Los personajes de Tenku no Escaflowne no me pertenecen, (ojalá que si, yo la hubiera terminado distinta), no lucro con ello ni nada solo lo hago para entretener, a los muchos quienes esperan un milagro.... snif... snif...

Regreso.

Van sintió como la ira llenó su cabeza por completo, salió de la taberna chocando con muchos quienes se encontraban en su camino, en su mente, solo veía la imagen de Hitomi en los brazos de Allen.

En el palacio una mujer yacía recostada sobre una enorme cama, las lágrimas secas en su rostro evidenciaban el tiempo que llevaba tumbada ahí exhorta en su pensamiento, el viento removía su cabellera suelta y desarreglada, a su alrededor todo estaba fuera de lugar jarrones rotos y sillas tumbadas, testigos de la expresión de furia de la nueva reina de Fanelia.

- ¿Pero que tristeza... no? ¿Mi desafortunada reina?- una voz hizo que Niviam saltara en su cama ahora vacía a su lado, mientras que colocánsose de rodillas buscaba el origen de aquella voz.

- ¡¿Quién esta ahí?!- dijo ella asustada, pero con audacia a la vez.

- No se asuste alteza... de mí no debe temer... mejor dicho, tal vez sí... aunque no le haría daño más del que necesite para mi beneficio...- un hombre oculto en la oscuridad se encontraba sentado en uno de los sillones del cuarto que aun permanecía en su lugar, vestía extraño y su forma de expresarse era también distinta.

- ¿Lo conozco?- dijo Niviam advirtiendo algo misterioso y especial en su nocturno visitante.

- A mí en especial no... pero a los de mi raza si... o debo decir nuestra raza... la gente de Atlantis... - Sean miraba con atención todos y cada uno de los rasgos de la chica- ella es la persona de quien Luôn me habló... ella es quien ha copiado la imagen de Hitomi...- pensó.

- ¿Te mandó Luôn?... dime...- dijo la chica asustada.

- A decir verdad... no... yo solo he venido a entregar mis respetos y mis más sinceras felicitaciones por vuestra boda, de verdad espero que logres tu cometido y tengas al rey a tu lado... de eso depende que yo sea feliz y de que tú sigas con vida... - Sean se levantó y se dirigió al lado de Niviam su largo abrigo le daba una apariencia recia y tétrica, Niviam dio un respingo de temor en el momento en que él, acercó su rostro al de ella para poder verla directamente a los ojos.- Puedo ver lo que eres realmente... tu verdadero rostro tu verdadero corazón... ante mí no puedes ocultarte.

- No... n...! no quise hacerlo señor... yo solo quería ser la esposa del rey de Fanelia yo lo amé desde la primera vez que lo vi...yo no!-

- No me debes explicaciones a mí... no te juzgaré por haber caído en las garras de Luôn eso no me interesa en realidad, es más, tal vez te deba algo por ello... al fin y al cabo Van Fanel es ahora tu esposo y Hitomi será mía, creo que con ello has pagado tu precio- la voz arrastrada de Sean infundía respeto y transmitía un poder terrible.

- Pero aun no he pagado... yo... aun no me han dicho cual es el precio... - dijo ella incorporándose en la cama de rodillas.

- Descuida... ya has pagado con tu deseo... al fin de cuentas el objetivo de Luôn es devolver la vida de la gente de Atlantis a este mundo, sé bien que tú debes estar enterada, Luôn nunca fue muy discreto con sus intenciones, ahora con el rey de Fanelia casado será más fácil; primero necesitaba a Hitomi completamente lejos del rey, luego me necesitaba a mí, para completar su plan... ya cumpliste tu parte, ahora el resto es mío... tan solo... queda algo para cambiar la rueda del destino a tu favor...

- ¿Debo saberlo, por favor dímelo?- rogó Niviam exaltada, en su voz había un dejo demencia, lo cual no pasó desapercibido ante la mirada atenta de Sean.

- Él debe romper su promesa... - declaró Sean mirando por la ventana hacia la luna fantasma.

- ¿Promesa?- repitió Niviam sin comprender.

- Él debe romper su voto y debe ser tu esposo, con ello ya no habrá vuelta atrás y por más que lo intenten nadie podrá ayudarlo.

- Él no quiso tomarme esta noche... – sentenció Niviam bajando de la cama y acercándose a Sean.

- No esta noche... mi reina... –aclaró Sean mirando a través de la ventana cruzando sus manos atrás de su espalda, enredado en uno de sus dedos el pendiente de los descendientes de Atlantis brilló maliciosamente.

Van corrió a toda prisa a las caballerizas buscando algún caballo, no podía utilizar sus alas o sería reconocido de inmediato, al llegar ahí tomo el primero que encontró y buscó esa salida posterior de la que tanto hablaban, de la cual, a pesar de ser su castillo él no conocía. Pronto la halló y tomo el casi inexistente sendero el cual a ojos comunes resultaba imperceptible, cabalgó a toda velocidad dejando atrás su cordura y su deber.

- ¿Allen donde estamos?- dijo Hitomi despertando en brazos del caballero cuando estaban cruzando el umbral de la puerta, la noche había caído y comenzaba a hacer frío.

- Estamos en una casa lejos del castillo- respondió Allen dejando a Hitomi sobre un cómodo sofá de la casa. Ella recibió el frío de la noche el verse lejos de los cálidos brazos del caballero, él dándose cuenta de ello se quitó su capa de viaje y la cubrió con ella- es una casa de campo que hice construir hace unos años cuando llegué a Fanelia.

- Gracias – dijo Hitomi envolviéndose con la misma, podía sentir el olor de Allen en aquella capa, el olor que a pesar del tiempo no había cambiado en nada.

- Quédate aquí Hitomi iré a encender las lámparas y haré una fogata en la chimenea hará mucho frío esta noche- dijo Allen mientras dejaba su espada en uno de los pedestales y salía un momento fuera de la casa por algo de leña, no sin antes encender una luz al lado de Hitomi.- esto es para que no te sientas sola- dijo Allen colocando la lámpara al lado de ella sonriéndole levemente.

- No estaré sola si te quedas... Allen, no si sé que estarás conmigo... –respondió Hitomi extendiendo su mano y tomando la de caballero, el cual con cariño besó para salir por la puerta. Ella se quedó viendo como la hermosa llama se agitaba ante sus ojos verdes tristes cuando de repente una pluma calló desde la nada y se posó sobre la mano en donde aun llevaba la sortija que Van le había obsequiado, desvaneciéndose en el mismo lugar.- debes dejarme ir... - pronunció ella con sus labios secos y rugosos debido a las lagrimas que habían corrido por sus mejillas... con fatiga se quedó mirando fijamente la sortija sus ojos fijos centelleaban al compás de la luz de lámpara.

- ¿Quieres tomar algo?- dijo Allen mirando a la chica desde la puerta el cual traía leña para la chimenea.

- No gracias, solo quiero descansar... Allen, gracias- respondió Hitomi mirando al caballero, notó como el pendiente brilló fugazmente en el pecho de este.

- Me iré contigo Hitomi... - dijo de repente Allen dándole la espalda mientras acomodaba unos leños en la chimenea, arreglándolos para prenderles fuego, Hitomi se quedó viendo en silenció como el caballero lentamente llevaba a cabo aquella tarea.- No importa nada más, Chid lo sabe... él entenderá que yo debo buscar mi felicidad, él es al fin y al cabo mi hijo, y su corazón es incluso más grande que el mío, deseo estar a su lado pero las circunstancias no lo permitirán, si debo elegir elijo estar a tu lado dado que sí es posible... -

- Allen... yo – trató de decir Hitomi, pero al final ella misma se calló.- lo siento yo no tengo derecho a decidir...

- No, no te disculpes, puedo amarte más aun así viendo que pones la felicidad de otros ante la tuya misma, por ello no puedo dejarte ir nuevamente, no cometeré el mismo error, el mismo de mi padre incluso... Celena ya es toda una mujer y dejaré todo en orden para marcharme... –

- Celena me expresó que desea irse con Chid... – dijo Hitomi regalándole una sonrisa a Allen, el cual con emoción contenida se puso de pie y caminó hacia ella hincando su rodilla derecha en el suelo poniéndose a su altura.- de cualquier manera si tú tienes el pendiente, siempre podemos regresar a verlos ¿no lo crees?... no es necesario marcharnos para siempre... Allen...

- Hitomi, sé muy bien que debo ser paciente y esperar a que me des un lugar en tu corazón, tan solo espero ser lo suficientemente bueno para merecerlo... – el caballero besó la mano de chica con amor y levemente acaricio su rostro.

- Ya eres lo que espero Allen... solo debes-

- No, no digas nada, lo sé Hitomi...- el caballero terminó de arreglar la casa y acomodar algunas cosas, la joven más recobrada se puso de pie y se metió a la bañera, el agua estaba caliente y reconfortante, Allen en la sala se acomodó para hacer la guardia de la noche, Hitomi imaginó que a estas alturas Van ya debería estar con su esposa en su cuarto, tal vez a estas horas ellos ya habrían consumado su matrimonio tal vez estaría durmiendo junto a ella en su cama... tal vez... Hitomi se abrazó con sus manos y sintió su cuerpo más entumecido que nunca, salió de la bañera y se cubrió con una toalla, permaneció sentada al borde de su cama por varios minutos viendo como lentamente gotas de agua caían de su cabello largo, mojando sus piernas y parte de la colcha de la cama; no tenía sensibilidad en sus pies ni en sus manos pero su cuerpo entero temblaba sin control. Por inercia se colocó un camisón que Allen había dejado para ella sobre la cama, sin embargo no fue capaz de meterse bajo las cobijas. De afuera provino un sonido metálico del que hace el atizador del fuego en la chimenea, Hitomi miró por una rendija de su puerta que se encontraba levemente abierta y ahí estaba Allen cuidando de la fogata cubierto por una gran frazada, su rostro era sereno, la chica lo observó durante unos instantes y deseo tener su paz, lentamente caminó hacia él sin hacer ruido hasta que de un momento a otro Allen la vio.

- ¿Hitomi?, ¿Qué haces así?- dijo el caballero mirándola de pies a cabeza, ella estaba descalza y pálida con su cabello aun empapado.

- ¿Puedo estar contigo?- dijo ella mirando al caballero con una expresión de miedo en sus ojos.

- Ven aquí dijo Allen - cubriéndola con su manta- estás helada... no debes tener el cabello mojado, ven siéntate aquí,- Allen la tomó con delicadeza de los hombros y la condujo al sofá donde antes él estaba sentado.- espera voy por una toalla...

- No me dejes sola Allen,- dijo Hitomi con voz de súplica al mismo tiempo que se aferró a la mano de Allen.

- Descuida... solo voy por una toalla, vuelvo enseguida- dijo él mirando a la chica a los ojos, su preocupación creció en el mismo momento en que sus ojos tocaron los de ella, dentro de Hitomi había oscuridad y tristeza.

- Bien... – se limitó a contestar la chica con la mirada perdida. El Caballero fue lo más deprisa que pudo y tomó una toalla, Hitomi se encontraba sumida en sus recuerdos en su sufrimiento silencioso y por más que él lo intentara no podría ayudarla. Allen volvió y se sentó en el sofá más grande que había mientras observaba a Hitomi atentamente.

- Debes ir a dormir Hitomi... ya es muy noche debes descansar- dijo Allen sin saber si era lo correcto o no.

- No puedo dormir, además tengo demasiado frío Allen ¿Puedo quedarme aquí contigo?- preguntó ella mirando al joven espadachín fijamente.

- Si es lo que deseas, no hay problema... traeré otra manta entonces- dijo Allen dispuesto a ponerse de pie, sin embargo Hitomi se lo impidió, justo en ese momento ella había llegado a su lado y sin previo aviso se acomodó en los brazos de Allen.

- Con una manta es más que suficiente... – fue lo único que dijo al mismo tiempo en que ella se recostaba sobre su pecho y abrazaba a Allen cobijándose en él como una niña pequeña. Allen sorprendido solo correspondió al abrazo de la joven rodeándola con sus suyos, mientras acariciaba su cabello ahora levemente húmedo. Justo en ese momento afuera alguien arribaba, Van con cautela desmontó de su caballo y se dirigió sigilosamente a mirar por una de las ventanas de la casa, justo en el momento en que ambos Hitomi y Allen yacían dormitando juntos en la sala frente a la chimenea. Ante aquella imagen Van se petrificó, en unos segundos el sentido de las cosas se volvió confuso para él, su mano temblaba de ira sobre su espada la cuál pedía a gritos ser desenfundada.

- ¿Crees que podrás adecuarte... Allen?- dijo Hitomi levantando un poco la cabeza y viendo a Allen a los ojos. Van atento a aquellas palabras aguardó.

- ¿De que hablas?- trató de aclararse el caballero incrédulamente.

- A la vida en la Tierra... allá las cosas son muy distintas de aquí en Gaea, la gente es muy diferente... y...hay cosas nuevas que resultarán extrañas para ti... hay tanto que debes saber, conocerás a mi familia a mis amigos... allá de seguro Yukari se llevará una sorpresa cuando te vea...

- ¿Por qué?- preguntó Allen con curiosidad.

- Bueno a decir verdad tú eres exactamente igual a su novio Amano, tan solo su cabello es de distinto color... el de él es castaño y el tuyo rubio... hasta poseen la misma voz...

- ¿Amano?- se repitió Allen con cuidado.- ya lo recuerdo... así fue como me llamaste la ves en que nos conocimos... ¿Recuerdas Hitomi... fue aquella vez en que te salvé en aquel bosque cerca de los límites de Asturia?.

- Si lo recuerdo... aunque no recuerdo haberte llamado Amano... – dijo la chica un poco apenada.

- Pues si, estabas asustada y después de ello de arrojaste a mis brazos... y luego te desmayaste... luego Van vino a rescatarte y creyó que yo te había hacho algo... fue...- Allen se calló apenas dando cuenta de su error.

- ¿Van vino a rescatarme? – preguntó Hitomi con asombro.

- He, la verdad si, él era aun muy inexperto con la espada pero aun así te defendió ante mí.- respondió el caballero.

- Jamás me lo dijo...- sentenció Hitomi con pesadumbre.

- Hay muchas cosas que Van debió haberte confesado Hitomi, sin embargo, hasta hoy, ni yo sé por que no lo hizo... ahora ya es demasiado tarde para él...-

- ¿Crees que algún día se arrepentirá de no haber luchado por mí?- preguntó la chica mientras subía los pies al sofá y se los cubría con la manta.

- No puedo responderte por él... ni yo sé que es lo que piensa un rey... pero si hay algo que te puedo decir, y eso es, que si yo estuviera en su lugar preferiría morir antes de tener que dejarte ir... nuevamente-

- Eso fue lindo... – dijo Hitomi sonriendo avergonzada.

- Es la verdad- dijo Allen divertido ante aquellas reacciones de Hitomi.

- Sin embargo a pesar de todo estoy un tanto...-

- No debes preocuparte por eso ahora, estoy muy consciente de que será muy difícil, pero he luchado en batallas, he peleado durante toda mi vida, ten por seguro de que esta gran pelea no la perderé...- respondió Allen con una leve sonrisa en sus labios al momento en que acarició levemente con la yema de sus dedos el contorno del rostro de la chica, la cual con ojos atónitos lo miraba.

- Eso no es una batalla Allen... vivirás conmigo en un lugar diferente allá las cosas...- Hitomi se detuvo justo en el momento en que Allen se levantó bruscamente del sofá y en un movimiento tomaba su espada. La chica pasmada permaneció en silencio fijando la vista hacia el mismo lugar donde Allen observaba.

- ¡¿Quién esta ahí, muéstrate?!- el caballero en tono desafiante miró a través de la oscuridad de la ventana, cuando de repente una silueta negra de movió apartándose de aquel lugar, Allen corrió hacia la puerta seguido por los pasos de Hitomi. – ¡Quédate dentro Hitomi no salgas!.- le dijo Allen al momento en que se disponía a abrir la puerta.

- Allen espera no vallas... - intentó decir la chica pero fue inútil. Afuera estaba helando y el viento invernal era despiadado, unos cuantos metros desde la puerta una figura de pie e inmóvil se ocultaba en medio de la oscuridad.

- ¿Qué intentas hacer Allen?...- habló la voz en medio de la penumbra. Hitomi desde dentro de la casa reconoció aquella voz de inmediato, ante ello abrió la puerta para encontrar a Allen con el rostro descolocado por el asombro, aun sosteniendo su espada en alto dispuesto a atacar.

- ... Van...- dijo este con sorpresa mientras Hitomi se acercaba desde atrás dejando caer en el camino la manta que la cubría. Ella en silencio avanzó y se colocó en medio de ambos hombres mirando a aquella figura negra, que de un momento a otro se iluminó por un rayo de luna que se filtro entre las nubes. La expresión en el rostro del rey era completamente desquiciada sus ojos demostraban una confusión tremenda.

- ¿Por qué Hitomi?... – dijo el joven Rey apretando con fuerza la empuñadura de su espada.

- ¿Qué haces aquí Van...? tu no deberías estar aquí...- respondió ella gritando al vacío, un viento fuerte amenazaba tormenta a lo lejos relámpagos encendían la noche y dejaban aquella escena completamente visible.

- ¿Qué hay de nosotros...? ¡¿Por qué con Allen?!... ¡eres mi amigo!... ¡¿por qué?!...- gritaba el rey a ambos.

- ¡Van detente!, ya es suficiente, no puedes cambiar tu decisión, ya elegiste tu camino, ahora ya es demasiado tarde para arrepentirse, no puedes esperar que Hitomi esté en tu sombra su vida entera, ella merece ser feliz...- explotó Allen con furia.

- ¡Me traicionaste Allen!, Desde que aceptaste venir a Fanelia, ¡me engañaste!- escupió Van acercándose amenazadoramente. Allen el cual había enfundado su espada permanecía con la guardia baja, tratando de dialogar.

- Van ya basta- decía Hitomi quien en medio de ambos deseaba que todo se acabara. Sin embargo ninguno de los dos parecía oírla.

- ¡Nunca te engañé, siempre supiste en el fondo que yo quería a Hitomi, nunca te lo oculté!- gritó Allen sin moverse de su lugar, mientras cada vez y con más violencia la tormenta amenazaba con desatarse, la furia del viento azotaba el rostro de Hitomi las hojas de los árboles surcaban el aire y raspaban sus mejillas provocándole raspaduras, ella en su desesperación no podía hacer más que observar. Una nueva silueta apareció entre los árboles pasando a formar parte de ese momento, Sean con ojos brillantes seguía cada palabra que ambos hombres se decían, su pendiente brillaba con malicia al mismo tiempo que reaccionaba con otra intervención de sus deseos.

- ¡No quiero volver a verte en mi reino! ¡Desde ahora en adelante tu permanencia aquí será indeseable, ya no eres bienvenido!- dijo Van a unos escasos metros de Allen el cual con la cabeza levemente baja escuchó.

- Lo que usted ordene alteza...- se limitó a contestar el caballero colocando una rodilla en el suelo en señal de devoción y respeto - entrego todo cuanto me ha dado... agradezco su hospitalidad...- dijo Allen entregando lo que aparentemente era el símbolo de general de Fanelia una insignia de los dragones sagrados del valle. Van apretaba su mandíbula fuertemente conteniendo su ira.

- Creo que necesitas algo de ayuda...- dijo Sean interfiriendo en aquel instante. Hitomi se había acercado a ambos temblando de miedo pero justo en ese momento Allen cayó de espaldas bloqueando una veloz estocada de la espada de Van, el choque del metal fue brutal, la fuerza ejercida hizo que Allen trastabillara y apenas alcanzara a salvar su cuello, aquel ataque estaba destinado a matarlo.

- ¡VAN!- grito la chica al momento en que con horror vio como ambos de habían envuelto en una pelea a muerte.

- ¡Van, que demon...!- Allen trataba de evitar los ataques del rey a toda costa, el cual con una agilidad impresionante atacaba sin control.

- ¡Pelea Allen, pelea!- gritaba Van fuera de sí mismo, siendo influenciado por el poder maligno de Atlantis ejercido por Sean.

- ¡Mátalo!...- gritaba Sean en la mente de Van, justo en el instante en que el filo de la espada del rey atravesaba el hombro de Allen.

- ¡Detente!- gritó Hitomi.

- ¡No pelearé contra ti!- contestó Allen mirando con decisión el rostro del joven mientras dejó caer su propia arma los pies del rey, Van con su espada en alto quiso detenerse en una ráfaga de conciencia, sin embargo ese deseo más allá de su entendimiento no le dejaba en paz.

- ¡Mátalo, atraviésalo!- la sed de Sean era mucho mayor que cualquier cosa. Era la oportunidad de acabar con el caballero de los cielos. Antes de poder darse cuenta Van sintió como algo caliente cubrió su mano... al mirarse logró ver una mancha oscura tiñendo su espada y sus ropas... en su inconsciencia no entendía que estaba sucediendo, retrocedió unos pasos y tiró de su espada para sacarla, pudo sentir que algo la aprisionaba... él había atravesado algo con ella. La voz de un hombre lo trajo de vuelta como de un sueño.

- ¡Hitomi!- Allen aun en el suelo vio como la chica sostenía entre sus manos el filo de la espada del rey, Van retiró la espada lentamente. Sean observó horrorizado su obra. Ella había recibido la estocada y la espada del Van le atravesaba por el estómago.

- Van... detente... - alcanzó a balbucear la joven antes de que se desvaneciera ante los ojos de los presentes. Van miró a Hitomi caer pesadamente al suelo frió de aquel campo, con su camisón bañado en sangre, sus manos temblaban de pánico, no lo entendía, el joven rey miró su espada... estaba bañada en sangre... la sangre de Hitomi, Allen corrió a ella desesperado y la tomó levemente en sus brazos, Van intentó acercarse sin embargo el caballero con ira tomo su espada que yacía no muy lejos de él lanzando estocadas débiles pero no menos letales tratando de alejar al joven rey.

- ¿¡Qué has hecho!?... – le gritaba Allen con odio mientras aprisionada la gran herida en el estómago de la chica.- Hitomi... no hables estarás bien...- le decía el caballero con desesperación.

- No peleen...- apenas se alcanzaba a entender de los labios de ella, la cual comenzaba a jadear al dificultársele le respiración.

Van cayó de rodillas ante ellos aun sin comprender lo que había hecho, Sean desde la distancia se quedó petrificado.- ambos en silencio miraban a Hitomi. De pronto el pendiente de Allen comenzó a brillar con fuerza y una columna de luz descendió sobre ellos. Lo último que el rey vio fue la mirada asesina de Allen antes de que él y Hitomi se desvanecieran dentro del pilar, el cual los absorbió hacia el cielo. Al quedar todo en oscuridad la tormenta se desató, la lluvia y los relámpagos caían con furia, como sellando aquel acto de odio.

En la Tierra las cosas eran tan o peor de confusas que en Gaea, ya había pasado algún tiempo de que Hitomi se había marchado y a pesar de su promesa de volver, todos dudaban que ella regresase. Al final de cuentas todos terminaron por conocer la historia de la chica en ese extraño mundo y todos al mismo tiempo terminaron por entender, que era probable de que Hitomi jamás volviese a la tierra.

- Sean se ha marchado... sus cosas están intactas... no me puedo imaginar dónde pudo haber ido...- en la casa de los Kansaki todo era incertidumbre.

- Descuide, Sean es más fuerte de lo que todos creemos, además...- decía Yukari la cual acompañada por Amano hablaban reunidos en la sala. De pronto un fuerte estruendo de relámpagos de escuchó provenir del patio de la casa, todos asustados corrieron para ver de qué se trataba.

- ¡¿Quién está ahí?!- dijo el padre de Hitomi que había salido valientemente a la cabeza de la familia.

- Ayuda... ¡alguien que me ayude!- se escucho una voz angustiada.

- Esa voz...- dijo Yukari mirando a Amano con sorpresa, dándose cuenta de que su novio tenía la misma cara de asombro que ella. Todos se dirigieron al lugar donde provenía la voz, ahí en medio del jardín se encontraba un hombre de cabello rubio a medio atar, con una mujer en sus brazos.

- ¡Hitomi hija!- dijo la señora Kansaki arrojándose al suelo en donde ambos jóvenes se encontraban, reconociendo de inmediato a la muchacha.

- Ayuda por favor...- dijo Allen con angustia...- necesita un médico...-

- ¡Cielo santo, Yukari ve y llama una ambulancia!- gritó el padre de la chica. La muchacha apenas reaccionó y entró a la casa corriendo por el teléfono. ¡¿Por dios que le pasó, qué le has hecho?!- gritó el hombre agarrando la camisa de Allen con fuerza, este apenas reaccionaba, en ese momento el padre de la chica vio que aquel individuo también se encontraba herido.

- Allen se encontraba conmocionado, entendía el lenguaje de aquellas personas, sin embargo no podía hablar... en un instante la madre de Hitomi intentó arrancarle a su hija de los brazos, pero Allen se lo impidió amenazándolos con la espada.- ¡no la toquen!- gritó ante el espanto de los presentes.

- ¡Maldito!- dijo el padre de Hitomi desesperado.

- ¡Esperen, ya sé quien es...!- dijo Yukari acercándose al caballero con suma cautela.- ¿tu eres?...dios es igual a Amano...- exclamó en sus pensamientos- es como Hitomi lo describió...- pensó al momento en que lo vio directamente al rostro.- ¿Eres Allen Shezard?- preguntó la chica con timidez mirando a los ojos azulados del caballero, este reaccionó y la miró con detenimiento.

- ¿Me conoces?- preguntó Allen temblando por la debilidad y la pérdida de sangre.

- ...A...Allen... yo soy amiga de Hitomi... soy Ushida Yukari...- dijo ella acercándose cautelosamente.

- Yukari... si, Hitomi habló de ti,- dijo Allen sonriendo levemente justo cuando caía inconsciente al lado de la chica justo cuando desde lejos se oía la sirena de llegaba de la ambulancia.

En Gaea una tormenta feroz amenazaba nuevamente la cuidad, aquella noche era tan o igual de parecida como aquella en la que Fanelia había sido arrasada, en las puertas del Castillo del Samurai los guardias estaban inquietos, la celebración había sido reemplazada por la preocupación de sus habitantes.

- Debemos avisar a nuestro rey...- decía uno de los consejeros, el cual discutía con otro.

- Es mejor avisar a nuestro primer general, el señor Allen podrá hacerse cargo de este percance, no considero necesario molestar al rey en su noche de bodas.- decía el otro con inquietud.

- ¡Esto no es un juego! Por mucho que sea su noche de bodas, él es nuestro rey y debe enterarse de-

- Mi señor, hemos ido en busca de nuestro general, pero el ha desaparecido, su hermana nos ha informado que él no se encuentra en la cuidad...- dijo un soldado en tono de preocupación.

- Entonces no hay remedio... hemos de despertar al rey...- dijo el primero de los consejeros, que resuelto se encaminó hacia las habitaciones reales. Al llegar ahí golpeó la puerta.- Mi rey... necesitamos su imperiosa presencia, majestad han surgido problemas.

- Su rey no puede atenderlos en estos instantes...- dijo una voz femenina proveniente de la habitación, Niviam al otro lado, no encontraba la solución más acertada para impedir que ellos insistieran.

- Mi reina, hay problemas graves en la cuidad, necesitamos a nuestro rey con urgencia... por favor despiértelo... lamentamos hacer esta intromisión pero es un caso de verdad preocupante- dijo el consejero frunciendo el ceño levemente.

- Él está muy cansado y no desea ver a nadie... - decía Niviam de manera perturbada mientras intentaba arreglarse inútilmente el cabello con las manos.

- ¡Mi reina pero...!- decía le consejero.

- ¡Maldición, ya dije que él no quiere ver a nadie!- gritó encolerizada mientras arrancaba con furia descontrolada las sábanas de su cama. De pronto unos pasos en el pasillo llamaron la atención de los presentes entre soldados y consejeros reales; Van había aparecido completamente empapado, pero más aun para el asombro de los presentes con su espada desenfundada y manchada de sangre. Pequeños espasmos de asombro se manifestaron entre los que veían esa imagen.

- Majestad... ¿Qué...?- de una patada Van abrió las puertas de su habitación, provocando que ellas se azotarán con estruendo, dentro del cuarto otro espectáculo se mostraba. Todo estaba destrozado por el arranque de furia de la reina, Van apenas se inmutó ante aquel desastre, fue directamente hacia Niviam la cual asustada intentó soltarse de su inminente agarre.

- ¿Qué tienes que ver con todo esto?... – le gritó Van.

- Se equivoca... yo...- quiso decir Niviam tratando se verse digna ante los espectadores.

- ¡Sé que mientes, puedo sentirlo... todos mienten!, todos me engañan, todos intentan manipularme a su conveniencia ¡Inclusive tú!- dijo Van señalandola con la mirada, Van observaba con desprecio a Niviam la cual viéndose acorralada no atinaba a nada más que a mover la cabeza irregularmente entre negando las palabras dichas por Van, y temblando al conocer la furia del Rey de Fanelia. Van sostenía a la chica de uno de sus brazos ejerciendo una fuerza y presión abrumadora sobre ella.

- ¡Amo Van!- dijo una voz conocida a los oídos del rey. Merle estaba en el umbral de la puerta con las manos juntas en su pecho, aun estaba en camisón y aparentemente lo había estado esperando... - ¿Qué sucede? ¿Qué esta pasando?.- los ojos de la joven niña – gato estaban húmedos ante un miedo sin explicación, mientras miraba la espada del rey y sus ropas ensangrentadas.

- ¡Salgan de aquí todos! ¡Tú aléjate de mi vista!- le dijo a Niviam sacándola a fuerzas de la habitación de un brazo, ante ello sus pies apenas alcanzaban a tocar el suelo frío de piedra-... solo puedes quedarte tú Merle, ¡los demás largo!, los problemas que hayan pueden ser perfectamente solucionados sin que yo esté presente, ¡encárgate Raviel, para eso eres mi consejero!.- Tras ese último grito, Van cerró la puerta de un solo golpe, el cual dejó atónitos a todos, rápidamente el grupo se disolvió y se dispuso a desaparecer por los pasillos; entre ellos la irreconocible nueva reina de Fanelia, la cual daba tumbos trastornada ante la situación vivida, miradas curiosas se posaron en la imagen de la reina que a pesar de que se trataba de ocultar entre los oscuros pasillos del castillo, fue vista por más de algún sirviente o guardia.

- ¡Me la van a pagar todos!... nadie se burla de mí... ¡Nadie me desprecia!- pensaba con furia en su corazón- la primera que caerá será ella, esa mujer... ella es quien se interpone en mi camino...juro que Van se quedará a mi lado.

- En la alcoba del rey, Merle observaba nerviosa como Van se contenía en un temblor compulsivo, el cual le provocaba una apariencia demente ¿¡Amo Van, que pasó... ese olor... esa sangre huele a la de Hitomi y a la del señor Allen... que paso!? – Merle daba pequeños saltos conteniendo un llanto desenfrenado mientras caminaba detrás de un joven que buscaba algo entre sus cosas. ¡AMO VAN!- gritó Merle cayendo de rodillas al suelo tapándose la cara con las sus manos peludas.

- Yo la asesiné...- dijo Van deteniédose y entrando en cuenta de sus palabras. El silencio se hizo presente mientras truenos y relámpagos parecían destruir la cuidad... la lluvia azotaba con fuerza las ventanas como intentando entrar. Un grito del rey retumbó entre los pasillos del castillo dejando a quienes se encontraban ahí, despiertos a esas horas completamente aterrorizados, aquel alarido de dolor y sufrimiento aun más fuerte que la tormenta que arreciaba en Fanelia.

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- ¿Hitomi? ¿estás bien?.- la voz de Yukari retumbó en los oídos de la joven.

- ¿Yukari?- balbuceó la chica abriendo sus ojos con pesadez.

- ¡Santo cielo Hitomi! ¡Nos diste un buen susto!- La joven se vio rodeada por gente a su lado entre ellos se encontraban sus padres con rostros tranquilos y su hermano que con un semblante aliviado sonreía ampliamente.

- ¿Dónde estoy?- preguntó la chica sintiéndose mareada.

- Estás en el hospital Hitomi, no te muevas, apenas despiertas de la cirugía; aun estas bajo los efectos de la anestesia- le dijo su amiga con tono de voz tranquilizador mientras miraba los monitores con detenimiento.

- ¿Cirugía? ¿Por qué?- de pronto miles de imágenes volvieron a su mente en milésimas de segundo, su corazón saltó de su pecho de forma violenta, recordó la espada atravesándole el estómago... la espada de Van... Allen... ¿¡Allen!?- ¡Yukari había un hombre! Él debió venir conmigo, ¡estaba herido también!-

- Hitomi calma... Allen se encuentra bien... despreocúpate, él se encuentra en otra habitación descansando, pero esta muy bien, gracias al cielo su herida no fue muy grave.- dijo Yukari mirando a su amiga a los ojos.

- ¿Es cierto?- volvió a preguntar Hitomi con preocupación.

- No te mentiría... además es probable que él te visite más tarde, el médico dijo que ya podía levantarse, aunque no debe hacer esfuerzos bruscos.-

- He yo...- Hitomi no sabía exactamente por dónde empezar a explicar, su regreso violento y por demás la presencia de aquel extraño acompañante.

- Hija no hables, el joven caballero que te trajo de vuelta, nos explicó lo sucedido en... Gaea... – dijo la madre de la chica mientras acariciaba con suavidad el cabello de su hija.

- ¿Allen les explicó?- preguntó Hitomi confusa, sabía perfectamente que en Gaea el idioma que se hablaba era muy distinto la de la tierra.- ¿Cómo pudo hablar con...?- pensó, sin embargo de repente la imagen del pendiente de su abuela cruzó por sus ideas y la respuesta se reveló sin más búsqueda.

- Estamos realmente felices de que hayas regresado...- dijo el padre de la chica mientras colocaba su mano en el hombro de la madre de Hitomi.

- Yo también los extrañé...- respondió Hitomi, soltando un suspiro de alivio desde lo más profundo de su pecho. En ese momento la puerta del cuarto de abrió lentamente, un hombre alto de apariencia engarbada entró acompañado por lo que parecía ser su hermano gemelo. Allen arrastrando un pedestal con ruedas del cual colgaba una bolsa de suero, entró sigilosamente, mientras Amano lo ayudaba para que no perdiese el equilibrio. Hitomi permaneció en absoluto silencio, en ese preciso momento todo le pareció irreal.

- ¿Hitomi?- dijo la voz de Allen mientras sorprendido miraba los ojos de la chica.

- ¿Allen... tú...?- Hitomi enmudeció y un clímax incómodo llenó la habitación.

- Madre, creo que los jóvenes tienen mucho de qué hablar, y todos tenemos hambre... así ¿que tal si vamos a la cafetería a comprar algo?.- dijo el padre de la chica haciendo gestos de buscar su billetera en su pantalón.

- Yo me quedo, no tengo hambre- dijo el hermano de Hitomi quien rápidamente se había acomodado en un sillón del cuarto.

- Si la tienes- dijo la madre de la chica, que de un impulso hizo que el jovensito muy cercano a la edad de Chid, se levantara a muy malas ganas arrastrando los pies. Allen sonrió ante aquella escena y Hitomi también.

- ¿Me mostrarás tu espada después?- dijo el muchacho con ojos iluminados mientras pasaba al lado de Allen.

- Te enseñaré a usarla si lo deseas...- le contestó Allen con seriedad inclinándose levemente para poder verlo al rostro.

- ¿¡Verdad!? ¿Oíste madre, él me enseñara a pelear con espada...?- decía el chico dispuesto nuevamente a pegarse a los pantalones de Allen.

- Si claro, claro... pero antes de ello aprenderás a obedecerme... y a hacer tus deberes de la escuela... ahora camina- dijo la Madre de Hitomi alentando de nuevo al chico, el cual frunció el ceño molesto.

- No te lo podrás sacar de encima jamás...- sentenció Hitomi divertida.

- Es un joven entusiasta...- dijo Allen mientras miraba con cariño al pequeño, al cual aun se le oía protestar mientras se alejaba por el pasillo.- Tu familia es grandiosa.- habló Allen con amabilidad.

- Lo sé- respondió Hitomi viendo como Allen se acercaba con precaución al borde de la cama de Hitomi.

- Creí que morirías...- dijo al fin el caballero.

- Yo también lo creí... aun no se como llegamos aquí...- Hitomi con la mirada perdida en el techo de su habitación, trató de ordenar su mente.

- Creo que eso fue en parte mi responsabilidad... he pensado en cómo pudo suceder... y lo único de lo cual estoy seguro es que usé el poder del pendiente sin saberlo...- dijo él con confusión.- al menos eso es lo que yo creo.

- Es probable que haya sido de esa manera, el pendiente reacciona la mayoría de las veces con los deseos más profundos de tu corazón... por lo menos así me funcionó a mí... ante el miedo... la ira... él reaccionaba cambiando mi destino...- respondió la chica aun recordando de manera fugaz el rostro de Van contraído ante el terror. - Pensó dentro de sí -, ¿Y si Van creía que ella estaba muerta?... un sentimiento de desesperación la inundó nuevamente... en ese instante secretamente deseo volver a su lado.

- ¿Ocurre algo...?- preguntó Allen atento a cada reacción del rostro de ella.

- Debemos volver a Gaea Allen...- dijo Hitomi sin darse cuenta.

- Lo sé- le corroboró Allen un tanto molesto ante la mirada especial que Hitomi poseía.- ¿Estás preocupada por Van?-

- Hitomi miró a Allen a los ojos y por un instante sintió vergüenza de ser tan obvia con sus sentimientos.- Allen yo...

- Descuida es comprensible... además yo también dejé muchas cosas inconclusas las cuales debo resolver...- Dijo este volviendo a ponerse de pie yendo a mirar por la ventana.- este lugar es extraño, pero su belleza es cautivante.

- ¿Ese asunto pendiente es Chid?- preguntó Hitomi viendo la espalda de Allen.

- Si... y además esta Van... en cierto sentido... él tiene razón en sus palabras, muchas veces le oculté cosas sobre mí, sobre lo que yo pensaba. Le debo mucho más que una disculpa.- sentenció Allen con semblante contrariado.

- ¿Eso es por mi causa?- preguntó Hitomi con culpabilidad.

- No, jamás te atribuyas culpa de algo... cada persona es responsable por lo que siente, si yo no fui capaz de ser sincero con Van respecto de lo que sentía por ti, eso es únicamente mi responsabilidad y mi culpa.- dijo Allen sin mirar a la chica aun dándole la espalda. Mientras veía pasar los automóviles por la ventana.

- Eres demasiado duro contigo mismo...- le aseveró Hitomi con tono recriminatorio.

- ¿Qué otro valor puedo tener, si miento para obtener mi felicidad?- se preguntó Allen con indolencia.

- ¿Acaso mentiste?- volvió a preguntar la chica sin comprender a dónde quería llegar Allen.

- Mentir y ocultar tus intenciones... para mí es lo mismo...- aseveró el caballero reflexivamente. Hitomi lo miró en silencio sin pensar en nada más que en la simple idea de querer estar en paz.

- Todos mentimos y engañamos, para alcanzar nuestros intereses... inclusive yo... ¿Acaso no recuerdas que por mí culpa, tú y Millerna no pudieron ser felices?- dijo Hitomi, recordando como ella había arreglado el destino de Allen aquella vez.

- Todos cometemos errores... además ni siquiera tú sabes a cien y a ciertas si eso no era parte del enigma del destino...- respondió Allen con tranquilidad.

- ¿A qué te refieres?- le preguntó la chica con incredulidad- sea como sea arruiné tu felicidad junto a ella, ustedes estaban destinados a estar juntos.

- No lo creo Hitomi... si hubiera sido así... de igual manera yo hubiera estado con ella, sin embargo y a pesar de que tú te marchaste, Millerna y yo nunca más pudimos volver a tener lo que hubo entre nosotros... Dryden la enamoró y contra ello, nada puede hacerse... ni siquiera la salvadora de Gaea puede cambiar lo que los corazones de las personas sienten, entre ellos me incluyo. A pesar del tiempo y la distancia nada a cambiado, lo que siento sigue intacto dentro de mí.

- Es increíble lo que dices...- aseveró la chica, hundiéndose en sus propios pensamientos, tomándole el peso a cada una de las palabras dichas por Allen.

Los días pasaron y las semanas también muy pronto Hitomi fue dada de alta y ella y Allen regresaron a casa de los Kansaki, para muchos la presencia del caballero le daba al ambiente un tono de misticismo muy extraño, a pesar de verse completamente normal vestido como una persona de la luna fantasma, su manera de expresarse y hablar dejaban manifiesto la procedencia extraña de Allen, pero no por ello les desagradaba, al contrario; la manera cordial y muchas veces encantadora del caballero, enaltecía el ego a más de alguien en casa. El padre de Hitomi gozaba con las largas y profundas conversaciones en compañía de un buen vino, Hitomi se daba cuenta del gran parecido que ambos poseían, esa paz... esa tranquilidad... ambos eran buenos hombres.

- ¡Dios Hitomi, él y Amano son exactamente iguales!- decía Yukari tratando de sonar calmada.

- Si lo sé... hasta su voz es la misma... sin embargo son muy opuestos.- sentenció la chica mientras miraba por la ventana como Allen jugaba un poco con su hermano menor.

- Si, de eso me doy cuenta... él es tan distinto... ¿Dime Hitomi? ¿Qué es él allá?- preguntó la amiga de la chica con mucha curiosidad.

- ¿A que te refieres?- trató de aclararse Hitomi mientras ambas preparaban la mesa para la cena.

- ¿Bueno, no se, en que trabaja por ejemplo...?- quiso explicarse Yukari haciendo gestos tontos de evidencia ante Hitomi.

- Él es un...- Hitomi pensó como debía decirlo, era muy difícil explicar la posición de Allen...- bueno él es un guerrero espadachín... él es el primer general de las fuerzas militares de Fanelia...- contestó finalmente la chica con dificultad.

- ¿Fanelia?...- dijo Yukari con extrañeza- ¿Oye no se supone que es ese el lugar donde esta ese rey Van?...- preguntó la chica con soltura al mismo tiempo que a Hitomi se le resbalaban los cubiertos de las manos, provocando un ruido estruendoso al caer el piso.

- ¿Cómo sabes lo de Van?...- Hitomi con ojos perplejos miró como Yukari, aun sin poder creer lo que sus oídos escuchaban.


Harigato mi na! Por esperar, la verdad es que deseo con todo el corazón escribir más seguido, pero por circunstancias fuera de mi poder buuuu... pero en fin. Ahí está! En mi país fin de semana largo de tres días de flojera me sirvió para editar este cap! Y comenzar el siguiente y celebrar mi cumpleaños que cayó en 31 de octubre... (una bruja real!), me encantó mi escoba nueva!!! A mis hermanas de culto gracias por sus buenos hechizos... fue relajante...

No me gusta dejar mis comentarios personales pues hasta a mí me da pereza leerlos... "admito que ese es mi pecado capital" pero no en el caso de escribir una historia donde puedo terminar con final feliz, mis disculpas por demorar tanto eso se debe a falta de tiempo, de cansancio y sueño... (Trabajo mucho y me explotan!!!!)".-

Ya me dio sueño... Zzz... Amigos dejen comentarios, me ayudan y me alientan mucho!!! Cualquier crítica me es muy útil, si creen que le falta algo a la historia onegai! Háganmela saber de esa manera puedo conocer que es lo que más les gusta y (obviamente) agregar más de ello... gracias por dedicar unos minutos de sus vidas a leer esto... humildemente... De una escritora que escribe por ustedes. Delaied...