tu alrededor» la asistente dijo dejando caer algunas lágrimas silenciosas por su rostro «Creí que…yo…»
«Shh…» Dorothy llevó su dedo índice al los labios de la morena, callándola «Escúchame. Por favor. He estado pensando en lo que me dijiste en nuestro último encuentro, y lo que ha pasado hoy me ha hecho darme cuenta de que no puedo estar sin ti. Cuando vi aquel hombre entrando en el banco, sabía que algo malo pasaría. Mi único pensamiento eras tú. Cuando él se acercó a mí con el revólver y lo presionó contra mis costillas, pensé que no dudaría en matarme, pero cuando Gold lo atacó y eso lo distrajo, vi la oportunidad y la aproveché. Entonces, me disparó y solo recé para que su puntería fuera peor que la tuya» rio débilmente, agarrando delicadamente el rostro de la morena «Prefiero aprender a convivir con otra persona entre nosotras que tener que estar sin ti. Sin tu sonrisa, tus bromas, tu buen humor. Además, creo que quizás la pelirroja merezca una oportunidad, a fin de cuentas, no una cualquiera puede capturarte de esa manera»
Ruby rio en mitad de las lágrimas y se tiró a los brazos de la mayor, olvidándose de su herida en la pierna, saltando al escuchar a la otra gruñir de dolor.
«No podría perderte. No soportaría perderte. Y realmente no sé lo que tiene esa pelirroja, debe ser algo de familia, ya que Emma estaba perdidita por Regina y Killian por Graham, pero no sé estar sin ti. No sé si esto va a funcionar o cómo va a funcionar, pero las necesito a las dos en mi vida» dijo Ruby besando con pasión a la morena de cabellos rizados. Un beso cargado de cariño, nostalgia, miedo «Te amo, Doty»
Ruby la atrajo para otro beso, abrazándola torpemente por culpa de la herida en la pierna, sonriendo, hundiendo su rostro en el cuello de la mujer.
Emma llegó al hostal bastante entrada la noche, el rostro húmedo, marcado por las lágrimas, su cuerpo temblando ligeramente. Dejó a Andromeda en el establo y entró silenciosamente en el hostal por la puerta de la cocina, intentando no hacer mucho ruido, agradeciendo que, aparentemente, todos estuvieran dormidos. La sheriff se fue derecha al baño, dejando sus ropas por el camino, y abrió la ducha, dejando que el agua caliente relajase su cuerpo, al menos un poco. Tras el baño, pasó al cuarto, sin preocuparse por ponerse algo, solo se echó y se tapó con el edredón, los pensamientos invadiendo su mente sin permiso.
Emma estaba andando por la ciudad y cuando se dio cuenta estaba parada delante de su antigua casa, mirando el sitio todo apagado, las paredes descascarilladas, aquí y allá, los juguetes aún esparcidos por el porche…Caminó lentamente hasta el banco que allí había, se sentó y miró todo a su alrededor. Emma miró hacia el cielo y la luna brillaba intensamente, como el día en que estuvo ahí con Regina. Una sonrisa se formó involuntariamente en su rostro, recordando los momentos que había tenido con la morena y un alivio la invadió pensando que la morena estaba bien lejos de ella. Era mejor así, se decía. Si no sabe lo que siento por ella, no se acercará a ella, pensó, ahora ya no estaba sonriendo. Tras algunos minutos en silencio, perdida en pensamientos, escuchó una carcajada que hizo que cada vello de su cuerpo se encrespase. No podía ser. Él estaba muerto. Su padre había muerto años atrás en aquel precipicio. Y entonces otra carcajada se juntó a la primera, dejándola en alerta. Emma giraba la cabeza de un lado a otro, aguantando la respiración, intentando descubrir de dónde venían los sonidos. Otros sonidos se escucharon, esta vez era el sonido de algo siendo golpeado, roto, partido. Emma se levantó, se llevó las manos al revólver, lo cogió y caminó lentamente alrededor de la casa, los sonidos parecían venir de dentro. Avanzó hasta llegar a la cocina, donde puedo oír claramente la voz del padre.
«Ata bien a esa zorra» dijo James riendo «Sabes que no me gusta que se muevan si yo no lo pido»
Una vez más, Emma sintió sus piernas temblar, su cuerpo se estremecía, sus pelos completamente como escarpias. Apretó la mano que agarraba el revólver. Entró en la cocina sin hacer ruido y caminó en dirección al sonido de las voces de los dos hombres. Había escuchado a su padre ordenarle a Robin que atara a alguien, a una mujer, por lo que había entendido, pero extrañamente no oía a la mujer en cuestión ni siquiera intentando pedir ayuda. Por más que tuviera la boca tapada, algún sonido intentaría emitir, pero no era así.
Emma se fue acercando lentamente y sintió abrirse el suelo bajo sus pies al presenciar la escena. Regina estaba amarrada a la cama, amordazada. Había cortes en su rostro y en sus pechos. Podía ver el pecho de la morena subir y bajar desacompasadamente, sin embargo no lloraba. Su mirada estaba cargada de odio. Notó que la morena aún estaba vestida de cintura para abajo, y eso le dio cierto alivio. Ella no conseguía moverse, observando la escena que tenía delante. Era como si sus pies estuvieran clavados al suelo. Su padre se acercó a la morena con una daga en las manos mientras Robin observaba bebiendo del vaso que tenía en sus manos. Emma no se podía creer que él estuviera realmente allí. Estaba segura de que el hombre había muerto cuando cayó por aquel precipicio. Cuando lo vio sentarse encima de las piernas de la morena, direccionando la daga de nuevo a su pecho, riendo cruelmente, fue como si algo dentro de ella se despertase. Apuntó el arma hacia su padre y disparó. Él cayó sobre la cama. En ese momento, Robin se levantó con un revólver en las manos y apuntó a la morena.
«Te estaba esperando, hermanita» Robin le sonrió, acercándose a Regina, tirándole de los pelos, alzándole el rostro «Ahora voy a matar a esta zorra y después a ti»
Ella no tuvo tiempo de responder, solo escuchó el disparo del revólver del hermano, y el suyo disparando también contra él. El rubio cayó al lado de la cama y ella corrió hacia Regina, el pecho de la morena bañado en sangre, sus ojos semicerrados, la respiración entrecortada…
«Shhh…no digas nada. Te voy a sacar de aquí. Te voy a llevar al hospital, te vas a poner bien» dijo cogiendo a la morena en sus brazos.
Emma despertó sudando, se dio cuenta de que su rostro estaba marcado por las lágrimas. Le llevó unos segundos percibir que estaba en su cuarto y que aquello no había pasado de una horrible pesadilla. Respiró hondo algunas veces, volviendo otra vez a respirar con regularidad.
Se dirigió al cuarto de Regina, abrió la puerta lentamente, solo para comprobar que la morena estaba durmiendo. Emma entró en la habitación en silencio y depositó un beso en la cabeza de la morena.
«Disculpa, pero no puedo permitir que él te haga daño» dijo en un susurro para salir después inmediatamente, y volver a su cuarto.
