Capítulo 10 —Esto sí se llama fiesta—


Eran las once en punto, Luffy se encontraba en la escalera, frente al gran reloj con sus manos en los bolsillos. En cuanto se dio vuelta, vio a Nami subiendo hacia él, con una mirada llena de dudas en su cara, su rostro pálido y a la vez tan hermoso con esos ojos color miel que tan loco lo volvían. La pelirroja lo miró esperando que dijera el motivo por el que la había citado en ese lugar y Luffy, mostrando su característica sonrisa le dijo:

—¿Quieres ir a una fiesta de verdad?

Luffy llevó a su delicada dama hacia el salón de baile de la tercera clase. La mayoría de los que estaban ahí, eran gente de muy pocos recursos, sus ropas no eran caras y estaban gastadas. Había música, muy pintoresca y alegre tocada por un grupo de hombres en el que se encontraba el mismo que había tocado en los almuerzos de la primera clase, después de un rato Nami averiguó que su nombre era Brook.

Luffy se encontraba bailando —al igual que la mayoría de las personas del lugar— con una pequeña niña rubia que lo hacia moverse de un lado a otro. Se había sacado el saco y desabrochado los botones de la parte de arriba de la camisa. Nami lo observaba sonriendo mientras tomaba cerveza en un gran vaso con rapidez, como si eso fuese algo que hiciera habitualmente.

Entre la gente, la única que pensó que sería tan formal en cuanto a la vestimenta, Nami pensó que sería ella. Sin embargo, logró ver entre medio del tumulto de gente bailando y moviéndose incesablemente, a otra chica, vestida con un muy fino vestido color verde oscuro con tules negros que hacían juego. El vestido le llegaba hasta un poco antes de las rodillas —lo que en esa época se consideraba de mujerzuelas— pero ella lucía refinada y elegante, aun con ese vestido tan corto imponía respeto a los demás. Ella bailaba con un hombre, un chico.. ¿lo había visto antes? Con ese cabello verde sería difícil de olvidar, pero no estaba segura.

En cuanto la chica dio una vuelta, inmersa en el baile que estaba danzando junto con ese hombre, Nami quedó totalmente sorprendida al descubrir de quién se trataba. Era aquella chica que conoció en la sala de estar de primera clase, Nico Robin. ¿Qué hacia alguien como ella en una fiesta tan.. baja a su estatus económico? Nunca lo hubiese imaginado. Sin embargo, la morocha estaba divirtiéndose, reía y bailaba como si no hubiese mañana, parecía estar feliz.

La canción terminó y después de unos pocos aplausos, Luffy se agachó junto a la pequeña con la que estaba bailando y le dio un beso en la mejilla.

—Ahora bailaré con ella, ¿sí? —le explicó señalando a Nami y le hizo una seña levantando los brazos —Levántate.

—¿Qué? —Nami sabía lo que el morocho quería, pero no estaba segura de cómo moverse al danzar aquella música de la cuál jamás le enseñaron en ningún lugar.

—A bailar, ven conmigo —la tomó del brazo y la hizo pararse tranquilamente de la silla y sonriendo la puso en frente de él.

—Pero.. pero Luffy, espera.. —un poco avergonzada Nami lo miró y vio que aquella sonrisa seguía en sus labios —No sé hacerlo.

—Tenes que estar más pegada a mi cuerpo —colocó una mano en la espalda de la pelirroja y a la otra la entrelazo con la de ella —Así.

—No me sé los pasos —Luffy rió y empezó a moverse saltando guiando a Nami de un lado a otro.

—Yo tampoco, sigue el ritmo. No pienses.

Nami siguió el consejo, se dejó llevar, se dejó guiar por aquel muchacho que la estaba haciendo recuperar de a poco, sus ganas nuevamente de vivir. Cerró los ojos, rió a carcajadas, la música se escuchaba fuerte, los constantes golpes de zapatos en el suelo de madera. Sonidos de copas y bebidas, risas y escándalo, pero así y todo, ese momento estaba siendo completamente único.

Sanji se apareció entre la gente con dos grandes vasos en las manos y un cigarrillo en la boca. Se sentó en una mesa y le ofreció uno de los vasos a una hermosa chica, de ojos y cabellos celestes que se encontraba algo alejada del resto.

—¿Qué es lo que pasa con todos estos inútiles que no te han sacado todavía a bailar? —preguntó señalando a todos a su alrededor con un movimiento de su brazo.

—Gracias por el cumplido —respondió la ojiazul con sus mejillas encendidas y una cálida sonrisa.

—Entonces, ¿bailamos, señorita?

—Hm.. verás.. estoy esperando a.. —un hombre, no muy varonil se acercó a la mesa, su pelo era castaño claro, tenía rasgos de mujer en la cara —como por ejemplo unas pestañas demasiado largas— y su vestimenta era algo extraña.

—¿Quién es este, Vivi? —preguntó el individuo sin mucho contento.

—Bueno, él es.. —miró a Sanji esperando que dijera su nombre ya que no lo conocía.

—Sanji —el rubio tomó la mano de la peliazul y le dio un tierno beso —A tus ordenes, hermosa.

El castaño se abalanzó contra él y le dio un puñetazo en la cara a lo que Sanji respondió dándole una patada en el pecho y tirándolo hacia atrás. Una vez en el piso, el chico vio como Sanji se llevaba a su hermosa dama a la pista de baile y lo único que pudo hacer fue sentirse frustrado al respecto. Es decir, no volvería a enfrentar a ese hombre. Solamente le dio una patada y sintió como todos sus órganos estuvieron a punto de salirse le por la boca.

Nami y Luffy seguían moviéndose por todo el lugar, riendo a carcajadas y disfrutando del momento. Todo estaba siendo tan divertido, lo único que les importaba era pasarla bien. Mientras ellos daban vueltas y vueltas, bailando y carcajeando, el peliverde y la morocha se subieron a una plataforma que se encontraba en el medio del lugar.

La morocha movía sus caderas con una sonrisa en el rostro mientras el peliverde reía y la aferraba a él, tomándola por la cintura. Ambos se movían divertidamente y todos los que los veían empezaban a aplaudirlos al ver lo graciosos y felices que se veían al bailar el uno con el otro.

Luffy comenzaba a dirigirse a la plataforma en la que se encontraba su amigo con aquella morocha. Su sonrisa observando la plataforma daba a conocer al instante las intenciones de subir ahí que tenía. Nami era inteligente y obviamente lo notó al instante.

—Espera, Luffy.. ¡espera!

Sus intentos por detener al morocho que bailando la obligaba casi a caminar hasta la plataforma fueron inútiles y en cuanto se dio cuenta, ya estaba ahí arriba. Robin la observó mientras seguía bailando con su pareja y Zoro le dio una palmada en el hombro a Luffy en cuanto tuvo la oportunidad.

La música empezó a acelerarse, el morocho rió enormemente, esa era la parte que más le gustaba. Alzando los brazos con una sonrisa, se mordió el labio y empezó a zapatear al ritmo de la canción, mientras lo hacía, la gente se había acumulado a su alrededor y empezaba a aplaudir, alentándolo. Luffy miró a Nami a los ojos y en cuento esta sonrió, él chico dio el último punta pie al piso y la miró por unos segundos más en signo de reto.

La colorada sonrió y subiéndose un poco el vestido con las manos, se sacó los zapatos y se los tiró a la gente que los aplaudía. Entonces, empezó a zapatear, estaba haciendo los mismos pasos que había hecho Luffy momentos atrás, por lo que éste quedó totalmente sorprendido al verla. No esperaba que aquella dama rica y bien educada se supiera los pasos de una canción casi campirana. Una vez que terminó, Luffy rió y los dos siguieron zapateando y riendo al compás de la canción. Luego se tomaron de los brazos y empezaron a dar vueltas, pequeños saltos y pasos largos y sin secuencia, entre risa y risa.


—Más allá de la jurisdicción del acto Sherman, mis abogados apelaran —decía Arlong que estaba sentado en la mesa de la sala de fumadores con cinco caballeros, mientras se ponía un habano en la boca y un mozo se lo encendía.

—Eso dijo Roquefeler, pero la suprema corte no lo aceptó —le contestó un hombre de traje negro y barba blanca tratando de ser razonable ante el pensamiento desfachatado del morocho.


De nuevo en la sala de baile de la tercera clase, Zoro se disputaba en una pelea contra Sanji, los dos tenían sus brazos derechos sobre la mesa y jugaban a las pulseadas. Sus caras empezaban a ponerse rojas y sus brazos hacían una fuerza impresionante. Ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el brazo a torcer y menos contra tal adversario.

Robin y Vivi junto con varios hombres alrededor de la mesa los animaban y gritaban sus nombres o apostaban entre ellos a quién creían que sería el ganador. Y aunque Sanji era fuerte como se había visto dando una sola patada, los brazos de Zoro parecían los brazos de un asesino a sangre fría que usaba sus manos para exterminar a sus oponentes, por eso mismo fue que el mayor número de apuestas se encontraban a su favor.

Nami y Luffy se acercaron a la mesa, que era en la que antiguamente ellos estaban sentados y tomaron sus vasos grandes de cerveza. Nami se dio cuenta de que a su lado se encontraba Robin, sonriendo mientras observaba la pelea de su hombre.

—Robin.

—Nami, que gusto verte. Me sorprende encontrarte en un lugar como este.

—Pienso lo mismo, ¿qué haces acá?

—Como ya viste me invitaron a bailar y no pude negarme.

—¿Has venido con él? —señaló al chico de pelos verdes.

—Sí, me ha invitado. ¿Quién a tenido la amabilidad de invitarte a ti?

—Bueno.. —Nami se hizo a un lado para que Robin pudiese ver a Luffy, que en ese momento estaba junto al peliverde golpeando la mesa con sus manos.

—¡Vamos Zoro! ¡Estas a punto de perder! ¡Wouuu, Sanji es fuerte!

—¿Lo conoces? —le preguntó Nami a Luffy sonriendo al verlo tan efusivo.

—Ah, sí, él es el que ganó el juego de póquer y los boletos para subir al barco —Luffy no pudo evitar notar a la morocha junto a Nami —¿También sos de primera clase?

—Sí, mi nombre es Robin.

—¿Robin? —rió Luffy y casi gritando miró a Zoro y dijo: —¡Eh, Zoro! ¡¿Ella es la Robin de la que me dijiste que te enamoraste?!

La cara del peliverde se tornó completamente roja y su vergüenza le hizo una mala jugada, debilitando su brazo y permitiendo que Sanji venciera.

—¡Deja de decir estupideces, gomudo! —Zoro le pegó en la cabeza una vez que se paró de su asiento.

—Pero si ayer dijiste eso.. ¿por qué te enojas conmigo?

—Te dije que te ganaría, espadachín de mierda —se mofó Sanji de su suerte.

—¡¿Qué dijiste, maldito pervertido?!

—¡¿A quién le decís pervertido?!

—¡A vos! ¡Mírate solamente como estas agarrando a esa chica! —Indicó señalando a Vivi que estaba abrazando a Sanji y este la sujetaba con su brazo izquierdo de la cintura.

Robin rió ante la situación aunque también se sintió un poco sonrojada y observó junto con Nami la divertida disputa que empezaba entre su espadachín y ese simpático chef.

La pelirroja sintió la necesidad de beber, estaba cansada y su garganta estaba completamente seca por lo que se empinó el vaso y se tomó más de la mitad del mismo en solamente un trago. Descubrió que Luffy la estaba mirando con una sonrisa y algunos signos de sorpresa.

—¿Qué? ¿Piensas que por que soy una dama no bebo?

Nami tomó lo que quedaba en su vaso y se metió entre medio de Zoro y Sanji para dejarlo sobre la mesa. Los dos chicos la observaron, ya que hizo un gran ruido al poner el vaso ahí.

—Así que.. —Nami le sacó el cigarrillo de la boca a Sanji y le dio una pitada, luego se lo devolvió —¿Se creen muy fuertes? Quiero que hagan esto —Zoro, Sanji y los demás hombres alrededor empezaron a mirarla divertidos. La pelirroja se tomó el vestido y se lo subió hasta las rodillas —Sostenme esto, Luffy —le indicó a para que se lo mantuviera arriba y este accedió sin protestas con una sonrisa.

Nami comenzó a hacerse mas alta, o eso parecía. Lo que en verdad estaba haciendo, era un paso de ballet que le enseñaron cuando era pequeña y se requería muchísima fuerza para lograrlo. Se puso en puntas de pie y levantó los brazos. Zoro y Sanji empezaron a bajar la vista a sus piernas para entender lo que estaba haciendo. Fue entonces cuando la vieron sostener todo su peso simplemente estando apoyada en los dedos de sus pies. Todos se sorprendieron, jamás habían visto a nadie hacer algo parecido y —obviamente— ellos tampoco lo harían jamás.

Lamentablemente, Nami no pudo soportarlo por más de 5 segundos y cayó en brazos de Luffy, aunque eso no importó demasiado ya que estaba riendo a carcajadas ante lo que acababa de hacer. Los que se encontraban a su alrededor y habían visto la situación la aplaudieron y silbaron, incluidas Robin y Vivi a quienes les pareció todo muy gracioso.

—Nami, ¿estas bien? —preguntó Luffy al verla caer en sus brazos.

—¡Perfecta! —contestó ella divertida —No lo hacía desde hace años.

Desde las escaleras del ruidoso salón, un hombre vestido de traje bajaba sigilosamente, escondiéndose entre la gente. Era Hatchan. Dio un vistazo rápido al lugar, su vista se posó en la señorita Nami, que estaba siendo abrazada por Luffy mientras reían divertidos.