Todos los personajes de Inuyasha y Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi, salvo toda su descendencia que ha nacido de nuestra imaginación.

Conquistando a la flor

por

Freya & Sakura

¡Hola chicos! Volvemos otra vez a esta sección para publicar el epílogo de nuestro fanfic… que ojala sea muy esperado jeje ;) y que la demora haya valido la pena… ya saben, a partir de hoy, una vez por semana, publicamos hasta terminarlo…

Que disfruten la lectura…

Epílogo, primera parte

El rítmico sonido del balón golpeando contra el piso una y otra vez llenó todo el gimnasio de la escuela Furinkan.

Intentando pasar desapercibida se acercó, lo vio correr rápidamente antes de dar un salto para luego lanzar el balón hacia el aro. Una vez más consiguió un tiro perfecto logrando lo que quería. Él siempre había sido muy persistente, siempre lograba lo que deseaba y eso a ella le encantaba.

Se permitió observarlo mientras se acercaba hasta donde ella estaba. Sus profundos ojos azules la miraban presumiendo claramente el perfecto tiro realizado y su rostro estaba adornado por aquella sonrisa triunfal que a veces detestaba y otras adoraba, como ahora.

—Eso fue suerte —comentó intentando parecer inmutable frente a lo atractivo que se veía su novio con el short verde y la camiseta blanca que estaba usando—, es fácil encestar sin que nadie te lo impida...

El muchacho intentó disimular su expresión al ver a su novia con aquellos diminutos pantaloncillos y la camiseta sin mangas ajustada que utilizaba moldeando de excelente forma sus curvas. —Siempre te gusta burlarte… ¡je! ¿quieres retarme? —sonrió mirándola intensamente. Realmente el negro le quedaba muy bien.

Hanako avanzó un par de pasos hasta quedar a escasos centímetros de distancia de su novio. —¿Quieres jugar? —preguntó mirándolo de forma sugerente.

Olvidando por completo que había arrojado el balón en dirección a la canasta se quedó estático mientras éste rebotaba repetidas veces hasta dejar de moverse. —¿Jug… jugar? —preguntó totalmente idiotizado mientras sus mejillas se sonrojaban furiosamente.

Hacía dos semanas que Hanako le hablaba de ese modo, provocativa, sugestiva… realmente no entendía que sucedía. Pero efectivamente era demasiado difícil tratar de no prestar atención a aquellas tentaciones, aunque su suegro fuera un furioso hanyou atento a cada uno de sus movimientos.

Los labios de la muchacha se curvaron en una traviesa sonrisa. —Estamos solos —susurró rodeando con uno de sus brazos el cuello de Keishii—, podemos hacer lo que queramos... nadie va a interrumpirnos —sonrió llevando una de sus manos hacia la coleta en que tenía sujeta su cabello para soltarla suavemente—. ¿No quieres, Kei? —pronunció moviendo despacio su cabeza, dejando que algunos mechones se acomodaran sobre sus hombros.

El autocontrol de acero que había adquirido hacía algunos días comenzó a ceder. Parecía que comenzaba a tener palpitaciones, sintió un cosquilleo en el estómago y su cuerpo se encendió tal cual como una hoguera en cuestión de segundos. —¿Qu... qué… qué es lo que quieres hac… hacer? —preguntó intentando respirar aunque sus impulsos le ordenaban que la tomara en brazos y se olvidara de cualquier temor que lo detuviese.

—Jugar —respondió la muchacha con una sonrisa pícara. Lentamente subió su otra mano por el torso de Keishii, hasta rodear con sus dos brazos el cuello de éste—, ¿no se te ocurre nada? —preguntó poniéndose en puntillas para luego rozar lentamente sus labios sobre los de su novio.

La respiración de Keishii comenzó a alterarse gracias a que la chica había comenzado a rozar delicadamente su cuerpo al abrazarlo por su cuello. El calor subía cada vez más, el contacto con sus pechos fue la gota que derramó el vaso. No logró auto controlarse como aquella vez en el casamiento de Izayoi. Sus manos se colocaron en la cintura de la muchacha ciñéndola deseoso. —Muchas cosas… —respondió ronco correspondiendo a los pequeños roces de labios.

Todo el cuerpo de Hanako se estremeció, el aroma de Keishii, el calor de su cuerpo y los agitados movimientos de su pecho contra el suyo parecían embriagarla lentamente. —¿Qué esperas para enseñármelas? —preguntó acariciando con su aliento los labios del muchacho.

Sonriendo radiante, el muchacho tomó entre sus brazos a su prometida para llevarla a las gradas. Recostándola en uno de los amplios escalones comenzó a besarla apasionadamente, olvidando por completo que alguien podría pasearse por allí, a pesar de que estuvieran en sábado. Sentado de costado apoyando uno de sus brazos en la grada anterior se mantuvo en equilibrio, aquel lugar no era el más preciso para intentar ese tipo de cosas, pero eso no era algo que el muchacho pudiera razonar en ese momento.

Una y otra vez tomó uno de sus labios entre los suyos, disfrutando inmensamente con aquellos electrizantes contactos. Su calidez, aquella disposición que mostraba, sus pequeñas prendas, comenzaban a hacerlo delirar. En ese momento sus instintos se apoderaron por completo de su razón.

Correspondiendo con la misma pasión al beso de su novio, subió uno de sus brazos para posicionar su mano tras la nuca de Keishii. Deseosa acercó su rostro aún más hacia el suyo haciendo cada vez más íntimo su recorrido por su cálida y dulce boca.

Lentamente su lengua comenzó a acariciar la de su novio iniciando un sensual jugueteo que a cada segundo que pasaba se hacía más atrevido y excitante.

Sin poder controlarse del deseo que desbordaba su ser, el muchacho cambió de posición inclinándose sobre la chica hasta quedar encima de ella, apoyó su peso sobre sus piernas y brazos para equilibrarse. Su deseo de estar más cercano a ella se cumplió, su cuerpo se había convertido en una hoguera que deseaba ser alimentada cada vez con más creces. Ansiaba acariciarla, besarla, hacer todo lo que ella le insinuaba desde hacía un tiempo. Sus manos delinearon los contornos de la figura de su novia, extasiados con aquel cálido contacto.

La muchacha separó suavemente su boca de la de Keishii. Sonriendo totalmente complacida deslizó sus labios por el rostro de su novio en un leve caricia hasta posicionarse sobre su cuello. Totalmente seducida por su aroma comenzó a lamerlo despacio, saboreando con deleite su cálida piel.

El joven de la coleta sintió como sus cabellos caían en sus hombros producto de que la chica había intervenido con su mano al acariciar su cabeza. La calidez de los labios de la chica y su lengua rozando su piel hicieron que se estremeciera lenta y deliciosamente, jamás había sentido algo así antes. Siguiendo sus pasos, comenzó a besar uno de sus hombros, la piel que aquella pequeña camiseta con tiritas le dejaba apreciar era considerable. Su perfume a flores lo embriagaba cada vez más, una y otra vez besó aquella parte de su anatomía, deseoso por más, comenzó a mordisquearlos, hambriento de ella, de tomarla solo para él.

Las manos de Hanako se movieron acariciando con ardor la espalda de Keishii, quería adueñarse de cada centímetro de su piel, hacerle sentir que era totalmente suyo y que siempre lo sería.

Una intensa llamarada parecía recorrer todo su cuerpo al ritmo de los besos de su novio, esos besos que la seducían una y otra vez avivando su deseo. Sus manos siguieron bajando hasta posarse sobre el trasero del muchacho, totalmente afiebrada lo presionó con fuerza mientras comenzaba a mordisquear deseosa su cuello.

En ese segundo las caricias del joven cesaron, bastante asustado por el apretón de la chica en aquella zona de su cuerpo se detuvo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al percatarse de lo que estaban haciendo. Si alguien los viera. ¡Y si ese alguien fuera un hanyou de cabellos plateados!

Asustado dejó de besarla, levantándose rápidamente para sentarse a un lado de la chica.

—Etto… alguien podría vernos, ¿na? —espetó algo incómodo por el silencio de la chica mientras jugaba con los dedos de su mano notablemente nervioso, sus mejillas estaban completamente sonrojadas.

Aún algo agitada se sentó. "Ya llevamos dos años de novios... hace dos semanas que estoy intentando que nuestra relación sea un poco más íntima...realmente nunca pensé que sería tan fácil... cuando me besaba sentí que sería capaz de..." Pensó mirando de reojo al muchacho bastante sonrojada pero con una radiante sonrisa adornando su rostro.

—Hai —afirmó moviéndose despacio hasta que sus brazos rozaron levemente los de él—, al menos sé que papi y mis hermanos no vendrán a este lugar... creen que estoy estudiando con una amiga —comentó traviesamente. "Él está asustado... siempre supe que Kei es algo tímido, pero no pensé que también lo sería conmigo... en cierto modo es normal...él nunca ha estado con una mujer... es natural que tenga miedo... pero él es solo mío y sé que pronto conseguiré que lo sea totalmente" Pensó fijando una mirada bastante sugerente sobre su aún sonrojado novio.

Keishii sonrió tomando una de las manos de la chica. Poco a poco intentó calmarse, el deseaba seguir, si no fuera por aquel toque de la chica habría continuado, pero no podía… y menos en un lugar así. Debía ser especial, y después de casados, claro.

Mirando a la chica besó cerca de sus labios. "Kuso… ¿cómo es que no se da cuenta que es fácil provocarme?... ¿qué pasa con Hana?... y esto va a ser peor a medida que aumentan los días si continúa con esta nueva modalidad… shimatta… no sé si pueda resistir a aquellas tentaciones… se ve muy bonita…" Pensó mientras la recorría con la mirada de arriba a abajo, sin darse cuenta que ella lo estaba observando.

El sentir la mirada de Keishii recorriendo su cuerpo logró aumentar considerablemente su sonrisa.

Dejó escapar una melodiosa risita antes de abrazarlo con todas sus fuerzas. —Ai shiteru, Kei —pronunció aferrándose aún más a él.

El muchacho correspondió el abrazo bastante sonrojado mientras sentía como se movían los senos de la chica al contacto con su torso. —Creo que ya fue suficiente entrenamiento por hoy… —comentó en voz alta sin darse cuenta.

Hanako dejó de lado toda su coquetería, separándose de su novio lo miró con una ceja levemente arqueada. —Me suplicaste que me levantara temprano en sábado para ayudarte a practicar —espetó fastidiada—. ¡Acabamos de llegar! —protestó.

Keishii aún embobado movió la cabeza intentando disipar cualquier pensamiento poco casto que pudiera conservar por lo sucedido minutos atrás. —¡Es que mañana tengo un examen muy importante! —se excusó no muy seguro de sí mismo mirando hacia otro costado bastante nervioso.

La expresión de la muchacha cambió rápidamente del fastidio a la curiosidad. —¿Mañana? —preguntó fijando una inquisidora mirada en su novio. "¿Examen en Domingo?... eso no puede ser cierto" Pensó mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

El muchacho asintió sin entender el por que de la desconfianza de su novia, olvidando por completo que su coartada había fallado al tratarse del único día que no podía tener examen—. ¿Por qué lo preguntas? —inquirió mirándola de reojo.

—Porque mañana es domingo, baka —respondió frunciendo el ceño—. ¿Dónde pensabas ir? —preguntó intentando parecer indiferente pero sin poder controlar sus notorios celos.

—Etto… tengo que hacer un trabajo con unas compañeras nuevas… ellas me pidieron orientación, tú sabes… no pude negarme… —respondió con una media sonrisa al notar los evidentes celos de su novia.

Hanako reprimió sus crecientes deseos de ir por el balón para lanzarlo sobre la cabeza de Keishii. "Shimatta... como detesto a sus estúpidas compañeras, son unas descaradas a las que poco les importa que él sea sólo mío..." Pensó comenzando a recordar.

Flash back

Seis meses atrás, Dojo Tendo.

—¿Por qué tenías que aceptar hacer ese trabajo con esas chicas? —preguntó con una expresión cercana al berrinche—. No me agradan tus compañeras... no te quitan los ojos de encima y se aprovechan de que no estoy cerca para aclarar las cosas... —murmuró por lo bajo.

Las manos del muchacho automáticamente se posaron en la cintura de su novia para acercarla posesivamente a él. —Ninguna es tan bonita como alguien que conozco —respondió guiñándole un ojo, a escasos centímetros de sus labios.

—Eso no quita que ellas se te estén insinuando a cada instante —refunfuñó intentando ignorar su cercanía para mirarlo con seriedad—. Tú estas muy tranquilo porque no tengo compañeros hombres ¿ne? —preguntó ignorando la divertida expresión del muchacho.

—¡Je! dudo que los pocos que estudien en tu clase de decoración estén interesados en muchachas… —comentó divertido—…además, los idiotas siempre me miran raro… —murmuró mientras un escalofrío recorría su espina.

—Papá y los gemelos dicen lo mismo que tú...—comentó relajando su expresión. Sonriendo divertida agregó: —. Siempre buscan excusas para salir de casa cuando estudio con ellos.

—No quiero interrumpir —Desde la entrada de la habitación, Ranko habló notoriamente fastidiada—. Hay tres tipas allá abajo que vienen a estudiar contigo... deberías ir a buscarlas porque están mirando muy raro a papá —agregó frunciendo el ceño.

El joven de la coleta rió nervioso llevando a su novia de la mano hacia la sala, temiendo por lo que pasara luego.

Segundos después ya habían bajado, Ranma había sido llevado por su hija menor hacia la cocina para evitar que las fervorosas adolescentes siguieran mirándolo tan insinuantemente.

—¡Kei-chaaan! ¡Qué lindo! ¡Gracias por aceptar ayudarnos en nuestros primeros trabajos! —sonrió radiante Hotaru. Se trataba de una jovencita de cabellos castaños y ojos claros, rápidamente se acercó al muchacho para tomarlo del brazo, olvidando por completo la presencia de su novia.

—Hotaru tiene razón —afirmó Eiko fijando su embelesada mirada esmeralda en el rostro de un nervioso Keishii—, además eres muy amable al recibirnos en tu casa —añadió empujando suavemente a Hanako para tomarse del otro brazo del muchacho.

Otra jovencita de cabellos morenos intervino colocándose al frente del muchacho a pocos centímetros. —¡Kei-chan me prometió que yo sería la primera! —refunfuñó tomándolo de la camisa.

Una vena comenzó a marcarse en la sien de Hanako, completamente furiosa tomó por la coleta al muchacho para jalarlo bruscamente hacia ella, logrando de este modo que todas las chicas se separaran por completo de su novio.

—No es necesario que toquen tanto a mi prometido —gruñó haciendo especial énfasis en las últimas palabras—. Se supone que solo van a estudiar... y no necesitan estar tan cerca para eso —advirtió mirando de forma amenazante a las muchachas.

Keishii se quejó por la manera poco delicada de su novia de atraerlo hacia ella. —Eso… eso es cierto… —agregó intimidado por su mirada furiosa—. Vamos al dojo, allí podremos practicar con más tranquilidad… —agregó tratando de recomponer compostura.

Media hora después, Hanako los observaba desde la entrada del Dojo con una expresión de evidente enfado.

"Aprovechadas...ya terminaron de organizar su estúpido trabajo... ¿hasta cuándo piensan estar mirando con esa cara a Keishii?..." Pensó comenzando a creer que lo mejor sería que las invitase a irse de la casa de su novio.

—Kei-chan... onegai... enséñanos algo de defensa... —habló Eiko con un tono exageradamente meloso.

—Es tan difícil ser bonita… tenemos que aprender de defendernos de los pervertidos que abundan en la calle… —comentó Hotaru con los ojos vidriosos acercándose peligrosamente al muchacho.

En su máximo esplendor Keishii comenzó a exhibirse, haciendo katas, mostrando su extraordinaria habilidad producto genético y de entrenamiento de varios años.

—Como pueden ver… estas posturas son tanto de defensa como de ataque, deben tener mucha concentración, es fundamental… presten atención también a las posturas, y la mirada siempre fija al contrincante… —comentó seriamente mirando a sus alumnas.

Hanako dejó de pensar en asesinar a las compañeras de su novio. Por algunos minutos el centro de su atención fue Keishii y cada uno de sus ágiles movimientos.

Sonrojada siguió cada uno de los poderosos ataques que él dirigía hacia un enemigo imaginario.

Sonriendo embobada suspiró levemente.

—¡Kei-chaaan! ¡Ayúdame a ponerme en una postura de defensa! —espetó Kaori tomándolo de un brazo.

El muchacho miró nervioso a su novia quien parecía bastante enfadada con la actitud de las tres muchachitas. —Etto… está bien… —asintió mientras ayudaba a la chica a colocar sus brazos a la altura de su rostro—. Tienes que colocar una pierna más adelante… una de tus manos protege tu rostro y otra debes ubicarla hacia fuera para atacar… —espetó intentando no acercarse tanto a la muchacha para evitar un desastre con su prometida.

La jovencita de cabellos negros sonrió pícaramente mientras retrocedía algunos pasos para chocar su espalda con el torso de su maestro. —¿Lo estoy haciendo bien? ¡Eres un estupendo maestro! ¿puedo venir todos los días a tomar clases? —comentó mientras sus ojos color miel brillaban intensamente.

Hanako observó a su novio retroceder sonriendo nervioso. Rápidamente avanzó hacia la chica que aún mantenía su postura defensiva pero estaba totalmente desconcentrada.

—No, no puedes —pronunció antes de barrer con uno de sus pies los de la chica, logrando que esta perdiera la estabilidad y cayera sentada al piso—. Es vital mantener la concentración —comentó dedicando una sonrisa triunfal a la muchacha que solo atinaba a mirarla algo asustada—. Lo siento, pero mi prometido no da clases en el Dojo aún —espetó avanzando hacia Keishii, rodeando con uno de sus brazos el cuello del chico lo acercó hacia ella para depositar un suave beso en sus labios—. Oji-san es el encargado de hacer las clases, pero no creo que a tía Akane le agrade mucho verlas por aquí —añadió fingiendo tristeza—, pero si quieren yo puedo enseñarles... practico artes marciales desde que tengo memoria —propuso con una mirada que dejaba claro que si aceptaban la pasarían mal...muy mal.

Fin flash back

—¿También tendré que enseñarles a tus nuevas compañeras que no me gusta que le coqueteen a mi novio? —preguntó Hanako cruzando sus brazos sobre su pecho y mirando fieramente a Keishii.

—Esa vez estabas muy celosa, ¿na? —sonrió el joven de la coleta mirando seductor a su novia—. Tienes un prometido demasiado apuesto… ¿no crees? —rió divertido.

—Y muy engreído —respondió dedicándole una media sonrisa—. Más que celosa estaba molesta; detesto a las mujeres que se fingen débiles para coquetearle a alguien.

—Por eso me gustas tanto… —respondió al instante mientras se ponía de pie para luego tomarla de la cintura acercándola a su torso—. En realidad no van a ir esas chicas al Dojo… era una broma… —agregó mirando intensamente a su novia—. ¿Quieres salir a algún lugar?

—¿Por qué te gusto tanto? —preguntó mirándolo coqueta—. Espera no respondas —sonrió colocando uno de sus dedos sobre sus labios—... te gusto porque soy encantadora, bonita, inteligente, y simplemente genial en todo lo que me propongo hacer.

—Todo eso y más… —respondió totalmente adulador rozando sus labios con los de su novia—. ¿Aceptas mi propuesta? —preguntó insistente ciñendo su estrecha cintura.

Hanako rodeó con sus brazos el cuello de Keishii. —Hai, acepto —sonrió besando tiernamente los labios del muchacho—. Tu maravillosa novia quiere que la lleves a tomar un helado —respondió olvidando por completo los celos que sentía minutos atrás.

—Entonces llevaré a mi encantadora y maravillosa novia donde desee… —murmuró por lo bajo uniéndose nuevamente a ella en un dulce beso, olvidando por completo del motivo inicial por el que habían ido a la escuela.

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Mientras tanto, en uno de los supermercados de la gran metrópoli de Tokyo…

Kagome buscaba los víveres necesarios para la semana mientras intentaba controlar a su esposo que deseaba llevarse todas las latas de ramen que había en las estanterías. Una sonrisa alumbró su rostro, nada había cambiado desde que lo conoció. Su primer visita al supermercado había sido muy parecida.

Caminando algunos pasos más llegó a la sección de ropa. Sonrió enternecida ante las pequeñas camisetitas y pantaloncillos. Sus niños, aunque le costaba admitirlo, ya eran todos unos hombres. Pero, en poco tiempo, tendría oportunidad de comprar algún vestidito o jardinero, ya que Izayoi y Shigeru estaban pensando en tener un bebé.

Todo iba muy bien con su familia, las cosas con Ryoko se habían armonizado, pero todavía seguía molestándola para no perder la costumbre. Ranko por su parte era adorable, como siempre lo había sido desde pequeña, le había enseñado muchas recetas que tuvieron un éxito enorme, la pequeña cocinaba excelente.

Solo estaba pasando por un gran problema: su Mamoru quería casarse con aquella muchachita, hacía algunos meses que insistía con esa idea que ella declinaba haciéndolo cambiar de tema. Su otro gemelo, Shinichi, seguía estudiando como el niño bueno que siempre fue.

La sección que más detestaba del supermercado era la de la ropa; nunca entendería cual era la obsesión de las mujeres por coleccionar prendas.

Su mujer seguía entretenida mirando ropa para bebés. "Kuso... lo único que pido es que ni uno de mis nietos tenga los genes pervertidos de Miroku...el idiota no ha dejado de insinuar que hará todo lo posible para que nuestros nietos sigan sus enseñanzas...keh... como si eso fuera posible" Pensó cruzándose de brazos mientras seguía con la mirada a Kagome.

—Oe, Kagome... ¿por qué demonios tenemos que estar mirando estas cosas? —preguntó con evidente fastidio—. Iza-chan ni siquiera está esperando un bebé.

—Pero son tiernas… ¿no crees? —sonrió con los ojos brillosos mientras tomaba un par de pequeños vestiditos de color amarillo pálido y lila—. Veo que elegiste lo que vas a comprar… —comentó con una pequeña gotita al reparar los dos carritos llenos de ramen, chocolate para derretir y crema.

—¡Keh! Sólo un par de cosas, nos faltan muchas cosas aún —espetó mirando con una media sonrisa a su esposa—. ¿Por qué diablos miras vestidos? Cuando mi princesa tenga un bebé será un niño, estoy seguro —agregó acercándose hacia Kagome—. ¿O crees que Mamoru nos dará un nieto antes que su hermana? —preguntó con clara diversión al notar el gesto aprensivo de su mujer.

—Puedes devolver las latas de chocolate y de crema… —sonrió fríamente la mujer viéndose realmente aterradora.

—¡Oe!... ¡¿qué... qué demonios te pasa, onna?! —tartamudeó retrocediendo en un acto reflejo—. Yo... so... solo estaba bromeando... —añadió tratando de parecer lo más inocente posible.

—No lo parecía… hablabas en serio… —se derrumbó la mujer dejando de lado aquella sonrisa para mostrar una expresión de niña pequeña—. ¿Crees que Mamo-chan quiera casarse por eso? —comentó mostrando por completo su debilidad.

Reprimiendo una sonrisa, el hanyou, se acercó —¡Keh! No digas tonterías —habló mientras rodeaba con sus brazos a Kagome—, si algo así hubiese pasado ya lo sabría y no es el caso... llevan años juntos ¿por qué te molesta tanto que quieran formar una familia? —preguntó mirándola intensamente—. A su edad nosotros ya teníamos a Iza-chan.

Kagome sonrió realizada al sentirse protegida entre los brazos de su compañero. —Es cierto, pasó mucho tiempo… —comentó con una voz melosa—. Está bien, te dejo que lleves el chocolate y la crema, pero no lo vuelvas a hacer… —sonrió haciéndose por completo la desentendida de la pregunta del hanyou. Para distraerlo acarició con sus manos el cuello del medio demonio y lo besó muy cerca de sus labios—. ¿Te has dado cuenta que últimamente tenemos mucho tiempo para nosotros?

—Eso me gusta mucho —respondió regalándole una sugerente mirada, acercándola más hacia su cuerpo agregó: —, te dije que sería muy bueno...volver a tener tiempo solo para nosotros... —sonrió recorriéndola con la mirada sin mucho disimulo.

—Muy bueno… —murmuró la pelinegra acercando sus labios a los de su esposo para besarlo embelesada, olvidando por completo el lugar donde estaban.

Akane avanzaba rápidamente por el pasillo de los dulces —No puedo creer que luego de todos estos años sigas desconfiando de mi comida —comentó con claro resentimiento mirando de reojo a su esposo, quien empujaba el carrito claramente fastidiado.

El hombre negó con la cabeza tratando de parecer convincente. —Yo no desconfío de toda tu comida, solo de algunos platillos… —comentó murmurando por lo bajo temiendo la ira de su esposa.

—¿Qué dijiste? —preguntó Akane deteniéndose para mirarlo inquisidoramente.

Ranma rió tontamente fingiendo demencia. —¡Na… nada! Etto… decía que tu mejor platillo es el arroz… ¡te queda delicioso con salsa de soja! —espetó haciendo exagerados gestos de énfasis para parecer más creíble.

Akane le regaló una dulce sonrisa. —¿Lo dices en serio, anata? —preguntó con un suave tono de voz—. Entonces voy a cocinar toda esta semana solo para ti mi amor...

—Ha… hai… —asintió embobado tomando las manos de su esposa, su sonrisa seguía causando estragos en su proceder desde que se habían conocido. Desafortunadamente no escuchó lo último que pronunció la mujer.

—Hai, entonces lo haré todos los días —afirmó con una radiante sonrisa mientras continuaba avanzando por el pasillo.

Ranma bajó a tierra sintiendo un presentimiento aterrador. Un escalofrío recorrió su espina. En el segundo que siguió a su esposa, distraído miró hacia el corredor de la ropa, y se percató de una pareja que se besaba apasionadamente, demasiado para un lugar público. Ni siquiera tuvo que acercarse para darse cuenta que se trataba del hanyou con la sacerdotisa por los cabellos plateados y su forma de proceder. —¡Je! hay cosas que no cambian… —comentó divertido señalando disimuladamente el "show" a su mujer.

Akane rió abiertamente. —Vamos a saludar —comentó sonriente para luego acercarse hacia la pareja que seguía besándose como si no existiera nadie a su alrededor—. ¿Piensan tener otro bebé? —preguntó con una media sonrisa.

Inuyasha se separó rápidamente de su mujer. —¡Kuso! ¿Es que no saben respetar la intimidad ajena? —bufo fastidiado.

Kagome sonrió levemente sonrojada, pero en menos de dos segundos olvidó el pequeño "incidente". —¡Ohayou! ¿cómo están?

—Bien, observábamos el pequeño show que montaron para algunos… —comentó divertido señalando con disimulo un grupo de adolescentes que aplaudían con admiración a la pareja.

Una vena comenzó a palpitar en la sien de Inuyasha. Podía escuchar a la perfección los comentarios de los malditos mocosos y ya comenzaban a molestarle los "quiero tener esa energía cuando sea así de grande".

Solo necesitó de un gruñido y una mirada asesina para dispersar al grupo de curiosos.

—Malditos mocosos entrometidos —masculló sin poder evitar que una triunfal sonrisa se formara en su rostro.

—Creo que ustedes están disfrutando mucho su tiempo a solas —comentó divertida Akane mientras se tomaba del brazo de su esposo—, tienes que entenderlos anata... imagínate lo que debió ser estar siempre acompañados por cuatro niños curiosos —agregó con una traviesa sonrisa.

—Es cierto, deben estar aprovechando el tiempo que les quitaron todos estos años… —rió divertido el hombre de la trenza acercando a su esposa a su cuerpo.

—¡Qué cosas dicen! —balbuceó totalmente roja la sacerdotisa.

—Realmente estábamos mirando ropa para nuestro nieto —habló Inuyasha mirando con fingida inocencia a Ranma—, ya saben... Shinichi ya es todo un hombre y en cualquier momento puede darnos una sorpresa...

—Deja de decir idioteces —bufó Akane sin tomar en cuenta en lo más mínimo al hanyou, todo lo contrario a su esposo.

Ranma se paralizó totalmente traumatizado. —¿Qué estás diciendo? ¿Cómo sabes eso? ¿Te han dicho algo? —preguntó totalmente indignado.

—Inuyasha está mintiendo, eso no es verdad… mi niño solo piensa en estudiar —afirmó muy segura Kagome.

—¡Keh! Uno nunca sabe... —comentó relajadamente el hanyou sin prestarle atención a Ranma, quien se alteraba considerablemente a cada segundo que pasaba.

El hombre de ojos azules tomó del haori al hanyou. —¡Kuso! ¡Explícame ahora mismo por qué rayos me estas diciendo eso! ¿viste algo? ¡O solo estas diciendo estupideces!? —espetó alterado.

—¡Ranma! —Akane tomó del brazo a su esposo alejándolo suavemente de Inuyasha—. ¿Qué no ves que solo lo hace para molestarte anata?

—Eres muy fácil de engañar —comentó Inuyasha riendo abiertamente.

El hombre de la trenza recompuso compostura. —Je… tú no sabes que es lo que vi la semana pasada… cuando Hanako vino a quedarse la tarde en el dojo… —sonrió abiertamente.

Una gota apareció en la frente de la mujer de cabellos azabaches. Realmente nunca cambiarían, seguían siendo los mismos niños de antes.

—¡Temee! ¡¿Qué demonios estás diciendo?! —preguntó Inuyasha mirando a Ranma con claras intenciones asesinas.

Akane bufó fastidiada, prefirió no prestarles atención y dedicarse a mirar la ropa junto a Kagome.

—No te voy a contar, es un secreto… se lo prometí a mi hijo… —rió radiante colocando sus manos detrás de su cabeza.

Inuyasha presionó con fuerza sus puños, tratando de parecer indiferente respondió con una sonrisa apretada: —Voy a asesinar a tu hijo si le hizo algo a mi princesita.

—¡Je! solo estaba bromeando… que poco sentido del humor tienes… —suspiró resignado mientras tomaba a su esposa del brazo nuevamente—. ¿Seguimos con las compras?... —inquirió jalándola levemente hacia él—…ah, Inuyasha, no sé si te comenté… pero Hanako y Keishii salieron hoy… —sonrió totalmente radiante.

—¡Ranma! —protestó Akane dejándose llevar por su marido—. ¿Por qué tenías que molestarlo así?...¡Baka!... ¿no te das cuenta que ahora no dejará en paz a nuestro hijo?

—¡Je! él es un Saotome y sabrá como resolverlo… —comentó fingiendo naturalidad mientras pensaba que en cuanto su hijo se enterase de esto lo perseguiría por toda la casa para golpearlo—. A qué me recuerda esto… —murmuró por lo bajo taciturno mientras seguía caminando a un lado de su esposa por los extensos pasillos del supermercado.

Akane frunció el ceño —A veces te comportas como tu padre, Ranma —espetó mirando de reojo a su ahora traumatizado esposo.

—¿De… de verdad crees eso tamb... —se interrumpió Ranma que había estado a punto de confesar que había pensado algo parecido—. Kuso, yo soy mucho más apuesto, fuerte e inteligente que oyaji… —bufó por lo bajo bastante indignado.

—Pero metes en problemas a tu hijo como él lo hacía contigo —comentó Akane con una media sonrisa—. ¿Sabias que Keishii dice que es más apuesto, inteligente y fuerte que su padre? —preguntó divertida.

—Mocoso egocéntrico… —farfulló por lo bajo mirando hacia el suelo aún en la misma postura, nadie podría superarlo en esas tres cualidades, aunque tuviera cien años.

—Igual a su padre —afirmó una sonriente Akane dejando atrás a su esposo.

El hombre de la trenza quedó estático en el mismo lugar pensando si realmente comenzaba a parecerse a su padre. Bastante traumatizado levantó la cabeza. —¡Oe, Akane! —exclamó para llamar su atención. La mujer volteó mirándolo curiosamente—. ¿Crees que me quedaré calvo? —preguntó aún a la misma distancia, llamando la atención de las personas que estaban cerca y causando algunas risitas del público.

Akane rió abiertamente —Baka —pronunció suavemente una vez que estuvo al lado de Ranma—, físicamente no te pareces a tu padre y me alegro por eso —sonrió acariciando con ternura las mejillas de su esposo—. No vas a quedarte calvo —agregó mirándolo divertida— y creo que cada día que pasa te pones más guapo —afirmó elevando considerablemente el ya gigantesco ego de su esposo.

Notas finales de las autoras:

Empezamos con una escena de "acción" jeje… ¿les gustó?, pensamos que al ser hija de Inuyasha, Hanako tendría los mismos instintos de su papi… bueno, eso ya lo demostramos en su personalidad en sus distintas etapas… pero ahora ya ven su faceta pervie… muy parecida a la de nuestro Inu-chan… :-P también en cuanto a su forma posesiva de ser… las admiradoras de Kei-chan van a tener que pensárselo mejor para inventar una excusa para verlo… xP

¿Se imaginan una filita de mini-Mirokus nietos siguiendo las enseñanza de su abuelo? xD… me reí mucho pensando en esa posibilidad… esperemos que los hijos de Izayoi salgan igual a su padre… xP

Como ven Inuyasha y Kagome no cambian nunca… la energía es algo que no les falta xP Ran-chan sigue todavía con temor a la comida de su esposa… pero se emboba igual de fácil que cuando tenían dieciséis años… xp

Por favor, ¿nos dejan un comentario? Sugerencias, críticas, halagos… ) todo es bien recibido.

Besos,

Sakura

Palabras en japonés

Hai: sí

Kuso: Mierda

Shimatta: Maldita sea

Ai shiteru: te amo

Baka: idiota

Etto: Uhm

Ne: pregunta que siempre requiere de una respuesta afirmativa( ¿no?, ¿Cierto?) Las chicas usan la particula ne y los chicos el na

Onegai: Por favor

Oji-san: tío

Oe: Oye

Onna: Mujer

Anata: mi amor , querido. Significa tú, pero es el modo en que las mujeres se dirigen a su novio , pareja

Ohayou: Buenos días

Temee: Forma bastante agresiva y grosera de decir tú (lease maldito pero con intenciones asesinas xp)

Oyaji: Papá dicho de forma muy informal (puede ser viejo)