CAPITULO XI

Eran alrededor de las cinco de la tarde, el clima otoñal hacía que esa tarde se tornara nublada. Dentro de la construcción, había tabiques regados por doquier, había tubos de todos los tamaños, bultos de cemento y a simple vista se notaban alrededor de unas cuarenta varillas levantadas que serían en un futuro largos postes con el propósito de agregar un piso más al edificio. En las cuatro varillas que estaban juntas formando un cuadrado luchaba inútilmente Elisa por salir. Al dispararse del auto cayó precisamente en esas varillas, las cuatro, perforaron su espalda para salir por su pecho. Aun con vida y con la boca llena de borbotones de sangre pedía auxilio a su hermano.

Ne..eeal… llévame… a uun… hoos..pi…tal

Elisa… no me voy a arriesgar a irme a prisión. Lo más seguro es que de aquí a que lleguemos a un hospital ya no tengas mas remedio – le dijo el malvado hermano sin dejar de sentir ese terror al ver el sufrimiento de su hermana, pero aún así, no cedió a ayudarla.

Por… faav…or..

Lo único que puedo hacer por ti es darte una muerte rápida… lo siento hermana, lo siento mucho… - y tomando uno de los tubos que yacían regados en el suelo comenzó a golpearle la cabeza. Tres fuertes golpes bastaron para quitarle la vida a la que fue su cómplice en todo, antes que una querida hermana.

A pesar de haber sido una muerte rápida en lo que cabe, fue terriblemente dolorosa. Su cadáver se quedó allí, el "valiente" de su hermano no tuvo las agallas para sacarla y darle una sepultura. "Te veo después en el infierno, hermanita" pensó Neal mientras corría desesperadamente sin rumbo fijo, pero al llegar a la carretera visualizó los letreros que indicaban la dirección hacia Nueva York y caminando se dirigió a su destino. Tardó varias horas pero a la madrugada del siguiente día ya estaba llegando a Nueva York, se dirigió a la oficina de Néstor, quien ya lo estaba esperando.

Hasta que te dignas a llegar, odio que me hagan esperar.

Lo siento Néstor, tuvimos un accidente, no pude traer el auto conmigo, lo siento.

No te apures, al fin y al cabo tu lo vas a pagar, pero bueno, basta de charlas – llamó con una seña a uno de sus compinches quien le entregó un sobre – aquí están sus documentos, pero primero el dinero.

Eh… si – del bolsillo de su pantalón sacó un cheque muy arrugado – aquí está, la cantidad que quedamos.

Royer! Ve a checar si tiene fondos – le dijo al mismo hombre trajeado que le proporcionó los documentos – un momento! Dónde está tu hermana?

Eh… es que ella… no podrá venir conmigo pues…

El cheque si tiene fondos disponibles señor – interrumpió Royer.

De acuerdo, guárdalo. Dime Neal, donde está tu hermana? Aquí tengo documentos originales de dos ciudadanos canadienses reales que radican en Inglaterra y que ya me encargué de desaparecer para que ustedes usurpen sus nombres. Donde está la chica?

Ella falleció en el accidente.

Entonces no hay trato. – y le dio el sobre a otro hombre que estaba allí también presente.

Que! Pero por qué? Puedo irme yo solo!

Parece que alguien aquí no entiende cómo funcionan las cosas. Mira chamaquito, quedamos en un trato, tú me pagabas para que yo les ayudara a huir a ti y a tu hermana. Así se formuló el plan, y si algo sale mal no es mi problema. Yo hago mi trabajo sin dejar cabos sueltos. Si tu hermana falleció entonces no puede haber trato, pues me arriesgo a que la policía me descubra. Te quedó claro o necesito explicártelo con manzanas?

Pe… pero, no me puedes hacer esto! Vine hasta acá! Te pagué! No me puedes fallar!

Tú fuiste quien falló! Ahora largo!

Fue un accidente! por favor no me hagas esto… te pagaré más, pero necesito huir…

La respuesta es NO. Ahora lárgate! – y dando una seña a sus hombres todos desenfundaron sus armas para apuntarle.

Está bien – dijo ya molesto – pero al menos me devolverás el cheque verdad? – y las risotadas de los hombres presentes no se hicieron esperar. Pasado un minuto cesaron poco a poco las burlas mientras Néstor también desenfundaba su arma apuntándole.

Si no sabías cómo funcionaba la mafia no hubieras metido las narices – jaló el gatillo mientras el sonido ocasionó que Neal huyera sin decir más.

Chicago

Candy corría contenta y feliz de la vida con su Clean mientras ambos trepaban un enorme árbol del jardín. La chica ya estaba totalmente repuesta. Debido a su gran espíritu noble y de superación decidió dejar atrás la depresión, sus seres más amados la ayudaron incansablemente para lograr su bienestar. En agradecimiento a todos ellos Candy tuvo más fuerzas para salir adelante de todas las adversidades.

En el estudio de Albert dentro de esa gran mansión aguardaban pacientemente dos hombres trajeados agentes del FBI, pues ya tenían al fin noticias sobre el paradero de los Leagan.

Señores buenos días – saludó cortésmente Albert extendiéndoles la mano.

Buen día señor Andrew – respondieron mientras tomaban asiento – nos llegó este informe – le extendieron un sobre al rubio – se encontró el cadáver de una señorita cuyas características apuntan hacia su sobrina Elisa Leagan. Hay que esperar hasta que los médicos forenses hagan los estudios correspondientes y posteriormente usted o algún otro familiar podrá identificar el cadáver.

¿No se sabe aún si de verdad se trata de ella? – preguntó Albert muy sorprendido al recibir tal información mientras revisaba el informe.

Preferimos no hacer conjeturas, pero como le decimos, las características apuntan a que puede tratarse de ella. Espere a que nos comuniquemos con usted para el reconocimiento del cadáver, mientras tanto tenemos que avisarles a sus padres.

Señores, preferiría que no les informen nada a ellos hasta no estar seguros, si están de acuerdo.

Bien, pero entonces será usted el que tendrá que reconocerla.

Por mi no hay problema, prefiero hacerlo yo.

De acuerdo Sr. Andrew, eso es todo por ahora. – y despidiéndose formalmente los hombres salieron de la mansión.

Se asomó por la ventana y una sonrisa se dibujó al ver a su Candy tan contenta subiendo y bajando de aquel árbol. "Aún no le diré nada de esto, no quiero alterarla, es tan buena que la muerte de Elisa le dolería mucho a pesar de lo que le hizo…"

Dos días después, Albert recibió esa llamada telefónica para hacerle saber que ya era el momento de reconocer el cadáver. Estando allí en el forense indicó que efectivamente, se trataba de su sobrina Elisa. Se dirigió a la mansión de los Leagan, no sabía de qué manera anunciarles a los padres de la chica lo sucedido. Albert sabía muy bien el profundo dolor que esto ocasionaría en ellos, sin embargo no podía ocultar nada. Ya estando en la sala llegaron ambos esposos.

William, que sabes de nuestros hijos? – dijo el Sr. Leagan muy preocupado. En el contorno de sus ojos se dibujaban unas enormes ojeras pues la huida de sus hijos lo tenían ya, aparte de preocupado, muy enfermo.

No es fácil lo que les diré… - Albert lanzó un enorme suspiro – lo lamento mucho Leagan, pero encontraron el cadáver de Elisa en una construcción cercana a la carretera que lleva a Nueva York.

NOOOOO! Mi niña Elisa! No puede ser es mentira, mentira! – gritó Sarah sin poder contener su llanto, mientras que su esposo solo agachó la cabeza ocultando sus lagrimas.

De verdad lo lamento mucho…

No seas hipócrita William! – gritó nuevamente Sarah – es tu culpa! Tú los perseguías! Los culpaste de ese crimen!

Yo no culpé a nadie Sarah! Ellos querían dañar a mi esposa! Por qué crees que huyeron? Yo no quería que pasaran así las cosas! Yo quería que pagaran por lo que hicieron más nunca les desee morir!

William, por favor déjame a solas con mi mujer, tenemos mucho que hablar, por favor, si supieras algo de Neal no dudes en hacérnoslo saber. – le decía en un tono muy triste el Sr. Leagan.

De acuerdo. De verdad, de todo corazón, espero encuentren muy pronto en sus corazones la resignación. – y dándose la vuelta Albert salió de esa casa sintiéndose muy mal y apenado por lo sucedido.

Nueva York

En una cantina de una de las calles menos transitadas de la ciudad, Terry bebía un par de copas tratando de calmar un poco su alma. Allí se encontró después de mucho tiempo a su antiguo amigo Charlie. Lo vio muy cambiado, pero la amistad era lo que no había cambiado nada. Se saludaron efusivamente, y desde luego, de inmediato se pusieron al tanto de sus vidas. Como se lo había hecho saber algún día a Candy, Charlie logró voluntariarse en el ejército, haciendo que con esta acción las autoridades "perdonaran" sus crímenes de adolescente. Estaba de regreso pues durante la guerra fue gravemente herido, las metralletas de los soldados enemigos le perforaron un riñón haciendo que lo perdiera, además se lesionó parte del hígado, las costillas, y también perdió un ojo. Por esas razones y para no poner más en riesgo su salud, fue enviado de vuelta a su país.

Aun así el chico no perdía su espíritu rebelde y de vez en cuando se permitía un par de copas.

Vaya mi querido amigo, estarás tuerto pero al menos sigues con vida.

Así es Terry, he cambiado mucho, me enlisté en el ejército pues quise devolverle a la sociedad un poco de todo lo que le quité. La guerra es espeluznante, pero aun así no me arrepiento de haber ido, ahora tengo una paz interior que antes no había conocido.

Vaya! Al menos tú sí lograste algo bueno – dijo Terry con un poco de tristeza.

Amigo! Lamento mucho todo lo que te ha pasado, no desistas con tu divorcio! Y después de eso… no hay ninguna manera de que busques a Candy? De que luches por ella?

Desde luego que no, ella está casada y su marido es un gran amigo mío, ¿Qué ironía no? se ve que se quieren…

Ay Terry… Terry… mi amigo el rebelde con el corazón roto… no bebas más, concéntrate en conseguir las pruebas para hacer pagar a la loca de tu mujer – le quitó la copa de la mano y lo hizo levantarse – ven, te llevaré a que conozcas mi departamento, es muy sencillo pero me agrada vivir allí.

Está bien, solo pago la cuenta y nos vamos – salieron de allí, eran alrededor de las 12 de la noche. Se encaminaron hacia una calle solitaria y descuidada. Se les acercó un joven moreno con la cabeza agachada por la vergüenza y extendiéndoles la mano.

¿No me regalan una moneda? – Terry iba muy distraído, pero eso no le impidió reconocer esa voz…

¿Quién eres? Levanta la cara! – y con un simple jalón de cabellos lo hizo voltearse, y enorme fue su asombro… sus ojos se volvieron enormes y un sentimiento de coraje lo invadió por completo… - Neal! – una sonrisa maquiavélica se dibujó en su rostro pues ya estaba saboreando el triunfo de tener a ese insolente puesto en bandeja de plata…

Grandchester! Eh… yo lamento haberte molestado, adiós!

A donde crees que vas inútil? – lo jaloneó del brazo – crees que no estoy enterado? – y le propinó una fuerte bofetada en el rostro haciendo que se cayera al suelo, allí lo pateó, le dio de puñetazos, le jaló los cabellos, le azotó la cabeza contra el pavimento, lo mordió, lo escupió, prácticamente lo estaba matando. Al principio Charlie no hizo nada pues Terry acababa de ponerlo al tanto de todo por lo que dejó a su amigo disfrutar de golpear a aquél, pero al percatarse de que Terry cada vez era más rudo y violento decidió detenerlo.

Terry! Lo vas a matar! Ya déjalo!

Odio a este infeliz! Lo odio! Maldito! esto no es nada comparado con todo lo que te va a pasar desgraciado – gritaba Terry mientras seguía golpeando al mismo tiempo que luchaba por soltarse de los brazos de Charlie. En una de las pocas ocasiones que estuvo a solas con Candy durante su estancia en Chicago, ésta le confesó que efectivamente, Neal abusó de ella. Terry lo sabía, y mientras lo recordaba su odio crecía mas y sus ganas de asesinar a Neal en ese momento aún más.

No vale la pena Terry! no te ensucies las manos! Este infeliz es el que debe ir a la cárcel, No tú!

Poco a poco Terry se fue serenando, solo observaba con desprecio al hombre tirado en el piso mal herido.

Charlie, llama a la policía, rápido!

En seguida! no lo vuelvas a golpear! Pero tampoco dejes que huya! – se encarriló hacia una de las calles más transitables y para su suerte, una patrulla pasaba haciendo ronda nocturna en el lugar – hey policía! Acá! Hay un delincuente! – y los oficiales no dudaron en seguir las indicaciones del hombre, y cuando llegaron.

Que pasó aquí? – preguntó uno de los oficiales - ¿Quién es usted?

Mi nombre es Terry Grandchester, y este tipo – señalando al suelo – se llama Neal Leagan, hay una denuncia en su contra en Chicago por los delitos de asesinato y violación.

Bien – dijo el otro oficial mientras hacía unos apuntes – los tres nos van a acompañar.

Y así, los tres jóvenes esposados subieron a la patrulla, se dirigieron a las oficinas de la comandancia y allí todos hicieron sus respectivas declaraciones. Charlie de inmediato salió en libertad pues fue quien menos tuvo que ver. Pero Terry se quedó detenido a causa de la golpiza que le dio a Neal.

Al día siguiente, Albert fue enterado de lo sucedido, quería irse a Nueva York pero debido a que los delitos de Neal se cometieron en Chicago, lo trasladarían allí para continuar el proceso. Por eso no fue necesario que Albert se trasladara.

Hola pequeña – le dijo Albert a su esposa que estaba recostada en un diván leyendo un libro.

Albert! Ven aquí, ya casi no platicamos.

Lo siento Candy, he tenido más trabajo de lo normal, te lo compensaré después, ahora… tengo una noticia que darte.

¿Cuál es?

Encontraron a Neal en Nueva York, ya lo están trasladando a la prisión de Chicago.

Vaya… no me gusta la idea de saberlo encerrado, pero lo merece… ¿y Elisa?

Elisa… - Albert no sabía cómo decírselo, sabía que Candy se pondría mal, pero no podía seguírselo ocultando – Elisa falleció, tuvieron un accidente en el cual el único que salió bien librado fue Neal.

Oh Dios mío! – exclamó Candy sin dejar de sentir una enorme pena – no se le desea la muerte a nadie Albert… espero que su alma descanse en paz…

Eso solo Dios lo sabe pequeña, ahora lo importante es que Neal pagará por lo el daño que te hizo – la abrazó con ternura y se quedaron así un largo rato.

Mientras tanto en Nueva York, Eleonor ingresaba a las sucias celdas para poder al fin hablar con su hijo.

Terry! ay hijo mío! Porque te metiste en problemas? La prensa ha sido muy amarillista con esto!

No me importa la estúpida prensa, quiero salir de aquí, haz algo!

Afortunadamente tu delito si alcanza fianza, es cuestión de esperar unas horas más, pero por Dios! No vuelvas a hacer locuras!

No son locuras! Pude al fin desquitarme de ese desgraciado…

Sí, pero tienes otros asuntos que resolver, Terry… creo saber quién es el amante de Susana.

De verdad? Madre muero por salir de aquí para terminar con ese asunto!

Pasadas seis horas más, al fin Terry pudo salir en libertad. Aprovechando que estaba con su abogado le comentó sobre las sospechas de Eleonor, pero éste le dijo que aún no se podía hacer nada, que era necesario tener ya las pruebas seguras para comenzar a proceder, cosa que se llevaría un tiempo más. Debido a esto Terry decidió hacer lo que su conciencia le dictó en un primer impulso: viajar de nuevo a Chicago.

Continuará…

Hola de nuevo! Fue un capitulo cortito pero en el cual se resolvieron varias cosas! No crean que Neal ya terminó de pagar! Y de nuevo nuestro Terry se irá a ver a la pecosa =)

Gracias por sus reviews!