Don't Forget To Remember Me

Autora: YukaKyo

Serie: FullMetal Alchemist Y pertenece a su respectiva autora.

Pareja: Roy x Ed

Categoría: AU. Drama, Romance, Angst... Yaoi (Chico x Chico)

o-o-oo-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Don't Forget To Remember Me..

11.- Piedad, burla e Ira

Roy despertó en el enorme sillón frente a la agonizante chimenea. Había estado bebiendo whisky toda la noche y la botella a medio llenar, se encontraba tirada en uno de los rincones de la enorme la sala, el vaso de hielo derretido se encontraba en la fina mesita de centro y aquel insistente sonido que le había despertado, provenía sin ninguna duda de la mesa cercana a la escalera.

Maldijo llevándose una mano a la cabeza tratando de soportar el mareo y noto con desagrado que ni siquiera había tenido la cordura suficiente para apartar de su cuerpo las telas que componían el uniforme militar que siempre portaba.

Nuevamente el teléfono taladro los oídos y vacilante se levanto y caminó hacia donde sonaba. No se encontraba muy lejos, esperándole en la mesita del pequeño recibidor cercano a la puerta principal. Pero el trayecto le pareció eterno, eso sin contar que varias veces había trastabillado al no poder controlar aun bien los movimientos de su cuerpo adormilado. Tanto por la falta de sueño, como por la ingesta alcohólica que, aun presentaba.

El sonido del teléfono repicando se hacia cada vez mas insoportable y con un quejido entre dolor y disgusto tomo el auricular entre su mano y lo llevo a la oreja.

— Mustang al habla— soltó fuerte, controlando la pesadez en su cabeza. La firme voz de Riza le contesto desde el otro lado de la línea.

— General ha ocurrido un no muy agradable incidente y se le necesita cuanto antes en el cuartel—

— ¿Qué ha pasado? — demando imperativo y por algunos segundos hizo titubear a la rubia.

— No hay momentos para darle mas detalles, el teniente Havoc se dirige a su casa y le recogerá enseguida para traerlo aquí—

Fue todo lo que dijo la mujer, una simple despedida y luego. El clásico sonido del colgado del teléfono. Roy maldijo levemente antes de azotar el auricular, girándose levemente apoyándose en las orillas de la mesita. Ya hablaría seriamente con esa mujer.

Ladeo un poco la cabeza y se odio cuando un violento mareo le golpeo. En ese estado no se podía presentar a trabajar. Como pudo se encamino hacia las escaleras y subió por las mismas. Tenía unos cuantos minutos si su instinto no le fallaba. Sabia que Riza solo hablaba cuando faltaban pocos minutos para que Havoc o quien fuera llegara.

Sabía de sobra que no le gustaba esperar.

Pero ahora al menos pedía unos cuantos minutos más de paz.

Antes de regresar al cuartel general.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Los castaños ojos miraron fastidiada una y otra vez aquellos oficiales que entraban y salían de la pequeña y reducida oficina. Se encontraba furiosa, tanto por su presencia, como por lo que había pasado en aquel lugar. No era una de las oficinas integradas a los edificios del cuartel, sino más bien era una de las pequeñas construcciones exteriores del mismo.

Escucho el conocido rugir del motor del coche donde sabia estaría el general de vuelta y giro los ojos nerviosa encontrándolo no muy lejos de ahí. Apresuro el paso y de un momento a otro se vio ofreciendo el saludo marcial a su superior que sin mucho animo salía del coche, regresándole el saludo y pidiéndole de forma amable pero fría que descansara.

Lo hizo mas le siguió de pronto cuando este inesperadamente desvió su mirada hacia donde una comitiva de agentes se dirigían a toda prisa alarmados. Havoc le siguió también de cerca, sin importar mucho donde había dejado estacionado el coche.

— ¿Qué es lo que ha pasado teniente? — Riza trago saliva, sabia exactamente que decir, pero por más que las palabras luchaban por escapársele de los labios había algo que muy a su pesar las detenía.

— Han destruido todas las evidencias— se apresuro a decir Havoc, no sin recibir una mirada de reclamo por parte de la rubia.

— ¿Qué has dicho? — el pelinegro se detuvo de golpe y a Havoc se le erizaron los bellos con tan solo ver la mirada que le había mandado.

¡Oh si! Definitivamente le daba miedo el general.

— En efecto señor, eso fue lo que paso. A mitad de la noche alguien se infiltro y destruyo toda evidencia que existiera en esa oficina— Roy miraba severo a la rubia y el semblante sereno e imperturbable de Hawkeye de alguna forma muy levemente lo tranquilizo— Se incendio por completo y no hubo forma de contener el fuego. Al menos no hasta hace algunas horas—

Roy despego su vista de ella y volvió a posarla sobre la de aquellos hombres que presurosos entraban y salían. Algunos con cajas intactas, pero con el interior completamente destruido. Intentaban sin ninguna duda rescatar al menos un poco de lo que había ahí.

Dejo a los rubios atrás y se encamino a la oficina que como un imán le llamaba. Los oficiales dejaron de entrar y le abrieron paso cuando este se interno en la oficina. Al poco tiempo no había nadie más que él en aquel estrecho lugar. Fue a uno de los rincones y término en cuclillas examinando las últimas llamas que consumían un puñado de papeles.

Paso los guantes blancos por una pila de documentos calcinados llevándose entre sus dedos el negro hollín de la materia consumida. Aquel no había sido para nada un incendio normal. Vamos, él sabia de llamas. Y ese fuego había sido hecho a base de alquimia. Podía apostar a ello. No por nada era el alquimista llama.

Froto la negruzca masa entre sus dedos y comprobó algo que hubiera deseado ignorar por completo. Y sonrió levemente sabiendo de antemano quien había hecho algo como aquello. había pocas personas que pudieran manejar una alquimia tan compleja y de esas pocas, solo una verdaderamente interesada como para llegar a hacer algo como aquello sin chistar.

Se levanto de donde se había estado en cuclillas y con una expresión sombría recorrió cada estrecho rincón en la lúgubre oficina. Ahí, hasta hacia algunas horas habían estado representadas en legajos hojas y demás las pruebas por las que habían trabajado por días, semanas e incluso un poco mas. Todo el esfuerzo y dedicación que sus subordinados e incluso el mismo habían realizado se centraba ahora ahí convertido en cenizas.

Que por más que deseara, no podría regresar a la normalidad.

A lo lejos los tenientes observaban la amplia espalda del general en completo silencio, pero de un momento a otro. Los ojos celeste de Havoc dejaron de mirarle para concentrase en la teniente a su lado. Carraspeo levemente y noto como esta de inmediato se ponía tensa.

— ¡Ah¿Riza aun sigues enojada conmigo? — pregunto inocente el rubio, mas no se intimido ni un poco cuando la rubia lanzo una mirada asesina. Suspiro levanto una de sus manos rascándose la nuca segundos después.

— Pues me sigues cayendo bien después de todo— soltó como si nada el teniente y la rubia parpadeó sin entender. ¿Qué respuesta era esa? No pudo evitar soltar una risilla divertida por las ocurrencias del rubio. Murmuro su nombre e hizo que el también contestara en una leve risa.

Vaya, vaya, aquello si que era una novedad. La tensión entre sus dos teniente al menos había desaparecido en esos momentos. O fue lo que Mustang creyó al verlos reír de aquella manera. Le pareció bien y adecuado. Y debía aceptar que estaba comenzando a cansarse de las ofensivas y defensivas que se lanzaban esos dos.

Bueno al menos parecía que los problemas entre ambos se empezaban a solucionar.

Y eso por el momento estaba bien.

Se acerco a ellos haciéndose notar. El sonido de los tacos de sus botas encajándose en el suelo fue lo suficientemente fuerte para notarse aun y cuando aquellos dos reían. Se distanciaron levemente y de un momento a otro lo saludaron con pulcritud. Roy debía aceptar que tanta formalidad en un momento como ese le parecía exagerado, pero no deseaba hacérselos notar.

— Vamos, tenemos trabajo pendiente por hacer— demando con autoridad mientras avanzaba dirigiéndose a su oficina dentro de las instalaciones del cuartel central.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Había sido otro día más.

Aburrido y completamente patético.

Había sido otro día de aquellos tantos, de esos de firmar pilas de papeles, ir a las acostumbradas reuniones con el Fluher y los demás militares de igual rango o menor. Una que otra cita al salir a comer y una vez mas la misma monotonía de volver a ese lugar que aun a regañadientes llamaba hogar.

A penas unos segundos atrás Havoc y la Teniente lo habían traído del cuartel. Cerro la puerta tras de él asegurándose de echarle seguro antes. Aunque estaba de sobra hacer aquello. La casa estaba fría, o al menos eso le pareció cuando se quito al abrigo negro y lo dejo sobre el perchero cerca de la puerta. La gorra militar a los pocos segundos le siguió y con lentos pasos comenzó a avanzar.

Desvió su mirada a la sala, había notado con el rabillo del ojo un leve brillo dorado. Era la botella de whisky que había dejado en la mañana y que ahora reflejaba tentadora los últimos rayos de luz dorada que se colaban por la ventana. El solo verla le produjo nauseas y decidió que en lugar de recorrer los pasos que lo alejaban de la botella, los caminaría en contra dirigiéndose a la cocina.

Abrió la nevera y sin mirar lo que se llevo a la boca al alargar la mano buscando algo, comenzó a masticar y a tragar sin prestarle atención al sabor que tenia. Llevaba todo el día sin probar bocado alguno y la verdad ni siquiera en esos momentos le apetecía.

Pero necesitaba comer algo, al menos para tener un poco de fuerza.

Se sentó en una de las sillas del desayunador y echo ligeramente la cabeza hacia atrás tendiéndose contra el respaldo de la silla. ¿Qué demonios le pasaba? Nunca antes se la había pasado tan mal.

Aborrecía estar en aquella casa, justo como necesitaba con la misma fuerza estar ahí. Porque al menos ahí, encerrados estaban los recuerdos que le había dejado Edward.

Lo único que le quedaba de él.

Y era realmente patético. Y comenzaba a hartarse.

Pero diablos, necesitaba extrañarlo de esa manera. Lo necesitaba en verdad. Porque al menos así le sentía tan cerca. Levanto la cabeza de golpe. Estaba mal aquello. No podía vivir así, seguir así. Ya iban más de tres semanas desde que Ed se había ido y él solo vivía como un guiñapo de humano, emborrachándose hasta que el sol salía y luego encerrándose en el trabajo sin prestar atención a nada más.

Era patético sí y Roy Mustang nunca había sido patético en su vida.

Había sido mil cosas, pero nunca había sido lo que esos momentos se orillaba a ser. Y estaba mal.

Si Edward se había ido y había vuelto a su vida como si nada de aquello hubiera pasado. Él con más razón lo podría lograr.

O al menos llegar a intentarlo.

Se levanto de la silla dirigiéndose al pequeño pasillo que subía hacia las escaleras que daban a su habitación. Tomaría una ducha, se vestiría lo mejor que pudiera e ira a salir por ahí en la ciudad. Se metería a un bar, tomaría algunos tragos y se liaría con alguien.

Quien sabe, hasta podrían terminar la velada en el enorme colchón de la cama en su habitación.

Pero apenas y había subido el primer escalón cuando un sonido increíblemente familiar rompió el crudo silencio que envolvía la casa. Agito la cabeza, creyendo que había sido una mala jugada de su imaginación. Pero una vez más escucho el débil sonido de una bella tonada.

No subió de prisa los escalones, pero si a la velocidad necesaria. Y fue entonces que cuando poso su mano en el pomo de la puerta que se dio cuenta que temblaba. había soñado varias noches con aquello y si una vez mas se encontraba soñando, estaba seguro que le llegaría a odiar.

Pero la cajita musical repiqueteaba adentro de su habitación, soltando las nostálgicas notas en un vello orgel musical.

Abrió despacio la puerta, encontrándose la imagen que añoraba.

La ventana que daba a su cama se encontraba abierta. Dejando pasar los blancos y suaves copos de nieve que se amontonaban sobre las alfombras vino que cubrían el suelo y las cortinas de fino encaje blanco abiertas se agitaban levemente con la suave brisa fría que entraba.

En medio de la ventana estaba Edward, sosteniendo cuidadosamente la cajita entre sus manos escuchando una y otra vez la infinita tonada triste. Sus ojos dorados mirando con insistencia el aparatito entre sus manos enguantadas. Ataviado con su clásico abrigo rojo y sus ropas negras y su cabello una vez más trenzado con suavidad.

Lo vio cerrar los ojos al momento que se acerco a él. La cajita seguía sonando suavemente. Los últimos rayos de sol dieron contra el suave perfil de rubio.

— ¿E.. Ed? — le llamo con suavidad quedando de pie frente a él.

El joven abrió los ojos, no dijo nada. Solo le contuvo la mirada y cerro la cajita entre sus manos, mientras el sol moría y dejaba a su paso solo una gama de azules y morados plasmados en el cielo.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Había cerrado la ventana y corrido las cortinas. Más no había vuelto a mencionar palabra alguna frente a él. Estaba estático frente a la pequeña cómoda frente a su cama, donde había colocado la cajita musical una vez más. Ahí la había encontrado en principio y había decidido dejarla en el mismo lugar.

Había demasiada tensión. Roy podía sentir la molestia e inquietud en Edward. Pero la mirada dura y falta de sentimiento alguno, le hizo saber que no deseaba recordar nada que fuera de carácter sentimental en ellos.

Eso estaba bien

¿No?

Por supuesto que lo estaba, para ambos.

— Fullmetal— se atrevió a decir— Es un alivio ver que…—

— Se todo— le corto de pronto Ed — Lo que hiciste para que no muriera en el hospital—

Roy desvió la mirada de la espalda del chico y la concentro en tratar de observar por entre las diminutas hendiduras del encaje de las cortinas, sabía que aquello era estúpido y tonto. Pero si acaso Ed llegaba a mirarle, no sabia exactamente que cara poner.

— Estaba muriendo, no había tiempo suficiente para llevarme al quirófano o transplantarme sangre y tu ordenaste…— había rabia en su voz Roy la pudo notar. Volvió a mirarle pero de inmediato bajo la vista dolido, pues había visto directamente a los ojos del rubio y lo que había notado en ellos no le había gustado para nada.

— ¡Ordenaste que me salvaran utilizando piedra roja! Aun y cuando sabias que yo hubiera estado en contra de ello— le grito al fin acercándose unos pasos a él.

— Sí lo ordene porque era la única manera de mantenerte con vida—

No lo vio venir, en realidad no vio venir cuando el rubio le había lanzado aquel puñetazo. Solo sintió el dolor pulsante de su mejilla, la sangre llenadote la boca, la esponjosa suavidad de la alfombra amortiguando el impacto en seco de su cuerpo y luego el propio cuerpo de Ed sobre el suyo, sentándose a horcadas sobre él, no sin antes sujetarle de el cuello de la chaqueta militar para dejarlo frente a frente.

— ¡Maldita sea! Era piedra roja, vidas humanas contenidas en ella. ¿Cómo te atreviste? —

— Ya te lo he dicho. Era un trozo pequeño de ella. Uno que supe llevaba en el reloj de alquimista que poseía. —un hilillo de sangre bajo por sus labios y comenzó a bajar por el mentón y cuello.

Odiaba el sabor de la sangre, le asqueaba aun y cuando fuera la suya propia, pero tuvo que hacer un esfuerzo para tragarse la que había brotado después del golpe con el automail de Edward. Vio los dorados ojos del rubio llenos de dolor. Deseaba volver a darle un puñetazo más y al mismo tiempo esos ojos le transmitían que se encontraba arrepentido de haberlo golpeado de aquella manera.

Todo un conflicto de emociones dentro de chico, que sabía no podría ayudarlo al menos directamente a sacarlas de adentro.

— ¿Por qué?. ¿Por qué hiciste eso para salvarme? — pregunto el rubio y le soltó de pronto del cuello. No hizo nada por evitar caer otra vez de espalda contra la alfombra. Después de todo seguramente Ed volvería a golpearle y no quería rebotar otra vez contra la misma.

— Quería que siguieras con vida— Roy trago saliva revuelta con las últimas gotas de sangre— Porque me encontraba furioso. ¿Quería saber como habías sido tan estúpido para quedar en ese estado?. —

— Y en un arranque de bondad como un dios decidiste no dejarme morir jugando un rato con la piedra roja—

— Sí, te tuve piedad porque jamás te había visto en un estado igual. Y al mismo tiempo te odie porque por tu culpa seria la burla de toda central— y otra vez la boca se le volvió a llenar de sangre.

Roy recordó en ese entonces que aun y cuando Ed estaba a punto de morir varios de los generales se burlaban a sus espaldas por la estupidez del chico. Era un mocoso que se había hecho grandes proezas al buscar la ansiada piedra filosofal, pero que había quedado en completo ridículo al haber sido tumbado en un insignificante lugar cono esa bodega. En una misión de simple reconocimiento.

— ¿Por eso utilizaste la piedra?. ¿Por eso hiciste que estuviera contigo todo este tiempo?. ¿Para que cuando recordara te dijera el porque había quedado como el hazmerreír del ejercito?—

Las palabras de Edward eran toscas y duras, tratando de dañar al hombre que estaba debajo de él. Roy cerro los ojos cansado, todo lo que le había dicho a Ed era verdad. Pero nada de aquello le importo cuando entro en la habitación del hospital y le encontró en medio de las sabanas ensangrentadas que intentaban cubrirlo.

Había dejado de sentir aquello en ese instante y solo deseaba que Edward lograda sobrevivir. Que con el tiempo lograra olvidar lo que le había pasado en aquella noche, que lograra ser feliz y si se podía y se lo permitía le dejara castigar al cobarde que lo había herido con tanta saña y crueldad.

Eso era todo.

Esa era su única verdad.

Abrió los ojos cuando sintió unas calidas gotas cayendo en sus mejillas y entonces al encontrar los ojos del rubio nublados por las lágrimas. Supo que había dicho todo aquello lo suficientemente alto como para que Edward lo pudiera escuchar.

Sintió los temblorosos dedos del rubio acariciando levemente su mejilla. Como pidiendo perdón por haberle hecho aquello antes de echarse contra su pecho aun entre sollozos y leves temblores, que lentamente fueron calmándose. Hasta que se quedo quieto sintiendo como Roy le acariciaba los cabellos con suavidad.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Le siguió con la mirada, notando como se acercaba al cambiador y tomaba una camisa limpia. La otra había quedado manchada junto con la chaqueta de un color rojo. Roy le miro entonces encontrándoselo sentado en la cama. Ed apartó la mirada, avergonzado. La sangre había brotado debido a los puñetazos que le había dado y que incluso ahora notaba le había reventado uno de los labios.

Portando una nueva camisa blanca Roy se acerco hasta él. Sentándose a la orilla de la cama cerca, pero a la vez con una prudente distancia que los alejaba. Noto que el rubio se había quitado el sobretodo rojo y que ese mismos en encontraba a un lado de él en la cama.

— Lo ocurrido en las oficinas de el cuartel central. Fuiste tu ¿Verdad? — pregunto suavemente mirándolo y notando como el rubio le rehuía la mirada. Lo vio asentir levemente y supo que no había nada más que preguntar.

Ed recordaba absolutamente todo.

— No recuerdo mucho, solo algunas cosas sueltas de años atrás. — Murmuro Ed levemente —Pero recuerdo con claridad la última noche antes de que perdiera la memoria—

Roy parpadeo y no pudo más que escucharlo y abrir despacio los brazos cuando Ed cerró los ojos y se dejo caer hacia él, escondiendo su rostro en el pecho el pelinegro. Inconscientemente Roy puso su mano entre el cabello rubio, acariciándolo con cariño. Y odio que lo llevara sujeto en esa molesta trenza.

— Hubiera deseado recordar cualquier cosa… Pero tuvo que ser justo eso— el rubio sujeto con fuerza la camisa de Mustang— Tengo presente cada detalle, cada palabra… Todo— Roy cerro los ojos molesto.

— ¿Por qué entonces lo destruiste? Eso era mas que suficiente para…— Ed lo cayo de pronto al levantarse y negar vehemente con la cabeza.

— Quiero ser yo quien ajuste cuentas con él Roy— le dijo suavemente.

Ajustaría cuentas con Al y con el otro rubio que lo acompañaba. Dentro de poco.

Roy se estremeció. Cerró los ojos nuevamente. Sabiendo que seria inútil hacerle entender y sintiendo que incluso si le decía que lo acompañaría o ayudaría. Ed se negaría y discutirían sin cesar.

Por ahora no quería pensar en nada más.

Tan solo quería estar ahí, sujetándolo entre sus brazos y brindándole uno que otro suave beso sobre los cabellos de la frente.

— Me alegra— soltó de pronto haciendo que Ed le mirara aun entre sus brazos.

— Me alegra mucho que estés de nuevo aquí— murmuro depositando un beso mas sobre la desnuda piel de la frente del chico.

Ed se levanto un poco y le rodeo el cuello con los brazos mientras se acercaba más al mayor. Sintió como Roy le rodeaba la cintura con las manos. Sonrió suavemente mientras acercaba su rostro al del pelinegro, que debía aceptar aun y con la mejilla hinchada le parecía más que atractivo. Acarició sus labios con suavidad, antes de presionar contra los mismos en un beso.

— También te extrañe— le confeso Ed contra los labios y acepto un nuevo beso por parte de Roy.

Uno que había necesitado durante aquel tiempo en el que habían permanecido separados. Porque era poco el haber dicho que lo había extrañado. Su cuerpo le había reclamado y llorado por no estar cerca de él y por las noches no había podido conciliar el sueño. Se había acostumbrado a tenerle cera y sentir el suave calor el pelinegro envolviéndolo.

Justo como ahora que con cariño lo hacia.

o-o-o-o-o-o-o-o

Continua...

N de la Yuka: Disculpenme! Ando de corridita y apenas puedo dejarles esta actualizacion! Para las siguiente contesto sus hermosos reviews!! Hasta prontito!