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Pacto con Shinigami-sama

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Disclaimer: Algunos personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. El resto de ellos son propiedad de Kishimoto-sama. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

Sumario: Harry Potter cumplió con su profecía y derrotó a su Némesis. Lastimosamente, todo ese esfuerzo significo su muerte, pero el Shinigami tiene otros planes para él. El gran Dios de la Muerte hace un pacto con el héroe y, tras darle algunas memorias, lo envía a un Mundo habitado por ninjas, donde su misión será cambiar el destino de varias almas… según su criterio. Entre ellas se encontrará cierto rubio que entregó su vida por la aldea que tanto amaba.

Parejas: la principal será Yondaime/Harry (Sip, escribiré un Harry de Uke… aunque no lo crean ¬¬), en cuanto al resto… ya verán. Jujuju…

Aclaraciones y Advertencias: esto se sitúa en el Mundo de Naruto e intentaré seguir los hechos que suceden en el manga lo mejor posible. Obviamente, cambiaré muchas cosas… ¿una pista? Amo a Kimimaro y Sirius y no estoy de acuerdo con sus muertes ¬¬ Otro dato importante es que soy fanática del Mpreg y si no te gusta será mejor que no leas XD

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes y tal vez charla en inglés.

-Letra en negrita: Jutsus y muy probablemente cuando estén en MAYUSCULAS será el habla de los Bijuu.

-N/A: notas de autora.

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Capítulo 10: Cambiando un destino.

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Justamente hoy se cumplía un año desde la derrota del Kyuubi, que también coincidía con el cumpleaños número uno de Uzumaki-Kazama Naruto. El día anterior había sido también el aniversario de la muerte de los padres de Iruka y tantos otros shinobis. Era por respeto a todos ellos que solamente Harry y Sirius habían hecho los preparativos para la fiesta familiar, no incomodando a nadie más, después de todo, la fiesta del primer cumpleaños de tu hijo debe ser un acontecimiento memorable, pero lastimosamente coincidía con la muerte de muchos aldeanos y shinobis de la Hoja.

Ahora, Harry llegaba de la tienda de comestibles, trayendo ramen instantáneo para el almuerzo, ya que no tenía ganas de cocinar. Y gracias a su esposo él había tomado gusto de ese alimento en particular. Chibi-Naruto llegaba de su mano, ya que hace poco había aprendido a caminar, y corrió hasta sentarse en el living, donde estaban sus juguetes. De pasada vio como Iruka se sentaba frente a la ventana y veía como todo el pueblo se preparaba para el festival de celebración. Frunció el ceño ante la actitud melancólica y la mirada en su cara.

- Pensé que ya habíamos hablado de esto, Iruka-chan.

- ¿De qué…? - preguntó áspero.

- De lo de Naruto y el Kyuubi. - suspiró al sentir al chico tensarse. - ¿Crees que no he visto las miradas que le mandas a mi bebé desde ayer…? Como te dije, pensaba que habías superado eso.

- ¡Lo hice! - chilló, sus ojos brillando por las lágrimas que se acumulaban con rapidez en ellos. - ¡Pero es que es tan difícil…! ¡No puedo no hacer caso de que el asesino de mis padres vive en su interior!

- ¿Acaso tienes miedo de que el zorro salte del estómago de mi hijo para atacarte?

- Iie… no… solo… - miró al sonriente niño, que estrellaba sus animales de juguetes acompañados de rugidos de batalla, y luego a su guarda. - ¿Estás seguro de que el Kyuubi nunca podrá tomar control de Naruto-kun para lastimar a la gente de Konoha?

- Segurísimo, promesa. - sonrió levantando la mano en juramento.

Iruka se relajó y devolvió la sonrisa al mayor. Sabía que sus miedos eran estúpidos, el Hokage-sama mismo había hecho el sello, pero aún… estando en estas fechas, no podía olvidar del horror que vivió hace ya un año.

- Bien, ¿necesitas ayuda para lo de esta tarde, Harry-oji-san?

- Nope, Sakumo-kun y yo lo tenemos todo cubierto. Solo te voy a pedir que estés listo temprano para abrir la puerta a los invitados.

- ¡Hai, cuenta conmigo!

En la tarde comenzó la fiesta, Arashi había decretado día feriado, así que nadie podía fastidiarlo con nada… ya mañana se haría cargo de las cosas atrasadas, hoy era el día especial de su hijo y nadie le iba a impedir participar. Cuando llegó ya todos los invitados estaban en su casa, hizo una mueca de dolor al escuchar los chillidos de los niños presentes.

- Llegaste.

Se giró para ver que su sonriente esposo salía de la cocina con una bandeja de comida, lo siguió hasta la mesa más cercana y luego lo besó, dándole su saludo cotidiano.

- Por supuesto, te dije que no podía faltar. - susurró contra sus labios. - ¿Cómo va todo aquí?

- Bien, como puedes ver. - hizo un ademán para que mirara a los niños que se arrastraban por el piso. - Todos los niños que invitamos vinieron. Naruto-chan y Kiba-kun se llevan muy bien, ya han roto un jarrón y volcado más de dos figuras de bronce. Sasuke-kun estaba renuente al principio y miraba a todos como si ellos fueran demasiado bajos como para que él se tome su tiempo como para jugar con ellos, pero Kiba-kun y Naru-chan arrastraron a Shikamaru-kun y Chouji-kun y comenzaron a jugar; Sasuke comenzó a mirarlos envidioso en ese momento y decidió que tal vez era bueno compartir su tiempo. - Arashi rió. - Neji-chan no se ha despegado de mi padrino, él si mira a todos con desdén, en verdad no sé que hace ese niño para divertirse, aunque más bien pienso que Padfoot lo malcría demasiado y el niño sabe que su padre hará lo que él quiera con solo chasquear los dedos, por eso su actuación de niño de mamá.

-/- Las muchachas están jugando en otro rincón, porque Kiba-kun y Sasuke-kun creyeron que era buena idea estirar sus cabellos. Ino-chan, Sakura-chan e Hinata-chan se llevan bien y la pequeña TenTen-san junto con Hana-san son quienes comandan todo. Los otros niños solamente disfrutan de correr por todos lados y de vez en cuando usan los juegos que están instalados en el jardín. Aburame Shino ha estado arrodillado en el césped mirando el panal de abejas del árbol… no quiero saber porque. Creo que he visto a Itachi-kun, Shisui-kun e Iruka-chan hamacarse en los columpios, pero no puedo confirmártelo. - hizo una mueca.

- Siguen siendo niños… - comentó Arashi, sonriendo a los invitados más grandes.

- De hecho, me satisface que se lleven tan bien. - frunció el ceño. - Por ahí vi a Tenzo-kun algo incómodo y ruborizado por algo que Kakashi le ha dicho. No sé que pudo ser… pero ambos miraban a Shisui en ese momento.

El rubio solo se encogió de hombros y atrajo a su pareja para besarlo. Un coro de "Ewww" los recibió y vieron a un par de niños de los más grandes mirarlos con asco.

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- ¿Papi…? - Naruto tocó la mejilla de su padre para atraer su atención, el niño estaba en su sillita para bebés, tomando leche de su vasito de plástico con dibujos de ranas. Harry había decidido que su niño ya estaba apto para dar ese paso desde que cumpliera los dos años. (N/A: Desde ahora, Harry será "papá o papi" y Arashi "Otou-san" ¿ok?)

Harry pestañeó, saliendo de su trance.

- ¿Qué pasa, mi amor?

- Upa, - levantó sus bracitos para ser alzado. - ya tomé toro mi tete.

- Ok, mi bebé hermoso. - sonrió. - Creo que debemos hacerle una visita a Sakumo-kun. Tengo algo importante que pedirle.

Naruto miró a su padre sin entender lo que le decía, pero sonrió con esa sonrisa tan parecida a la de Arashi y se prendió de su cuello, animado porque iban a salir, en la otra mano llevaba su más reciente regalo por parte de Harry, un zorro rojo de nueve colas. El mago mismo había transfigurado una almohada para hacerle ese regalo a su hijo. Su esposo había levantado las cejas en una muda pregunta cuando lo vio y Harry solo lo miró, como retándole a que se atreviera a hacer algún comentario, el rubio solo sonrió negando con la cabeza y los dejó solos. Extrañamente, ese peluche resultaba ser el juguete preferido de Naruto desde entonces.

Ambos salieron de la casa, destellando la más tierna escena de madre e hijo. Hoy era el día de descanso de su equipo, el cual había crecido mucho en técnicas y compañerismo, sobre todo desde que Itachi despertara su Sharingan.

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-.Flash Back.-

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- ¡Harry-sensei…! ¡Harry-sensei…!

El moreno detuvo su entrenamiento de Taijutsu con su Kage Bushin y miró a un extrañamente enérgico y sonriente Uchiha Itachi.

- ¿Hai…? ¿Cuál es el motivo de que el estoico Prodigio este gritando?

El niño se ruborizó ligeramente, pero no perdió su sonrisa.

- Quiero que vea algo. - dijo y cerró los ojos un momento, cuando los volvió a abrir Harry copió la sonrisa del menor. Los ojos eran rojos y allí destellaban dos comas en el derecho y una en el izquierdo. - ¡Lo hice! ¡Despertaron ayer!

- Estoy feliz por ti, Itachi-chan. - besó su frente y lo abrazó. - ¿Cómo ocurrió?

Harry enarcó una ceja al ver que Itachi bajaba la cabeza y pateaba la tierra en un gesto indudablemente culpable.

- Bien, sensei… verá… - balbuceó.

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-.Recuerdo de Itachi.-

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- Pensé que haríamos esto nosotros solos. - Iruka se cruzó de brazos mirando ceñudo al pequeño visitante inesperado de cabello negro y cara pálida.

- Etto… - Shisui miró a su primo Itachi y luego a Sasuke, que chupaba feliz su paleta dulce, en los brazos su hermano.

- Mi okaa-san tuvo que salir y nos pidió que miráramos a mi otouto. No pudimos negarnos. - sentenció Itachi.

- Bien. - Iruka bufó. - Solo espero que no estorbe.

- ¿Qué es exactamente lo que vamos a hacer…? - Tenzo pidió, algo nervioso.

- Oh, verán… - el de la cicatriz sonrió malicioso. - Sé de buena fuente que Jiraiya-sama está en Konoha y él tiene gusto de mirar furtivamente en los baños públicos de mujeres… y creo que debemos darle un escarmiento. - frotó sus manos con anticipación.

- ¿Y como haríamos eso? - Itachi pidió escéptico. - Él es un Sannin y nosotros solo somos un cuarteto de dos Genin experimentados y dos recién graduados… más un bebé.

- Oh, vamos Itachi-kun. - su primo pasó un brazo por sus hombros. - Es una broma planeada por genios como nosotros, hasta el mismísimo Hokage podría caer.

- ¡Hai! ¡Y Arashi-oji-san es quien me dio la idea! - exclamó Iruka, bombeando un puño en el aire.

- ¡Vayamos, entonces! ¡Jojojo! - Shisui imitó su gesto y ambos caminaron decididos hasta su destino.

La ceja derecha de Itachi se crispó peligroso y luego miró a Tenzo, él tenía una mirada aprensiva y ambos se preguntaban como es que fueron convencidos para hacer tal cosa.

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-.Fin del Recuerdo de Itachi.-

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- ¿Y algo fue mal, verdad? - predijo Harry.

- ¡Supuestamente nada tendría que haber salido mal! - exclamó, aún temblando por recuerdo. - Iruka-kun era el mejor en control de chakra y se transformó en un niño pequeño para distraer a Jiraiya-sama. Nosotros tres deberíamos entrar sin ser vistos al baño público, hacer un Henge para parecer mujeres, luego fingir que salíamos del lugar, que lo veíamos y luego comenzamos a gritar: "¡Pervertido!". Pero Sasuke estaba con nosotros y tuve que dejarlo junto a un árbol mientras tanto…

- ¿Solo…?

- ¡Él es muy quieto y obediente! ¡Pero cuando avisamos a las mujeres, ellas salieron furiosas y el Sannin empezó a correr tan rápido que una de sus sandalias de madera salió disparada justo a donde estaba mi otouto! - tomó aire luego de su discurso. - Cuando lo vi me aterré y en ese momento sentí mis ojos arder. Todo se volvió en cámara lenta y algo chascó en mi mente, corrí hasta tomarlo en mis brazos y desviarlo de la trayectoria de la sandalia… ella se clavó en el árbol que estaba tras Sasuke-kun. - murmuró.

- Entonces allí lo despertaste.

- ¡Hai! - dijo con una sonrisa orgullosa. - Shisui fue quien me lo dijo, luego que llegáramos a nuestra guarida.

Harry suspiró.

- No sé si reprenderlos por ser tan imprudentes o felicitarte por tu Sharingan. - dijo con un ceño en su cara.

- Bien, usted dijo que lo despertaría antes de lo esperado… su predicción fue exacta. Debería felicitarme… y felicitarse.

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-.Fin del Flash Back.-

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No puedo creer que aquí haya un grupo de Merodeadores. ¿Será mi influencia y la de Sirius…?

Harry sacudió su cabeza para alejar esos pensamientos al llegar a la casa de su padrino. Enarcó una ceja al ver a un sonriente Neji montando a un gran perro negro, que parecía ser un cachorro por la energía que desbordaba.

- ¡Guau, guau, chichi! - chilló Naruto, señalando el animal y retorciéndose en los brazos de su papá para que lo bajara.

El can y el niño lo notaron y Snuffles corrió a saludar el chibi rubio haciendo que Neji frunciera el ceño y se cruzara de brazos, disgustado. Naruto, por otro lado, no perdió tiempo en montarse al perro con ayuda de Harry. El moreno lo dejó jugar por un momento, pero luego suspiró pesaroso.

- Necesito hablar de algo serio contigo, Sakumo. ¿Podemos entrar?

El perro lo miró seriamente un momento antes de volver a su forma humana, confiado en que los hechizos que rodeaban su casa no permitirían que algún aldeano viera su transformación.

- Entremos. - sonrió de lado, estando al tanto de la mirada resuelta y seria de su ahijado. - Ven, campeón más tarde seguiremos con nuestro juego. - estiró una mano y Neji la tomó renuente, mandándole una mirada enfadada al recipiente del Kyuubi.

Entraron a la casa, los niños fueron dejados en un corral para niños bastante grande que estaba en la sala y lleno de juguetes. Sirius y Harry tomaron asiento cerca, porque por más que estuvieran encerrados no era bueno confiar en ellos. Estuvieron en silencio mientras probaban su té, hasta que el mayor carraspeó, mirándolo con una ceja enarcada.

- Es sobre esas cosas que sé, Sirius. - murmuró. - He decidido que quiero salvar la vida de alguien más.

- Te escucho…

- Él es un niño ahora, dentro de dos años unos ninjas de otra aldea, Kirigakure irrumpirán en su hogar y asesinarán a toda su familia, dejándolo solo a él con vida y de ahí en más todo le irá mal. Si mal no recuerdo, ahora mismo el niño estará encerrado en una cárcel, porque su Clan le teme.

- ¿Encerrado...? - preguntó sorprendido y asqueado. Harry asintió. - Que horror. ¿Qué quieres que haga?

- Que lo rescates. - sentenció. - Solo tú puedes infiltrarte allí y traerlo con bien, Padfoot. No puedo pedirle a Arashi que te dé un permiso especial, porque hará preguntas. Él sabe que no debe hacérmelas con respecto a esto que sé, así que lo dejaré al margen por ahora, ya cuando traigas al niño le explicaré algo. - suspiró. - Ahora tengo bastante con Naruto, pero él ya debe tener unos seis años… no creo que sea mucho problema criar a otro niño…

- Si logro rescatarlo me quedaré con él. - murmuró Sirius y Harry lo miró con sorpresa. Sonrió. - Aunque me cueste admitirlo, ya estoy viejo y mi Neji-chan fue el último bebé que me pude dar el lujo de gestar, ahijado. Si voy a rescatar a este pequeño supongo que crearé un lazo con él y bien… no le vendría mal otro miembro a nuestra familia. - se encogió de hombros.

- ¿Estas seguro? Porque no creo que Neji-chan tenga gusto de que traigas otro niño a casa. Con lo celoso que es… y también está Hizashi-san.

- ¡Hey! ¡Mi cachorro solo defiende lo que es suyo! - dijo falsamente indignado. - Y más bien creo que el problema de Neji es con Naruto-chan y sus amigos, no le gusta la gente bulliciosa. Si este pequeño es un ángel como él, no habrá problemas. Y mi Hi-chan me consiente en todo, si se lo pido no tendrá problemas en adoptar un chibi. - guiñó un ojo.

- Si tú lo dices. ¿Cuándo lo harás?

- Este fin de semana es el día libre de Hizashi, lo dejaré a él con nuestro bebé y le diré a tu esposo que saldré para hacer algunas investigaciones. Ya cuando vuelva con el pequeño le diré que hable contigo. ¿Quedamos así?

Harry asintió, dejando de lado su taza y levantándose del sillón.

- Hai, espero que todo vaya bien. - suspiró, agachándose sobre el corral para tomar a su hijo. Extrañamente, su rubito hoy estaba callado, sería por eso que Neji estaba jugando con él tranquilamente. Ambos haciendo sonidos de animales mientras juntaban a sus juguetes preferidos, Neji tenía un perro negro que era tan grande como su cuerpito de tres años y Naruto a su zorrito de nueve colas.

- Todo irá bien, confía en el viejo Padfoot. - sonrió, acompañándolos a la entrada. - Por cierto… nunca me dijiste el nombre del Clan y el niño.

- Oh, lo siento. - sonrió vergonzosamente. - El Clan es Kaguya y el niño se llama Kimimaro, son conocidos en el País del Agua, no creo que te cueste encontrarlos.

- Perfecto, cuando tenga noticias te avisaré.

Harry asintió y emprendió la nueva marcha hasta su casa. Suspiró. Estaba seguro que estaba haciendo lo mejor. Lastimosamente, de los ayudantes de Orochimaru, era de Kaguya Kimimaro del que más información tenía como para rescatarlo y, de todos ellos, era el que más se lo merecía. El encierro y el desprecio de su propia familia por temor a sus poderes le recordaron tanto a su infancia que le dolía. Era por eso que desde hace mucho que había decidido que ese niño no sería tocado por la maldad del Sannin de la Serpiente. En cuanto al resto… bien, Shinigami mismo le dijo que no podía interferir mucho. Obviamente, le dolía ser un tipo de juez de las vidas que salvaba y las cuales no, pero era la ley de la vida y él hace mucho que estaba resignado a respetarla.

Sin embargo, había algunos más que decidió salvar. De hecho, ahora se acordaba de dos. Ellos eran Momochi Zabuza y Haku. Le costó decidir, pero al final se dio cuenta de que Haku necesitaba pasar por esos horrores de su infancia para luego conocer a Zabuza, porque si el Demonio de la Niebla no conocía al pequeño Haku, no iba a tener posibilidades de ser salvado. Porque era evidente que Zabuza no se entregó a toda la oscuridad de su corazón gracias a su convivencia con el niño de aspecto femenino. Y para eso aún quedaba tiempo… ahora salvar al chibi Kimimaro era prioridad.

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-.País del Agua.-

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Los vigilantes de complejo del pequeño pero poderoso Clan de los Kaguya parecían aburridos, fue por eso que ver un perro negro más grande de lo normal acercarse a las puertas los sorprendió. El perro parecía muy contento y ladraba intentando llamar su atención, meneando la cola con frenesí.

- ¿Lo conoces…? - preguntó uno de ellos al otro.

- No, nunca lo he visto por aquí. - entrecerró los ojos. - No parece tener dueño, no tiene collar o algo que indique pertenencia. Aunque está muy bien cuidado…

- Tal vez se escapó de casa y logró deshacerse del collar. - se encogió de hombros.

Ambos se acercaron al perro para verlo mejor y luego ahuyentarlo, por lo que no notaron como una sombra se acercaba tras ellos y los noqueaba en un abrir y cerrar de ojos. La figura de Hatake Sakumo le sonrió presuntuoso al perro y luego desapareció en un soplo de humo. Esa era una de las habilidades del Colmillo Blanco de Konoha, estar en su forma de animago para distraer al enemigo y poder hacer un Kage Bushin con su forma humana para atacar por la espalda. Siendo él un Gryffindor eso era deshonroso, pero también era un ninja y eso ganaba por sobre todo. Sirius se transformó por unos momentos en su forma humana para hacer dos copias suyas y luego utilizó un Henge para que ellas se asemejaran a los guardianes.

- Quédense aquí, vuelvo enseguida. - ordenó, las copias asintieron y él volvió a su forma animaga.

Tomando precauciones, Snuffles usó su olfato para poder entrar a la casa principal. Sus investigaciones le decían que era ese lugar el que tenía un sótano y estaba seguro que allí estaba el pequeño que buscaba. Corrió evitando ser visto por el resto de los residentes del lugar hasta infiltrarse sin muchos problemas.

Veinte minutos después, el mago ya estaba frustrado de buscar sin encontrar la puerta que lo llevara hasta el sótano. Se dejó caer al piso con un "UF" frustrado, cruzó sus patas delanteras y apoyó su cabeza allí, esperando esa ayuda divina que siempre tenía. Paciencia… No esperó mucho hasta escuchar unos pasos de lo que parecían ser escaleras subterráneas. Sus orejitas se movieron al lugar del sonido y asomó sus perrunos ojos azules a la esquina del pasillo donde estaba. Efectivamente, segundos después un muchacho de no más de 16 años apareció desde una puerta que simulaba ser un estante para vajillas chinas, con una bandeja vacía en la mano derecha. Gracias, Merlín, pensó el perro regocijado.

Una vez ido el muchacho, Sirius no perdió tiempo en ir hasta la puerta y usar su pata para tocar el botón que abría la puerta secreta. Como no sabía si había alguien más abajo, conservó su forma canina y bajó las escaleras. El lugar era oscuro, solo algunas antorchas esporádicas lo iluminaban. Había tres celdas allí, y el niño estaba en la segunda.

El corazón del mago se encogió al ver que comía con las manos, estaba sucio, extremadamente flaco, era absolutamente pequeño para un niño de seis años, se veía triste y pálido. Supuso que su cabello era blanco como el resto del Clan, pero estaba tan sucio que parecía marrón.

- ¡GUAU!

El niño saltó, tirando su vaso de agua por el susto y se encrespó en un rincón. Allí Sirius pudo notar dos marcas rojas en forma de lunares en su frente, que eran el símbolo del Clan Kaguya, y unos increíbles ojos verdes, casi tanto como las esmeraldas de su ahijado.

Kimimaro pestañeó al ver al perro, desde que sus padres lo encerraron en ese lugar cuando tenía cuatro años su contacto con el exterior solo era con su primo o madre, quienes le traían de comer y charlaban un poco con él. Pero allí había un animal, uno muy grande. Él solo había visto dos perros en su vida y esos eran cachorros.

- O-Ohayo… Inu-san. - susurró asustado.

El corazón del animago se derritió al escuchar la vocecita fina e infantil del niño. Se veía tan frágil que daba pena. En ese momento se juró que protegería a este niño como si fuera propio y se encargaría de que olvidara todo lo que su horrenda familia lo hizo sufrir por su estúpido miedo.

- ¡Guau! - saludó con gusto, meneando su colita. Tomando una decisión, volvió a su forma humana, casi dando un susto de muerte al pobre chibi-Kimimaro. - Hola, pequeño. Me llamo Hatake Sakumo.

- ¿C-Como…? - balbuceó, sus ojos verdes casi salidos de órbitas. - ¿Cómo… tú… Inu?

Sirius hizo una mueca. ¿Esos bastardos ni siquiera lo han enseñado a hablar bien…? Sacó su varita y murmuró unos encantos que rompieron las trampas del lugar y abrió la puerta. Entró con precaución al ver el temor en los ojos del niño. Se sentó junto a él, sonriendo todo el rato, para darle seguridad.

- ¿Cómo me convertí en perro? - preguntó y el niño asintió. - Soy un ninja, pero tengo un secreto. - se agachó en actitud confidente. - ¿Quieres saber qué es…?

Kimimaro asintió con curiosidad. Sirius sonrió.

- Yo puedo hacer magia. - susurró. - Soy un mago.

El niño lo miró con el ceño fruncido, sus marcas en la frente se juntaron adorablemente.

- ¿Magos…? - dijo con su voz pequeña, algo forzada por lo poco que la usaba. - ¿Cómo en libros que okaa-san leía yo…?

- Sip, pero yo soy uno de verdad. Esta es mi varita mágica. - dijo, levantando la vara de madera. - ¿Quieres que te muestre algo de lo que puedo hacer?

El niño asintió con impaciencia y, durante los siguientes minutos, Sirius le mostró los hechizos más atrayentes para un niño de su edad. Su corazón saltó de alegría al ver la hermosa sonrisa del niño, se notaba que hace mucho que no la usaba.

- Su-Sugoi. - susurró mirando la varita con temor.

- Ahora me gustaría hacerte una oferta, Kimimaro-chan.

- ¿O-Oferta? - preguntó inseguro, probando la palabra desconocida.

- Hai. - asintió trasfigurando el plato de Kimimaro en un manta. Afuera hacía algo de frío y el pobre chibi estaba vestido con unos pantalones livianos y una camisa rota y sucia. - Quisiera que me acompañaras a mi casa en Konoha. - lo miró seriamente. - Aquí tu familia no valora tus regalos y te temen. Eres un ángel al que nadie entiende y ellos no merecen tener a tan hermoso niño con ellos. Nadie merece estar encerrado y menos alguien tan inocente como tú.

- ¿Irme…? ¿Dejar a okaa-chan…? - preguntó ceñudo.

- Fueron tus dos padres los que te encerraron en este lugar, Kimi-chan. Si tu okaa-san te quisiera ella no lo hubiese permitido. No debes sentirte mal por ella si te vienes conmigo. Con el tiempo, si se da cuenta de su error, permitiremos que te visite. Pero ahora debes pensar en ti, en la vida mejor que te daré si te vienes conmigo.

- Pero… yo… no conozco tú.

- Como te dije soy Hatake Sakumo, un mago y shinobi de la Aldea de la Hoja, tengo una gran familia allá. - sonrió tomando algo de su bolso de ninja. - ¿Quieres que te muestre sus fotos?

- H-hai.

Sirius se tomó su tiempo para contarle un poco de historia de cada una de las personas de esas fotos. Enarcó una ceja cuando Kimimaro tomó especial interés en Uchiha Itachi, pero dejó esa información para después. Le relató la vida en familia que tenía, le dijo que su pareja era un hombre y Kimimaro lo miró raro, pero no dijo nada. Le dijo que si se venía con él tendría dos hermanos, uno mayor y uno menor, su propio cuarto y cuantos juguetes quisiera.

- Entonces… ¿Qué me dices, pequeño? ¿Vienes conmigo?

El niño frunció el ceño por unos segundos y luego miró al mayor con sus ojos verdes brillando con decisión.

- ¡Hai, Sakumo-san!

- Perfecto. - Sirius sonrió envolviendo en la manta al niño y luego lo cargó, haciendo una mueca al sentir lo liviano que era. Cerró los ojos y se Apareció fuera de la casa, justo en la entrada.- ¿Estás bien, Kimi-chan?

El niño miraba algo verde luego de su primera experiencia con la Aparición, pero terminó asintiendo, sus bracitos aferrados con fuerza al cuello de Sakumo.

- Sakumo-sama. - corearon sus Kage Bushin acercándose a ellos.

- ¡Ohayo! - saludó con una sonrisa. - Ya tengo lo que vine a buscar, voy a borrar la memoria de los guardias, luego quiero que los despierten y desaparezcan.

- ¡Hai, Sakumo-sama!

Sirius caminó con su pequeña carga en brazos hasta alejarse del complejo, usando sus sentidos de ninja para que nadie los notara. Buscó un arroyó cercano y bajó a Kimimaro al piso. El chico miraba sus alrededores extasiado, pestañeando continuamente al no estar acostumbrado a la luz del sol, a pesar que ya era de tarde.

- Quisiera que te bañaras, Kimimaro-chan. - Al ver la cara aprensiva del pequeño, agregó: - Yo voy a ayudarte, también tengo una muda de ropa para ti.

Sacando su varita, el animago la agitó para calentar el agua del arroyo y sacó algo de jabón y shampoo para darle un buen baño al peliblanco. Sonrió al niño y se agachó para quitarle las horribles ropas que usaba. Ocultó perfectamente el odio hacia los parientes de Kimimaro al ver como se notaban los huesos del cuerpo debido a la malnutrición, por suerte no tenía señales de golpes o la familia Kaguya iba a conocer porque él fue un Merodeador en el pasado… ya que no podía matarlos, por lo menos podría hacerles una broma. Sin embargo, sacó esos pensamientos y llevó al niño al agua. Entre los dos frotaron la mugre del cuerpecito. Sirius personalmente se encargó del cabello y se maravilló por lo hermoso que era. Era largo hasta los hombros y blanco tirando a gris. Parecía mucho el plateado de los Hatake, pero era solo una pequeña semejanza al plateado que su viaje por el Velo de la Muerte había hecho a su cabello negro-azulado, ya que el del niño era más blanco que otra cosa. Eso sí, el cabello era tan suave como el de un ángel y uno podría estar toda su vida pasando sus dedos por él.

- ¿Qué ropa…? - preguntó, una vez que estuvo seco.

- Traje ropa de mi primer hijo. Espero que te guste, ya cuando lleguemos a Konoha te compraré tu propio guardarropas. - sonrió, mientras abría su mochila de ninja y sacaba un par de pantalones azules y una camiseta blanca con un perro negro sonriente en la parte delantera. Ayudó al niño a colocárselo, pero siendo éste tan mal nutrido, tuvo que usar un encanto para ajustarlo a su cuerpito. - Estás perfecto. Ahora yo voy a volver a usar mi magia para convertirme en el perro y quiero que te subas a mi espalda cuando termine de transformarme, ¿de acuerdo?

- ¡Hai! - exclamó emocionado.

- Bien, partamos a tu nueva familia y hogar, Kimi-chan.

Continuará…

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Notas finales: ¡¡¡Hola!!!

Amo a Kimimaro y a otros personajes que me parecieron que tuvieron una vida muy injusta en el canon. Así que esperen muchos "cambios" como estos ;D

¡¡¡Gracias Neko-chan por betear este fic!!!

¡¡¡Nos leemos!!!

Atte: Uko-chan!

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